Archivo de la categoría: REFLEXIONES

POLÍTICAS CULTURALES EN LA ÉPOCA DE LO TRANSNACIONAL

Hace un par de días pude almorzar en Nueva York con el joven Jesús Hernández Bach. Fui entusiasmado al almuerzo porque hacía poco había leído en On Cuba esta entrevista donde Jesús habla de la compañía de gestión audiovisual que acaba de crear acá en La Gran Manzana.

Recuerdo que tan pronto la leí, le envié el link a mi otra gran amiga Mileydy Artiles, directora de fotografía que vive en Miami. Ellos no se conocen, pero tienen varios puntos en común: nacieron en Camagüey, estudiaron en la FAMCA, y ahora viven fuera de Cuba. Y lo más difícil: no han querido renunciar a esa gran quimera en cualquier parte del mundo que es querer hacer un “cine diferente”.

Como yo sigo viviendo en Camagüey, y defendiendo la utopía de impulsar la creatividad audiovisual, ya no desde Cuba, sino desde esa ciudad separada por 500 kilómetros de la capital, no pude evitar preguntarme cuánto no hemos perdido los camagüeyanos por no saber retener a los talentos locales.

El asunto es complejo, y precisamente porque es complejo demandaría de análisis sistemáticos, de debates transparentes y argumentados. Pero lamentablemente, hay que decirlo por lo claro, en Cuba las políticas culturales no se discuten y mucho menos se actualiza, pues para la mayoría ya fue escrita para siempre. A mí en lo personal me alarma sobremanera que, sobre todo después del 17D, se esté consolidando un discurso donde los intelectuales aparecen como los más “vulnerables” de la sociedad cubana, justo porque cuestionan las interpretaciones dogmáticas.

Yo no digo que en Cuba no existan intelectuales que ahora mismo defienden posiciones que van dirigidas a consolidar el neocolonialismo. Pero me parece mucho más cuestionable la posición de esos analistas políticos que supeditan la cultura a una ideología única (la que defienden ellos), como si la cultura no fuera algo vivo que necesita ser examinado desde los más disímiles ángulos.

A mí en lo personal me encantaría contribuir a que Camagüey se convirtiera, en lo que el audiovisual expandido se refiere, en una suerte de foco aglutinante, pero para ello necesitaríamos que las políticas culturales mirasen menos a la política que hasta ahora hemos conocido, y mucho más a la cultura, para desde allí volver a mirar la política. Porque es en la cultura donde podríamos construir ese consenso que articule de modo civilizado nuestras diferencias más profundas, siempre pensando en el bien del conjunto de comunidades que conforman la nación.

Juan Antonio García Borrero

LUIS BUÑUEL SOBRE EL CINE

Luis Buñuel“Está comprobado desde hace tiempo que el cine posee una cualidad adormecedora, vemos las películas como medio hinoptizados. Y como las escenas son muy rápidas, no se puede ejercer la crítica sobre la marcha, porque perderíamos el hilo de los acontecimientos. El público de cine es conformista: sabe lo que quiere y exige que se lo den como él quiere. Y lo que quiere es no pensar, no complicarse; el asesino tiene que morir, la prostituta tendrá que ser redimida o muerta, el bien triunfará siempre sobre el mal, etcétera. Esta pereza mental encaja perfectamente con un apetito siempre renovado por ver y oir historias contadas en folletín” (Luis Buñuel en entrevista publicada en “México en la cultura”, 1958)

POST OBAMA: Y AHORA, ¿POST QUÉ?

Era predecible que la visita de Obama a Cuba pusiese de manifiesto aquello de que nada hay más fácil que advertir cómo cubanos de ideologías radicalmente opuestas, terminan abrazados en una misma posición: la intolerancia.

Es obvio que tras las intervenciones públicas de los presidentes de las dos naciones, los medios de ambas orillas se ocupasen de resaltar las diferencias: así, a Obama se le sigue amonestando por su llamado a olvidar el pasado, mientras que del discurso de Raúl se cuestionaría su reclamo a no seguir politizando el tema de los derechos humanos.

Por lo general, los analistas que asumen desde los extremos esas posiciones críticas elaboran sus informes a partir de las posiciones que ya han estado defendiendo en la práctica, de acuerdo a un conjunto de convicciones y principios políticos que los definen en el espacio público, y se cuidan de mezclar a los dos mandatarios en al análisis; eso quiere decir que hablarán de Obama o de Raúl por separado, pero no de los discursos de ambos formando parte de un todo, y si lo hacen, será para contraponerlos, y con ello, seguir consolidando el prejuicio que ya se tenía.

Tengo una manera diferente de pensar en este asunto. Cuando Obama dice, textualmente, “conozco la historia, pero me niego a verme atrapado por ella”, y Raúl invita a no seguir politizando los derechos humanos, están pidiendo más o menos lo mismo: nos están instigando a pensar creativamente el presente, para con ello imaginar un futuro realmente diferente. Ambos están hablando desde lo políticamente realista. Lee el resto de esta entrada

SOBRE LA CREATIVIDAD

Mi curiosidad intelectual últimamente me lleva a pensar una y otra vez en el fenómeno de la creatividad. ¿Por qué, pese a tener todas las oportunidades para ser creativos, por lo general los individuos nos resistimos a entregarnos a la creación consciente?, ¿por qué, en sentido general, optamos por dejarnos llevar por la rutina y el acomodamiento a una circunstancia que alguna vez funcionó, y lejos de intervenir creativamente en los diversos escenarios que nos toca vivir (que siempre serán nuevos), nos convertimos en epígonos de nuestras costumbres?

Mucha gente se autoengaña creyendo que la creatividad consiste en tener muchas labores en el día. En realidad lo creativo tiene que ver con la inventiva, no con la repetición rutinaria de prácticas que lo único que hace es consolidar un orden de cosas que ya existía, pero que no conduce a nada nuevo.

De hecho, eso que en su momento se consiguió de un modo creativo y brillante puede convertirse en el gran tirano que impide nuestra renovación, según apuntan en ese curso sobre creatividad publicado recientemente en Cuba:

Otro factor que obstaculiza la creatividad es el status quo o estado actual. Esto significa que, una vez que se ha tenido una idea brillante y fue aceptada, se comienza a recibir una serie de recompensas (publicaciones, patentes, dinero, ciclos de conferencia, aparición en radio y TV, crónicas en periódicos) que llevan al sujeto a elaborar subproductos de ella y se siguen obteniendo recompensas. La persona desea mantenerse donde está y deja de funcionar creativamente y no se vuelve a arriesgar”.

Traigo a colación todo esto a propósito de ese uso creativo de las nuevas tecnologías que intentamos impulsar en Camagüey. ¿Nos hemos preguntado por qué, pese a que tenemos las tecnologías a la mano, y el Know-How distribuido en tantas entidades estatales y no estatales, el analfabetismo tecnológico sigue siendo tan dominante?

Según los estudiosos son tres los factores que ahora mismo determinan que la brecha digital entre alfabetizados y no alfabetizados siga existiendo, y, peor aún, se haga más profunda. El primero es el acceso a la tecnología, desde luego; el segundo es la carencia de cursos que preparen a los individuos en el uso creativo de las tecnologías; pero el tercero tal vez sea el más grave: la falta de motivación para asumir esa alfabetización como algo útil.

Pienso que uno de los grandes desafíos que tenemos en este país es lograr construir escenarios donde la motivación para ser creativos se convierta en algo deseable, pues, como ya se viene comprobando, tenemos las tecnologías, las salas de navegación, los cursos impartidos por instructores del Joven Club, pero carecemos de una motivación generalizada que invite al uso creativo. Y esa vocación por la creatividad, valga la redundancia, también hay que crearla.

Juan Antonio García Borrero

AQUEL LEÓN QUE RUGÍA

momentos_historicos filmando al leon de la metroMe ha dado nostalgia ver esta foto. Mi generación llegó al cine producido por la Metro-Goldwyn-Mayer, cuando ya quedaba poco de aquel poderío inicial que, de la mano de Marcus Loew, Louis B. Mayer, e Irving Thalberg, logró consolidarla como una de las productoras más poderosas en toda la historia del cine norteamericano.

Para principios de los cincuenta, la televisión (entre otros factores) había comenzado a minar aquel sistema de estudios que permitiera a lo largo de dos décadas el reinado de compañías como Twentieth Century-Fox, Warner Brothers, RKO, Columbia, Paramount, entre otras.

Las películas de la MGM las descubrí en la televisión cubana, durante mi niñez y adolescencia. Entonces no tenía idea de las marcadas diferencias establecidas entre las de la Metro y la de los otrosestudios. Lo cierto es que la calidad de muchas de esas películas me marcó para siempre; estoy hablando, por ejemplo, de Lo que el viento se llevó (1939), o El mago de Oz (1939). Luego descubrí otras a través de las programaciones de los cine-clubes, como Ninotchka(1939), Ben Hur (1959), Doctor Zhivago (1965), o 2001, una odisea espacial (1968).

Hoy sé que había en esas películas una marcada intención de marcar con el glamour aquellas tramas desarrolladas muchas veces en espectaculares escenarios, y conestrellas rutilantes como Greta Garbo, Clark Gable, Joan Crawford, o Jean Harlow, que lograban seducirnos para siempre.

Ignoraba, en cambio, esa historia oscura que, como en todo gran imperio, coexistía con el brillo público, el oropel; nada sabía del odio que Louis B. Mayer despertaba en algunos de sus rivales. Herman J. Mankiewicz no se aguantó la lengua para describirlo de este modo: “Tiene la memoria de un elefante y la piel de un elefante. La única diferencia es que los elefantes son vegetarianos y la dieta de Mayer es su prójimo”. Aunque cuando murió, Samuel Goldwyn llegaría más lejos en el exabrupto: “Mucha gente vino a su funeral porque querían estar seguros de que el hijo de puta estaba muerto”.

Hoy nos quedan esas películas de la MGM que nos hicieron soñar, muchas de ellas premiadas con varios premios Oscars. Pero yo sobre todo sigo recordando a aquel león que rugía, y rugía, y rugía…

Juan Antonio García Borrero

 

POST FERIA

Para ser domingo, me parece estar viviendo hoy un día de gloria. Pero pensándolo mejor, lo de la gloria tiene que ver más con el regreso a casa, que con el domingo en sí, que es un día que por lo general me aburre.

No alcancé a ver demasiado de la Feria del Libro, pero lo que viví he de agradecerlo. La jornada dedicada a presentar los tres nuevos libros de la Editorial Oriente dedicados al cine (Retrato de grupo con cámara, de Luciano Castillo, El regreso de Ricardo Vigón, de Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco, e Intrusos en el paraíso, del que suscribe), tuvo para mí un valor colateral.

Y es que los tres libros fueron presentados por David Leyva González, Antonio Enrique González Rojas, y Reynaldo Lastre, tres de los ensayistas más destacados de esa generación de jóvenes pensadores nacidos en los ochenta, y que el último tuviera la buena idea de compilar recientemente en un volumen ya imprescindible que tituló “Anatomía de una isla (Jóvenes ensayistas cubanos)” (Ediciones La Luz, Holguín, 2015).

JAGB

 

MEMORIAS DE ZATOICHI EN CUBA

Comparto mi texto más reciente para el sitio Progreso Semanal.

Políticas de exhibición del ICAIC: Memorias de Zatoichi en Cuba

Juan Antonio García Borrero • 12 de febrero, 2016

zato-ichi-JAGB-685x342Hoy releía la entrevista que el cineasta cubano Manuel Pérez le concediera alguna vez al escritor y guionista Arturo Arango, y me quedé pensando en ese segmento donde habla del tristemente célebre Primer Congreso de Educación y Cultura celebrado en Cuba en 1971.

Como todos recordamos, este fue un Congreso donde se legitimó la cultura del compromiso, asociando ese compromiso no tanto a la vocación herética que hay en todo auténtico creador (que, según Sartre, es otra modalidad de compromiso), como a la adhesión acrítica a los postulados del poder político.

El consenso al que se llegó entonces, y que puede consultarse en la Declaración final del encuentro, sentó las bases de lo que hoy conocemos como “el quinquenio gris”, si bien no habría que creer que todos los creadores del período renunciaron al cuestionamiento y la indagación crítica más allá de la coyuntura. El propio ICAIC, que recibió el encargo expreso de multiplicar las películas de corte histórico que ayudasen a entender teleológicamente “los cien años de lucha” (1868- 1968) que por aquellas fechas se festejaban, propició la existencia de filmes todavía tan inquietantes como Una pelea cubana contra los demonios (1971) o La última cena (1976), ambas de Titón.

Sin embargo, no es recomendable interpretar el pasado como si se estuviese asistiendo a una sumatoria de fotos fijas. Detrás de esas instantáneas que llegan inertes a nosotros, detrás de los documentos y las películas, la vida cubana seguía fluyendo a partir de sus contradicciones internas. El ICAIC, por ejemplo, luego de una década de existencia conseguiría consolidar el liderazgo cultural gracias a un grupo de cintas (Memorias del subdesarrollo, Lucía, La primera carga al machete) que hablaban a favor de su autonomía creadora, pero en cambio, su política de exhibición no recibía igual cantidad de elogios. Dice Manuel Pérez en la entrevista:

“Recuerdo que cuando se anunció que se iba a celebrar el congreso, la dirección del ICAIC me llamó para pedirme que trabajara una ponencia que sería la que el organismo presentaría en el congreso. Yo hice la base, el borrador, y trabajé básicamente lo relativo a la política de exhibiciones, que era uno de los aspectos por los que el ICAIC estaba siendo atacado. Era como retomar la polémica del 63, lo que ahora en vez de Acatone o La dulce vida se trataba de películas como Nuevo en esta plaza o Ichi, el esgrimista ciego”. Lee el resto de esta entrada

LOS ABISMOS DE LA INCOMPRESIÓN

Escribe Nietzsche:

Es difícil que le comprendan a uno, especialmente si piensa y vive gangasrotogati (a la velocidad con que fluye el Ganges), cuando los hombres que te rodean piensan y viven de otro modo: kurmagati (con la lentitud con que anda la tortuga) o, todo lo más, mandeikagati (a saltos como la rana)”.

¿Qué diría hoy, cuando fluir comienza a asociarse al Li-Fi, esa tecnología que apelando a la luz nos permitirá, dicen, descargar películas enteras en segundos?, ¿hasta dónde se harán insondables los abismos de la incomprensión que de repente se abrirán entre seres humanos que parloteando la misma lengua, viviendo en el mismo lugar, compartiendo la misma moda, bailando con la misma música, se sentirán en mundos cada vez más diferentes e irreconciliables?

Si hasta hace poco, con la Biblia por medio, la diversidad de lenguas nos parecía el origen de toda la confusión comunicativa que ha padecido la humanidad, ahora la nueva Babel podría estar asociada a la poca o mucha velocidad que usamos para representarnos la realidad, y encargarnos de ella.

Juan Antonio García Borrero

EL DÍA QUE MURIÓ EL CINE

lumiere_hermanosHay maneras muy extravagantes de notar que uno está envejeciendo. Por ejemplo, advertir que ya Bruce Willis no encabeza los créditos de las actuales películas de acción. Los héroes del cine envejecen en pantalla más rápido que nosotros, seres comunes acostumbrados a vender nuestra incredulidad al mejor postor, con tal de que nos hagan olvidar durante un rato que la vida es mercado permanente de ocasos y olvidos.

Antes podíamos correr a la par de toda esa gente tan dura de matar. Incluso llegar a la desmesura de sentir sobre nuestra nuca el aliento sofocado de ellos, porque en nuestros sueños les llevábamos casi siempre ventaja. Y gozábamos al imaginar que la realidad plagiaba al cine.

Ahora esos héroes se ven tan viejos, tan cansados, que a uno le da por creer que el cine está definitivamente muerto, y nosotros con él. Hasta que logramos recordar que, no por gusto, el cine nació un día como hoy: Día de los inocentes.

Juan Antonio García Borrero

LA CAJA NEGRA DE LO INTELIGENTE

Muy contento con esta segunda colaboración que me aceptan en Juventud Rebelde. La primera se tituló El suicidio de la sabiduría, y ambas tienen a las nuevas tecnologías y su uso creativo en el punto de mira.

LA CAJA NEGRA DE LO INTELIGENTE

Arthur C. Clarke, el célebre autor de 2001, una odisea espacial, anotaría en algún momento: «Toda tecnología lo suficientemente avanzada, es indistinguible de la magia». Esto tiene mucho que ver con la cada vez más creciente tendencia a «cajanegrizar» los éxitos de la tecnología más reciente, o lo que es lo mismo, fijarnos apenas en las utilidades más prácticas, sin percatarnos de la complejidad de eso que conforma el dispositivo en su interior, la cual queda en una suerte de caja negra que la hace invisible, opaca.

Así, podemos adquirir en el mercado un teléfono inteligente de última generación y desentendernos de todo lo que tenga que ver con su funcionamiento: al final, puede quedar la penosa sensación de que los teléfonos sean más inteligentes que quienes los usan. Y consolidarse una paradoja donde advertimos que mientras «más inteligente» el dispositivo, más a merced de los prejuicios, el oscurantismo tecnológico, el pensamiento mágico delegado en las máquinas, quedaría el usuario de esas herramientas.

Aquí lo de la inteligencia no tendría que ver exactamente con esa facultad que describe las posibilidades que tiene el ser humano de razonar, discernir, tomar decisiones a partir de lo aprendido, sino que se trata de una etiqueta secuestrada por el mercado donde el adjetivo Smart se convierte en parte de una identidad comprada (no construida con nuestros propios esfuerzos).

El lado oscuro de esto que menciono se nota de inmediato con el comportamiento cada vez más estandarizado de la gente cuando se mueve en sociedad. No es que las nuevas tecnologías estén inventando la impersonalidad en el comportamiento público, toda vez que ya Heidegger, en su exhaustivo Ser y tiempo había logrado describir esas maneras en que, sin darnos cuenta, nos entregamos al Uno y actuamos de acuerdo con lo que nos dictan las reglas invisibles del estar junto a los otros. Pero sí parece evidente que mientras más proliferen esos artefactos «inteligentes», diseñados por unos pocos para el consumo de muchos, el riesgo de que esa impersonalidad crezca parece inevitable.

Tampoco es que piense que los individuos seamos sujetos absolutamente pasivos, a los cuales nos consiguen domesticar a través del uso de estos artilugios. Siempre que los individuos utilizamos algo, lo estamos poniendo en función de intereses que forman parte de nuestra necesidad más íntima.

Donde tendríamos que luchar, sobre todo si hablamos de políticas públicas, es en impedir que nos embauquen con las falsas necesidades que esta inteligencia artificial pudiera hacernos creer que es la más legítima. Es decir, los entes públicos están en la obligación de crear escenarios en los que sea posible practicar lo alternativo: no ir contra la tecnología, sino ponerla en función de esos intereses comunitarios que, a la larga, ayudarían a desarrollar la nación. Y sobre todo estimular lo que los situacionistas en su época nombraban detournement (tergiversación), a través del cual tergiversaban con un sentido crítico el uso propuesto por el mercado, enriqueciendo la capacidad creativa de los consumidores.

Si nos guiamos por la definición de Clarke que citaba al principio de este texto, vivimos en una época de franca regresión al pensamiento mágico. La proliferación de tecnologías cada vez más avanzadas posibilitará que una buena parte de la humanidad relegue las explicaciones científicas a la caja negra donde esconde todas sus incertidumbres, entregándose a un culto de lo práctico donde solo tiene utilidad lo que se puede usar ahora mismo. Y eso, pensando desde lo público, no es precisamente lo más inteligente.

Juan Antonio García Borrero

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