Archivo de la categoría: REFLEXIONES

LOS ABISMOS DE LA INCOMPRESIÓN

Escribe Nietzsche:

Es difícil que le comprendan a uno, especialmente si piensa y vive gangasrotogati (a la velocidad con que fluye el Ganges), cuando los hombres que te rodean piensan y viven de otro modo: kurmagati (con la lentitud con que anda la tortuga) o, todo lo más, mandeikagati (a saltos como la rana)”.

¿Qué diría hoy, cuando fluir comienza a asociarse al Li-Fi, esa tecnología que apelando a la luz nos permitirá, dicen, descargar películas enteras en segundos?, ¿hasta dónde se harán insondables los abismos de la incomprensión que de repente se abrirán entre seres humanos que parloteando la misma lengua, viviendo en el mismo lugar, compartiendo la misma moda, bailando con la misma música, se sentirán en mundos cada vez más diferentes e irreconciliables?

Si hasta hace poco, con la Biblia por medio, la diversidad de lenguas nos parecía el origen de toda la confusión comunicativa que ha padecido la humanidad, ahora la nueva Babel podría estar asociada a la poca o mucha velocidad que usamos para representarnos la realidad, y encargarnos de ella.

Juan Antonio García Borrero

EL DÍA QUE MURIÓ EL CINE

lumiere_hermanosHay maneras muy extravagantes de notar que uno está envejeciendo. Por ejemplo, advertir que ya Bruce Willis no encabeza los créditos de las actuales películas de acción. Los héroes del cine envejecen en pantalla más rápido que nosotros, seres comunes acostumbrados a vender nuestra incredulidad al mejor postor, con tal de que nos hagan olvidar durante un rato que la vida es mercado permanente de ocasos y olvidos.

Antes podíamos correr a la par de toda esa gente tan dura de matar. Incluso llegar a la desmesura de sentir sobre nuestra nuca el aliento sofocado de ellos, porque en nuestros sueños les llevábamos casi siempre ventaja. Y gozábamos al imaginar que la realidad plagiaba al cine.

Ahora esos héroes se ven tan viejos, tan cansados, que a uno le da por creer que el cine está definitivamente muerto, y nosotros con él. Hasta que logramos recordar que, no por gusto, el cine nació un día como hoy: Día de los inocentes.

Juan Antonio García Borrero

LA CAJA NEGRA DE LO INTELIGENTE

Muy contento con esta segunda colaboración que me aceptan en Juventud Rebelde. La primera se tituló El suicidio de la sabiduría, y ambas tienen a las nuevas tecnologías y su uso creativo en el punto de mira.

LA CAJA NEGRA DE LO INTELIGENTE

Arthur C. Clarke, el célebre autor de 2001, una odisea espacial, anotaría en algún momento: «Toda tecnología lo suficientemente avanzada, es indistinguible de la magia». Esto tiene mucho que ver con la cada vez más creciente tendencia a «cajanegrizar» los éxitos de la tecnología más reciente, o lo que es lo mismo, fijarnos apenas en las utilidades más prácticas, sin percatarnos de la complejidad de eso que conforma el dispositivo en su interior, la cual queda en una suerte de caja negra que la hace invisible, opaca.

Así, podemos adquirir en el mercado un teléfono inteligente de última generación y desentendernos de todo lo que tenga que ver con su funcionamiento: al final, puede quedar la penosa sensación de que los teléfonos sean más inteligentes que quienes los usan. Y consolidarse una paradoja donde advertimos que mientras «más inteligente» el dispositivo, más a merced de los prejuicios, el oscurantismo tecnológico, el pensamiento mágico delegado en las máquinas, quedaría el usuario de esas herramientas.

Aquí lo de la inteligencia no tendría que ver exactamente con esa facultad que describe las posibilidades que tiene el ser humano de razonar, discernir, tomar decisiones a partir de lo aprendido, sino que se trata de una etiqueta secuestrada por el mercado donde el adjetivo Smart se convierte en parte de una identidad comprada (no construida con nuestros propios esfuerzos).

El lado oscuro de esto que menciono se nota de inmediato con el comportamiento cada vez más estandarizado de la gente cuando se mueve en sociedad. No es que las nuevas tecnologías estén inventando la impersonalidad en el comportamiento público, toda vez que ya Heidegger, en su exhaustivo Ser y tiempo había logrado describir esas maneras en que, sin darnos cuenta, nos entregamos al Uno y actuamos de acuerdo con lo que nos dictan las reglas invisibles del estar junto a los otros. Pero sí parece evidente que mientras más proliferen esos artefactos «inteligentes», diseñados por unos pocos para el consumo de muchos, el riesgo de que esa impersonalidad crezca parece inevitable.

Tampoco es que piense que los individuos seamos sujetos absolutamente pasivos, a los cuales nos consiguen domesticar a través del uso de estos artilugios. Siempre que los individuos utilizamos algo, lo estamos poniendo en función de intereses que forman parte de nuestra necesidad más íntima.

Donde tendríamos que luchar, sobre todo si hablamos de políticas públicas, es en impedir que nos embauquen con las falsas necesidades que esta inteligencia artificial pudiera hacernos creer que es la más legítima. Es decir, los entes públicos están en la obligación de crear escenarios en los que sea posible practicar lo alternativo: no ir contra la tecnología, sino ponerla en función de esos intereses comunitarios que, a la larga, ayudarían a desarrollar la nación. Y sobre todo estimular lo que los situacionistas en su época nombraban detournement (tergiversación), a través del cual tergiversaban con un sentido crítico el uso propuesto por el mercado, enriqueciendo la capacidad creativa de los consumidores.

Si nos guiamos por la definición de Clarke que citaba al principio de este texto, vivimos en una época de franca regresión al pensamiento mágico. La proliferación de tecnologías cada vez más avanzadas posibilitará que una buena parte de la humanidad relegue las explicaciones científicas a la caja negra donde esconde todas sus incertidumbres, entregándose a un culto de lo práctico donde solo tiene utilidad lo que se puede usar ahora mismo. Y eso, pensando desde lo público, no es precisamente lo más inteligente.

Juan Antonio García Borrero

LA UTOPÍA DE UNA CULTURA DEL DEBATE ILUSTRADO

Hoy Progreso Semanal publica este artículo que redacté hace ya varios días, y coincide en espíritu con el post anterior.

La utopía de una cultura del debate ilustrado

Juan Antonio García Borrero • 1 de diciembre, 2015

CAMAGUEY. Que en Cuba la cultura del debate es una asignatura pendiente, es algo que no necesita argumentarse. Existen muchísimas confrontaciones, intercambios de opiniones divergentes, peleas intelectuales que lamentablemente en demasiadas ocasiones terminan afectando las relaciones personales, pero cultura del debate no, porque eso es otra cosa que solo puede cultivarse en aquello que Lezama describía como cotos de mayor realeza.

Advierto que, a diferencia de Lezama, creo en la intervención pública del intelectual, lo que me pondría en el bando de Mañach, si se llegara a reeditar aquella polémica en que ambos sacaron a relucir el falso dilema de la fede o la sede. Pero eso sí, esas intervenciones tendrían que tener altura, y aspirar a algo más que la simple catarsis.

Se supone que a las instituciones cubanas les convenga esta cultura del debate, pues es con el intercambio sistemático de ideas que se garantiza el desarrollo permanente. De hecho, la UNEAC la promueve entre sus estatutos, al anotar en su artículo 5: “La UNEAC se adhiere a los principios de la democracia socialista y en consecuencia defiende el derecho a la información, a la palabra, al ejercicio del criterio, a la libertad de creación, a la investigación, a la experimentación, a la crítica, al debate y a la polémica”.

¿Por qué entonces, en la práctica, eso funciona tan poco?, ¿y por qué cuando funciona aparece el síndrome del bullying mediático, con una mayoría descalificando de modo violento al que, estando en minoría, se expresa según le dicte su conciencia? Lee el resto de esta entrada

BREVE ELOGIO DEL CONFLICTO

Entre cubanos, ser un tipo “conflictivo” siempre se ha asociado a lo negativo. Esta imagen se hizo aún más intensa en los últimos cincuenta años de vida nacional, toda vez que generar conflictos podía interpretarse como una clara entrega de armas al enemigo, algo que dañaba a la Revolución.

Esta manera de interpretar el conflicto responde a esa visión ancestral en la cual se aspira a anularlo, con el fin de construir escenarios paradisíacos donde no existan oposiciones o disidencias. En esta visión utópica por imposible, los seres humanos no cuentan como tales, sino que apenas tendrá valor la meta a la que se aspira, sin importar lo idealizada o deshumanizada que ella pueda estar.

Otros interpretan el conflicto como algo natural, pero eludible a partir del entendimiento que puedan lograr las partes en disputa. Según este enfoque, los conflictos suelen ser más bien malentendidos. Quienes asumen esta posición son menos idealistas que los que desean borrar los antagonismos, en tanto admiten, con Heráclito, que la guerra es padre de todas las cosas, pero olvidan evaluar el impacto de las condiciones sociales en el fomento de esa hostilidad, y delegan la solución no tanto en el cambio de las sociedades donde viven los seres en conflicto, como en la transformación interior de los individuos, su educación en función de ciertos valores establecidos. Al final, hay también una suerte de apología velada al sinflictivismo, o lo que es lo mismo, a la armonía artificial diseñada por determinados grupos.

Una tercera posición aprueba el conflicto no solo como algo natural, sino que es necesario fomentar, con el fin de garantizar el permanente desarrollo. Aquí pienso en la visión marxista de la sociedad, donde el conflicto y su resolución es algo esencial. Concebida como filosofía de emancipación (y no de dominación), es de suponer que a Marx le interesaba que los individuos tomasen conciencia de su pertenencia de clase, pero también que defendiesen su capacidad de pensar por cabeza propia, con todo lo que ello implicase para el sujeto en ser calificado como conflictivo (de hecho, Marx ha quedado en la historia de la humanidad como uno de los individuos más conflictivos de los que se tenga noticia).

Llegado a este punto, se nos hace obvio que no es el conflicto en sí lo que resulta negativo o punible, sino las maneras en que este se resuelve, o se deja de resolver. En tal sentido, necesitamos una sociedad que sepa crecer con los conflictos, no que termine mutilada por ellos. Una sociedad sin conflictos sería la instantánea de algo que ya no vive, pues como otras veces he apuntado, solo los muertos gozan del raro privilegio de la paz.

Juan Antonio García Borrero

UNIVERSIDAD, HUMANISMO Y ANALFABETISMOS

Me he puesto a releer el libro que el filósofo y pedagogo brasileño Hugo Assmann me obsequiara en el 2003, cuando tuve la suerte de conocerlo en su casa de Piracicaba. Lo bueno que tienen los libros es que, aunque sus autores desaparecen físicamente, el diálogo que ellos entablan con sus lectores permanece, y en el momento menos pensado, se retoma la conversación. Es lo que me pasa ahora cuando leo este fragmento de su libro “Placer y ternura en la educación”:

Son tres los analfabetismos que hay que derrotar: el de la lectura y escritura (saber leer y escribir), el sociocultural (saber en qué tipo de sociedad se vive; por ejemplo, saber lo que son los mecanismos de mercado), y el tecnológico (saber interactuar con máquinas complejas). Toda escuela incompetente en alguno de esos aspectos es socialmente retrógrada”.

Ayer, en el hermoso espacio diseñado por Luis Álvarez y Olga García Yero en la UNEAC de Camagüey, estuve a punto de invocar a Assmann, cuando Luis mencionó esa relación que a veces perdemos de vista, establecida entre las universidades y el humanismo. Como en otras ocasiones he apuntado, es este un tema que me apasiona, porque me parece que sería la base para establecer cualquier tipo de estrategia que, como nación, diseñemos con el fin de que nuestros conocimientos técnicos crezcan parejo a la conciencia humanista que supone el uso creativo de las tecnologías.

¿Hasta qué punto nuestras universidades están conscientes de que debemos enfrentar de modo simultáneo esos tres analfabetismos que mencionaba el filósofo brasileño?, o preguntando de un modo más amplio, ¿hasta qué punto nuestras políticas públicas tienen claras esas condiciones que tienden a fomentar en la actualidad la convergencia medial, impactando de modo global a la cultura y a la educación? Lee el resto de esta entrada

EL DESAFÍO: NUEVAS TECNOLOGÍAS Y PROYECTOS CULTURALES

Este texto que me publica hoy IPS en su sitio, lo escribí hace un tiempo. Es una reflexión a propósito del Complejo Audiovisual Nuevo Mundo (Camagüey), y el convenio que en su momento establecimos con el Joven Club del territorio.

En el fondo está muy relacionado con esa necesidad de ciberalfabetización que hemos estado comentando en estos últimos días, y que, dicho sea de paso, tanto entusiasmó al vicepresidente Díaz-Canel cuando visitó hace cuatro o cinco meses el lugar.

Creo que Nuevo Mundo podría convertirse en un verdadero laboratorio para poner en práctica todas estas ideas con las que se persiguen fomentar el uso creativo de las nuevas tecnologías. Pero, obviamente, esa alfabetización funcional y tecnológica ha de empezar por quienes dirigen. De lo contario, imposible cumplir con el encargo concedido a la UNEAC en su último congreso.

JAGB

EL DESAFÍO: NUEVAS TECNOLOGÍAS Y PROYECTOS CULTURALES

Díaz Canel en La Calle de los CinesEn las palabras de clausura del pasado Congreso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), a cargo del vicepresidente del Consejo de Ministros Miguel Díaz-Canel, pueden leerse las siguientes ideas: “Debemos evaluar con rigor el impacto de las nuevas tecnologías en el consumo cultural, en la creación y la distribución. No puede verse ese impacto como algo negativo, sino como un reto inédito para la relación de las instituciones con los creadores, que debe reforzarse sobre reglas de juego diferentes. Tenemos que usar las nuevas tecnologías para promover lo mejor del talento con que contamos”.

Cuando, un par de meses después, el propio Díaz-Canel hizo un recorrido por La Calle de los Cines de Camagüey, tuve oportunidad de mostrarle el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo. La casualidad quiso que el vicepresidente llegara en el momento en que se impartía a los alumnos del ISA una clase de animación, utilizando las tecnologías de que, gracias al convenio establecido con el Joven Club, se puede disponer en el lugar. A su regreso a La Habana, el vicepresidente hizo público en algún foro su entusiasmo con el proyecto de Camagüey, poniéndolo de ejemplo de lo que se podía lograr con el uso creativo de las nuevas tecnologías.

Desgraciadamente, ese entusiasmo nunca encontró eco en Camagüey, y el proyecto de Nuevo Mundo no ha prosperado como hubiésemos querido. Seamos honestos: se ha estancado. Como se recordará, en un inicio pensamos ese espacio como algo académico, donde fuera posible el acceso a lo mejor del cine mundial, a su bibliografía, a su crítica, pero también a todo lo que tuviese que ver con el uso de las nuevas tecnologías en función de la gestión del conocimiento. Esto habría permitido a los estudiantes, profesores, o personas interesadas, acceder a filmes y libros que, gracias a la revolución electrónica, hoy están a disposición de la comunidad: el convenio entre el Centro de Cine de Camagüey y el Joven Club del territorio fue un paso importante para crear las bases de ese trabajo superior que Díaz-Canel pedía en su intervención.Díaz Canel en Nuevo Mundo

¿Qué falló? Primero, que nunca conseguimos impactar en la conciencia de los directivos del territorio en cuanto a este nuevo fenómeno que tendría que pensarse en esos términos: como algo absolutamente nuevo. En el fondo, siguió operando la idea de que las nuevas tecnologías pueden ser domesticadas de acuerdo a los viejos escenarios en que se movían los seres humanos en el siglo pasado, lo que ha anulado cualquier posibilidad de diálogo creativo entre las áreas de Cultura, Educación y Nuevas Tecnologías.

Ahora se ha sumado el problema puntual de que el Joven Club cobra sus servicios, y eso trae como consecuencia que apenas pueda influirse, desde el punto de vista institucional, en la alfabetización funcional y tecnológica de los usuarios: el que paga, como es lógico, escoge a su gusto. Y como las nuevas tecnologías se encargan de ir simplificando el proceso de aprendizaje y dicta de modo subliminar (pero imperativo) el uso de estas en función de los intereses hegemónicos, puede entenderse por qué el grueso de los usuarios que ahora tiene el Joven Club responde a casi un único estímulo, que en este caso se asocia al video-juego. Lee el resto de esta entrada

EL SUICIDIO DE LA SABIDURÍA

Me da mucha alegría compartir este artículo que los amigos del periódico Juventud Rebelde han tenido la gentileza de publicar. Ojalá no sea la única colaboración que me acepten.

EL SUICIDIO DE LA SABIDURÍA

Poco antes de morir, ese filósofo del cambio tecnológico que fue Neil Postman dictaría una conferencia donde lanzaba cinco advertencias en torno al día a día de los seres humanos de estos tiempos, en su relación con las nuevas tecnologías. Y en alguna parte, apuntaba:

La persona de la era de la imprenta tiene hábito de organización lógica y análisis sistemático, no escribe proverbios. La persona de la era del telégrafo valora la velocidad, no la introspección. La persona de la era televisiva valora la inmediatez, no los hechos históricos. La persona de la era de los ordenadores, ¿qué podemos decir de ella? Quizás podamos decir que la persona de la era de las computadoras valora la información, no el conocimiento, ciertamente no la sabiduría. De hecho, en la era de las computadoras, el concepto de sabiduría puede que no tarde en desaparecer por completo”.

El examen crítico de un fenómeno como el que manifiesta en su disertación Postman demandaría varios libros, pero la reflexión tiene la virtud de poner ante nuestros ojos la paradoja que subyace detrás de ese optimismo tecnológico o tecnoutopía que asocia la información a la sabiduría.

A estas alturas no valdría la pena reciclar los ya trasnochados argumentos que apocalípticos e integrados (para decirlo en la terminología de Eco) saturaron la esfera pública de los sesenta: las nuevas tecnologías se erigen en dispositivos formidables que pueden ayudar muchísimo a que los individuos se tracen en sus vidas privadas proyectos emancipadores; en todo caso, lo que necesitamos someter a crítica sistemática son las acciones emprendidas con carácter público, diseñadas por grupos de hombres que pueden hablar en nombre de “la libertad de expresión” (léase, libertad de mercado en la que unos pocos sacan enormes beneficios), cuando en el fondo lo que se busca instaurar es una nueva modalidad de la servidumbre humana (servidumbre light, pero servidumbre al fin).

El mejor antídoto que seguirá teniendo el ser humano para prevenir esa enfermedad es la sabiduría. Pero cuando Potsman nos habla, no sin cierta tendencia al catastrofismo, del peligro de extinción de la sabiduría en estos tiempos, nos está avisando del gran mito que sin nosotros notarlo estamos contribuyendo a consolidar con el uso acrítico de las tecnologías: el mito de que por tener al alcance de un clic una inmensa Biblioteca digital, parecida a las soñadas por Borges, ya tenemos garantizada la sapiencia. Lee el resto de esta entrada

SEGUNDO FORO SOBRE CONSUMO AUDIOVISUAL: LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS Y SU ÚTIL EMPLEO

Sé que es inevitable que algunos pregunten por qué el Segundo Foro sobre Consumo Audiovisual celebrado recientemente en Santa Clara no se hizo en Camagüey, tal como se acordara públicamente en la sesión final del primero.

Ignoro las razones, y no sería ético de mi parte hablar en nombre de la UNEAC, ni de las instituciones del territorio. Así que ruego a los amigos que me han preguntado por vía privada nos olvidemos de ese punto, que es lo anecdótico, y nos concentremos en la esencia del problema, que es intentar entender que está pasando con el fenómeno del consumo audiovisual en la isla, y sobre esa base, establecer prácticas concretas que repercutan en el bienestar de la comunidad.

El tema del consumo audiovisual es uno de los que más importancia reviste para las instituciones públicas que tengan que ver con la gestión cultural. La falta de atención a los problemas generados en la actualidad por el consumo sencillamente deja a ciegas a quienes pretenden hoy defender lo más valioso de la cultura. No en balde en varios países existen Centros académicos dedicados a impulsar las investigaciones de corte científico, donde el rigor analítico trasciende el mero intercambio de opiniones, más asociadas a la catarsis que a la ciencia.

En Cuba esos estudios rigurosos se están haciendo, lo que lamentablemente no gozan de la visibilidad deseada. Yo acabo de regresar de Santiago de Cuba, luego de participar en la Séptima Edición del “Félix B. Caignet”, y quedé literalmente fascinado con las intervenciones de las jóvenes Daynet Castañeda (Consumo culturales, medios de comunicación y construcciones identitarias) y Dayne Fonseca Moya (Teleadictos: conquistando la TV por la izquierda. Acercamiento al consumo audiovisual informal).

Una de esas investigaciones estuvo dirigida a explorar el consumo en una de las zonas precarias de Santiago de Cuba. Y esto es importante resaltarlo, porque todavía no conseguimos entender que el consumo no termina en el uso pasivo y homogéneo de los productos culturales que se ofrezcan, sino en la apropiación que cada cual haga de los mismos, por lo que las investigaciones realizadas por el Centro “Juan Marinello” con los consumidores del Vedado o Miramar arrojará datos utilísimos, pero reflejará poco de lo que pueda estar pasando con quienes adquieren “el paquete” en el barrio Timbalito de Camagüey. Lee el resto de esta entrada

ESTEBAN MORALES SOBRE LOS INTELECTUALES CRÍTICOS

Un amigo que acaba de leer el post que escribí sobre el intelectual crítico, me envía este texto colgado hace algún tiempo por Esteban Morales en su blog. Lo comparto porque le veo gran vigencia y utilidad.

Lamentablemente (y quizás sea un impresión personal), no creo que tres años después de escrito, las condiciones para ejercer la crítica intelectual en Cuba sean mejores. Al contrario, como los escenarios luego del 17D tienden a la ambigüedad, algunos dirigentes se las han arreglado para satanizar el ejercicio de la misma, y apelan a la ya manida y trasnochada coartada de la plaza sitiada, con el fin de mutilar todo lo que huela a debate de fondo.

Lo peor de esto es que muchas de estas personas enmascaran su temor a ver afectados sus intereses y posiciones, con la defensa de un proyecto que tal vez quieran, pero defienden mal, para decirlo como Bolívar. Y llegan a los extremos de identificar la crítica a los problemas que generan las instituciones que dirigen, con la crítica a ellos como individuos (digamos que se sienten intocables).

El desafío de construir una sociedad donde el intelectual crítico juegue un papel crucial, no es exclusivo de los interesados en fomentar el socialismo. De hecho, si el capitalismo va ganando su batalla es precisamente porque escasean los intelectuales críticos capaces de alcanzar visibilidad en un mundo dominado por los intelectuales de salón, y muchos de ellos muy orgánicos.

La diferencia es que acá el disenso intelectual se suele diagnosticar como algo patológico. Y las consecuencias muchas veces no se hacen esperar.

JAGB

EL RETO DE LA INTELECTUALIDAD

Por Esteban Morales Domínguez

Tomado de su blog de fecha 2 de agosto de 2012.

En abril del 2010, escribí que  la corrupción era el reto más difícil y peligroso que debíamos enfrentar. Un problema de seguridad nacional.

Hoy  queremos  alertar  sobre la importancia  que adopta la intelectualidad en medio de las circunstancias que vive el país.

Ya explicábamos en un reciente artículo que la ciencia es una forma de poder. Por lo que no debemos descuidar su dinámica y mucho menos tratarla con mecanismos antidemocráticos. Lee el resto de esta entrada

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 2.587 seguidores