Archivo de la categoría: EL CINE QUE NO SE VE

Boceto (1991), de Tomás Piard

Jorge Perugorría, Héctor Noas (Héctor Eduardo Suárez en los créditos), y Francisco Gattorno

Boceto

Año: 1991

País: Cuba

Género: Ficción

Tiempo: 83’

Productora: Televisión Cubana, Asociación Hermanos Saíz, ICAIC.

Dirección: Tomás Piard

Fotografía: Herminio Huerta

Música: Juan Antonio Leyva, Magda Rosa Galván

Reparto: Héctor Eduardo Súarez (Héctor Noas), Francisco Gattorno, Jorge Perugorría, Gisela Rangel, Rebeca Rodríguez, Elsa Camp, José Antonio Roche, Carlos Miguel Caballero, Isidro Domínguez, Aiza García, Catherina Tomás, Jorge Armando Rodríguez, Eduardo Vergara.


Sinopsis

1931. Iván regresa a casa de Andrés y Stinmia – amigos de su adolescencia- en busca del mundo que un día dejó irresponsablemente, pero todo ha cambiado. Otros dos amigos – Jo y Esteban- ya no están. Ella ha desaparecido y él ha muerto asesinado en el destierro. A partir de este instante Iván se enfrenta a su propia conciencia al igual que Andrés, un poeta que no sabe hacia dónde encausar su obra. El mundo interior de los personajes se desborda. Los sueños y los recuerdos perdidos cobran forma hasta que la dura realidad toca a las puertas de la casa. Iván se inmola. Andrés crea la poesía que salvará la memoria de sus imágenes para los que luego vendrán.


Comentario crítico

Boceto es una alegoría bien lírica a la amistad con todas las implicaciones de alegrías, dudas, pequeñas traiciones y perdones que ella implica. Con buenos resultados en el cine experimental, Piard narra en clave de múltiples sugerencias en torno a una historia entre un grupo de amigos ubicados en los años veinte-treinta. La mitad de sus signos “llegan” mediante una apreciable elaboración plástica y la otra mitad queda como un reto para aquellos que deciden enrolarse en su segunda visión. La película es deudora de una estética teatral al uso en los últimos años, incluyendo abundantes desnudos, principalmente masculinos, y de una poesía declamada, difícil de seguir por su tono farragoso y que a fin de cuentas se convierte en la antítesis de la sí bien lograda poesía de la imagen. Rica la imaginación de Piard, pero demasiado metraje para cubrirla”. (Rolando Pérez Betancourt).


Premios

Mejor filme de ficción, actuación masculina (Perugorría y H. E. Súarez), femenina (Rangel y R. Rodríguez), fotografía, banda sonora, música original en IX Festival de Cine Plaza’92; premio a la mejor producción, mejor actuación femenina (R. Rodríguez) y actuación masculina (F. Gattorno) en la Sexta Muestra Audiovisual del Cine Joven’92; premio al conjunto de los actores otorgado por la Asociación de Cine, Radio y TV de la UNEAC en Festival Latinoamericano’92 (La Habana). Seleccionada para la muestra de Cine Iberoamericano por el Consejo Iberoamericano de Cultura Cinematográfica con motivo del Centenario del Cine (1995), premio mejor fotografía, banda sonora, música original en Caracol’92.


Bibliografía

Azucena Plasencia. Poesía vs. Olvido. Búsqueda y realidad de hoy en la obra de Tomás Piard. Bohemia 87 (21): 58; 13 octubre 1995 (Crítica).

Pedro de la Hoz. Boceto en blanco y negro. Granma 3 Diciembre 1992, p 6 (Comentario).

Rolando Pérez Betancourt. Mascaró, Boceto, Vidas paralelas… Granma 10 Diciembre 1992, p 6 (Comentario)

Rufo Caballero. Luces al sur de la frontera. Juventud Rebelde 6 Diciembre 1992, p 7 (Comentario)

Estudios Cinematográficos del ICRT en Santiago de Cuba

El actor Raúl Pomares en “El sastre” (1984), de Jorge Luis Hernández

En este recorrido que estamos haciendo por lo que me gustaría llamar la Historia del cine cubano sin Historia, no podría faltar la mención a los Estudios Cinematográficos del ICRT en Santiago de Cuba.

Ignoro si ya existen investigaciones puntuales que aborden lo allí producido, pero lo interesante sería promover una investigación que, además de lo arqueológico, nos permita conectar ese cuerpo de películas que se filmaron en Santiago de Cuba con el gran cuerpo audiovisual de la nación, y formular preguntas que se interesen por los puentes sumergidos donde es posible detectar las convivencias de prácticas culturales compitiendo entre sí.

En un post publicado en el blog, y que ahora rescato para compartir con los amigos, apuntaba en una de sus partes:

“¿Tendremos la posibilidad alguna vez de reconstruir la historia de los Estudios Cinematográficos de la Televisión en Santiago de Cuba?, ¿habrán sobrevivido los filmes allí realizados?, ¿se conservan los guiones, las entrevistas de los realizadores si las concedieron? Más que por una cuestión arqueológica, importaría aproximarse a ese universo porque puede ayudarnos a complementar la visión de una época (los ochenta) donde lo más renovador del cine cubano se estaba alcanzando fuera del ICAIC, a través de las películas producidas por los Estudios Cinematográficos de la Televisión, los Estudios de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el Taller de Cine de la Asociación Hermano Saíz, o los cine-clubes de creación, entre otros centros productores”.

¿Con quiénes dialogaban las películas realizadas en esos Estudios?, ¿qué tecnologías usaban?, ¿cuál era el público al que se dirigían?, ¿cuáles tramas institucionales operaban detrás de las historias que veíamos en pantalla que no pudieron garantizar la permanencia de esos equipos de producción?

Sirva este post que ahora rescato y comparto como un homenaje a Jorge Luis Hernández, uno de los escritores cubanos más inquietantes que he tenido la oportunidad de leer (su novela Un tema para el griego fue, junto a Las iniciales de la tierra, de Jesús Díaz y Matarile, de Guillermo Vilar, uno de los libros que más me marcó en mi período universitario).

JAGB


Hoy, hurgando en mis archivos, me salió al paso el inolvidable escritor santiaguero Jorge Luis Hernández (1946- 2004). Siempre he asociado su nombre a lo mejor de la literatura cubana escrita en los años ochenta, sobre todo por el tremendo impacto que provocó en mí la lectura de la novela Un tema para el griego; sin embargo, según la escritora, guionista, y su compañera sentimental en la vida, Aida Bahr:

Jorge Luis Hernández en “El juicio final” (1987), de Raúl Pomares

Desde principios de 1982 hasta 1989, Jorge trabajó en cine. En esos años no escribió narrativa. No lo necesitaba, estaba creando en otro medio. Si hubiera podido seguir haciendo ficción tal vez no habría escrito ningún otro relato, o tal vez sí, ¿quién sabe? Lo que sí puedo decir es que La evasión de Cristián Pied iba a ser una película. Esa idea lo tenía fascinado. Quizás algún día alguien la filme”.

Y, en efecto, antes de ganar notoriedad literaria con “Un tema para el griego”, Jorge Luis Hernández ya había obtenido sendos premios Caracol por el guión y la dirección de El sastre (1984), adaptación fílmica de un fragmento de la conocida novela de José Soler Puig “Bertillón 166”, que más tarde Rebeca Chávez retomaría en su Ciudad en rojo (2009).

Sobre esta etapa de su vida, ha comentado el también escritor José M. Fernández Pequeño:

“Alrededor de 1980, Jorge Luis Hernández y yo habíamos comenzado a vincularnos con algunos proyectos del realizador de documentales Roberto Román y, a través de él, con los Estudios Fílmicos de la Televisión Cubana en Santiago de Cuba. Jorge Luis buscaba dejar su trabajo como ingeniero eléctrico e instalarse en un terreno cercano a la creación artística, mejor si era en los predios de lo narrativo. Yo quería escapar de la burocracia cultural y sus atosigantes informes de cumplimiento, verdaderos ejemplos de la más triste y delirante ficción. (…) Así pues, mientras decidí finalmente desviarme hacia la Casa del Caribe –donde comencé a editar la revista Del Caribe-, Jorge Luis pasó a trabajar en los Estudios Fílmicos de la Televisión Cubana y, junto a Román, se dio a la ardua –y torpemente obstaculizada tarea de levantar una producción cinematográfica digna en la región. Hija de esa labor fue su serie de documentales antropológicos, pero, además, suya fue la hombrada de atreverse con la ficción, de donde saldría el corto El sastre, cuyo argumento se desprende de una línea de Bertillón 166, la emblemática novela de José Soler Puig”.

Lo que podemos enriquecer con lo que Aida Bahr comenta:

“Trabajaba en los Estudios Cinematográficos para la Televisión, que tenían una filial aquí en Santiago. Había pocos recursos técnicos, pero en el 82, cuando Raúl Pomares y él entraron como realizadores, gracias a las gestiones de Roberto Román, había muchos deseos de hacer filmes que valieran la pena. Ese grupo de creadores, que entusiasmaron y arrastraron en esa empresa a los técnicos, muchos de los cuales no tenían más interés en su trabajo que el salario, encontraron la oposición férrea de los administrativos, porque se les acabó la vida cómoda. No puedo entrar en detalles, y no quiero decir nombres, más por respeto a los familiares que a los propios personajes, pero les pusieron trabas de todo tipo, y hablo de los dirigentes de aquí, pero también en La Habana la súbita actividad del estudio santiaguero trajo signos de alarma, y vino una inspección que determinó que no había condiciones para hacer ficción en Santiago de Cuba, justo cuando un cuento fílmico de Jorge basado en Bertillón 166, El sastre, acababa de ganar tres premios Caracol en el Festival Nacional”. Lee el resto de esta entrada

Los Cine-Clubes de Creación en Cuba

Daína Chaviano y Pablo Lorenzo en el filme “La barrera” (1988), de Tomás Piard.

¿Se podrá escribir en algún momento la Historia de los Cine Clubes de creación en Cuba? Si pensamos en ese tipo de Historia que domina nuestro imaginario, una Historia donde hay una relatoría íntegra de hechos, anécdotas, valoraciones, definitivamente no.

Todas esas películas fueron concebidas para brillar una noche, en un marco más bien estrecho. Y por lo general ni siquiera los propios cine clubistas estaban conscientes del valor cultural que podría tener el conjunto de esas producciones para la memoria de la nación.

Eso ha traído como consecuencia de que, además de que muchas de esas películas ya no existen, o resultan bien difíciles de localizar, tampoco las huellas de su paso o la documentación de su existencia, puede encontrarse con facilidad: los críticos apenas escribieron sobre ellas.

Tomás Piard pareció ser uno de los pocos que miraba todo ese “cine aficionado” con la misma seriedad con que se examina “la gran Historia”. Conservaba con una devoción digna del gran cinéfilo que siempre fue, las fotos de aquellas películas que filmaban en las más precarias condiciones.

Hoy, cuando vemos a la gran escritora Daína Chaviano, por ejemplo, en fotogramas de La barrera (1988) o En la noche (1988), de Piard, adivinamos de golpe las tremendas lagunas que tenemos en esta zona de nuestro audiovisual.

Y no se trata ahora de pretender cultivar una historia arqueológica que nos dejaría a merced de la dictadura del fragmento y la simple nostalgia de lo que fue, sino de impulsar una historiografía crítica que nos permita detectar ese “espíritu de época” que se respiraba en la creación audiovisual toda.

Como una contribución a esa Historia crítica que en algún momento se practicará, dejamos este link de la ENDAC, donde puede apreciarse una parte de la producción de los principales Cine Clubes del gran movimiento que se originara en los ochenta, luego de la fundación del Círculo de Interés Cinematográfico de la Casa de Cultura de Plaza.

Está claro que falta aquí muchísima información, pero ojalá esos vacíos devengan incentivos para ensayar otras maneras de irrumpir en el universo cinematográfico de la época.

Juan Antonio García Borrero

Algo más que soñar (1985), de Eduardo Moya

Enrique Álvarez, Luis Alberto García, Isabel Santos, y Patricio Wood

Otra zona que todavía queda por incorporar de un modo natural a la Historia del Audiovisual cubano, es la que hablaría de la producción de los Estudios Cinematográficos y de Televisión del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Creados en 1961 con un claro encargo ideológico y político, en un inicio contó con la asesoría de cineastas tan ilustres como Joris Ivens, entre otros. Sería interesante estudiar en qué forma las propuestas temáticas y soluciones audiovisuales de estos Estudios comenzaron a complejizarse, para pasar de lo que inicialmente podría tener un fin meramente adoctrinador, a la búsqueda de representaciones más cercanas a lo artístico, con toda la voluntad de mostrar la complejidad del ser humano.

De la extensa producción, Algo más que soñar (1985), de Eduardo Moya, tal vez sea la que mayor impacto popular tuvo. Inicialmente fue una serie de nueve capítulos de aproximadamente una hora de duración, pero también existe una versión para cine de 90 minutos (en Camagüey tuvimos oportunidad de proyectarla en los cines).

Obtuvo el Premio Caracol en el II Festival de Cine, Radio y Televisión, el Premio VII Festival Nacional de la Radio y la Televisión de Santiago de Cuba (1986), así como el premio de la popularidad “Girasol Opina” (1985).

Comparto la información que hemos recopilado para su entrada en la ENDAC.


Algo más que soñar

Año: 1985

País: Cuba

Género: Ficción, Serie

Formato: 35 mm

Tiempo: 90’// En formato de serie, nueve capítulos de una hora de duración.

Color: Color

Productora: Estudios Cinematográficos y de Televisión del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (también conocida como ECITV-FAR y ECIFAR)

Dirección: Eduardo Moya

Argumento y guión: Eliseo Altunaga, Roberto Díaz, Enrique de la Uz, Eduardo Moya

Fotografía: Ángel Alderete

Cámara: Raúl Booz, Huberto Valera

Música: Pablo Milanés

Dirección de doblaje: Raquel González

Director asistente: Danilo Lejardi

Sonido: Omar Hechevarría, José León

Edición: Jorge Pérez

Escenografía: Guillermo Mediavilla

Vestuario: Diana Fernández, Mercedes Nodarse

Maquillaje: María Elena del Toro

Jefe de iluminación: Gerardo Touza

Cámara de animación y efectos ópticos: Santiago y Paul Mesa

Pirotecnia: Jorge Montesinos

Asesor: Teniente Coronel Emilio González Roche

Créditos: Miguel Fleitas, Oscar Alonso

Reparto: Luis Alberto García, Patricio Wood, Isabel Santos, Rolando Brito, Aida Hernández, Martha Jean Claude, Alberto Molina, Beatriz Valdés, Miguel Navarro, Martha del Río, Enrique Álvarez, Luis Alberto Ramírez, Manuel Porto, Luis Alberto García (padre), Miriam Ramos, María Elena Escalona, Caridad Almenares.

A fuego limpio (1987), de José Andrés Torres

Comparto otra de las entradas de la ENDAC, esta vez con información de una de las películas más polémicas concebidas por los Estudios Cinematográficos de la Televisión en los años ochenta.


A fuego limpio

Año: 1987

País: Cuba

Género: Ficción

Formato:

Tiempo: 60’

Color: Color

Productora: Estudios Cinematográficos de la Televisión

Producción: Alfredo Vicens

Dirección: José Andrés Torres López

Guión: Eduardo Heras León, José Andrés Torres López

Fotografía: Avelino Fernández

Edición: Candita Rodríguez

Sonido: Manuel Lima

Reparto: Luis Alberto Ramírez, Orlando Casín, Juan Carlos Romero, Luis Alberto García, Luis Alberto García (hijo), Idelfonso Tamayo


Sinopsis

En una fábrica metalúrgica, la administración y el sindicato discuten un conflicto laboral.


Comentario crítico

En A fuego limpio, la hechura expone las ideas con suma claridad. No hay confusiones. Las lecturas están al alcance de todos. Planteo de cuestiones filosóficas vitales al socialismo. Los porqués que mueven al hombre. Y no queda duda en el tapete: la honestidad individual y el ejercicio de la democracia son imprescindibles. ¿Cómo se logra esta entrega en el lenguaje artístico? A nuestro entender, el primer paso está en la credibilidad de los diálogos y en el enfoque plástico realista. Hasta la escena de los sueños responde a la idiosincrasia cubana.

(…)

A fuego limpio nos lanza a la lucha. No es todavía, esa gran obra artística imaginada en meditaciones estéticas. No rompe con viejos presupuestos del lenguaje audiovisual. Pero le habla directamente al hombre y este le responde. Es bastante, en este momento.” (Ilse Bulit)


Bibliografía

Azucena Isabel Plasencia Hernández. Auténtica obra de arte. Bohemia 80 (23): 7; 3 jun 88 (Crítica)

Ilse Bulit. A fuego limpio. Bohemia 80 (23): 6-7; 3 jun ’88. (Crítica)

Manuel González Bello. Al fuego le faltaron llamas. Bohemia 80 (23): 7; 3 jun ’88 (Crítica)

Sahily Tabares. A fuego limpio. Verde Olivo (49): 58-59, 10 dic’87

Noche baja

Año: 1988

País: Cuba

Género: Ficción

Tiempo: 27’

Productora: Estudios Cinematográficos del ICRT

Producción: Hevie Cepero

Dirección: Santiago Prado

Guión: Santiago Prado, Lesbia Echevarría, basado en el cuento homónimo de Manuel Cofiño.

Dramaturgia: Lesbia Echevarría

Fotografía: Antonio Ruiz

Edición: María Caridad Pascual

Sonido: Alberto Álvarez

Música: Jorge Maletá

Maquillaje: Ramona Gisper

Ambientación: Santiago Sánchez

Asistente de dirección: Bernardo Cordero

Reparto: Luis Alberto Ramírez, Luis Rielo, Rudy Mora, Elvira Cruz, Lázaro Núñez, Magaly Agüero, Lavinia Castro, Jorge Martínez, Noel de la Cruz.

Sinopsis

Narra la historia de un hombre que pretende vivir de espaldas a su pasado. Todos le admiran: sus compañeros de trabajo, su familia, sus amigos… pero a todos engaña y su mentira llega a convertirse en algo insoportable, que no le permite seguir aceptando reconocimientos; entonces se produce el lógico juicio de conciencia, donde se pone al descubierto un traidor capaz de renunciar a los más elementales valores éticos y morales. Actitud que le ha permitido andar airosamente por la vida, hasta que afloran los recuerdos y no puede evadirse de ellos.

Juego con Gloria (1989), de Teresa Ordoqui

La actriz Katerine Sobrino

Una de las categorías que hemos creado dentro de la ENDAC es la del “cine inconcluso”. En sentido general, las Historias del cine construyen sus respectivos cánones sobre la base de lo que pudiéramos llamar “la metafísica de la presencia fílmica”.

Solo se habla de lo que se ve, de lo que llegó a concebirse como algo realizado. O lo que es lo mismo: de lo que ha llegado a la pantalla y recibe elogios o críticas; es decir, eso que está a la mano es lo que llamamos cine cubano.

Sin embargo, más allá de lo que la crítica asimila a través de sus ojos, permanece intocado un mundo en el cual aparecen y desaparecen determinadas fuerzas y tensiones, que también están definiendo la suerte final de esa cinematografía que se evalúa. De modo que una Historia del cine cubano inconcluso probablemente explicaría, a través de lo sintomático, lo que ha estado pasando en la sociedad, aunque rara vez haya aparecido como noticia en los periódicos.

Cabe advertir que por cine inconcluso no estaríamos hablando, necesariamente, de cine censurado. Puede coincidir, como fue el caso de Cerrado por reformas, el filme que en 1995 Orlando Rojas comenzó a filmar y que una decisión ejecutiva del ICAIC decidió “aplazar el reinicio del rodaje”, si bien sabemos que ese aplazamiento significó desaprobación oficial. Es decir, puede darse este tipo de caso, pero también los proyectos inconclusos de cineastas (como “los filmes que no filmé” que Titón le describía a Silvia Oroz en un libro aún memorable).

Hoy traemos al blog Juego con Gloria, uno de esos filmes inconclusos, que comenzara a rodar en 1989 Teresa Ordoqui, quien dos años atrás había entregado la aclamada Te llamarás Inocencia (1987), una de esas películas cubanas de culto que, paradójicamente, brillan por su ausencia en las encuestas que abordan lo mejor del cine cubano de todos los tiempos.

En este blog hay una excelente entrevista concedida por la cineasta a la investigadora Danae Diéguez, donde ella explica lo sucedido con Juego con Gloria, una cinta que contaba con un guión escrito, entre otros, por Abilio Estévez:

Teresa Ordoqui: Te llamarás inocencia se filmó en el 87 pero se estrenó en el 88, en el 89 iba a hacer Juego con Gloria, que era una obra bastante ambiciosa, diría yo, pues introducía a la poesía cubana como eje. El argumento era: una mujer que vive en una casa en Cienfuegos, que tiene una hija, y ellas se construyen un mundo imaginario en el que se disfrazaban, utilizaban todos los personajes de la cultura cubana y se leían todo aquello. Eran… cómo te diré… activistas de la cultura dentro de su casa y a partir de ahí se crean un mundo maravilloso. La madre muere y ella va a vivir a casa de una tía que era todo lo contrario, era lo elemental, comes, te bañas y aquí no existe más nada. Entonces ella se siente reprimida, hablaba con el espejo donde veía a su madre, porque necesitaba comunicarse con la única persona que la había entendido. Y después hay un poeta que ella conoce… había una secuencia del solar, estaban toda una serie de músicos cubanos, poetas, artistas plásticos, algunos no bien vistos en ese momento. Y había una pared con Los Beatles, estaban poniendo cosas de los Beatles… En fin, era una historia muy compleja pero que trataba los tópicos de la cultura en la coyuntura de ese momento, y no porque fuese un tema coyuntural sino un tema que yo creo que había que tratar de todas maneras. Pero bueno, no se me permitió continuar, filmamos unos minutos y hasta ahí llegó.

Danae Diéguez: ¿Y era un guión original suyo?

Con Abilio y con Raúl García Riverón y con Jorge Alonso Padilla, Laura Fernández… éramos cinco, hicimos el guión, se aprobó, comienzo el rodaje y después, misteriosamente, un buen día, me detienen el rodaje. Eso para mí fue durísimo, entonces ya no presenté más ningún proyecto.

Yo había presentado otro proyecto con Raúl que se llamaba La hoguera de los tomeguines, se trataba de personajes que interpretaban los mismos actores en tres tiempos diferentes, tres épocas diferentes, y ese tampoco fructificó. Y entonces vi que la cinematografía había muerto en la televisión, desgraciadamente, se habían hecho proyectos muy interesantes y había un equipo muy profesional.

Aprovecho la oportunidad para una vez más contar una anécdota, que me reafirma las posibilidades colaborativas que brinda el trabajo en red, si nos proponemos enriquecer nuestra Historia del audiovisual cubano.

Sucedió que cuando hace algún tiempo hablé por primera vez en Facebook de Juego con Gloria, recibí de inmediato un comentario público de Ángel Segundo González González, quien se desempeñara en el equipo como asistente de cámara.

La foto que nos hizo llegar muestra a Teresa Ordoqui preparando una de las escenas en la locación de Cienfuegos donde tenía lugar el rodaje, y el comentario con que acompañaba el envío es tan hermoso que siempre que hablo de esto decido cerrar con él: “Formé parte del equipo de Juego con Gloria como asistente de cámara y conservo algunas fotos de la experiencia. Trabajar con Teresita, a quien conozco desde niño y quien tenía una gran amistad con mi padre, Gaspar González, creador de Chuncha, fue algo bien especial”.

Juan Antonio García Borrero

En la foto Teresa Ordoqui, Raúl García (director asistente), Pedro Arias (iluminador), Katina Batet y Katerine Sobrino, actrices. Locación: cementerio de Cienfuegos. Foto: cortesía de Ángel Segundo González González.

Caturla (1984), de Senobio Faget

Aquí comparto otras de las entradas de la ENDAC con la que intentamos reconstruir esa Historia del cine cubano sumergido, que forma parte también del patrimonio audiovisual de la nación.

 

Caturla

Año: 1984

Género: Docudrama

Formato: 16 mm

Tiempo: 35’

Color: Color

Productora: Estudios Cinematográficos de la Televisión Cubana

Producción: Hevie Cepero, Juan Carlos Delgado

Dirección: Senobio Faget

Guión: Irene López, Senobio Faget

Fotografía: Ramón Berdayes

Música: Frank Fernández

Edición: Magaly Sigler

Sonido: Manuel Moreira, Mario Martín Viaña

Asesora músical: Lizette Vila

Vestuario: Anilcie Arévalo

Maquillale y peluquería: Isabel Rodríguez Acebo

Asistentes de dirección: Irene López Kuchilán, Diego Camacho

Asesores: María Antonieta Henríquez, Hilario González

Reparto: César Évora, Reina Martínez, Belkis Bell, Pedro Pablo Pedroso, Miguel Navarro (narración)// Actuaciones especiales: Ballet Nacional de Cuba, Conjunto Folklórico Nacional, Coro Cohesión del Instituto Superior de Arte, la cantante de ritmo afro Merceditas Valdés, los pianistas Frank Fernández y Huberal Herrera, Banda de Conciertos de Santiago de las Vegas y alumnos de la Escuela de Música Manuel Saumell.


Sinopsis

En 35 minutos se recorre la fructífera vida de Alejandro García Caturla (1906-1940), una de las fuerzas creadoras que en el siglo XX le dieron un perfil propio a la música cubana.

Filmado en colores, en escenarios naturales, Caturla es un cortometraje que juega con reconstrucciones alegóricas, testimonios y materiales de archivo, para darnos en toda su magnitud a quien asombra por la multiplicidad de actividades de su corta vida.

La cinta no solo muestra al músico, sino también al abogado que vivía en Caturla, al que realizara importantes trabajos sobre la reforma del Código Electoral, la delincuencia juvenil y el juego ilícito… Su actitud insobornable ante la justicia lo lleva a encontrar la muerte el 12 de noviembre de 1940.

Sus obras sinfónicas han sido ejecutadas por las principales orquestas de Moscú, Filadelfia, Los Ángeles, México, Caracas, Barcelona, Sevilla, París… Entre los directores que las han interpretado se encuentran Leopoldo Stokowsky, Nicolás Slonimsky, Marius Francois Gaillard, Carlos Chávez, Ernesto Halffter, Pedro San Juan, Erich Kleiber, Amadeo Roldán, Gonzalo Roig, Enrique González Mantici, Manuel Duchesne Cuzán y José Ardévol.

Los lugares que le conocieron y las inmortales piezas de este destacado músico, han dado como resultado Caturla, un documental realizado por los Estudios Cinematográficos del Instituto Cubano de Radio y Televisión. (Mauricio Abreu)


Senobio Faget sobre el filme

“Caturla es un músico del cual se habla poco, es decir, existe una información copiosa pero aún es un mito sin serlo. Pero te diría que también fue un reto no pasarnos de 35 minutos con toda la información que poseíamos. Otro reto fue lograr su imagen gráfica, dado que sólo teníamos fotos y partituras del compositor y con esto había que hacer el filme. Aun así, este material era insuficiente para lograr el documental, por eso tuve que acudir al personaje de ficción (César Évora), un actor que diera la personalidad de Caturla.

(…)

Tratamos de ser lo más sobrio posible. Utilizamos a Caturla, su imagen, en los momentos necesarios. Creo que la fotografía de Ramón Berdayes y el vestuario de Anilcie Arévalo ayudaron notablemente, más si valoramos que la ropa utilizada es la que disponemos en los Estudios Fílmicos y que fue adaptada a la época. Otro aspecto importante fue el montaje, ya que lograr el Caturla niño de Pedro Pablo Pedroso y el Caturla adulto, era empresa harto difícil. Por otra parte, teníamos objetivos muy definidos como evidenciar la marcada influencia de lo afrocubano en su música; por ejemplo, para ello reconstruimos una escena de su vida y es cuando Caturla asiste a un bembé y en el mismo recoge aspectos trascendentales para su obra.

(…)

En el filme Caturla no habla. Es a través de la atmósfera creada y de la actuación de César Évora que se logra apuntar este aspecto. Claro, nos apoyamos en las fotos, partituras y testimonios (José Antonio Portuondo e Hilario González). Lee el resto de esta entrada

Madrigal del inocente (1986), de Jorge Ramón

Hacia 1988, en Cuba se hablaba de manera pública de una crisis del “cine cubano”, pero otra vez se entendía como “cine cubano” el realizado por el ICAIC, algo que en un debate auspiciado por la Asociación de Críticos de la UNEAC y la Asociación de Crítica de la Asociación Hermanos Saíz, obligó a Raúl Fidel Capote (entonces responsable del área de la crítica de la segunda) a enfatizar lo que ya era una evidencia:

Deseo recordarles una verdad bien sabida, que a veces se olvida: el cine cubano no es solamente la producción del ICAIC, sino que hay cine hecho por otras empresas; el que está haciendo el Taller de la Asociación y el cine aficionado”.

Justo un año antes, en un artículo publicado en el periódico Juventud Rebelde, se aludía a lo que estaba sucediendo en los Estudios Cinematográficos de la Televisión Cubana del siguiente modo: “La producción subió vertiginosamente. Entre 1980-1986 se realizaron 249 documentales, 43 filmes de ficción, 291 entre animados, dibujos y marionetas, 435 reportajes y 23 musicales”.

Lamentablemente, ese extenso cuerpo de películas nunca ha sido estudiado con la exhaustividad que hubiera demandado el caso. Y lo más probable es que ahora mismo muchas de esas copias no existan, pese a que algunas de ellas marcaron un verdadero punto de giro en los modos de representación audiovisual que por aquellos tiempos se planteaba de una forma dominante.

Películas como Caturla (1985), de Senobio Faget, Cuestión de principios (1986), de José Andrés Torres, El ciego y el perro (1986), de Manuel Acosta Cao, Esta larga tarea de aprender a morir (1987), de Diego Rodríguez Arche, Corresponsales de guerra (1987), de Belkis Vega, Te llamarás Inocencia (1987), de Teresa Ordoqui, A fuego limpio (1988), de José A. Torres López, y Noche baja (1988), de José Luis Llanes, por mencionar algunas, dejaban entrever una tendencia donde de alguna manera se adivinaban discontinuidades, confrontaciones.

Justo en 1986 había comenzado en el país lo que se conocería como la “Etapa de rectificación de errores y tendencias negativas”, y no pocas de esas películas (como Cuestión de principios o A fuego limpio) se nutrían del espíritu crítico que oficialmente se estaba promoviendo. Pero al margen de lo conceptual, en estas películas también se ponían de manifiesto la búsqueda de un lenguaje que estuviese más cercano a lo cinematográfico, apreciándose el interés por ir más allá de la frontalidad escénica de la puesta televisiva típica, además de un manejo más desenfado del erotismo y los desnudos.

Jorge Ramón recoge el Coral por la dirección de “Madrigal del inocente”

De las películas de esa época, una de las más recordadas es Madrigal de inocente (1986), de Jorge Ramón. Apoyándose en un guión de Gerardo García Fernández, y con música de Pablo Milanés, describe el descubrimiento que un joven de 14 años (Tomás Piar) va realizando de la sensualidad, mientras se enamora de una hermosa mujer (Luisa María Jiménez), mucho mayor que él.

Madrigal del inocente tal vez ha sido la película realizada para televisión que mayores honores obtuvo en el Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano correspondiente a 1986, al ganar los Corales de mejor dirección (Jorge Ramón), actuación masculina (Alejandro Piar) y mejor música (Pablo Milanés), en la vertiente televisiva.

Juan Antonio García Borrero

Mario Crespo sobre el post “Elogio del anticine cubano”

Querido Juan Antonio,

Otra vez, pones el dedo sobre una llaga que aún supura (creo que en Cuba y toda Latinoamérica) y que solo el tiempo y el desprejuicio podrá borrar poniendo en su sitio la obra de tanto realizador, tanto actor y documentalista, directores y guionistas de televisión y otros medios, que de mil maneras hoy están en la memoria audiovisual cubana y que ya van sirviendo de materia de estudio no solo a críticos e historiadores sino a antropólogos visuales y sociales.

Se hizo mucho, y algunos como Jorge Ramón al que mencionas con un fotograma de su filme, Yin Pedraza Ginori, Tomás Piard, los directores del departamento audiovisual del MINED, los muchachos de la Asociación Hermanos Saíz, que hacían cine con recortes o “chorenes” de película virgen: Ricardo Vega Figuerola, Ricardo Acosta, Mongui, Marco Antonio Abad, Juan Si González ( a estos últimos llegaron a decirles que lo que hacían no era arte y si no fuera por su trabajo, hoy no sabríamos mucho de lo que sucedió en las calles de La Habana en los años ´80 ); y en la televisión, El Taller Los Inundados ( Jorge Dalton, José Luis Llanes, Mirtha González y Camilo Hernández), que hicieron buen teatro en televisión (Teatro ICRT, de lo que no debe quedar nada) adaptaciones de Cortázar, en fin, buena joven y audaz televisión y no siempre bien recibidos. Muchos en todo el país han dejado la piel y las uñas haciendo con pocos recursos y mucho amor al audiovisual, una obra valiosa. Por suerte, cada día será más difícil separar, discriminar y excluir a otros de un cerrado coto de “artistas”, mucho menos ignorar todo el metraje audiovisual acumulado.

Al citar a Ismail Xavier:

El cine forma parte de un mundo de la visualidad y de la sonoridad que está mucho más diversificado en sus dispositivos. Además de cine tenemos video, la industria de la televisión, todos los soportes de Internet, las computadoras, el transmedia y una cantidad enorme de artistas de vanguardia que trabajan en instalaciones de artes visuales que también contribuyen a borrar las fronteras. Por eso la universidad tiene hoy tantas dificultades para definir sus campos”,

nos dices que hay que agradecer la democratización que se ha alcanzado en la tecnología y que permite escapar de censuras, posposiciones y sobre todo re-grabaciones de un programa sobre otro y materiales perdidos para siempre por el hongo de la humedad y la infección de la desidia y, sobre todo, de una falsa concepción del arte, o mejor digamos más claramente la concepción elitista del arte.

Esa democratización de los instrumentos ha obligado también a aceptar la democratización de las ideas y las formas de expresar el arte y las ideas. Con la cita de marras también nos alertas sobre el valor que hay que conceder a todo eso que tenemos en archivo y lamentar todo lo que se borró (Pedraza Ginoris y Jorge Ramón pueden hablar de eso por horas y días) por ¿necesidad, por falta de divisas, de verdad? Eso también podremos analizarlo cuando se haga el recuento del ninguneo y discriminación en el arte y la cultura artística. Mirar atrás cada día, será más importante para garantizar un futuro sin prejuicios estéticos.

Ojalá puedan tú y otros que se preparan para hacer historia y crítica, poner en su justo valor tanta imagen valiosa que otrora se ignoró y se menospreció.

Un abrazo,

Mario Crespo