JORGE MAÑACH SOBRE “LA ROSA BLANCA” (1953), de Emilio “El Indio” Fernández.

El otro día, a propósito del documental Héroe de culto (2015), de Ernesto Sánchez, hablábamos de la compleja relación que ha vivido José Martí, nuestro gran Héroe nacional, con el cine.

Uno de los momentos más polémicos de esa relación fílmica fue cuando en 1953 la Comisión Organizadora de los Actos y Ediciones del Centenario de Martí encargó al prestigioso cineasta mexicano Emilio “El Indio” Fernández, la realización de un filme homenaje. En realidad, según nos cuenta su guionista principal Mauricio Magdaleno, el encargo llegaría directamente de Fulgencio Batista, quien era su amigo.

“Se iba a celebrar el Centenario de Martí”, dice, “y Batista me dijo: “¿qué te parecería que con Emilio Fernández hicieras otra película?” De esa manera resultó La rosa blanca, muy mala, malísima. Emilio no entendió a Martí, el elemento épico de la cinta, entonces se metió a Íñigo de Martino y acabó peor. La cinta se filmó parcialmente en Cuba y luego en México; el Gobierno cubano lo pagó íntegramente”.

El estreno de La rosa blanca levantó las más encendidas objeciones. No solo se tomó en cuenta el saldo estético del filme (donde lo único que parecía quedar a salvo era la dirección de fotografía de Gabriel Figueroa), sino el uso que hacía el régimen batistiano de un símbolo tan importante para la nación. El estreno tuvo lugar el 11 de agosto de 1954 en el cine Radiocentro (hoy cine Yara), y se anunciaba del siguiente modo: “Estreno de gala, organizado por la Primera Dama de la República, Sra. Martha Fernández de Batista, a beneficio de la Casa de Beneficiencia y Maternidad”.

Ahora bien, si como hemos defendido con anterioridad, el análisis del cine debe cruzar todo tipo de mirada (estética, sociológica, psicoanalítica, etc) con el fin de acceder a ese universo poliédrico que sería la práctica cultural en sí, es obvio de que aún La rosa blanca no ha sido agotada.

Hoy comparto con los amigos del blog este texto escrito por Jorge Mañach en ocasión de su estreno, donde todavía podremos dialogar con uno de los estudiosos más abnegados que ha conocido en Cuba “el ámbito martiano”.

Juan Antonio García Borrero

UN JUICIO SOBRE “LA ROSA BLANCA”[1]

Por Jorge Mañach

Hace unos meses, se desató entre nosotros una polémica muy viva y a todas luces prematura sobre la película La rosa blanca; mejor dicho, sobre lo que parecía que iba a ser esa película. Se había exhibido algunos “avances” de ella, más o menos autorizados y provisionales, y no faltó quien tuviera acceso al “guión”, también provisional, de la cinta en proyecto. Sobre tan escasos fundamentos, algunos queridos amigos míos, martianos meritísimos o simples devotos de la gloria del Apóstol, aventuraron juicios reprobatorios.

No hay que tenérselo a mal. Dice un refrán que más vale prevenir que lamentar. Tanto se ama en Cuba la imagen de Martí que la sola posibilidad de que se le desfigure siquiera sea con la mejor de las intenciones, con la intención de exaltarla, saca de quicio a los que saben que Cuba no tiene sustancia espiritual mejor de que alimentarse. Yo mismo debo confesar que tuve que hacer un esfuerzo por resistir a ciertas instancias y no sumarme al coro de los alarmados ante el peligro de una tergiversación cinematográfica de aquella noble vida. Parecía más aconsejable, puesto que la empresa estaba vigilada por muy celosos martianos, no juzgar La rosa blanca hasta que se la exhibiese en su forma total y definitiva. Ahora ya la tenemos en La Habana. Ya podemos opinar, con permiso de los críticos de la pantalla.

Supongo que lo primero que uno tiene que preguntarse para juzgar con alguna pertinencia, es qué cosa pretender ser La rosa blanca. Evidentemente pretende ser una “película”, no un “documental”. Por tanto, no algo principalmente informativo y más o menos riguroso; sino algo sugestivo y de cierta libertad creadora. No una biografía, sino una evocación basada –como dice uno de los rótulos iniciales- en “momentos de la vida de Martí”. ¿Había derecho a esa laxitud, a esa licencia? Lee el resto de esta entrada

NÉSTOR ALMENDROS: UN FANTASMA EN LA HABANA

Hoy Progreso Semanal me publica esta historia sobre la fugaz visita de Néstor Almendros a La Habana de 1978.

NÉSTOR ALMENDROS: UN FANTASMA EN LA HABANA

En los últimos tiempos la Historia del cine cubano se ha beneficiado con la publicación de determinados epistolarios y documentos privados que ayudan a entender esa práctica cultural, ya no como una armónica sumatoria de películas, autores, etc, sino como un proceso todo el tiempo dinámico donde, en el caso de los que hacen el cine, los individuos interactúan, sueñan, establecen alianzas o pelean entre sí, mientras consiguen hacer realidad o no sus creaciones.

A los conocidos libros de Alfredo Guevara y Tomás Gutiérrez Alea, por mencionar apenas dos de los protagonistas más importantes que ha tenido la cinematografía del ICAIC, tendríamos que sumar ahora “El arte de la nostalgia”[1], preparado por la investigadora Dunia Grass Miravet, y que contiene buena parte de las cartas enviadas por Néstor Almendros (1930-1992) a Guillermo Cabrera Infante (1929-2005), en el período que va de 1963 a 1991, es decir, cuando ya ambos vivían fuera de la isla, y mostraban una abierta oposición a la ideología propugnada por el gobierno cubano.

En la historiografía más usual referida al cine, casi siempre lo que va llevando el hilo conductor es un relato que el historiador (el narrador) arma a partir de lo que conoce de las películas, y los eventos que han tenido lugar alrededor de ellas. Sin embargo, la Historia de las ideas y afectos que movilizaron a los individuos que se propusieron hacerlas, por lo general permanece en las sombras.

Esto se explica porque hasta hace poco la Historia apenas tomaba en cuenta “los grandes acontecimientos” protagonizados por “los grandes hombres”. Con la nueva Historia, sin embargo, “lo imaginario” es tan importante como “lo acontecido”, o lo soñado tan revelador como lo fáctico. Y pocas expresiones culturales pueden ser más elocuentes que el cine, a la hora de revelar lo que estaba levitando en el inconsciente colectivo de quienes se asomaban y siguen asomando a las pantallas.

Los epistolarios de los cineastas, entonces, serían ventanas que el historiador puede usar para asomarse al interior de ese mundo del cual solo conocíamos la fachada. No es que las cartas revelen el mundo interior tal como es, debido a que, cuando uno escribe ese tipo de documento, también está afectado por los sesgos cognitivos que todos los humanos padecemos en nuestro accionar, pero lo que allí leemos ayuda a completar un cuadro histórico que antes aparecía inevitablemente mutilado, en virtud de las demandas políticas del relato oficial. Lee el resto de esta entrada

CRÍTICA CULTURAL Y ANÁLISIS CULTURAL

Más que la crítica cultural, en este blog me interesaría fomentar el análisis cultural. Parece lo mismo, pero no lo es: en la crítica cultural lo que predomina es el juicio de un individuo que legitima o excluye lo que va pasando en su presente, mientras apunta con un dedo aquello que, de acuerdo a lo que sus pobres sentidos le indican, se le antoja que está bien o mal.

El analista, en cambio, está obligado a suspender temporalmente el ejercicio de sus pasiones, y dedicarse a describir los problemas con el fin de construir conocimientos que sirvan en un futuro. El analista cultural, a diferencia del crítico, necesita del debate sistemático para corregir o enriquecer sus apreciaciones, y siempre estará mirando al futuro. Y mientras el crítico se empeña en anular a sus contrarios desde su trinchera, el analista aspira a la crítica dialógica, y como cuatro ojos ven más que dos, sus argumentos suelen ser más enérgicos, más trascendentes que los del crítico tradicional.

Lamentablemente, algunos interpretan el análisis cultural (es decir, la descripción minuciosa de los inevitables problemas que genera la interacción de los individuos con las instituciones culturales de su tiempo, por ejemplo) como un ataque a sus gestiones particulares. Lo que pudiera verse entonces como fortaleza intelectual (la mirada atenta e intensa) es llevado al plano prosaico de lo personal: como si las teorías científicas que intentan aprehender las complejidades de un fenómeno cualquiera, se construyeran sobre la base de lo que determinados individuos, en razón de sus cargos temporales, puedan hacer o dejar de hacer.

Hay que luchar para que el análisis cultural, pese a la “inutilidad” de sus observaciones (pues casi siempre están mirando a largo plazo, lo que justifica el desprecio de los contemporáneos), no perezca ante el pragmatismo de la crítica que calcula utilidades inmediatas.

Necesitamos fomentar el culto al análisis, ya que solo en escenarios donde este sea dominante, las opiniones de los criticones que vienen y van como sus humores, y nos dejan sin tiempo para pensar en el futuro porque para ellos solo importa predicar el desastre del presente, podrán ser puestas en su lugar.

Lo cual no impide que el analista vea incluso mejor los mismos males apreciados por los críticos, llegando a la célebre conclusión de Valéry: “El futuro es como el resto, ya no es lo que era”.

Juan Antonio García Borrero

UNA TECNICA DE ANIMACIÓN EN CUBA: STOP-MOTION O CUADRO A CUADRO

Esta investigación de la joven historiadora del arte Leybis Leydis Rosales Arzuaga, es un buen ejemplo de lo mucho que se están expandiendo las indagaciones alrededor del audiovisual cubano. Zonas de nuestra creación audiovisual que con anterioridad apenas llamaban la atención de los estudiosos, ahora son examinadas con gran rigor. Comparto con los lectores del blog el texto.

UNA TECNICA DE ANIMACIÓN EN CUBA: STOP-MOTION O CUADRO A CUADRO

Por Leybis Leydis Rosales Arzuaga

Dentro de la animación en Cuba la técnica del stop-motion o cuadro a cuadro,[1] percibe un creciente número de obras notables por su acabado y por sus proposiciones artísticas, resultado de la madurez estético-conceptual que han ido alcanzando sus realizadores, quienes han asumido un papel mucho más activo en la elaboración de proyectos y de una visualidad con referentes cercanos a nuestro entorno, que se muestran cada vez con más fuerza y originalidad. Ahora, ya sea por pereza investigativa o subestimación del tema, estos valores siguen siendo hoy del todo ignorados, a no ser que una obra sea ganadora y se le haga al menos una reseña crítica en este contexto.

I

Desde el surgimiento de las manifestaciones artísticas, el ser humano ha intentado representar el movimiento. Este proceso es tan antiguo que lo podemos encontrar recreado en pinturas rupestres, en el arte egipcio, el griego, etc. El desarrollo de la física óptica y de la física cinética a finales del siglo xviii, unidos al atractivo que presuponía el fenómeno de la ilusión del movimiento, llevó a que principios del siglo xix fueran presentados en las exposiciones universales de la época los primeros juguetes ópticos,[2] tan sugerentes y atractivos que constituirían los cimientos sobre los cuales se edificaría la base tecnológica del séptimo arte. Con el surgimiento del cinematógrafo por los hermanos Lumière (1895), y el posterior desarrollo del cine en sus diferentes géneros (ciencia ficción, comedia, suspenso, drama) se fue recurriendo a elementos básicos de la animación como los dibujos, los recortables y las marionetas para lograr un mayor efectismo en las historias. Llegado el siglo xx, estas maneras de animar pasaron a ser centros de sus propias películas: surgía así el cine de animación.[3] Para dar la mayor sensación de realidad a la animación se fijó un estándar en la descomposición del movimiento en treinta cuadros por segundos. Tras el advenimiento de la era digital se han dispersado estas fronteras de la metódica, donde se facilita gran parte del trabajo artesanal que demanda la animación.

Con la llegada del nuevo milenio, nuestro país también comienza a recibir ecos de estas novedades tecnológicas. La realización de animados es una de las tantas aristas beneficiadas en la esfera audiovisual. En el dibujo tradicional se incorporan elementos digitales que facilitan una mayor inmediatez en las creaciones. En el 3D se empiezan a dar los primeros pasos con nuestras posibilidades tecnológicas y ya hay algunos intentos loables.[4] Sin embargo, el stop-motion, más conservador y tradicional en cuanto al formato de su técnica –dadas sus características artesanales–, se presenta mucho más prometedor en función de una revitalización estética y conceptual en sus piezas. Precisamente ese carácter artesanal deviene la cualidad más distintiva del stop-motion con respecto de sus homólogas. Y no solo se trata de la diversidad de materiales que puede combinar un realizador de stop-motion, sino que a diferencia de un animador en 2D o 3D, el creador de esta técnica además de saber dibujar, necesita poseer conocimientos y habilidades para el modelado, la escultura, el atrezzo, la talla en madera, etc. Las técnicas para el stop-motion constituyen un sistema abierto: a pesar de haber materiales de uso más frecuente –plastilina, papel recortado, arena, pinturas, fotografías, muñecos o marionetas– siempre es posible incluir otros nuevos. Lee el resto de esta entrada

LA CREATIVIDAD Y EL UNIVERSO AUDIOVISUAL DEL NIÑO CUBANO

Hay un aforismo de Nietzsche que invita a repensar la función que hasta ahora ha tenido la educación en la vida de los seres humanos: “La madurez del hombre consiste en recuperar la seriedad con que jugaba cuando era niño”.

No ha sido el único que puso en entredicho la eficacia de ese proceso que, en teoría, permite que los adultos entreguen un conjunto de saberes dirigidos a garantizar la emancipación intelectual de los menores. El problema no estaría en la educación, desde luego, sino en el sentido que se le imprime a ese adiestramiento. Si lo que domina, como hasta ahora ha estado dominando, es ese hábito en el cual una determinada autoridad llamada Maestro se encarga de transmitir conocimientos intocables, los cuales los alumnos recogerán de un modo pasivo y harto respetuoso, porque esa autoridad se encargó de enfatizar que eran “las grandes verdades”, entonces estaríamos en presencia de lo que alguien nombró con gran lucidez la pedagogía del fracaso.

En casos así, lo menos que se estaría estimulando en los alumnos es la creatividad personal. La enseñanza se basaría exclusivamente en la transmisión de dogmas cuya fría memorización será lo que garantizará el éxito en las evaluaciones. Así, la escuela termina convirtiéndose en una fábrica de epígonos donde se reciclan una y otra vez las mismas ideas de siempre, sin importar que la realidad esté planteando nuevos problemas a resolver.

En el caso de los niños y su universo audiovisual, la cosa es peor aún, porque el maestro piensa que su obligación está en “proteger” al menor de toda esa avalancha de imágenes violentas que los medios van prodigando por doquier. Y asume entonces el rol de Mesías del gusto infantil, imponiéndole al discípulo una agenda que, lejos de estimular su creatividad (es decir, la apropiación crítica de aquellos bienes simbólicos que circulan a su alrededor) lo que provoca es la intimidación, y el repliegue de sus potencialidades creativas.

Los cubanos tuvimos en Pablo Ramos al hombre que más lejos llevó la lucha contra esa forma arcaica de vincular al niño con el audiovisual. Para Ramos, era imprescindible dejar de pensar en los niños como si fueran objetos que debían colocarse a salvo del efecto de los medios, y tratarlos como lo que verdaderamente son, sujetos que de acuerdo a la Convención sobre los Derechos del Niño han de tener garantizados los escenarios donde sea posible fomentar su creatividad, que nada tiene que ver con la mera imitación del mundo de los adultos. Según Ramos,

Desde esta nueva perspectiva, se ha promovido una educación para la comunicación que intenta superar el hiato entre una formación para la recepción o “lectura” de los medios y otra para la producción creativa o “escritura” de mensajes y que redimensione el papel del sujeto, de perceptor a creador de mensajes, y, aún más, de espectador a protagonista de procesos comunicacionales, gestados desde sus propias necesidades y capacidades. El sujeto se convierte en la dimensión nuclear en la educación para la comunicación, que se involucra, activamente en el proceso comunicativo”. Lee el resto de esta entrada

¿PARA QUÉ SERVIRÁN LOS CINES EN UN FUTURO?

Hace mucho tiempo que el cine ya no es líder del ocio en Cuba. Por eso cuando intentamos enseñarles a nuestros jóvenes estudiantes lo que la Historia del cine le ha aportado a la humanidad, muchos de ellos se muestran ajenos a nuestro entusiasmo. Esa generación ha visto mucho cine, pero ha ido poco al cine.

Cuando hablo de cine como exlíder del ocio me refiero a la antigua práctica mediante la cual, la gente acostumbraba a salir de la casa para meterse en una sala oscura y compartir con muchos la fascinación ante una inmensa pantalla. Como dije antes, hoy la gente ve más películas y series que nunca, pero lo hace en la sala de su casa, o en la intimidad de su habitación.

A juzgar por las investigaciones más serias, lo anterior parece una práctica cultural irreversible. ¿Significa eso que estarán condenadas a desaparecer esas salas colectivas donde otrora la gente creció mientras miraba las más disímiles historias? No lo creo. Tal vez lo que desaparezcan son las salas donde el espectador estaba condenado a participar de un modo más bien pasivo, observando desde su luneta lo que le contaban, pero es probable que ya estén sembradas las condiciones para que nazca un espectáculo cinematográfico en el que los nuevos públicos (nuestros estudiantes de ahora), tan habituados a lo interactivo, encuentren en las salas colectivas la mejor manera de completar los relatos que llegan a sus sentidos.

Para imaginar un universo así, obviamente tendríamos que liberarnos de la tiranía conceptual que nos han impuesto los defensores del cine tomado en cuenta solo como arte. Esto no significa que dejemos a un lado los indiscutibles logros que han conseguido varios cineastas en el refinamiento del lenguaje cinematográfico. Esas obras maestras están allí, y seguirán inspirando a nuevos cineastas que tratarán de escapar de las fauces del mercado y el entretenimiento baladí. Lee el resto de esta entrada

DE GARCÍA BORRERO A JOSÉ RAÚL GALLEGO RAMOS

Estimado Gallego:

En estos tiempos donde la creciente adicción colectiva al zapping y al selfie, vuelve tan anómala la posibilidad de encontrar textos de largo aliento intelectual, no quiero dejar de agradecer el artículo que con tanta gentileza enviaste al blog. No importa que, pese a la importancia de lo que expones, por el momento esté destinado a comentarse apenas en un blog: suele pasar que los debates sobre las cosas más relevantes terminan escuchándose a destiempo.

Recuerdo que en Camagüey, hacia finales de los noventa del siglo pasado, dedicamos la octava edición del Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica a las nuevas tecnologías y su impacto en el cine, su consumo, y sus nuevos públicos. No quiero hablar por los demás, pero me parece que este fue el Taller que menos agradecieron los críticos de cine del patio. Para mí, sin embargo, fue esencial.

Entre los asistentes de aquel evento estuvo Enrique González Manet, uno de los cubanos que con más sistematicidad estudió estos fenómenos de las tecnologías. No olvido que su ponencia comenzaba hablando de Alvin Toffler, el hombre que en los setenta ya había descrito con gran lucidez lo que estamos padeciendo ahora, al anotar:

Un analfabeto será aquel que no sepa dónde ir a buscar la información que requiere en un momento dado para resolver una problemática concreta. La persona formada no lo será a base de conocimientos inamovibles que posea en su mente, sino en función de sus capacidades para conocer lo que precise en cada momento

No me avergüenza confesar que fue la primera vez que oía hablar de Toffler. La obsesión del cinéfilo empedernido que fui entonces me hacía creer que a un crítico de cine esos asuntos de tecnologías y comunicación no eran de su incumbencia. Los críticos cubanos de ahora seguimos haciendo lo mismo que González Manet describiera en su texto le hicieron a Toffler en su momento: ignorarlo.

Eso tiene su explicación en tanto todavía vemos el fenómeno de la revolución digital como algo que no afecta la noción primigenia que heredamos del cine, y que persiste en ser una noción esencialmente esteticista. A pesar de todas las revoluciones tecnológicas que ha vivido el cine, la crítica local permanece ajena a esos cambios: como en Los sobrevivientes de Titón, encerrados en su hermosa mansión habitada por una legión de prejuicios y fantasmas parisinos. Así que, quince años después de aquel Taller de la Crítica Cinematográfica, sigue siendo raro encontrar en Cuba un crítico que piense al llamado “séptimo arte” como parte de las contradicciones que vienen generando de modo exponencial las nuevas tecnologías, las cuales ya han afectado las maneras en que actualmente se hace y consume el audiovisual. Lee el resto de esta entrada

POST HIEROSCOPIA 2016

El término Hieroscopia alude al método de adivinación a través del cual se examinan las vísceras de un animal con el fin de leer el futuro. Hace seis años un grupo de jóvenes de Nuevitas (ciudad ubicada en la costa norte de Cuba), y sin ninguna formación académica, decidió impulsar un proyecto que les permitiera canalizar sus inquietudes de creación audiovisual, y apelaron al pez como el animal que les podía ayudar a recibir pronósticos confiables: no sé si las lecturas que hicieron entonces les alcanzó para ver que podían llegar a esta sexta edición, contando con la presencia del mismísimo Fernando Pérez, el director más destacado del cine cubano de los últimos veinte años, quien accedió incluso a ser dirigido como actor en uno de los cortos filmados durante el evento.

Han sido tres días (con sus tres noches), mágicos. Para que entiendan el énfasis de mi adjetivación y mi entusiasmo, tienen que ubicarse en el mapa de Cuba y averiguar dónde es que está ocurriendo desde hace seis años este evento vinculado al audiovisual. Nuevitas está muy lejos de La Habana o Santiago de Cuba. Incluso, está muy lejos de Camagüey. Hablamos de una ciudad que en su momento se soñó como uno de nuestros paradigmas de urbes industriales, pero que hoy no puede dejar de mostrar la factura que pasó el Período Especial, y las dificultades económicas que en sentido general afecta al país.

Vivir y soñar en Nuevitas nunca será lo mismo que vivir y soñar en La Habana o en Camagüey. No hay wifi en los parques. No hay cajeros automáticos u otros signos de modernidad tecnológica. Y la playa donde la gente se baña está lejos de parecerse a Varadero o Santa Lucía. Pues bien, en este lugar donde el día a día se hace más difícil que en otros, se organiza este evento que está pensando audiovisualmente a la comunidad desde la comunidad.

En el par de entrevistas que me hicieron en estos días quise resaltar que el gran valor que le veo al evento, tiene que ver menos con lo estéticamente cinematográfico (aunque la búsqueda de una excelencia audiovisual está entre las metas de sus creadores) que con lo comunitario. Todavía no alcanzamos a entender que la llamada alfabetización audiovisual, si la queremos más efectiva que formal, tendría que comenzar desde la base (desde la comunidad), y en Nuevitas, este grupo de jóvenes ha conseguido captar la importancia de esa estrategia. Lee el resto de esta entrada

SALVANDO AL HÉROE DE CULTO

Esta es mi más reciente contribución al sitio Progreso Semanal, en este caso hablando sobre el documental Héroe de culto, del realizador Ernesto Sánchez.

SALVANDO AL HÉROE DE CULTO

La relación de los “héroes” con el cine siempre ha resultado problemática. De acuerdo a la tradición, un héroe es ese individuo que, en algún momento consigue nombradía gracias a determinadas acciones públicas donde no puede faltar el sacrificio por los demás; mas la excepcionalidad de los héroes no siempre es reconocida como se merece; Goethe, por ejemplo, apuntaba: “Dicen que no hay héroe para su ayuda de cámara. Pero esto sólo se debe a que el héroe no puede ser reconocido sino por otro héroe. Es, sin embargo, probable que el ayuda de cámara sepa apreciar a sus iguales”.

Paradójicamente, el cine que más se consume (el de la autoproclamada “ficción”, cuando ficción lo puede ser todo), pese a funcionar sobre la base de las proezas que son capaces de ejecutar sus protagonistas, ahora devenidos superhéroes, ha contribuido poco a que entendamos la naturaleza de estos seres excepcionales. Por el contrario, ese inmenso conjunto de películas que nos muestran a hombres que emulan con los dioses, lejos de humanizarnos el drama existencial con que invariablemente han tenido que lidiar, y con ello mostrárnoslos de carne y hueso, terminan desplazándolos al reino de lo inverosímil.

Eso explica la oposición radical de un Cesare Zavattini, que en los inicios de los sesenta le escribía a Alfredo Guevara:

“Yo estoy contra los personajes “excepcionales”, estoy contra los héroes, he sentido siempre mi odio instintivo contra ellos. Me sentía ofendido, excluido junto con millones de otros seres.

Todos somos personajes. Los héroes crean complejos de inferioridad en los espectadores. Ha llegado la hora de decir a los espectadores que son ellos los verdaderos protagonistas de la vida. El resultado será una llamada constante a la responsabilidad y a la dignidad de cada ser humano”

José Martí sigue siendo nuestro gran Héroe (así, con mayúscula), el paradigma hasta ahora insuperable de cubano que dedicara toda su vida (y la entrega en combate) a la construcción de una nación para el bien de todos. El cine de ficción ha intentado describir, sin demasiada suerte, la excepcionalidad de una existencia así. Es cierto que tenemos una película como El ojo del canario, donde Fernando Pérez nos muestra a un Martí más humano, más parecido a nosotros, pero en sentido general lo que predomina es el retrato de una nobleza que casi siempre termina desestimulando la complicidad, toda vez que nos condena a la condición de frustrados epígonos. Lee el resto de esta entrada

HIEROSCOPIA 2016 EN NUEVITAS

Dentro de un rato estaré saliendo hacia Nuevitas, con el fin de participar en la sexta edición del evento Hieroscopia. Saber que el realizador Fernando Pérez nos acompañará en estos días, le añade una dosis importante de atractivo, pero ya desde antes me interesaba asistir.

Será mi primera vez allí, y como le comentaba al anfitrión principal Pedro Martín Navarro, principal animador de este evento cinematográfico que no se parece a ninguno de los otros que se organiza en el país, lo que me seduce de su proyecto es que parte de la comunidad, y centra toda su atención en el desarrollo de la misma.

Pedro es un excelente amigo que no se cansa de llamarme “maestro”. No quiero pecar de demasiado modesto, pero cuando me preguntó (con miras a conformar su programa) cuál sería exactamente mi contribución, le dije (recordando a Unamuno) que a mí me gustaría aportar una parte de esa levadura intelectual que necesita el pan que, al final, tendríamos que hacer entre todos.

Así que le propuse abordar el uso creativo de las nuevas tecnologías, en función de las memorias locales. No sé qué saldrá de estos intercambios, pero voy dispuesto a aprender. La comunidad de jóvenes realizadores de Nuevitas seguramente me enseñarán muchísimas cosas que uno, atento a la historia global del cine, tiende a pasar por alto. Nos vemos a la vuelta.

Juan Antonio García Borrero

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