II ENCUENTRO SOBRE CULTURA AUDIOVISUAL Y TECNOLOGÍAS DIGITALES (Camagüey, del 20 al 22 de abril del 2017)

Ya podemos anunciar el II Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales,a celebrarse en el Paseo Temático del Cine de la ciudad de Camagüey, los días 20, 21, y 22 de abril.

Como algunos recordarán, el Primer Encuentro se realizó en el cine Casablanca los días 11 y 12 de febrero del 2016. Y en vísperas del evento, escribíamos:

Con este primer y modesto encuentro pretendemos impulsar de un modo práctico lo que otras veces hemos llamado campaña de ciberalfabetización comunitaria. Se trata de intervenir institucionalmente en esos escenarios donde hoy, gracias a las conexiones inalámbricas, comienzan a configurarse nuevas maneras de producir y consumir cultura.

Aunque la carencia de grandes recursos no nos permitirá hacer realidad los sueños más ambiciosos, aspiramos a sembrar inquietudes, llamar la atención sobre las posibilidades reales que existen de construir alianzas entre entidades públicas (Universidad de Camagüey, Etecsa, Joven Club, Sectorial de Cultura, Educación, etc) con el fin de promover un uso más racional de los recursos disponibles que, a su vez, estimule el empleo creativo de las tecnologías en función de la comunidad. Se trata de acompañar e invitar (nunca imponerle) a esos usuarios, programas de aprendizaje digital que les permita conocer lo alternativo al uso hegemónico”.

Casi un año después, puede afirmarse que las circunstancias para desplegar el trabajo, mejores no pueden ser. Gracias a la voluntad de las principales autoridades políticas y culturales del territorio, contamos en Camagüey con el Proyecto de Fomento de la Cultura Audiovisual “El Callejón de los Milagros”, que lideran el Sectorial Provincial de Cultura, el Centro de Cine, la Unión de Informáticos de Cuba, y la Asociación Hermanos Saíz. Y poco a poco se implementan un grupo de acciones (como es el acceso gratuito a una red wifi que permite descargar información y archivos audiovisuales de gran valor) encaminadas a construir ese ansiado escenario donde la comunidad no solo esté conectada tecnológicamente, sino sobre todo, intelectualmente.

Ahora bien, los indiscutibles logros materiales mencionados con anterioridad, todavía no nos garantizan que ya estemos usando creativamente la tecnología. Por lo que una vez más se confirma que lo que hace la diferencia no es lo que tenemos, sino el uso que hacemos de eso que tenemos. De modo que es ahora que comienza el gran desafío, toda vez que la hegemonía del pensamiento analógico en el grueso de las acciones que hasta el momento se acometen en los más diversos sectores, impiden que los diversos proyectos que ya existen tengan un impacto eficaz y eficiente en la comunidad.

En este sentido, puede decirse que sigue imperando entre nosotros lo que otras veces he llamado “el síndrome de Los sobrevivientes” (aludo a la película de Titón). Es decir, en una época donde se supone que lo moderno sea estar “conectados” a través de las llamadas alianzas estratégicas, se mantiene la adicción a lo insular, lo que impide que exista una verdadera proyección comunitaria, quedando todo dentro de los nichos en que se promueven las actividades.

Súmenle a ello que todavía el sector vinculado a la Educación no ha mostrado el más mínimo interés en insertar en sus programas curriculares la visión derivada de las “humanidades digitales”, algo que también afectaría al Joven Club y Etecsa, por mencionar dos instituciones que mucho podrían aportar desde el área de las tecnologías emergentes.

Con este II Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales queremos contribuir, tanto en lo teórico como en lo práctico, a la necesaria actualización de ese cuerpo de ideas sobre las cuales deben descansar las principales estrategias pensadas desde el sistema institucional, con el fin de conformar comunidades de usuarios que estén a la altura del siglo que vivimos.

Juan Antonio García Borrero

EL ÚLTIMO BOHEMIO (2016), de Carlos León

miguel-escalona

Ayer un grupo de personas nos reunimos en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo para ver El último bohemio (2016), documental de Carlos León que aborda la figura del trovador camagüeyano Miguel Escalona (1949- 2001).

Hay que agradecerle al cantautor Silvio Rodríguez la iniciativa. Definitivamente Camagüey tiene en el juglar uno de los más efectivos promotores de sus principales valores. No solo estoy hablando de que bastaría escuchar los primeros acordes de “El Mayor” para pensar de inmediato en este región cubana, sino que en varias ocasiones Silvio ha hablado en público de personalidades agramontinas, como el escritor José Rodríguez Lastre (Nikitín), que lamentablemente no alcanzan en nuestro medio toda la visibilidad que se merecen.

Es bueno que, de pronto, el mapa cultural de Camagüey se esté expandiendo gracias al audiovisual: me refiero a esas acciones cinematográficas que van recuperando a protagonistas relegados por diversas circunstancias a las sombras. Pensemos en Severo Sarduy, rescatado por Oneyda González y Gustavo Pérez. ¿Cuánto terreno no queda aún por explorar?

En el caso de El último bohemio, digamos que los objetivos estaban bien claros en términos audiovisuales: traer ante nuestros ojos el legado de un creador que durante un buen tiempo inyectó vitalidad a nuestro panorama cultural. La evocación que dentro del filme hacen los amigos se agradece, porque nos ayuda a humanizar a una figura que en vida fue controvertida, irreverente.

Confieso que gracias al documental pude recuperar a un Miguel Escalona que se me había quedado en la memoria con una tonalidad más bien única, amable. Tuve la suerte de conocerlo hacia el final de su vida, de escuchar su trova con trago y sin trago. Y no sé por qué siempre que lo evocaba terminaba imponiéndose la imagen del trovador bonachón, todo el tiempo abierto a las bromas, con el respaldo de su inseparable guitarra.

Nada sabía de su pasado “incómodo”. Esa canción dedicada al Festival de la Música Popular del año 70, a la que Silvio Rodríguez alude en el documental, para mí era sencillamente impensable en su repertorio. Trato de imaginar un canto como esa en una fecha como aquella, y me erizo. Como lamento ahora no haberle preguntado a Escalona sobre esa época vivida, sobre sus encontronazos con el pensamiento sectario, y sobre todo, sobre su resistencia….

Ojalá que El último bohemio nos permita abrir ventanas a un mundo que permanece ignorado en Camagüey, sumergido. Y sobre todo que nos devuelva al Escalona que a través de la música, nos hablaba de su inmenso amor a la vida.

Juan Antonio García Borrero

UN NUEVO ANIVERSARIO DE LA CINEMATECA EN CAMAGÜEY

Hoy se está cumpliendo un nuevo aniversario de la primera exhibición de la Cinemateca de Cuba en Camagüey, lo cual ocurrió el 20 de enero de 1969, en el cine Casablanca, con la proyección de la cinta francesa Los 400 golpes (Les 400 coups/ 1959), de François Truffaut.

He contado por allí lo mucho que significó para mi formación el acceso a la Cinemateca camagüeyana. Desde luego, los camagüeyanos de entonces tuvimos la suerte de contar con el protagonismo de Luciano Castillo en todo lo que tuviese que ver con la promoción de cineclubes y actividades en la Cinemateca. Para ser honesto, no creo que lo logrado por Castillo en esos tiempos tenga algún equivalente ni siquiera en La Habana.

Recuerdo que yo me fugaba casi todos los miércoles de la Vocacional donde estudiaba, para asistir a los ciclos conformados entre Luciano y Héctor García Mesa. Gracias a esa complicidad pude apreciar en la pantalla grande del cine Guerrero películas tan memorables como Gigante o El puente sobre el río Kwai, que hoy podrán verse en la comodidad del hogar, en los televisores más sofisticados que se puedan adquirir, pero que comparado con aquella experiencia de la sala oscura, es como creer que se ha visto el “Guernica” en la más colorida revista dedicada al arte y publicada en estos tiempos.

No estoy llorando por un tiempo ido. Sé que la época es otra, y que gracias a las novedades tecnológicas hoy la gente puede tener almacenada en su casa la historia del cine, con títulos que ni siquiera la Cinemateca de La Habana tendría en su poder. Y, sin embargo, la utilidad de la Cinemateca, como institución que propicia el conocimiento cinematográfico en profundidad, seguiría siendo única. Es más, probablemente la única que podría contribuir al éxito de esa acción que en su momento propusiera Godard:

Antes de producir una historia del cine, habría que producir la visión de las películas, y producir la visión de las películas… no consiste simplemente en verlas y en hablar luego de ellas; consiste, tal vez, en saber ver. Quizá habría que mostrar… la historia de la visión que ha desarrollado el cine que muestra las cosas y la historia de la ceguera que ha engendrado”.

Pensemos en todas esas personas que acumulan en sus discos duros centenares de películas de las cuales no tienen la menor idea de dónde ubicar en la Historia del cine, y cuáles han sido sus contribuciones al desarrollo ya no solamente de las cinematografías, sino de los gustos colectivos, o las tecnologías que las hicieron posibles y condicionaron nuestras modernas maneras de “mirar”.

Es por eso que hoy el trabajo de las Cinematecas debiera estar más vinculados que antes a la labor que realiza el Ministerio de Educación. “Aprender a ver cine” exige mucho más que la permanencia frente a una pantalla. Se necesita la orientación del experto, y sobre todo el debate. Y esto último es tal vez el gran desafío que tendríamos las personas que durante un tiempo nos hemos vinculado a la promoción cinematográfica. Es decir: ¿cómo conectar a las nuevas generaciones (tan consumidoras de un cine donde lo sensorial pareciera ser el medio y el fin al mismo tiempo) con una tradición donde ha estado presente el arte humanista que apela a lo racional?

Estas inquietudes no son nuevas, desde luego. Ya en aquel Primer Foro de Consumo Audiovisual organizado en La Habana hablábamos de la necesidad de involucrar a Educación, pensando incluso hasta en la edad pre-escolar, esa edad que, lamentablemente, es pasada por alto por el grueso de los análisis que abordan el impacto de los medios en la formación o deformación de la niñez. Como si antes de entrar a la escuela, el niño ya no hubiese estado expuesto al bombardeo de imágenes.

Lo cierto es que sea la Cinemateca en sentido general, o su modalidad infantil, necesitamos demostrar que en estas imprescindibles instituciones no solo es posible obtener una gratificación cultural, sino que ellas resultan puentes educativos de un valor hasta ahora inexplorado. O peor aún, subestimado.

Ojalá en Camagüey, ciudad privilegiada con su “Calle de los Cines”, puedan establecerse finalmente esas alianzas, para bien de la comunidad. Al menos, con el Proyecto de Fomento de la Cultura Audiovisual estamos proponiendo la Cinemateca Wifi como un primer paso que puede aspirar a más.

Juan Antonio García Borrero

Cibertertulia “Nicolás Guillén Landrián, el fantasma del Café”

invitacion-cibertertulia

SANTA Y ANDRÉS (2016), de Carlos Lechuga

Comparto con los amigos del blog la crítica de Santa y Andrés que escribí para el sitio IPS.

SANTA Y ANDRÉS: UN CANTO A LA FRATERNIDAD ENTRE CUBANOS

Por Juan Antonio García Borrero

Santa y Andrés (2016), de Carlos Lechuga, comienza con un cartel informativo que, por reduccionista, contrasta con las complejidades y sutilezas humanas que más tarde encontramos desarrolladas en la historia. En ese cartel se nos avisa de un país donde el gobierno revolucionario ha decidido eliminar las lacras sociales, confinando al ostracismo a todo aquel que no cumpliera con los parámetros estipulados.

Se trata de uno de esos carteles con tufo a pedagogía que suelen aparecer en las películas (lo mismo si pertenecen a lo peor del realismo socialista o a la modalidad light del Hollywood escolar) cuando los realizadores quieren asegurar que se les entienda de modo transparente en cualquier parte del planeta.

No digo que en la mente de algunos (no solo dirigentes) esa fantasía mesiánica no siga funcionando de modo vehemente. Son los que hablan del bienestar de la “humanidad” (pensada en abstracto) sin reparar en las consecuencias que pueden traer sus acciones u omisiones para los seres humanos concretos, sus vecinos de carne y hueso. Y también sé que gracias a esos desvelos “salvadores” todavía se piensa en la realidad que construimos a diario desde la perspectiva binaria: ellos o nosotros; conmigo o contra mí.

El problema es que con un cartel introductorio como ese, Santa y Andrés corre el riesgo de condicionar una mirada que más tarde se moverá en el paisaje que nos muestra, con el prejuicio de quien ocupará la silla de Santa (transformada en nuestra cómoda luneta) sabiendo que no habrá debate, sino en todo caso acusación: lejos de abrir una discusión sobre nuestras memorias históricas, que son múltiples y encontradas, estará llamando a ubicarse en el otro extremo, en el extremo excluyente de quien en su momento fue excluido.

Lo curioso es que ese cartel está simplificando de un modo brutal lo realmente hermoso del filme: el canto a la fraternidad entre cubanos. Porque esta es una película sobre el carácter (ahora sí) mesiánico de la fraternidad, en un contexto donde se nos prohibió ser tierno (o por lo menos, comprensivo) con el diferente, y donde la solidaridad humana fue sustituida por la unidad ideológica, que siempre será la de un grupo que comparte ideas políticas, es decir, mucho menos que lo que demandaría la solidaridad de toda una nación. En el fondo, Santa y Andrés está ilustrando cómo ha funcionado en la Cuba revolucionaria lo que Bretch señalara alguna vez: “Nosotros los que preparamos el camino de la amabilidad, no podemos ser amables entre nosotros mismos”.

De allí que no sea una película cómoda de enfrentar. Forma parte de esa tendencia reciente del audiovisual cubano que alguna vez nombré cine forense, porque con sus historias se proponen diseccionar un pasado reciente que jamás ha sido examinado críticamente en nuestra esfera pública, un pasado que forma parte de la memoria más conflictiva de la nación, y que no en balde son los realizadores más jóvenes los que van sintiendo una lógica curiosidad por saber qué pasó, qué ha existido más allá de lo que el discurso oficial ha contado, ha exaltado, o ha omitido. (Para seguir leyendo, pinchar aquí)

CALENDARIO 2017 “EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS”

Ya estamos preparando la primera cibertertulia del año 2017 en “El Callejón de los Milagros” de Camagüey, la cual dedicaremos al cineasta camagüeyano Nicolás Guillén Landrián.

Para este mes, el Proyecto de Fomento de la Cultura Audiovisual propone varias actividades, al tiempo que seguimos trabajando en la construcción de un Catálogo Digital Interactivo, que a los interesados acceder de modo gratuito, mediante el wifi del Paseo Temático del Cine, a la información de los fondos audiovisuales existentes en la Mediateca del Complejo Nuevo Mundo.

De cada una de estas actividades estaremos brindando en cada momento información, pero como cortesía del Proyecto le regalamos este calendario 2017, con el cual podrá recordar mejor nuestras citas, incluyendo las cibertertulias de los últimos jueves de cada mes.

JAGB

LA CRÍTICA EN DOS PALABRAS

Hace un par de días una amiga me hizo llegar una pregunta a través del móvil: ¿qué significa para usted, en dos palabras, la crítica de cine que hace?

Ignoro si Facebook y Twitter son los que han puesto de moda esto de comentar en dos palabras lo que es brutalmente complejo. Pero no hay que descalificar esa práctica. Al contrario; los grandes maestros del aforismo (Lichtenberg, Nietzsche, Cioran, Canetti) siempre prefirieron la intensidad a la extensión.

Para decirlo más claro: es más fácil atestar cinco cuartillas de lugares comunes y habladurías, que construir un párrafo, uno solo, que invite a la meditación creativa. La agudeza es privilegio de pocos, y yo no me salvo de esa carencia común.

De todos modos, me he tomado el tiempo para pensar la pregunta. En ese lapso sé que hubiese podido concluir par de entradas para el blog, pero encontrar dos palabras que hablen de lo que aspiro sea la esencia del ejercicio crítico se las trae.

Y después de pensarlo mucho me atrevo por fin a suscribir lo que en el fondo sería para mí la crítica más rigurosa y exigente: curiosidad intelectual.

Juan Antonio García Borrero

SEVERO SECRETO (2016), de Gustavo Pérez y Oneyda González

SEVERO SECRETO, INGENIOSAMENTE PÚBLICO

Por Yanetsy León González (Publicado en el Periódico Adelante del 7 de enero del 2017)

Severo Sarduy ha vuelto a Cuba y le ha nacido otra vez a Camagüey. Le debemos al milagro del cine, a la terquedad de dos artistas que en la búsqueda difícil del justo perfil de un hombre, se han calibrado a sí mismos.

Oneyda González y Gustavo Pérez concluyeron el documental Severo secreto, acerca de ese camagüeyano creador del neobarroco, quien por una beca llegó a París con 23 años de edad, y allá murió sin olvidar su nación. Esa “ida sin regreso generó en el autor de la novela “De donde son los cantantes” (1967) una angustia en la que confluyen su forma de ver el arte, su aparente neutralidad política, y hasta su sexualidad”.

De Severo, intelectual presente en programas académicos de otros países, hay poco publicado en Cuba, y alrededor de él se han tejido confusiones. En cambio, aquí se eludieron las trampas de resentimientos en las que suele caerse cuando se trata de un personaje polémico.

Aunque resulte paradójico, lo más evidente de Severo secreto es la sinceridad con que fue hecho, durante ocho años. La espera demandó a Gustavo Pérez una paciencia increíble para no terminar la obra mientras existiera una ventana abierta a información y hallazgos. Ese proceso aquilató en Oneyda González su gusto de contar con el dominio del pensamiento en imágenes.

Cuando era proyecto ganaron el Premio Cinergia, llegaron al Lab Bolivia, estuvieron en el Festival de Cine de Guadalajara, y en el 2015 merecieron la beca de los Amigos de la Biblioteca de la Universidad de Princeton, Estados Unidos.

El texto fílmico de 64 minutos atesora parte de la obra pictórica del protagonista, conservada en la Colección Latinoamericana de la Universidad de Princeton, y testimonios de personas “tan cercanas a él, como Francois Wahl, quien por primera vez comparte públicamente sus archivos, y sobre el método de trabajo de Severo, y su universo privado”.

Este es un documental reflexivo a través de entrevistas, de un montaje contenido, y una narración cabal. En noviembre tuvo su preestreno en Argentina, durante el 4to. Simposio Literatura y Margen, dedicado a Severo Sarduy, en la Universidad Nacional de Tres de Febrero, en Buenos Aires.

La premier ocurrió en el 38 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, en La Habana, donde participó como parte de la muestra oficial del evento, y el 27 de diciembre fue presentado aquí, en la Sala Nuevo Mundo, durante la cibertertulia que conduce el crítico Juan Antonio García Borrero.

Los restos de Severo se hallan en el Cementerio de Thais, en las afueras de París, pero ni allá ha logrado estar quieto. Su deseo expreso era “descansar” junto a Dolores Rondón. Será por su sed de tinajones. El 25 de febrero cumplirá sus 80. No dejemos quitárnoslo otra vez.

ERIC ROHMER SOBRE NÉSTOR ALMENDROS

Néstor Almendros, naturalmente

Por Eric Rohmer (Publicado originalmente en Cahiers du Cinema, Abril de 1992)

Cuando un director quiere imprimir su sello en una película, no busca a sus colaboradores (actores, decoradores, músicos, operadores) por la fama y el renombre que tengan, ni tampoco porque sean los “mejores”. El autor de un film escoge al director de fotografía porque sabe que éste comparte su perspectiva, que el estilo de la imagen estará de acuerdo con la puesta en escena. Para que puedan trabajar juntos se necesita que haya una afinidad, que sus personalidades sean afines.

La luz

Antes de La Nouvelle Vague, todos los directores de fotografía decían cosas como: “Imposible hacer eso”, bajo el pretexto de que no habría suficiente luz. Los primeros en romper ese tipo de tabús (en atreverse a hacerlo) fueron Henri Decae (con Melville, con Chabrol en El bello Sergio y con Francois Truffaut en Los cuatrocientos golpes) y Nicolas Hayer (también con Jean-Pierre Melville y en El signo del león). Después aparecieron Néstor Almendros y Raoul Coutard.

Lo que caracterizó a la estética moderna de la Nueva Ola era, el principio, la verosimilitud, lo que Almendros llamaba “la lógica”: que la luz no viniera de un punto opuesto a una ventana, que no hubiera una sombra aquí si la luz venía de allá. Esta concepción se oponía a una iluminación que se consideraba clásica en la época, en la cual la luz jugaba con efectos especiales, irreales.

Había también una ruptura con la iluminación direccional y se aprovechaba más bien la luz de ambiente, creada a partir del reflejo, pensada y trabajada. Néstor Almendros utilizó reflectores ligeros, en zinc, para La coleccionista, o el papel canson para Ma Nuit Chez Maud, y se usó el poliestireno (icopor) mucho antes de que llegaran las lámparas soft-light, que difuminaban la luz al rebotarla.

Coutard seguía el mismo camino de Almendros, pero iba más allá que él, con una fotografía más en bruto, sin dudar en atacar la luz de frente, con personajes colocados en contraluz, lo que había sus caras apenas visibles. También utilizó la sobre y sub-exposición de la película: un trabajo más agresivo, que fue alentado por Godard.

Con Almendros el trabajo de iluminación era algo más ontológico: buscaba respetar la naturaleza de la luz y exprimir de ella la belleza. Manejaba la luz natural, recreándola y cuidándose al mismo tiempo de no hacer trampa, de no falsearla. Buscaba reproducir la verdadera luz, ubicarla en el instante exacto y crearla para que estuviera perfecta de acuerdo con la atmósfera que se quería transmitir. Esa era la búsqueda de Néstor Almendros: encontrar el momento exacto en el que la luz natural es tan ventajosa para la fotografía como cualquier bello amanecer artificial, labor que extendía a todos los demás niveles de la producción cinematográfica. Almendros asumía todos los riesgos de la iluminación frágil, llena de matices sutiles y no de contrastes forzosos, lo que le dada dos características a su trabajo fotográfico: por un lado, era riguroso, preciso y meticuloso; y por otra parte, se distinguía por ser rápido, efectivo y arriesgado.

En él, estos dos aspectos no se contradecían; eran sus aliados. Sin embargo, no puede negarse que, posteriormente, Almendros se inclinó hacia lo clásico y que en ello influyó directamente su traslado definitivo a los Estados Unidos, además de la época, que se caracterizaba por el retorno a una iluminación teatral. No creo que hubiéramos podido trabajar de nuevo juntos.

De todos modos, él rodaba cada vez menos películas, le gustaba trabajar menos; iba hacia su jubilación.

Pero dejó detrás suyo una escuela de nuevos fotógrafos y eso es lo importante. Néstor Almendros fue para mí, durante mucho tiempo, parte básica de mi obra, hasta tal punto, que llegué a no concebir un rodaje sin contar con él. Lee el resto de esta entrada

ADIOS, 2016

Nunca habrá un año que podamos decir que ha sido un año perfecto. Porque los años, como el tiempo, son ficciones que nos inventamos los seres humanos para lidiar con lo incontrolablemente imperfecto: la existencia. Y existir es vivir al mismo tiempo que perdemos cosas que nos importan, nos afectan: seres queridos, por ejemplo.

Por eso cada individuo, transcurrido doce meses, sentirá que el año habrá sido bueno o malo de acuerdo a ese balance de pérdidas y ganancias, y le abrigará la esperanza de que, clausurado ese período, vendrán cosas mejores. A mí me queda cada vez más claro que las cosas vienen solas, pero que los años que uno viva tendrán el color que uno se proponga ponerle. Colores vivos, colores muertos: eso lo escogemos nosotros.

En lo personal, yo no podría quejarme del 2016. Agradezco un mundo la posibilidad de haber visitado las ciudades de Providence y Nueva York, y hacer grandes amigos por allá, por ejemplo. Pero si me exigen ser todo lo sincero que debiera, para mí este año fue el de “El Callejón de los Milagros”.

Sé que aún no es lo que muchos esperamos. Sé que apenas hemos puesto los cimientos de este proyecto comunitario que pretende fomentar la cultura audiovisual y el uso creativo de las nuevas tecnologías. Pero hemos logrado algo que, en estos tiempos donde el individualismo pareciera ganar cada vez más terreno, tiene un valor excepcional: la colaboración de muchos a los que les importa el desarrollo de la comunidad camagüeyana.

Así que desde este, nuestro Callejón de los Milagros, les envío a todos los amigos el saludo de Fin de Año, y la invitación para que en el venidero sigamos compartiendo el gran milagro de la amistad y los sueños creativos.

Juan Antonio García Borrero