Mario Naito sobre la ENDAC

Raimundo Hidalgo-Gato, actor

Fotograma de Guaguasí (1984), de Jorge Ulla

Hay intérpretes que se convierten en íconos de determinadas comunidades. Es el caso de Raimundo Hidalgo-Gato, un actor de teatro y cine fallecido en Miami en el año 2000, que, gracias a su magistral interpretación protagónica en El Super (1978), de León Ichaso y Orlando Jiménez Leal (la cual está basada en la pieza teatral homónima de Iván Acosta), legaría uno de los personajes más memorables de toda la historia del audiovisual cubano.

Hidalgo-Gato fue de los intérpretes que en los años setenta (junto a Orestes Matacena, Rubén Rabasa, Rolando Barral, por citar algunos), hicieron posible la producción de varias películas cubanas del exilio, las cuales nacieron bajo el espíritu inspirador del Centro Cultural Cubano de Nueva York, institución creada en el año 1972 por Iván Acosta, con el objetivo de preservar y estimular la creación cultural de los cubanos radicados en los Estados Unidos.

Hidalgo-Gato participaría en filmes como Los gusanos (1977), de Camilo Vila, Bla Bla Bla (1978), de Guillermo Álvarez Guedes, ¡Qué caliente está Miami! (1980), de Ramón Barco, y Guaguasí (1984), de Jorge Ulla, pero fue con El Super que, definitivamente, consiguió construir un personaje que trasciende en el tiempo.

Su personaje de Roberto, como otras veces he comentado, puede ser una de las personas que el Sergio de Memorias del subdesarrollo (1968), de Tomás Gutiérrez Alea, despide en el aeropuerto al principio de esa cinta en La Habana. Diez años después lo encontramos en Nueva York, lidiando con una cultura ajena, un clima gélido que lo paraliza, un idioma inglés que lo hace sentir más extraño y aislado en el contexto, y que vive añorando la isla, esa donde muere la madre que no ha podido despedir, y de la que se trajo la imagen protectora de la Virgen de la Caridad del Cobre.

El exilio cubano ha tenido en Celia Cruz o Andy García, por citar apenas dos de sus grandes ídolos, el paradigma perfecto de lo que pudiera ser la narrativa del éxito. Pero el Roberto de Raimundo Hidalgo-Gato encarna, a mi juicio, la humanización impecable del cubano que se aleja de su patria.

Lo que nos entregó el actor, con su caracterización e interpretación, no describe las excepciones que vendrían a ser aquellos que triunfan, y alcanzan posiciones destacadas dentro del nuevo entorno en que se han insertado, sino en todo caso, nos regala un retrato entrañable de ese cubano común que ha dejado (y sigue dejando) todo atrás, mientras busca mejorar su vida y la de los suyos.

Cierto que a estas alturas ha quedado lejos esa representación más bien precaria del exilio, donde se solía representar el mismo a partir del desarraigo y la pérdida de la identidad nacional. Hoy sabemos que el exilio es una suerte de arca policromada, donde podemos encontrar a la cultura cubana también enriquecida con modalidades insospechadas.

Curiosamente, apenas existe información biográfica de Raimundo Hidalgo-Gato: ¿dónde y cuándo nació? ¿cómo se formó? ¿cómo llegó a los Estados Unidos? ¿cómo se desarrolló allí su carrera profesional?  Falta mucho por saber de este actor inmenso, pero por suerte ha dejado a la vista ese monumento impresionante que sería su personaje en El Super. (Juan Antonio García Borrero).


Filmografía

Los gusanos (1977), de Camilo Vila

Bla, Bla, Bla (1978), de Guillermo Álvarez Guedes

El Super (1978), de León Ichaso y Orlando Jiménez Leal

¡Qué caliente está Miami! (1980), de Ramón Barco

Guaguasí (1984), de Jorge Ulla


En memoria de Enrique Molina

Ahora llegan a mi mente los recuerdos de aquel primer viaje que hice fuera de Cuba, en el ya lejano año 2000. Ha sido la única vez que formé parte de una delegación oficial del ICAIC. Habían organizado un festival de cine en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), y a mí me invitaron porque estaba previsto un homenaje a Tomás Gutiérrez Alea.

Esa fue la primera vez que coincidí fuera de la isla con Mirtha Ibarra: y fue el inicio de una ya larga amistad. Pero en aquel grupo también estaban Gustavo Fernández (de Producción), Rosa María Rovira (que entonces trabajaba en Relaciones Internacionales), y Enrique Molina, ya convertido en toda una celebridad, y a todos ellos les agradezco me hicieran perder el inevitable miedo que se siente, cuando uno sale por primera vez del país y se enfrenta a un contexto ajeno.

Recuerdo que teníamos que hacer una breve escala en México, y de allí conectar con el vuelo que nos llevaría a Bolivia. Pero nunca llegamos a tiempo, por lo que esa noche dormimos en un hotel del DF que dispuso la agencia, y al día siguiente decidimos pasear por la ciudad. Todavía recuerdo el susto de Molina, porque Gustavo, él y yo, nos montamos en el metro, y en algún momento intentaron sustraerle algo del bolsillo. Desde luego, diez minutos después ya se había olvidado de todo, y estaba en su eterno choteo, sacándole lascas a todo, incluyéndose a él mismo.

También recuerdo algo muy trivial, pero que siempre que nos reencontrábamos, a mí me gustaba mencionárselo. En Santa Cruz de la Sierra nos hospedaron en el lujoso hotel Los Tajibos, y a la hora de irnos, en la maleta de Enrique parecía que la ropa no cabía, por mal organizada. Entonces le pedí la sacara, y comencé a doblarla como a mí me habían enseñado en la Vocacional. A Enrique aquello le llamó tanto la atención, que cuando conocí a Elsa (su esposa) en La Habana, me presentó como el que le había organizado la maleta en Bolivia.

Tampoco he podido borrar una experiencia que vivimos en Ciego de Ávila. Coincidimos allí a propósito de una de las ediciones de la Semana de Cine Iberoamericano que organizaba el Centro de Cine de esa ciudad. Y una noche, como parte del programa de actividades, debimos desplazarnos a algún municipio (quizás Florencia, no estoy seguro). En el carro íbamos M (mi esposa), Elsa, Molina, y yo, y en algún momento sentimos el corte brusco que debió dar el chofer porque un vehículo que venía de frente casi nos impacta. La que más nerviosa se puso fue Elsa, pero allí estaba otra vez, salvador, Molina, tirando a choteo lo ocurrido, y haciendo todo lo posible por relajarnos (sobre todo al chofer).

En el año 2005 lo invitamos al XIII Taller Nacional de Crítica Cinematográfica celebrado en Camagüey, con el fin de que disertara en la mesa “Dramaturgia y actuación en el cine cubano”, acompañado de Julio García-Espinosa, Enrique Pineda Barnet, y Nelson Acevedo. Y en esa misma edición le fue concedida la condición de Huésped de Honor de la Ciudad, un reconocimiento que agradeció muchísimo, porque lo acercaba más a ese lugar donde su padre también había formado familia.

Es lógico que hoy muchos estemos tristes con su desaparición física. Pero como todo gran artista, ya Enrique Molina nos está trascendiendo. Allí van a permanecer sus numerosos personajes donde el trabajo de caracterización y uso de lo emotivo marchaban a la par, a una altura pocas veces vista en nuestro país.

En lo personal, mientras viva siempre estaré dialogando con el padre inolvidable de Video de familia, de Humberto Padrón, o incluso, con el cura tronado por malhablado de Alicia en el pueblo de Maravillas, de Daniel Díaz Torres.

Dicho de otro modo, y por lo claro: que queda Enrique Molina para rato.

Juan Antonio García Borrero

PD: Las fotos son de la autoría de José Gabriel Martínez

Para presentar el Making of de Habana Blues

Hoy dejamos inaugurada en la ENDAC la categoría de Making of… Este es un género que, por razones obvias, me encanta. Cada Making of es una clase magistral de cine. No importa la relevancia final de la película a la que esté aludiendo: hablo de los testimonios que brindan los implicados en el proceso de hacer la magia cinematográfica, un proceso donde se comparten alegrías y angustias a partes iguales.

Hasta ahora no ha existido un registro de esas producciones que tienen un gran valor testimonial. En la ENDAD hemos localizado varias, y la idea es que a partir de lo colaborativo podamos localizar más. Aquí caben desde los Making of realizados por Rebeca Chávez a propósito de Fresa y chocolate y Guantanamera, de Gutiérrez Alea y Tabío, hasta el material concebido en ocasión del video clip “Canción fácil” realizado por Fernando Pérez a Haydeé Milanés.

Para presentar la categoría hemos escogido Cómo se hizo (por fin) Habana Blues (2005), de A. P. Molero. Me parece un material bien interesante, a partir de los testimonios que brindan varios de sus hacedores, comenzando por su director Benito Zambrano, español que estudió en la EICTV, lo que nos da la posibilidad de seguir conectando áreas hasta ahora invisibles dentro del cuerpo audiovisual de la nación.


Página en la ENDAC: https://endac.org/encyclopedia/como-se-hizo-por-fin-habana-blues/

COMO SE HIZO (POR FIN) HABANA BLUES

Año: 2005

País: España

Género: Making of

Formato: Digital

Tiempo: 26’

Color: Color

Productora: Producciones Doble Banda S.L. para Maestranza Films S.L. 2005

Realización: A. P. Molero

Imagen: Luis Najmías Jr, Luis Alberto González, A. P. Molero

Fotografías: Andrea Guzmán

Coordinación: Valérie Delpierre

Entrevistados: Benito Zambrano (Director), Antonio P. Pérez (Productor), Fernando Pardo (Editor), Juan Antonio Leyva (Músico), Charly Sánchez (Coordinador musical), Oriol Ferrer (Primer Ayudante de Dirección), Ernesto Chao (Co-guionista y Director de Producción)


Sinopsis

Entrevistas a los realizadores del filme español Habana Blues, estrenado por Benito Zambrano en el año 2005.

Convocatoria de Arte Digital “Disconnected Experiences”

He aquí una excelente oportunidad que tienen los creadores cubanos vinculados al Arte Digital, menores de 35 años, de mostrar sus potencialidades.

Abierta la convocatoria de arte digital Disconnected Experiences para participar en el Festival Ars Electronica

  • Dirigida a creadores cubanos de hasta 35 años con videos que exploren la cultura y el contexto cubanos en sus prácticas artísticas digitales
  • Será la primera vez que un programa de arte cubano participe en este reconocido festival
  • La iniciativa es fruto de la colaboración entre Habana Espacios Creativos, la Asociación Hermanos Saíz, el festival Ars Electronica y el clúster europeo EUNIC

La Habana, 10 de junio de 2021. Desde hoy y hasta el próximo 31 de julio se encuentra abierta la convocatoria de arte digital Disconnected Experiences por la cual se seleccionarán entre 5 y 8 videos de creadores de Cuba para participar en el Festival Ars Electronica, uno de los eventos de arte digital más relevantes del panorama internacional. Es la primera vez que este festival dedicará parte de su programa a Cuba, a través de su sección Journeys, que se adentra en la cultura y los contextos de creación que rodean a los artistas digitales. Esta presencia cubana será posible gracias a la colaboración de CLIC Cuba-Europa, un proyecto de cooperación impulsado por la red EUNIC Cuba y financiado por la Unión Europea, y de las instituciones cubanas Habana Espacios Creativos, de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, y la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

De acuerdo a las bases de la convocatoria, pueden participar artistas visuales, videoartistas, cineastas, makers, interesados por las prácticas digitales asociadas a la creación, de hasta de 35 años, a través de un video de entre 3 y 15 minutos de duración que registre experiencias artísticas y personales enfocadas en prácticas digitales que suceden en el contexto cubano y que se relacionan a conceptos como creatividad, innovación, tecnología, sostenibilidad y resiliencia. Los videos no tienen requisitos estéticos específicos e invitan a los artistas a explotar su creatividad para narrar y mostrar sus experiencias artísticas digitales.

Los videos seleccionados por un jurado de destacados especialistas cubanos en arte de los nuevos medios integrarán el programa Disconnected Experiences que se exhibirá entre el 8 y el 12 de septiembre a través de los canales online del Festival Ars Electronica. Sus creadores participarán en un conversatorio con especialistas y público del festival y recibirán un pase para acceder a la programación online del festival. Asimismo, participarán en unos talleres creativos impartidos por especialistas sobre arte digital internacionales y cubanos que se celebrarán en el último trimestre del año en el centro Habana Espacios Creativos de la Oficina del Historiador de la Ciudad. Además, esta institución premiará a uno de creadores participantes con una beca de creación en su espacio de residencias.

El artista cubano Nestor Siré es el curador de este proyecto, el cual se enfoca en prácticas digitales donde confluyen fenómenos offline y online en el contexto cubano. Los videos seleccionados también serán presentados en !!!Sección Arte, un espacio digital alternativo que existe dentro de las vías informales para la circulación de medios en Cuba. Además, el programa se exhibirá en otras plataformas de distribución de contenidos digitales gracias a la colaboración del Centro Habana Espacios Creativos.

“Estamos encantados de que esta iniciativa haya salido adelante, pues es el ejemplo del tipo de colaboración e intercambio entre contrapartes europeas, instituciones cubanas y jóvenes creadores que queremos promover desde EUNIC”, ha manifestado Michael Thoss, del Instituto Goethe y presidente actual de esta red de cooperación reforzada entre instituciones culturales y embajadas europeas con presencia en Cuba, que está detrás del proyecto CLIC Cuba-Europa. Esta iniciativa, que cuenta con la financiación de la Unión Europea, tiene como objetivo apoyar la cultura como vector de desarrollo en Cuba a través del intercambio con Europa.

Descargar bases de la convocatoria: https://drive.google.com/drive/folders/1lyi4OHY35uLLMscpvnMnaVK5pCxjY4jY?usp=sharing

Convocatoria abierta hasta el 31 de julio.

Más información: clic.disconnect@gmail.com y proyectoclic.eunic@gmail.com

www.cliccubaeuropa.com

José Rojas Bez: Medio siglo abonando la cultura

Me da un gusto enorme presentar esta entrevista realizada al crítico de cine, ensayista y teórico José Rojas Bez, uno de los grandes maestros que ha tenido la crítica de cine en Cuba, y uno de los pocos que, a la par, ha impulsado el estudio de la teoría cinematográfica en profundidad.

Medio siglo abonando la cultura: una vida y muchos contextos.

Por José Millet Batista

Hace ya más de cincuenta años, en 1968, coincidí por primera vez con José Rojas Bez en una conferencia de Martínez Heredia sobre filosofía, lógica y pensamiento. Al final, un grupo de jóvenes nos quedamos dialogando. Siendo yo aficionado al cine, concurría a los cinedebates en  la Universidad de La Habana, leía páginas de Rojas Bez en los boletines y en la revista Arte 7, a cuyo consejo de redacción él pertenecía; incluso pensaba colaborar con esta, pero la filosofía y la sociología me absorbían más. Entonces yo era estudiante de filosofía en La Universidad de La Habana y más cercano a las páginas de Pensamiento Crítico; y no volví a coincidir personalmente con Rojas Bez, y no podía prever cuánto aportaría a la cultura no sólo en Cuba sino también en otros países de América Latina (México, El Salvador, Colombia, entre otros) y, con menos acentuación, España: artículos y libros publicados, cursos y talleres impartidos, maestrías fundadas, asesorías, consejos artísticos y pedagógicos en sus universidades y otras instituciones.

Al disolverse aquel Departamento de Filosofía, regresé a Oriente, más específicamente a la Universidad de Oriente a concluir mis estudios, ahora como filólogo y no como filósofo.

Pasaron años y vinieron nuevas coincidencias. En 1976, Rojas Bez, Norge Marrero (a quien conocimos entonces) y yo comenzamos a trabajar como profesores en el recién fundado Centro Universitario de Holguín. Con la colaboración de Manuel García Verdecia (del Instituto Superior Pedagógico) y de Francisco Aguiar (“Paquito”), profesor de Matemática de la Facultad y enciclopédico amante y conocedor del cine; emprendimos el desarrollo no solo del cine-club sino de todo un proyecto de cultura cinematográfica en la provincia que implicó la impartición de clases de fotografía y de cine, el primer programa cubano de postgrados sobre cine y la colaboración crítica con los órganos de prensa de la región, y con el Departamento de Cine de la Dirección Sectorial de Cultura.

Pocos años después, ciertos conflictos con instituciones culturales holguineras y los brazos abiertos de la recién fundada Casa del Caribe, cuya orientación sociológica y etnocultural se avenía perfectamente con mis motivaciones; me condujeron a trabajar en la ciudad de Santiago de Cuba. Rojas Bez y yo continuamos viéndonos esporádicamente, pero poco en las últimas décadas, dada mi estancia laboral en Venezuela, Surinam y otros países caribeños; pero teníamos frecuentes noticias uno del otro.

En 2020, las circunstancias personales me trajeron nuevamente a Holguín, donde sigue residiendo Rojas Bez, y donde retomamos la cotidianidad de los antiguos diálogos.

MILLET: Rojas, volviendo a aquellos tiempos juveniles, ¿qué significó y sigue significando para ti Arte 7, pasados ya 50 años?

ROJAS: Muchísimo, en todos los sentidos. Fueron años iniciáticos y logros efectivos en tiempos juveniles. No es difícil imaginar la alegría de jóvenes que fundan un cine-club y una revista que llega a tener impacto incluso internacional, no sólo solicitada entre estudiantes y toda clase de cinéfilos cubanos sino también por cinematecas y otras instituciones latinoamericanas y europeas. Significó mucho también en aprendizaje sobre cómo, por qué y para qué hacer las cosas; así como los valores de un grupo y también sobre cómo pueden surgir apoyos y contratiempos.

M: Pero aquel período fue efímero. La revista Arte 7 cesó en 1971.

R: No efímero del todo. Los abonos culturales siguen fecundando incluso como referencias y memorias a las que acudir. Desapareció –¡un golpe para nosotros!—la revista Arte7, historia larga de contar, que hemos contado en otros sitios localizables en la Red, conectada con los “contratiempos” que antes mencionamos, donde figura en primer orden el afán de centralización y control. Se planteaba: “Mejor colaboran con la revista tal”, “No hay por qué tener esa otra”. Historias ya contadas. Visítese la Red. Pero el cine-club Dziga Vértov siguió existiendo; sin el esplendor de una de sus sesiones, aquella sala de la Cinemateca tan gustosamente facilitada, mientras pudo, por Héctor García Mesa. Pero no cesaron las sesiones en el anfiteatro Varona ni en otros espacios.

No desapareció aquella experiencia cultural, existencial y de camaradería grupal. Fernando Pérez, Orlando Rojas, Mario Naito y algunos más proseguimos con nuevos afanes; otros incluso fuera de Cuba. El singular nombre Arte 7 pervivió en la memoria colectiva (consciente e inconsciente) de los amantes del cine, hasta el punto en que cine clubes, como uno en Santa Clara, y un conocido programa de televisión adoptaron este nombre tan sui generis. No es casualidad.

M: Cinco años después, ¿cómo llegaste desde La Habana hasta la Universidad de Holguín?

R: Casi todos los del grupo Arte 7 –al que me gusta considerar “grupo” y no una revista, porque hacíamos mucho más que editar una revista–, llegamos a terminar los estudios universitarios o, de una u otra manera, nos desperdigamos en diversas vías. A un antiguo compañero de estudios, Stephen Malcolm (adivinarás, de ascendientes jamaicanos) y a mí nos asignaron –como Servicio Social de postgrado, equivalente al Servicio Militar Obligatorio– el trabajo profesional de dos años como asesores de enseñanza en el Ejército Juvenil del Trabajo, en Camagüey.

Allí fueron más reducidas las acciones con el cine. Asistía como puro concurrente al cine club de Camagüey, organizado por Luciano Castillo; y tenía debates en mis oficinas de trabajo. No conocí aún, sino bastante después, a otros cinéfilos de allí como Juan Antonio García Borrero, Armando Pérez Padrón y Jorge Santos pero sí tuve el gusto de volver a encontrarme con Luís Álvarez, que retornó a su ciudad natal.

Al concluir el servicio social, hallé como mejor trabajo, siendo Banes mi ciudad natal y hogareña, y luego de algunos percances y gestiones, el de profesor en el Centro Universitario de Holguín.

Dicho así, el esquema histórico es bien simple. Desde La Habana a Camagüey y luego a Holguín. En el esquema queda mucho por contar en todos los sentidos, los laborales, los sociales, las investigaciones y escritos personales, los nuevos y viejos amigos, la novia de entonces, las alegrías y los conflictos que nunca faltan en los años 70s ni nunca.

Rojas Bez fue uno de los fundadores del Taller Nacional de Crítica de Camagüey (1993)

M: Vino entonces el Centro Universitario de Holguín, el cineclub universitario, la crítica de cine y demás. Pero, de estos tiempos, ¿qué recordarías con mejores ánimos? Aunque compartí mucho de esto contigo, me gustaría recordarlo en tus propias palabras.

R: Sí, desde 1976 compartimos departamento y distintas asignaturas como Literatura y Panorama del Arte Occidental y Cubano, entre otras. Pero pronto fuimos cada vez más absorbidos por la Extensión Universitaria (que entonces dirigía Nilda Sánz) y por el cine-club, encomendado a Norge Marrero como coordinador. Las motivaciones y acciones desbordaron a nuestras personas, pero tuvimos también la gustosa ayuda de los profesores Manuel Verdecia y Paquito Aguiar.

Se logró desarrollar un cine-club no solo universitario sino de toda la ciudad, que funcionaba semanalmente en el cine Martí, con unas 400 butacas. En aquellos años el auge y los intereses por el cine eran extraordinarios. A sala llena y, al final, con decenas que se quedaban a un debate donde intervenían 10 o 15 personas: en la pantalla Orson Welles, Robert Altman, Godard, Fellini, Antonioni, Jancsó, Fabri, Wajda, Rocha, Solanas, Ripstein, entre otros de similar altura.

Hay que reconocer, de paso, las facilidades dadas por el Departamento de Cine de la Dirección Provincial de Cultura de Holguín, entonces dirigido por Eduardo así como por Delmer y Pedralla (en 16 milímetros y la bóveda). En especial la asistencia dada por el Director de la Cinemateca de Cuba, Héctor García Mesa, quien posibilitaba los filmes de dichos cineastas en excelentes copias enviadas desde La Habana.

Pero el cine-club universitario no se constreñía solo a los debates de filmes; también a coordinaciones y colaboraciones con premieres en la provincia. Por ejemplo, las de Retrato de Teresa, de Pastor Vega, y Una mujer, un hombre, una ciudad, de Manuel Octavio Gómez, entre muchas con la asistencia de realizadores, actores y actrices.

Recordarás que intentamos un programa dominical de cine en Radio Angulo; pero, vale también para la Historia, nosotros no éramos del gusto del señor que entonces dirigía la emisora. No hacíamos y decíamos lo que él quería, y el programa no duró dos meses.

Pero sí fue tuvo mejor vida la columna semanal de crítica de cine en el periódico ¡Ahora!, gracias a acogedores directivos del periódico como Carralero, Reynaldo López, Mildred Legrá y Haydée Vigo.

M: En efecto, la iniciamos en coordinación Norge, tú y yo; y los primeros comentarios salieron a fines de 1976; pero enseguida quedó en tus manos. Se produjo mi traslado a Santiago de Cuba y Norge se concentró más en los cursos de fotografía y otros que impartía. Entonces, tú mantuviste la columna semanal… ¡por 13 años! Dime algo al respecto.

R: Sí, la columna semanal de cine comenzada en 1976 se sostuvo incluso mucho más allá del tiempo que duró este cine-club. En la década de 1980, Norge Marrero se casó y fue a trabajar a La Habana. El cine-club se contrajo, y casi se extinguió bajo criterios increíbles de algunos funcionarios universitarios de entonces como “las actividades de cine debían concentrarse más en el campus y los predios universitarios” o “les tocaba ahora conducirlo a otras personas” (que resultaron menos expertas y carismáticas, habría que analizarlo con mayor detenimiento). Yo quedé más centrado en  colectivos de autores (donde seguía coincidiendo con Norge) y postgrados. Pronto desaparecieron las sesiones de cineclubismo en el cine Martí, así como otras acciones en la ciudad; el cineclub pasó a pequeñas aulas, cada vez más pequeñas en la universidad, y… así fue. Todo ello sería un buen tema de análisis educacional y sociocultural.

M: Volviendo a la crítica de cine en el periódico.

R: Esta se mantuvo, pero por motivaciones personales y por intereses del periódico de la provincia. La crítica siempre fue acogida por directivos del periódico con amplia perspectiva mental y bien avalada (incluso solicitada) por las encuestas. Recuerdo que la elogiaban porque era capaz de “hablar mal de una (mala) película cubana o rusa y hablar bien de una (buena) película americana”. También llegaban cartas de buenas opiniones, sin faltar las discrepancias, de algunos que recibían el periódico en América Latina.

Pero no era interés de los directivos de la Universidad, que nunca cedieron nada de mi fondo de tiempo laboral para ella, ni nada semejante, incluso cuando pudieron haberse “anotado” colaboración cultural con la comunidad. No me refiero a la antigua jefa de Extensión Universitaria, Nilda Sánz, ni tampoco a la nueva, Margarita Rodríguez Alfaro, quienes hubieran colaborado, sino a instancias superiores como la vicerrectoría docente.

Interés del periódico, muy solicitada por los lectores y motivaciones mías, incluso sin paga cuando no se pagaban las colaboraciones; la columna se mantuvo durante 13 años semana tras semana, desde fines de 1976 hasta 1990. Terminó por cuestiones de tiempo disponible y otros percances que demorarían mucho explicar.

M: Pero, durante la década de 1980 y después, casi desaparecido el cine-club y siendo la columna crítica una cuestión personal; ¿qué actividades fundamentales realizabas entonces en la Universidad?

R: Docencia y colectivo de autores. Aquella docencia de cine y otras en cuyo inicio tú también estuviste fue creciendo e intensificándose. Los primeros programas y cursos de Extensión Universitaria se convirtieron en cursos de postgrado. Su éxito y prestigio hicieron nacer planes similares para todo el país. La Universidad de Oriente (profesores prestigiosos como Isabel Taquechel, Luís Carlos Suárez y María Elena Orozco, entre otros) y el Centro Universitario de Holguín emprendimos la creación de programas y textos apropiados para docencia sobre cine, cultura cubana y otras materias dirigidos especialmente a alumnos de carreras no humanísticas, incluso tecnológicas. Nació así, a partir de los años 1985 y 1986, la llamada “Docencia artística” para todas las universidades del país.

M: Específicamente, ¿en las investigaciones y escritos sobre cine?

R: Continuaban intensamente. En 1987, al ganar el Premio de la Ciudad, salió publicado Artes, cine, videotape: límites y confluencias, considerado el primer libro en nuestro idioma sobre las relaciones estéticas y sociales entre el cine, el video y otros medios. Antes, Un estudio sobre La vida es sueño (1981) y, como coautor, Apreciación de la cultura cubana (1985-86). Pero aquel fue mi primer libro sobre cine.

Asimismo, pronto fundamos el Taller Nacional de la Crítica de Cine y la Federación Nacional de Cine-clubes.

También tengo la satisfacción de haber participado muy intensamente en estos años en la fundación de la Filial de Cine Radio y Televisión del Instituto Superior de Arte que, dicho brevemente, bajo la dirección de Hugo Edelqui Cruz, el apoyo de Jesús Cabrera, el conocido realizador y fundador de televisoras (director de la Facultad en la sede central habanera) y un grupo de profesionales con cierto relieve de la provincia, llegó a ser algunos años la mejor del país: docencia, producción, actividades comunitarias, convenios con otras instituciones incluso latinoamericanas y de España, sede dos veces del Festival Imago…

M: Hemos hablado de una intensa vida ya hasta la década de 1990; pero faltarían muchos años. ¿Qué resaltarías de ellos?

R: En primer lugar, te sugeriría que no recortaras mucho lo que hemos hablado hasta aquí, porque dan los tonos de todo, son semilla, abono y muestra del porvenir, en lo que a cine se refiere.

En lo adelante, desarrollo de tales abonos. Una vida académica creciente: profesor asistente, profesor auxiliar, profesor titular…, no sin resistencias de funcionarios, paso a paso incuestionable, incluyendo dos becas ganadas por oposición en España, en 1990 y en 2006.

Realicé el primer doctorado en Cuba en pedagogía del cine. Algo tardío porque no faltaron objeciones de funcionarios que aprobaban su realización. Lo concluí en 1997 pudiendo haberlo hecho desde 1993. Es otro tema. Vinieron luego estancias como Profesor Visitante en diversos países (según invitaciones directas a mí como persona), incluyendo la fundación de la Maestría en Arte en la Universidad Autónoma de Nuevo León y Tallares sobre Estética y cine en El Salvador, entre otras. También una labor como miembro del Tribunal Nacional de Grados Científicos en Ciencias sobre Arte. En fin, labor académica no ha escaseado.

M: Incluyendo varios libros en esos años…

Para seguir hablando de cine: autor de libros y otros materiales para la Educación Superior, así como ensayos de diversa índole sobre todo en Cuba y en México, con algunos artículos en España y otros países. Entre ellos, Reflexiones estéticas sobre cine (Pueblo y Educación, La Habana, 1992), El cine por dentro (Universidad Iberoamericana-Universidad Veracruzana, Puebla, 2000), De cine, TV y otros medios (Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey, 2000), Pasaje al arte del cine (Universidad de Guadalajara, Guadalajara, 2013), El arte del cine: formas y conceptos (Pueblo y Educación, La Habana, con dos ediciones, 2014 y 2019) y otros.

M: Pero no te has movido solo en la esfera del cine.

R: Soy uno, y todo se conjuga no obstante las contradicciones reales y mucho más las aparentes. Mis acciones académicas se conjugan con las acciones como investigador, como ensayista, como promotor… Con ello se ha conjugado siempre mi talente de hispanista.

M: Sí, hablando de contradicciones más aparentes que reales, no puedo dejar de mencionar que dialogo también con un consumado hispanista, no sólo desde tu primer libro Un estudio sobre La vida es sueño (Santiago de Cuba: Editorial Oriente, 1981); tus estudios en España con beca ganada en 1990; tu segundo Premio de la Ciudad, Indagaciones para un Medio Milenio (Ediciones Holguín, 1989) y tu primer libro en México, Visiones en el tiempo de América (Toluca: Universidad del Estado de México, 1995); tus múltiples ensayos en las revistas Universidad de la Habana,, Islas, Cuadernos Americanos, Torre de Papel, el anuario Nombres Propios de la Fundación Carolina, y mucho más… desde tus estudios universitarios hasta hoy. Pero esa “dualidad” sería otra conversación, que me gustaría dejar para nueva oportunidad y no darle aquí un sesgo truncado.

M: Volviendo al cine, te sientes sobre todo crítico y promotor y, más aún, investigador y teórico, ¿qué consideras tú, personalmente y no lo que digan otros, tu mayor logro en esta faceta?

R: Diría que las propuestas sobre una concepción cabal y rigurosa del cine, su concepto, características y mecanismos fundamentales, así como sus correlaciones con otras artes y medios, desde las artes visuales, las audiovisuales escénicas, la televisión, Internet y demás. Se dilataría mucho esto que, en fin de cuentas puedo referir a lo que está casi como síntesis en mis últimos libros publicados por la prestigiosa Editorial Pueblo y Educación: Audiovisualidad, artes y cultura contemporánea (2014) y El arte del cine: formas y conceptos (2019); y a las concepciones sobre arte aparecidas en El arte y sus primeros esplendores (2018), publicado por la también seria Editorial Universitaria Félix Varela. Estoy seguro de que por ahí van los mejores aportes en teoría del cine, aunque pudiera añadir los tres últimos ensayos, estos específicamente sobre el documental y el universo audiovisual, publicados en las revistas Aisthesis de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Antrópica de la Universidad Autónoma de Yucatán. Sabe, creo que estoy en un momento de buena madurez… teórica y general.

Autor de la entrevista:

José Millet Batista. Investigador, ensayista y profesor universitario. Trabajó durante décadas como investigador de la Casa del Caribe antes de fijar residencia en Venezuela, donde continuó sus investigaciones sobre la cultura del Caribe. Actualmente reside en Holguín donde, entre otros proyectos, coordina una Enciclopedia de la Cultura Cubana auspiciada por la UNEAC de esa ciudad.

Una entrevista en IPS

Hoy IPS publicó las respuestas que le hiciera llegar al joven periodista y crítico de cine y arte Erian Peña Pupo, quien me enviara un provocador cuestionario con preguntas que invitan a la conversación inteligente. Y esa publicación coincide en fechas con el mismo día en que la ENDAC sobrepasa las 6000 entradas.

Le agradezco a Erian y al equipo de IPS el interés mostrado no solo en este proyecto, pues también hablamos del blog Cine cubano, la pupila insomne, el Callejón de los Milagros de Camagüey, así como los Encuentros sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales.

Como suelo apasionarme con estos temas, mis respuestas fueron demasiado extensas, por lo que se entiende que debieran publicar tan solo lo esencial. Pero creo que lo principal está dicho. El enlace a la página de IPS es el siguiente: https://www.ipscuba.net/espacios/reconstruir-desde-el-agora-el-cuerpo-audiovisual-de-cuba/

Y debajo encontrarán la respuesta donde hablo de la ENDAC, esa plataforma que hace más o menos dos años perdí en mi disco duro cuando ya tenía 6000 entradas, y que la desesperación del momento estuvo a punto de hacerme renunciar a todo.

Por suerte apareció Alex Halkin, a quien le debo el impulso para retomarlo, y el apoyo logístico que ha permitido que hoy esté en línea, y que lo que parecía sacado de una película de ciencia ficción sea una realidad tangible construida desde Los Coquitos (Camagüey).  

UN ATLAS DEL CINE CUBANO

Erian Peña Pupo: Si bien tu blog es “un ejemplo de cultura colectiva”, la ENDAC, como proyecto colaborativo, va más allá al dirigirse a “construir una mirada que lo conecte todo”. ¿De qué manera crees que la misma contribuye a reconstruir, de un modo holístico, “el cuerpo audiovisual de la nación”?

JAGB: La ENDAC es una enciclopedia que, en vez de proponer un mapa (en singular) del cine nacional, plantea la construcción de un atlas (conjunto de mapas) donde sea posible reconstruir el cuerpo audiovisual de la nación.

Entiendo ese cuerpo no solo como el conjunto de películas y biografías, sino también incorporando la historia de las tecnologías usadas, las salas cinematográficas, los estudios de audiencias, y siempre con un enfoque transnacional que lo conecta todo.

Hay quien habla de una Base de Datos, pero yo prefiero llamarle Base de Conocimientos, porque el objetivo va más allá de lo informativo. Obviamente, una sola persona no puede encargarse de todo esto, y es lo que he argumentado en el ensayo que premiara la revista Temas en su convocatoria internacional más reciente. La ENDAC solo puede funcionar sobre la base de lo colaborativo. Por suerte, ya tiene varios colaboradores.

Es algo que, tengo la impresión, se entiende mucho mejor de qué va fuera de Cuba que dentro. Durante cinco años estuve proponiendo que alguna institución cubana asumiera la ENDAC y nunca pude encontrar el apoyo. Por ahí conservo algunos de los mensajes que intercambié con funcionarios que hubiesen podido ayudar a insertarla en nuestro entorno, pero jamás pasó del entusiasmo momentáneo.

En definitiva, gracias a Alex Halkin y su Americas Media InitiativeCuba Media Project (que ya había colaborado con la Muestra Joven), la ENDAC está en línea y tiene unas 6000 entradas y más de 250 000 visitas.

Pero no dejo de reconocer que debió estar desde un inicio en alguna institución cubana, en tanto lo que propone del “cuerpo audiovisual de la nación” responde a lo que muchos aquí vienen defendiendo desde hace rato. Solo que, como aseguraba Lennon, la vida es algo que sucede mientras estamos soñando otra cosa, y en Cuba suele ponerse de manifiesto eso de que “en casa del herrero cuchillo de shopping”.

CÓMO COLABORAR CON LA ENDAC (II)

La Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano, que en la actualidad ya tiene un total de 6000 entradas, posee un carácter colaborativo y está en permanente construcción. Para decirlo como Steiner, cada una de las entradas que aparecen en la misma son “textos provisionales y abiertos”. Eso significa que gracias a la interacción de los usuarios que llegan a ellas desde cualquier parte del planeta, siempre será posible enriquecer la información, hacerle correcciones, etc.

Para la ENDAC es de interés todo lo que se vincule a la cultura audiovisual asociada a Cuba, tomando en cuenta para ello tanto la producción de materiales, como las biografías de los creadores, tecnologías, salas cinematográficas, publicaciones, etc. Por otro lado, la ENDAC entiende esa cultura audiovisual desde una perspectiva transnacional, por lo que cabe también todo lo realizado fuera de la isla.

Los interesados en que las fichas técnicas de sus producciones queden registradas en la Base de Datos pueden compartirla a a través del correo electrónico soporte.endac@gmail.com, y guiarse por el siguiente modelo:

TÍTULO:

Año:

País:

Género:

Formato:

Tiempo:

Color:

Productora:

Producción:

Dirección:

Guión:

Fotografía:

Música:

Edición:

Sonido:

Dirección de arte:

Reparto:

Otros créditos:

Premios

En cuanto a las BIOFILMOGRAFÍAS se tomará en cuenta lo siguiente:

Nombre artístico:

Nombre completo:

Día, mes, año y lugar de nacimiento:

Breve semblanza:

Filmografía ordenada en orden cronológico donde se acredita el año de producción, título, roles desplegados en los mismos, etc).

Premios:

Lo que el cine nacional no deja ver

El concepto de “cine nacional” tiene un origen histórico, y, obviamente, responde a los intereses puntuales de los grupos de poder que en su momento lo legitimaron. 

Cuando ese concepto se examina en el entorno de las pugnas que, hacia finales de los años cincuenta, las llamadas cinematografías modernas sostenían con lo que se englobaba en el gran saco nombrado “Hollywood”, se entienden mucho mejor las Políticas Públicas que cada país implementó con el fin de garantizar la visibilidad de la producción cinematográfica local.

Sin embargo, del mismo modo que ese concepto iluminó identidades comunitarias, también el “cine nacional” (vinculado al Estado, al espacio geográfico donde se originaba, a las narrativas particulares, etc) dejó en las sombras aquello que no respondiese a ese gran paradigma.

Pensemos en el cine cubano, y todas las historias de compatriotas que ahora mismo levitan en un limbo, porque no responden al canon legitimado por la historiografía dominante. No tenemos idea de la cantidad de coterráneos que hay regados en el planeta, cada uno con experiencias diversas de acuerdo a las circunstancias que han debido enfrentar, pero todos dialogando con esa gran comunidad imaginada que llamamos “nación”, un diálogo donde la ideología y la política son apenas dos de los miles de componentes que conforman su cotidiano accionar.

El día que decidamos hacer un inventario exhaustivo de esa presencia del cubano en la pantalla global (lo mismo en los Estados Unidos que en Rusia, en México que en Japón), nos sorprenderá advertir los modos en que la cubanía se ha enriquecido a lo largo y ancho del planeta.

Pondré el ejemplo acotado de lo sucedido en un país y en un tiempo que a simple vista no nos parecieran tan desconocido y remoto: la España de los noventa del pasado siglo. ¿Cuántas historias de cubanos que decidieron emigrar a ese lugar por esas fechas no permanecen todavía invisibles para nosotros?

Y no hablo de cintas donde lo cubano resulta explícito desde el mismo título, como puede ser Cosas que dejé en La Habana (1997), de Manuel Gutiérrez Aragón, sino de otras en las que ser cubano no es algo que denote un privilegio “per se”, sino que adquiere valor en la misma medida que se desarrolla en un contexto ajeno donde otras comunidades emulan con sus propias identidades.

Estoy pensando en filmes como Los hijos del viento (1995), de Fernando Merinero, En la puta calle (1996), de Enrique Gabriel, Flores de otro mundo (1999), de Icíar Bollaín, Adiós con el corazón (2000), de José Luis García Sánchez, o La novia de Lázaro (2002), también de Fernando Merinero.

Asimismo, por el camino pudiéramos recuperar historias de vida como, por ejemplo, las de José María Sánchez Prados (Kimbo), showman y actor que naciera en Marruecos luego de la relación de su padre, el cubano “el negro Rafael” con una española, y que ha aparecido en películas como Una chica entre un millón (1993), de Álvaro Sáenz de Heredia, Demasiado caliente para ti (1996), de Javier Elorrieta, la mencionada Cosas que dejé en La Habana, Cuba Libre (2005), de Ray García, Palmeras en la nieve (2015), de Fernando González Molina, o El Rey de La Habana (2015), de Agustí Villaronga.

Lo que trato de decir es que, más allá de lo que el concepto de “cine nacional” nos muestra, hay todo un mundo de cubanías en permanente diálogo con la nación (esa comunidad imaginada a la que no se ha renunciado nunca, porque pertenece al mundo interior de los sujetos, no a los Estados), que aún esperan ser descubiertas.

Juan Antonio García Borrero  


PÁGINAS EN LA ENDAC:

Una chica entre un millón (1993), de Álvaro Sáenz de Heredia

Los hijos del viento (1995), de Fernando Merinero

En la puta calle (1996), de Enrique Gabriel:

Cosas que dejé en La Habana (1997), de Manuel Gutiérrez Aragón:

Flores de otro mundo (1999), de Icíar Bollaín:

Adiós con el corazón (2000), de José Luis García Sánchez:

La novia de Lázaro (2002), de Fernando Merinero:

Algunos criterios sobre la ENDAC como herramienta académica

Aunque como plataforma la ENDAC es una herramienta que puede servirnos a todos para lograr objetivos concretos vinculados a los intereses particulares (ejemplo: preservar las memorias de los individuos y/o grupos), también existe lo que pudiéramos llamar el Superobjetivo, que en este caso se enfocaría en estimular el alcance académico de sus contenidos.

Por eso me da mucho gusto compartir estas tres opiniones de personas vinculadas a las Universidades, y que han visto en la ENDAC algo útil a la producción de conocimientos que generan en sus respectivos espacios de enseñanza y aprendizaje.

También es bien estimulante que pueda apreciarse aquí la potencialidad transnacional del sitio, toda vez que Mirtha Padrón escribe desde México, Michael Chanan desde el Reino Unido, y Luis Duno desde los Estados Unidos.

A todos ellos el agradecimiento por la complicidad con la ENDAC. He aquí los comentarios:

“La ENDAC se ha convertido en una herramienta indispensable para aprender y obtener un recuento detallado de lo que es realmente la cinematografía de la nación cubana en todas sus aristas. Excelente trabajo que puede mostrarse además por la utilización de las tecnologías con un fin de aprendizaje y conocimiento general, algo que es necesario en el entorno actual. ¡Felicidades y a continuar enriqueciéndola! (Mirtha Padrón. Directora General de Universidad Autónoma de Durango. Campus Saltillo. Coahuila, México)

“No hay nada nuevo en la idea de una enciclopedia digital, pero para merecer el término tiene que ser más que una base de datos, como Internet Movie Data Base (IMDB). En este sentido, ENDAC es ejemplar. Es mucho más que un depósito de hechos y opiniones recibidas, pero arroja todo tipo de información contextual y enlaces temáticos. Para el académico, una valiosa herramienta para la investigación tanto sincrónica como diacrónica. Es también un proyecto en evolución, que tiene la sensación de estar vivo y de dar vida a toda la cultura audiovisual cubana, pasada, presente e indudablemente futura” (Michael Chanan, autor del emblemático libro Cuban Cinema. Profesor Emérito en University of Roehampton)

“La Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano (ENDAC) constituye la cristalización perfecta de un esfuerzo sostenido por más de una década. El resultado es un archivo crítico de notable profundidad y alcance. Por último, ENDAC ofrece tanto referencias a fuentes primarias, como reflexiones críticas ancladas en sólidas bases teóricas. Estamos ante una herramienta de gran utilidad para la investigación del audiovisual cubano, así como un modelo para futuros proyectos centrados en otras expresiones nacionales” (Luis Duno-Gottberg, Profesor Asociado de Estudios Caribeños y de Cine en el Departamento de Estudios Hispánicos de Rice University).