LOS INTELECTUALES Y LA COMUNIDAD

Esta breve reflexión se inspira en algunas ideas expuestas por la Dra. Graziella Pogolotti, en una excelente entrevista concedida a Raúl Garcés y Rafael Hernández para la revista Temas Nro. 72 (octubre-diciembre de 2012). Allí se abordan varias cuestiones de interés, pero he querido retener este segmento porque conecta con inquietudes que desde hace algún tiempo me acosan. Cito a Graziella Pogolotti:

Es indiscutible que la actividad cultural ahora es mucho más extensa de lo que pudo serlo en cualquier otro momento anterior de nuestra historia; suceden cosas, y no solamente aquí en La Habana, pero ¿dónde queda ese registro? ¿Y cómo se convoca a los públicos? Tenemos decenas de peñas literarias. ¿Quiénes asisten? Los amigos del homenajeado. Se está produciendo una autofagia que no logra conectar y reproducirse en un ámbito mayor”.

Lo que la Dra. Pogolotti llama “autofagia” otras veces lo he nombrado “autismo del intelectual”. Con ello aludo a esos momentos donde los creadores terminan encerrándose en un universo (el suyo y el de sus más cercanos) que muchas veces confunden con el mundo en que a diario vivimos. En esos casos, la conexión con ese ámbito mayor que no es otra cosa que la “comunidad” a la que pertenecemos, sencillamente brilla por su ausencia.

Encontrar una respuesta que explique ese divorcio es demasiado complejo. Influyen muchos factores, porque el intelectual no es un ente especial o diferente del conjunto de humanos que conforman su auditorio. Pero sospecho que en esa brecha tiene un peso fundamental una suerte de fobia heredada, donde el trabajo comunitario no se percibe como algo que formaría parte de los deberes ilustrados.

Insertarse en la comunidad para pensarla desde allí (y no desde afuera) es algo que tal vez no tenga tanto glamour como escribir o hablar sobre ella en determinados espacios académicos o letrados. Así, se prefiere mantener una distancia que, en el fondo, no es otra cosa que resistencia a perder determinadas posiciones de poder.

Porque si en vez de seguir usando un lenguaje heredado de los viejos tiempos, dejamos que sea esa comunidad a la que pertenecemos la que hable con total espontaneidad, tal vez estaríamos contribuyendo a borrar las distancias. Y ya de paso influir con nuestros saberes de expertos en los cambios que necesita esa comunidad.

Pero, por supuesto, tendríamos que pensar en la comunidad, no como algo estático que está allí para recibir nuestras orientaciones. En la comunidad la gente vive, sueña, sufre, en un estado de sopor permanente. El intelectual, cuando no está jugando el rol de orientador, también está constantemente a cada minuto aprendiendo a vivir. Y necesita actualizarse con todo lo que está pasando a su alrededor.

Por eso resultaría tan importante una vez más aprender a aprender, y permitir que los más jóvenes, por ejemplo, nos permitan entrar sin recelos en su mundo, que es un mundo que por razones culturales y tecnológicas muchas veces se nos antoja ajeno. De allí que aplauda de modo incondicional esta otra sugerencia de la Dra. Pogolotti:

Hay que saber escuchar, renunciar a cierto reflejo condicionado que hemos venido desarrollando en el tiempo, y que nos tiene siempre en guardia para dar una respuesta inmediata. El diálogo, la capacidad de escuchar no es eso; se trata de saber de dónde vienen esas preocupaciones e intereses de los jóvenes, dejar que hablen y no sientan que pueda producirse a consecuencia de eso alguna forma de represalia. Hay que construir un puente de confianza

Juan Antonio García Borrero

CIBERTERTULIA EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS

“MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO”, EL GUIÓN

Los estudiosos de la obra de Tomás Gutiérrez Alea van a tener en este nuevo libro de Ediciones ICAIC, un referente insoslayable. Se trata del segundo libro de la Colección “Guión Cubano” de esta casa editorial, y que pone en manos del lector el guión de Edmundo Desnoes y Titón sobre el que se construyera el filme más significativo de toda la historia del cine cubano.

El libro cuenta con un prólogo de Astrid Santana Fernández de Castro, quien ya nos diera muestras de gran agudeza analítica en el libro que dedicó a examinar las relaciones de la película con la literatura. Asimismo incluye entrevistas con Edmundo Desnoes y Nelson Rodríguez, así como textos de Román de la Campa, Rufo Caballero, y Luciano Castillo, vinculados a la adaptación de la novela y el trabajo de guión.

Comparto un fragmento del artículo que escribí para el volumen, en este caso hablando sobre la recepción del filme en 1968, el memorable año de su estreno.

JAGB

SOBRE LA RECEPCIÓN DE “MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO” EN 1968 (Fragmento)

Por Juan Antonio García Borrero

Para los cubanos de aquellas fechas, el 19 de agosto de 1968 fue un día más bien anodino. Comparado con otros de aquel año que pareció estremecer todo el planeta, y nombrado en Cuba “Año del Guerrillero Heroico” en honor al desaparecido Ernesto Che Guevara, ese día puntual apenas es retenido por quienes elaboran informes históricos relacionados con la isla.

Puede entenderse el bajo perfil de esa jornada. Esas veinticuatro horas carecían del glamour que acompañó al 4 de enero, cuando quedó inaugurado en la capital el Congreso Cultural de La Habana; o del dramatismo del 28 de ese mismo mes, cuando se denuncia públicamente la existencia de una “microfacción” encabezada por el comunista Aníbal Escalante, quienes se oponen a la política del gobierno revolucionario; o del vigor del 13 de marzo, que es el día que Fidel Castro anuncia el inicio de la “ofensiva revolucionaria”, con la que se nacionalizan todas las pequeñas empresas que todavía existían a lo largo y ancho del país en manos privadas. En sentido general, las noticias nacionales reflejadas en los periódicos de ese día apenas parecen ser el eco del esfuerzo colectivo que se le pide al pueblo para hacer realidad la “Zafra de los Diez Millones”, la cual tendrá lugar en solo dieciséis meses.

Aquel 19 de agosto de 1968, sin embargo, fue estrenado en los cines América, Radiocentro (Yara), Mónaco, Tosca, City Hall y Metropolitan el que todavía es considerado por muchos, el mejor filme de toda la historia del cine nacional: Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea. En carta dirigida once días después a Ramón F. Suárez, director de fotografía del filme que había abandonado el país, Titón evoca ese momento del siguiente modo:

“Ya se estrenó la película en seis cines simultáneamente. Lejos de lo que esperábamos, ha resultado un éxito de público sorprendente. Mucho más que cualquier otra película cubana, incluyendo el Burócrata. Hoy se cumple la segunda semana y todavía hay colas impresionantes cualquier día de la semana. Y lejos de lo que esperábamos también, la película no resulta tan polémica ni nada de eso. La gente en su gran mayoría la acoge con entusiasmo (pienso yo que van un poco prejuiciados con la cosa de los premios y todo eso) y son pocos los que están en contra. Claro que ha encontrado algunos enemigos irritados (interesantes e importantes) lo cual me tranquiliza algo con mi conciencia. Lo principal de todo, y eso sí lo esperábamos, es que la película conmueve y hace pensar a la gente. Los inquieta. Y si están a favor de la película es porque sienten que eso los ayuda a comprender muchas cosas. Ha sido un verdadero succes, como diría la gorda de Fandiño.

No tengo las críticas a mano. Me imagino que tu madre te las enviará. De todas maneras, eso es lo más deprimente de todo. No hacen más que repetir cosas que ya hemos dicho en los dos cinedebates que se celebraron antes del estreno y ponerse de parte de la película sin aportar ningún punto de vista original, sin desentrañar su verdadero significado. Es triste, en medio de todo”.[1]

El hecho de que en la misiva Gutiérrez Alea se muestre inconforme con la recepción crítica que ha tenido en su estreno Memorias del subdesarrollo, no hace más que confirmar que las lecturas de una película siempre implicará la existencia de espectadores que intervienen en la decodificación de los mensajes desde su propia historicidad.

Los que asistieron a esas primeras exhibiciones de lo que hoy consideramos nuestro gran clásico, lo hacían desde el sistema de convenciones y creencias que entonces eran dominantes en ese momento puntual. Por otro lado, “el éxito” al que alude Titón habría que verlo asociado a esa necesidad que tenían (y aún tienen) los cubanos de asomarse a sus producciones nacionales; El cineasta cubano Manuel Herrera, quien siendo director de la Cinemateca de Cuba organizaría un homenaje al filme por sus cuarenta años, y fue testigo del estreno, evoca aquel momento de la siguiente manera:

“No sería justo decir que fue un éxito en su estreno. Casi que hubiera sido intrascendente si en su época el estreno de un filme cubano no hubiera sido “de por sí” un hecho cultural importante.

Se estaba en el preludio de la zafra más monumental de nuestra historia, que nunca llegó a consumarse. En lo político parecía que de nuevo nos encaminábamos a un acercamiento al bloque socialista, una vez apagados los aires de la “primavera de Praga” y del “mayo francés”. En lo interno varias fuerzas se enfrentaban por el dominio de la cultura, y una sombra de "dirigismo cultural” ya pretendía acechar a nuestros intelectuales y artistas. Se abría un espacio a Occidente en nuestras pantallas, monopolizadas hasta entonces por un decadente “realismo socialista” que más que abrirnos a la creación, la cerraba. Poco faltaba para que el llamado quinquenio gris asomara en nuestra historia, precedido por una “ofensiva revolucionaria” que pretendiendo ser un paso adelante retrocedía inevitablemente hacia los oscuros prolegómenos de las unidades militares de ayuda a la producción”.[2]

Juan Antonio García Borrero

Notas

PRESENTACIÓN DE “ATRAPADO”, de Daniel Chile, en Camagüey

El próximo jueves, a las cinco de la tarde, en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, estaremos presentando en la Cibertertulia “El Callejón de los Milagros” el cortometraje Atrapado (2016), de Daniel Chile.

De acuerdo a la sinopsis, Roldán es un repartidor de pizzas que vive en una casa en pésimas condiciones y su esposa está a punto de dar a luz. Sin embargo, la entrega de una pizza a un cliente le dará un vuelco a su vida… El cortometraje está interpretado por Carlos Luis González, Alicia Hechavarría, Aramís Delgado y Patricio Wood.

Esa tarde, en la segunda parte del evento, estaremos hablando de las mejores películas cubanas realizadas en el siglo XXI.

EN MEMORIA DE ADRIANO MORENO

Comparto con los amigos del blog esta lamentable noticia que acaba de dejarme Mayra Álvarez en mi muro de Facebook.

Estimados amigos:

Lamentablemente en horas de ayer en la mañana, falleció uno de los fundadores del ICAIC, una de las personalidades de nuestro cine. Conocido por sus amigos como “Nano”, Adriano Moreno.

Nació el 16 de abril de 1945 en Cuba. Hijo de una familia de cineastas cubanos, desde muy temprano incursionó en el mundo del cine convirtiéndose en director de fotografía, asistente y operador de cámara de diferentes largometrajes, cortometrajes, comerciales y video clips.

Comenzó a trabajar en el laboratorio del ICAIC en 1961 y en 1962 se inició como asistente de cámara, lo cual realizó durante catorce años. Posteriormente se desempeñó como camarógrafo. En 1987 fue promovido a director de fotografía. En su filmografía algunos de sus más representativos trabajos en el cine cubano como asistente de cámara son: En días como estos, Cuba 58, Mella, Girón, La odisea del General José, El huésped, La ausencia, Un día de noviembre, Lucía, La primera carga al machete, Los días del agua, No tenemos derecho a esperar, Tiempo de hombres, La nueva escuela; los documentales: Nace una comunidad (1975), El tiempo es el viento (LM) (1976), La sexta parte del mundo (LM) (1977), A veces miro mi vida (LM) (1981), El corazón sobre la tierra (1982), Que levante la mano la guitarra (1983), Mi hijo el Che (1985), Esa mujer de tantas estrellas (1987); como camarógrafo: Vuelo 134 (1965), Los días del agua (1971), El brigadista (1977), Polvo rojo (1981), Se permuta (1983), De tal Pedro tal astilla (1987), Pablo (1978), Tango y tango (1984); como director de fotografía: Dolly back, Clandestinos, Bajo presión, Confesión a Laura, Disparen a matar, El bosque silencioso, Golpes a mi puerta, La fidelidad, futuro incierto, Amaneció de golpe, Mambí, Che, El encanto de la luna nueva, Asesinato en El Meneo, Entre ciclones, Hablo a Venezuela, Mi vida por Sharon, Kangamba.

Fue profesor de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Impartió cursos y talleres en el ICAIC y en Venezuela, Chile, Costa Rica, Colombia y España. Ostenta la medalla Raúl Gómez García y la Distinción por la Cultura Nacional.
Nos sumamos al dolor de sus familiares y amigos más cercanos.

EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS EN ECURED

Ha sido una agradable sorpresa descubrir que el Proyecto de Fomento de la Cultura Audiovisual “El Callejón de los Milagros”, ya tiene su entrada en la Ecured. Todo lo que ayude a concederle visibilidad a los objetivos comunitarios del Proyecto será bien recibido.

Por otro lado, ayer tuvimos un excelente encuentro con buena parte de los educadores de la provincia, preparando el camino para las estrategias que el Proyecto debe trazar en un futuro que ya está allí, porque estamos hablando de acciones concretas para el verano y el curso escolar que viene.

Algo nos quedó claro a todos. El uso creativo de la tecnología no lo propicia la sola posesión de los dispositivos. Necesitamos estimular la voluntad institucional que empuje a convertir la condición de usuario intuitivo en algo fecundante. Y eso solo será posible si nos planteamos la formación de usuarios como una meta tan o más importante que la adquisición de tecnologías. Por suerte, en Camagüey ya empezamos a movernos en esa dirección.

Juan Antonio García Borrero

LA FOTO

Han pasado muchísimos años desde que José Gabriel Martínez Figueredo tomara esta instantánea. Fue durante el durísimo año 1994, cuando Titón estuvo por Camagüey en pleno “período especial” con el fin de rodar algunas secuencias que jamás figurarían en Guantanamera. Creo que fue la segunda vez que anduvo por allí buscando locaciones para una de sus películas, pues antes, en los sesenta, el periódico de la ciudad anunció su presencia, a propósito del inminente rodaje de Cumbite, y el interés del cineasta por aprovechar los asentamientos de haitianos.

Mirando esta foto de mi único encuentro con el cineasta he tenido la impresión de que, no obstante el tiempo transcurrido, como en Memorias, nada ha cambiado. Allí estoy yo con Titón, igual de flaco, tal vez aceptando con resignación que lo mío no son las libras, sino los libros.

Allí está de fondo una ciudad donde la arquitectura colonial pareciera condenarnos a vivir por siempre en una pecera de aguas viscosas, recicladas desde hace cinco siglos, que es la edad que le impusieron los españoles cuando la conquistaron y exterminaron a sus aborígenes (entre ellos al cacique Camaguebax), y la llamaron Santa María del Puerto del Príncipe. Todo parece igual que antes, como congelado en el tiempo, y sin embargo, uno sabe que nada de aquello siguió siendo lo mismo, pues Bergson mediante, sabemos que una foto “no es más que una instantánea tomada sobre una transición”.

Es de ese fluir silencioso, inocente en su devenir devastador, que me gustaría ocuparme en las páginas que sigo escribiendo a propósito de Tomás Gutiérrez Alea. Lo cual me permitiría retomar, como si no hubiese existido transición alguna, las mismas preguntas que acosaban a Titón, y que en definitiva cada individuo puede hacerse de modo independiente: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿qué se ha hecho de nuestros sueños?

Algo raro sucedió con esta foto porque de repente la imagen terminó intrigándome, como si de pronto observara a dos extraños que hasta ayer me fueron familiares, pero que nunca alcancé a conocer bien. De pronto sentí que no era yo quien espiaba ese retrato, sino que un tercero (tal vez el Sergio de Memorias del subdesarrollo con el mismo telescopio que utiliza en la película) fiscalizaba cada uno de nuestros movimientos. Peor aún: nuestros pensamientos más íntimos. Y me vino a la mente Lezama con la enigmática confidencia: “Es como si al avanzar por el aire que cubre la tierra, mirásemos hacia atrás y al encontrarnos con su mirada se nos diese ya el fragmento que nos falta para llegar a donde se comienza”.

Fue ese el origen de éste relato que aún no termino, donde asumo el imprevisto rol de detective de esas emociones intocables que terminan por configurar las arquitecturas de las épocas (en esta oportunidad, mi época); el rol de alguien empeñado en rastrear las huellas secretas de ese fluir (sigiloso, devastador, e indiferente) de los acontecimientos que nos sacuden sin nosotros notarlo, en este caso tomando como punto de partida a Gutiérrez Alea, y ese grupo de amigos al cual pertenecía, dividido de modo brusco por la Revolución de 1959.

Juan Antonio García Borrero

RAÚL PAZ Y ERNESTO LIMIA EN “LA CALLE DE LOS CINES”

Hoy estuvieron de visita en La Calle de los Cines de Camagüey, el reconocido cantautor Raúl Paz, y el historiador Ernesto Limia, como parte de la gira nacional que ambos hacen a favor de poner a dialogar la Historia y la música, sobre todo con los más jóvenes.

Para mí fue un placer explicarles de qué va el Proyecto de Fomento de la Cultura Audiovisual “El Callejón de los Milagros”, y sentir que éramos cómplices de lo mismo: el pensamiento crítico. Gracias a ambos por la cordialidad del diálogo.

EL NUEVO CINE MÓVIL EN CUBA

Hablar de “cine móvil” en Cuba es hablar de una de una de las grandes sagas culturales de la Revolución. En lo personal le concedo la misma importancia que a la Campaña de Alfabetización que regaló a todos los cubanos la posibilidad de aprender a leer y escribir, toda vez que con esa acción fuimos pioneros a la hora de interpretar lo que Benjamin había notado a principios del siglo anterior: “no es aquel que ignora la escritura, sino el que ignora la fotografía el que será el analfabeto del futuro”.

Todavía nos emociona ese documental realizado por Octavio Cortázar en 1967 con el título de Por primera vez, donde un grupo de campesinos de la zona oriental descubren el cine gracias a las Unidades de Cine-Móvil del ICAIC. Imaginemos, a través de esos rostros infantiles que miran fascinados a las pantallas, el universo expandido que de repente se abría en la mente de esos individuos; porque eso puede ser el cine: un viaje emancipador al otro lado de las posibilidades creativas que habitan en nosotros, pero que no hemos sospechado también laten en uno.

Comencé a tomar las primeras notas para este post mientras viajaba hacia La Habana en uno de los ómnibus de Vía Azul. No hizo más que empezar el viaje, y las pantallas de los televisores que hay en su interior se encendieron para permitir que por allí desfilara todo tipo de reguetonero ensayando las más diversas variaciones de lo que en el fondo es un único reggaetón.

Advierto que yo no tengo ningún tipo de problema con eso. Me he armado de mis propios audífonos, y en cada viaje construyo mi propia programación de contenidos y películas en mi laptop, que como es nueva, le dura bastante la batería. Pero me llamaba la atención eso: saberme parte de un nuevo público que hace del nomadismo tecnológico su condición fundamental, y donde lo móvil ya no sería privilegio del mensajero que aporta el contenido, sino que estos son aprovechados a la carta por los usuarios que ya disponen de herramientas para armar sus propias parrillas de consumo.

Lo complejo está en que, desde el punto de vista institucional, todavía no nos damos cuenta de lo que representa eso para el espacio público. Otras veces he criticado el anacronismo de una retórica oficial que censura sobre la base del autoritarismo, pero no estudia el fenómeno y mucho menos propone alternativas que permitan, desde lo institucional, seguir actuando a favor de los grandes valores culturales.

Porque como individuos tenemos derecho a ver en nuestros espacios privados lo que estimemos pertinente. Pero ¿se imaginan al cine móvil del ICAIC fundacional convertido en vehículo del mal gusto que la institución intentaba combatir?

Para no hablar de lo inefectivo que a estas alturas resulta seguir pensando en “controlar” los contenidos que circulan en la sociedad del mismo modo que se hacía veinte años atrás. Apoyo esto con una anécdota sacada de ese viaje en Vía Azul. Cuando llegó la hora de las películas (porque los choferes se han acostumbrado a poner primero los musicales, luego algo de “humor”, y después, como plato fuerte, las películas) siento como se abren los créditos de la cinta de turno, pero es mi compañera de asiento (una señora como de mi edad) la que me pregunta qué película cubana era esa. Presto un poco más de atención, y le digo: “Se llama Paraíso, y el director es León Ichaso”.

Juan Antonio García Borrero

¿LAS MEJORES PELÍCULAS CUBANAS DEL SIGLO XXI?

A partir de este mes la cibertertulia “El Callejón de los Milagros” tendrá al Complejo Audiovisual Nuevo Mundo como su principal sede para las actividades. Por eso ya estamos anunciando que la próxima será el 25 de mayo, a las cinco de la tarde, con el siguiente tema central: “¿Las mejores películas cubanas del siglo XXI?”.

Con las cibertertulias mensuales pretendemos contribuir al fomento de la cultura audiovisual a través del uso creativo de las nuevas tecnologías. Actualmente Nuevo Mundo se ha convertido en una suerte de “aula inteligente”, al contar con la posibilidad de conectarse de modo gratuito (vía wifi) al Portal El Callejón de los Milagros, lo que posibilita el acceso a un número cada vez más creciente de recursos vinculados a la cultura audiovisual (libros, catálogos, películas, aplicaciones, etc). Sin embargo, hasta que no consigamos crear una comunidad de usuarios que estén conscientes de las ventajas que ofrecen tales recursos, el uso no será realmente eficiente.

Como acabamos de comprobar en el recién finalizado Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, las listas de mejores películas elaboradas de modo periódico por los expertos no tienen más valor que lo cartográfico. Un listado que nos asegure que esa selección es “objetiva” (como pediría cualquier ciencia) sencillamente nos está vendiendo la mejor fórmula para el autoengaño. En las listas de las mejores películas más bien lo que uno encuentra sublimada es la violencia simbólica ejercida por la dictadura de los críticos.

Y, sin embargo, esas listas hacen falta. O como dice el polémico Harold Bloom: “Poseemos el canon porque somos mortales y nuestro tiempo es limitado”. Es lo que me ha pasado cuando he querido entender por dónde van las principales tendencias del audiovisual del siglo XXI, y descubro que obtener una idea rigurosa de lo que ha sucedido en los últimos 17 años ofrece más dificultades que estudiar todo lo que sucedió en el siglo XX.

El estudioso del cine cubano hecho en el siglo XX tenía la ventaja de saber que quienes hacían cine debían depender de una tecnología y una infraestructura de distribución, promoción y exhibición que, de alguna forma, lo centralizaba todo. Con bastante paciencia, el crítico podía organizar el reporte en base a lo que aquí y allá iba a encontrar asentado en diversos documentos. No es que todo saliera siempre a la luz, porque en nuestro caso el “icaicentrismo” dejaba en las sombras lo producido por los Estudios de la Televisión, por ejemplo. Pero con paciencia, repito, podía localizar los centros productores, incluso los sumergidos.

Hoy todo se ha complicado. La existencia de un sinnúmero de productoras que trabajan con el soporte electrónico, obtienen financiación por vías ajenas a la oficial, y distribuyen en canales informales, convertiría esa selección en una gran pesadilla. Volviendo a Bloom, no tendríamos todo el tiempo del mundo para ver todo lo que se ha producido audiovisualmente por los cubanos en los últimos 17 años.

Por eso es que hemos querido poner entre interrogantes lo de “las mejores películas cubanas del siglo XXI”. Y por anticipado quiero dejarles claro a todos los amigos que llevaré mi lista personal, esa donde será más fácil hablar después de qué filias y fobias cojeo, que de las películas en sí. Más, insisto, se trata de una invitación a pensar el posible canon que, inevitablemente, dominará las selecciones que se hagan en un futuro. Pensarlo críticamente, que es como más útiles van a resultar siempre esos listados.

Juan Antonio García Borrero