ENTREVISTA CON DANIEL CHILE, DIRECTOR DE “ATRAPADO”

Mañana, a las cinco de la tarde, estaremos estrenando en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo el cortometraje Atrapado. Compartimos con los lectores del blog esta entrevista con su realizador Daniel Chile, publicada en el Portal de la Asociación Hermanos Saíz.

Daniel Chile: El cine es algo muy serio

Por: Lázaro J. Chirino | 10 de abril de 2017

Daniel Chile habla rápido, le pone expresividad a sus manos y te sigue el hilo conductor del diálogo. Así se convierte cualquier entrevista en una tertulia amena para quien quiera conocer cómo piensa y qué le inquieta.

Atrapado, su más reciente corto de ficción, es el pretexto para iniciar lo que sería un intercambio interesante con uno de los jóvenes realizadores audiovisuales más prometedores de los últimos tiempos en Cuba. Sus anteriores trabajos abordan el drama social, donde el hombre ocupa el centro de sus historias.

«Todos mis cortos siguen un hilo conductor y me he propuesto que el contexto del país tenga un impacto en los personajes, pero también me he propuesto tocar temas universales. Me interesan los conflictos relacionados con la naturaleza humana, que partan de un contexto cubano: la marginalidad, la soledad, la perspectiva, el pasado lacerando el presente y los conflictos éticos».

Entonces me atrevo a preguntarle si no tiene miedo de que los realizadores jóvenes cubanos caigan en una repetición de sus mismos códigos estéticos o temáticos. Sin pensarlo me dice:

«Existe una profunda preocupación por la Cuba actual. Por ejemplo, se reflejan temas como el envejecimiento, la economía, la supervivencia… y me parece muy válido. Quizás a veces se reiteran los temas… pero por algo será. Lo que debe abrirse el espectro porque el país no es solo eso. Deben hacerse otros géneros cinematográficos como suspenso, terror, comedia… El cine tiene un carácter transformador de la realidad y debe despertar reflexión en el público. Mientras no caiga en panfletos y se haga desde una verdad, es válido todo.»

La llegada de modernas tecnologías al país ha permitido democratizar el acceso a la creación. Cualquiera con una idea puede hacerla realidad con solo encender una cámara y luego editarla en su casa. El contexto nacional ha sido revolucionado para bien… pero ¿pone en peligro la calidad de lo que se produce?

«Es una bendición esto que ha ocurrido con la tecnología. No soy un detractor del fenómeno. Pero de pronto puede traer un dilema: cualquiera puede hacer un cortometraje de ficción o un largometraje. Pero siempre van a primar aquellos que emprendan una obra con la verdadera seriedad que se merece el cine que es un arte muy complejo y serio. Por ejemplo, yo filmo como si tuviera una cámara de 35 mm. Lo emprendo con la mayor madurez y sensibilidad que pueda». Lee el resto de esta entrada

EL AUDIOVISUAL CUBANO EN EL SIGLO XXI: SUS MEJORES PELÍCULAS

Mientras más reviso la relación de películas cubanas realizadas en lo que va del siglo XXI, más conciencia tomo de que hace mucho tiempo murió, y no nos habíamos enterado, el antiguo concepto de cine cubano.

En realidad, ya lo sospechábamos. Pero una cosa es imaginárselo, y otra contar con las evidencias. Es decir, contar con el diagnóstico claro que nace, no de las impresiones que de manera facilista los críticos vamos armando a partir de los rumores, las filias y las fobias, sino del examen de “las cosas mismas”, como dirían los buenos fenomenólogos.

Hasta ahora, cuando hablamos de cine cubano, todavía es demasiado dominante en nosotros lo que representa el ICAIC (el icaicentrismo). Y ciertamente en estos últimos diecisiete años el ICAIC ha aportado títulos relevantes (no adelantaré ninguno, porque de eso estaremos hablando el jueves en nuestra cibertertulia), pero la importancia de lo producido no se compara a la complejidad del escenario en que ahora mismo debe competir esa producción.

Sigo pensando que toda encuesta dirigida a dejar establecidas “las mejores películas…” al final deja saber más de los gustos y carencias de quienes las eligieron, que de las películas en sí. Una encuesta de ese tipo rara vez descansa sobre la más rigurosa perspectiva de conjunto. Más bien lo que hace es prolongar el autoritarismo de quienes antes ya habían decidido qué era lo mejor, pues también aquí funciona lo que Ortega y Gasset apuntaba en sus “Meditaciones del Quijote”: “Los que antes pasaron siguen gobernándonos y forman una oligarquía de la muerte que nos oprime”.

En el caso de las encuestas que se han convocado con el fin de seleccionar lo mejor del cine cubano, es raro encontrar disidencias que pongan en duda lo que ahora todo el mundo repite (que Memorias, Lucía, o La primera carga al machete no por gusto siguen siendo nuestros clásicos).

Yo no le discutiría jamás a un crítico la selección que haga. Solo le exigiría que me deje constancia de lo que ha dejado de ver y por qué. En esa dialéctica de lo visible y lo invisible seguramente podremos aprender más de lo que ha sucedido en la sociedad mientras se hacían las películas, que viendo esas cintas.

Entiendo a Harold Bloom cuando argumenta sus objeciones contra aquellos que, de modo indiscriminado, han querido democratizar el canon. Dice: “La inmortalidad durante un cuarto de hora se confiere ahora pródigamente, y puede considerarse una de las consecuencias más hilarantes de «abrir el canon».

A mí también me parece que, como críticos, estamos obligados a tener en cuenta ciertas jerarquías en función de lo estético. No para imponerlas, porque en ese caso lo discutible está en la creencia de que el crítico cuenta con un poder mesiánico que lo exonera del error, sino para estimular su discusión.

Hay cineastas cubanos a los que probablemente les interesaría pagar en efectivo con tal de no formar parte de esa selección canónica que hacen de modo sistemático los críticos (Jorge Molina, por ejemplo). Y, sin embargo, ese cine tendría un valor a descubrir en otras dimensiones.

En el caso de ese audiovisual cubano realizado en el siglo XXI, todo se complica porque, más que de una revolución de contenidos, estaríamos hablando de revueltas en el plano de la producción, distribución y consumo. Y eso confunde al crítico tradicional, que necesita tenerlo todo a la mano (algo que siempre fue un espejismo, por cierto).

El jueves, en la cibertertulia El Callejón de los Milagros, estaremos lejos de ofrecer un canon o un contracanon del cine cubano. Lo que importa es preguntarnos cómo dialogan esas películas con nosotros y la época que nos ha tocado vivir.

Juan Antonio García Borrero

LOS INTELECTUALES Y LA COMUNIDAD

Esta breve reflexión se inspira en algunas ideas expuestas por la Dra. Graziella Pogolotti, en una excelente entrevista concedida a Raúl Garcés y Rafael Hernández para la revista Temas Nro. 72 (octubre-diciembre de 2012). Allí se abordan varias cuestiones de interés, pero he querido retener este segmento porque conecta con inquietudes que desde hace algún tiempo me acosan. Cito a Graziella Pogolotti:

Es indiscutible que la actividad cultural ahora es mucho más extensa de lo que pudo serlo en cualquier otro momento anterior de nuestra historia; suceden cosas, y no solamente aquí en La Habana, pero ¿dónde queda ese registro? ¿Y cómo se convoca a los públicos? Tenemos decenas de peñas literarias. ¿Quiénes asisten? Los amigos del homenajeado. Se está produciendo una autofagia que no logra conectar y reproducirse en un ámbito mayor”.

Lo que la Dra. Pogolotti llama “autofagia” otras veces lo he nombrado “autismo del intelectual”. Con ello aludo a esos momentos donde los creadores terminan encerrándose en un universo (el suyo y el de sus más cercanos) que muchas veces confunden con el mundo en que a diario vivimos. En esos casos, la conexión con ese ámbito mayor que no es otra cosa que la “comunidad” a la que pertenecemos, sencillamente brilla por su ausencia.

Encontrar una respuesta que explique ese divorcio es demasiado complejo. Influyen muchos factores, porque el intelectual no es un ente especial o diferente del conjunto de humanos que conforman su auditorio. Pero sospecho que en esa brecha tiene un peso fundamental una suerte de fobia heredada, donde el trabajo comunitario no se percibe como algo que formaría parte de los deberes ilustrados.

Insertarse en la comunidad para pensarla desde allí (y no desde afuera) es algo que tal vez no tenga tanto glamour como escribir o hablar sobre ella en determinados espacios académicos o letrados. Así, se prefiere mantener una distancia que, en el fondo, no es otra cosa que resistencia a perder determinadas posiciones de poder.

Porque si en vez de seguir usando un lenguaje heredado de los viejos tiempos, dejamos que sea esa comunidad a la que pertenecemos la que hable con total espontaneidad, tal vez estaríamos contribuyendo a borrar las distancias. Y ya de paso influir con nuestros saberes de expertos en los cambios que necesita esa comunidad.

Pero, por supuesto, tendríamos que pensar en la comunidad, no como algo estático que está allí para recibir nuestras orientaciones. En la comunidad la gente vive, sueña, sufre, en un estado de sopor permanente. El intelectual, cuando no está jugando el rol de orientador, también está constantemente a cada minuto aprendiendo a vivir. Y necesita actualizarse con todo lo que está pasando a su alrededor.

Por eso resultaría tan importante una vez más aprender a aprender, y permitir que los más jóvenes, por ejemplo, nos permitan entrar sin recelos en su mundo, que es un mundo que por razones culturales y tecnológicas muchas veces se nos antoja ajeno. De allí que aplauda de modo incondicional esta otra sugerencia de la Dra. Pogolotti:

Hay que saber escuchar, renunciar a cierto reflejo condicionado que hemos venido desarrollando en el tiempo, y que nos tiene siempre en guardia para dar una respuesta inmediata. El diálogo, la capacidad de escuchar no es eso; se trata de saber de dónde vienen esas preocupaciones e intereses de los jóvenes, dejar que hablen y no sientan que pueda producirse a consecuencia de eso alguna forma de represalia. Hay que construir un puente de confianza

Juan Antonio García Borrero

CIBERTERTULIA EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS

“MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO”, EL GUIÓN

Los estudiosos de la obra de Tomás Gutiérrez Alea van a tener en este nuevo libro de Ediciones ICAIC, un referente insoslayable. Se trata del segundo libro de la Colección “Guión Cubano” de esta casa editorial, y que pone en manos del lector el guión de Edmundo Desnoes y Titón sobre el que se construyera el filme más significativo de toda la historia del cine cubano.

El libro cuenta con un prólogo de Astrid Santana Fernández de Castro, quien ya nos diera muestras de gran agudeza analítica en el libro que dedicó a examinar las relaciones de la película con la literatura. Asimismo incluye entrevistas con Edmundo Desnoes y Nelson Rodríguez, así como textos de Román de la Campa, Rufo Caballero, y Luciano Castillo, vinculados a la adaptación de la novela y el trabajo de guión.

Comparto un fragmento del artículo que escribí para el volumen, en este caso hablando sobre la recepción del filme en 1968, el memorable año de su estreno.

JAGB

SOBRE LA RECEPCIÓN DE “MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO” EN 1968 (Fragmento)

Por Juan Antonio García Borrero

Para los cubanos de aquellas fechas, el 19 de agosto de 1968 fue un día más bien anodino. Comparado con otros de aquel año que pareció estremecer todo el planeta, y nombrado en Cuba “Año del Guerrillero Heroico” en honor al desaparecido Ernesto Che Guevara, ese día puntual apenas es retenido por quienes elaboran informes históricos relacionados con la isla.

Puede entenderse el bajo perfil de esa jornada. Esas veinticuatro horas carecían del glamour que acompañó al 4 de enero, cuando quedó inaugurado en la capital el Congreso Cultural de La Habana; o del dramatismo del 28 de ese mismo mes, cuando se denuncia públicamente la existencia de una “microfacción” encabezada por el comunista Aníbal Escalante, quienes se oponen a la política del gobierno revolucionario; o del vigor del 13 de marzo, que es el día que Fidel Castro anuncia el inicio de la “ofensiva revolucionaria”, con la que se nacionalizan todas las pequeñas empresas que todavía existían a lo largo y ancho del país en manos privadas. En sentido general, las noticias nacionales reflejadas en los periódicos de ese día apenas parecen ser el eco del esfuerzo colectivo que se le pide al pueblo para hacer realidad la “Zafra de los Diez Millones”, la cual tendrá lugar en solo dieciséis meses.

Aquel 19 de agosto de 1968, sin embargo, fue estrenado en los cines América, Radiocentro (Yara), Mónaco, Tosca, City Hall y Metropolitan el que todavía es considerado por muchos, el mejor filme de toda la historia del cine nacional: Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea. En carta dirigida once días después a Ramón F. Suárez, director de fotografía del filme que había abandonado el país, Titón evoca ese momento del siguiente modo:

“Ya se estrenó la película en seis cines simultáneamente. Lejos de lo que esperábamos, ha resultado un éxito de público sorprendente. Mucho más que cualquier otra película cubana, incluyendo el Burócrata. Hoy se cumple la segunda semana y todavía hay colas impresionantes cualquier día de la semana. Y lejos de lo que esperábamos también, la película no resulta tan polémica ni nada de eso. La gente en su gran mayoría la acoge con entusiasmo (pienso yo que van un poco prejuiciados con la cosa de los premios y todo eso) y son pocos los que están en contra. Claro que ha encontrado algunos enemigos irritados (interesantes e importantes) lo cual me tranquiliza algo con mi conciencia. Lo principal de todo, y eso sí lo esperábamos, es que la película conmueve y hace pensar a la gente. Los inquieta. Y si están a favor de la película es porque sienten que eso los ayuda a comprender muchas cosas. Ha sido un verdadero succes, como diría la gorda de Fandiño.

No tengo las críticas a mano. Me imagino que tu madre te las enviará. De todas maneras, eso es lo más deprimente de todo. No hacen más que repetir cosas que ya hemos dicho en los dos cinedebates que se celebraron antes del estreno y ponerse de parte de la película sin aportar ningún punto de vista original, sin desentrañar su verdadero significado. Es triste, en medio de todo”.[1]

El hecho de que en la misiva Gutiérrez Alea se muestre inconforme con la recepción crítica que ha tenido en su estreno Memorias del subdesarrollo, no hace más que confirmar que las lecturas de una película siempre implicará la existencia de espectadores que intervienen en la decodificación de los mensajes desde su propia historicidad.

Los que asistieron a esas primeras exhibiciones de lo que hoy consideramos nuestro gran clásico, lo hacían desde el sistema de convenciones y creencias que entonces eran dominantes en ese momento puntual. Por otro lado, “el éxito” al que alude Titón habría que verlo asociado a esa necesidad que tenían (y aún tienen) los cubanos de asomarse a sus producciones nacionales; El cineasta cubano Manuel Herrera, quien siendo director de la Cinemateca de Cuba organizaría un homenaje al filme por sus cuarenta años, y fue testigo del estreno, evoca aquel momento de la siguiente manera:

“No sería justo decir que fue un éxito en su estreno. Casi que hubiera sido intrascendente si en su época el estreno de un filme cubano no hubiera sido “de por sí” un hecho cultural importante.

Se estaba en el preludio de la zafra más monumental de nuestra historia, que nunca llegó a consumarse. En lo político parecía que de nuevo nos encaminábamos a un acercamiento al bloque socialista, una vez apagados los aires de la “primavera de Praga” y del “mayo francés”. En lo interno varias fuerzas se enfrentaban por el dominio de la cultura, y una sombra de "dirigismo cultural” ya pretendía acechar a nuestros intelectuales y artistas. Se abría un espacio a Occidente en nuestras pantallas, monopolizadas hasta entonces por un decadente “realismo socialista” que más que abrirnos a la creación, la cerraba. Poco faltaba para que el llamado quinquenio gris asomara en nuestra historia, precedido por una “ofensiva revolucionaria” que pretendiendo ser un paso adelante retrocedía inevitablemente hacia los oscuros prolegómenos de las unidades militares de ayuda a la producción”.[2]

Juan Antonio García Borrero

Notas

PRESENTACIÓN DE “ATRAPADO”, de Daniel Chile, en Camagüey

El próximo jueves, a las cinco de la tarde, en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, estaremos presentando en la Cibertertulia “El Callejón de los Milagros” el cortometraje Atrapado (2016), de Daniel Chile.

De acuerdo a la sinopsis, Roldán es un repartidor de pizzas que vive en una casa en pésimas condiciones y su esposa está a punto de dar a luz. Sin embargo, la entrega de una pizza a un cliente le dará un vuelco a su vida… El cortometraje está interpretado por Carlos Luis González, Alicia Hechavarría, Aramís Delgado y Patricio Wood.

Esa tarde, en la segunda parte del evento, estaremos hablando de las mejores películas cubanas realizadas en el siglo XXI.

EN MEMORIA DE ADRIANO MORENO

Comparto con los amigos del blog esta lamentable noticia que acaba de dejarme Mayra Álvarez en mi muro de Facebook.

Estimados amigos:

Lamentablemente en horas de ayer en la mañana, falleció uno de los fundadores del ICAIC, una de las personalidades de nuestro cine. Conocido por sus amigos como “Nano”, Adriano Moreno.

Nació el 16 de abril de 1945 en Cuba. Hijo de una familia de cineastas cubanos, desde muy temprano incursionó en el mundo del cine convirtiéndose en director de fotografía, asistente y operador de cámara de diferentes largometrajes, cortometrajes, comerciales y video clips.

Comenzó a trabajar en el laboratorio del ICAIC en 1961 y en 1962 se inició como asistente de cámara, lo cual realizó durante catorce años. Posteriormente se desempeñó como camarógrafo. En 1987 fue promovido a director de fotografía. En su filmografía algunos de sus más representativos trabajos en el cine cubano como asistente de cámara son: En días como estos, Cuba 58, Mella, Girón, La odisea del General José, El huésped, La ausencia, Un día de noviembre, Lucía, La primera carga al machete, Los días del agua, No tenemos derecho a esperar, Tiempo de hombres, La nueva escuela; los documentales: Nace una comunidad (1975), El tiempo es el viento (LM) (1976), La sexta parte del mundo (LM) (1977), A veces miro mi vida (LM) (1981), El corazón sobre la tierra (1982), Que levante la mano la guitarra (1983), Mi hijo el Che (1985), Esa mujer de tantas estrellas (1987); como camarógrafo: Vuelo 134 (1965), Los días del agua (1971), El brigadista (1977), Polvo rojo (1981), Se permuta (1983), De tal Pedro tal astilla (1987), Pablo (1978), Tango y tango (1984); como director de fotografía: Dolly back, Clandestinos, Bajo presión, Confesión a Laura, Disparen a matar, El bosque silencioso, Golpes a mi puerta, La fidelidad, futuro incierto, Amaneció de golpe, Mambí, Che, El encanto de la luna nueva, Asesinato en El Meneo, Entre ciclones, Hablo a Venezuela, Mi vida por Sharon, Kangamba.

Fue profesor de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Impartió cursos y talleres en el ICAIC y en Venezuela, Chile, Costa Rica, Colombia y España. Ostenta la medalla Raúl Gómez García y la Distinción por la Cultura Nacional.
Nos sumamos al dolor de sus familiares y amigos más cercanos.

EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS EN ECURED

Ha sido una agradable sorpresa descubrir que el Proyecto de Fomento de la Cultura Audiovisual “El Callejón de los Milagros”, ya tiene su entrada en la Ecured. Todo lo que ayude a concederle visibilidad a los objetivos comunitarios del Proyecto será bien recibido.

Por otro lado, ayer tuvimos un excelente encuentro con buena parte de los educadores de la provincia, preparando el camino para las estrategias que el Proyecto debe trazar en un futuro que ya está allí, porque estamos hablando de acciones concretas para el verano y el curso escolar que viene.

Algo nos quedó claro a todos. El uso creativo de la tecnología no lo propicia la sola posesión de los dispositivos. Necesitamos estimular la voluntad institucional que empuje a convertir la condición de usuario intuitivo en algo fecundante. Y eso solo será posible si nos planteamos la formación de usuarios como una meta tan o más importante que la adquisición de tecnologías. Por suerte, en Camagüey ya empezamos a movernos en esa dirección.

Juan Antonio García Borrero

LA FOTO

Han pasado muchísimos años desde que José Gabriel Martínez Figueredo tomara esta instantánea. Fue durante el durísimo año 1994, cuando Titón estuvo por Camagüey en pleno “período especial” con el fin de rodar algunas secuencias que jamás figurarían en Guantanamera. Creo que fue la segunda vez que anduvo por allí buscando locaciones para una de sus películas, pues antes, en los sesenta, el periódico de la ciudad anunció su presencia, a propósito del inminente rodaje de Cumbite, y el interés del cineasta por aprovechar los asentamientos de haitianos.

Mirando esta foto de mi único encuentro con el cineasta he tenido la impresión de que, no obstante el tiempo transcurrido, como en Memorias, nada ha cambiado. Allí estoy yo con Titón, igual de flaco, tal vez aceptando con resignación que lo mío no son las libras, sino los libros.

Allí está de fondo una ciudad donde la arquitectura colonial pareciera condenarnos a vivir por siempre en una pecera de aguas viscosas, recicladas desde hace cinco siglos, que es la edad que le impusieron los españoles cuando la conquistaron y exterminaron a sus aborígenes (entre ellos al cacique Camaguebax), y la llamaron Santa María del Puerto del Príncipe. Todo parece igual que antes, como congelado en el tiempo, y sin embargo, uno sabe que nada de aquello siguió siendo lo mismo, pues Bergson mediante, sabemos que una foto “no es más que una instantánea tomada sobre una transición”.

Es de ese fluir silencioso, inocente en su devenir devastador, que me gustaría ocuparme en las páginas que sigo escribiendo a propósito de Tomás Gutiérrez Alea. Lo cual me permitiría retomar, como si no hubiese existido transición alguna, las mismas preguntas que acosaban a Titón, y que en definitiva cada individuo puede hacerse de modo independiente: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿qué se ha hecho de nuestros sueños?

Algo raro sucedió con esta foto porque de repente la imagen terminó intrigándome, como si de pronto observara a dos extraños que hasta ayer me fueron familiares, pero que nunca alcancé a conocer bien. De pronto sentí que no era yo quien espiaba ese retrato, sino que un tercero (tal vez el Sergio de Memorias del subdesarrollo con el mismo telescopio que utiliza en la película) fiscalizaba cada uno de nuestros movimientos. Peor aún: nuestros pensamientos más íntimos. Y me vino a la mente Lezama con la enigmática confidencia: “Es como si al avanzar por el aire que cubre la tierra, mirásemos hacia atrás y al encontrarnos con su mirada se nos diese ya el fragmento que nos falta para llegar a donde se comienza”.

Fue ese el origen de éste relato que aún no termino, donde asumo el imprevisto rol de detective de esas emociones intocables que terminan por configurar las arquitecturas de las épocas (en esta oportunidad, mi época); el rol de alguien empeñado en rastrear las huellas secretas de ese fluir (sigiloso, devastador, e indiferente) de los acontecimientos que nos sacuden sin nosotros notarlo, en este caso tomando como punto de partida a Gutiérrez Alea, y ese grupo de amigos al cual pertenecía, dividido de modo brusco por la Revolución de 1959.

Juan Antonio García Borrero

RAÚL PAZ Y ERNESTO LIMIA EN “LA CALLE DE LOS CINES”

Hoy estuvieron de visita en La Calle de los Cines de Camagüey, el reconocido cantautor Raúl Paz, y el historiador Ernesto Limia, como parte de la gira nacional que ambos hacen a favor de poner a dialogar la Historia y la música, sobre todo con los más jóvenes.

Para mí fue un placer explicarles de qué va el Proyecto de Fomento de la Cultura Audiovisual “El Callejón de los Milagros”, y sentir que éramos cómplices de lo mismo: el pensamiento crítico. Gracias a ambos por la cordialidad del diálogo.