Convocatoria al Fondo de Fomento del Cine Cubano 2020

¡Y se hizo la luz…!

Convocatoria al Fondo de Fomento del Cine Cubano 2020

Redacción Cubacine

1ra. Convocatoria Fondo de Fomento del Cine Cubano 2020

En cumplimiento de lo establecido en el Acuerdo 8613 del Consejo de Ministros del 14 de junio del 2019 y de la política aprobada a partir del Decreto Ley 373/2019 del Creador Audiovisual y Cinematográfico Independiente, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) anuncia la apertura de la primera convocatoria del Fondo de Fomento del Cine Cubano (FFCC), con el objetivo de potenciar el desarrollo de la cinematografía nacional.

En medio de las complejas circunstancias que atraviesa el país, producto de la pandemia por la enfermedad COVID-19, se ha decidido lanzar este Fondo de Fomento después de intensas jornadas de estudio y discusión sobre su trascendencia cultural y factibilidad financiera. El Estado y el Gobierno cubanos apoyan este proceso, el cual abre nuevas oportunidades de construcción del cine cubano y estrecha la relación de las instituciones con los creadores.

El Fondo de Fomento abre su primera convocatoria dentro de la Categoría de Largometrajes en las siguientes modalidades:

-ESCRITURA DE GUION DE PROYECTOS DE LARGOMETRAJES DE FICCIÓN, DOCUMENTAL Y ANIMACIÓN.

-DESARROLLO DE PROYECTOS DE LARGOMETRAJES DE FICCIÓN, DOCUMENTAL Y ANIMACIÓN.

-POSTPRODUCCIÓN DE PROYECTOS DE LARGOMETRAJES DE FICCIÓN, DOCUMENTAL Y ANIMACIÓN.

Para seguir leyendo, pinchar aquí.

El jinete sin cabeza (1972), de Vladimir Váinstock

Foto tomada de Internet

Este es otro ejemplo de agujero negro dentro de la historia del audiovisual cubano, y que queremos abordar en la ENDAC. Si a la grandiosidad visual de Soy Cuba le costó trabajo ser reconocida por los críticos, nos será fácil imaginar el destino que le espera a películas como El jinete sin cabeza (Vsadnik bez golovy/ 1972), de Vladimir Váinstock, que tal vez no buscaban otro interés que el simple entretenimiento, algo que para la crítica tradicional de aquel momento (esa que solo andaba a la caza de alturas estéticas), sencillamente no contaba.

Y, sin embargo, también aquí hay huellas del audiovisual cubano que merecen rastrearse. No solo porque en su elenco figuren en el esplendor de su belleza física las cubanas Eslinda Núñez y Farah María, y los actores Enrique Santiesteban y Alejandro Lugo, sino porque detrás de lo que uno ve en pantalla (los mensajes explícitos), permanecen sumergidas todas esas tramas culturales que van desde lo político (colaboración de la URSS con el ICAIC en el llamado “quinquenio gris”) hasta esa asignatura pendiente que tenemos acá, que tendría que ver con la recepción y los modos en que los cubanos asumíamos esos productos importados del campo socialista.

Juan Antonio García Borrero


El jinete sin cabeza

Título original: Vsadnik bez golovy

Año: 1972

País: URSS, Cuba

Género: Ficción

Formato: 35 mm

Tiempo: 100’

Color: Color

Productora: Lenfilm

Dirección: Vladimir Váinstock

Guión: Thomas Mayne Reid, Pavel Finn, Vladimir Vaynshtok, basada en la novela homónima de Thomas Mayne Reid

Fotografía: Konstantin Ryzhov

Música: Nikita Bogoslovsky

Edición: Konstantin Ryzhov

Reparto: Oleg Vidov (Gerald Maurice), Ludmila Savelyeva (Louise Poindexter), Eslinda Núñez (Isidora Covarubio), Enrique Santiesteban (El Coyote), Alejandro Lugo (Woodley Poindexter), Aarne Üksküla (Cassius Calhoun), Ivan Ivanovich Petroc (Zeb Stump), Rolando Reyes Díaz (Mayor), Aleksandr Milokostyj (Henry Poindexter), Platon Leslie (Pluton), Farah María.

Sinopsis:

Texas, Estados Unidos, 1850. Louise Poindexter, hija de un rico hombre de la región es cortejada por el poderoso Cassius Calhoun y el humilde vaquero Gerald Maurice. Ella se enamora del último, pero la desaparición de su hermano, junto a un misterioso jinete sin cabeza que comienza a rondar el lugar, complicará el romance…

FAMCA: una Historia por contar…

Días de diciembre (2016), de Carla Valdés León

Le pregunté a Gustavo Arcos si existía algún Catálogo de lo producido por la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA), que fue creada en el año 1988. “No hay nada”, me dijo, así que como tantas cosas vinculadas al audiovisual cubano que aún no tiene Historia, esa también la tendremos que comenzar a construir partiendo prácticamente de cero.

Recuerdo que en el mes de marzo del año 2015 le dedicamos aquel Taller Nacional de Crítica Cinematográfica al análisis de lo producido en los años noventa. Entonces le pedí a Gustavo que escribiera una ponencia donde nos hablara de lo sucedido en ese otro punto ciego del cine cubano: es increíble cómo seguimos pasando por alto el debate de lo sucedido en esas áreas donde se supone comenzó a germinar todo eso que hoy vemos en forma de películas realizadas por los más jóvenes, o polémicas protagonizadas por los mismos.

¿Dónde aprendieron a pensar de la manera en que hoy se expresan?, ¿qué cine vieron que evidentemente no tiene nada que ver con el defendido en el ICAIC hasta hace poco?, ¿cómo no darnos cuenta que en la FAMCA ya se estaba preparando, para bien, la relectura crítica de un canon demasiado restrictivo?

La relación de películas producidas por la FAMCA, que podrá apreciarse en este link de la Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano, no es definitiva. Pero algo que debemos de acabar de entender es que precisamente nuestra época nos está invitando a pensar la Historia como algo siempre abierto, o algo en permanente construcción, a diferencia de esos sistemas cerrados que solía entregar la historiografía anterior.

Por eso es posible que, dentro de tres o cuatro días, cuando se revise de nuevo el link, ya estén incorporadas nuevas fichas, toda vez que estamos hablando de una herramienta que lo que facilita es el trabajo colaborativo. Y eso es lo interesante: que estaríamos hablando de construir una Historia Pública del audiovisual cubano (que incluye lo que produce el ICAIC, o las escuelas de cine, lo mismo en La Habana, Camagüey u Holguín), basada en el intercambio de memorias que fluyen desde las más insospechadas fuentes, a partir de los aportes de quienes están conectados a esta gran red de redes.

Por lo pronto, comparto con los amigos del blog este texto escrito por el propio Gustavo Arcos para una Muestra-Homenaje organizada por el Festival de Cine de La Habana en el año 2010, mientras reitero la invitación a colaborar con la ENDAC, una plataforma donde caben todos.

Juan Antonio García Borrero


FAMCA (Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual)

Ella trabaja (2007), de Jesús Hernández Bach

La Facultad de Arte de los medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) fue creada en 1988. Por aquellos años el panorama cinematográfico del país sufría radicales transformaciones. La aparición del video como soporte y la entrada al país de nuevas tecnologías asociadas a él, potenciaban la creencia de que el cine era una posibilidad real y tangible para muchos. Contar una historia, expresarse a través de las imágenes pareció entonces no una quimera, sino un viejo sueño hecho realidad.

Hasta esa fecha, la formación profesional de nuestros cineastas o técnicos estaba montada esencialmente sobre una visión pragmática, que legitimaba la práctica como actitud creadora. Hacer cine era un acto de fe, un modo de sentir el mundo y también de mejorarlo. La experiencia y la sabiduría llegaban solo a través del ejercicio, rodar ya era una forma de aprender y aunque la industria instrumentó cursos y talleres de formación profesional, nunca llegó a materializarse la idea de crear una Escuela de Cine hasta ya entrado los años ochenta. Primero fue la Fundación de Cine Latinoamericano, después la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños y finalmente, aunque casi en la misma época, la FAMCA que se ubicaba docente y administrativamente dentro del Instituto Superior de Arte.

En sus primeros diez años, esta Facultad llevó el nombre de Escuela de Cine, Radio y Televisión, abierta solo para personas con experiencia en los medios. Pero la extraordinaria expansión de la creación audiovisual generada con las nuevas tecnologías, propició la apertura en 2001 de los cursos regulares en la FAMCA, habilitados para todos aquellos que tuvieran el talento o las cualidades especiales para entrar en sus predios y recibir una formación completa, que mezclara razonablemente la teoría con la práctica y les permitiera tras cinco años de estudios, realizar obras de cualquier género dentro de la nueva cartografía audiovisual de la nación.

Así, la inmensa mayoría de las películas o materiales filmados en el país en los últimos diez años, que han obtenido premios, aplausos y reconocimientos de la crítica, provienen de corrientes alternativas o que se mueven en la periferia de la industria. Ahí están, para citar solo los más laureados entre los de la FAMCA: Video de familia, Habaneceres, Dos hermanos, Las manos y el ángel, deMoler, Motos, Buscándote Habana, El grito, Model Town, 72 horas, Rara Avis, Zona de silencio, Raza, La bestia, Trovador, La bala, Tacones cercanos y Close Up.

Llama la atención también cómo la existencia de la FAMCA ha posibilitado que talentosos jóvenes de todos los rincones de la Isla puedan integrarse a ese nuevo mapa audiovisual y dentro de él habría que apuntar la mayoritaria presencia de mujeres en sus cursos, egresadas de dirección y fotografía, especialidades que por décadas y criterios reduccionistas le resultaron esquivas.

Nombres como los de Tomás Piard, Ernesto Fundora, Rudy Mora, Orlando Cruzata, Humberto Padrón, Esteban Insausti, Marilyn Solaya, Tamara Morales, Alejandro Ramírez Anderson, Inti Herrera, Luis Najmías Jr, Jessica Rodríguez, Juan Carlos Travieso, Lester Hamlet, Alina Rodríguez, Roly Peña o Ian Padrón son solo unos pocos de los cientos que se han graduado o cursado estudios en ella. Valgan sus obras y este reconocimiento que les brinda el Festival como Muestra de la extraordinaria voluntad creadora de los que, profesores o alumnos, han sabido alzarse cada día y durante dos décadas para conjurar el olvido”

Gustavo Arcos. Un acto de Fe. Publicado en el Catálogo del 32 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, La Habana, 2010

Oculta (2016), de Jessica Franca Artigas

 

José Martí en el audiovisual cubano

Los que pinchen el siguiente link de la Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano (ENDAC), podrán encontrar una amplia relación de películas vinculadas a la figura de José Martí.

No es en modo alguno un listado definitivo, toda vez que la ENDAC se propone precisamente como un espacio colaborativo donde, de modo permanente, se comparta información pública vinculada al audiovisual cubano, sin importar el lugar donde ese audiovisual se haga, las fechas, o los modos de producción.

Martí ha sido desde temprano una figura controversial para el cine cubano. Piénsese en lo vivido por Jean Angelo a raíz de su filme La que se murió de amor (1942), también conocido como Martí en Guatemala y La niña de Guatemala, para comprender que todo intento de humanizar al Apóstol en la pantalla estará condenado a fomentar los más enconados desencuentros.

Debo decir que en lo personal nunca me he sentido obligado a ser como Martí, sino en todo caso a ser con Martí. Porque en lo personal ese es el legado que más aprecio: su vocación para entender la vida como algo inclusivo, no excluyente. Esa filosofía suya de vida, que tiene que ver con lo asertivo, es lo que muchas veces ha inspirado en mí el deseo de intentar entender las razones de los otros, aunque esas razones no sean las que yo comparta en el plano personal.

Creo que Martí seguirá siendo durante mucho tiempo una suerte de vasto territorio donde uno va encontrando señales que ayudan a entender el mundo, no como abstracción, sino como algo concreto que hay que tomar en el día a día.

Y luego está esa empatía con los que tienen menos, con los que en su comentario al famoso texto de Spencer sobre la nueva esclavitud propuesta por el socialismo, él anota que más allá de las críticas que se hacen al colectivismo, al final quedaría el imperativo de resolver la misma situación precaria que originó la utopía socialista.

En las películas que aquí se relacionan hay distintas maneras de apropiarse de Martí, desde la aplaudida forma en que Fernando Pérez lo dibuja en El ojo del canario, pasando por los disparates del Indio Fernández en La rosa blanca (1954) o Gordon Douglas en Santiago (1956), hasta llegar a esos animados que se inspiran en sus poemas.

Lo ideal es que, a partir de ahora ese mapa de Martí en el audiovisual, crezca sistemáticamente con los envíos de información que realizadores y lectores conectados a la red, se sientan motivados de enviar a la página.

Juan Antonio García Borrero

Boceto (1991), de Tomás Piard

Jorge Perugorría, Héctor Noas (Héctor Eduardo Suárez en los créditos), y Francisco Gattorno

Boceto

Año: 1991

País: Cuba

Género: Ficción

Tiempo: 83’

Productora: Televisión Cubana, Asociación Hermanos Saíz, ICAIC.

Dirección: Tomás Piard

Fotografía: Herminio Huerta

Música: Juan Antonio Leyva, Magda Rosa Galván

Reparto: Héctor Eduardo Súarez (Héctor Noas), Francisco Gattorno, Jorge Perugorría, Gisela Rangel, Rebeca Rodríguez, Elsa Camp, José Antonio Roche, Carlos Miguel Caballero, Isidro Domínguez, Aiza García, Catherina Tomás, Jorge Armando Rodríguez, Eduardo Vergara.


Sinopsis

1931. Iván regresa a casa de Andrés y Stinmia – amigos de su adolescencia- en busca del mundo que un día dejó irresponsablemente, pero todo ha cambiado. Otros dos amigos – Jo y Esteban- ya no están. Ella ha desaparecido y él ha muerto asesinado en el destierro. A partir de este instante Iván se enfrenta a su propia conciencia al igual que Andrés, un poeta que no sabe hacia dónde encausar su obra. El mundo interior de los personajes se desborda. Los sueños y los recuerdos perdidos cobran forma hasta que la dura realidad toca a las puertas de la casa. Iván se inmola. Andrés crea la poesía que salvará la memoria de sus imágenes para los que luego vendrán.


Comentario crítico

Boceto es una alegoría bien lírica a la amistad con todas las implicaciones de alegrías, dudas, pequeñas traiciones y perdones que ella implica. Con buenos resultados en el cine experimental, Piard narra en clave de múltiples sugerencias en torno a una historia entre un grupo de amigos ubicados en los años veinte-treinta. La mitad de sus signos “llegan” mediante una apreciable elaboración plástica y la otra mitad queda como un reto para aquellos que deciden enrolarse en su segunda visión. La película es deudora de una estética teatral al uso en los últimos años, incluyendo abundantes desnudos, principalmente masculinos, y de una poesía declamada, difícil de seguir por su tono farragoso y que a fin de cuentas se convierte en la antítesis de la sí bien lograda poesía de la imagen. Rica la imaginación de Piard, pero demasiado metraje para cubrirla”. (Rolando Pérez Betancourt).


Premios

Mejor filme de ficción, actuación masculina (Perugorría y H. E. Súarez), femenina (Rangel y R. Rodríguez), fotografía, banda sonora, música original en IX Festival de Cine Plaza’92; premio a la mejor producción, mejor actuación femenina (R. Rodríguez) y actuación masculina (F. Gattorno) en la Sexta Muestra Audiovisual del Cine Joven’92; premio al conjunto de los actores otorgado por la Asociación de Cine, Radio y TV de la UNEAC en Festival Latinoamericano’92 (La Habana). Seleccionada para la muestra de Cine Iberoamericano por el Consejo Iberoamericano de Cultura Cinematográfica con motivo del Centenario del Cine (1995), premio mejor fotografía, banda sonora, música original en Caracol’92.


Bibliografía

Azucena Plasencia. Poesía vs. Olvido. Búsqueda y realidad de hoy en la obra de Tomás Piard. Bohemia 87 (21): 58; 13 octubre 1995 (Crítica).

Pedro de la Hoz. Boceto en blanco y negro. Granma 3 Diciembre 1992, p 6 (Comentario).

Rolando Pérez Betancourt. Mascaró, Boceto, Vidas paralelas… Granma 10 Diciembre 1992, p 6 (Comentario)

Rufo Caballero. Luces al sur de la frontera. Juventud Rebelde 6 Diciembre 1992, p 7 (Comentario)

Estudios Cinematográficos del ICRT en Santiago de Cuba

El actor Raúl Pomares en “El sastre” (1984), de Jorge Luis Hernández

En este recorrido que estamos haciendo por lo que me gustaría llamar la Historia del cine cubano sin Historia, no podría faltar la mención a los Estudios Cinematográficos del ICRT en Santiago de Cuba.

Ignoro si ya existen investigaciones puntuales que aborden lo allí producido, pero lo interesante sería promover una investigación que, además de lo arqueológico, nos permita conectar ese cuerpo de películas que se filmaron en Santiago de Cuba con el gran cuerpo audiovisual de la nación, y formular preguntas que se interesen por los puentes sumergidos donde es posible detectar las convivencias de prácticas culturales compitiendo entre sí.

En un post publicado en el blog, y que ahora rescato para compartir con los amigos, apuntaba en una de sus partes:

“¿Tendremos la posibilidad alguna vez de reconstruir la historia de los Estudios Cinematográficos de la Televisión en Santiago de Cuba?, ¿habrán sobrevivido los filmes allí realizados?, ¿se conservan los guiones, las entrevistas de los realizadores si las concedieron? Más que por una cuestión arqueológica, importaría aproximarse a ese universo porque puede ayudarnos a complementar la visión de una época (los ochenta) donde lo más renovador del cine cubano se estaba alcanzando fuera del ICAIC, a través de las películas producidas por los Estudios Cinematográficos de la Televisión, los Estudios de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el Taller de Cine de la Asociación Hermano Saíz, o los cine-clubes de creación, entre otros centros productores”.

¿Con quiénes dialogaban las películas realizadas en esos Estudios?, ¿qué tecnologías usaban?, ¿cuál era el público al que se dirigían?, ¿cuáles tramas institucionales operaban detrás de las historias que veíamos en pantalla que no pudieron garantizar la permanencia de esos equipos de producción?

Sirva este post que ahora rescato y comparto como un homenaje a Jorge Luis Hernández, uno de los escritores cubanos más inquietantes que he tenido la oportunidad de leer (su novela Un tema para el griego fue, junto a Las iniciales de la tierra, de Jesús Díaz y Matarile, de Guillermo Vilar, uno de los libros que más me marcó en mi período universitario).

JAGB


Hoy, hurgando en mis archivos, me salió al paso el inolvidable escritor santiaguero Jorge Luis Hernández (1946- 2004). Siempre he asociado su nombre a lo mejor de la literatura cubana escrita en los años ochenta, sobre todo por el tremendo impacto que provocó en mí la lectura de la novela Un tema para el griego; sin embargo, según la escritora, guionista, y su compañera sentimental en la vida, Aida Bahr:

Jorge Luis Hernández en “El juicio final” (1987), de Raúl Pomares

Desde principios de 1982 hasta 1989, Jorge trabajó en cine. En esos años no escribió narrativa. No lo necesitaba, estaba creando en otro medio. Si hubiera podido seguir haciendo ficción tal vez no habría escrito ningún otro relato, o tal vez sí, ¿quién sabe? Lo que sí puedo decir es que La evasión de Cristián Pied iba a ser una película. Esa idea lo tenía fascinado. Quizás algún día alguien la filme”.

Y, en efecto, antes de ganar notoriedad literaria con “Un tema para el griego”, Jorge Luis Hernández ya había obtenido sendos premios Caracol por el guión y la dirección de El sastre (1984), adaptación fílmica de un fragmento de la conocida novela de José Soler Puig “Bertillón 166”, que más tarde Rebeca Chávez retomaría en su Ciudad en rojo (2009).

Sobre esta etapa de su vida, ha comentado el también escritor José M. Fernández Pequeño:

“Alrededor de 1980, Jorge Luis Hernández y yo habíamos comenzado a vincularnos con algunos proyectos del realizador de documentales Roberto Román y, a través de él, con los Estudios Fílmicos de la Televisión Cubana en Santiago de Cuba. Jorge Luis buscaba dejar su trabajo como ingeniero eléctrico e instalarse en un terreno cercano a la creación artística, mejor si era en los predios de lo narrativo. Yo quería escapar de la burocracia cultural y sus atosigantes informes de cumplimiento, verdaderos ejemplos de la más triste y delirante ficción. (…) Así pues, mientras decidí finalmente desviarme hacia la Casa del Caribe –donde comencé a editar la revista Del Caribe-, Jorge Luis pasó a trabajar en los Estudios Fílmicos de la Televisión Cubana y, junto a Román, se dio a la ardua –y torpemente obstaculizada tarea de levantar una producción cinematográfica digna en la región. Hija de esa labor fue su serie de documentales antropológicos, pero, además, suya fue la hombrada de atreverse con la ficción, de donde saldría el corto El sastre, cuyo argumento se desprende de una línea de Bertillón 166, la emblemática novela de José Soler Puig”.

Lo que podemos enriquecer con lo que Aida Bahr comenta:

“Trabajaba en los Estudios Cinematográficos para la Televisión, que tenían una filial aquí en Santiago. Había pocos recursos técnicos, pero en el 82, cuando Raúl Pomares y él entraron como realizadores, gracias a las gestiones de Roberto Román, había muchos deseos de hacer filmes que valieran la pena. Ese grupo de creadores, que entusiasmaron y arrastraron en esa empresa a los técnicos, muchos de los cuales no tenían más interés en su trabajo que el salario, encontraron la oposición férrea de los administrativos, porque se les acabó la vida cómoda. No puedo entrar en detalles, y no quiero decir nombres, más por respeto a los familiares que a los propios personajes, pero les pusieron trabas de todo tipo, y hablo de los dirigentes de aquí, pero también en La Habana la súbita actividad del estudio santiaguero trajo signos de alarma, y vino una inspección que determinó que no había condiciones para hacer ficción en Santiago de Cuba, justo cuando un cuento fílmico de Jorge basado en Bertillón 166, El sastre, acababa de ganar tres premios Caracol en el Festival Nacional”. Lee el resto de esta entrada

Los Cine-Clubes de Creación en Cuba

Daína Chaviano y Pablo Lorenzo en el filme “La barrera” (1988), de Tomás Piard.

¿Se podrá escribir en algún momento la Historia de los Cine Clubes de creación en Cuba? Si pensamos en ese tipo de Historia que domina nuestro imaginario, una Historia donde hay una relatoría íntegra de hechos, anécdotas, valoraciones, definitivamente no.

Todas esas películas fueron concebidas para brillar una noche, en un marco más bien estrecho. Y por lo general ni siquiera los propios cine clubistas estaban conscientes del valor cultural que podría tener el conjunto de esas producciones para la memoria de la nación.

Eso ha traído como consecuencia de que, además de que muchas de esas películas ya no existen, o resultan bien difíciles de localizar, tampoco las huellas de su paso o la documentación de su existencia, puede encontrarse con facilidad: los críticos apenas escribieron sobre ellas.

Tomás Piard pareció ser uno de los pocos que miraba todo ese “cine aficionado” con la misma seriedad con que se examina “la gran Historia”. Conservaba con una devoción digna del gran cinéfilo que siempre fue, las fotos de aquellas películas que filmaban en las más precarias condiciones.

Hoy, cuando vemos a la gran escritora Daína Chaviano, por ejemplo, en fotogramas de La barrera (1988) o En la noche (1988), de Piard, adivinamos de golpe las tremendas lagunas que tenemos en esta zona de nuestro audiovisual.

Y no se trata ahora de pretender cultivar una historia arqueológica que nos dejaría a merced de la dictadura del fragmento y la simple nostalgia de lo que fue, sino de impulsar una historiografía crítica que nos permita detectar ese “espíritu de época” que se respiraba en la creación audiovisual toda.

Como una contribución a esa Historia crítica que en algún momento se practicará, dejamos este link de la ENDAC, donde puede apreciarse una parte de la producción de los principales Cine Clubes del gran movimiento que se originara en los ochenta, luego de la fundación del Círculo de Interés Cinematográfico de la Casa de Cultura de Plaza.

Está claro que falta aquí muchísima información, pero ojalá esos vacíos devengan incentivos para ensayar otras maneras de irrumpir en el universo cinematográfico de la época.

Juan Antonio García Borrero

Doble juego (2002), de Rudy Mora

Traemos otro buen ejemplo de lo que sería el pensamiento renovador del lenguaje audiovisual, pensado en esa zona donde lo televisivo y lo cinematográfico se confunden, para dar lugar a un producto arriesgado, que desafía el horizonte de expectativas de los públicos que asisten al espectáculo y no encuentran lo previamente pactado.

Rudy Mora maneja a conciencia esas transgresiones. Le gusta incomodar, primero con su serie, y luego con la versión para cine. Y a ello súmenle el retrato que hace de sus personajes, llenos de virtudes y defectos.

Aquí en Doble juego los protagonistas ya hacen algo más que soñar… Llevan consigo la carga de los conflictos que a diario deben padecer en lo cotidiano, y lo lanzan sin eufemismos al foro público. Como si se acordaran del sarcasmo de Ambrose Bierce: “Si quieres hacer realidad tus sueños: ¡despierta!”.

JAGB

Doble juego

Año: 2002

País: Cuba

Género: Ficción

Formato: VHS

Tiempo: 108’

Color: Color

Productora: Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT)

Producción: Joly Atencio

Dirección: Rudy Mora

Guión: Olga Consuegra

Fotografía: Iván Díaz

Edición: Rudy Mora

Música: Polito Ibáñez, Alexis Morejón

Sonido: Efrén Bravo

Dirección de arte: Rudy Mora

Reparto: Liety Chaviano, Mónica Alonso, Eslinda Núñez, Corina Mestre, Raúl Pomares.

Sinopsis

Dos adolescentes tratan de ser ellas mismas y compiten en el doble juego que les traza la vida… ¿podrán lograrlo con su inexperiencia? Los primeros amores, los maltratos filiales, el sexo por apuesta y un embarazo no deseado y oculto ponen en peligro vida y futuro.

Algo más que soñar (1985), de Eduardo Moya

Enrique Álvarez, Luis Alberto García, Isabel Santos, y Patricio Wood

Otra zona que todavía queda por incorporar de un modo natural a la Historia del Audiovisual cubano, es la que hablaría de la producción de los Estudios Cinematográficos y de Televisión del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Creados en 1961 con un claro encargo ideológico y político, en un inicio contó con la asesoría de cineastas tan ilustres como Joris Ivens, entre otros. Sería interesante estudiar en qué forma las propuestas temáticas y soluciones audiovisuales de estos Estudios comenzaron a complejizarse, para pasar de lo que inicialmente podría tener un fin meramente adoctrinador, a la búsqueda de representaciones más cercanas a lo artístico, con toda la voluntad de mostrar la complejidad del ser humano.

De la extensa producción, Algo más que soñar (1985), de Eduardo Moya, tal vez sea la que mayor impacto popular tuvo. Inicialmente fue una serie de nueve capítulos de aproximadamente una hora de duración, pero también existe una versión para cine de 90 minutos (en Camagüey tuvimos oportunidad de proyectarla en los cines).

Obtuvo el Premio Caracol en el II Festival de Cine, Radio y Televisión, el Premio VII Festival Nacional de la Radio y la Televisión de Santiago de Cuba (1986), así como el premio de la popularidad “Girasol Opina” (1985).

Comparto la información que hemos recopilado para su entrada en la ENDAC.


Algo más que soñar

Año: 1985

País: Cuba

Género: Ficción, Serie

Formato: 35 mm

Tiempo: 90’// En formato de serie, nueve capítulos de una hora de duración.

Color: Color

Productora: Estudios Cinematográficos y de Televisión del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (también conocida como ECITV-FAR y ECIFAR)

Dirección: Eduardo Moya

Argumento y guión: Eliseo Altunaga, Roberto Díaz, Enrique de la Uz, Eduardo Moya

Fotografía: Ángel Alderete

Cámara: Raúl Booz, Huberto Valera

Música: Pablo Milanés

Dirección de doblaje: Raquel González

Director asistente: Danilo Lejardi

Sonido: Omar Hechevarría, José León

Edición: Jorge Pérez

Escenografía: Guillermo Mediavilla

Vestuario: Diana Fernández, Mercedes Nodarse

Maquillaje: María Elena del Toro

Jefe de iluminación: Gerardo Touza

Cámara de animación y efectos ópticos: Santiago y Paul Mesa

Pirotecnia: Jorge Montesinos

Asesor: Teniente Coronel Emilio González Roche

Créditos: Miguel Fleitas, Oscar Alonso

Reparto: Luis Alberto García, Patricio Wood, Isabel Santos, Rolando Brito, Aida Hernández, Martha Jean Claude, Alberto Molina, Beatriz Valdés, Miguel Navarro, Martha del Río, Enrique Álvarez, Luis Alberto Ramírez, Manuel Porto, Luis Alberto García (padre), Miriam Ramos, María Elena Escalona, Caridad Almenares.

A fuego limpio (1987), de José Andrés Torres

Comparto otra de las entradas de la ENDAC, esta vez con información de una de las películas más polémicas concebidas por los Estudios Cinematográficos de la Televisión en los años ochenta.


A fuego limpio

Año: 1987

País: Cuba

Género: Ficción

Formato:

Tiempo: 60’

Color: Color

Productora: Estudios Cinematográficos de la Televisión

Producción: Alfredo Vicens

Dirección: José Andrés Torres López

Guión: Eduardo Heras León, José Andrés Torres López

Fotografía: Avelino Fernández

Edición: Candita Rodríguez

Sonido: Manuel Lima

Reparto: Luis Alberto Ramírez, Orlando Casín, Juan Carlos Romero, Luis Alberto García, Luis Alberto García (hijo), Idelfonso Tamayo


Sinopsis

En una fábrica metalúrgica, la administración y el sindicato discuten un conflicto laboral.


Comentario crítico

En A fuego limpio, la hechura expone las ideas con suma claridad. No hay confusiones. Las lecturas están al alcance de todos. Planteo de cuestiones filosóficas vitales al socialismo. Los porqués que mueven al hombre. Y no queda duda en el tapete: la honestidad individual y el ejercicio de la democracia son imprescindibles. ¿Cómo se logra esta entrega en el lenguaje artístico? A nuestro entender, el primer paso está en la credibilidad de los diálogos y en el enfoque plástico realista. Hasta la escena de los sueños responde a la idiosincrasia cubana.

(…)

A fuego limpio nos lanza a la lucha. No es todavía, esa gran obra artística imaginada en meditaciones estéticas. No rompe con viejos presupuestos del lenguaje audiovisual. Pero le habla directamente al hombre y este le responde. Es bastante, en este momento.” (Ilse Bulit)


Bibliografía

Azucena Isabel Plasencia Hernández. Auténtica obra de arte. Bohemia 80 (23): 7; 3 jun 88 (Crítica)

Ilse Bulit. A fuego limpio. Bohemia 80 (23): 6-7; 3 jun ’88. (Crítica)

Manuel González Bello. Al fuego le faltaron llamas. Bohemia 80 (23): 7; 3 jun ’88 (Crítica)

Sahily Tabares. A fuego limpio. Verde Olivo (49): 58-59, 10 dic’87