Archivo de la categoría: CINEASTAS EN LA DIÁSPORA

EN MEMORIA DE TOMÁS MILIÁN (1932- 2017)

Tardé mucho en enterarme del origen cubano del actor Tomás Milián. Lo vi por primera vez en pantalla allá por los ochenta, en una de las proyecciones de la Cinemateca de Cuba en el cine Guerrero de Camagüey. Se trataba del filme italiano de episodios Rogopag (1963), donde Milián es dirigido por Pasolini en el capítulo “La Ricotta”.

Los cinéfilos que éramos entonces a duras penas contábamos con la información publicada en las revistas y periódicos del país. Y que yo conozca nada se publicó sobre Milián por esas fechas. Así que, al menos yo, demoré en saber que ese actor reclamado por Michelangelo Antonioni para el protagónico de Identificación de una mujer (Identificazione di una donna/ 1982), estrenada en Cannes, se llamaba en realidad Tomás Quintín Rodríguez Milián y había viajado a los Estados Unidos en los años cincuenta (con apenas 21 años), con el fin de entrenarse en el famoso Actor´s Studio.

De todos modos, era imposible que alguien que hubiese estado a las órdenes de Mauro Bolognini (La noche brava/ 1959; El bello Antonio/ 1960), Luchino Visconti (Boccacio’ 70/ 1972), Renato Castellani (Mar loco/ 1973), Carol Reed (La agonía y el éxtasis/ 1965) o Carlo Lizzani (Bandidos en Milán/ 1968), no comenzase a llamar la atención de nosotros, los cinéfilos de entonces. Si directores de ese renombre lo pretendían con tanta frecuencia, pensábamos, tenía que ser por algo. Lee el resto de esta entrada

SOBRE “EL SUPER” (1978), de León Ichaso y Orlando Jiménez Leal

Toda evocación histórica corre el riesgo de pasar por alto lo que en la vida real (lo que Husserl llamaría “el-mundo-de-la-vida), estaban experimentando los seres de carne y hueso.

Los recuentos de los historiadores apenas toman en cuenta la significación general de las efemérides, el impacto y consecuencias de las crestas más sobresalientes de ese acontecimiento del cual se hablará en la posteridad; en esos relatos los individuos concretos, con sus pasiones y expectativas se esfuman, para dar lugar a un escenario supuestamente pre-existente a las elecciones humanas, desde el cual se puede reconstruir de modo objetivo lo que sucedió o pudo dejar de suceder. La subjetividad, que es siempre dinámica e impredecible, en estos casos no cuenta. Por suerte, el verdadero arte consigue subsanar los dislates que una lectura tan reduccionista va dejando en su accionar: en el verdadero arte los individuos se muestran en todo el esplendor de sus contradicciones, como los seres humanos que somos al fin.

El super fue la primera película rodada en el exilio que intentó posicionarse más allá de los estrechos perímetros del diferendo político que habla de fidelistas y anticastristas. Es una película donde uno puede encontrar todavía el dolor y las alegrías de la gente que retrata en su historia. Se trata de una cinta de León Ichaso y Orlando Jiménez Leal que se apoya en la famosa obra de teatro de Iván Acosta, y que este año ha sido objeto de un justo reconocimiento por parte de varios críticos y artistas, a propósito de los 35 años que cumple. Lee el resto de esta entrada

PABLO FERRO

Me ha gustado mucho esta entrevista publicada en el sitio “Cuban Art News”, a propósito del documental que Richard Goldgewicht ha dirigido con el fin de rescatar del olvido la obra del cubano Pablo Ferro, alguien de quien habíamos hablado en el blog hace algún tiempo de modo general, y del que se dice introdujo por primera vez el efecto de imágenes “Split-screen” a través del filme The Thomas Crown Affair.

Es muy interesante la pregunta que le hacen a Goldgewicht, y la respuesta que este aporta:

Pregunta: Conociendo a Pablo como usted lo conoce, ¿cómo describiría su cubanidad? ¿Cuán importante usted piensa fue esto para la formación de su carácter?

Respuesta: Desde el punto de vista estético, no lo sé. Analizando el carácter puedo decir que el hecho de que él llegara a Nueva York en la década de 1940 como un joven inmigrante latino -y luego tuviera que trabajar para mantener a su familia después de que su padre los abandonó- es una historia de supervivencia. No he querido analizar la influencia de Cuba en su arte. Siempre estuvo interesado en la animación. Él es un artista del collage- que da sentido a secuencias aleatorias, un artista pop que reutiliza elementos y que fácilmente puede revisualizar el comienzo de una película. No puedo decir cómo su herencia cubana lo ha influenciado.

Mi criterio es que para los historiadores interesados en enriquecer el relato del audiovisual hecho por cubanos, lo interesante estaría en indagar el significado de esas presencias en contextos foráneos. Más que rastrear en una identidad de origen que en teoría perdura, examinar las negociaciones que se establecen entre la cultura que se porta y la que se recibe, con especial atención al escenario “real”, ese donde los seres humanos han de lidiar con el fin de sobrevivir. Algo de esto es lo que hace Ana López en su artículo sobre I Love Lucy (1951-1957, CBS) cuando se pregunta, a propósito de Desi Arnaz:

¿Qué hacía un cubano  en el programa más exitoso de la televisión en cadena de los años cincuenta, y cómo llegó allí? ¿Cómo entender su presencia en un programa que codificaba las convenciones, estructura y estilo del género de sitcom y que probablemente fuera la comedia más popular transmitida jamás, la primera que se vio en diez millones de hogares norteamericanos?”.

Seguimos sabiendo tan poco de estos asuntos que decido concluir este brevísimo post del mismo modo que cerré aquel: leyendo este tipo de información sobre Pablo Ferro, crece mi convicción de que el cine realizado por cubanos (en cualquier parte del mundo) es todavía una historia por escribirse.

Juan Antonio García Borrero

LINO E. VERDECIA SOBRE EL CINE CUBANO MÁS ALLÁ DEL MAR

A PROPÓSITO DEL COMENTARIO DE GARCÍA BORRERO SOBRE EL ARTÍCULO “El cine cubano de la diáspora: la identidad fragmentada”, de J. L. Lanza Caride

Juani:

SABIDO es que el tema de la identidad es harto atractivo a la vez que sumamente complejo y de por sí polémico. Me gusta la polémica, pero la polémica reposada, con pasión pero sin exaltación, con calor pero sin fiebre. Y como ya me “inculpaste” con toda razón y camaradería que no me hubiera sumado a otros momentos donde ha habido controversia, he aquí que –porque además dispongo de un poquito de tiempo- voy a llegar hasta tu blog por vez primera. (La razón para no haberlo hecho antes estriba en que acceder a Internet para mí es, generalmente, casi una hazaña, aunque pueda parecerle muy raro a colegas y lectores en general. Como decía aquel personaje del humorismo radial que encarnaba José Antonio Rivero: “no andes en esa gaveta, que tiene cucarachas”).

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Pero vayamos a lo que me (nos) ocupa. Lamento tener que partir de no conocer el artículo del colega Lanza, pero colijo por tu comentario cuál es la perspectiva con que enfoca su contenido, por lo menos en cuanto a las dos cosas que le objetas –y que me absuelva el joven crítico de otra intención si es que yerro el tiro. 

Sería escamotear aristas a la verdad si negase que durante los años que hace que nos conocemos no recordase las veces que hemos comentado varios de los criterios que has venido argumentando en tus múltiples enfoques sobre el cine cubano -aunque a veces dudo y prefiero emplear, para ciertas obras, hecho por cubanos. Te agradezco que con tus textos hayas sido quien más me ha ayudado a reflexionar al respecto.  Ahora bien, en cuanto a tu primera impugnación casi estoy convencido de que el problema está en que tenemos la tendencia de tratar de encontrar siempre al “malo de la película”, “al lobo”, y es ahí donde nos enredamos y extremamos, o para decirlo con vocablos popularizados en estos tiempos, nos mareamos.

Y que conste, no estoy negando la posibilidad de que exista tal personaje –principal o de reparto-, sino que a veces culpamos solo al río de las inundaciones, cuando en verdad para ello antes tuvo que haber intensas lluvias. Lee el resto de esta entrada

OTRA VEZ SOBRE EL CINE CUBANO MÁS ALLÁ DEL MAR

El joven investigador cienfueguero Jorge Luis Lanza Caride acaba de publicar en la revista “Palabra Nueva” un artículo con el título El cine cubano de la diáspora: la identidad fragmentada.

Más allá de que en las notas el estudioso haga referencias a determinados conceptos y textos que en lo personal he manejado o escrito con anterioridad (lo cual pareciera comprometer peligrosamente mi ego, obligándome a aplaudir todo lo que allí se dice), el artículo me parece loable porque contribuye a concederle visibilidad a un problema que aún no acaba de instalarse de forma natural en la agenda de estudios de los investigadores del cine cubano. Pero como el asunto no es andar regalándonos flores entre nosotros mismos, sino ayudarnos a pensar sin prejuicios algo que forma parte de nuestra cultura (más allá de lo político), pues me gustaría retomar algunas zonas del trabajo, oponerle un par de objeciones, y si ello fuera posible, sumar nuevas interrogantes.

Lo primero es que no me parece feliz iniciar el análisis con la afirmación de que es el icaicentrismo el que en primera instancia promueve la invisibilidad de esa producción. Para empezar, hay que admitir que la institución ICAIC se rige por una política cultural donde aún sigue funcionando el viejo dictum “Dentro de la revolución, todo; contra la revolución nada”. Luego, sería absurdo pedirle a ese instituto (tal como se define hoy en lo político) que programe en el cine Yara Guaguasí (1978), de Jorge Ulla; Los gusanos (1980), de Camilo Vila, Amigos (1986), de Iván Acosta, o Conducta impropia (1986), de Néstor Almendros y Jiménez Leal, por mencionar apenas algunas. Porque no se trata de escoger dos o tres (El súper, por ejemplo), y renunciar a otras apelando al escaso valor estético. En definitiva, ¿el ICAIC no ha producido películas definitivamente malas y se exhiben como parte de nuestro patrimonio fílmico? Lee el resto de esta entrada

APÓCRIFO (2012), de Ernesto Fundora

Hace unos tres meses tuve el privilegio de ver por vía privada Apócrifo (2012), tercer cortometraje de ficción del reconocido creador de video-clips Ernesto Fundora (La Habana, 1967). Fue un privilegio en tanto el filme todavía no se exhibía, digamos de modo normal, entre otras cosas porque su selección para participar en algunos festivales de este año ha impuesto restricciones al respecto.

En su momento tomé abundantes notas y quise escribir sobre el corto de inmediato, pero estaba en víspera de una intensa actividad fuera de casa que terminaría por sacarme de la tranquilidad cotidiana indispensable para ocuparme profesionalmente de los asuntos pendientes. Ahora quiero escribir sobre el corto, y tropiezo con el inconveniente de que mi memoria no está regresando tanto al filme en sí (que ya no tengo a la mano), como a las profusas notas que tomé de aquella primera impresión, o lo que es lo mismo, al recuerdo inquietante que dejó en mí no solo la historia que cuenta o el modo en que ésta se narra, sino lo que significa percibirlo en medio de lo que ya han llamado “espacio público transnacional”.

Ernesto Fundora es, a mi juicio, de todos los realizadores cubanos de audiovisuales el que con más intensidad está pensando hoy en día su actividad. No se ha conformado con conseguir el reconocimiento internacional dentro de la industria del video-clip (con trabajos de gran resonancia para celebridades como Celia Cruz, Olga Tañón, o Willy Chirino), sino que se ha empeñado en repensar críticamente cada uno de los cánones heredados en su formación, poniendo en solfa tanto el autoritarismo de las tradiciones, como el gesto empobrecedor de los nacionalismos extremos. Y esa lectura hereje la realiza desde el sólido diálogo que ha establecido con la filosofía, los estudios culturales, y el pensamiento estético contemporáneo. Lee el resto de esta entrada

ROLANDO DÍAZ SOBRE EL CINE CUBANO COMO UN TODO

Hola, Juan Antonio:

Soy de los que, viviendo fuera de Cuba, leo tu blog con interés. Recientemente he visto un post de Gustavo Arcos pidiendo que se vea TODO el cine cubano, incluyendo el que se realiza fuera de Cuba (como en otras ocasiones yo he reclamado) en un hipotético encuentro anual sobre nuestro cine.

Te escribo para hacerme nuevamente eco de esa, por llamarla de alguna manera, solicitud. Es insólito que en los tiempos que corren no se reconozcan determinadas obras como patrimonio del cine nacional. Vuelvo a hablar de mi obra, no me corresponde sustituir otras voces que quizás ni siquiera estén interesadas en esta propuesta, y que conste, que lo hago, sobre todo, desde el respeto. Pero no reconocer la existencia de Melodrama (tú eres de los pocos que lo ha hecho públicamente), Si Me Comprendieras (ni siquiera sé si la has visto), Cercanía o Actrices, Actores, Exilio como parte del quehacer nacional  (y por supuesto no hablo de calidades, estoy dispuesto a toda tipo de polémica) me resulta cuasi patético, si no fuera por el dolor que me causa que para nuestra gente siga siendo sólo el autor de algunos noticieros, documentales y de Los Pájaros Tirándole a la EscopetaEn Tres y Dos

Sé que algunos censores al hacer referencia a la palabra  dolor, sentirán que se han salido con la suya… Triste papel el de aquellos que se consideran Yoes Supremos de la Cultura, qué ironía, qué pobreza de espíritu.

Feliz año para ti y para todos los lectores de tu blog.

Rolando Díaz.

HOMENAJE A FAUSTO CANEL EN LA UNIVERSIDAD DE LA FLORIDA

El investigador Gerardo Muñoz ha organizado un encuentro académico en la Universidad de La Florida, con el siguiente título: “Early Revolutionary Cuban Film 1961-1968: Ideology, Aesthetics, and Censorship (Homage to Fausto Canel)”.

Ya de paso aprovecho para agradecer públicamente la invitación que en su momento me hizo llegar, si bien siempre tuve mis dudas de que en tan poco tiempo (menos de un mes) se pudieran cumplir todos los trámites que se exigen para viajar.

Desde luego que me hubiese encantado participar en el evento por varias razones. En el plano académico, promete mucho, según lo que el propio Muñoz ha argumentado: “Intentando distanciarnos de los análisis maniqueos que aún perduran en la historiografía crítica sobre el cine cubano de los sesenta, el doble filo de esta conferencia es repensar los debates de aquellos años dentro de un marco interdisciplinario y abierto a la multiplicidad de lecturas y visiones encontradas sobre la compleja encrucijada entre Revolución y la cultura”.

Luego está el merecido homenaje a Fausto Canel, uno de los fundadores del ICAIC (formó parte del reducido grupo inicial que ocupó el quinto piso del edificio Atlantic), colaborador de “Lunes de Revolución”, y realizador de largometrajes como Desarraigo y Papeles son papeles, o documentales como Hemingway.

Hace un par de años, acá en Camagüey, también le dedicamos el Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica a la relectura de la llamada “década prodigiosa del cine cubano”. Recuerdo que surgieron criterios de algunos que no entendían por qué se tenía que regresar al pasado, cuando en la teoría nos haría falta examinar críticamente el presente, con el fin de proyectarnos mejor al futuro.

Entonces escribí aquel post que titulé “Exceso de historia, déficit de vida”. Mi argumentación de entonces creo que coincide, en esencia, con el planteamiento que ahora hace Gerardo Muñoz. Necesitamos desmarcarnos de las visiones estereotipadas del pasado, pero urge también comenzar a construir ese “marco interdisciplinario y abierto a la multiplicidad de lecturas y visiones encontradas” que permita iluminar aquello que hasta ahora ha permanecido en las sombras, o se sigue interpretando de un modo bastante parcial.

Eventos como este, como el celebrado en su momento en Camagüey, pueden contribuir a concederle carácter académico a lo que hasta ahora ha sido sobre todo interminable disputa ideológica.

Juan Antonio García Borrero

LICHI

No alcancé a disfrutar de ese sentido del humor que dicen era fabuloso en él. Lo he leído poco, pues luego que publicara “Informe contra mí mismo” su nombre se hizo entre nosotros fantasmal, y sus libros, intangibles. Pero si algo me engancha aún de esa prosa que ha llegado a mí (un buen escritor tiene la ventaja de ser invocado todo el tiempo en presente, aún cuando falte en lo físico), de sus maneras de decir las cosas, es su vocación a exorcizar los resentimientos, y priorizar la búsqueda de una reconciliación con los otros, y consigo mismo.

No es fácil mantener esa voluntad fraternal en un contexto tan polarizado como el cubano. Eliseo Alberto, mejor conocido por Lichi, fue valiente asumiendo una postura que en modo alguno es mayoritaria en la nación. Porque integrarse a los grupos que confrontan entre sí siempre reportará mucho más seguridad que defender nuestras dosis de verdades desde el individuo frágil y aislado que somos.

Este mismo año un amigo común me hizo llegar su dirección electrónica, pues tenía interés en que me hablara de su amistad con Titón, de los proyectos en los cuales trabajaron juntos. Yo ni siquiera conocía de sus problemas de salud, y hasta temí que siendo un escritor “famoso” nunca me respondiera. Pero allí está ese breve correo que me envió:

“Juan Antonio: cuenta conmigo para lo que necesites. Por Titón, todo. Podemos seguir comunicándonos por acá. Un abrazo.

Eliseo

Manda cuestionario, lo que quieras”.

Ahora ya no podré preguntarle sobre el inicio de esa amistad creativa relacionada con el cine, que tuvo su primer crédito público con “Cartas del parque”, cinta dirigida por TGA en 1988, basada en un guión de Eliseo Alberto, Gabriel García Márquez, y el propio Titón. Antes, ambos habían presentado al ICAIC un argumento titulado “Contra su voluntad”, que no sería filmado por Alea hasta 1995 con el título de “Guantanamera”. Asimismo el cortometraje “Contigo en la distancia” (1991), cuyo guión otra vez Lichi concibió junto a García Márquez. También llegaron a trabajar en dos argumentos más, aunque no rodados: “Homo sapiens” y “Otra tumba para Leroy”.

Pero más allá de la afinidad hacia un oficio, sospecho que había aquí una verdadera comunión de afectos, una profunda complicidad espiritual, ya que en Titón y Lichi la postura cívica, la inconformidad con lo que la cotidianidad nos propone de modo autoritario como el orden natural, iba por delante de las meras representaciones artísticas.

A los dos les interesaba asomarse a ese abismo voraginoso que es la condición humana. No en balde los personajes de sus respectivas tramas suelen ser individuos zarandeados por las circunstancias colectivas, por el absurdo de la coexistencia, y no en balde (como ellos mismos lograron), consiguen ingresar a esa otra dimensión de la realidad donde la finitud encarnada en la muerte ya no es posible, porque se han ganado la memoria del espíritu, que como sabemos, nos sobrevive cuando ostenta finesa.

Juan Antonio García Borrero

PD: A raíz de la muerte de Lichi he leído muchísimos obituarios en la red, pero en lo personal recomendaría la lectura de los escritos por Reynaldo González y Rafael Rojas.

RAFAEL GRILLO SOBRE “MEMORIAS DEL DESARROLLO”, de Miguel Coyula

Si puede subrayarse una constante como manía del cine cubano, esta es la puesta en pantalla de la conflictiva interrelación del individuo y la Historia, de la situación límite en que la persona elige presionada ante las demandas del contexto o de la época. Sofía se ciñe las vestimentas del arquetipo de la Libertad guiando al pueblo en la epifanía insurrecta con que concluye El siglo de las luces de Humberto Solás; mientras que el Sergio de la película de Titón se repliega a mirar desde la barrera de sus preceptos de clase el ruedo vertiginoso de un proceso revolucionario. Ahora, un nuevo Sergio, el del homenaje o secuela que ha hecho Coyula del filme de Alea, prosigue su soliloquio y pone cada vez más metros entre la realidad y su yo privado. Una distancia que le aportará más lucidez analítica, es cierto, pero que lo tornará también cada vez más espectral, más vacío de contenido humano. Al final, sólo va a quedarle, como apoyo y único interlocutor, el bastón con cabeza de perro…

Por eso, aunque el personaje de Sergio alegue “Esa isla cada vez más abstracta”, en sí la película de Coyula y todas las otras que vienen articulando el panorama del cine cubano más contemporáneo, a mi entender lo que nos están diciendo realmente es “esa isla cada vez más compleja, más diversa y heterogénea”. Esa Isla “intensa”…

Tomado del artículo “Meditaciones del sub al desarrollo”, publicado en El Caimán Barbudo.