Archivo de la categoría: TOMÁS GUTIÉRREZ ALEA

GUTIÉRREZ ALEA O LAS TRAMPAS DE LA (FE) POLÍTICA*

En el mes de julio de 1992 Tomás Gutiérrez Alea escribe un texto que titula “Las trampas de la (fe) política”, el cual aparecerá publicado por primera vez en el libro que el crítico José Antonio Évora prepara para el homenaje que le harían al cineasta en el Festival de Huesca dos años después.[1]

Aquel fue un año donde a la cruenta crisis económica y el incremento de la hostilidad del gobierno estadounidense, habría que sumar las tensiones vividas en el interior del campo revolucionario. La sonada destitución de Carlos Aldana Escalante de sus cargos de Jefe del Departamento Ideológico y del Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central ocurre el 10 de octubre de 1992, y sería explicada de modo extenso en una nota del Buró Político del PCC, lo cual sacó a relucir una vez más las diferencias a veces irreconciliables que pueden existir detrás de esa unanimidad de criterios defendida en la esfera pública.

Algunas de las críticas más feroces dirigidas a Aldana no llegaban de los “enemigos de la Revolución”, sino de hombres como Alfredo Guevara, que en carta dirigida a Raúl Castro en 1999 (entonces Ministro de las FAR) escribiría:

No olvido al personaje unas veces perestroikero, otras horca y cuchillo, manipulador y acusador sin escrúpulos, volcando responsabilidades sobre “la Provincia” y presentándose en Ángel de la Guarda en el tratamiento del filme Alicia…; o igualmente manipulador de la verdad y la mentira, calumniador y envenenador con información falseada sobre Alicia Alonso y su entorno, destructor de vidas”.[2]

Más allá del diferendo personal que pudiera apreciarse en las anteriores consideraciones, lo que se pone en evidencia (y que a lo largo de todo el período post-59 ha salido a relucir de modo cíclico), son las maneras encontradas que dentro del mismo campo revolucionario conviven a la hora de “pensar” la construcción del socialismo, y que de modo maniqueo muchas veces se divide en dos: socialistas herejes y dogmáticos.

En teoría, el socialismo debería funcionar como una fuente inagotable de herejías. Al ser un sistema joven, que intenta superar las contradicciones del capitalismo con propuestas inéditas, obliga al debate permanente y la fiscalización constante de “verdades” que se dan por sentadas. Lamentablemente, por el camino siempre aparecerán grupos e individuos (sobre todo en los momentos más críticos que vive la nación), que en nombre de ese mismo socialismo herético que dicen defender, terminan apelando al dogma que todo lo petrifica: en esos casos, el socialismo ya no será herramienta de emancipación de muchos, como hubiese soñado Marx, sino de dominación en manos de unos pocos. Lee el resto de esta entrada

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LA FOTO

Han pasado muchísimos años desde que José Gabriel Martínez Figueredo tomara esta instantánea. Fue durante el durísimo año 1994, cuando Titón estuvo por Camagüey en pleno “período especial” con el fin de rodar algunas secuencias que jamás figurarían en Guantanamera. Creo que fue la segunda vez que anduvo por allí buscando locaciones para una de sus películas, pues antes, en los sesenta, el periódico de la ciudad anunció su presencia, a propósito del inminente rodaje de Cumbite, y el interés del cineasta por aprovechar los asentamientos de haitianos.

Mirando esta foto de mi único encuentro con el cineasta he tenido la impresión de que, no obstante el tiempo transcurrido, como en Memorias, nada ha cambiado. Allí estoy yo con Titón, igual de flaco, tal vez aceptando con resignación que lo mío no son las libras, sino los libros.

Allí está de fondo una ciudad donde la arquitectura colonial pareciera condenarnos a vivir por siempre en una pecera de aguas viscosas, recicladas desde hace cinco siglos, que es la edad que le impusieron los españoles cuando la conquistaron y exterminaron a sus aborígenes (entre ellos al cacique Camaguebax), y la llamaron Santa María del Puerto del Príncipe. Todo parece igual que antes, como congelado en el tiempo, y sin embargo, uno sabe que nada de aquello siguió siendo lo mismo, pues Bergson mediante, sabemos que una foto “no es más que una instantánea tomada sobre una transición”.

Es de ese fluir silencioso, inocente en su devenir devastador, que me gustaría ocuparme en las páginas que sigo escribiendo a propósito de Tomás Gutiérrez Alea. Lo cual me permitiría retomar, como si no hubiese existido transición alguna, las mismas preguntas que acosaban a Titón, y que en definitiva cada individuo puede hacerse de modo independiente: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿qué se ha hecho de nuestros sueños?

Algo raro sucedió con esta foto porque de repente la imagen terminó intrigándome, como si de pronto observara a dos extraños que hasta ayer me fueron familiares, pero que nunca alcancé a conocer bien. De pronto sentí que no era yo quien espiaba ese retrato, sino que un tercero (tal vez el Sergio de Memorias del subdesarrollo con el mismo telescopio que utiliza en la película) fiscalizaba cada uno de nuestros movimientos. Peor aún: nuestros pensamientos más íntimos. Y me vino a la mente Lezama con la enigmática confidencia: “Es como si al avanzar por el aire que cubre la tierra, mirásemos hacia atrás y al encontrarnos con su mirada se nos diese ya el fragmento que nos falta para llegar a donde se comienza”.

Fue ese el origen de éste relato que aún no termino, donde asumo el imprevisto rol de detective de esas emociones intocables que terminan por configurar las arquitecturas de las épocas (en esta oportunidad, mi época); el rol de alguien empeñado en rastrear las huellas secretas de ese fluir (sigiloso, devastador, e indiferente) de los acontecimientos que nos sacuden sin nosotros notarlo, en este caso tomando como punto de partida a Gutiérrez Alea, y ese grupo de amigos al cual pertenecía, dividido de modo brusco por la Revolución de 1959.

Juan Antonio García Borrero

SOBREVIVIENDO CON TITÓN

Hoy, a las once de la mañana, estaremos presentando en la Casa de las Américas El primer Titón (Editorial Oriente). Reitero mi agradecimiento a Mirtha Ibarra, Roberto Fernández Retamar, y Luciano Castillo, por acompañarme en el acto. Y comparto con los amigos estas ideas publicadas en Progreso Semanal, a propósito del libro. Gracias a todos por los comentarios y el apoyo.

JAGB

SOBREVIVIENDO CON TITÓN

Diciembre se suele asociar a las festividades que anuncian el tránsito de un año a otro. Pero para mí diciembre es el mes del cine. Quizás porque un 28 de diciembre los hermanos Lumiére presentaron al público, por vez primera, su cinematógrafo. Y sobre todo porque desde hace 38 años los cubanos nos damos cita en las salas oscuras, para disfrutar el banquete de imágenes y sonidos que por esas fechas nos prodiga el Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

A ese evento asistí el año pasado. Fui con la certeza de que, como siempre, se me quedarían un montón de filmes por ver. Ya no soy el joven que hace treinta años veía en el día seis o siete películas. Ahora soy más selectivo, y persigo las cintas que previamente he anotado en mi pequeña libreta de apuntes, ya sea por la repercusión internacional obtenida, o al contrario, porque el festival es el único lugar donde sabemos podremos ver ese filme que no puede competir según las reglas del más feroz mercado.

Pero están también las películas que uno puede apreciar en esos ciclos especiales que nos ponen de modo insospechado ante lo inédito. Fue el caso de ese grupo de clásicos cubanos restaurados. Hablo de Retrato de Teresa (1978), de Pastor Vega, trabajada por Labodigital (México), Memorias del subdesarrollo (1968, The Film Foundation’s World Cinema Project, George Lucas Family Foundation y Laboratorio l’immagine Ritrovata de la Cineteca de Bologna), Una pelea cubana contra los demonios (1971) y Los sobrevivientes (1978), las dos últimas retocadas por el Archivo de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood.

Confieso que me asomé a la proyección de Los sobrevivientes por pura curiosidad. Me habían encargado presentarla en el cine junto al gran editor Nelson Rodríguez, y mi intención era ver apenas diez o doce minutos de la copia restaurada para luego desplazarme a toda prisa hacia el Yara, donde proyectarían uno de los acontecimientos fílmicos del año. Lee el resto de esta entrada

TITÓN EN CASA DE LAS AMÉRICAS

En un rato salgo hacia La Habana con el fin de presentar “El primer Titón” (Editorial Oriente, 2016) en la Casa de las Américas. El hecho de estar acompañado en la mel-primer-titon-en-casaesa por Mirtha Ibarra, Roberto Fernández Retamar, y Luciano Castillo, mitiga un poco la intranquilidad que siempre implica someter al juicio público nuestras ideas.

Este es un libro sobre la formación intelectual del Titón que más tarde llegaría a ser cineasta. Pero es sobre todo un libro sobre la amistad fundadora, la que aglutina e irradia al mismo tiempo. La que aprovecha la diversidad para fomentar lo creativo.

Siento gran admiración por ese grupo de jóvenes que se atrevieron a imaginar una nación que estuviese a la altura soñada en su momento por Martí. Una nación que dejara a un lado el simple existir, para proponerse, a lo Mañach, “la querencia colectiva”.

Por eso este es un libro también sobre Germán Puig, Ricardo Vigón, Néstor Almendros, Julio García-Espinosa, Alfredo Guevara, Guillermo Cabrera Infante, Roberto Fernández Retamar, entre otros con los cuales Gutiérrez Alea se fue relacionando en los años anteriores a 1959. Y más que una biografía, es un conjunto de preguntas vinculadas a la responsabilidad pública del intelectual.

Comparto con los amigos del blog un fragmento del prólogo de “El primer Titón”.

Juan Antonio García Borrero

EL PRIMER TITÓN (Fragmento)

“Porque, no se dude, toda vida es secreto y jeroglífico.

De aquí que la biografía sea siempre un albur de la intuición.

No hay método seguro para acertar con la clave arcana

de una existencia ajena”.

José Ortega y Gasset

Si nos guiáramos por la cantidad de libros y artículos que se han escrito a propósito de la obra del cineasta Tomás Gutiérrez-Alea, tendríamos que llegar a la conclusión que se trata del cineasta más relevante de la cinematografía cubana.

Ningún otro realizador nacido en la isla ha recibido tanta atención por parte de críticos, ensayistas, académicos de las más diversas latitudes. Sus películas han sido examinadas desde los más insospechados ángulos, y pareciera que a estas alturas ya nada nuevo queda por apreciar en ellas. Y, sin embargo, llama la atención la carencia de estudios que indaguen en su formación pre-revolucionaria, dado que apenas se toma en cuenta lo sucedido a partir de 1959, ubicando el kilómetro cero de toda su carrera en el filme Historias de la Revolución (1960).

En tal sentido, el texto más extenso sobre esta primera parte de su vida se la deberíamos al propio Gutiérrez-Alea, quien en algún segmento del mismo comenta:

“Claro que no siempre fui cineasta. Mucho antes, desde niño, había mostrado vocación por la pintura, por la música y por la poesía, sucesivamente. En ninguno de los tres campos resulté ser muy brillante. Sin embargo, no podía renunciar a ninguno de ellos. Por otra parte, también me atraían los problemas de la técnica y los trucos de magia. Ya era demasiado. Un buen día (no recuerdo cuándo sucedió) se me hizo evidente que el cine resumía todas mis inclinaciones. A partir de entonces se convirtió en algo muy grande para mí. Asistía regularmente a las distintas tandas (entonces había lo que llamaban matinée, los domingos y solían exhibir diariamente dos películas, un noticiero, un documental, un episodio y los “avances” de los próximos estrenos), no sólo para quedar fascinado por tal despliegue de imaginación y fantasía, sino también para tratar de entender por qué todo aquello me resultaba tan fascinante”.[1] Lee el resto de esta entrada

SERGIO TODAVÍA EN EL BALCÓN INDISCRETO

Facebook me pregunta qué estoy pensando ahora mismo, y de tantas cosas que he leído sobre Cuba en estos días, en estos minutos, no he podido dejar de pensar en el Sergio de Memorias del subdesarrollo, por lo que alguna vez expuse en este texto que mi querido Mario Piedras me pidió hace un tiempo. Definitivamente Sergio nos conocía, incluso antes de nosotros haber nacido.

 JAGB

SOBRE MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO

Sergio memoriasMemorias del subdesarrollo viene provocando en mí lo que ciertos libros a los cuales regreso muchas veces, pero sin que ello implique el deber de una relectura total. Basta retornar a un párrafo que uno ha retenido de forma vaga en la mente, o a la descripción de un personaje que se evoca con ambigua nitidez, para que ello garantice un imprevisto placer.

Hubo un momento en que temí que Memorias del subdesarrollo terminara por parecerme odiosa. Como todo aquello que ha sido magnificado en un pasado, pero que, a veces de un modo francamente grosero, nos propone la esclavitud de la imitación. O lo que es lo mismo: el culto a esas cicatrices que va dejando el tiempo sobre nuestra imaginación, y que no nos permite experimentar ese privilegio tremendo que significa seguir vivo.

Las estatuas también mueren, rezaba el título de un famoso corto de Alain Resnais. Pues hay ciertos filmes que corren el riesgo de nacer convertidos en meras estatuas. Monumentos fastuosos, colosales, pero tan inútiles como esas hermosas catedrales vacías a las que algunas veces aludió Borges.

No creo sea el caso de Memorias del subdesarrollo. Este sigue siendo nuestro filme más vivo. El que con más intensidad explora esa condición inefable que intuimos como la “cubanía”. El más imaginativo. El más humano. También el más jodedor.

Jodedor porque, en realidad, no somos nosotros los que vemos a Sergio en una película: es Sergio quien nos espía incesante, como si de una versión del “mirón” infatigable de La ventana indiscreta se tratara. Todos los días ese hombre nos observa con matemática pecaminosidad a través de su telescopio. Y nos desnuda con sus mordaces parlamentos. Y nos recuerda nuestras humanas glorias y miserias. Algunas veces cáustico, otras compasivo. Siempre insobornable en su lucidez.

Somos su “rosa púrpura de Cuba”. Que es decir: una sucesión fantasmagórica de seres irracionalmente racionales, que repiten hasta el infinito, los mismos gestos y parlamentos que ya estaban en la novela de Desnoes, y después en la película de Titón. Somos la memoria de ese singular personaje que, ya no quedan dudas, ha logrado sobrevivirnos para mirarnos desde su altura.

 

Fecha de estreno del filme: 19 de agosto de 1968.

HASTA CIERTO TITÓN (Fragmento de la biografía inédita)

4.3-13-3 Titón de frenteEl 2 de abril de 1989 Mijail Gorbachov viajó a La Habana en visita oficial. Todavía por esas fechas, la posibilidad de que el socialismo colapsara como sistema parecía remota. El propio Gorbachov, en su libro sobre la perestroika, convertido en todo un best-seller de resonancia mundial, se había encargado de enfatizar que,

Marcharemos hacia un mejor socialismo y no apartándonos de él. Decimos esto honestamente, sin ninguna estratagema ni ante nuestro pueblo ni ante el extranjero. Esperar que nosotros comenzaremos a crear otra sociedad, no socialista, y que nos pasaremos al campo enemigo, es algo sin perspectivas e irreal. A los que en Occidente albergan la esperanza de que nosotros renunciaremos al socialismo, les espera el desencanto. Ya es hora de ir entendiendo esto y, lo principal, partir de esta realidad en las relaciones prácticas con la Unión Soviética.[1]

Sin embargo, fue justo en 1989 cuando comenzó a derrumbarse de un modo vertiginoso aquel imperio ideológico conformado por varios países socialistas de Europa del Este. “Retiradas” y “desplomes” eran las noticias relacionadas con estas naciones que casi a diario ocupaban las primeras planas de la prensa internacional. El mundo comunista mutaba a pasos agigantados, y en algunos casos podía vislumbrarse que los canjes contradecían de modo radical lo que Gorbachov se esforzaba en argumentar en sus discursos.

El primer eslabón de esa larga cadena de acontecimientos que fueron minando la legitimidad de aquel “socialismo real” tal vez deba asociarse a la salida el 6 de febrero de treinta mil soldados soviéticos de Afganistán. Luego estaría la legalización del derecho a la huelga en Hungría en el mes de marzo, y el reconocimiento del movimiento sindical “Solidaridad” en Polonia ese mismo mes, así como la posterior aprobación por parte del Parlamento polaco de la reforma constitucional, atribuyéndole por primera vez derechos a la oposición.   Lee el resto de esta entrada

EN EL 20 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE GUTIÉRREZ ALEA

TOMAS_5[1]Hoy se cumplen veinte años de la muerte de Tomás Gutiérrez Alea, el cineasta cubano que más nos sigue inquietando con sus ideas. Por Titón no siento esa idolatría estéril donde invocar su nombre se convierte en paralizante manera de excluir del diálogo a los que piensen diferente. Al contrario: si regreso una y otra vez a Titón, a García-Espinosa, a Alfredo Guevara, es porque ellos me siguen advirtiendo que los debates que exigen la construcción de una nación como la que aspiramos diseñar, tiene que partir del combate al pensamiento sectario.

Estos son tiempos donde la polarización de nuestros debates se extreman, donde se pierden de vista los matices que enriquecen, donde los grupos se atrincheran en sus modos de ver la vida y decretan desde su estrecha posición que el futuro, lejos de ser abierto, ya está cerrado para los que no coincidan con nuestros credos.

Como intelectual cubano, nada puedo hacer para que nuestra esfera pública sea menos maniquea, pero sí creo que entra en mis deberes mostrar cuán enriquecedores, después de todo, han sido esas discusiones en estos cincuenta años. Comparto entonces este fragmento de la biografía inédita de Titón, donde se habla de las polémicas protagonizadas por los cineastas del ICAIC en 1963. Releer esos debates es como si de nuevo se estuviesen escribiendo las primeras páginas de Memorias del subdesarrollo.

Juan Antonio García Borrero

HASTA CIERTO TITÓN

(Fragmento de la biografía inédita de Tomás Gutiérrez Alea)

No han sido reuniones tan renombradas como las de Fidel con los intelectuales en 1961, tal vez porque no participó ningún dirigente del gobierno. Tampoco consta que alguien repitiera la famosa frase de Virgilio Piñera en aquella ocasión (“Tengo miedo”), pero del documento redactado a modo de conclusiones, y firmado por varios cineastas del ICAIC, puede deducirse que el claro temor a que ganara hegemonía la posición de los “dogmáticos” respecto al arte en la sociedad socialista, era lo que había movilizado a quienes acudieron a los encuentros. Esto también lo explica Gutiérrez Alea en un texto escrito poco después:

“Una última cosa sobre el documento: a nadie se le oculta que hace algunos meses se tomaron acuerdos y se hicieron determinadas manifestaciones de principio sobre cuestiones estéticas en la Unión Soviética. Esas manifestaciones y esos acuerdos resultaban altamente discutibles para la mayor parte de nosotros. Y para muchos resultaban en gran medida inaceptables. Se decía entonces que esas manifestaciones y acuerdos habían tenido lugar en la Unión Soviética y que no tenían nada que ver con la política cultural que se desarrollaría entere nosotros; la cual brotaría de nuestra propia realidad (…) En otra parte se estaban haciendo manifestaciones de principio acerca del arte en el socialismo y eso nos tocaba a nosotros también, por principio. Además, esas manifestaciones alcanzaban una difusión extraordinaria entre nuestros “cuadros culturales” y entre nuestros jóvenes y eran presentadas la mayor parte de las veces como verdades absolutas. (…) Frente a eso, nuestros puntos de vista se mantenían en pequeñas discusiones de café.

Un día decidimos encerrarnos todos en un gran salón y discutir ordenadamente y plantear nuestras dudas, de allí salió una sorpresa: había una extraña concordancia de criterios en todo lo que era necesario para llegar a una verdad cualquiera: la discusión abierta y pública”.[1] Lee el resto de esta entrada

ECOS DE “MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO”

Sergio en Memorias del subdesarrollo“No entiendo nada. El americano tiene razón. Las palabras se devoran las palabras y lo dejan a uno en las nubes, en la luna, a miles de millas de todo.

¿Cómo se sale del subdesarrollo? Cada día creo que es más difícil. Lo marca todo, todo. ¿Y tú qué haces acá abajo, Sergio? ¿Qué significa todo esto? Tú no tienes nada que ver con esa gente. Estás solo.

En el subdesarrollo nada tiene continuidad, todo se olvida. La gente no es consecuente. Pero tú recuerdas muchas cosas. Recuerdas demasiado. ¿Dónde está tu gente, tu trabajo, tu mujer? No eres nada. Nada, estás muerto. Ahora empieza, Sergio, tu destrucción final”

(Sergio en Memorias del subdesarrollo, considerada la mejor película del cine cubano).

HASTA CIERTO TITÓN (Fragmento de la biografía intelectual de Tomás Gutiérrez Alea)

Titón dosEl 2 de mayo de 1972 Fidel Castro inicia una gira que lo llevará de visita por Guinea, Argelia, Bulgaria, Rumanía, Hungría, Polonia, RDA, Checoslovaquia y la Unión Soviética.Menos de dos meses después (el 11 de julio)Cuba (con Carlos Rafael Rodríguez encabezando la delegación) es admitida como miembro del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), la organización económica internacional de los países socialistas, con sede en Moscú.

El hecho es importante resaltarlo porque marca el inicio de la institucionalización del socialismo cubano en todo el país. En el plano económico comenzó en la isla un período donde la rigurosa planificación económica (según el esquema soviético) iba a jugar un papel preponderante, mientras que en lo ideológico se hacía igual de dominante el pensamiento reglamentado, algo que recordaba aquella observación de Albert Einstein, cuando en 1949, desde las páginas de “TheMonthlyReview” argumentara la superioridad humanista del socialismo, añadiendo como coletilla que,

“(…) sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?”[1]

Pero no hay que desplazarse tan lejos en el espacio y el tiempo para advertir que también en la Cuba socialista de esa fecha aquel tipo de inquietud estaba presente. ¿Acaso no es similar a la preocupación ética de Einstein la que muestra Titón cuando en diciembre de 1971 hace referencia a la necesidad de fomentar un arte desalienador de la cultura, pero sin perder de vista que la ejecución de esas prácticas artísticas, al recaer en los hombros de unos pocos especialistas pueden enmascarar oscuras relaciones de poder? Nos dice Titón:

“No se me ocultan los peligros de esta situación: un arte ejercido por especialistas puede llegar a imponer una sensibilidad de capilla, de grupo privilegiado, de casta, de clase, en última instancia. Pero esos peligros son los mismos que asume la Revolución manteniendo durante mucho tiempo igualmente un aparato burocrático y un ejército profesional, antes de poder dar por extinguido el Estado”.[2] Lee el resto de esta entrada

LAS INCURSIONES DE GUTIÉRREZ-ALEA EN EL TEATRO CUBANO[1]

Titón Hamlet

En su conferencia “Las máscaras de la grisura: Teatro, silencio y política cultural en la Cuba de los 70”, leída en el Centro Teórico-Cultural “Criterios” el 20 de enero del 2009, el poeta y ensayista Norge Espinosa comenzó su disertación afirmando que,

“La memoria del teatro es una esencia maldita. Condenada a casi no existir, a pervivir sólo en el recuerdo y las imágenes que el espectador puede atesorar, corre los riesgos que no amenazan a otras artes. Un lienzo puede estar oculto durante años, un libro puede no reimprimirse en décadas, una obra cinematográfica resucita cuando vuelve a ser proyectada; pero una puesta teatral nunca es la misma”.[2]

Y en efecto: contar la historia del teatro cubano es un poco intentar contar en la mañana lo que acabamos de soñar en la noche. Nada se parece más a una puesta escénica que esas aventuras de la imaginación en las que es lo invisible, lo ausente, lo que sólo ha existido una vez, la arquitectura misma del relato.

Va a ser difícil, por ejemplo, encontrar que se mencione en investigaciones de los especialistas, algunas de las inusuales incursiones de Gutiérrez Alea en el teatro. Incursiones que no dejaron una impronta perdurable en el desarrollo de esta expresión cultural de la nación, pero que tenerlas en cuenta contribuye a enriquecer la imagen de ese incansable promotor intelectual que fue Titón, ya fuera montando alguna obra en la década de los cincuenta, o colaborando con Juan Carlos Tabío en el montaje que se hizo de Se permuta en 1980. Lee el resto de esta entrada