Archivo de la categoría: DIBUJOS ANIMADOS

MARIO MASVIDAL SOBRE LA ANIMACIÓN EN LA MUESTRA JOVEN

Comparto este breve artículo escrito por Mario Masvidal para el Bisiesto de la Muestra Joven. Gran conocedor del tema, su texto sirve además para darle una mayor visibilidad a esa producción de animados presentados en el evento, y que confirma que hay muy buena salud en esa área de nuestro audiovisual.

NO COUNTRY FOR OLD ANIMATORS

Por Mario Masvidal Saavedra

La animación, como la poesía, es un arte de juventud. Requiere la energía, la irreverencia y la fantasía de esa etapa de la vida. Por su propia naturaleza, el animado es un espacio ideal para la expresión de cualquier idea, para la experimentación audiovisual y para la aplicación de toda nueva aventura tecnológica en dicho ámbito. Con mayor o menor fortuna, ha tenido una notable presencia en cada edición de la Muestra Joven Icaic, en lo referido a la calidad tanto formal como de contenido.

Por lo general, los animados que se han presentado durante de estas 15 ediciones versaron sobre temas muy adultos y la factura de muchos ha tratado de evadir caminos trillados, ya sea por la inventiva desplegada ante la posesión o la carencia de recursos, por voluntad poética, o por todas estas razones juntas. Lo cierto es que en Cuba existe un potencial creciente de jóvenes animadores, no solo en el ámbito de la industria (icaic, tvc), sino también en las academias y fuera de ellas, en instituciones culturales y en la calle.

Los nueve cortos que se presentan a la consideración de todos en la 15ta. Muestra Joven, son un ejemplo de lo anteriormente expresado. En ellos se observa cierta pluralidad de técnicas, como la rotoscopia, la modelación 3 d, la animación 2 d más tradicional (o con auxilio de programas digitales de animación), la combinación de 2 d y 3 d . En fin, lo que se tiene a mano o se domina mejor. Podemos encontrar tanto a realizadores consagrados como a otros de menos fogueo en estas lides.

Se destacan nombres de realizadores ya reconocidos como Ermitis Blanco, Víctor Alfonso Cedeño y Randy Betancourt. Llama la atención en muchas de las obras –generalmente breves– el interés por los temas filosóficos y existenciales. Acto de presencia (Bryan Romero y Asbel Paz), Diferente (Alexander Rentería), Hecho a propósito (Adriel Pérez), Igor (Randy Betancourt), No country for old squares (Yolanda Durán y Ermitis Blanco), Dany y el club de los berracos. Capítulo 5: Calixto presidente (Víctor A. Cedeño) y Underground (José Ángel Pérez y Rosell Nápoles), abordan tópicos en los que se exploran e interrogan los límites y la naturaleza racional de la realidad, se hurga en la frontera entre lo cotidiano y lo absurdo, entre el poder y la subordinación, entre lo humano y lo tecnológico. Lee el resto de esta entrada

Anuncios

GONZÁLEZ ROJAS SOBRE LA ANIMACIÓN MÁS JOVEN EN CUBA

En este texto panorámico que revisa los animados que compitieron en la pasada Muestra Joven del ICAIC, el crítico González Rojas apunta: “Visto el caso y comprobado el hecho, no deja de ser lo emergente y la emergencia los términos más exactos para definir este breve muestrario del dibujo animado realizado en Cuba por jóvenes cubanos, en una definitiva época de mimetismos, apropiaciones, búsquedas, tanteos, tropiezos, callejones sin salida, según corresponde a todo proceso de refundación o resurrección, casi desde las meras cenizas, de una línea creativa como la tratada”.

ENTRE LAS VENAS ABIERTAS DE PLASTILINA Y EL ANIME CUBANO. (Consideraciones sobre algunos animados participantes en la 12da. Muestra Joven del ICAIC)

Por: Antonio Enrique González Rojas

El rasgo prístino que define como a las animaciones participantes en la 12da. Muestra Joven del ICAIC, es la variedad técnico-estética que abarca casi todas las tendencias contemporáneas manejadas en la obra de autor o al menos de pretendida autoralidad, desde el stop-motion (La madre, Coronas y cascabeles y La Luna en el Jardín), hasta el 3D minimal con pretensiones realistas (Dios que un pepino) más alejado de los convencionalismos formales.

Útil carta de navegación resultó también esta selección oficial para descifrar y comprender los diversos derroteros seguidos por los principales creadores, tendencias ideoestéticas y modos de producción en el presente donde confluyen, engarzan, compiten y hasta colisionan las ejecutorias independientes, firmadas por Víctor Alfonso Cedeño, Marcos Menéndez, Harold Díaz, Harold Rensoli, Leandro de la Rosa y la premiada Ivette Ávila, con las concepciones de Adanoe Lima, Yemelí Cruz, Isis Chaviano, Ermitis Blanco, Yolanda Durán, soportadas por la oficialidad industrial de los Estudios de Animación del ICAIC.

Nuevos nombres no acudieron a la liza, más bien se ausentaron otros del retrato de grupo, como Alien Ma y Ernesto Piña, por lo cual esta edición delató también los diferentes estadios de metabolización referencial, búsqueda, diversificación y consolidación en que se hallan los realizadores en pugna. Destaca la exquisitez y prolijidad formal de la breve obra Fly (Yolanda Durán & Ermitis Blanco, 2012), en delicado equilibrio entre el video clip (la peculiar interpretación de Danay Suárez cualifica unívocamente esta pieza) y el video arte de corte surrealista existencial, sustentado un tanto en las simbólicas e impactantes propuestas de las producciones audiovisuales del virtual grupo británico Gorillaz. Sobre todo, tributa en demasía de los conceptos y técnicas de productoras japonesas como Studio 4°C: las cintas Mindgame (Masaaki Yuasa, 2004) y Tekkonkinkreet (Michael Arias & Hiroaki Ando, 2006), los cortos Have I Got a Story for You (Shojiro Nishimi) y Working Through Pain (Toshiyuki Kubooka) de la coral película Batman. Gotham Knight (2008). Lee el resto de esta entrada

EL MAESTRICO (2012), de Isis Chaviano

El Maestrico y el Secreto de Kells

Por: Antonio Enrique González Rojas

Con el cortometraje El Maestrico (Isis Chaviano, 2012), el animado cubano industrial delata una vez más a pura flor de piel, sus inmediatos referentes morfológicos y discursivos, sin una adecuada re-elaboración autoral que delate una suficiente madurez creativa en sus realizadores como para consolidar una identidad donde las inevitables influencias aparezcan metabolizadas en una obra auténtica.

Aunque sus gestores han aclarado la independencia respecto a la cinta El Brigadista (Octavio Cortázar, 1977), en algún momento mencionada por un reporte informativo, el animado de marras sigue prácticamente a pie juntillas las pautas dramatúrgicas de la referida película, debut del actor Patricio Wood, quien para colmo de males, pone voz al personaje nombrado Benancio, campesino que se opone al arribo del alfabetizador Chiqui (Antonio Iraizoz). No hace más que asumir el rol desempeñado por su padre treinta y seis años atrás, sin olvidar todo el proceso de empatía, familiarización y aprendizaje mutuo que culmina en la sensibilización final del “guajiro” con el altruista chiquillo.

No faltan, claro, los “malisisísimos” alzados o bandidos del Escambray, sustituido ahora el villano Mario Balmaseda de entonces por el caricaturesco Omar Franco, quien da voz al terrible y maniqueo Silo Herrera y su banda de horrendos secuaces, donde destaca el sidekick Jabao (Jesús Rubio), para completar la alusión al dueto Mediacara-Cortico de la última gran etapa audiovisual de Elpidio Valdés. Varía un poco la trama la novedosa relación previa entre el “malo” y Benancio, pero no es lo suficientemente significativo como para sentar pautas. Lee el resto de esta entrada

LA LUNA EN EL JARDÍN (2012), de Yemelí Cruz y Adanoe Lima

La Luna en el Jardín y la emergente dignidad del stop-motion en Cuba

Por: Antonio Enrique González Rojas

Páginas bastante decorosas guarda la historia de la animación cubana para la técnica stop-motion, devenida favorita mundial para muchos de los autores más complejos y exquisitos, desde los checos Jiri Trnka y Jan Švankmajer hasta el australiano Adam Elliot, el japonés Kihachirō Kawamoto, los ingleses de los Aardman Animations y los estadounidenses Tim Burton y Henry Selick. Descolla sin dudas como obra cumbre criolla el muy soslayado mediometraje Papobo, concebido por Hugo Alea en 1986 para el ICRT, como corolario de una consecuente labor creativa, con títulos como el minimal Zic y Zoc y otras piezas de Reinaldo Alfonso: Marinero quiero ser (a partir del tema musical homónimo de Juan Almeida) y El abuelo de la Sierra, además de personajes que llegaron a ser entrañables para los públicos infantiles de los años 1970, como El Profesor y Billy the Click. Con una amplia brecha temporal que incluso ha determinado fracturas referenciales, nuevas generaciones de realizadores nacionales apelan a dicha técnica, cuyos brillantes resultados la validan en la fílmica internacional contemporánea.

De entre esta emergente tendencia en Cuba, aún no consolidada como movimiento de estética y discurso realmente auténticos para competir seriamente en una liza dominada por creadores y creaciones de saludable brillantez, sin dudas logran destacar como signos de una futura madurez, 20 años (2009), del matancero Bárbaro Joel Ortíz, quien también dotó de unos bellos minutos stop-motion a la coral y multinacional producción El camino de las gaviotas (co-dirigida con Alexander Rodríguez, Sergio Glenes & Daniel Herthel, 2010/2011), y el muy reciente La Luna en el Jardín (Yemelí Cruz & Adanoe Lima), suerte de sumatoria referencial y pastiche técnico donde se distinguen claramente la concomitancia con el australiano Anthony Lucas (The Mysterious Geographic Explorations of Jasper Morello, 2005) en las secuencias inicial y final, resueltas desde la más pura CGI, y con el mencionado dueto Burton-Selick (generadores en los respectivos cargos de productor y director, de cintas antológicas como The Nigthmare before Christmas, de 1993 y James and the Giant Peach, de 1996), en las escenas principales, acontecidas en el muy ilusorio y art-noveau jardín donde el alma trémula de guisa victoriana se pasea al anochecer y presencia, gracias a su parsimonia contemplativa, un suceso tan poéticamente modernista como el deceso de la mismísma Luna, olvidada por los humanos en sus atropelladas rutinas de la Era Industrial de inicios del XX, según los signos epocales develados en la obra. Lee el resto de esta entrada

LAVANDO CALZONCILLOS (2012), de Víctor Alfonso Cedeño

Lavando calzoncillos: Señora Dalloway a lo cubano

Por: Antonio Enrique González Rojas

Cual suerte de antípoda de los emancipatorios alegatos femeninos que respectivamente resultaron para la Cuba de 1968 y 1979 las cintas Lucía (sobre todo su tercera historia), de Humberto Solás y Retrato de Teresa, obra cumbre de Pastor Vega, arriba al contexto audiovisual criollo contemporáneo el animado Lavando calzoncillos, la más reciente
producción del animador e historietista cienfueguero Víctor (Vito) Alfonso Cedeño.

Establecido dentro del panorama animado cubano con los tres primeros capítulos  (de diez proyectados) de la serie juvenil Dany y el Club de los Berracos y otros cortometrajes de corte satírico-humorístico, Vito se aleja esta vez de las cuitas y avatares púberes para dirigir sus miras creativas hacia la brega de una mujer común, en plena “crisis de la mediana edad”, sumida en las rutinarias labores domésticas durante la ausencia laboral del esposo y escolar del hijo, desde un ángulo tan intimista que la narración descansa en un monólogo interior orgánicamente interpretado por la joven actriz Olivia Manrufo, para concomitar allende distancias temporales y espaciales, con la inglesa señora Dalloway que protagoniza la novela homónima escrita por Virginia Woolf, con el ama de casa de la tragicómica pieza teatral italiana Una mujer sola, del Premio Nobel de Literatura de 1997, Darío Fo e incluso con la nostálgica anciana del corto cubano 20 Años (Bárbaro Joel Ortíz, 2009). Amén las circunstancias sociales, políticas y epocales en que viven, todas resultan mujeres relegadas al hogar, (auto)sometidas por los convencionalismos sociales sexistas a un monótono ritual de lenta aniquilación de sus albedríos y potenciales talentos, contra el cual no atinan a rebelarse, excepto en sus mentes, pletóricas de espacio para explayar catárticas cavilaciones, ensueños, especulaciones y todo tipo de fugas secretas. Lee el resto de esta entrada

UVERO (2011), de Arian Pernas y Alejandro Rodríguez

La lírica remembranza de Uvero

Por: Antonio Enrique González Rojas

En cada plano, movimiento, animación y efecto del documental Uvero (Arian Pernas y Alejandro Rodríguez, 2011; Premio ala Mejor Animación en la 11na. Muestra Joven del ICAIC) la nostalgia impulsa a los realizadores a re-crear la mística bucólica de un lugar de ensueño, no conquistado por el ser humano hasta la deformación de su paisaje y la contaminación de su entorno, sino orgánicamente imbricado el homo sapiens con sus palafitos y muelles rústicos como un factor ambiental más, en pos de existir al son de la sinfonía natural de estos “baños” ubicados en la costa norte villareña.

La obra se sumerge en una marisma de recuerdos felices de una época beatificada por el tiempo pasado que siempre fue mejor. Más que dialogar con la memoria, los testigos y descubrir historia, los jóvenes creadores articulan desde la contemplativa y melancólica añoranza un viaje al pretérito no vivido, fosilizado en las añosas ruinas del lugar y las risueñas fotografías deterioradas hasta lo fantasmagórico.

El valor intrínseco de los muy básicos recursos CGI (a veces parece el mero SketchUp) empleados para resucitar el rústico caserío de naturaleza claramente veraniega, no amerita muchos lauros dado el espectacular desarrollo de este apartado en el mundo y otras dignidades conseguidas en la propia Cuba como el ganador de la categoría en la 10ma. Muestra: La muerte del hombre justo. Capítulo 4 (Adrián Replansky, 2010) y su contrincante Invertebrados (El Muke, 2010), ambos muy superiores técnicamente.

Uvero busca entonces trascender tales evidentes deficiencias desde una voluntad poética que demarca su atipicidad respecto al documental cubano convencional, depositando en las imágenes históricas, las reconstrucciones virtuales y la fotografía toda la capacidad de comunicar sentido. Delata una narración casi errabunda que da la idea de una subjetiva primera persona quien fisgonea en las aguas, piedras, maderos y fotos pasadas, reconjugando en su mente los disgregados elementos naturales y artificiales. La expresividad lírica se aleja de toda consabida “objetividad” expositiva o descriptiva sin abandonar el rigor reconstructivo de las arquitecturas locales.

El dueto Pernas-Rodríguez busca con esta perspectiva emotiva, casi sentimental, ganar la complicidad del espectador, involucrarlo en la melancólica reminiscencia que es Uvero todo y así echar a vagar por los rústicos muelles, portales y los anónimos navegantes estivales.

Bastante atípico es que un material como este prevalezca en el apartado de Animación dela Muestra, normalmente ocupado por ficciones o videos-arte, como bien pudiera catalogarse el mencionado material de Replansky, a la vez que valida para Cuba las posibilidades de la animación como técnica accesoria para implementar obras de no-ficción, algo ya harto empleado por los infinitos audiovisuales de los Discovery, History y Geografic Channels, carentes no obstante en su gran mayoría, de los primados propósitos poéticos que guiaron a estos jóvenes realizadores.

EL SECUESTRO DE LA PRINCESA KASHIMIRA (2012), de René Domínguez

¡Ataque ninja contra el canon animado cubano!

Por: Antonio Enrique González Rojas

Con no mucha fortuna han corrido las adaptaciones animadas de historietas cubanas en las últimas décadas, publicadas casi todas en la hoy muy minimizada revista Zun zún, donde Elpidio Valdés, de Juan Padrón, secundado por el pionerito Matojo, de Lillo, tienden más a la excepción que a la discreta norma de los irregulares y doctrinarios Cecilín y Coti, de Cecilio Avilés (publicado casi siempre en libros independientes) y los más actuales Yeyín, la ciberpionera exploradora de Ernesto Padrón y el Capitán Plín, el felino boy scout de Jorge Oliver, todos estos a manos de los Estudios de Animación del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), entidad que siempre ha superado en estas y otras lides al Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) y su fallida horda de Paco Perico, Chuncha, Pin Pin Saltarín, Guaso y Carburo, reciclados extemporáneamente hasta el más estrepitoso agotamiento.

Amén los méritos de algunas de ellas, no han estado exentas estas producciones del atávico y reduccionista prejuicio de la industria audiovisual criolla sobre el irremediable destinatario infantil y explícita misión didáctica de todos los animados, lo cual ha emplazado una retrógrada coyunda que no permite trascender un limitado número de estereotipos, tonos, tramas, moralejas “edificantes” y “sanas”. Lee el resto de esta entrada

EL CAMINO DE LAS GAVIOTAS (2011), de Alexander Rodríguez, Sergio Glenes, Bárbaro Joel Ortíz y Daniel Herthel

El camino de las gaviotas: lírica alegoría de la libertad

Por: Antonio Enrique González Rojas

El niño visto como alegoría de la vida en perenne cambio, evolución y ebullición, necesitado de un ambiente propicio para el desarrollo de sus capacidades cognitivas/creativas, subyace como motivo axial del corto animado El camino de las gaviotas (Alexander Rodríguez, Sergio Glenes, Barbaro Joel Ortíz y Daniel Herthel, 2010/2011), delicado fruto de la colaboración entre los Estudios de Animación del ICAIC y el Secretariado Audiovisual y el Fondo Nacional de Cultura, adscritos al Ministerio de Cultura, de Brasil, entre otras.

Desde un argumento que renuncia a la espectacularidad visual y el trepidante ritmo narrativo, en pos de una visualidad juguetona, tierna, de suave transcurrir, en connivencia con la apacible voz en off de Omara Portuondo, presunta abuela que narra cómplice un fantástico relato al nieto, los realizadores urden una sutil y polisémica historia sobre la necesidad de comunicación armónica del niño con el contexto humano que lo envuelve, sobre los mecanismos psíquicos de autoprotección con que este sujeto en ciernes se protege de la acritud exterior, como sucede en tono más terrorífico con la niña de El Laberinto del Fauno (Guillermo del Toro, 2006), los púberes de Bridge to Terabithia (Gábor Csupo, 2007) y más engañosamente con la surreal Coraline (Henry Selick, 2009).

Cual Principito que se cuelga de los gansos salvajes para salir de la microesfera vital de su asteroide B-612,la María Soledadde la producción de marras sigue el sendero aéreo trazado por las gaviotas, cuyo vuelo es asumido (una vez más, pero adecuadamente) como expresión de libertaria autorrealización. Atraviesa el espejo de ventolera provocada por el huracán, metaforizado definitivamente el viento que anima el rehilete, como el cambio contextual/conductual, como la revolución cosmovisiva. María Soledad arriba entonces a un mundo de ideal plenitud espiritual y bienaventuranza, donde todas las circunstancias aciagas que la rodeaban en su natal terruño “hecho de nada”, son revertidas para la total (¿onírica?) felicidad.

La animación 2D de trazo escueto y acuarelados fondos de visualidad libresca, da paso hacia el final a la que considero desde ya, una de las joyitas del stop motion cubano, a mano de Bárbaro Joel Ortíz, artífice del también antológico Veinte años (2009), junto al brasilero Daniel Herthel. El epílogo del animado casi posee el mismo (o más) peso poético y estético que el resto de la obra. Deviene una suerte de epigrama visual, incluso pudiera considerarse un haiku de terneza infinita, tan delicado como una flor de crisantemo en plena caída. Consiguen los creadores concentrar intensas porciones de belleza sin frisar nunca la facilona sensiblería.

Las soluciones técnicas con que se representa la breve historia de abuela y nieto (ambos, una misma cosa: como es arriba es abajo) sorprenden por el rústico y esencial primor que trasuntan, acentuado todo por la íntima atmósfera conseguida con la tenue iluminación. La pareja de pasado y presente, fundidos en nutricio abrazo, se balancea con aires eternos, insuflando vida al vuelo de las gaviotas, cuyo camino lleva a la felicidad espiritual, la única, la verdadera.

ABDALA, EL RETORNO DE LOS SEÑORES DE XIBALBÁ (2011), de Adrián López.

El espectacular ciberpatriotismo de Abdala. El retorno de los señores de Xibalbá

Por: Antonio Enrique González Rojas

La mitología de culturas occidentales como la griega o la escandinava  han sido y son, común leiv motiv de disímiles audiovisuales televisivos y cinematográficos, que las aprehenden, bien desde la impecable literalidad, bien desde el libérrimo redimensionamiento terrorífico o sci-fi. Esto ha coadyuvado a una hegemónica jerarquización de personajes, circunstancias y relatos, por encima de tan o más complejos fundamentos épico-míticos de otros pueblos del mundo como el maya y el azteca.

En el enjundioso corpus mítico de las comunidades centroamericanas aparecen motivos curiosamente concomitantes con las más conocidas especulaciones acerca de la muy apelada Atlántida, como superdesarrollada cuna de las civilizaciones humanas, y del Hades y el Niflheim, como reinos infernales, cunas de innúmeras desgracias. Del país de Aztlán provinieron los padres fundadores del poderoso imperio de Tenochtitlán. En el tenebroso Xibalbá de los mayas reinan los malignos Señores de la muerte y la destrucción. Y Aztlán, en abierta conflagración con los inhumanos habitantes de Xibalbá, fue escogido como escenario para la libre y retrofuturista adaptación animada, de explícito sino cyberpunk, que los estudios Anima, de Holguín, hicieron del poema Abdala, de José Martí, originalmente desarrollado en la antigua Nubia norafricana, amenazada por invasores foráneos (quizás los egipcios).

Abdala: El retorno de los señores de Xibalbá (Adrian López, 2011), dotado de una impactante e inusual visualidad de pretensiones realistas, tributaria directa de las atractivas estéticas del anime (Vampire Hunter D: Bloodlust, de Yoshiaki Kawajiri, 2000, Final Fantasy VII. Advent Children, de Tetsuya Nomura, 2007 y Dante´s Inferno, de varios animadores, 2009), de temáticas caras a la space opera (Titan A.E., de Don Bluth, 2000 y Los hijos de la lluvia, de Philippe Leclerc, 2003) y a la aventura fantástica (Atlantis: The Lost Impire, de Gary Trousdale & Kirk Wise, 2001), deviene otro apreciable intento de la animación cubana contemporánea por desafiar preponderantes y reduccionistas concepciones, las cuales, desde disneyanas ternezas e infantilones didactismos, restringen su alcance a públicos de baja edad. El propio diseño antropomorfo de los personajes, la complejidad de sus personalidades, la explícita violencia de las escenas de combate y la trágica densidad de la trama, trascienden todo prejuicioso menoscabo a la animación como arte menor, en franca apelación a zonas etarias más diversas.

Más allá del digno thriller Quietud Interrumpida (Alexander Rodríguez, 2007), que desde estos prismas, buscó reactualizar la temática de la lucha revolucionaria antibatistiana desde dinámicos recursos visuales y un ritmo trepidante, Abdala… intenta ser consecuente con la más ecuménica percepción latinoamericanista de Martí. Salva toda estrecha barda nacionalista, hacia una más ambiciosa revalidación del mythos y el epos de Nuestra América toda, sin hacer ascos de los probos códigos defendidos por las grandes productoras occidentales y niponas de animados y videogames. Guarda más estrecha concomitancia estética con el 100% cyberpunk video clip concebido por Ermitis Blanco y Abel Álvarez, en 2006, para el tema Piedras contra tanques, del grupo español Ojos de Brujo.

La esmerada dirección de arte emplea pródigamente todos los softwares disponibles para componer personajes, ambientes, artilugios y escenarios, donde las estéticas maya y azteca se mixturan orgánica y espectacularmente con los códigos sci-fi de los juegos Halo y Starcarft, los filmes Starship Troopers (Paul Verhoeven, 1998), Wing Commander (Chris Roberts, 1999) y Space Battleship Yamato (Takashi Yamazaki, 2010), pecando los realizadores, por momentos, de  excesiva mímesis.

Entra el animado holguinero en cualificada, pero escandalosamente solitaria competencia con la prolífica avalancha foránea, donde productos como este son el pan de cada día, mientras que para Cuba, Piedras…, Quietud… y Abdala… son excepciones, incluso curiosidades relegadas al oneroso terreno de lo “experimental” (¡hasta cuándo!). Tienen pocas probabilidades de sistematizarse, en pos del imprescindible salto estético-conceptual requerido por la animación cubana, para conquistar un nicho privilegiado en el gusto de los públicos mayoritarios.

En tanto búsqueda de una identidad sólida y auténtica, a golpe de riesgosas bizarrías, ruptura de lindes predeterminadas y falsas sacralidades,  Abdala… es contundente paso de los estudios Anima, lo suficiente como para haber conformado un largometraje hecho y derecho. Tal se merece la obra de Martí, y las prolíficas mitología y épica de Nuestra América.

Los espectaculares méritos de Abdala…, compensan bastante los deslices narrativos cometidos por una edición algo apresurada, que provoca peligroso desbalance entre las electrizantes escenas de acción y los más calmos diálogos introductorios/conclusivos. Las interpretaciones excesivamente teatrales del texto martiano acusan solemne encartonamiento e inexperta adaptación, para suscitar ciertas disonancias entre el decimonónico libreto y el muy futurista empaque. Esta falta de empaste entre las escenas, entre forma y contenido, atenta contra la efectividad comunicativa del animado, saboteados un tanto los nexos empáticos con el receptor, quien corre el riesgo de no sobreponerse al azoro, durante el velocísimo desfile ante sus narices de toda la parafernalia efectista, sin oportunidad de identificación emotiva con personajes y conflicto.

Tales gajes de la inexperiencia podrán ser superados con el perseverante  desarrollo de una línea tan atípica en la animación cubana industrial, como la validada por el nada lamentable Abdala… Una paulatina experticia en la edición, un sentido del ritmo narrativo más aguzado y un orgánico doblaje de voces (frecuente punto flaco del audiovisual cubano), coadyuvarán a la armonía general de futuras obras de este corte.

SIN PELOS EN LA LENGUA (2010), de Ernesto Piña

Ernesto Piña: Luchando contra lenguas peludas
Por: Antonio Enrique González Rojas

Las dinámicas evolutivas de las lenguas, con todas sus diversas normas y registros, hacen de los idiomas, perennes hervideros de complejas dialécticas entre neologismos, jergas, formas dialectales, arcaísmos, modismos, préstamos foráneos, continuamente (re)connotados por circunstancias extralingüísticas, derivadas de las múltiples esferas de influencia sociohistórica, incidentes sobre los hablantes. De ahí que un hato de términos goza de dominio más populoso, mientras que otros permanecen como patrimonio de círculos reducidos.

Contrastadas quedan así la norma popular y la norma culta, ambas en todas sus variantes. Estigmatizadas son, por arbitrio consensuado como todo lo humano, las llamadas vulgaridades y/o “malas palabras”, integradas por interjecciones, términos, frases, despojadas de sus significados originarios.

Muchos ven el exceso de palabrotas en la jerga diaria del cubano, como síntoma de una decadencia en los sistemas de valores, donde la educación formal como básica manifestación del civismo, cede a la agresión verbal, a la invasión de los rediles individuales con tales fraseologías ofensivas. Más allá del DEBER SER, el ES real de Cuba resulta en proliferación de las malas palabras y la normalización de su uso hasta en registros exclusivos. Véanse tales obscenidades como ruptura de la convivencia respetuosa entre paisanos, donde la libertad de cada uno termina donde inicia la del prójimo, quizás como rebelión del inconsciente contra normas instauradas a priori, sin real derecho a escoger entre su asunción o no, avizoradas en el horizonte nuevas jergas idiomáticas.

A tal perenne lucha entre el stablishment cívico-moral-lingüístico, concienzudamente consagrado a perpetuarse desde normas de conducta social, una y otra vez predicadas e inducidas a través de diversos canales comunicativos, desde la escuela hasta los medios masivos, con amplio énfasis en las bisoñas generaciones, apela el joven realizador cubano Ernesto Piña, con su cortometraje animado independiente “Sin pelos en la lengua” (2010), concebido desde una cáustica sátira a los estereotipadamente edulcorados programas televisivos de corte juvenil Made in Quédate conmigo o Conexión & Co., donde, desde un “desenfadado” y conciliador prisma moral, se enfocan temáticas afines a los adolescentes púberes, como son las relaciones de amistad y pareja, el primer beso, el primer amor, las relaciones con los padres, los estudios, los proyectos profesionales futuros, los hábitos de fumar y tomar, la (in)fidelidad, los gustos musicales y artísticos en general, la recreación, los hobbies; siempre con meros afanes divulgativos, promocionales e informativos. Poca o ninguna intención hay de polemizar a profundidad sobre áreas y escenarios problémicos y problemáticos.

Siguiendo el esquema básico de la pareja conductora integrada por jovencitos de ambos sexos, alegres, chispeantes y chisteantes, Piña dinamita la forma con la introducción de un contenido aun sorprendentemente escandaloso en estos días: las malas palabras, arraigadas en el vocabulario cotidiano cubano, casi normalizadas, pero aún segregadas del común glosario mediático, sobre todo el dedicado a las primeras edades, con la esperanza de inducir en sus representantes un “correcto comportamiento en sociedad”. Voces estas nacidas libres de pecado, que por azarosas circunstancias sociohistóricas ya centenarias, nimbáronse de procacidad. Sólo mencionar la barquilla ubicada en el tope del Palo Mayor donde se situaba el vigía náutico; o el esponjoso panecillo de harina, huevos, leche y azúcar que acompaña comúnmente al té; o la “percha, por lo común de metro y medio de largo, que sirve para conducir al hombro toda carga que se puede llevar colgada en las dos extremidades del palo” (según reza textualmente el Diccionario de la Lengua Española. Edición electrónica. Versión 21.1.0, de 1995).

Con el mayor de los desparpajos, heredado quizás de las inteligentes humoradas británicas de Monty Python, ciertas áreas de las absurdas parodias USA de Brooks, Zuker, los hermanos Farrelli y Wayans, o las más cercanas (temporal y espacialmente) causticidades de Nos-Y-Otros, los cortometrajes realizados por Eduardo del Llano y Arturo Infante (“Utopía”), “Sin pelos en la lengua” desacraliza las edulcoradas emisiones de sesgo didáctico. Apostado tras anárquica iconoclastia, Piña articula la dramaturgia desde una gozona socarronería, diseccionando, casi hasta el destripe trozo a trozo, las ya machaconas y epigonales fórmulas comunicativas, todo sonrisas, exhibidas por estas producciones. Revertido es el esquema básico (intervenciones aclaratorias-diálogos picarescamente corteses-entrevistas alternadas-posibles ligeras dramatizaciones afines con la temática de marras) desde su disciplinada aplicación: el sabotaje sobreviene con los bocadillos de los presentadores La Mía y El Mío, el tema propiamente dicho, las intervenciones de los públicos y las escenificaciones cercanas al estilo de “La dosis exacta”, “Hablemos de salud” o “Cuando una mujer”, si bien no a sus tonos e intenciones. Lo demás es cuestión de tiempo.

Son desnudados así los productos audiovisuales de marras, hasta delatar la insoportable relatividad del humano, ocultada tras esta suerte de alienadas cobijas, negadoras de dinámicas sociales en que transcurre la juventud y la sociedad cubana en general, donde la progresión del idioma hacia nuevas jergas, normas, registros (reivindicadas poco a poco las malas palabras de sus connotaciones peyorativas) delata la inevitable irrupción de nuevos modelos cosmovisivos, ni mejores, ni peores, válidos en su diferencia, siempre disensores respecto a sus precedentes. Hay que hablar de esto sin pelos en la lengua, ni vana azúcar en los labios. Polemizar y analizar sin pacaterías, nunca negar puritanamente aristas de la realidad incómodas (para algunos), desde posturas condenadas a la decadencia, desde el mismo momento en que presumen de categóricas.

FICHA TÉCNICA:
SIN PELOS EN LA LENGUA
(2010)/ Animado/ Digital/ 9’/ Dirección, guión, fotografía, dirección de arte, animación: Ernesto Piña/ Edición: Liliana Hernández/ Música: Virgilio (Villy) González/ Diseño de banda sonora: Jorge Guevara/ Productora: Erpiro Coqui Studios/ Intérpretes: Omar Proenza, Nanete Iglesias, Arasai Hidalgo, Sergio Villanueva.

Desde hace muchísimos años los seres humanos usamos las palabras para expresarnos y comunicarnos, pero hay algunas que utilizamos excesivamente para sustituir otras en dependencia del contexto…