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Diciendo adiós al 349…

Debo confesar que la lectura del artículo Veinte aclaraciones sobre el Decreto para la protección de la cultura en los espacios públicos, publicado recientemente en La Jiribilla, trajo a mi mente aquella observación que Nietzsche dejara anotado en Aurora: Desde que el mundo es mundo, ninguna autoridad ha consentido ser objeto de crítica”.

Y es que si no fuera por la activa participación pública del viceministro Fernando Rojas en el intercambio, hubiese jurado que todo lo que se ha escrito en las redes sobre el Decreto 349 ha sido generado para el mero autoconsumo de quienes se expresan.

No es que el artículo de La Jiribilla ofrezca falsedades, pero al posicionarse de modo tan categórico en lo que considera una retahíla de malas interpretaciones del Decreto, está decretando la clausura del debate más allá de sus muros: podría preguntarse uno, ¿así que todo lo que se exponga críticamente en el asunto merece ir directamente a la papelera de reciclaje?, ¿no ha existido en el conjunto de objeciones y lecturas menos complacientes algo que se pueda salvar?

De todos modos, el debate ha dejado lecciones que, bien aprovechadas, mañana pudieran resultar útiles si quisiéramos, por fin, convertir al espacio público en suerte de “aulas inteligentes” donde estén garantizados los derechos y deberes culturales de toda la comunidad. Pero para ello se tendrá que intervenir en esos espacios de un modo creativo, con Políticas Públicas que regulen la circulación del arte y la cultura, pero al mismo tiempo, estimulen la constante interacción.

Lamentablemente, por el momento solo aprecio en el sistema institucional la mera actitud defensiva. Es una percepción personal que, obviamente, se nutre de lo que tengo a la mano (supongo que otros tendrán experiencias más positivas que describir). En este sentido, ojalá que junto al Decreto 349 surjan disposiciones legales que ayuden a establecer en el Paseo Temático del Cine de Camagüey, por ejemplo, alianzas estratégicas entre las áreas de Cultura y Educación, que permitan la formación de ciudadanos con verdadera conciencia cívica.

Porque, al final, todo nace allí: en la educación eficiente. Los decretos, las leyes, intentan articular un mundo ideal. Pero el mundo de la vida, ese donde nos movemos a diario, ese donde nos convertimos en mejores o peores personas, en gente alegre o amargada, en seres egoístas o solidarios, necesita de otro tipo de regulación por parte del Estado.

Para mí ha sido un buen debate… en abstracto. Pero es hora de volver a lo práctico: al espacio concreto (La Calle de los Cines) donde, teniendo el Estado en sus manos todas las posibilidades de convertirlo en un área de permanente irradiación cultural, persevera como un páramo. ¿Cómo vamos a exigirle resultados cívicos a un Decreto si en la práctica nos cruzamos de brazos?

Esa es para mí la gran pregunta, que no se resuelve con un texto legal, sino con un plan de acciones concretas.

Juan Antonio García Borrero

PD:

Ponemos a disposición de los interesados un PDF donde se han compilado buena parte de las intervenciones vinculadas a esta polémica.

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Diez conceptos claves para un Callejón de los Milagros

El Ministerio de Cultura acaba de anunciar, como parte de sus estrategias de trabajo para el año 2019, el impulso de la informatización de su gestión cultural. Es una noticia muy buena, porque si bien la informatización es un proceso que afecta de modo transversal a toda la sociedad, el conjunto de prácticas asociadas a ellas al final es lo que ya ha ido conformando lo que dentro de poco llamaremos la cultura del siglo XXI.

Informatizar la gestión cultural, desde luego, es mucho más que poner el Internet en manos de los artistas, o llenar de tecnologías los diferentes espacios. La informatización va desde la propia producción artística hasta la posibilidad de que, ¡por fin!, como autor yo pueda cobrar desde Camagüey los honorarios correspondientes a una colaboración entregada a la revista Cine Cubano.

La informatización eficaz de la gestión cultural demanda de un estado mental digital, donde es imprescindible la infraestructura tecnológica, pero también la formación de usuario y dirigentes que sean capaces de detectar las fortalezas que hay en el uso creativo de todas esas tecnologías que ya tenemos en la mano.

Acá en Camagüey, en el Proyecto El Callejón de los Milagros, tenemos siempre a mano los siguientes diez conceptos claves, que nos ayudan a no perder el rumbo humanista del enfoque en medio del permanente desarrollo. No importa que mañana estemos hablando del 5G; con estos conceptos a la mano garantizamos que la gran meta siga apuntando a las Humanidades digitales.

DIEZ CONCEPTOS CLAVES PARA UN CALLEJÓN DE LOS MILAGROS

Jerarquización de la cultura audiovisual

En una época donde el “todo vale” pareciera que llegó para quedarse, y donde vivimos “infoxicados” con noticias banales que nos bombardean a diario, necesitamos recuperar el sentido crítico que permita ubicar dónde está lo valioso desde el punto de vista cultural, y ponerlo institucionalmente al alcance de quienes ahora mismo solo tienen conocimiento de lo que dicta el mercado y el consumo informal.

Inclusión digital genuina

Ya se ha reconocido en Cuba, al menos en teoría, el derecho de los ciudadanos a acceder libremente al mundo de los redes. Y cada vez hay más puntos wifi habilitados por Etecsa a lo largo de toda la isla, lo que garantizaría mayores facilidades para ese acceso. Sin embargo, la inclusión digital genuina no se satisface solamente con la conexión, pues en principio, estarían excluidos aquellos que no pueden pagar el todavía alto precio del servicio, pero también los que, teniendo los dispositivos y el dinero, carecen de las habilidades para usar creativamente esos instrumentos.   Lee el resto de esta entrada