BILLY WILDER SOBRE EL ESTILO

La mayoría de las películas nacen para ser olvidadas. Solo unas pocas consiguen trascender en el tiempo, y convocar a generaciones diversas. Por eso cuando un realizador consigue que al menos dos de las que ha realizado, ocupe esa lista de imprescindibles, puede considerársele un genio del arte cinematográfico. Es lo que pasa con Chaplin. O con Welles. O con Fellini. O con Billy Wilder, desde luego.

De Wilder tengo dos películas que no me canso de repasar: El ocaso de una vida (Sunset Boulevard/ 1950) y Algunos prefieren quemarse (Some Like It Hot/ 1958). Podría mencionar también Pacto de sangre (Double Indemnity/ 1944) o Testigo de cargo (Witness for the Prosecution/ 1957), o El apartamento (The Apartment/ 1960), pero bastarían esas dos primeras para tener la confirmación de su genialidad.

Hitchcock llegó a decir de él que “a partir de Pacto de sangre, las dos palabras más importantes del cine son Billy y Wilder”. ¿Cómo justificar tan alta consideración? Con las películas, desde luego, que han logrado resistir el paso del tiempo gracias a esos guiones sólidos, y en las que el realizador parece empeñado precisamente en no existir.

Les comparto estas apreciaciones que tenía Wilder sobre “el estilo” en el cine. A mí me deja pensando porque, al final, el estilo Wilder sigue siendo inconfundible.

Juan Antonio García Borrero

Billy Wilder sobre el estilo

“Estoy en contra de toda esa pirotecnia visual tan común en el cine de ahora. En mis películas, no pretendo que los espectadores salten ante cada plano, gritándole al de al lado: “¡Dios mío, mira qué encuadre!”. Además, todo eso ya lo probamos en los viejos días de la UFA, en Alemania, y después lo abandonamos.

(…)

Si cuando el público empieza a interesarse en lo que está viendo, cuando lo tienes agarrados por el cuello, aparece un encuadre extravagante, eso es una mierda, eso sólo perjudica a la película. Ahí obligas al espectador a pensar en la técnica: en ese momento el tipo agarró la cámara, la montó sobre una grúa y se subió a lo más alto… En mis películas yo quiero que el público olvide que hay una cámara y un director. Quiero que se olviden que hay una pantalla, que se sientan junto a los personajes, en la misma habitación o en la misma calle.

(…)

El mejor director es el que “no se ve”.

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Publicado el julio 18, 2017 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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