EL PAPEL DE LAS INSTITUCIONES CULTURALES CUBANAS EN EL SIGLO XXI

Una amiga mía, mitad en broma, mitad en serio, gusta repetir que este país está diseñado para que uno se canse. Me parece una observación ingeniosa aunque exagerada, que confunde al país con lo que es la existencia misma: es la existencia la que es milicia todos los días. Pero es verdad que en este país, ahora mismo, hay un montón de cosas que están pensadas para cansar a la gente: pensadas desde el absurdo burocrático y la inercia intelectual. Y si ese tipo de práctica no solo sobrevive, sino que se fortalece a diario, es porque la mayoría de las personas afectadas se cruzan de brazos, y lo asumen como algo natural.

Como trabajo en una institución cultural (que además, no está en la capital, sino en una provincia), y me interesa pensar en modernizar sus funciones desde ella, y no contra ella, voy a exponer en público algunas de las inquietudes que ahora mismo me embargan. Lo he dicho en otras ocasiones, y sé que no le gusta a algunos, pero para mí el sistema institucional cultural en Cuba tal como existe ahora mismo ha sido superado por la Historia, lo cual no quiere decir que hay que prescindir del mismo: en todo caso, reconocer esto nos obligaría a debatir de un modo transparente sus insuficiencias. Al menos yo, me siento comprometido con su necesaria modernización. Y dicho con más claridad: siento que el compromiso tiene que ser más con el hacer que con el hablar, que en eso los intelectuales pueden ser espléndidos a la par que pantagruélicos.

Pero sucede que esa pretensión de hacer muchas veces chocará contra los muros invisibles del conformismo institucional, y la excesiva burocratización de sus prácticas. Habría miles de ejemplos que poner, pero haré referencia a algo puntual que, en lo personal, lleva tiempo provocándome no pocas ansiedades: la libertad para pensar por cabeza propia desde una institución. Aunque parto de la anécdota me interesaría proyectar un posible debate a lo que puede suceder, ya sin nombres propios, en el sistema íntegro; preguntaría, ¿ese sistema institucional de la cultura está estimulando la creatividad individual en el plano de los sujetos, o por el contrario, intenta fortalecer una suerte de plantilla sobre y dentro de la cual deben operar todas las posibles iniciativas?

Aquí va mi ejemplo personal: hace poco un grupo de estudiantes norteamericanos que pasarán por Camagüey se mostraron interesados en que les impartiera una charla, y ya de paso, les mostrara la ciudad. Como sé que la institución donde trabajo no es mía (a diferencia de este blog, que sí es personal) hice la propuesta por los que se consideran los canales adecuados. Y la respuesta ha sido negativa: no podrán reunirse en ese Complejo Audiovisual Nuevo Mundo que todos los días intento concederle visibilidad académica en Internet y otros medios. Puedo hablarles en un paladar, en un bar, en un parque, pero no en Nuevo Mundo, pues para ello habría que hacer no se sabe cuántas consultas, obtener no se sabe cuántos permisos, lo que le daría la razón otra vez a mi amiga: este país está diseñado para que la gente se canse. A lo que yo añadiría: esta ciudad, en lo que al tiempo se refiere, todavía no ha vivido el 17D.

Dije antes que no me interesa que la anécdota se convierta en el centro de una posible discusión. En definitiva, en Camagüey se han logrado muchísimas acciones y debates impensables en algunos escenarios dentro y también fuera de la isla. Así que sería injusto si ahora pretendiera que esto se convierta en la medida de las cosas que pasan aquí.

En todo caso, me interesa pensar críticamente el asunto desde la perspectiva de alguien que ve el trabajo cultural, no como algo domesticador, sino exactamente como su contrario: como un dispositivo de resistencia y liberación intelectual. De allí que no pueda sentirme conforme con esas prácticas en las que el cumplimiento ciego y acrítico de los reglamentos anula las iniciativas de los individuos, y los convierten en dóciles piezas de una maquinaria en función única de un grupo humano, por mayoritario que este sea.

Quizás sea una utopía, otra más. Pero ahora quiero soñar que en algún momento de mi vida podré reunir en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo a una mínima parte de esos turistas que cada vez se ven más en Camagüey, tomando fotos del Paseo temático sin tener una idea exacta de dónde están. Y estudiantes de esas universidades extranjeras donde me han invitado a hablar sobre cine cubano. Y que ese sueño, lejos de derivar hacia la pesadilla burocrática, sea tramitado por quien tenga que tramitarse, pero con agilidad, y la convicción de que esa también es otra forma de hacer cultura desde una institución en la ciudad.

Juan Antonio García Borrero

Anuncios

Publicado el junio 20, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 5 comentarios.

  1. Me gusta la frase de tu amiga… pero —como tú— también tengo un pero. Mastico y mastico, como quiera siempre me gusta. Pero no puedo sazonarla bien sólo con tus argumentos. La frase es ingeniosa, profunda… y sólo quienes hemos sentido la angustia de la inercia intelectual, la furia de tener que andar los angostos caminos de la mediocridad ajena y propia, podemos apreciar la belleza, el destello de entendimiento, la experiencia contenida en tal frase. No discierno con nitidez la diferencia que haces entre mi país y mi existencia. Yo soy mi país. Esa distinción romana entre Estado como una entidad independiente y suprema a la cual se sacrifica el individuo es un “duérmete mi niño” para conservar determinado orden social. Esa idea, desafortunadamente, la han servido incluso hasta en el plato de la Teoría de la Evolución de la vida. Donde los individuos se sacrifican a favor de la especie — eso es falso. Ninguna mutación, ningún comportamiento, ninguna ventaja se expande a la población si no representa una ventaja para los individuos que la portan. Si no hay ventaja para el individuo no hay evolución para la especie. Eso es lo que trajo el barco. No creo que tu amiga exagere… demasiado.

    Naturalmente — como dices — “…la mayoría de las personas afectadas se cruzan de brazos, y lo asumen como algo natural,” se acostumbran, se acomodan. Y no creo que adoptan esa actitud “irracional,” indolente, porque pensemos con el estómago ni porque digerimos con el cerebro. En esta novena juegan otros jugadores. Por causa de algo desconocido que llaman Dark Energy, el Universo —como un todo— NO se comporta conforme a lo que se tiene por conocido sobre masa y gravedad. Yo creo que la dark energy que condiciona la inercia intelectual (y todos sus atributos sociales), le llaman “deuda de gratitud” en unas circunstancias, y “complejo de culpa” en otras circunstancias. Como quiera que sea, esa deuda de gratitud es usada desde el púlpito para manipular… y castrar, todo espíritu creativo que pueda parecer retador de ciertos ideales o conceptos previamente delineados. De paso —y como es natural— quienes administran, e interpretan, esos ideales y conceptos desde el púlpito obtienen una ventaja individual. Así nace la meritocracia. Así todo parece estar bien… y avanzamos, aunque la máquina no funcione.

    Es fácil acusar a la víctima… lo difícil es hacer que hable, sobre todo si está muerta. Si debemos el pasado, el presente no tiene valor y el futuro es incierto. Yo creo que el papel de las instituciones culturales cubanas en el Siglo XXI puede estar vinculado a la valoración cultural del individuo — que no sea el individualismo que destila por gravedad de las doctrinas religiosas. El motor de la sociedad es su economía, y si el individuo que produce no obtiene ventaja de su trabajo… no produce. Si las instituciones culturales no apoyan al individuo, si las instituciones financieras no apoyan al individuo, si las instituciones políticas no apoyan al individuo… el individuo se convierte en un oportunista errante… un perro sin dueño. Apoyar al individuo no es —ni ha sido nunca— regalarle lo que necesita. Todos sabemos lo carero que es Regalado. Apoyar es crear las condiciones en las cuales él pueda producir su vida y sostener sus valores… con su esfuerzo. Condiciones sociales, políticas, financieras… y culturales. Cultura es más que cuatro negros tocando tambores, y una mulata vestida de blanco repartiendo nalgazos. Con todo el respeto para los cuatro negros, los tambores, la mulata… y los nalgazos. El espíritu creativo es una criatura frágil y huidiza. En ocasiones sólo asoma, indeciso, tembloroso, cuando oye reír a un niño, llorar a una anciana… o croar a una rana.

    Visité Ciudad de Camagüey la semana pasada y puedo decirte tres cosas —que considero de orden cultural— me impactaron negativamente. La contaminación acústica (ruido atroz). La calidad del aire (humo vehicular implacable). Y la miseria tipográfica (vi muy pocos carteles, anuncios o señales diseñados por personas que hayan tenido, aunque sea fugaz, platónica, alguna relación con la armonía, la fluidez, el sentido del espacio blanco, o el humor. Una agresión visual. Afortunadamente, en Camagüey, siempre hay donde poner la vista con ansiedad y comodidad). Admiro mucho tu trabajo, siempre vengo a tus escritos. Me alegra y me entusiasma saber que un joven con tu talento sabe y quiere abordar estos temas con amplitud y consistencia. Gracias.

  2. Juan Antonio, las críticas que haces al sistema de instituciones culturales, resumidas en esta oración: “no pueda sentirme conforme con esas prácticas en las que el cumplimiento ciego y acrítico de los reglamentos anula las iniciativas de los individuos, y los convierten en dóciles piezas de una maquinaria en función única de un grupo humano, por mayoritario que este sea.” Se pudiera extender, a todos los organismos del estado. Solo hay que ver las dificultades que tienen que vencer los medios masivos de información para poder acceder a organismos, empresas estatales, etc. Eso es parte del secretismo que se resiste a desaparecer porque los burócratas todo lo quieren controlar, aunque impida o cree dificultades al adecuado desenvolvimiento de todas las entidades estatales.

    • Cierto, Adovale — el secretismo es siempre y en todas partes un mecanismo para evadir rendir cuentas a la sociedad y, en última instancia (como dirían los filósofos), evadir la responsabilidad social. La forma institucionalizada para evadir esa responsabilidad social es establecer mecanismos e instituciones gubernamentales para rendir cuentas… que no funcionen: asambleas, reuniones y otros demonios del espíritu de la vida social.

  3. Adoro este blog, disfruto las publicaciones, los comentarios a estas, invierto gustosamente tiempo de un Internet bien lento que tengo que pagar, pero que agradezco tener. Sobre esta publicación quisiera opinar que, la frase genial que una vez escuché en un sentido específico, podría perfectamente ser aplicada ahora en un sentido contrario. La frase es algo parecido a: “decir que Cuba no es eficiente (en disímiles aspectos de la realidad) a causa del bloqueo, es como decir que el plaguicida no funcionó por culpa de la plaga”. Uno da por sentado que la plaga existe a la hora de crear el plaguicida, y en vez de quejarse de cuán nociva es la plaga, se enfoca el ingenio en buscarle remedio. El sentido inverso en el que quiero emplear esta frase es que, si bien yo entiendo y sufro en carne propia, como muchos, como la mayoría, todos los males, incorformidades, frustraciones etc. que nos aquejan en este país, he optado (quizá porque soy relativamente joven, no tengo hijos, qué sé yo) por no deprimirme más: no me voy a ir del país, no antes de graduarme y “hacer algunas cosas”, no me voy a cortar las venas cada vez que veo un basurero, el pan de la bodega más ladrillo que el día anterior, o el refrigerador con mucho espacio a la espera de que llegue, y despachen el pollo o el pescado. Las instituciones, culturales o no, y sus burocratismos, nos afectan, no es lo único que nos afecta, pero es una plaga con la que ya contamos, seguir protestando por su causa sin trabajar simultáneamente en la invención de un plaguicida, no solo es inútil (en mi opinión), es desgastante, nocivo, deprimente. Yo creo que no hay plaga que no pueda remediarse. No creo que estemos en el Apocalipsis, sí creo que por muy duras que sean las circunstancias, si son varios lo que, dentro o fuera del país, se unen a defender las causas justas (como los cineastas, no tan jóvenes en carne pero sí y mucho en espíritu, que luchan por la ley de cine) se puede hacer lo que sea, eso es lo que falta, en mi modesta opinión: unidad y ganas. Yo, por lo pronto, mientras no encuentre a quien unirme (para hacer, no para solo hablar) y no fortalezca mis ganas, no voy a quejarme inútilmente más.

  4. Gracias por el comentario y el elogio al blog. En cuanto a la actitud a asumir en esta vida que nos ha tocado: yo creo que la crítica por la crítica siempre será estéril, o cuando más, sirve para la catarsis, pero deja todo intacto. Lo difícil es construir un pensamiento crítico que sea a la vez práctico. Yo creo que el individuo de hoy tiene mejores condiciones para emanciparse que el de hace diez años atrás, y al mismo tiempo, el peligro de que lo domestiquen es mayor, porque nos pueden convertir en “robots alegres” haciéndonos creer que elegimos lo que hacemos. Lidiar con la mentalidad institucional cubana de ahora mismo es bastante complejo. Al menos, lidiar “desde la institución” parece pura actitud del Quijote porque quienes dirigen esas instituciones responden a un modo de pensar la cultura que está superado. No es que esas personas sean buenas o malas, es que humanos al fin, respondemos a los tiempos en que nos formamos y nos imponemos límites. Lo preocupante está en que quienes se van formando en otros escenarios no se esfuercen en construir ese pensamiento cultural nuevo. Allí es donde a veces, con mis amigos más jóvenes, me siento desalentado, porque algunos optan por la no construcción, y eso es puro conformismo. Un abrazo grande, y gracias por seguir el blog.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: