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Broselianda Hernández, filmografía de una actriz

El hecho de que Broselianda Hernández quede en el imaginario de este país, como una de las más colosales intérpretes del teatro, puede fomentar el riesgo de poner en un segundo plano su labor para el cine.

Yo creo que deberíamos hablar de Broselianda como Actriz (así, con mayúsculas), sin establecer falsas fronteras, sin distinguir lo que hizo para las tablas, para la pequeña pantalla, o para verse en una sala oscura (en esta última vertiente, debutó con un documental dramatizado de Rebeca Chávez titulado Castillos en el aire, donde aparece en los créditos como Broselianda Boudet).

Al final, hablamos de una mujer que se adueñaba de los escenarios, y los convertía en su escenario. Eso fue lo que sentí cuando la vi en Barrio Cuba, una película coral de Humberto Solás donde tiene apenas minutos de presencia, y, sin embargo, al menos fue mi caso, es su imagen desgarrada la que más perdura en la memoria.

Tal vez encontremos en esa escena la mejor metáfora de lo que ha sido su vida breve en lo humano, esa que, paradójicamente, nos va a trascender a muchos, porque está hecha de intensidades más que de largas duraciones.

Cuando sucede algo así (desaparición física de alguien en plena juventud y madurez), me da la impresión de que somos nosotros (los sobrevivientes) los que nos vamos alejando de ese punto luminoso en que tales personas están destinadas a brillar para siempre, pues como advertía Santayana:

Al fin y al cabo la longevidad es un don vulgar, y además vano, si se le compara con la eternidad, es un privilegio del polvo y de los más bajos y primitivos organismos. Los dioses aman y guardan en su memoria la belleza de los que murieron jóvenes”.  

Juan Antonio García Borrero

Broselianda Hernández

(n. La Habana, 3/ agosto/ 1964; m. Miami, 18/ noviembre/ 2020). Actriz de teatro, cine y televisión. Graduada de actuación en 1987 por el Instituto Superior de Arte, siendo Diploma de Oro de su graduación. De inmediato inició sus actividades teatrales en el Grupo Buscón, dirigido por José Antonio Rodríguez. A partir de 1994, y hasta 1999 trabajaría bajo la dirección de Carlos Díaz en la compañía El Público. Su debut en el cine se produjo con el corto Castillos en el aire (1986), de Rebeca Chávez.


Filmografía

1986: Castillos en el aire, de Rebeca Chávez (Ficción, Cortometraje)

1989: Bajo presión, de Víctor Casaus (Ficción)

1990: Isla Margarita, de Vincozencio Badolizani (Ficción, Italia)

1994: Tiburón en La Habana, de Alain Naltum (Ficción, Francia)

1996: Sabor latino, de Pedro Carvajal (Ficción, España)

1997: Cosas que dejé en La Habana, de Manuel Gutiérrez Aragón (Ficción, España)

1999: Las profecías de Amanda, de Pastor Vega

1999: Tiempo muerto, de Andrés Curbelo

2000: Nada, de Juan Carlos Cremata

2001: Dos mujeres, de Max Álvarez (Mediometraje)

2002: Niño con lluvia, de José Ángel Alayón

2004: Habanera (2004), de Joana Oliveira

2005: Barrio Cuba, de Humberto Solás

2005: Siempre Habana, de Ángel Peláez

2005: Una rosa de Francia, de Manuel Gutiérrez Aragón (Ficción, España)

2005: Mata que Dios perdona, de Ismael Perdomo (Ficción)

2008: Así está bien, de Alejandro Soto (Cortometraje)

2009: La Anunciación, de Enrique Pineda Barnet (Ficción)

2009: Habanaver. T.A. 31 KB/seg, de Javier Labrador, Juan Carlos Sánchez (Documental)

2010: José Martí: el ojo del canario, de Fernando Pérez (Ficción)

2010: Túnel, de Daniel Chile

2011: Camionero, de Sebastián Miló (Ficción)

2011: El rito del alacrán, de Antonio Alfredo Quiñones (Ficción)

2012: Amor crónico, de Jorge Perugorría

2013: Nani & Tati, de Adolfo Mena Cejas

2014: Fátima o El Parque de la Fraternidad, de Jorge Perugorría (Ficción)

2014: La nube, de Marcel Beltrán

2015: El acompañante, de Pavel Giroud

En memoria de Broselianda Hernández

Llevo un buen rato paralizado, leyendo por inercia los comentarios de dolor y asombro que las personas van dejando en Facebook. Todavía estoy dudando en escribir esta nota. Tengo la esperanza de que Broselianda Hernández aparezca en alguna parte mandando a parar tanto Fake.

Nunca hablé personalmente con ella, pero la admiraba tanto como actriz, y sobre todo como la mujer inteligente que escribía en su blog Viajera inmóvil, que una vez solté en el mío un post que estuve a punto de borrar, porque pasado ese estado de trance en que podemos anular ciertas funciones mentales y mostrar lo que sentimos sin máscaras, me sentía sin argumento alguno para justificar lo que salió: casi una declaración pública.

Lo vuelvo a republicar ahora que dicen que ya no está, aunque ya la seguiré viendo en cada una de esas escenas inolvidables que nos regaló.

JAGB


PENSANDO EN BROSELIANDA

Queridos amigos: Aquí estoy, olvidada de mí. No de ustedes”. Esto lo ha escrito la actriz Broselianda Hernández en su blog “Viajera inmóvil”. Y me ha matado. De vez en cuando me gusta pasar por su sitio. Quedarme lelo ante sus fotos. Leer sus reflexiones.

Ella no me conoce. Y tampoco sabe que la espío desde hace un montón de años. Que me quedé de cabeza (o sin cabeza) por ella en “Barrio Cuba” (y eso que salía apenas minutos). Que soy fanático de su desempeño en “La anunciación”. Quizás a partir de ahora adquiera todos los recelos del mundo contra mí (¿recuerdan aquella película donde Robert de Niro se convierte en un incómodo fan de Wesley Snipes?). 

Las actrices, cuando se desnudan de verdad (no de la ropa, sino del espíritu) pueden ser las personas más temibles del mundo. He tenido la suerte de que algunas de los que más admiro en este país me hayan concedido el privilegio de conversar con ellas lejos de todo lo que huela a alfombra roja. No de “entrevistarlas”, sino de hablar como habla cualquier ser humano en circunstancias comunes: Mirtha Ibarra, Isabel Santos, Adelá Legrá, Daisy Granados, Eslinda Núñez, Verónica Lynn, Ketty de la Iglesia.

Ahora acabo de leerme una entrevista de Luisa María Jiménez (otra de mis actrices fetiches) concedida a Carlos Barba, que me ha dejado pensando tanto como las cosas que leo en los blogs de Broselianda Hernández e Ivonne López Arenal.

Pienso en las aprensiones de Freud cuando se refería a la psicología femenina, y trato de imaginar una posible recaída si hubiese llegado a entrar en algunos de esos blogs escritos por actrices. En mi caso, reconozco mis límites: sé que soy más vulnerable ante una mujer inteligente que ante una mujer desnuda.   

Juan Antonio García Borrero 

En memoria de Rodolfo Caraballo Quevedo

Yo pensaba que, a estas alturas del año, el 2020 ya no podría aportar peores noticias de las que ya hemos tenido. Pero este año está demostrando que no se trata de lo que nosotros, simples vecinos del Ser (como diría Heidegger), pensemos y deseemos, sino de lo que la existencia va dictando del modo más absurdo.

Ahora se nos muere Rodolfo Caraballo Quevedo, uno de los estudiantes más brillantes que ha tenido la FAMCA de Camagüey, y no consigo escribir algo que tranquilice mi impotencia. Sencillamente es absurdo.

Lo único que atino a hacer ahora es presentar la página que ya tiene en la ENDAC, y a través de la cual podrá apreciarse que era un todo-terreno, pues lo mismo dirigía un animado como En el café (2017), ganador de varios premios, que editaba materiales de sus compañeros del ISA, o dirigía la fotografía o la dirección de arte.

Ahora mismo no se me ocurre escribir nada más. Todo ha sido tan de sorpresa, que resulta un verdadero desafío racionalizar este desenlace. Así que los dejo con su página, la cual, como las otras, estará en permanente construcción.

JAGB    

Rodolfo Caravallo Quevedo

(n. Camagüey, 24 de noviembre de 1982 // m. Camagüey, 11 de noviembre de 2020). Graduado de Dirección por la FAMCA de la Universidad de las Artes de Camagüey. Animador y músico. Integrante de la Orquesta de guitarras Santa María Excorde.


Filmografía

2015: ¿Suicidas? (Dirección)

2015: Lazos (Codirección con Rachel Gómez)

2015: Reciclar (Codirección con Jeal A. Torres)

2015: Robotic (Codirección con Orestes Oduver Navarro Perna)

2016: Al desnudo, de José Lezcano (Fotografía, Dirección de arte)

2016: Autopsia (Dirección)

2016: Devoción, de Rachel Gómez (Guión, Fotografía, Edición, Música)

2016: Flor (Codirección con Elaine Báez Aldana)

2016: Travesuras (Codirección con Sailín Carbonell)

2017: En el café (Dirección)

2017: Francisco y la suerte, de Julio A. Rodríguez Sánchez (Fotografía)

2017: Male Female, de Rachel Gómez (Fotografía)

2017: Mañana, de Elvira Larrinaga García (Edición)

2017: Tres reinas, de Ivexi Arencibia (Fotografía, Edición)

2020: Mi raza, de Henry de Armas (Edición)

En memoria de Enrique Colina

La casualidad ha querido que Enrique Colina (n. La Habana, 27 de abril de 1944; m. 27 de octubre de 2020) fallezca el mismo día en que a lo largo y ancho del planeta se celebra el Día Mundial del Patrimonio Audiovisual. Son innumerables los mensajes que he leído donde se resalta la indiscutible importancia de este hombre que dedicó toda su vida justo a promover lo mejor del arte cinematográfico.

Sin embargo, debo confesar que, en mi caso, Enrique Colina es, sobre todo, otro paradigma de intelectual que (al igual que Titón), ponía por delante el imperativo cívico de pensar críticamente nuestras existencias. En tal sentido, esto que alguna vez dijo me sigue pareciendo ejemplar:  

“(…) he hecho varios documentales que reflejan problemas que ya estaban desde los años ochenta y que han empeorado a unos niveles terribles hoy día. Más allá de considerarme un crítico pienso que soy una persona que vive en este país y que ve esta realidad sin tapujos ni prejuicios al precio de vivir una amarga decepción que lejos de paralizarme me compulsa a protestar. Me parece que no es nada excepcional lo que hago. Tengo una opinión y es mi derecho expresarla. Es una lástima que esta actitud no esté un poco más extendida. Mi punto de vista es que nos hemos convertido en un tipo de ciudadano que no tiene desarrollado un sentido cívico elemental. Ser revolucionario ha sido históricamente en la práctica obedecer, seguir las orientaciones, cumplir las tareas asignadas y ha quedado para la retórica demagógica aquello de pensar con cabeza propia y decir y actuar en consecuencia. Pronto yo y los que dirigen nos vamos a morir. Entonces nos preguntamos ¿Qué pasará con el país? y ¿Qué responsabilidad tenemos? ¿Crees tú que puedo virarle la espalda a mi realidad teniendo un medio de expresión? Esto es una obligación más que un derecho”.

Nunca le agradecí como debía que la primera entrada publicada en este blog, luego de la presentación del mismo, fuera la carta que dirigió a Desiderio Navarro en el 2007, en el marco de la llamada “Guerrita de los emails”. Y agradecerle de paso la motivación para, a raíz de la misma, dirigirme a él públicamente, en un intento de naturalizar esa cultura de la polémica por la que tanto abogó.

Fue un documentalista que hizo del humor irreverente un arma que atacaba sin piedad aquello que consideraba negativo. Era enemigo de la censura y así lo hizo saber en varias ocasiones. Paradójicamente, hacia el final de su vida, luchó por dejar a un lado la etiqueta de “crítico” con la que lo siguen asociando, como cuando escribe, a propósito del filme Conducta(2014), de Ernesto Daranas: “Hace muchos años que dejé de ejercer la crítica de cine, aunque en esencia, más que discurrir sobre la cinematografía en sí misma y la valoración purista de su discurso artístico, mi intención siempre fue la de acercarme al análisis de la realidad a través del cine. Aclaro entonces que esta no es una crítica de cine”.

Entiendo esa posición con la cual me siento absolutamente identificado. A mí tampoco me interesa mucho la crítica de cine en sí misma, sino el ejercicio permanente del pensamiento crítico, que es enemigo de las etiquetas. Colina, insisto en eso, fue uno de nuestros grandes maestros, con un don que le daba muchísima ventaja: ha sido uno de los cubanos que mejor comunica en pantalla.

Esta que presentamos a continuación es la página de Enrique Colina en la Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano (ENDAC). Aquí podrán encontrar información sobre su filmografía, declaraciones del cineasta, reseñas, imágenes. Por supuesto que es algo mínimo comparado con lo que se puede lograr, tomando en cuenta la dimensión de su legado. Pero lo importante es mantener al alcance de la mano su pensamiento, ese que nos animará en todo momento a poner bajo sospecha las chapucerías, la indolencia, el burocratismo. Y seguir soñando el cine y el audiovisual con la misma pasión con que Enrique Colina enseñaba.

Juan Antonio García Borrero


Enrique Colina

(n. La Habana, 27 de abril de 1944; m. 27 de octubre de 2020). Cineasta, crítico y profesor de cine. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica y Francesa por la Universidad de La Habana. Durante más de treinta años dirigió para la televisión cubana el espacio didáctico 24 por segundo, tal vez el más influyente de los programas de su tipo creados en la isla. Debutó como realizador de documentales en 1984 con Estética, inaugurando una línea de trabajo donde el humor, el sarcasmo, la mirada incisiva al entorno cotidiano acompañaría a casi todas sus películas. En la ficción debuta con el cortometraje El unicornio (1988), si bien ha de esperar catorce años para dirigir su primer y único largometraje en ese género: Entre ciclones (2002). Ejerció la docencia en el Instituto Superior de Arte, la EICTV, la Femis de París, entre otras instituciones académicas.


Filmografía

1984: Estética (Doc)

1984: Yo también te haré llorar (Doc)

1986: Vecinos (Doc)

1986: Jau (Doc)

1987: Chapucerías (Doc)

1987: Más vale tarde… que nunca (Doc)

1988: El Unicornio (cm)

1991: El rey de la selva (cm)

2002: Entre ciclones (Largometraje)

2008: Los bolos en Cuba y una eterna amistad (Doc)

2013: La vaca de mármol (Doc)

2016: Cuba: oferta especial, todo incluido (Doc)

En memoria de Juan Padrón

El aviso de su muerte me ha sorprendido encerrado en casa, mientras afuera pareciera que todo se ha reducido a comentar la terrible pandemia que azota al mundo.

Y en medio del vocerío llega la noticia (la que nos empeñábamos en no imaginar que se hiciera realidad, pese a los funestos pronósticos que enrarecían los mensajes intercambiados entre amigos), y todo parece ponerse en pausa para evocar en silencio a Juan Padrón, el mítico creador del no menos mítico Elpidio Valdés, el de los Vampiros en La Habana.

El año pasado, gracias a Ramón Samada (actual presidente del ICAIC), pude contactar con él, pues queríamos crear en Camagüey el Cine Club infantil “Elpidio Valdés”, y rendirle homenaje público a su personaje en nuestro “Callejón de los Milagros”, montando una imagen del mismo a tamaño real.

Por una cuestión de respeto al creador, le enviamos el boceto de lo que aspirábamos a imprimir. No demoramos mucho en recibir respuesta: Juan Padrón no solo se entusiasmó con la idea y autorizó a que utilizáramos el personaje, sino que nos envió un dibujo hecho por él que es el que hoy puede verse en el Callejón, y donde tantos niños se suelen retratar junto a sus padres.

Pocas veces los artistas consiguen apoderarse del imaginario público de un modo tan contundente. Juan Padrón lo consiguió con creces, y es por eso que ahora su muerte física está muy lejos de ser una verdadera despedida.

Juan Antonio García Borrero


Filmografía

1974: Una aventura de Elpidio Valdés

1974: Elpidio Valdés contra el tren militar

1974: Horologium, que quiere decir reloj

1974: La silla

1974: Velocipedia

1974: Mi pañoleta

1975: Aerodinámica

1975: El enanito sucio Lee el resto de esta entrada

En memoria de Nelson Rodríguez

Nelson Rodríguez en el XIV Taller Nacional de Crítica Cinematográfica de Camagüey

En A Contraluz, el libro que Luciano Castillo publicara con la Editorial Oriente (Santiago de Cuba) en el año 2005, aparece una deliciosa conversación con Nelson Rodríguez. Y hay una parte que a mí me gusta leérsela a los amigos que llegan a mí interesados en incursionar en la realización audiovisual; dice Nelson Rodríguez allí:

Existe un problema con las tecnologías modernas. Los jóvenes que saben mucho de computación le pueden entrar muy fácil al AVID, pero lo del cine es más complejo, porque si no tienes la experiencia y una cultura cinematográfica, estás frito. Resulta mucho más fácil trabajar en AVID que en moviola, es como cuando uno aprende a manejar un carro, hasta que no domina la cosa mecánica de los pies y las manos, uno no se puede concentrar en la carretera, eso pasa en la moviola. En el AVID no es así: es apretar teclitas, pegar un pedacito de plano con otro, lo miden por un cuentamillas y dicen qué tiempo le van a dar, sin mirar el plano en realidad. Los planos tienen un movimiento interno. Como lo hacen tanto, acaban en menos de tres días. Y si ven algo raro, deciden hacer una disolvencia o algún fundido, lo cual suaviza el corte. Así cualquiera edita, pero eso no es editar, eso es pegar planos”.

Quien hablaba así es el responsable de la edición de películas como Memorias del subdesarrollo, Lucía, La primera carga al machete, Los días del agua, Una pelea cubana contra los demonios, La última cena, Los sobrevivientes, Cecilia, Una novia para David, Papeles secundarios, o El siglo de las luces, para mencionar apenas algunas de las muchísimas que editó.  

Es decir, hablamos de toda una leyenda del montaje cinematográfico, alguien de quien el gran cineasta Humberto Solás dijera en su momento: “Si unimos la experiencia del editor, de musicólogo intuitivo, del director de actores nato, del cinéfilo que sabe encontrar en cada secuencia que tú filmas o que estás por filmar, un referente en la historia del cine, realmente se consolida una personalidad muy breve, muy vigorosa, de una altura profesional difícil de encontrar”.

En Camagüey tuvimos la suerte de tenerlo en el XIV Taller Nacional de Crítica Cinematográfica, y recuerdo aquellos días a su lado como una verdadera fiesta. Nelson Rodríguez era, ante todo, un gran cinéfilo.

Podía hablar con gran rigor de la técnica y de la teoría, pero tengo la impresión de que todo el tiempo le estaba haciendo una suerte de declaración de amor, a lo gran Hollywood, al cine mismo. Y allí su pasión, como el legado que ahora nos deja, era sencillamente impresionante.

Juan Antonio García Borrero

Nelson Rodríguez, junto a Adela Legrá y José Martínez Estévez en el Taller de Crítica de Camagüey

Un adiós a Mayuya

El cine cubano está de luto. Ha fallecido María Eulalia Douglas (Mayuya), una de sus más grandes y perseverantes investigadoras. Pero queda ese legado inmenso que aportó a todos aquellos que quieran aproximarse a este universo. Reproduzco las palabras publicadas en Cubacine por Luciano Castillo, actual director de la Cinemateca de Cuba.

Un adiós a Mayuya

Por Luciano Castillo (Publicado en Cubacine)

El domingo 9 de febrero, falleció en La Habana la investigadora e historiadora María Eulalia Douglas, conocida cariñosamente por Mayuya por cuantos acudieron a ella en la Cinemateca de Cuba.

Mayuya desempeñó por más de cincuenta años una intensa labor investigativa sobre la historia del cine cubano. Labor que fructificó en numerosas publicaciones, entre las cuales se destacan: Guía temática de la producción del ICAIC, La Tienda Negra (El cine en Cuba 1897-1990), que fuera Premio de Investigación del Centro Cultural Juan Marinello, Catálogo del cine cubano 1897-1960 y El nacimiento de una pasión. El cine en Cuba 1897-2014.

Nacida el 12 de septiembre de 1928 en San Juan de las Yeras, antigua provincia de Las Villas, colaboró con numerosas publicaciones nacionales y extranjeras, entre ellas: Cine Cubano, Take One, Ecos, y en los tres primeros tomos de la serie Coordenadas del cine cubano. Recibió la Distinción Por la Cultura Nacional que otorga el Ministerio de Cultura y otros reconocimientos.

En memoria de Carlos E. León

La muerte de alguien que hemos conocido siempre nos afecta. Sobre todo si la noticia de esa muerte llega de forma inesperada.

Yo todavía no me creo lo del fallecimiento de Carlos E. León (La Habana, 1952- La Habana, 2020). O mejor digo Carlitos León, como le solían llamar sus amigos.

En las redes sociales muchos ya se están encargando de resaltar ese carisma que le permitió ganar tantas complicidades.

Carlitos fue fundador del Movimiento de la Nueva Trova Cubana. Pero nunca lo vi asumir esas poses de aires de precursor que a veces acompaña el comportamiento público de quienes en algún momento consiguen destacar en el origen de algo.

Al contrario, y es tal vez uno de los rasgos que más me impresionó de su carácter, siempre estuvo abierto al estudio de la memoria colectiva, la memoria de los otros. O lo que es lo mismo: al develamiento de los múltiples factores que de modo invisible van construyendo esos grandes acontecimientos que después la Historia oficial simplifica, y convierte en algo donde han desaparecido la diversidad, las contradicciones más profundas, los intereses humanos, los azares, las luces y las sombras, para hablar apenas de lo que se dice grandioso.

Ya tendremos tiempo de revisar con calma todos esos documentales donde Carlitos buscaba en la memoria sumergida de sus entrevistados. Por la cercanía afectiva de los hechos a los que se aproximó, a mí me pareció extraordinario El último bohemio (2016), dedicado al trovador camagüeyano Miguel Escalona. Pero hay otros como Así como soy (2002), Donde habita el corazón (2007), o Nos queda su canción (2008), que seguro se convertirán en fuentes de consulta imprescindibles para futuros investigadores.

Estoy escribiendo esta brevísima nota con una calma que me parece rara, y para nada luctuosa. Creo que la culpa la tiene Carlitos, a quien nunca vi con mala química, ni siquiera en los momentos en que hablamos de los peoresperíodos de nuestra historia cultural.

Y con este tipo de persona uno tiene la sensación de que han llegado a tu vida para acompañarte en los momentos oscuros, para elogiarte si fuera necesario, y para criticarte de modo constructivo cuando haya que hacerlo: personas así uno no deja que se escapen tan fácil.

Ahora mismo ya me enganché a ese conjunto de entrevistas realizadas por Carlitos, y que Ediciones ICAIC publicó con el título de “Trovar el cine”. Se los recomiendo a todos. Verán que la noticia de su muerte es engañosa.

Carlos E. León se nos ha ido físicamente, pero él sigue allí, aquí: lo leo, luego existe.

Juan Antonio García Borrero

En memoria de Tomás Piard

Acaba de morir el cineasta cubano Tomás Piard (n. La Habana, 28- agosto- 1948// m. La Habana, 25- marzo- 2019). Y con su muerte tal vez se cierre en Cuba una forma muy particular de hacerse y pensarse el cine.

Sus películas difícilmente van a formar parte de esas listas que de modo eventual elaboramos con el propósito de fijar “lo mejor de la cinematografía nacional”. Piard estaba consciente de ello: desde que filmara en 8 mm el corto Crónica del día agonizante (1966), el cineasta se propuso un conjunto de imágenes que dinamitan lo esperado por los espectadores, y también por la crítica tradicional.

Jamás quiso ganarse el elogio de los otros apelando a la familiaridad de las estructuras narrativas o sacrificando sus propias búsquedas autorales: todas sus películas todavía son una invitación a adentrarnos en la zona más experimental, las más incómodas.

Cuando comencé a interesarme por lo sucedido con el cine cubano, allá por los años noventa, era dominante la imagen icaicentrista de su historia. El nombre de Tomás Piard, al igual que el de Jorge Luis Sánchez, se mencionaba como ejemplo de ese cine aficionado que se comenzaría a apoyar desde lo institucional en los años ochenta. Pero nada de ofrecerse algún tipo de mapa que nos ayudara a orientarnos en ese contexto que me dio por llamar “el cine cubano sumergido”.

Piard fue más que generoso al abrirme las puertas de su archivo personal, y poner parte de su tiempo (ese que utilizaba para hacer películas) en la reconstrucción de una historia que aún carecía de Historia.

Luego estuvo su posición ante la vida, su deseo de que lo encontraran haciendo cine por este país en lo que su admirado Lezama llamaba “cotos de mayor realeza”. En tal sentido, todavía me impacta aquella declaración suya en On Cuba, a propósito del estreno de La ciudad (2015):

Desde 1993, año en que se estrenó Fresa y Chocolate, se ha ido imponiendo la estética de la miseria, lo que prevalece en casi todas nuestras películas. En este filme si iba a hablar de la ciudad no quería referirme a sus miserias, sino a todo lo contrario. Quise mostrar la ciudad bella que también existe, entonces ¿por qué no transitar también por ella en vez del trillado sendero de las fachadas derruidas? Si estoy hablando de la restauración de la ciudad ¿por qué no andar por los edificios y sitios bien conservados?

Esta ciudad que muestro es la alternativa a la más conocida en los audiovisuales contemporáneos. Esta Habana existe y es una de las siete ciudades maravillas del mundo contemporáneo. Hay muchos exteriores en este material que enaltecen la belleza citadina. Aparecen también el Prado, el Parque Central con toda su belleza circundante, el Malecón, esa línea que une a la ciudad vieja con la nueva y funciona como balcón de la ciudad a donde vamos todos.

El filme es un homenaje a la capital de todos los cubanos desde una visión intimista. Los interiores tampoco son miserables, esta todo limpio y son hogares de personas que tienen un determinado nivel, tanto económico como intelectual, pero que han sufrido mucho. Mi intención fue alejarme de la vulgaridad y de lo feo escapando un tanto de la misma miseria de siempre”.

En manos de Piard, el cine no era mera reproducción de eso que los sentidos apresan de un modo superficial, sino que es herramienta que puede contribuir a que los individuos crezcamos en nuestro interior. Sí, parece decirnos, la sociedad será superior en la misma medida que los individuos nos propongamos ser superiores en lo espiritual; de allí que en su cine y su práctica, el tema de la fraternidad resulte tan recurrente.

Juan Antonio García Borrero

En memoria de Rigoberto López

Es inevitable que, tras el fallecimiento de una persona a la que se ha conocido, no lleguen a la mente buena parte de esos momentos en que nuestras vidas se entrecruzaron. Con Rigoberto López coincidí varias veces: en festivales de cine, en encuentros organizados en diversas provincias, en la sede de su Muestra Itinerante del Caribe.

Nuestros intercambios siempre fueron breves, pero intensos. Por eso los recuerdo de forma tan nítida ahora. El último fue un poco antes de que comenzara a rodar El Mayor. Él me leyó un fragmento del guión mientras nos tomábamos un café en las afueras del Hostal “El Paso”; yo le mostré la maqueta de lo que entonces iba a ser la Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano (ENDAC), y todavía me conmueve la manera en que dejó a un lado el tema de lo que sin dudas fue su proyecto de trabajo más ambicioso, para hablar de las potencialidades que veía en aquella plataforma.

Supongo que influyó el haberle mostrado las diversas entradas vinculadas a cada uno de sus filmes, incluyendo los documentales menos conocidos y que para él, tenían una importancia similar a la de sus películas más comentadas (Yo soy del son a la salsa; Roble de olor; Vuelos prohibidos).

De hecho, la consulta de esos textos nos permitió “reconstruir” el momento en que por primera vez intercambiamos ideas acerca de su trabajo. Fue en los hoy lejanos años noventa, en la provincia Ciego de Ávila, invitados ambos a la Semana de Cine Iberoamericano que no sé si todavía se celebra en esa ciudad. Y recuerdo cómo el perfecto desconocido que era yo llegó ante el cineasta, para preguntarle sobre La soledad de la jefa de despacho (1990), que recién había descubierto.

Nuestro diálogo, ahora lo sé, empezó allí, pero a pesar de su muerte, no ha terminado. Como tampoco va a terminar cuando, inevitablemente, me toque a mí la muerte. El cine tiene eso: pone a salvo ideas que mañana podrán ser recuperadas por aquellos que, como nosotros, creemos en el alto valor de la cultura.

Juan Antonio García Borrero

Rigoberto López sobre La soledad de la jefa de despacho (1990)  

Yo llevaba un tiempo considerable sin rodar, sobre todo como consecuencia de un verticalismo autoritario, que impedía se filmara de manera fluida. Llegué a tener catorce guiones que nunca realicé, pues siempre se argumentaba la falta de recursos, o sea, que no había transporte, gasolina, etc.

Un día me reuní con Camilo Vives, el productor general del ICAIC, para discutir mi situación, y luego que me explicara lo de la falta de recursos, se me ocurrió decirle: “¿Y si yo te traigo un proyecto con una sola locación y una sola actriz?”, y me dijo “Tráelo”. Lee el resto de esta entrada