Archivo de la categoría: SOBRE LA CRITICA

NECESIDAD DE UNA NUEVA CRÍTICA DEL AUDIOVISUAL EN CUBA

 

Esta polémica desatada por el artículo de Gustavo Arcos me ha gustado mucho, sobre todo por las ideas que se han contrapuesto. Hasta podría decir que la polémica me ha gustado más que el artículo, lo que estoy seguro regocijaría a Arcos. Y es que desde que leí el texto por primera vez, intuí que su utilidad no estaría en el posible consenso que podía fomentar, sino en los disensos que sacaría a la luz.

Supongo que Gustavo sabe que todo inventario siempre corre el riesgo de dejar más cosas fuera que dentro, y que en la factura llegarán acusaciones de fomentar las piñitas de siempre. Eso es inevitable; a mí, por ejemplo, me llama la atención que en esa amplia relación que él ofrece no aparezcan los documentales de Eliecer Jiménez, producidos de manera absolutamente independiente, y muchos de ellos, premiados.

Archivar en la memoria todo esto que está pasando al margen de la industria y la Historia oficial, está bien, siempre que no se olvide aquello que alertaba Derrida: “El archivo es una violenta iniciativa de autoridad, de poder, es una toma de poder para el porvenir, pre-ocupa el porvenir; confisca el pasado, el presente y el porvenir. Sabemos muy bien que no hay archivos inocentes”.

Ahora bien, si algo me deja satisfecho de la polémica es el llamado a construir una “nueva crítica”. Porque no se trata solo de acusar al ICAIC de no estar a la altura de estos tiempos (Gustavo sabe que en ese punto tenemos serias diferencias), sino que necesitamos construir el pensamiento que acompañe a esa otra obra, y la construcción de ese conjunto de reflexiones debería ser impulsado, en teoría, por los críticos. Lee el resto de esta entrada

EL CRÍTICO DE PROVINCIA

Comparto con los amigos del blog este texto publicado en IPS. Ser o no ser de provincia, lo hubiese podido titular también.

EL CRÍTICO DE PROVINCIA

En estos días he estado revisando algunos cuestionarios que nunca respondí, o cuyas respuestas dejé a medias por falta de tiempo. Uno de ellos es el que me hizo llegar en su etapa de estudiante mi querida amiga Leybis Leydis Rosales, hoy flamante Licenciada de Historia del Arte. Hay allí preguntas todavía provocadoras, como esta que trataré de responder brevemente: “¿Cuánto limita o aporta ser un crítico de cine que ejerce el oficio fuera de la capital?”.

Lo del “fatalismo geográfico” en Cuba (es decir, vivir en provincias que están más allá de La Habana) siempre me ha parecido una excusa para justificar la pereza intelectual, o la carencia de metas que aspiren a llegar más allá de lo asumido como la norma. Es cierto que las brechas que se imponen entre los países desarrollados y los subdesarrollados, entre las metrópolis y sus alrededores, condicionan las maneras de producir y acceder a los saberes. Pero en el caso de los críticos de cine, la posibilidad que nos brindan en la actualidad las nuevas tecnologías para borrar algo (no todo, desde luego) de la desventaja de no tener en tus cercanías una biblioteca con los libros y profesores que pueden consultarse en Harvard, en la Universidad Autónoma de Madrid, o en la José Martí, son reales. Lo que sucede es que el cambio de mentalidad en cuanto al uso de estas herramientas puede ser más lento allí donde pareciera que se necesita orientación desde las capitales para impulsar ese giro copernicano.

Hasta los años noventa obtener bibliografía actualizada era realmente una utopía para los críticos de cine del patio. Los que vivíamos en provincia íbamos a la sala de arte de la localidad, y corríamos el riesgo de quedarnos con la sensación de que la Historia del cine había llegado a su fin en los sesenta. Y de los debates en torno al ejercicio de la crítica misma, ni la más mínima idea. Mucho menos nos podíamos poner al día con los presupuestos del feminismo, por mencionar tan solo uno de los ejemplos que hablaría de nuestra indigencia teórica. De allí que entre los modos de apropiarse del objeto fílmico de Cabrera Infante y Valdés Rodríguez y los que llegaron después, apenas se notaran diferencias de fondo: a la larga, ha seguido siendo el mismo oficio del siglo XX del que hablara Cabrera Infante, pero sin la elegancia literaria de Cain. Lee el resto de esta entrada

LA CRÍTICA DEL AUDIOVISUAL COMO PROSUMO

A principios de los años ochenta del siglo pasado, Alvin Toffler acuñó el término prosumidor. Encontramos en sus propias palabras la mejor argumentación del origen y uso del término:

En La tercera ola (1980), inventamos la palabra «prosumidor», para designar a quienes creamos bienes, servicios o experiencias para nuestro propio uso o disfrute, antes que para venderlos o intercambiarlos. Cuando como individuos o colectivos producimos y consumimos, nuestro propio output está prosumiendo. Si  elaboramos una  tarta  y nos  la comemos, somos prosumidores. Pero prosumo no es solo un acto individual. Parte del propósito de confeccionar esa tarta tal vez sea compartirla con la familia, los amigos o nuestra comunidad sin esperar dinero o su equivalente a cambio. En la actualidad, dado que se ha encogido el mundo gracias al progreso del transporte, las comunicaciones y las tecnologías de la información (TI), la noción de comunidad es mundial, otra consecuencia del cambio en nuestra relación con el fundamento profundo del espacio. Por esa razón el prosumo puede incluir el trabajo no remunerado para crear valor y compartirlo con extraños del otro extremo del mundo”.

Un blog puede ser un ejemplo inmejorable de prosumo intelectual. Al menos en este sitio, el grupo de amigos que comparten y/o confrontan ideas vinculadas al audiovisual realizado por cubanos, es animado más por la simple complicidad intelectual y el placer que significa hablar de estos temas, que por un encargo o pretensión utilitaria. Ahora bien, ¿puede resultar a la larga beneficioso algo que no se propone ser útil, es decir, que no se concibe con la finalidad expresa de utilizarse en el quehacer social inmediato?, ¿no estaría afianzando este perfil tan desinteresado la ya preocupante reputación que tiene la crítica de ser algo absolutamente inútil?   Lee el resto de esta entrada

¿CON QUÉ SUEÑAN EN CUBA LOS CRÍTICOS DE CINE HOY?

Hoy viernes sale publicado en el Bisiesto de la Muestra este texto que escribí, a solicitud de la querida Mabel Olalde Azpiri. Agradezco su gentileza al permitirme compartirlo con los amigos del blog.  

Hace un par de semanas, en el 19 Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica celebrado en Camagüey, seis jóvenes cubanos nacidos en los años ochenta, expusieron públicamente sus ideas en torno al estado de salud de lo que Guillermo Cabrera Infante llamó “el oficio del siglo XX”. Tal vez fue esta la primera vez en que miembros de esa generación que ejercen la crítica del audiovisual o la han pensado en nuestro país, se reunían, no para escuchar lo que “los consagrados” podían repetir una vez más de ese oficio, sino para exponer y discutir, con plena conciencia de grupo, sus ideas en torno a los nuevos escenarios en que se desenvuelve actualmente esta práctica intelectual. [1]

Ya era hora. Los jóvenes realizadores de esa generación, a estas alturas, cuentan con un corpus audiovisual nada desdeñable. ¿Por qué, entonces, nos ha parecido que faltan jóvenes airados en la zona del pensamiento que aborda estos asuntos?, ¿qué es lo que ha propiciado que la creación de estos jóvenes parezca marchar por un lado, y la manera de ellos mismos pensar esa producción, por otro?, ¿por qué si el audiovisual cubano se ha beneficiado con la gestión a menudo herética de no pocos realizadores de ese grupo, la crítica que habría de acompañarlos no se ha manifestado del mismo modo?

Si alguien pensaba que la posible causa de ese desfasaje obedecía a la ausencia de talento o algo así, bastará echarle un vistazo a los textos mencionados en el primer párrafo para descartar ese disparate. Sin demasiado ruido, tal como nos describe Claudia González Machado en su ponencia, varios miembros de esa generación se vienen encargando de reencontrar el discurso crítico perdido, aquel que en los tiempos fundacionales del ICAIC, y por extensión, de la primera década de existencia de la revista Cine Cubano, se caracterizaba por el debate sistemático de lo que podía representar la modernidad en el cine de entonces, pero también, del rol intelectual que debía jugar, ya no el crítico (entendido como especialista de un saber), sino el pensamiento crítico, que es algo que puede ser común a creadores y analistas. Lee el resto de esta entrada

ESCENARIOS PARA UNA NUEVA CRÍTICA, por Justo Planas

A ratos uno siente que los críticos cubanos escriben para otros críticos, para probarse ante ellos, incluso polemizan sutilmente”, nos dice en una parte de su ponencia leída en Camagüey el crítico Justo Planas (La Habana, 1985).

Escenarios para una nueva crítica

Por Justo Planas

Detrás del interés por definir los derroteros de la joven “crítica” cubana no puedo evitar hacerme algunos cuestionamientos. El más básico es si en realidad existe una crítica joven con todo lo que eso conlleva. Los consagrados ejercen la crítica o la historiografía cinematográfica como actividad profesional fundamental; cuentan con una bibliografía propia dedicada al séptimo arte, por no mencionar su presencia cotidiana en los medios de comunicación masivos. La generalidad de los jóvenes que escriben críticas o ejercen la docencia, como —obviamente— recién comienzan, deben alternar estas prácticas con otras que constituyen su principal sustento. Pero solo marco aquí una diferencia circunstancial. Creo que existen otras, esenciales, de mayor peso. Un crítico de cine debe, por fuerza, dominar con experticia las herramientas de análisis cinematográfico fundamentales, debe tener un conocimiento preciso de los filmes, corrientes y directores que han marcado la historia del cine, debe manejar con claridad el engranaje de las diferentes especialidades técnicas y artísticas en una obra cinematográfica. Y dadas las condiciones con que disponemos en Cuba, este tipo de formación continúa siendo autodidacta y toma años, muchos, años que aún nos faltan a los jóvenes que escribimos críticas e incluso publicamos libros sobre cine.

Sí, escribimos críticas en Cine Cubano, en la Cartelera de Cine y video del ICAIC, en la prensa o en un blog, pero no creo que esa audacia —imprescindible en nuestra formación— nos convierta en críticos. Un repaso somero por los planes de estudio de las carreras de donde provenimos muchos: Historia del arte, Periodismo, Filología… nos permitiría darnos cuenta de que sí, contamos con asignaturas afines, pero no son suficientes. Y las lagunas que tenemos algunos de estos jóvenes puede notarlas un lector agudo, o peor, muchas veces las señalan aquellos realizadores que analizamos; y en estos casos no se trata de diferencias de criterio, sino de verdaderas faltas. Imagino que haya sucedido así con otras generaciones; y por supuesto, renunciar no es una opción. Los jóvenes que conozco devoran películas y libros sobre cine a toda prisa, como con deseos de ver y leerse el siglo y un tanto de cine en pocos días. Lee el resto de esta entrada

ÉTICA Y PARADOJAS DE UN ARTE OFICIOSO, por Antonio Enrique González Rojas

“¿Qué hacer entonces? o mejor ¿cómo hacer la crítica en estos tiempos, donde se desdibujan los viejos fantasmas de la ilustración, el modernismo, el enciclopedismo y todas las tendencias clasificatorias absolutas del viejo Occidente?”, se pregunta el crítico cienfueguero Antonio Enrique González Rojas (Cienfuegos, 1981) en esta ponencia leída en Camagüey en el pasado Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica.

CRÍTICA: ÉTICA Y PARADOJAS DE UN ARTE OFICIOSO

Por Antonio Enrique González Rojas

Amado Alonso apuntó alguna vez, en alguno de sus libros, que la “crítica es un arte”, sentencia que entraña muchas más complejidades de las que una somera lectura pudiera revelar como un vacuo ensalzamiento reivindicatorio de los críticos de arte, constantemente acusados de ser creadores frustrados, cuya malaventura encarna en el fustigamiento ácido de toda obra atravezada en su camino.

Visto desde una perspectiva amplia, el ejercicio del criterio es una de las prácticas más constantes y sistemáticas del homo sapiens durante toda su vida, asumido casi siempre de una manera instintiva, pues su accionar se rige por las decisiones que toma sobre las diversas situaciones ante las cuales se enfrenta durante el transcurrir cotidiano, desde las más elementales como la ropa a usar, hasta las más abstractas, como urdir la Teoría del Campo Unificado o de las Cuerdas.

Siendo el “libre” albedrío la característica que nos define como entes pensantes, capaces de decidir qué preferimos sobre cuál y por qué, aunque parezcan absurdos u onerosos los motivos, opinamos, decidimos constantemente desde nuestros saberes y valores, para optimizar la existencia y favorecer la consecusión de los paradigmas personales o grupales seguidos a conveniencia, a destajo de los que por meras diferencias puedan amenazar tales presupuestos, desestabilizarlos y desenvocar en una crisis de identidad, valores, ideales y en sentido general, del propio ser psico-social. Lee el resto de esta entrada

LAS FLECHAS ROTAS, por Rolando Leyva Caballero

El profesor y crítico santiaguero Rolando Leyva Caballero (n. Santiago de Cuba, 1980) ofrece desde la perspectiva del experto residente más allá de La Habana, y que ejerce el oficio de pensar el audiovisual en el contexto universitario, un grupo de provocadoras reflexiones.

LAS FLECHAS ROTAS. PARA UNA HERMENÉUTICA DEL CRITERIO JOVEN EN CUBA.

Por Rolando Leyva Caballero

No quiero insistir en el tema cansino que se remite al estado al parecer calamitoso de la crítica de cine en Cuba. Ahí están los autores, los textos, concebidos, desde una sana pluralidad, para demostrar lo obvio. El pensamiento estético referido al análisis del hecho fílmico, sin embargo, está vivo[1], circula por canales alternativos, se desplaza al plano de la oralidad campante, al reino de ese otro mundo virtual, que está allá fuera, esperando que nos permitan descubrirlo, para bien o para mal, si nos dejan, explotando, en lo posible, sus potencialidades infinitas.

Aun así, por momentos, algunos críticos, directivos y funcionarios[2] establecidos insisten hasta el cansancio en acusar de epígonos improvisados a los jóvenes que comienzan a establecerse con fuerza en el oficio ingrato[3] de la crítica de cine, cuando se sabe que el crecimiento personal y profesional depende[4], en buena medida, de un lento proceso de sedimentación que puede llevar varios años, antes de asentar un estilo y método analítico reconocible, responsable.

Me remito así a los textos que, a modo de provocación, aparecen todos los días, para dialogar y también disentir, incluso contrarrestar, los prejuicios al respecto. En nuestro país sí se intenta, al menos, desde el diseño académico curricular de la carrera de Historia del Arte, la enseñanza del oficio de opinar, de pensar en serio, a los críticos jóvenes en formación, por lo menos a los que tienen aspiraciones de integrarse al ejercicio de esta praxis hermenéutica. Ese no es el problema. Lee el resto de esta entrada

CRÍTICA DE CINE E INSTITUCIONALIDAD MEDIAL EN CUBA, por Hamlet Fernández

Con esta ponencia, leída en el 19 Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, el crítico Hamlet Fernández (La Habana, 1984) introduce interrogantes claves para entender la emergencia o imposibilidad de emergencia de una nueva crítica de cine en Cuba. “El objetivo ha sido”, nos dice el autor, “aplicando la perspectiva teórica de la lógica estructural de los campos, reflexionar acerca de los límites que le plantea a la crítica de cine y cultural en un sentido amplio, una institucionalidad medial monopolizada por el poder del Estado”.

 JAGB

CRÍTICA DE CINE E INSTITUCIONALIDAD MEDIAL EN CUBA: ¿CÓMO CAMBIAR LAS REGLAS DEL JUEGO?

Por Hamlet Fernández

De acuerdo a la teoría sociológica de Pierre Bourdieu, el campo artístico, e intelectual en un sentido amplio, se encuentra englobado dentro del campo del poder político, ocupando una posición de subordinación; pero al mismo tiempo dispone de cierta autonomía relativa con respecto a aquel, especialmente respecto a sus principios de jerarquización y legitimación, que son tanto económicos como políticos. En consecuencia, los principios de jerarquización-legitimación al interior del campo artístico e intelectual pueden operar de forma diferente según sea el grado de autonomía relativa que se ostente con relación al campo del poder político y sus principios de jerarquización característicos. En circunstancias en las que el campo artístico prácticamente carece de autonomía relativa con respecto al campo del poder político, sus agentes se ven sometidos a las leyes de jerarquización ya sean económicas o políticas, según sea el mercado, o la ideología, quien imponga las reglas del juego. Por su parte, cuando la autonomía relativa es considerable, los principios de legitimación y jerarquización al interior del campo artístico tienden a funcionar de acuerdo a una lógica de consagración propia, específica.[i] Ejemplo de casos extremos de confiscación de la autonomía relativa –en el horizonte de la modernidad occidental, por supuesto–, son los regímenes políticos totalitarios, en los que el estado, o el partido, encarnan en el resto de los campos que constituyen a la sociedad, suprimiéndose así el espacio y las funciones de la sociedad civil. Por su parte, el ejemplo histórico más evidente de conquista de una autonomía radical, no solo con respecto al poder político, sino del resto de los ámbitos de la sociedad, son, como se sabe, las vanguardias artísticas de la primera mitad del siglo XX.   Lee el resto de esta entrada

UNA MIRADA A LA REVISTA “CINE CUBANO” EN EL NUEVO MILENIO, por Claudia González Machado

En junio de 1960 aparece el primer número de la revista “Cine Cubano”, dirigida por Alfredo Guevara, entonces presidente del ICAIC. La ponencia que a continuación podrá leerse fue expuesta por la investigadora Claudia González Machado (La Habana, 1987), en el pasado Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, y analiza lo que viene sucediendo en esta publicación a partir del nuevo milenio, sobre todo con la incorporación de jóvenes críticos.

JAGB

 

Revista Cine Cubano: ¿En busca del discurso perdido?

Por Claudia González Machado

En el nuevo milenio, la revista Cine Cubano se va a caracterizar por una búsqueda consciente por parte de la crítica de un lenguaje más específico y por una preocupación estética sobre ese lenguaje. Casi podríamos afirmar que el cine cubano de esa década intenta una relación similar, toda vez que su propia realización se ha diversificado y ha escapado de la égida absoluta de un centro rector e, incluso, de la dictadura de un género. Tanto la crítica como la realización fílmica corren hacia horizontes insospechados en el cine y en la cultura cubanos, lo cual podría ser tomado como un índice del proceso de atomización que va sufriendo la producción fílmica y de una mayor libertad conceptual tanto para el crítico como para el realizador. Ya no bastan los discursos precedentes para tratar de encontrar una relación mucho más intensa con el panorama social e ideológico que vive el país después de la profunda crisis del llamado ‘Período Especial’. Hay un intento aglutinante de tomar lo mejor de cada postura crítica para crear un nuevo tipo de discurso, que en este caso no está sometido a reglas y precisiones de carácter ideológico, sino que se abre hacia una multiplicidad de enfoques que no excluyen ingredientes contradictorios y a veces sumamente críticos sobre el medio o sobre las maneras de expresión que utilizan el cine y la crítica.

En tal sentido, lo importante es descubrir un proceso gradual que se viene manifestando desde finales de los años ochenta y que va a encontrar su espacio adecuado de representación en el nuevo milenio. Parecería que críticos y realizadores se hubieran puesto de acuerdo en la búsqueda de un discurso más profundo (¿quizás perdido?), tanto sobre la realidad como sobre la ficción. Y esta es la razón por la cual estos tiempos serán los de mayor urdimbre en la realización crítica en la revista Cine Cubano. Lee el resto de esta entrada

ESCRITURA Y SIGNIFICADO, por Reynaldo Lastre

Hoy comienzo a colgar las ponencias leídas en el recién concluido Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, celebrado en Camagüey del 12 al 15 de marzo del año en curso. Pienso que puede ser una experiencia interesante, primero, porque no es lo mismo escuchar una ponencia que leerla. Y, por otro lado, estaríamos aprovechando las posibilidades que brindan estas nuevas tecnologías para extender nuestros debates tanto en el espacio como en el tiempo. Esta primera ponencia fue escrita por el joven investigador Reynaldo Lastre (Holguín, 1985), y dio inicio a esa mesa que titulamos “La crítica de cine en Cuba: nuevos contextos, nuevos desafíos”, en la cual seis jóvenes nacidos en los años ochenta abordaron este oficio que Guillermo Cabrera Infante llamó “Un oficio del siglo XX”.

Juan Antonio García Borrero

Escritura y significado: Las formas de experiencia en la nueva crítica cinematográfica cubana

Por Reynaldo Lastre

A lo primero que tendría que apelar el investigador que pretende diseccionar el fenómeno de la Crítica es, ¿de qué hablamos cuando hablamos de Crítica? Judith Butler en un interesante ensayo ha puesto en primer plano la observación que hiciera Michael Foucault acerca del amplio espectro que recoge este término, que abarca desde “la alta empresa kantiana”  hasta “las pequeñas actividades polémico-profesionales que llevan este nombre de crítica”[i]. De acuerdo a este señalamiento, habría que agregar que cada una de las críticas que caben en este coto, satisfacen diferentes necesidades. Esta mesa intentará diseccionar ciertas convenciones de un fenómeno que, como ha acuñado en tono de mofa G. Caín, ha devenido un oficio del siglo XX: la crítica de cine. Luego, habría que tener el tino de no exigirle a ésta las responsabilidades que corresponden a otras, como más de una vez ha ocurrido en diferentes marcos teóricos.

Por su parte, la crítica de cine puede ser disímil de acuerdo a la institución desde donde se ejerza. David Bordwell visualiza tres macro-instituciones o instituciones jerárquicas: la crítica académica, el ensayo crítico y la crítica periodística. Dentro de las funciones de estas instituciones están, como anota Mary Douglas, en “crear un contexto estable para las opiniones de sus miembros. Fundamentar dichas opiniones en lo que a naturaleza y razón se refiere; debe ofrecer categorías sólidas; debe generar una memoria pública selectiva; y debe guiar a sus miembros hacia las analogías de rutina.”[ii] Cada una de estas críticas deviene mecanismo de control al reproducir la retórica de la institución a la que se pliega sobre el objeto (el cine) que analiza. No es mi objetivo, para llegar al tema del panel “LA CRÍTICA DE CINE EN CUBA: NUEVOS CONTEXTOS, NUEVOS DESAFÍOS” ofrecer una relatoría histórica de la crítica de cine en la isla. Basta con asumir que la crítica se acoge a  ciertas formas moldeadas por la experiencia y la tradición en lo que podríamos llamar las formas de la experiencia y que engloban en sí mismas a los signos, el sentido y las referencias de una época. Siguiendo a Butler,  podríamos convenir en que estas formas de la experiencia en las que se ha basado la crítica de cine en Cuba, “con el paso del tiempo (han establecido) un dominio ontológico que constriñe a su vez lo que entendemos por posible.”[iii] La radicalización de esta constricción estuvo determinada en buena medida por la Revolución, al imponer una lengua que, aunque formalmente reproducía ciertos vicios del estilo de la República, se plegaba ampliamente a la retórica marxista. Se produce aquí lo que le denunciara Roland Barthes al realismo socialista francés en El grado cero de la escritura: “una escritura  convencional, encargada de señalar bien visiblemente un contenido incapaz de imponerse sin una forma que lo identifique.”[iv]

En los márgenes de este canon, para el caso de la crítica cinematográfica, se situó Guillermo Cabrera Infante, que produjo un ejercicio crítico al interior del cine mismo y transgrediendo las convenciones del lenguaje.

La institución que ha regido esta escritura es, por supuesto, la institución-Estado, que encarna la forma general de la autoridad. La crítica que se produce al interior de cualquier institución subalterna puede ostentar la ambivalencia de ser “un instrumento de resistencia pero (…) también de gobernabilidad.”[v] Lee el resto de esta entrada