Archivo de la categoría: PELICULAS DEL ICAIC

SERGIO TODAVÍA EN EL BALCÓN INDISCRETO

Facebook me pregunta qué estoy pensando ahora mismo, y de tantas cosas que he leído sobre Cuba en estos días, en estos minutos, no he podido dejar de pensar en el Sergio de Memorias del subdesarrollo, por lo que alguna vez expuse en este texto que mi querido Mario Piedras me pidió hace un tiempo. Definitivamente Sergio nos conocía, incluso antes de nosotros haber nacido.

 JAGB

SOBRE MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO

Sergio memoriasMemorias del subdesarrollo viene provocando en mí lo que ciertos libros a los cuales regreso muchas veces, pero sin que ello implique el deber de una relectura total. Basta retornar a un párrafo que uno ha retenido de forma vaga en la mente, o a la descripción de un personaje que se evoca con ambigua nitidez, para que ello garantice un imprevisto placer.

Hubo un momento en que temí que Memorias del subdesarrollo terminara por parecerme odiosa. Como todo aquello que ha sido magnificado en un pasado, pero que, a veces de un modo francamente grosero, nos propone la esclavitud de la imitación. O lo que es lo mismo: el culto a esas cicatrices que va dejando el tiempo sobre nuestra imaginación, y que no nos permite experimentar ese privilegio tremendo que significa seguir vivo.

Las estatuas también mueren, rezaba el título de un famoso corto de Alain Resnais. Pues hay ciertos filmes que corren el riesgo de nacer convertidos en meras estatuas. Monumentos fastuosos, colosales, pero tan inútiles como esas hermosas catedrales vacías a las que algunas veces aludió Borges.

No creo sea el caso de Memorias del subdesarrollo. Este sigue siendo nuestro filme más vivo. El que con más intensidad explora esa condición inefable que intuimos como la “cubanía”. El más imaginativo. El más humano. También el más jodedor.

Jodedor porque, en realidad, no somos nosotros los que vemos a Sergio en una película: es Sergio quien nos espía incesante, como si de una versión del “mirón” infatigable de La ventana indiscreta se tratara. Todos los días ese hombre nos observa con matemática pecaminosidad a través de su telescopio. Y nos desnuda con sus mordaces parlamentos. Y nos recuerda nuestras humanas glorias y miserias. Algunas veces cáustico, otras compasivo. Siempre insobornable en su lucidez.

Somos su “rosa púrpura de Cuba”. Que es decir: una sucesión fantasmagórica de seres irracionalmente racionales, que repiten hasta el infinito, los mismos gestos y parlamentos que ya estaban en la novela de Desnoes, y después en la película de Titón. Somos la memoria de ese singular personaje que, ya no quedan dudas, ha logrado sobrevivirnos para mirarnos desde su altura.

 

Fecha de estreno del filme: 19 de agosto de 1968.

ECOS DE “MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO”

Sergio en Memorias del subdesarrollo“No entiendo nada. El americano tiene razón. Las palabras se devoran las palabras y lo dejan a uno en las nubes, en la luna, a miles de millas de todo.

¿Cómo se sale del subdesarrollo? Cada día creo que es más difícil. Lo marca todo, todo. ¿Y tú qué haces acá abajo, Sergio? ¿Qué significa todo esto? Tú no tienes nada que ver con esa gente. Estás solo.

En el subdesarrollo nada tiene continuidad, todo se olvida. La gente no es consecuente. Pero tú recuerdas muchas cosas. Recuerdas demasiado. ¿Dónde está tu gente, tu trabajo, tu mujer? No eres nada. Nada, estás muerto. Ahora empieza, Sergio, tu destrucción final”

(Sergio en Memorias del subdesarrollo, considerada la mejor película del cine cubano).

ESPEJUELOS OSCUROS (2015), de Jessica Rodríguez

ESPEJUELOS OSCUROS, PERO CON POCO AUMENTO

por Antonio Enrique González Rojas | (Tomado de IPS, 8 enero, 2016)

Espejuelos oscurosTras varias e interesantes incursiones en los terrenos del falso documental (El mundo de Raúl, Ahlam) y en el documental propiamente dicho (Tacones cercanos), Jessica Rodríguez remonta el sendero de la ficción convencional con el largometraje Espejuelos oscuros (2015).

Aquí el relato apela a estrategias narrativas claramente deudoras de cintas como Las tres luces (Fritz Lang, 1921) o Tiempos de amor, juventud y libertad (Hou Hsiao-Hsien, 2005), en tanto la fragmentaria coralidad dramatúrgica y epocal de las breves historias planteadas, la omnipresencia extradiegética de los mismos actores en los diferentes roles y el macrorrelato que las engloba para la unidad de sentido y la progresión dramática definitivas. Además, está el claro guiño a Las mil y una noches, en tanto la mujer que narra y embruja con la palabra a su verdugo, aplazando la violencia y la muerte.

Espejuelos… marca apreciable diferencia respecto a estos notorios antecesores, primero que todo en el tono sardónico y el negrísimo humor que emana, y además, como bono, retorna al cine nacional el personaje del serial killer, con las consecuentes cuotas de suspenso y hasta gore que este conlleva. La otra —y más importante— diferencia respecto a Lang y Hou, y al clásico literario árabe, claro, es la calidad conseguida por esta obra que, entre muchas cosas, adolece en gran medida de una irregular dirección actoral, apartado imprescindible donde la que bien pudiera calificarse de “nueva pareja del cine cubano”, los inefables Laura de la Uz y Luis Alberto García, no consiguen ni un minuto de engarce orgánico entre sus principales roles de Esperanza, la ermitaña ciega, y Mario, el proscrito casual que la acosa en su apartada casa. Mucho se alejan de la entrañable e intensa relación conseguida en el previo Vestido de novia (Marilyn Solaya, 2014) como una de sus principales e imprescindibles virtudes. Lee el resto de esta entrada

PRESENTACIÓN DE “LA EMBOSCADA” (2015), de Alejandro Gil, en Camagüey

Alejandro-Gil-Tomas-CaoEl próximo viernes 24 de abril estaremos presentando en el Multicine Casablanca el filme La emboscada (2015), con la presencia de su director Alejandro Gil (La pared/ 2007), y el actor Tomás Cao.

Según Gil: “A pesar de que en la película hay escenas bélicas, no es una cinta de guerra, sino que se mueve entre los íconos humanos que puede tener una situación límite, como una confrontación de ese tipo. La cinta muestra a cuatro soldados que sobreviven a una emboscada gracias al azar –un hueco en el que se refugian–; y debaten sobre cómo y cuándo van a salir de allí”.

El guión fue escrito por Ernesto Daranas, a partir de la idea original de Alejandro Gil, y cuenta con un elenco de lujo entre los que se pueden mencionar a Tomás Cao, Patricio Wood, Caleb Casas, Armando Gómez, María Teresa Pina, Jorge Treto, y Néstor Jiménez.

Como es habitual en estas visitas que los creadores hacen a Camagüey, Alejandro Gil y Tomás Cao sostendrán un encuentro con la comunidad académica de la ciudad relacionada con los audiovisuales (fundamentalmente alumnos del ISA), así como un conversatorio con el público camagüeyano en El Callejón de los Milagros.

JAGB

RETRATO DE TERESA (1979), de Pastor Vega

No ha existido en la historia del cine cubano de todos los tiempos, una película que se haya discutido con más fervor. Han existido películas con mayor éxito en el plano económico (La bella del Alhambra), o que han movilizado, incluso contra su voluntad, a un buen número de espectadores (Alicia en el Pueblo de Maravillas), o que cuando se suma  todos los asistentes de por vida, la supera con creces (Aventuras de Juan Quin Quin), o que tienen un mayor reconocimiento internacional (Fresa y chocolate), pero lo que se dice “discusión popular”, eso solo ha sucedido con Retrato de Teresa. En el momento de su estreno, pocas personas se mostraron ajenas al debate, fueran o no amantes del cine. Podía gustar o no, pero nadie quedaba indiferente.

El impacto de Retrato de Teresa tiene varias causas, pero tal vez la primera de ellas sea el uso eficaz que hace de un modelo de representación donde la sencillez expositiva provoca que el conflicto sea fácilmente reconocible. Este modo de exponer la anécdota, si bien para nada novedoso en la historia de la narrativa fílmica, sí resultaba toda una sorpresa dentro del cine cubano revolucionario de entonces, tan empeñado en conseguir obras de autor, caracterizadas casi siempre por rupturas, negaciones y sobresaltos que terminaron por convertir al cine convencional en una suerte de enemigo, cuando no una rareza. Según Pastor Vega,

 “La película fue concebida para polemizar con conceptos y comportamientos que nada tienen que ver ni con la Revolución ni con el socialismo, y que todavía están presentes en nuestra vida diaria. De ahí el carácter completamente abierto de la película. Su estructura dramática está compuesta de sugerencias, de nudos y problemáticas no resueltas; de expresiones, más que de soluciones. La película no pretende moralizar con proposiciones doctas y definitivas sino motivar una reflexión, una actitud y que cada cual polemice dentro de sí mismo y piense con su propia cabeza. De ahí la discusión popular desatada. Aferrarse a moldes de pensamiento históricamente superados no es privativo de ningún sexo, edad o color. Es fundamentalmente un problema ideológico”. [1] Lee el resto de esta entrada

ESTHER EN ALGUNA PARTE (2013), de Gerardo Chijona

Esther en alguna parte, más allá de la nostalgia y el homenaje

Por: Antonio Enrique González Rojas

El gratificante retorno del actor Reynaldo Miravalles a la pantalla cubana, como dulce oda a la concordia nacional en el arte, no es el único mérito que puede abrogarse la reciente cinta cubana Esther en alguna parte (Gerardo Chijona, 2013), donde el personaje protagónico de Lino Catalá, encarnado por Miravalles, cuenta con la muy simpática contrafigura del Arístides Antúnez o Larry Po (o mil nombres más) asumido por Enrique Molina.

Decidido a sacudirse de una vez el estereotipo de patriarca retrógrado y gruñón que lo ha signado durante la última década en la fílmica criolla, desde Video de familia (Humberto Padrón, 2002) hasta El cuerno de la abundancia (Juan Carlos Tabío, 2009) y Lisanka (Daniel Díaz Torres, 2009), el actor echó mano de su versatilidad para dar un timonazo histriónico casi tan brusco como el suscitado en los minutos iniciales del cortometraje Exit (Eduardo del Llano, 2011) cualificando artísticamente la producción de marras, más allá de las innegables implicaciones nostálgicas y evocativas que supusieron reunir alrededor del inolvidable Pedro “cero por ciento” (De tal Pedro tal astilla, de Luis Felipe Bernaza, 1985) a toda una horda de notables figuras pervivientes de la cinematografía cubana de las últimas tres décadas, como Daisy Granados, Eslinda Núñez, Alicia Bustamente, Verónica Lynn, Miriam Learra, Raúl Pomares, además de Elsa Camp, Paula Alí y los más recientes pero igualmente cardinales Luis Alberto García (Hijo) y Laura de la Uz. Lee el resto de esta entrada

MÁS SOBRE “LA PELÍCULA DE ANA” (2012), de Daniel Día Torres

Se ha hablado tanto, y en sentido general de modo tan positivo sobre La película de Ana, de Daniel Díaz Torres, que llegué a sentir que nada nuevo se podría decir. Y entonces me encuentro con este excelente y provocador artículo de Danae Diéguez, escrito desde una perspectiva feminista.

A mí la película me gusta mucho. Me parece que es lo más maduro en la carrera de Díaz Torres, sobre todo porque consigue un gran equilibrio entre lo trágico y lo cómico. Por otro lado, lo que amenazaba convertirse en choteo predecible, a partir de una anécdota repleta de equívocos, consigue convertirse en un filme que examina a “la mirada” como un problema.

En este sentido, los agudos reproches que le hace mi querida Danae (estuve a punto de escribir una suerte de réplica que me sentí tentado de titular “La película de D(ana)e”) se inspiran precisamente en la complejidad de la propuesta, y no en el reciclaje de un estereotipo femenino que en el cine cubano, efectivamente, ha estado presente en abundancia.

Les dejo con este otro texto escrito por Rafael Grillo que enriquece la visión que podamos tener de un filme que tengo la impresión que, con el paso del tiempo, ganará en trascendencia.

JAGB

¿Ana soy yo?

 Por Rafael Grillo

 

Flavia: Actuar es como putear un poco.

Ana: Yo no lo veo así.

Diálogo de La película de Ana.

 “Madame Bovary c’est moi”, se dice que expresó Gustave Flaubert, aunque esa frase no aparezca escrita en toda su obra literaria ni en su correspondencia. Más puede que lo dijera a viva voz y el recuerdo de esa afirmación volara a través de los tiempos como una leyenda de la oralidad. En todo caso, poco importa, la novela del francés y la historia de Emma, su heroína, han sobrevivido como ejemplo no sólo de maestría literaria, sino también de la capacidad de un escritor para enfundarse la capa del pellejo más ajeno.

Tal vez cabría analizar hoy, bajo la lupa de los modernos estudios del enfoque de género, cuánto realmente logró Flaubert vestir las prendas de mujer. Pero aún así, no hay que olvidar que la función del personaje literario, o de otra rama del arte, es la de encarnar, en primer término, un “carácter individual”; y en objetivo supremo, abarcar la integridad de la experiencia humana. Y visto así, la noción de género quedaría sólo a medio camino entre el “individuo” y la “especie”.

Bajo este supuesto quiero convocar a algunas reflexiones acerca de La película de Ana, el último filme de Daniel Díaz Torres, avalado en las salas de cine por complacencias de público, y respaldado durante el reciente Festival del Nuevo Cine Latinoamericano por el premio de guión a Eduardo del Llano y el de interpretación femenina a Laura de la Uz. Y no pretendo, en modo alguno, descalificar los reproches que Dánae Diéguez hace desde su visión de género, al pertinaz voyeurismo masculino con el que fue representada la prostitución o cierto falocentrismo que enturbia la penetración en esencias de la actitud de Ana en tanto mujer. Lee el resto de esta entrada

LA PELÍCULA DE ANA (2012), de Daniel Díaz Torres

La película de Laura

Por: Antonio Enrique González Rojas

Sobre los hombros y la versatilidad histriónica de Laura de la Uz recae casi todo el peso cualitativo de la más reciente cinta de Daniel Díaz Torres, La película de Ana (2012), nuevo fruto del irregular maridaje creativo que desde hace décadas sostiene con el narrador, guionista y realizador Eduardo del Llano, con una filmografía de sátiras y comedias integrada por Alicia en el pueblo de Maravillas (1991), Kleines Tropikana, (1997), Hacerse el sueco (2000) y Lisanka (2009), en algunas de las cuales aparece, junto al icónico Nicanor O´Donell, la voluble Ana, cuasi perenne affaire sentimental del alter ego llaniano en la literatura y el audiovisual; véase por ejemplo la película Perfecto amor equivocado (Gerardo Chijona, 2004) donde Sheila Roche encarna el rol y casi toda la serie de cortometrajes de Nicanor, en los cuales indistintamente deviene esposa y amante.

En esta nueva entrega del dueto, de semejante sino humorístico pero con más refinados matices de tragicomedia social, Ana remonta su eterna subordinación de contraparte o complemento y deviene suerte de Nicanor femenino, antiheroína cubana de profesión actriz, empantanada en un salario de calamitoso serial televisivo, casada con un documentalista (el ya casi omnipresente Tomás Cao), igualmente frustrado en sus pretensiones artísticas. En busca de aliviar las precarias condiciones de vida familiar, Ana, previamente encarnada por de la Uz en Homo Sapiens y Aché (Eduardo del Llano, 2006 y 2010) hace lo mejor que sabe: actúa, finge, pretende, viola la delgada línea roja que define a la realidad y la ficción como antípodas irreconciliables.

Ana pone en crisis los meros conceptos de realidad, a la larga otro tipo de construcción humana más sofisticada e infinita; y de ficción, como otra manera legítima de realidad e igualmente hija genuina de la subjetividad del homo sapiens, estableciéndose así un juego de escamoteo entre la cubana y los realizadores europeos de una ficticia serie documental intitulada Whore Stories, a quienes les vende un falso testimonio de pintoresca prostituta criolla, como guiño metatextual a la corriente fílmica del falso documental o fake, validado por obras como F for Fake (Orson Welles, 1973), Zelig (Woody Allen, 1983), Forgotten Silver (Peter Jackson & Costa Botes, 1995) y The Blair Witch Project (Eduardo Sánchez & Daniel Myric), aunque finalmente la dramaturgia se estructura sobre el consabido y efectivo esquema de la comedia de equívocos llena de peripecias, aderezada con los acostumbrados gags costumbristas y picantes del humor cinematográfico cubano de las últimas tres décadas. Eso sí, dosificados con el mayor comedimiento y mesura que conllevan los años de experiencia creativa de Díaz Torres, redundantes en un oficio narrativo digno, cuya cúspide creo es la parodia policiaca-noir Kleines Tropicana. Lee el resto de esta entrada

IRREMEDIABLEMENTE JUNTOS (2012), de Jorge Luis Sánchez

¡Definitivamente irremediable!

Por: Antonio Enrique González Rojas

Ni el mismísimo Baz Luhrmann pretendiendo ser deliberadamente kitsch en su inefable Moulin Rouge! (2001) cuando hizo cantar a Nicole Kidman y Ewan McGregor “I Will Always Love You”, bien encaramados en una nubecita, consiguió un momento tan desastroso como la tenue línea de la reciente cinta cubana Irremediablemente juntos (Jorge Luis Sánchez, 2012), donde el protagónico masculino Alexander (Orián Suárez) le dice a su amada Liz (Ariadna Núñez) que le dedica el cielo con todas las estrellas…y todo sin que en ese mismo instante el realizador de El Benny (2006) se salve del fracaso más palmario develando el gran bromazo que pudiera ser su segunda cinta, lo cual reivindicaría tanta actuación encartonada de todo el elenco a despecho de las variadas experiencias histriónicas confluyentes, la ascendencia profesional o la generación; regulares interpretaciones musicales cuyo único objetivo parece ser entorpecer el transcurrir dramático de las acciones, y la fallida fotografía incapaz de aprehender con mínima dignidad las muy simples coreografías desplegadas en varios momentos.

El parlamento de marras, cursi in extremis, resume los múltiples despropósitos de un filme que desaprovechó el mérito innegable de ser probablemente uno de los pocos títulos criollos que tenga como tema central las relaciones amorosas interraciales y el racismo perviviente en Cuba, develando la primera de varias ironías solapadas: en una nación tan mestiza como la nuestra es poco común la mixtura en su gran pantalla de duetos amatorios con diferente cromatismo dérmico (Roble de olor, de Rigoberto López, 2003, es una de las excepciones) con todas las consecuencias sociales y familiares que esto aun puede traer, algo un tanto menos extremo en el audiovisual televisivo. Lee el resto de esta entrada

MAYRA VILASÍS SOBRE “ISABEL” (1990), de Héctor Veitía

“El primer cuento de Mujer transparente dirigido por Héctor Veitía con guión de Tina León, resulta particularmente interesante desde una perspectiva de género. El conflicto de la protagonista, al principio de forma inconsciente, yace en su necesidad de revertir las cualidades genéricas que la han definido y limitado durante toda su vida hasta el comienzo de la película.

De forma progresiva, Isabel va tomando conciencia de ese reclamo de rebeldía que la mantiene insatisfecha, aunque al final de la historia su “acto de subversión”  no deje de resultar ingenuo. La mayoría de las escenas con su esposo parecen soliloquios del hombre. Isabel no solo está ausente, sino que no existe (el marido se sienta sobre los zapatos recién comprados por Isabel).

Cuando ella emite una opinión (escena de los hombres jugando dominó en la playa), el esposo la llama a capítulo: “¿Y tú qué sabes de eso, Isabel?”. Es decir, la silencia abiertamente, la margina del tema en discusión porque ella transgrede las expectativas inherentes a la conducta socialmente aceptada por su condición de mujer.

En la historia, él siempre espera de Isabel el comportamiento tradicional para el cual ha sido educada en la sociedad patriarcal, mientras que ella constantemente se cuestiona a sí misma en sus relaciones con quienes la rodean, a partir de su cambio de status laboral (es ascendida a un nivel de jefatura y toma de decisiones). Este hecho es determinante al desencadenar su necesidad de transformar el papel de subalterna que ha desempeñado en todas las esferas de su vida.”

Mayra Vilasís. Por una mirada divergente. Revista  Temas 5; Ene-Mar ’96, p 46-50 (Análisis de la temática femenina en el cine cubano).

 Ficha técnica:

ISABEL (1990)/ 20’/ Dirección: Héctor Veitía/ Actúan: Isabel Moreno, Manuel Porto, Vivian Agramonte, Orlando Fundicheli, Mónica Guffanti, Raúl Pomares, Aurora Díaz./ Sinopsis:  Una mujer de 45 años hace un análisis de su vida matrimonial y hogareña después de 18 años de casada y con dos hijos. Su  vida no ha sido lo que ella hubiera querido, pero se da cuenta que ella también es responsable. Guión de Héctor Veitía y Tina León, edición de Lina Baniela, música de Mario Dali, fotografía de Julio Valdés, dramaturgia de Eugenio Hernández. Forma parte del filme de episodios Mujer transparente.