DE GARCÍA BORRERO A VÍCTOR FOWLER

Querido Víctor:

Ayer me dieron una noticia que, casualmente, me deja en un escenario muy parecido al que sugieres: una Cuba llena de dispositivos modernos sin Internet. Como quizás leíste en algún post anterior, acá en Camagüey comenzaremos a partir de febrero, en El Callejón de los Milagros, un grupo de actividades que buscan impulsar el uso creativo de las nuevas tecnologías, y para ello estábamos contando con la iluminación de ese tramo peatonal con el Wifi.

La buena noticia es que el proyecto sigue teniendo el respaldo de las autoridades del territorio; la mala es que no tendremos Wifi en El Callejón de los Milagros por lo menos hasta el mes de abril, debido a que no estaría dentro del plan de prioridades de inversiones que desde La Habana ha previsto Etecsa. En tal sentido, me han sugerido pasar las actividades para lugares donde sea posible la conexión inalámbrica.

Al final decidí comenzar en El Callejón de los Milagros sin Wifi, porque sigo insistiendo en que el Internet es importante, pero más importante es la alfabetización tecnológica que nos permitiría usar creativamente esas tecnologías que forman parte de algo mayor que se llama “revolución electrónica”. Y ese aprendizaje, al menos en los primeros meses, puede prescindir del Internet. Es una consideración personal y polémica que ahora estoy en la obligación de demostrar de modo práctico.

Así que, para empezar, estaremos organizando los días 11 y 12 de febrero, en el Salón Alhambra del cine Casablanca, lo que se llamaría “I ENCUENTRO SOBRE CULTURA AUDIOVISUAL Y TECNOLOGÍAS DIGITALES EN CUBA”. Lo haremos sin el Wifi de Etecsa, pero eso no impedirá que pensemos en hacer realidad nuestra primera Feria del Libro Electrónico, trabajando con Intranet y un Wifi local, dándole la posibilidad a la gente que descarguen determinados libros, enciclopedias, películas, textos de utilidad. Por supuesto, tendremos presentaciones y debates. Yo creo que lo importante es primero fomentar un clima que responda a una época caracterizada por compartir archivos, lo mismo en la red de redes, que a través de ese conjunto de dispositivos móviles que han terminado por hacer del nomadismo tecnológico parte de la razón de ser del consumo cultural.

Para mí resulta muy sintomático que en Cuba suceda lo mismo en los espacios públicos donde está instalado el Wifi que en las salas de navegación de la UNEAC. Pareciera la cara y cruz de un mismo problema. Es decir, el hecho de que en ambos escenarios brille por su ausencia una política encaminada a impulsar el uso creativo de las tecnologías, ha terminado por igualar a los usuarios de esos servicios como simples consumidores de Facebook y sucedáneos, sin importar que en la UNEAC estén agrupados los creadores de arte más importantes del país.

Ello explica esa “escasez de opinión pública” a la que aludes, pues muchos de nuestros creadores creen con honestidad que no necesitan lidiar con esta otra alfabetización. Y no es que las máquinas sustituyan al talento de los creadores (el que tiene talento para escribir puede hacer una novela con papel y lápiz), pero es posible que el uso creativo de estos artefactos duplique la creatividad de los artistas, empezando por un mejor aprovechamiento del tiempo, un impacto creativo que trasciende lo local, y una mejor gestión de los conocimientos. Mas entre los miembros de la UNEAC todavía no se ha conseguido tomar conciencia de ello, pese a lo discutido en el último Congreso, o las diversas jornadas organizadas por Cubarte. Así que construir desde las instituciones ese clima de aprendizaje colectivo será importante para despertar la curiosidad y el interés de la gente por este mundo que ahora mismo lo pensamos como algo ajeno o de ciencia ficción.

Ahora bien, ¿qué hacer en un contexto donde predomina la indiferencia?, ¿acaso renunciar a lo que la vida misma va imponiendo como la principal meta?, ¿sucumbir ante la tentación del pesimismo y la parálisis, que nos ayuda a responsabilizar a otros de nuestra elección de no construir nuevos caminos, aunque fracasemos en el intento?

A mí que me digan idealista, pero yo creo que es mejor insistir en soñar, que dejarse confiscar los sueños. No queda otra opción que insistir. En el caso del proyecto que estamos intentando impulsar en El Callejón de los Milagros, hay dos términos que me parecen fundamentales: desarrollo endógeno y ambiente sinérgico. En Camagüey (como en el resto de Cuba) existe mucha gente talentosa trabajando estos asuntos, lo que pasa es que hasta ahora cada cual va a su aire, en su isla particular. ¿Acaso no hay redes privadas donde la gente juega de un modo informal en los barrios?, ¿no ha devenido el paquete el que de manera no institucional va diseñando una política subterránea del gusto?, ¿qué está esperando entonces el Estado, que se supone tenga más recursos, para competir creativamente desde las instituciones construyendo proyectos comunitarios que aprovechen esas posibilidades tecnológicas? ¿Por qué no interviene en esos lugares públicos? Una vez más: no hablo de comprar más tecnologías, sino de utilizar con estos fines las que ya tenemos a la mano.

Sé que el desafío es descomunal. Tendremos que vencer la resistencia natural del homo analógico, que entre nosotros anda agrupado en legiones. Insisto en que no se trata de pedir más recursos, sino de construir primero un pensamiento alrededor de este asunto, capaz de neutralizar la tendencia de aquellos que no somos nativos digitales a domesticar lo nuevo para llevarlo a un entorno familiar (lo cual lo transforma en viejo antes de usarlo), desaprovechando precisamente la oportunidad de aprender algo nuevo. Tenemos que acabar de entender que ese analfabetismo funcional y tecnológico es un problema universal reconocido por la UNESCO, que afecta a personas que viven lo mismo en países ricos que pobres (véase cómo en el discurso que Obama acaba de hacer para hablar del estado de la Unión, establece entre sus prioridades la alfabetización tecnológica de los estadounidenses).

Por paradójico que pueda parecer, en Cuba ya existe una voluntad estatal para enfrentar el fenómeno. Y se han destinado no pocos recursos a diversas instituciones. Lo que falta, a mi juicio, es una política integradora de los saberes provenientes de cultura, educación y nuevas tecnologías. Se sigue pensando este problema desde las parcelas, cuando lo que necesitamos son las alianzas, lo sinérgico, y sobre todo, las agendas prácticas y la promoción efectiva. Si estuviera al alcance de mis manos yo haría todo por convertir “El Callejón de los Milagros” en una suerte de gran parque tecnológico/cultural que ponga a la comunidad camagüeyana en contacto con ese incesante devenir; un Taller permanente que saque a la luz las diversas experiencias que ya existen en el territorio, y estimule la creación de una atmósfera donde se borren las fronteras, las demarcaciones excluyentes, y se investigue a la par que se emprendan proyectos.

Y en un contexto así, las contribuciones de Etecsa, la Universidad, el Festival de Video Arte, los graduados de la UCI, los informáticos, los medios digitales de las diversas organizaciones, ayudarían a crear situaciones inéditas y alternativas al empleo hegemónico que se vive lo mismo en los parques y plazas con Wifi que en las salas de navegación de la UNEAC. Y de paso ayudaríamos a rescatar y poner en primer plano a los individuos que empleanesas tecnologías, en tanto que a veces tengo la impresión que el fetichismo tecnológico ha hecho desaparecer entre nosotros al ser humano, para concederle más importancia al aparato que este usa (me gustaría que hablemos menos de teléfonos inteligentes, por ejemplo, y mucho más del uso inteligente de los teléfonos).

Pero, obviamente, las aspiraciones de un solo individuo, o de unos pocos, no deciden. Es allí donde se necesita trabajar desde el sistema institucional, persuadiendo en primer lugar a los directivos con capacidad de impactar en una política pública. Como ves, otra gran utopía por la que, a pesar de todo, yo pienso que valdría la pena apostar.

Gracias una vez más por estar al tanto de lo que pasa en el blog, y enriquecerlo con tus reflexiones. Un abrazo desde el Camagüey,

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el enero 16, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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