Archivo del Autor: Juan Antonio García Borrero

José Rojas Bez: Medio siglo abonando la cultura

Me da un gusto enorme presentar esta entrevista realizada al crítico de cine, ensayista y teórico José Rojas Bez, uno de los grandes maestros que ha tenido la crítica de cine en Cuba, y uno de los pocos que, a la par, ha impulsado el estudio de la teoría cinematográfica en profundidad.

Medio siglo abonando la cultura: una vida y muchos contextos.

Por José Millet Batista

Hace ya más de cincuenta años, en 1968, coincidí por primera vez con José Rojas Bez en una conferencia de Martínez Heredia sobre filosofía, lógica y pensamiento. Al final, un grupo de jóvenes nos quedamos dialogando. Siendo yo aficionado al cine, concurría a los cinedebates en  la Universidad de La Habana, leía páginas de Rojas Bez en los boletines y en la revista Arte 7, a cuyo consejo de redacción él pertenecía; incluso pensaba colaborar con esta, pero la filosofía y la sociología me absorbían más. Entonces yo era estudiante de filosofía en La Universidad de La Habana y más cercano a las páginas de Pensamiento Crítico; y no volví a coincidir personalmente con Rojas Bez, y no podía prever cuánto aportaría a la cultura no sólo en Cuba sino también en otros países de América Latina (México, El Salvador, Colombia, entre otros) y, con menos acentuación, España: artículos y libros publicados, cursos y talleres impartidos, maestrías fundadas, asesorías, consejos artísticos y pedagógicos en sus universidades y otras instituciones.

Al disolverse aquel Departamento de Filosofía, regresé a Oriente, más específicamente a la Universidad de Oriente a concluir mis estudios, ahora como filólogo y no como filósofo.

Pasaron años y vinieron nuevas coincidencias. En 1976, Rojas Bez, Norge Marrero (a quien conocimos entonces) y yo comenzamos a trabajar como profesores en el recién fundado Centro Universitario de Holguín. Con la colaboración de Manuel García Verdecia (del Instituto Superior Pedagógico) y de Francisco Aguiar (“Paquito”), profesor de Matemática de la Facultad y enciclopédico amante y conocedor del cine; emprendimos el desarrollo no solo del cine-club sino de todo un proyecto de cultura cinematográfica en la provincia que implicó la impartición de clases de fotografía y de cine, el primer programa cubano de postgrados sobre cine y la colaboración crítica con los órganos de prensa de la región, y con el Departamento de Cine de la Dirección Sectorial de Cultura.

Pocos años después, ciertos conflictos con instituciones culturales holguineras y los brazos abiertos de la recién fundada Casa del Caribe, cuya orientación sociológica y etnocultural se avenía perfectamente con mis motivaciones; me condujeron a trabajar en la ciudad de Santiago de Cuba. Rojas Bez y yo continuamos viéndonos esporádicamente, pero poco en las últimas décadas, dada mi estancia laboral en Venezuela, Surinam y otros países caribeños; pero teníamos frecuentes noticias uno del otro.

En 2020, las circunstancias personales me trajeron nuevamente a Holguín, donde sigue residiendo Rojas Bez, y donde retomamos la cotidianidad de los antiguos diálogos.

MILLET: Rojas, volviendo a aquellos tiempos juveniles, ¿qué significó y sigue significando para ti Arte 7, pasados ya 50 años?

ROJAS: Muchísimo, en todos los sentidos. Fueron años iniciáticos y logros efectivos en tiempos juveniles. No es difícil imaginar la alegría de jóvenes que fundan un cine-club y una revista que llega a tener impacto incluso internacional, no sólo solicitada entre estudiantes y toda clase de cinéfilos cubanos sino también por cinematecas y otras instituciones latinoamericanas y europeas. Significó mucho también en aprendizaje sobre cómo, por qué y para qué hacer las cosas; así como los valores de un grupo y también sobre cómo pueden surgir apoyos y contratiempos.

M: Pero aquel período fue efímero. La revista Arte 7 cesó en 1971.

R: No efímero del todo. Los abonos culturales siguen fecundando incluso como referencias y memorias a las que acudir. Desapareció –¡un golpe para nosotros!—la revista Arte7, historia larga de contar, que hemos contado en otros sitios localizables en la Red, conectada con los “contratiempos” que antes mencionamos, donde figura en primer orden el afán de centralización y control. Se planteaba: “Mejor colaboran con la revista tal”, “No hay por qué tener esa otra”. Historias ya contadas. Visítese la Red. Pero el cine-club Dziga Vértov siguió existiendo; sin el esplendor de una de sus sesiones, aquella sala de la Cinemateca tan gustosamente facilitada, mientras pudo, por Héctor García Mesa. Pero no cesaron las sesiones en el anfiteatro Varona ni en otros espacios.

No desapareció aquella experiencia cultural, existencial y de camaradería grupal. Fernando Pérez, Orlando Rojas, Mario Naito y algunos más proseguimos con nuevos afanes; otros incluso fuera de Cuba. El singular nombre Arte 7 pervivió en la memoria colectiva (consciente e inconsciente) de los amantes del cine, hasta el punto en que cine clubes, como uno en Santa Clara, y un conocido programa de televisión adoptaron este nombre tan sui generis. No es casualidad.

M: Cinco años después, ¿cómo llegaste desde La Habana hasta la Universidad de Holguín?

R: Casi todos los del grupo Arte 7 –al que me gusta considerar “grupo” y no una revista, porque hacíamos mucho más que editar una revista–, llegamos a terminar los estudios universitarios o, de una u otra manera, nos desperdigamos en diversas vías. A un antiguo compañero de estudios, Stephen Malcolm (adivinarás, de ascendientes jamaicanos) y a mí nos asignaron –como Servicio Social de postgrado, equivalente al Servicio Militar Obligatorio– el trabajo profesional de dos años como asesores de enseñanza en el Ejército Juvenil del Trabajo, en Camagüey.

Allí fueron más reducidas las acciones con el cine. Asistía como puro concurrente al cine club de Camagüey, organizado por Luciano Castillo; y tenía debates en mis oficinas de trabajo. No conocí aún, sino bastante después, a otros cinéfilos de allí como Juan Antonio García Borrero, Armando Pérez Padrón y Jorge Santos pero sí tuve el gusto de volver a encontrarme con Luís Álvarez, que retornó a su ciudad natal.

Al concluir el servicio social, hallé como mejor trabajo, siendo Banes mi ciudad natal y hogareña, y luego de algunos percances y gestiones, el de profesor en el Centro Universitario de Holguín.

Dicho así, el esquema histórico es bien simple. Desde La Habana a Camagüey y luego a Holguín. En el esquema queda mucho por contar en todos los sentidos, los laborales, los sociales, las investigaciones y escritos personales, los nuevos y viejos amigos, la novia de entonces, las alegrías y los conflictos que nunca faltan en los años 70s ni nunca.

Rojas Bez fue uno de los fundadores del Taller Nacional de Crítica de Camagüey (1993)

M: Vino entonces el Centro Universitario de Holguín, el cineclub universitario, la crítica de cine y demás. Pero, de estos tiempos, ¿qué recordarías con mejores ánimos? Aunque compartí mucho de esto contigo, me gustaría recordarlo en tus propias palabras.

R: Sí, desde 1976 compartimos departamento y distintas asignaturas como Literatura y Panorama del Arte Occidental y Cubano, entre otras. Pero pronto fuimos cada vez más absorbidos por la Extensión Universitaria (que entonces dirigía Nilda Sánz) y por el cine-club, encomendado a Norge Marrero como coordinador. Las motivaciones y acciones desbordaron a nuestras personas, pero tuvimos también la gustosa ayuda de los profesores Manuel Verdecia y Paquito Aguiar.

Se logró desarrollar un cine-club no solo universitario sino de toda la ciudad, que funcionaba semanalmente en el cine Martí, con unas 400 butacas. En aquellos años el auge y los intereses por el cine eran extraordinarios. A sala llena y, al final, con decenas que se quedaban a un debate donde intervenían 10 o 15 personas: en la pantalla Orson Welles, Robert Altman, Godard, Fellini, Antonioni, Jancsó, Fabri, Wajda, Rocha, Solanas, Ripstein, entre otros de similar altura.

Hay que reconocer, de paso, las facilidades dadas por el Departamento de Cine de la Dirección Provincial de Cultura de Holguín, entonces dirigido por Eduardo así como por Delmer y Pedralla (en 16 milímetros y la bóveda). En especial la asistencia dada por el Director de la Cinemateca de Cuba, Héctor García Mesa, quien posibilitaba los filmes de dichos cineastas en excelentes copias enviadas desde La Habana.

Pero el cine-club universitario no se constreñía solo a los debates de filmes; también a coordinaciones y colaboraciones con premieres en la provincia. Por ejemplo, las de Retrato de Teresa, de Pastor Vega, y Una mujer, un hombre, una ciudad, de Manuel Octavio Gómez, entre muchas con la asistencia de realizadores, actores y actrices.

Recordarás que intentamos un programa dominical de cine en Radio Angulo; pero, vale también para la Historia, nosotros no éramos del gusto del señor que entonces dirigía la emisora. No hacíamos y decíamos lo que él quería, y el programa no duró dos meses.

Pero sí fue tuvo mejor vida la columna semanal de crítica de cine en el periódico ¡Ahora!, gracias a acogedores directivos del periódico como Carralero, Reynaldo López, Mildred Legrá y Haydée Vigo.

M: En efecto, la iniciamos en coordinación Norge, tú y yo; y los primeros comentarios salieron a fines de 1976; pero enseguida quedó en tus manos. Se produjo mi traslado a Santiago de Cuba y Norge se concentró más en los cursos de fotografía y otros que impartía. Entonces, tú mantuviste la columna semanal… ¡por 13 años! Dime algo al respecto.

R: Sí, la columna semanal de cine comenzada en 1976 se sostuvo incluso mucho más allá del tiempo que duró este cine-club. En la década de 1980, Norge Marrero se casó y fue a trabajar a La Habana. El cine-club se contrajo, y casi se extinguió bajo criterios increíbles de algunos funcionarios universitarios de entonces como “las actividades de cine debían concentrarse más en el campus y los predios universitarios” o “les tocaba ahora conducirlo a otras personas” (que resultaron menos expertas y carismáticas, habría que analizarlo con mayor detenimiento). Yo quedé más centrado en  colectivos de autores (donde seguía coincidiendo con Norge) y postgrados. Pronto desaparecieron las sesiones de cineclubismo en el cine Martí, así como otras acciones en la ciudad; el cineclub pasó a pequeñas aulas, cada vez más pequeñas en la universidad, y… así fue. Todo ello sería un buen tema de análisis educacional y sociocultural.

M: Volviendo a la crítica de cine en el periódico.

R: Esta se mantuvo, pero por motivaciones personales y por intereses del periódico de la provincia. La crítica siempre fue acogida por directivos del periódico con amplia perspectiva mental y bien avalada (incluso solicitada) por las encuestas. Recuerdo que la elogiaban porque era capaz de “hablar mal de una (mala) película cubana o rusa y hablar bien de una (buena) película americana”. También llegaban cartas de buenas opiniones, sin faltar las discrepancias, de algunos que recibían el periódico en América Latina.

Pero no era interés de los directivos de la Universidad, que nunca cedieron nada de mi fondo de tiempo laboral para ella, ni nada semejante, incluso cuando pudieron haberse “anotado” colaboración cultural con la comunidad. No me refiero a la antigua jefa de Extensión Universitaria, Nilda Sánz, ni tampoco a la nueva, Margarita Rodríguez Alfaro, quienes hubieran colaborado, sino a instancias superiores como la vicerrectoría docente.

Interés del periódico, muy solicitada por los lectores y motivaciones mías, incluso sin paga cuando no se pagaban las colaboraciones; la columna se mantuvo durante 13 años semana tras semana, desde fines de 1976 hasta 1990. Terminó por cuestiones de tiempo disponible y otros percances que demorarían mucho explicar.

M: Pero, durante la década de 1980 y después, casi desaparecido el cine-club y siendo la columna crítica una cuestión personal; ¿qué actividades fundamentales realizabas entonces en la Universidad?

R: Docencia y colectivo de autores. Aquella docencia de cine y otras en cuyo inicio tú también estuviste fue creciendo e intensificándose. Los primeros programas y cursos de Extensión Universitaria se convirtieron en cursos de postgrado. Su éxito y prestigio hicieron nacer planes similares para todo el país. La Universidad de Oriente (profesores prestigiosos como Isabel Taquechel, Luís Carlos Suárez y María Elena Orozco, entre otros) y el Centro Universitario de Holguín emprendimos la creación de programas y textos apropiados para docencia sobre cine, cultura cubana y otras materias dirigidos especialmente a alumnos de carreras no humanísticas, incluso tecnológicas. Nació así, a partir de los años 1985 y 1986, la llamada “Docencia artística” para todas las universidades del país.

M: Específicamente, ¿en las investigaciones y escritos sobre cine?

R: Continuaban intensamente. En 1987, al ganar el Premio de la Ciudad, salió publicado Artes, cine, videotape: límites y confluencias, considerado el primer libro en nuestro idioma sobre las relaciones estéticas y sociales entre el cine, el video y otros medios. Antes, Un estudio sobre La vida es sueño (1981) y, como coautor, Apreciación de la cultura cubana (1985-86). Pero aquel fue mi primer libro sobre cine.

Asimismo, pronto fundamos el Taller Nacional de la Crítica de Cine y la Federación Nacional de Cine-clubes.

También tengo la satisfacción de haber participado muy intensamente en estos años en la fundación de la Filial de Cine Radio y Televisión del Instituto Superior de Arte que, dicho brevemente, bajo la dirección de Hugo Edelqui Cruz, el apoyo de Jesús Cabrera, el conocido realizador y fundador de televisoras (director de la Facultad en la sede central habanera) y un grupo de profesionales con cierto relieve de la provincia, llegó a ser algunos años la mejor del país: docencia, producción, actividades comunitarias, convenios con otras instituciones incluso latinoamericanas y de España, sede dos veces del Festival Imago…

M: Hemos hablado de una intensa vida ya hasta la década de 1990; pero faltarían muchos años. ¿Qué resaltarías de ellos?

R: En primer lugar, te sugeriría que no recortaras mucho lo que hemos hablado hasta aquí, porque dan los tonos de todo, son semilla, abono y muestra del porvenir, en lo que a cine se refiere.

En lo adelante, desarrollo de tales abonos. Una vida académica creciente: profesor asistente, profesor auxiliar, profesor titular…, no sin resistencias de funcionarios, paso a paso incuestionable, incluyendo dos becas ganadas por oposición en España, en 1990 y en 2006.

Realicé el primer doctorado en Cuba en pedagogía del cine. Algo tardío porque no faltaron objeciones de funcionarios que aprobaban su realización. Lo concluí en 1997 pudiendo haberlo hecho desde 1993. Es otro tema. Vinieron luego estancias como Profesor Visitante en diversos países (según invitaciones directas a mí como persona), incluyendo la fundación de la Maestría en Arte en la Universidad Autónoma de Nuevo León y Tallares sobre Estética y cine en El Salvador, entre otras. También una labor como miembro del Tribunal Nacional de Grados Científicos en Ciencias sobre Arte. En fin, labor académica no ha escaseado.

M: Incluyendo varios libros en esos años…

Para seguir hablando de cine: autor de libros y otros materiales para la Educación Superior, así como ensayos de diversa índole sobre todo en Cuba y en México, con algunos artículos en España y otros países. Entre ellos, Reflexiones estéticas sobre cine (Pueblo y Educación, La Habana, 1992), El cine por dentro (Universidad Iberoamericana-Universidad Veracruzana, Puebla, 2000), De cine, TV y otros medios (Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey, 2000), Pasaje al arte del cine (Universidad de Guadalajara, Guadalajara, 2013), El arte del cine: formas y conceptos (Pueblo y Educación, La Habana, con dos ediciones, 2014 y 2019) y otros.

M: Pero no te has movido solo en la esfera del cine.

R: Soy uno, y todo se conjuga no obstante las contradicciones reales y mucho más las aparentes. Mis acciones académicas se conjugan con las acciones como investigador, como ensayista, como promotor… Con ello se ha conjugado siempre mi talente de hispanista.

M: Sí, hablando de contradicciones más aparentes que reales, no puedo dejar de mencionar que dialogo también con un consumado hispanista, no sólo desde tu primer libro Un estudio sobre La vida es sueño (Santiago de Cuba: Editorial Oriente, 1981); tus estudios en España con beca ganada en 1990; tu segundo Premio de la Ciudad, Indagaciones para un Medio Milenio (Ediciones Holguín, 1989) y tu primer libro en México, Visiones en el tiempo de América (Toluca: Universidad del Estado de México, 1995); tus múltiples ensayos en las revistas Universidad de la Habana,, Islas, Cuadernos Americanos, Torre de Papel, el anuario Nombres Propios de la Fundación Carolina, y mucho más… desde tus estudios universitarios hasta hoy. Pero esa “dualidad” sería otra conversación, que me gustaría dejar para nueva oportunidad y no darle aquí un sesgo truncado.

M: Volviendo al cine, te sientes sobre todo crítico y promotor y, más aún, investigador y teórico, ¿qué consideras tú, personalmente y no lo que digan otros, tu mayor logro en esta faceta?

R: Diría que las propuestas sobre una concepción cabal y rigurosa del cine, su concepto, características y mecanismos fundamentales, así como sus correlaciones con otras artes y medios, desde las artes visuales, las audiovisuales escénicas, la televisión, Internet y demás. Se dilataría mucho esto que, en fin de cuentas puedo referir a lo que está casi como síntesis en mis últimos libros publicados por la prestigiosa Editorial Pueblo y Educación: Audiovisualidad, artes y cultura contemporánea (2014) y El arte del cine: formas y conceptos (2019); y a las concepciones sobre arte aparecidas en El arte y sus primeros esplendores (2018), publicado por la también seria Editorial Universitaria Félix Varela. Estoy seguro de que por ahí van los mejores aportes en teoría del cine, aunque pudiera añadir los tres últimos ensayos, estos específicamente sobre el documental y el universo audiovisual, publicados en las revistas Aisthesis de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Antrópica de la Universidad Autónoma de Yucatán. Sabe, creo que estoy en un momento de buena madurez… teórica y general.

Autor de la entrevista:

José Millet Batista. Investigador, ensayista y profesor universitario. Trabajó durante décadas como investigador de la Casa del Caribe antes de fijar residencia en Venezuela, donde continuó sus investigaciones sobre la cultura del Caribe. Actualmente reside en Holguín donde, entre otros proyectos, coordina una Enciclopedia de la Cultura Cubana auspiciada por la UNEAC de esa ciudad.

Una entrevista en IPS

Hoy IPS publicó las respuestas que le hiciera llegar al joven periodista y crítico de cine y arte Erian Peña Pupo, quien me enviara un provocador cuestionario con preguntas que invitan a la conversación inteligente. Y esa publicación coincide en fechas con el mismo día en que la ENDAC sobrepasa las 6000 entradas.

Le agradezco a Erian y al equipo de IPS el interés mostrado no solo en este proyecto, pues también hablamos del blog Cine cubano, la pupila insomne, el Callejón de los Milagros de Camagüey, así como los Encuentros sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales.

Como suelo apasionarme con estos temas, mis respuestas fueron demasiado extensas, por lo que se entiende que debieran publicar tan solo lo esencial. Pero creo que lo principal está dicho. El enlace a la página de IPS es el siguiente: https://www.ipscuba.net/espacios/reconstruir-desde-el-agora-el-cuerpo-audiovisual-de-cuba/

Y debajo encontrarán la respuesta donde hablo de la ENDAC, esa plataforma que hace más o menos dos años perdí en mi disco duro cuando ya tenía 6000 entradas, y que la desesperación del momento estuvo a punto de hacerme renunciar a todo.

Por suerte apareció Alex Halkin, a quien le debo el impulso para retomarlo, y el apoyo logístico que ha permitido que hoy esté en línea, y que lo que parecía sacado de una película de ciencia ficción sea una realidad tangible construida desde Los Coquitos (Camagüey).  

UN ATLAS DEL CINE CUBANO

Erian Peña Pupo: Si bien tu blog es “un ejemplo de cultura colectiva”, la ENDAC, como proyecto colaborativo, va más allá al dirigirse a “construir una mirada que lo conecte todo”. ¿De qué manera crees que la misma contribuye a reconstruir, de un modo holístico, “el cuerpo audiovisual de la nación”?

JAGB: La ENDAC es una enciclopedia que, en vez de proponer un mapa (en singular) del cine nacional, plantea la construcción de un atlas (conjunto de mapas) donde sea posible reconstruir el cuerpo audiovisual de la nación.

Entiendo ese cuerpo no solo como el conjunto de películas y biografías, sino también incorporando la historia de las tecnologías usadas, las salas cinematográficas, los estudios de audiencias, y siempre con un enfoque transnacional que lo conecta todo.

Hay quien habla de una Base de Datos, pero yo prefiero llamarle Base de Conocimientos, porque el objetivo va más allá de lo informativo. Obviamente, una sola persona no puede encargarse de todo esto, y es lo que he argumentado en el ensayo que premiara la revista Temas en su convocatoria internacional más reciente. La ENDAC solo puede funcionar sobre la base de lo colaborativo. Por suerte, ya tiene varios colaboradores.

Es algo que, tengo la impresión, se entiende mucho mejor de qué va fuera de Cuba que dentro. Durante cinco años estuve proponiendo que alguna institución cubana asumiera la ENDAC y nunca pude encontrar el apoyo. Por ahí conservo algunos de los mensajes que intercambié con funcionarios que hubiesen podido ayudar a insertarla en nuestro entorno, pero jamás pasó del entusiasmo momentáneo.

En definitiva, gracias a Alex Halkin y su Americas Media InitiativeCuba Media Project (que ya había colaborado con la Muestra Joven), la ENDAC está en línea y tiene unas 6000 entradas y más de 250 000 visitas.

Pero no dejo de reconocer que debió estar desde un inicio en alguna institución cubana, en tanto lo que propone del “cuerpo audiovisual de la nación” responde a lo que muchos aquí vienen defendiendo desde hace rato. Solo que, como aseguraba Lennon, la vida es algo que sucede mientras estamos soñando otra cosa, y en Cuba suele ponerse de manifiesto eso de que “en casa del herrero cuchillo de shopping”.

CÓMO COLABORAR CON LA ENDAC (II)

La Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano, que en la actualidad ya tiene un total de 6000 entradas, posee un carácter colaborativo y está en permanente construcción. Para decirlo como Steiner, cada una de las entradas que aparecen en la misma son “textos provisionales y abiertos”. Eso significa que gracias a la interacción de los usuarios que llegan a ellas desde cualquier parte del planeta, siempre será posible enriquecer la información, hacerle correcciones, etc.

Para la ENDAC es de interés todo lo que se vincule a la cultura audiovisual asociada a Cuba, tomando en cuenta para ello tanto la producción de materiales, como las biografías de los creadores, tecnologías, salas cinematográficas, publicaciones, etc. Por otro lado, la ENDAC entiende esa cultura audiovisual desde una perspectiva transnacional, por lo que cabe también todo lo realizado fuera de la isla.

Los interesados en que las fichas técnicas de sus producciones queden registradas en la Base de Datos pueden compartirla a a través del correo electrónico soporte.endac@gmail.com, y guiarse por el siguiente modelo:

TÍTULO:

Año:

País:

Género:

Formato:

Tiempo:

Color:

Productora:

Producción:

Dirección:

Guión:

Fotografía:

Música:

Edición:

Sonido:

Dirección de arte:

Reparto:

Otros créditos:

Premios

En cuanto a las BIOFILMOGRAFÍAS se tomará en cuenta lo siguiente:

Nombre artístico:

Nombre completo:

Día, mes, año y lugar de nacimiento:

Breve semblanza:

Filmografía ordenada en orden cronológico donde se acredita el año de producción, título, roles desplegados en los mismos, etc).

Premios:

Lo que el cine nacional no deja ver

El concepto de “cine nacional” tiene un origen histórico, y, obviamente, responde a los intereses puntuales de los grupos de poder que en su momento lo legitimaron. 

Cuando ese concepto se examina en el entorno de las pugnas que, hacia finales de los años cincuenta, las llamadas cinematografías modernas sostenían con lo que se englobaba en el gran saco nombrado “Hollywood”, se entienden mucho mejor las Políticas Públicas que cada país implementó con el fin de garantizar la visibilidad de la producción cinematográfica local.

Sin embargo, del mismo modo que ese concepto iluminó identidades comunitarias, también el “cine nacional” (vinculado al Estado, al espacio geográfico donde se originaba, a las narrativas particulares, etc) dejó en las sombras aquello que no respondiese a ese gran paradigma.

Pensemos en el cine cubano, y todas las historias de compatriotas que ahora mismo levitan en un limbo, porque no responden al canon legitimado por la historiografía dominante. No tenemos idea de la cantidad de coterráneos que hay regados en el planeta, cada uno con experiencias diversas de acuerdo a las circunstancias que han debido enfrentar, pero todos dialogando con esa gran comunidad imaginada que llamamos “nación”, un diálogo donde la ideología y la política son apenas dos de los miles de componentes que conforman su cotidiano accionar.

El día que decidamos hacer un inventario exhaustivo de esa presencia del cubano en la pantalla global (lo mismo en los Estados Unidos que en Rusia, en México que en Japón), nos sorprenderá advertir los modos en que la cubanía se ha enriquecido a lo largo y ancho del planeta.

Pondré el ejemplo acotado de lo sucedido en un país y en un tiempo que a simple vista no nos parecieran tan desconocido y remoto: la España de los noventa del pasado siglo. ¿Cuántas historias de cubanos que decidieron emigrar a ese lugar por esas fechas no permanecen todavía invisibles para nosotros?

Y no hablo de cintas donde lo cubano resulta explícito desde el mismo título, como puede ser Cosas que dejé en La Habana (1997), de Manuel Gutiérrez Aragón, sino de otras en las que ser cubano no es algo que denote un privilegio “per se”, sino que adquiere valor en la misma medida que se desarrolla en un contexto ajeno donde otras comunidades emulan con sus propias identidades.

Estoy pensando en filmes como Los hijos del viento (1995), de Fernando Merinero, En la puta calle (1996), de Enrique Gabriel, Flores de otro mundo (1999), de Icíar Bollaín, Adiós con el corazón (2000), de José Luis García Sánchez, o La novia de Lázaro (2002), también de Fernando Merinero.

Asimismo, por el camino pudiéramos recuperar historias de vida como, por ejemplo, las de José María Sánchez Prados (Kimbo), showman y actor que naciera en Marruecos luego de la relación de su padre, el cubano “el negro Rafael” con una española, y que ha aparecido en películas como Una chica entre un millón (1993), de Álvaro Sáenz de Heredia, Demasiado caliente para ti (1996), de Javier Elorrieta, la mencionada Cosas que dejé en La Habana, Cuba Libre (2005), de Ray García, Palmeras en la nieve (2015), de Fernando González Molina, o El Rey de La Habana (2015), de Agustí Villaronga.

Lo que trato de decir es que, más allá de lo que el concepto de “cine nacional” nos muestra, hay todo un mundo de cubanías en permanente diálogo con la nación (esa comunidad imaginada a la que no se ha renunciado nunca, porque pertenece al mundo interior de los sujetos, no a los Estados), que aún esperan ser descubiertas.

Juan Antonio García Borrero  


PÁGINAS EN LA ENDAC:

Una chica entre un millón (1993), de Álvaro Sáenz de Heredia

Los hijos del viento (1995), de Fernando Merinero

En la puta calle (1996), de Enrique Gabriel:

Cosas que dejé en La Habana (1997), de Manuel Gutiérrez Aragón:

Flores de otro mundo (1999), de Icíar Bollaín:

Adiós con el corazón (2000), de José Luis García Sánchez:

La novia de Lázaro (2002), de Fernando Merinero:

Algunos criterios sobre la ENDAC como herramienta académica

Aunque como plataforma la ENDAC es una herramienta que puede servirnos a todos para lograr objetivos concretos vinculados a los intereses particulares (ejemplo: preservar las memorias de los individuos y/o grupos), también existe lo que pudiéramos llamar el Superobjetivo, que en este caso se enfocaría en estimular el alcance académico de sus contenidos.

Por eso me da mucho gusto compartir estas tres opiniones de personas vinculadas a las Universidades, y que han visto en la ENDAC algo útil a la producción de conocimientos que generan en sus respectivos espacios de enseñanza y aprendizaje.

También es bien estimulante que pueda apreciarse aquí la potencialidad transnacional del sitio, toda vez que Mirtha Padrón escribe desde México, Michael Chanan desde el Reino Unido, y Luis Duno desde los Estados Unidos.

A todos ellos el agradecimiento por la complicidad con la ENDAC. He aquí los comentarios:

“La ENDAC se ha convertido en una herramienta indispensable para aprender y obtener un recuento detallado de lo que es realmente la cinematografía de la nación cubana en todas sus aristas. Excelente trabajo que puede mostrarse además por la utilización de las tecnologías con un fin de aprendizaje y conocimiento general, algo que es necesario en el entorno actual. ¡Felicidades y a continuar enriqueciéndola! (Mirtha Padrón. Directora General de Universidad Autónoma de Durango. Campus Saltillo. Coahuila, México)

“No hay nada nuevo en la idea de una enciclopedia digital, pero para merecer el término tiene que ser más que una base de datos, como Internet Movie Data Base (IMDB). En este sentido, ENDAC es ejemplar. Es mucho más que un depósito de hechos y opiniones recibidas, pero arroja todo tipo de información contextual y enlaces temáticos. Para el académico, una valiosa herramienta para la investigación tanto sincrónica como diacrónica. Es también un proyecto en evolución, que tiene la sensación de estar vivo y de dar vida a toda la cultura audiovisual cubana, pasada, presente e indudablemente futura” (Michael Chanan, autor del emblemático libro Cuban Cinema. Profesor Emérito en University of Roehampton)

“La Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano (ENDAC) constituye la cristalización perfecta de un esfuerzo sostenido por más de una década. El resultado es un archivo crítico de notable profundidad y alcance. Por último, ENDAC ofrece tanto referencias a fuentes primarias, como reflexiones críticas ancladas en sólidas bases teóricas. Estamos ante una herramienta de gran utilidad para la investigación del audiovisual cubano, así como un modelo para futuros proyectos centrados en otras expresiones nacionales” (Luis Duno-Gottberg, Profesor Asociado de Estudios Caribeños y de Cine en el Departamento de Estudios Hispánicos de Rice University).

¿Cómo colaborar con la ENDAC?

Para los amigos que estén interesados en colaborar con la ENDAC, aquí les dejamos un Manual donde se explica el procedimiento.

Como siempre he reiterado, la ENDAC no es la Enciclopedia de un autor determinado, sino una plataforma donde se puede interactuar y contribuir a la construcción de eso que insistimos en llamar “el cuerpo audiovisual de la nación”, donde caben las películas y las biografías, pero también las Historias de las tecnologías usadas, los espacios de socialización, las publicaciones, los estudios de audiencias. En fin: la cultura audiovisual pensada de un modo holístico.

Este manual pretende ayudar a los usuarios que deseen colaborar con la Enciclopedia agregando entradas. Su propósito es guiarlos a través de los pasos a seguir para crear, editar y subir una entrada al portal.

La Enciclopedia está basada en el sistema de gestión de contenido WordPress, lo que facilita la curva de aprendizaje y brinda una experiencia natural respecto a la edición de contenido.

Página para descargar el Manual: https://endac.org/download/como-colaborar-con-la-endac-manual/

De García Borrero a Julio César Guanche sobre Alfredo Guevara y su legado

Querido Guanche:

Ante todo, quiero reiterarte el agradecimiento por la invitación que me hicieras para escribir sobre Alfredo Guevara en ese gran expediente que has organizado. He leído el resto de las comunicaciones, y no he podido evitar la tentación de organizar estas ideas que ahora expongo. Eso habla a favor del dossier, en tanto invita a repensar lo expuesto, a no dejarnos indiferente, y discutirlo como seguramente le hubiese encantado a Alfredo.

Creo que, en sentido general, las intervenciones han coincidido en señalar el perfil humanista de Alfredo Guevara. Más allá de sus virtudes y defectos como individuo, esos que admiradores y detractores pasan todo el tiempo enfrentando entre sí, queda la evidencia de una gestión cultural que se puso a la altura de lo que estaba demandando la época: si el cine cubano revolucionario de esa primera década post-59 alcanzó la relevancia que hoy conocemos, fue porque Alfredo Guevara trazó un camino que se apartaba con firmeza de lo manido, y aspiraba a ser verdaderamente moderno.

Sus enemigos podrán decir horrores de él (Guevara tampoco ahorró duras descalificaciones para sus contrarios), pero el resultado está allí: una obra colectiva donde no solamente estaríamos hablando de un centro productor de películas (que ya de por sí era bastante difícil), sino de algo más complejo donde se tendría que tener en cuenta, además de la producción cinematográfica, la distribución y exhibición, así como la formación de un nuevo público. Se escribe fácil, pero pensemos que estamos hablando de la influencia lograda a lo largo y ancho de todo el país, y más allá de sus fronteras.

Sin embargo, como todo lo humano, tales logros dejaron también un saldo de perdedores, o para decirlo sin eufemismos, víctimas. Es decir, como siempre ocurre, esa manera de ejercer el Poder (con mayúsculas)tuvo sus inevitables consecuencias, y el análisis de esa parte de la Historia vinculada a Alfredo Guevara es la que le echo de menos en el dossier.

Tomando en cuenta que, tal como se advierte en la presentación, ese conjunto de reflexiones no está pensando en el pasado, sino el presente, y sobre todo el futuro, faltó preguntarse si tendría sentido reciclar el Poder tal como lo ejerció Alfredo. Más claro aún: en la nueva Cuba, esa que tanto soñamos, una Cuba más inclusiva y más democrática ¿sería recomendable mandar del mismo modo que lo hizo Alfredo Guevara?

A mí me interesaría discutir este asunto, ya sea la respuesta positiva o negativa, dejando a un lado al sujeto Alfredo Guevara (del cual tenemos claro, al menos yo, que fue un gran estratega) para hablar del Poder ejercido, con todas las complejidades que van asociadas al mismo. Porque si de algo no le se puede acusar a Alfredo es de inocencia; al contrario, Alfredo estaba consciente de que “las revoluciones no son paseos de riviera”, como le confesara en 1992 al periodista Wilfredo Cancio Isla en la entrevista publicada en La Gaceta de Cuba.

Pero hay que recordar que esa crítica radical a su manera de ejercer el Poder tiene su primer gran antecedente, en el extenso memorando que Tomás Gutiérrez Alea le escribe el 25 de mayo de 1961, a propósito de los sucesos vinculados a la censura de PM. Es un texto extenso que debería estudiarse y discutirse en nuestros medios públicos como mismo se discuten las películas o los documentos que se llevan a los congresos. Allí Titón le dice a Alfredo:

  1. La experiencia que puede extraerse del conocimiento de una obra reaccionaria puede dar lugar a soluciones positivas, revolucionarias, dentro del trabajo de un artista revolucionario.
  2. Ocultar obras porque pueden constituir una mala influencia para nuestros compañeros solo puede producir un estancamiento en el desarrollo de los mismos. Y como consecuencia inevitable, una falta de confianza en las ideas que se dan como buenas (ya que se evita una confrontación con la realidad).
  3. No puede haber variedad en nuestras obras si todas se deben ajustar al gusto de una sola persona.
  4. La imposición de ideas, aun cuando estas sean correctas, es un arma de doble filo pues genera una reacción (muy humana, por cierto) en contra de la idea.
  5. No se puede pensar por los demás.

¿Acaso estas ideas que Titón desarrolla con más amplitud en su texto no tienen vigencia en esta Cuba de ahora mismo? ¿Acaso no se siguen censurando películas? ¿No siguen determinados grupos o personas tratando de imponer sus ideas, mientras descalifican sin clemencia todo lo que se aparte un milímetro de lo que ellos piensan?, ¿acaso ese tipo de Poder autoritario no es el pan nuestro de cada día?, ¿no es eso lo que se pone de manifiesto cuando un joven muestra en público un cartel con la leyenda “Socialismo sí, represión no” y recibe más represión?

En honor a la verdad, tendríamos que reconocer que la figura de Alfredo Guevara no encaja fácilmente en esos estereotipos de oscuro censor que sus acérrimos detractores le adjudican. No es que él mismo no reconociera haber censurado (“Prohibir es prohibir; y prohibimos”, le dice a Cancio Isla en la entrevista que mencioné hace un rato, al hablar de lo sucedido con PM), pero me refiero a que si quisiéramos sacar alguna luz de lo nefasto que significa ese tipo de ejercicio de Poder que Titón alertaba, tendríamos que tomar en cuenta todo, y no solo lo que nos conviene: es decir, tendríamos que hablar del Alfredo que censuró PM, pero también del que se enfrentó a Blas Roca, hablar del que se opuso a que los cineastas aficionados de finales de los setenta alcanzaran autonomía y del que al final de su vida no dejó de reunirse con los jóvenes porque en ellos confiaba, o del que detuvo el rodaje de Cerrado por reforma, que fue el mismo que no se dejó amedrentar por el entonces poderoso Carlos Aldana.

De todos modos, si algo agradezco del pensamiento de Alfredo Guevara es que pide a gritos ser rescatado de los altares donde solo cabe la veneración acrítica. Al contrario, la vigencia de un pensamiento crítico como el de él nunca estará asociada a la confusión de lo revolucionario (eso que permanentemente cambia, como la realidad) con el orden revolucionario (lo que una vez cambió y se quiere conservar de modo autoritario).  

El desafío está en pensarlo como parte de un conjunto de voces que, como en Rashomon,se van complementando en el afán de entender un poco más una realidad poliédrica. Pero sería absurdo creer que su percepción de lo que puede ser el socialismo sirve para todos. De allí la necesidad de que nunca dejemos de hacer la pregunta esencial: ¿desde dónde hablas?  

Seguro recuerdas el fragmento de Huracán sobre el azúcar donde Sartre descubre, en medio de su visita a Cuba, el término “retinosis pigmentaria” gracias a un discurso de Oscar Pino Santos que cita de este modo: “Existe —dice poco más o menos Pino Santos— una enfermedad de los ojos que se nombra “retinosis pigmentaria ” y que se manifiesta por la pérdida de la visión lateral. “Todos los que se han llevado de Cuba una visión optimista, son grandes enfermos: ven de frente y nunca con el rabillo del ojo“.

Creo que Alfredo Guevara siempre estuvo mirando con el rabillo del ojo. Cierto que tomó partido, y hasta el último momento defendió la construcción del socialismo. Pero tenía conciencia de que en medio de todo esto estaban los seres humanos, con sus aspiraciones comunes a ser felices: es decir, estaban esos individuos de carne y huesos que en medio de la exaltación de las Ideas (otra vez con mayúscula) jamás encontraremos en la narrativa de los medios porque sencillamente han sido ninguneados.

Sé de lo que hablo porque vivo en un lugar donde a Sara Gómez le hubiese gustado filmar la segunda parte de De cierta manera, una comunidad nueva donde conviven profesionales maravillosos y familias disfuncionales, edificios nuevos y casitas de madera, o personas que como tú y yo hemos podido viajar, publicar y ahora sostener un diálogo civilizado en la red, con otras que cada vez perciben menos luces en sus horizontes porque sencillamente aprecian una suerte de SQP (Sálvese quien pueda) a su alrededor.    

Alfredo fue muy crítico con esa televisión que padece de retinosis pigmentaria (“No creo que la televisión sea gran cosa. No lo es hasta ahora”, dijo con ese estilo lapidario y elitista que tanta incomodidad provocaba). Sabía que no puede entenderse de la misma manera el socialismo desde la comodidad de una cabina climatizada de la televisión nacional, que desde un barrio marginal y pobre.

¿Cómo evitar que esa simplificación inevitable que nuestros medios hacen de la compleja realidad se convierta en la medida de las cosas en Cuba? ¿Cómo naturalizar en nuestras agendas de discusión las estrategias para minimizar los efectos del Bloqueo (que sí existe) a la par que el debate sobre el poder de una Burocracia (mayúscula otra vez) que amenaza con devorarlo todo?

Va a ser difícil. Vivimos ahora mismo una época donde otra vez aquí está de moda el “Que se vayan. No los necesitamos”, y del otro lado el rechazo a todo lo que huela a gobierno. Desde luego, esas son las posiciones extremas (que son las que se escuchan en los medios), porque también estaría eso que Primo Levi llamó “la vasta zona gris”, y que me gusta asociar a los que Borges describía en su poema “Los justos”: hablo de la gente común que va resistiendo el embate de las pandemias, las consignas vacías, la ineficiencia de los servicios, o la soberbia de quienes ya creen tener la Verdad absoluta en sus manos y se dan el lujo estéril de la sordera.

En este sentido, Alfredo Guevara ha quedado en mi memoria como el paradigma de un intelectual que no temía la confrontación ni evadía la complejidad. Eso es lo que a mi juicio garantizará que siga reapareciendo a cada rato, para incomodidad de tirios y troyanos.

Te agradezco una vez más la invitación a escribir sobre él, y la lectura de ese dossier que ahora ha provocado esta nueva reflexión.

Un abrazo fuerte,

Juan Antonio García Borrero

Aquel 7mo Taller Nacional de Crítica Cinematográfica (1999) …

Diseño del cartel: Nelson Haedo

Hoy, a la altura del año 2021, hablar de “cine y nuevas tecnologías” suena a lugar común. Vivimos tan inmersos en la época de la informatización de la gestión cultural, que hasta el detractor más tenaz que pudiese tener el asunto, difícilmente podría prescindir del uso de esos dispositivos emergentes.

Eso es entendible en la Cuba del 2021, o sea, en la Cuba del 4G, donde la penetración de Internet (con todo y los precios excluyentes), ya es algo más que una utopía. Pero en 1999 organizar un Taller Nacional de Crítica Cinematográfica cuyo eje temático rezaba “Cine, tecnología, identidad”, sencillamente sonaba a ciencia ficción.

No podría probarlo de un modo irrefutable, pero tengo la impresión de que esa fue la primera vez que se organizó en Cuba un evento con el fin de pensar críticamente, la relación ya establecida entre la cultura audiovisual y las nuevas tecnologías, y la necesidad de un uso creativo de las mismas.

Por otro lado, también tengo la impresión de que a los críticos de cine que entonces ejercían su oficio no les motivó demasiado el tema (bueno, seamos honestos: a muchos críticos de cine todavía no les motiva). Eso es lo que explica que las ponencias principales fueran desarrolladas por estudiosos que no pertenecían al gremio: los cubanos Enrique González-Manet y Abelardo Mena, y los españoles Joaquín Fonoll y Xavier González.

La ponencia de González-Manet, titulada “Cine, nuevas tecnologías y propaganda: apología de la comunicación en la era de la informática”, partía de comentar algunas de las ideas del célebre sociólogo Alvin Toffler, autor de libros tan exitosos como El shock del futuro (1970) y La tercera ola (1970).

Revisar la copia mecanografiada del ensayo que amablemente donó el conferencista al Centro Provincial del Cine de Camagüey, hoy puede regalarnos el testimonio de la paradoja que por entonces nos habitaba: hablábamos del futuro todavía instalados en el pasado, pues las ponencias presentadas al Taller se tecleaban en máquinas de escribir Underwood (original y dos copias, casi siempre, usando papel carbón). 

En este sentido, en 1999 aquellas aproximaciones tenían más de ambiciosos ejercicios de imaginación, de profecías arriesgadas, que de constatación de una realidad que entonces nos resultaban radicalmente ajenas. Nosotros en el Centro de Cine de Camagüey recién nos estrenábamos en el uso de una computadora entregada por Zenaida Porrúa, directora del Sectorial Provincial de Cultura en aquel momento, e intuíamos que nuestra gestión cultural se iba a transformar; pero no teníamos la menor idea (al menos yo) en qué sentido iba a ocurrir ese cambio.

Enrique González-Manet, conferencista

Recuerdo que me impresionó muchísimo lo que casi al final de su ponencia expresaba González-Manet:

Las perspectivas para los próximos 15 años incluyen la ampliación de los servicios de Internet en tiempo real, la transmisión barata de imágenes multimedia y la comunicación visual por banda ancha; la generalización de las interconexiones y el acceso múltiple a bases de datos globales; la comunicación personal instantánea de tipo multimedia por medios portátiles miniaturizados; y la regularización del correo electrónico y el teléfono visual de alta resolución, todo lo cual ha de exigir un orden basado en estrictas regulaciones internacionales, muy distinto al caos que predomina en las “autopistas electrónicas”. La traducción simultánea y el control verbal de los equipos más sofisticados será una realidad en el próximo decenio, en el que también tendrá lugar una casi total privatización de los sistemas de comunicación”.

Si miramos lo que está pasando ahora mismo a nuestro alrededor, veríamos que desde 1999 el Taller Nacional de Crítica Cinematográfica de Camagüey ofreció luces de lo que podía pasar en ese futuro que hoy es presente. Lo que nos lleva a preguntar: ¿qué falló entonces a la hora de llevar a la práctica institucional lo que el pensamiento crítico había identificado como una necesidad de estrategias?

Sencillamente una vez más quedaría confirmado que no basta poseer la tecnología en nuestras manos. Necesitamos aprender a usarla creativamente, y a pensar en la construcción de escenarios donde se humanice el uso de esos dispositivos, es decir, donde la importancia de las cosas que se usan, ceda ante la importancia primera de las personas que las usan.

En aquel mismo Taller, Abelardo Mena (creador del primer boletín electrónico cultural hecho en Cuba) presentó una ponencia que tituló “El XX Festival de Cine Latinoamericano en Internet. Una experiencia casi personal”, donde entre otras cosas proponía “colocar en Internet las memorias de este VII Encuentro Taller de Crítica Cinematográfica (sic), así como las ponencias presentadas en toda su extensión”.

Sin embargo, pese a que en algún momento la Oficina del Taller Nacional de Crítica Cinematográfica comenzó a contar con el servicio de Internet, nunca conseguimos construir ese repositorio donde hoy pudieran consultarse todas las ponencias presentadas a lo largo de la Historia del evento. Teníamos la tecnología, pero no estábamos preparados para dar ese salto que demanda desplazarnos del enfoque analógico de la cultura al enfoque digital.

Hoy, por suerte, en la ENDAC es posible encontrar reunidas no solo información y varias de las ponencias, sino que todo ese conjunto se integra a un marco mayor que sería la cultura audiovisual en general.

Porque si algo intentaban decirnos los talleristas de aquella séptima edición del evento, es que el mundo, a pesar de los peligros y las nuevas relaciones de poder, muy pronto pasaría a ser eso que es hoy: una oportunidad de convertir la inteligencia colectiva en el mejor medio de hacer crecer la libertad individual.

Juan Antonio García Borrero

Luis Alberto García (Hijo), actor de La vida es silbar, y Lupe Ontiveros, actriz de Selena, invitados al 7 Taller Nacional de Crítica Cinematográfica.

Página en la ENDAC: https://endac.org/encyclopedia/vii-taller-nacional-de-critica-cinematografica-1998/

Una mirada crítica a la ética del investigador

Quiero agradecer la invitación extendida por Mirtha Padrón, a participar como ponente de la Conferencia Magistral que dejará inaugurado, el próximo 20 de mayo, el XVII Congreso Internacional de Investigación y Docencia, vía streaming, a celebrarse en la Universidad Autónoma de Durango (Mazatlán, Sinaloa).

Estimula mucho acompañarla en una mesa donde también estarán Rolando Morán Valdivia (admirado amigo con quien comparto la misma fecha de nacimiento, además de estudios en la Vocacional Máximo Gómez Báez), María Teresa Machado Durán, Melba Ana García González, Ariel García Cruz y Jesús Lázaro Romero Recasens.

El eje temático planteado por la mesa más estimulante no puede ser: “Una mirada crítica a la ética del investigador”, y Mirtha me ha sugerido que aborde ese tema a partir de la propuesta que hace la Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano (ENDAC), de reconstruir “el cuerpo audiovisual de la nación”.

Porque nada pone más en riesgo la ética de un investigador que trabaja con la Historia, que intentar narrar lo sucedido en una Nación, que como sabemos, es mucho más que un gobierno, un partido político, o un territorio.

Por supuesto, un asunto tan complejo solo puede discutirse de modo civilizado en entornos académicos, donde la libertad intelectual y el debate plural que apela a los argumentos (no a la descalificación de quienes piensan diferente) son los verdaderos protagonistas.

En este sentido, considero un gran privilegio que la Universidad de Durango (al igual que la Universidad de Tulane, New Orleans, en días pasados), acoja estas ideas que quieren concederle visibilidad justo a “la Historia que no tiene historia”, esa que existe, pero no forma parte de la Historia-relato que solo habla de “los grandes hombres”, “los grandes acontecimientos”, dejando en la sombra todo lo que no encaja con la identidad de la versión dominante.

Se dice con demasiada frecuencia que “la Historia la escriben los vencedores”. Es real que cada Poder se esfuerza por suprimir aquellas disonancias que pongan en peligro la versión de la realidad que ese Poder asume como legítima y única.

Pero hoy los tiempos son otros: hoy “vencedores y vencidos” tienen oportunidad de sacar a la luz sus respectivas versiones de lo acontecido, y es obligación ética del historiador fiscalizarlas, someterlas a crítica, y descubrir los sesgos que en cada caso van minando la verosimilitud de un relato que, pese a sus disparidades, comparten la mirada mesiánica.

No otra cosa es lo que nos proponemos en la ENDAC. En lo personal, siempre asocio lo que pudo ser el principio de esa voluntad de relectura crítica a la entrevista concedida por el gran historiador Marc Ferro (acaba de fallecer, y esta evocación es mi modesto homenaje) a Serge Daney e Ignacio Ramonet para Cahiers du Cinema. Desde que leí aquella entrevista hice mío este segmento, que funciona todo el tiempo como un gran imperativo ético:

La primera misión del historiador es devolver a la sociedad aquella historia de la que los aparatos institucionales la han desposeído. Interrogar a la sociedad, escuchar lo que dice, ésta es, a mi entender, la principal tarea del historiador. En vez de contentarse con utilizar los archivos lo que debería hacer es crearlos, o contribuir a su creación: filmar, entrevistar a aquellos a los que nunca han dejado hablar ni testificar. El historiador tiene el deber de quitar a los organismos de poder el monopolio que ellos mismos se han atribuido, su pretensión de ser la única fuente de la historia, porque no satisfechos con dominar la sociedad, estos organismos (gobiernos, partidos políticos, iglesias, sindicatos) pretenden además ser su conciencia. El historiador tiene que hacer ver a la sociedad la existencia de esta falacia”.

Juan Antonio García Borrero

Sobre el V Encuentro de Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales

Ayer terminó el V Encuentro de Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales, por lo que sería peligroso que los organizadores intentáramos un análisis equilibrado de las fortalezas y debilidades apreciadas en el transcurso del mismo.

Por suerte, la mirada periodística de Yanetsy León González estuvo todo el tiempo atenta al mismo, y ya nos entregó dos artículos que pueden consultarse en el Adelante Digital: Soluciones tecnológicas para nube cultural de Camagüey y Camagüey asume el reto de las humanidades digitales.

A pesar del escaso distanciamiento temporal y organizativo de lo acontecido, arriesgaré una opinión, que a la larga no quiere hablar del encuentro en sí, sino de lo que desde hace cinco años intentamos proponer en el Proyecto El Callejón de los Milagros: uso creativo de las tecnologías que tenemos en nuestras manos, con el propósito de informatizar la gestión cultural desplegada por las instituciones cubanas en pleno siglo XXI.

Lo primero que todavía no nos queda institucionalmente claro es que un evento académico en línea no es una transmisión por Facebook o Youtube, la cual tiene como fin ganar Likes o comentarios celebratorios. En un evento de este tipo, repito, de carácter académico, la gente se conecta para aprender, no para opinar, y lo importante es el conocimiento que se construye, se debate, se socializa, lo cual obliga a crear mecanismos de inscripción que garanticen la preparación de los participantes y la interactividad de los mismos.

El primer día del evento fue un desastre tecnológico, porque si bien las intervenciones de Tamira González Jiménez (Directora de Cultura en Camagüey), Edgar Iraola y Tomás García Sánchez (ambos de IM Electrónica), y Miguel Ángel Torres (Smart Soluciones Cuba) estuvieron espléndidas, no conseguimos que los participantes inscriptos desde España y La Habana, por ejemplo, pudieran interactuar. O sea, que nos quedamos en el “más de lo mismo analógico” que podría ostentar cualquier evento presencial, o transmisión televisiva que condena a los espectadores a ser simplemente eso: espectadores.

En ese instante algunos de los que estaban implicados en la transmisión le achacaron la responsabilidad del fracaso a la precaria conectividad brindada por el Sectorial de Cultura (que, dicho sea de paso, no es tan precaria). Sin embargo, al día siguiente, y gracias sobre todo a las acciones desplegadas por Reynaldo Alonso Reyes, presidente de la Unión de Informáticos de Cuba (UIC) en Camagüey (y uno de los aliados estratégicos del Proyecto El Callejón de los Milagros), a través de la plataforma Jitsy Meet pudimos conectarnos en tiempo real con la socióloga Eguzkiñe Saenz de Zaitegi (miembro de Tecnalia, el centro tecnológico más grande de España), y Tatiana Delgado (líder de la UIC en  La Habana), y sostener un riquísimo debate que propició incluso la propuesta de que, en meses venideros, impartamos un Taller de Humanidades Digitales que ayude a familiarizarnos con estas nuevas dinámicas de la gestión cultural.

¿Cuál es la mejor lección que nos ha dejado, entonces, este V Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales?   A mi juicio, la lección de que es preciso abandonar esa cómoda posición de esperar a que las soluciones lleguen hechas desde “afuera”, y nos las pongan en las manos. Por oscura que sea la época que estamos viviendo (y lo es por muchas razones), hay en estos instantes mejores condiciones para convertir a la superación personal en el elemento clave.

En el Encuentro se apreciaron acciones concretas que hablan a favor de eso. Pongo el ejemplo de la Cartelera de Señalización Digital Dinámica e Interactiva entregada al Complejo Audiovisual Nuevo Mundo por IM Electrónica. Desde hace dos o tres años intentábamos importar desde el exterior, a través del Ministerio de Cultura, un dispositivo de ese tipo para ubicarlo en alguna área de La Calle de los Cines. Pero eso jamás funcionó, ya fuera por razones burocráticas o económicas. Sin embargo, ha sido con el talento local que se ha resuelto la situación, y ese prototipo puede contribuir a que en un futuro comience a transformarse el carácter incurablemente analógico que todavía padece la promoción cultural del territorio. Lo mismo puede afirmarse del sistema de alquiler de películas propuesto por Smart Soluciones Cuba para la Mediateca Tomás Gutiérrez Alea, que le concede una mayor autonomía al usuario de nuestros servicios.

En cuanto a la organización de los eventos académicos en tiempos de pandemia, como se demostró en la última sesión de trabajo, estos pueden convertirse en verdaderos espacios de sinergia intelectual. Incluso cuando dejemos atrás la pesadilla pandémica, y se retorne a una normalidad que permita lo presencial otra vez, el uso de plataformas como Jitsy Meet o Zoom (si por fin nos desbloquean), se puede combinar de modo efectivo.

Pero para eso se necesita crecer entre todos. Ya tenemos la infraestructura tecnológica. Tenemos las personas que pueden enseñarnos a usarla de un modo creativo. Ahora necesitamos impulsar los deseos colectivos de aprender la parte creativa, que es tal vez lo más difícil de lograr.

Juan Antonio García Borrero

PD: Compartimos la página que ya tiene en la ENDAC el recién finalizado V Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales, otro modo de preservar sus Memorias.

Edgar Iraola, de IM Electrónica presenta la Cartelera de Señalización Digital Dinámica e Interactiva del Complejo Audiovisual Nuevo Mundo
Miguel Ángel Torres, de Smart Soluciones Cuba, presenta el sistema de alquiler en líneas de la Mediateca Tomás Gutiérrez Alea
Lilian Díaz Montero y Tahimí Parets Moreno, exponen sus experiencias con el comercio electrónico en las unidades de la Empresa de Turismo de Ciudad Santa María ubicadas en La calle de los cines.

En primer plano, Reynaldo Alonso Reyes, presidente de la UIC en Camagüey, aborda los retos del Laboratorio de Innovación Ciudadana en La Calle de los Cines. A su lado, Seidel Toledo Pimentel, director del Centro Provincial del Cine, se prepara para compartir las palabras de clausura del evento.
Clausura del evento