Archivo del Autor: Juan Antonio García Borrero

SOBRE EL PROGRAMA DE ALFABETIZACIÓN TECNOLÓGICA EN CUBA (II)

En la foto puede verse a un grupo de niños de ocho años (todavía las niñas no han llegado) atendiendo al profesor Jorge Enrique Smith Sáez, quien imparte todos los martes y jueves, en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, el Taller “Programar es crecer”.

Las condiciones están lejos de ser las mejores, pues aún no tenemos las cinco máquinas que Copextel tiene comprometidas con el Proyecto, y Etecsa no ha logrado reponer la AP que en su momento fue utilizada en el marco del II Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales.

A pesar de estas y otras carencias, y el insoportable calor, los niños siguen asistiendo entusiasmados al Taller. Están motivados y quieren aprender a “programar”, a crear sus propias animaciones, a “contar historias” con sus dispositivos. Ahora son apenas cinco o siete, pero cuando terminen el Taller tal vez puedan contagiar a otros. Para mí lo más importante es que se han acercado a esa zona que suele quedar escondida en esos escenarios donde abundan las máquinas y los videojuegos: la zona de la creatividad.

Hoy un periodista se acercó a mí porque tiene interés en hacer un reportaje sobre el Proyecto. La verdad es que no puedo quejarme de la promoción que últimamente ha recibido todo esto que hacemos en El Callejón de los Milagros. Pero aproveché para recordarle que no estamos hablando de un proyecto personal, sino de algo que tiene que ver con lo público, como ahora se confirma con la anunciada Campaña de Alfabetización Tecnológica.

Y digo todavía más: si en su momento Jorge Luis Tapia Fonseca, Primer Secretario del PCC en la provincia, no se hubiese interesado por este asunto, nada de lo que hoy tenemos en El Callejón existiría. Por eso he mostrado mi desacuerdo cuando se manifiesta que no hay interés por parte del Gobierno en extender a la sociedad los beneficios de la informatización, que incluye el uso de Internet. No en balde este Proyecto tiene cuatro instituciones rectoras: Sectorial Provincial de Cultura, Unión de Informáticos de Cuba, Asociación Hermanos Saíz, y Centro Provincial del Cine.

Creo, entonces, que los problemas más graves (que los tenemos) andan por otro lado. Algunas de esas manquedades traté de describirlas en el post Debilidades de la informatización en Cuba. Para empezar, falta una Política Pública que coloque a las Humanidades Digitales en el centro de ese proceso de Informatización de la sociedad.

Hasta que no logremos construir un escenario donde la Educación, la Cultura y las Nuevas tecnologías interactúen de modo natural, va a seguir creciendo la brecha participativa. Es decir, tendremos un número cada vez más creciente de personas “conectadas”, consumiendo Internet todo el tiempo, pero sin un ápice de creatividad, o al menos, sin una idea básica de las utilidades que pudiera reportarle cualquier dispositivo.

Sé que todo lo que hable del Proyecto automáticamente quedará bajo sospecha, pues nunca ha funcionado eso de ser juez y parte. Pero en estos dos años tratando de impulsarlo no he encontrado a lo largo y ancho del país algo similar que intente impactar en la Política Pública. Es decir, que busque salir de lo que pudiera ser el consumo estrecho en los predios de la institución donde se brinda el servicio, para convertirse en una perenne formación de usuario.

Juan Antonio García Borrero

SOBRE EL PROGRAMA DE ALFABETIZACIÓN TECNOLÓGICA EN CUBA

La noticia, gracias a Abelardo Mena, la pude leer hace un rato en una de las páginas de Cubadebate. Y subrayo entusiasmado esta primera parte:

Los Joven Club de Computación y Electrónica en sus 30 años junto a la familia, efectuaron en el Parque de los Sueños de la ciudad de Santiago de Cuba y con la presencia del Doctor en Ciencias Físico-Matemáticas, Fidel Ángel Castro Díaz-Balart, el acto nacional por la Campaña Piloto de Alfabetización Tecnológica, además de la inauguración del Centro Tecnológico Recreativo de Contenedores.

El programa de Alfabetización Tecnológica tiene como objetivo principal enseñar a la mayor cantidad de personas aptas para que adquieran conocimientos básicos en el uso de las computadoras, comunicación inalámbrica y telefonía celular, además de otros intereses o necesidades demandadas por los clientes y en función de llevarlo a feliz término”.

Los que han estado más o menos al tanto de lo que en Camagüey se ha estado haciendo con el Proyecto “El Callejón de los Milagros” podrán imaginar la alegría que provoca en nosotros esa noticia. Atrás parecen quedar aquellos desacuerdos que hace algún tiempo provocó que el que suscribe esto y Víctor Fowler polemizaran en la esfera pública, a partir de aquel post que titulé “El perfecto neoanalfabeto”.

Hemos dado un gran paso reconociendo que en Cuba existe el analfabetismo funcional y tecnológico. Admitirlo públicamente no quita mérito a lo que se logró con aquella hazaña que nombramos “Campaña de Alfabetización”. Significa, sencillamente, que estamos intentando entender los nuevos tiempos, con sus tecnologías emergentes, sus nuevos usuarios, y sus nuevos desafíos. Lee el resto de esta entrada

OCIEL DEL TOA EN DOS TIEMPOS

Hoy Rafael Almanza, uno de los intelectuales cubanos más cultos que he tenido la oportunidad de conocer, me invitó a la Peña del Júcaro Martiano (la número 25) que celebra en su casa de la calle Rosario.

En la invitación que me dejara se avisa de que asistiríamos a una conversación con Ociel Romero Labañino. Dicho así, este nombre dice poco, pero otra cosa sucede cuando nos aclaran que hablaríamos con el mismísimo Ociel del Toa, protagonista de uno de los documentales más celebrados de Nicolás Guillén Landrián.

Este “Guateque por Landrián” organizado por Juannier Rodríguez Matos, Mario Félix Ramírez, y Almanza como anfitrión, fue bien emotivo, porque no siempre tenemos la oportunidad de conversar con el protagonista de un documental de culto.

Por lo general, es el cine de ficción el que prodiga ese tipo de reencuentro con quienes en algún momento se convierten en hitos de alguna representación visual. Pero en el documental es difícil ese tipo de intercambio o recuperación porque tales prácticas cinematográficas se nutren de lo que ya “está siendo o deviene” en el tiempo en que se filma, muchas veces a partir de lo anónimo, de lo que ni siquiera el director está seguro sobrevivirá a ese minuto en que se graba.

Escuchar el testimonio de Ociel Romero Labañino me enriqueció la imagen que ya tenía del mítico documental. Sobre todo porque ayuda a entender el origen de algunos de los sugerentes textos que vemos en pantalla. O nos enteramos de qué manera adquirió el protagónico.

Y como en Rashomon, vamos armando una Historia donde las diferentes versiones de quienes participaron en esa indiscutible joya de nuestra cinematografía (Guillén Landrián como director, Livio Delgado como fotógrafo, Caíta Villalón como editora, Rodolfo Plaza como sonidista, Ociel y su cayuca como protagonistas) terminan describiendo la hermosa complejidad de lo creado. O lo que es lo mismo: la hermosa complejidad de eso que trasciende desde lo creado en algún momento.

Juan Antonio García Borrero

SARA GÓMEZ SOBRE EL DOCUMENTAL DIDÁCTICO

No puedo plantearme el cine didáctico como una especialidad, sino como una necesidad. Para muchos de nosotros la vocación de cineastas nos nació con la de revolucionarios y ambos oficios han llegado a constituirse como inseparables. Si sentimos la necesidad de un cine didáctico en tanto que revolucionarios, éste siempre será útil, interesante y cinematográficamente válido en tanto que cineastas.

El cineasta cubano se expresa siempre en términos de revolucionario; el cine, para nosotros, será inevitablemente parcial, estará determinado por una toma de conciencia, será el resultado de una definida actitud frente a los problemas que se nos plantean, frente a la necesidad de descolonizarnos política e ideológicamente y de romper con los valores tradicionales ya sean económicos, éticos o estéticos.

Cuando asumimos la realización de un documental científico considerándolo como una necesidad revolucionaria no cabe duda que nos estamos expresando, estamos aceptando y proclamando que es indispensable conocer y hacer conocer, por ejemplo, las ventajas de la propagación del cultivo de los cítricos por injertos en planta patrones que tengan características de resistencia a determinadas enfermedades típicas; estamos utilizando el cine como arma en esta lucha de múltiples aspectos.

Esta contribución consciente y militante al dominio de nuevas técnicas y métodos eficaces de producción va a constituir un auténtico acto de descolonización, va a tener un significado trascendente dentro de la propia obra revolucionaria, que en nuestro caso quiere decir artística. Y es que en una sociedad que se fija como meta la necesidad de llegar a transformarlo todo, hasta sí misma, el artista se expresa, siempre y cuando refleje esa desesperada necesidad. Expresar esa angustia será lo culturalmente válido.

El cine como medio de comunicación de masas es de tal agresividad que muy a menudo siento mi profesión como un reto y un privilegio. Cuando pensamos que millones de espectadores con diferentes niveles y extracciones van a recibir nuestras imágenes sonoras, y que éstas les agredirán en la pasividad de una sala cinematográfica garantizando toda la atención de aquellos, nos sentimos obligados a un rigor ideológico y formal sin límites.

Y en nuestro caso, que los complejos recursos técnicos que se necesitan para la realización de una película han sido creados por esa propia masa de espectadores, el compromiso se multiplica. Tenemos una serie de necesidades que satisfacer que abarcan desde la simple expansión hasta la información y la formación. Tenemos un público tan vasto que va desde dirigentes y obreros de las áreas urbanas hasta campesinos de las regiones serranas; y entre ellos una masa de niños y adolescentes con un criterio que se amplía con el creciente desarrollo de los planes de educación integral.

Por ello y para ellos habrá que hacer un cine sin concesiones, que toque la raíz de sus intereses, un cine capaz de expresarlos en sus contradicciones y que tenga como objetivo ayudar a hacer de todos nosotros hombres capaces de plantearse la vida como un eterno conflicto con el medio en el que sólo el hombre deba vencer. ¿Será demasiado ambicioso? ¿Podremos lograrlo? Ese debe ser el propósito.

Tomado de La crítica en tiempo de Revolución. Antología de textos de Pensamiento Crítico (Editor: Fernando Martínez Heredia), pp. 294, 295. Santiago de Cuba: Editorial Oriente.

LAS CINCO LEYES DE LA ALFABETIZACIÓN MEDIÁTICA SEGÚN LA UNESCO

Gracias a la intelectual camagüeyana María Antonia Borroto Trujillo, puedo compartir este gráfico publicado por la UNESCO en su sitio oficial, y comentado en el blog Universo Abierto.

Como hemos repetido en varias ocasiones, el proceso de Informatización de la sociedad cubana debe ir acompañado de un cuerpo de ideas donde se enriquezca el desarrollo tecnológico con el perfil humanista que debería perseguirse en la sociedad.

Lamentablemente, el debate sistemático y actualización teórica que necesitamos no se ha impulsado todavía. Y muchas veces vemos cómo acciones muy nobles terminan empantanadas en el círculo vicioso de un consumo de contenidos o prácticas culturales que, lejos de estimular el aprendizaje y la creatividad, transforman al usuario de la tecnología en simple consumidor.

Me complace advertir que buena parte de lo que la UNESCO suscribe ya está contemplado en ese conjunto de acciones y escritos que existen a propósito del Proyecto “El Callejón de los Milagros” de Camagüey. Los dos Encuentros sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales que se han celebrado, las Cibertertulias celebradas los últimos jueves de cada mes, así como los contenidos que se pueden descargar gratuitamente del Portal del mismo nombre, arrojan ahora mismo un voluminoso cuerpo de reflexiones, debates, estrategias.

El problema estaría en la escasa visibilidad que todavía tiene el Proyecto en el seno de la comunidad camagüeyana. No hemos logrado aún que la radio y la televisión agramontinas (oídos y bocas de la ciudad camagüeyana) se hagan ecos de lo que allí se proyecta (de nada vale que el periódico Granma elogie el Proyecto si acá no ponemos al tanto a nuestra gente de lo que pasa allí). Tampoco Educación ha podido integrarse de un modo natural. Ni los diversos aliados estratégicos (Etecsa, Joven Club, Universidad) aportan de manera sistemática.

Como bien se apunta por la UNESCO:

La alfabetización mediática e informacional no se adquiere de manera inmediata, es un proceso vivo y una experiencia dinámica”.

A diferencia de los que creen que en Cuba la informatización ahora mismo tendría que partir de cero, pienso que dentro de la isla se ha avanzado muchísimo. Donde sí estamos en pañales es en la construcción de una “cultura de la informatización”. Una cultura que nos permita aprovechar mucho mejor lo que tenemos, y que ponga en el camino del crecimiento sostenible todo ese talento y esa tecnología que existe dentro de la isla.

Juan Antonio García Borrero

DE GARCÍA BORRERO A PONS GIRALT

Estimado Maikel:

Gracias por el comentario aportado. Por ahora estas son apenas opiniones que aparecen en un blog, pero estoy seguro que sirven para ir creando una conciencia alrededor de este asunto que necesita ser debatido en el marco de las humanidades.

Hasta ahora la informatización en Cuba es pensada apenas en el universo tecnológico, lo cual es natural, porque nuestros humanistas todavía no ven a este proceso como parte de su actividad creativa: la aprecian como algo ajeno, algo que le corresponde desarrollar a los informáticos. Y, lo peor de todo, como algo que solo es posible llevar adelante si se tiene Internet.

No quiero repetir los argumentos expuestos en mi intercambio con Gallego. Para mí Internet es fundamental, pero no el fin, sino en todo caso el medio que nos puede llevar a la verdadera meta: el uso creativo de todas esas tecnologías.

En otro post que publiqué con anterioridad hablé de las que considero las principales debilidades de la informatización en Cuba. Y debo reconocer que me convencieron las objeciones de algunos colegas que no estuvieron de acuerdo con mi crítica a la subjetividad analógica de nuestros directivos (aunque exista).

En efecto, hay muchos directivos que apuestan por la informatización de sus respectivas gestiones, pero: ¿dónde está la respuesta de nuestros informáticos?, ¿por qué la Universidad de Camagüey, por ejemplo, no acaba de extender a la comunidad camagüeyana muchos de los saberes que ya ha puesto en práctica en su recinto?, ¿por qué el Joven Club no sale de sus sedes e interviene allí donde Etecsa ya ha creado nichos de actividad digital gracias a los numerosos puntos Wifi?, ¿y por qué Etecsa, además de preocuparse por la gestión comercial, no establece alianzas con Cultura y Educación, y además de los servicios que les corresponde, estudia el fomento de nuevos “espacios inteligentes”?

Para mí sigue siendo un gran misterio ver cómo se consolidan en los barrios periféricos (y no tan periféricos) las redes informales a través de las cuales es posible “jugar” o intercambiar archivos, y nuestras salas cinematográficas, bibliotecas, museos, galerías, Ferias del Libro, etc, apenas se enteran de que existe este tipo de interacción entre los nuevos usuarios de las tecnologías emergentes.

Es decir, que en pleno siglo XXI en Cuba seguimos pensando que la cultura (que ya sabemos es mucho más que arte y literatura en su concepción clásica) se consume de la misma manera que hace veinte años, lo cual provoca que la brecha entre el sistema institucional y las nuevas audiencias sea cada vez mayor.

Lo curioso es que a lo largo y ancho de la isla hay numerosos ejemplos de informatización y uso creativo de la tecnología. Solo que al no operar sobre lo que pudiera ser una plataforma común, el impacto queda limitado a los predios donde tiene lugar, lo cual entra en contradicción con la esencia de la informatización, que busca atravesar de un modo integral a toda la sociedad.

Insisto que no es cosa que podamos lograr de un día para otro. Hay que discutir mucho, argumentar mucho, y sobre todo estudiar y escuchar mucho a ese gran ausente en todos estos escenarios donde se discute la informatización: la comunidad de usuarios. Porque es esa comunidad de usuarios (y no los directivos) la que a diario pone a circular aplicaciones para sus teléfonos que, de modo off line, les ayuda a saber un poco más de los medicamentos que necesita, los restaurantes que pueden visitar, la orientación por calles, y un largo etc.

Es ese tipo de inventiva la que yo veo que falta en la informatización pensada desde el sistema institucional. Siento que es hacia allí, hacia el ser humano que inventa los equipos, y no hacia los equipos de condicionan el comportamiento del individuo, que deberíamos dirigir primero nuestra atención.

Un abrazo bien grande,

Juan Antonio García Borrero

PD:

Aquí te pongo otras entradas que dentro del blog hablan de este asunto:

Cultura e informatización del trabajo cultural en Cuba: tan lejos, tan cerca

Sobre la informatización ciudadana

La informatización explicada a los niños

Final y principio de un encuentro sobre cultura audiovisual y tecnologías digitales

DE MAIKEL PONS GIRALT A GARCÍA BORRERO Y GALLEGO

Juani y Gallego:

Un abrazo para ustedes. Es muy interesante este debate que han sostenido, de verdad en lo personal he aprendido mucho con sus ideas al respecto de este tema. Coincido con la importancia de ambos posicionamientos: la ampliación del acceso a la internet y el consecuente diseño de políticas públicas creativas para humanizar el uso de las Tics.

Por ejemplo, pudiéramos analizar como estudio de caso la mejora significativa que en solo dos años tuvo el acceso a internet en la Universidad de Camagüey, ha sido un esfuerzo meritorio de las autoridades institucionales. Profesores y estudiantes tienen posibilidades amplias en estos momentos de acceso a las redes sociales y a las más diversas plataformas de búsquedas de información académica. Pueden acceder también, con procesos que se han desburocratizado bastante, a correos Gmail u otros internacionales y conectarse vía wifi desde sus propios equipos en diversas zonas de la universidad. Todavía el acceso no es suficiente es verdad, pero el salto al menos yo lo he sentido como profesor muy positivo y de una gran ayuda.

Pero haciendo una breve evaluación empírica, puedo decir que el salto en la creatividad y en la utilización de estas posibilidades tecnológicas no se expresa de igual forma. En la realidad puedes constatar que todavía el uso académico, profesional, docente, investigativo, humano que se hace de las tecnologías que la universidad pone gratuitamente a nuestro alcance es insuficiente, limitado, como dice Juani da la impresión de parecer “robot alegre”.

¿Qué hacen muchos estudiantes y profesores con el acceso “cuasi libre” y gratuito a internet en nuestras universidades? Interesante pregunta que en la práctica nos coloca ante escenarios de poca correspondencia en el binomio accesibilidad a internet-competencia académica y humana. Cada cual es libre de hacer lo que mejor entienda, pero soy del criterio que las redes sociales que permite hacer la interconexión digital tiene que servir ante todo para una globalización del desarrollo armónico y saludable, no para que solamente condicione a las personas a ser esclavas de criterios y conductas hegemónicas. Lee el resto de esta entrada

DE GARCÍA BORRERO A JOSÉ RAÚL GALLEGO

Querido Gallego:

Ante todo quiero agradecer la calidad de ese análisis que has hecho llegar al blog. En el sitio hay varias entradas dedicadas a este tema de la informatización en Cuba, pero hasta ahora no se ha generado un buen debate. Opiniones diversas si hay, casi todas expresadas con el laconismo que parece poner de moda Facebook, pero análisis como este que compartiste no abundan. Ya te imaginarás que encontrarme con este texto opera en mí como la alegría del náufrago que en medio del océano tropieza con un madero salvador.

Además, que ese análisis esté redactado por un “nativo digital” tiene a mi juicio un valor agregado, porque la informatización en este país está siendo pensada fundamentalmente por las generaciones analógicas, lo cual (aunque no se quiera) sesga el conjunto de criterios y prácticas propuestas con el inevitable autoritarismo que porta en esa tradición la jerarquía de los adultos.

No veas en lo anterior una denuncia de tipo generacional, o algo así. Para mí la cuestión del “aprendizaje” auténtico no distingue entre jóvenes y viejos. Al que de verdad la interese aprender, se sabrá más acosado por las preguntas que por las respuestas, y estará volviendo constantemente a la etapa en que nos iniciábamos en la escuela. Y en esto de la informatización, todos (viejos y jóvenes) estamos aprendiendo, y necesitamos de los debates permanentes, las argumentaciones inteligentes y réplicas penetrantes, el intercambio fluido de puntos de vistas muchas veces dispares.

Lamentablemente, lo que domina entre nosotros no es eso. Aquí más bien lo habitual es tomar medidas pensadas a partir de la buena voluntad política, pero sin tener en cuenta a la realidad como es ella, en su complejidad: la imposición del “deber ser” en franco desapego a lo que está siendo. Pasó en su momento con aquella impopular medida gubernamental que puso fin a los 3D privados, sin crearse una alternativa institucional que dejara satisfechas las expectativas de una población que de todos modos buscará cubrirlas de un modo informal. Lee el resto de esta entrada

DE JOSÉ RAÚL GALLEGO A GARCÍA BORRERO

Mi querido Juany:

Lo primero, el abrazo de siempre y el respeto y la admiración por no cansarte de promover el diálogo en torno a estos temas, aun cuando los oídos sordos, la incomprensión, y también el cansancio siguen estando a la orden del día.

En tu post, la idea central que planteas es “Yo estoy de acuerdo en que Internet es un derecho de todos los ciudadanos, no un favor que el Estado hace para premiar a los que entienda se los merece, pero creo que paralelo a ello es preciso priorizar la formación de usuarios dirigida a impulsar la creatividad, pues no hay que confundir “consumo” con “creatividad”, o acceso a Internet con conocimiento útil.”

Con ello, coincido plenamente. Sin embargo, mis preocupaciones giran en torno a dos cuestiones:

  • Que esta idea relacionada con la necesidad del fomento de la creatividad sea asumida por algunos –específicamente aquellos con poder de decisión o quienes apuntalan desde el discurso ideológico las políticas del país- como una especie de zanahoria utilizada para entretenernos y justificar las demoras y restricciones al acceso a internet. Sería algo así como decir “aún no estamos listos para ‘enfrentarnos’ a internet, primero hay que desarrollar las potencialidades para su uso creativo.” Y mientras el tiempo sigue corriendo. Y el “paralelo a ello” que tú planteas, no se cumple.
  • Que la creatividad no debe ser “controlada”, dirigida a conveniencia, ni mucho menos pensar que será el resultado únicamente de políticas trazadas “desde arriba”.

Estas son las dos ideas que trataré de desarrollar.

Como mencionas en tu post, soy de los que creo fervientemente que internet –como ya lo han reconocido otros países, incluso con menos índice de desarrollo humano que Cuba- constituye un derecho humano y que así debe ser reconocido tanto en la reforma constitucional o en la nueva constitución que “se rumora” debe formularse pronto, como en la tan esperada Ley de Prensa –que también “se rumora”- debe estar al “aparecer” (Las comillas son solo para señalar la falta de información y participación que han caracterizado estos procesos, lo cual es algo que está marcado por los mismos tabúes que considero frenan las decisiones políticas respecto a la expansión de internet en Cuba, pero ese no es el tema de este diálogo).

Internet es un recurso valiosísimo para el acceso a la información de todo tipo –lúdica, académica, política, etc.-, es una vía de comunicación e interconexión como no había existido antes en la historia de la humanidad, y es también una plataforma cargada de instrumentos, herramientas y contenidos que permite desarrollar y potenciar tanto la creatividad más genuina como la estupidez más visceral. Lee el resto de esta entrada

INFORMATIZACIÓN Y ESCENARIOS INTELIGENTES

Ayer el azar quiso que coincidiera con Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la sede de la UIC de Camagüey.

Fue un encuentro fugaz, brevísimo, pero me sorprendió que recordara con precisión la visita que hiciera hace un par de años al Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, pues de inmediato me preguntó cómo iba el Proyecto “El Callejón de los Milagros”. También me comentaría que había seguido en el periódico Granma la información publicada sobre el Segundo Encuentro de Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales que celebramos en abril en esta ciudad.

Cuento esto porque como otras veces he dicho, el Proyecto descansa en las contribuciones de muchos, aunque todavía está muy lejos de haber logrado un diez por ciento de lo que se propone. Pero sobre todo intento resaltar que ahora mismo tenemos en Camagüey tal vez lo que más se aproxima al perfil humanista que se quiere para la informatización en Cuba, y supongo que es eso lo que ha llamado la atención del Vicepresidente.

El desafío, entonces, estaría en potenciarlo, en seguir impulsando esas alianzas estratégicas donde las áreas de Educación y Cultura tendrían un papel fundamental, y la creatividad (no el mero entretenimiento o comunicación) se convertiría en la base permanente de la informatización.

Sé que el desafío es inmenso, porque no es la simple posesión de la tecnología lo que permitirá estimular esa creatividad con un sentido humanista. Al contrario. Un incremento acrítico de la tecnología, por paradójico que pueda parecer, puede duplicar la brecha participativa dejándonos apenas la opción del consumo activo de los contenidos que “otros” (los poderosos) diseñan para que pensemos según nos pregunta de modo impersonal Facebook.

En este sentido, cuando en el pasado “Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales” lanzamos el desafío de convertir a la “Calle de los Cines” en una “Calle inteligente de los Cines”, pensábamos (y todavía seguimos pensando) en esa informatización que estimula en la comunidad el aprendizaje y la creatividad, sin abandonar desde luego el ocio y lo comunicativo.

Juan Antonio García Borrero