RETRATO DE TERESA (1979), de Pastor Vega

No ha existido en la historia del cine cubano de todos los tiempos, una película que se haya discutido con más fervor. Han existido películas con mayor éxito en el plano económico (La bella del Alhambra), o que han movilizado, incluso contra su voluntad, a un buen número de espectadores (Alicia en el Pueblo de Maravillas), o que cuando se suma  todos los asistentes de por vida, la supera con creces (Aventuras de Juan Quin Quin), o que tienen un mayor reconocimiento internacional (Fresa y chocolate), pero lo que se dice “discusión popular”, eso solo ha sucedido con Retrato de Teresa. En el momento de su estreno, pocas personas se mostraron ajenas al debate, fueran o no amantes del cine. Podía gustar o no, pero nadie quedaba indiferente.

El impacto de Retrato de Teresa tiene varias causas, pero tal vez la primera de ellas sea el uso eficaz que hace de un modelo de representación donde la sencillez expositiva provoca que el conflicto sea fácilmente reconocible. Este modo de exponer la anécdota, si bien para nada novedoso en la historia de la narrativa fílmica, sí resultaba toda una sorpresa dentro del cine cubano revolucionario de entonces, tan empeñado en conseguir obras de autor, caracterizadas casi siempre por rupturas, negaciones y sobresaltos que terminaron por convertir al cine convencional en una suerte de enemigo, cuando no una rareza. Según Pastor Vega,

 “La película fue concebida para polemizar con conceptos y comportamientos que nada tienen que ver ni con la Revolución ni con el socialismo, y que todavía están presentes en nuestra vida diaria. De ahí el carácter completamente abierto de la película. Su estructura dramática está compuesta de sugerencias, de nudos y problemáticas no resueltas; de expresiones, más que de soluciones. La película no pretende moralizar con proposiciones doctas y definitivas sino motivar una reflexión, una actitud y que cada cual polemice dentro de sí mismo y piense con su propia cabeza. De ahí la discusión popular desatada. Aferrarse a moldes de pensamiento históricamente superados no es privativo de ningún sexo, edad o color. Es fundamentalmente un problema ideológico”. [1]

De hecho, tampoco puede decirse que Retrato de Teresa fuera la primera película cubana en examinar la influencia de los cambios revolucionarios en las relaciones de pareja. Como seguramente se recordará, el tercer cuento de Lucía (1968) de Humberto Solás (casualmente protagonizado también por Adolfo Llauradó), exploraba los conflictos originados en un matrimonio de campesinos cuando la mujer exige su derecho a aprender a leer y escribir, en franca oposición a la postura machista del marido, que se lo niega. Retrato de Teresa retoma esa demanda, pero añade a lo que resulta un reclamo legítimo de derecho elemental (el acceso al conocimiento y la existencia activa) otras preguntas relacionadas sobre todo con la doble moral. ¿Por qué es enjuiciada de un modo la infidelidad masculina y de otro la femenina?

Hay que admitir que Pastor Vega no solo fue un cineasta polémico. Fue también fue un pensador incómodo, que es la mejor manera que un ser humano tiene de dejar huellas más allá de su tiempo. De modo que lo recordarán por sus películas (sobre todo Retrato de Teresa), pero también por una serie de artículos y disertaciones, en las que siempre supo sacar a relucir un agudo saber, calzado por un incisivo sentido de la ironía. A ello habría que sumar su condición de fundador, junto a Alfredo Guevara, del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, al frente del cual se mantuvo como director a lo largo de sus primeras doce ediciones.

Retrato de Teresa (1979) ha quedado, con toda justicia, como uno de los magnos hitos del cine cubano. Ha sido acaso la única vez en que el debate de un filme nacional trasciende los marcos de la estética, para convertirse en objeto de discusión de toda la sociedad. Apoyándose en un efectivo guión de Ambrosio Fornet, la cinta examina con agudeza la desventurada persistencia de las conductas machistas en el contexto cubano. Pero no solo en el plano temático vale la cinta, sino que se aprecia el excelente trabajo del director al lograr una organicidad total en el desempeño de su pareja protagónica (inolvidables Daisy Granados y Adolfo Llauradó), retratados con pericia total por la cámara de Livio Delgado.

Podrá parecer paradójico, pero de paradojas es que se nutre la historia del arte. Retrato de Teresa marcó un antes y un después en el cine cubano, y más puntual aún, en el cine de Pastor Vega. Sus películas posteriores debieron lidiar con ese monumental desafío que enfrenta todo creador que, a mitad de su carrera, produce lo que, a la larga, se considera un hecho artístico excepcional. En este sentido, Titón tuvo su tirano en Memorias del subdesarrollo (1968), como Humberto Solás en Lucía (1968), y probablemente lo tenga Fernando Pérez en Suite Habana (2004).

Lo que quiero decir es que con Retrato de Teresa, Pastor Vega logró eso que muy raras veces se consigue: un acuerdo casi total entre el punto de vista de la crítica y el del público, y algo de eso se le quiso exigir también al resto de su filmografía. Al lado de esa película, tanto Habanera (1984), como Amor en campo minado (1987), En el aire (1988), Vidas paralelas (1992) y Las profecías de Amanda (1999) corrieron el riesgo real de parecer menos inspiradas.

Comencé esta nota invocando la dimensión de pensador de Pastor Vega. El pensamiento ha sido para los fundadores del llamado “nuevo cine latinoamericano”, el recurso a través del cual se ha conformado un corpus fílmico donde la teoría se confunde con la práctica, y permite hacer visible esta área geográfica (la latinoamericana) que tan expuesta ha estado al estereotipo hollywoodense.

Recuerdo aquella polémica en la que, a propósito del modo de representación en el cine cubano de los ochenta, Vega invocó una frase ajena para titular cierto artículo de réplica que escribió: “Los principios no se consultan”. Sus películas (algunas más logradas que otras, como es lo natural), sin embargo, trataron de remover prejuicios establecidos no solo alrededor del hombre, sino también del concepto mismo de “cine”.  Y ese será por siempre, el más atendible de sus legados.

Juan Antonio García Borrero

FICHA TÉCNICA:

 (1979)/ Cuba/ 103’/ 35 mm/ Color/ D: Pastor Vega/ Productor: Evelio Delgado/ Guión: Ambrosio Fornet, Pastor Vega/ F: Livio Delgado/ Edición: Mirita Lores/ Sonido: Germinal Hernández/ Actúan: Daisy Granados, Adolfo Llauradó, Alina Sánchez, Raúl Pomares, Eloísa Álvarez Guedes, Alejandro Lugo.

Sinopsis:

Teresa, delegada sindical, deviene promotora cultural. En opinión del marido, sus tareas le restan tiempo para las ocupaciones hogareñas y la acusa de negligencia. Ella reacciona en defensa de su emancipación.

 

NOTAS:


[1][1] Juan Antonio García Borrero. “Guía crítica del cine cubano de ficción”.

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Publicado el mayo 2, 2013 en PELICULAS DEL ICAIC. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Me puedes decir quién es el autor de la portada de esta película?

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