MEMORIAS DEL INSOMNIO: POR PRIMERA VEZ, OTRA VEZ

Cinco de la mañana. Normalmente me levanto a esta hora para aprovechar el silencio que todavía existe en esa franja final de la madrugada, y escribir. Pero hoy apenas he podido dormir.

Me he despertado varias veces pensando en lo que pasará esta noche en el Café Ciudad, en la que pudiera ser nuestra primera cibertertulia con el nombre de “Cine cubano, la pupila insomne”. Como no hay antecedentes de que haya sucedido algo así en Camagüey, sé que estaré moviéndome en un terreno absolutamente virgen, donde lo imprevisto puede provocar a partes iguales sorpresas agradables y fallas que uno quisiera que nunca hubiesen acaecido. Pero soy de los que pienso que es preferible equivocarse haciendo, que vivir paralizado por el miedo a fallar.

Tengo muchas preguntas vinculadas al fenómeno de la sociedad red, pero los objetivos del espacio los tengo claros. Si me preguntaran cuál es ahora mismo mi referente más cercano en Cuba, diría que lo que hacen en “La pupila asombrada”. Me gustaría construir un espacio donde al igual que en aquel, quienes asistan tengan una visión crítica (no apocalíptica, sino crítica) de las nuevas tecnologías, y se sientan estimulados a hacer un uso creativo de las mismas.

Yo creo que en este país todo el mundo sabe que necesitamos alfabetizarnos tecnológicamente. Y en teoría ya existe una voluntad que intenta convertir en política pública esa necesidad de la nación. Hay acuerdos tomados en el Congreso más reciente de la UNEAC. Cursos que se diseñan y se les encargan impartir al Joven Club. Pero ya lo advirtió con una lucidez impresionante Enrique José Varona: “Es muy fácil poner en el papel programas de enseñanza; lo difícil es ponerlos en el cerebro”.

Ello se hace más arduo en estos tiempos en que la antigua manera de producir y compartir los saberes (donde predominaba lo unidireccional, y eran los mayores quienes por lo general diseñaban el proceso de aprendizaje) está conociendo una crisis que ya ha puesto en peligro la esencia misma del viejo modelo. Hoy, si de veras se quisiera impactar en la comunidad deseosa de aprender, se necesitan cambiar los métodos. O al menos, ensayar procedimientos que, sin renunciar a los valores que la academia tiene, se actualice con el intercambio informal de conocimientos.

El programa que hemos elaborado para este primer encuentro es bastante sencillo, tal vez demasiado comparado con las necesidades que tenemos. Pero se trata de eso, de comenzar por lo más simple, e ir ganando conciencia en lo práctico de las inmensas posibilidades de crear que nos brinda la revolución electrónica. Ya hay un gran trecho adelantado con esas alianzas que hasta el momento hemos logrado con diversos organismos: no me gusta llamarles patrocinadores, sino aliados estratégicos, porque al final, cada uno de estos organismos que participan en el proyecto (Etecsa, UPEC, Oficina del Historiador, Joven Club, Empresa Santa María, Universidad de Camagüey) tributan a un mismo superobjetivo: el desarrollo de la nación cubana. Por eso este proyecto, de funcionar, operaría más sobre la base de la conciencia de que ganamos todos uniéndonos, que por encargos coyunturales.

Así que comenzaremos presentando un café temático que los anfitriones han preparado de modo especial para el proyecto, y que formará parte de su carta de opciones, nombrado Coffea Arábiga, como homenaje al famoso documental homónimo del cineasta camagüeyano Nicolasito Guillén Landrián. Luego estaremos hablando de la utilidad de La tendedera, una red social que ofrecen los Jóvenes Clubs en cada una de sus salas, y que apenas utilizan las instituciones y sus especialistas, a pesar de que podrían funcionar como herramientas excelentes de promoción informal.

La idea es que en cada encuentro llevemos aplicaciones que puedan resultar útiles a nuestro desempeño personal, pero que a la vez puedan beneficiar el impacto de la gestión comunitaria de las instituciones. En esta primera tertulia me gustaría hablar del Ice Book Reader Professional, un programa líder entre aquellos que permiten la lectura de textos electrónicos en los diversos dispositivos, y que podría ayudar a nuestra Biblioteca Provincial “Julio Antonio Mella”, por poner un ejemplo, a recuperar lectores si esta pusiera en marcha planes donde se utilizaran herramientas de lecturas más acordes a nuestros tiempos (por cierto, yo encontré esta aplicación en el paquete).

Hay otro momento que, un poco en broma, he querido nombrar “Recomendaciones del cuñado digital”. Esta idea se me ocurrió releyendo esa parte del libro de Nicholas Negroponte (Being Digital), donde apunta: “Cuando yo quiero ir al cine, en lugar de leer la cartelera, pregunto a mi cuñada. Todos tenemos un equivalente que es experto en películas y que a la vez nos conoce bien. Lo que necesitamos construir es una cuñada digital”. Yo he encontrado ese cuñado digital en Carlos Roque, un cinéfilo que todas las semanas llega hasta donde estoy para avisarme de las películas premiadas en Cannes, Toronto, San Sebastian, Sundance, etc, y que aparecen en “el paquete semanal”. Mi propuesta es que Carlos nos ponga al tanto de esas joyas fílmicas que, normalmente, se pierden en ese incontrolable maremágnum de imágenes que es el paquete, así como en La mochila, y mostrar los trailers en pantalla.

La parte más difícil del programa la tendremos cuando intentemos conectarnos vía wifi con Jorge Luis Sánchez, director de Cuba Libre. Mi sueño es que podamos ver a Jorge Luis en pantalla, y que él, que está en La Habana, pueda interactuar con quienes estén en el Café Ciudad de Camagüey. Pero en este punto tenemos que explorar las posibilidades técnicas (en el mundo de hoy esto se hace todos los días, pero como aquí nunca se ha hecho, pues todavía no me saben decir, y hay mucho escepticismo), y por otro lado, el propio Jorge Luis me está invitando a que lo ponga de ejemplo de cómo el escaso dominio de las herramientas que brinda su acceso a Internet (el cual tiene en casa) nos está afectando la comunicación, y hasta sus propias maneras de promover su obra.

Al final, puede que nada más podamos ver la página web de su película que ya está hospedada en www.lapeliculacubalibre.cult.cu, pero no importa que no lo consigamos ahora mismo. Quedaría como desafío para seguir intentándolo, en tanto, parafraseando a Unamuno, a mí no me interesaría que en el encuentro le vendiéramos el pan hecho a los que asistan, sino en todo caso, poner la levadura intelectual en sus manos, y que cada cual después haga su pan de acuerdo a los intereses más puntuales.

Por eso no he querido perder la oportunidad de promover el número 74 de la revista Temas, presentada en este caso por el Máster de la Comunicación Manuel Alfredo Martínez Pérez, más conocido como Manolito Web, un número que nos introduce de una manera excelente en el pensamiento crítico de estos asuntos, a través de artículos escritos por Francisco Sierra, Rosa Miriam Elizalde, Lázaro J. Blanco Encinosa, Roberto Suro, Ángeles Diez Rodríguez, Milena Recio Silva, Elaine Díaz Rodríguez, Firuzeh Sokooh Valle, Hamlet López García, Dayron Roque Lazo, y Julio García Luis, entre otros.

Estas acciones no cambiarán de inmediato el panorama que padecemos en la actualidad. Pero lo importante, como diría Sartre, estaría en promover “la expansión del campo de lo posible”, en demostrar que hay cosas que se pueden hacer desde aquí, a través de un programa de desarrollo endógeno que confíe en el talento de quienes viven en Camagüey, dejando a un lado la cultura del mecenazgo apoyada “desde fuera” o “desde arriba”, para proponernos una cultura emprendedora, basada en el talento de quienes viven en la localidad.

De allí que pensemos cerrar con la proyección del corto documental El caso de la turista desaparecida, un filme dirigido por el joven realizador camagüeyano Líber Matos. Porque este espacio también está pensado para promover el audiovisual camagüeyano: nada mejor que prestarle atención a quienes estudian y crean en el ISA del territorio, que difícilmente van a encontrar (por el momento) espacios para mostrar sus obras en la televisión nacional.

¿Cuánto de lo que aquí he soñado se hará realidad? No lo sé. Es un sueño hermoso que, como todo sueño, necesita chocar con la realidad si quiere demostrar su posible mérito. Ayer, con ese gran sentido del humor poético que lo caracteriza, mi admirado Víctor Fowler me escribía en un mensaje que a estas alturas tenía asegurado el premio Nobel de la perseverancia. Lo que no sabe él es que mientras más solo me he sentido en Camagüey con estas ideas (y ciertamente no ha sido poca la soledad y la incomprensión), he encontrado fuerzas para defenderlas gracias a que intelectuales como él y otros que admiro me apoyan en la distancia y garantizan el diálogo creador, aunque no estén aquí.

De todos modos, mi visión dialéctica de la vida me deja claro que lo que hoy nos podría maravillar por inédito, está llamado a convertirse mañana en algo natural e invisible. Así que en un futuro tendremos tertulias de este tipo en varios puntos de la ciudad (sobre todo en El Callejón de los Milagros, que es el lugar idóneo para ello). En los cafés y los bares se conversará con los que estén en el otro extremo del planeta. Y entonces seremos para nuestros nietos el equivalente de aquellos espectadores que se azoraban con la llegada de la locomotora de los hermanos Lumière a la estación de la Ciotat. Y nuestros rostros colgados en Youtube serán idénticos a los de los niños que en el documental Por primera vez descubren el cine. Y otra vez llegará el olvido, porque la vida y sus protagonistas ya estarán ocupados con otros asombros.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el octubre 29, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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