Archivos diarios: octubre 12, 2015

RAÚL POMARES EN LA MEMORIA DE CARLOS PADRÓN

Recién regreso de Santiago de Cuba, y llego muy entusiasmado por la experiencia vivida. Debo decir que hacía rato no participaba en un evento donde las sesiones teóricas mostraran tan alto nivel desde el punto de vista científico. Sobre esto estaré reflexionando dentro de unos días, pero ahora quisiera compartir con los amigos del blog el prólogo escrito por el actor Carlos Padrón para el libro de memorias (titulado ¡Solavaya!) de ese otro gran intérprete que fue Raúl Pomares.

No sé si Pomares fue el actor más prolífico del cine cubano (habría que revisar la filmografía de Adolfo Llauradó, y aquí, desde luego, tomo en cuenta no solo las intervenciones en las películas del ICAIC, sino en esos cortos y producciones que muchas veces eran ejercicios de los estudiantes de la EICTV, o las películas realizadas para televisión), pero lo que sí sé que ha sido uno de los rostros que más ha calado en el imaginario colectivo del público.

Estoy seguro que cuando salga este libro publicado por la Editorial Tablas-Alarcos, será perseguido con fervor. Mientras, disfruten del emotivo prólogo escrito por Carlos Padrón, a quien no tengo cómo agradecerle la gentileza que ha tenido, entregándonos esta primicia.

JAGB

Pomares Padrón

A MANERA DE PRÓLOGO

Por Carlos Padrón

Llamó una tarde de agosto de 2014: “acabo de mandarte las memorias.” Me pidió que las revisara; le prometí escribir un prólogo y encontrar una editorial. Pocos días después ingresó al hospital en el que fallecería tras intensos meses de sañudo combate… Precisamente, la noche del lunes 19 de enero de 2015, escribí:

Amigos: Su última pelea con la Muerte duró muchos rounds. Quizás, al final, cuando Ella lo tenía en la lona, ya sin aliento, él le sonrió: “Te jodiste, socia, porque más nunca te vas a librar de mí”

   Hablo de mi hermano, y de mi maestro, el que sin poses de profesor ni de esteta, me abrió los caminos de la verdadera cultura popular.

   Los noticieros y los diarios dirán o no dirán, pero si hay un actor que expresó con acierto una síntesis de esa entelequia a la que muchos llamamos “lo cubano”, en el teatro, el cine y la TV, ese es Raúl Pomares.

   Y que los puristas no se equivoquen: tenía una cultura casi enciclopédica y una mente brillante.

Confieso que hoy estoy llorando y no puedo inventar nada más. Les remito algo que escribí –y leí delante de él, ante mucha gente- en ocasión de un homenaje, hace unos años:

Pomares collageSi me preguntaran qué me ha unido a ese ser de apariencia desaliñada que es Raúl Pomares, respondería sin pensarlo que me complace ser amigo de una de las personas mejor aliñadas de este mundo: su picante burla de la solemnidad, el frescor de sus ideas y la aguda salsa de su palabra, son elementos constitutivos de una personalidad criollísima, olorosa a finas especies y -como el ajiaco- presentada en lujosa cazuela de las que se reservan para caldos de suculento espesor.

   Metáforas culinarias aparte, 43 años al lado de Raúl me han permitido conocer la fijeza de sus proyectos más íntimos, saborear sus prístinas ocurrencias y gozar como nadie de su magisterio actoral, avalado por ser uno de los intérpretes cubanos de más fecunda filmografía. Pero, alerta, amigos: no reduzcan a Pomares sólo a su carismática proyección y a su excelencia como artista escénico. Nuestro hombre ha sido siempre un espíritu fundacional, realizador de originalísimas propuestas culturales y un versátil interlocutor del que nadie quisiera despegarse nunca.

   Nacido en Omaja, paraje perdido en las sabanas tuneras y devenido santiaguero reyoyo por su amor al lomerío serpenteante, los sones matamorinos y el más caliente ron del universo, el lustre que Pomares ha dado a la cultura nacional se advierte en los delitos de haber pertenecido a la Sociedad Nuestro Tiempo, ser fundador de los Conjuntos Folclórico y Dramático de Oriente, los Cabildos de Santiago y Guantánamo, la Casa del Caribe y la Casa de las Tradiciones, confesarse escriba de ese clásico que es De cómo Santiago Apóstol puso los pies en la tierra, y ser señor del humor donde mayorea en ese género, reinventado por él, de “la conversada”. Inventor, más valedera que creador, es la palabra que lo define.

   Palabras y enumeraciones me faltan, pero no quiero aburrir a los lectores y mucho menos granjearme la afilada ojeriza del amigo más remiso a los homenajes. Sólo quiero desearle al muy bien aliñado Papi, ese cubanazo, que continúe de andarín e inventor por esos mundos que le envidio. Lee el resto de esta entrada