Cultura audiovisual, tecnologías digitales, y un Callejón…

Faltan apenas 10 días para que comience en Camagüey el IV Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales. Pero vale aclarar que esa noche inaugural en realidad no estaremos dando inicio a un evento que durará, según lo planificado, apenas tres días, sino abriendo las puertas simbólicas de un espacio de animación sociocultural (El Callejón de los Milagros en su segunda etapa) que aspiramos se convierta en plataforma permanente de gestión cultural para la comunidad camagüeyana.

Entonces, más allá de las actividades puntuales que tengamos, quizás sea esta la gran oportunidad que nos permita acabar de entender, por fin, que hablamos de un entorno envidiable por céntrico, donde podrían estar presentes de modo sistemático, y a lo largo de todo el año, las proyecciones cinematográficas, pero también la presentación de libros, los conciertos acústicos, el teatro callejero, la exhibición de lo mejor de nuestra artesanía local.

Ese ha sido el gran objetivo de los Encuentros sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales en todos estos años: propiciar acciones que permitan impactar en el espacio público, con resultados concretos que permanezcan en el espacio y en el tiempo, más allá de los días que dure la reunión, como pueden demostrar la existencia de ese wifi gratuito que existe en todo el Paseo Temático, el Portal El Callejón de los Milagros y su Aplicación Móvil, las carteleras electrónicas, o la Galería QR.

Aunque la conferencia de prensa para informar sobre el evento ha sido convocada para el próximo miércoles 17 de abril, podemos adelantar que en esta ocasión la cuarta edición del Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales quiere convertirse en una gran vitrina de la producción del audiovisual cubano en su dimensión más integral.

Por eso tendremos entre nosotros a Ramón Samada, presidente del ICAIC, y Tania Delgado, vicepresidente del organismo, inaugurando las sesiones teóricas con un panel que hemos titulado Sobre el Decreto-Ley “Del Creador Audiovisual y Cinematográfico Independiente”, antesala para que a segunda hora la mesa conformada por Eduardo del Llano, Gustavo Arcos, y Antonio Enrique González Rojas nos trace un primer mapa tentativo de lo que podría ser ahora mismo esa producción audiovisual independiente que ya existe, y para la cual se disponen nuevas regulaciones en respuesta a las viejas demandas de los cineastas del patio.

De allí que también sean importantes las proyecciones que tendrán lugar en el Multicine Casablanca y el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, en esta ocasión con la presentación especial de tres largometrajes de ficción (Nido de mantis, de Arturo Sotto, Club de jazz, de Esteban Insausti, El viaje extraordinario de Celeste García, de Arturo Infante), así como par de ciclos donde podrán apreciarse algunos de los materiales premiados en la recién concluida Muestra Joven Icaic, y una selección de cortos independientes concebidos a lo largo de lo que va del siglo XXI.

A ello habrá que sumar los talleres de creatividad que se impartirán, dirigidos al trabajo directo con los niños en el área de la creación audiovisual, la reinauguración de la sala del Complejo Audiovisual Nuevo Mundo con un nuevo equipamiento técnico que incluye la proyección 3D, así como el homenaje que le haremos al director mexicano Jorge Fons, autor de la emblemática El callejón de los milagros, una de las figuras esenciales del Nuevo Cine Latinoamericano (Los albañiles, Rojo amanecer), y quien casualmente cumple sus ochenta años de vida el 23 de abril, un día antes de su llegada a Camagüey. ¿Quién mejor que él para ayudarnos a reinaugurar El Callejón de los Milagros de Camagüey en su segunda etapa?

Juan Antonio García Borrero

Anuncios

Ecos de la Muestra Joven

Mira que ha crecido la Muestra de Cine Joven auspiciada por el ICAIC. Lo dice alguien que la vio nacer. Que le puso sus primeros pañales. Y que jamás imaginó que llegaría a ser lo que es ahora.

Esta que acaba de finalizar fue la decimoctava edición: una edad peligrosa para cualquier evento. En lo biológico 18 años es nada, pues se está en la flor de la vida, y a esa edad la gente, por lo general, se quiere comer el mundo (aunque, como dijo alguien, hay personas que mueren a los 18, y lo entierran a los 80).

Pero una cosa son los individuos, y otra los eventos, porque en estos espacios tienden a institucionalizarse las rutinas productivas. De los eventos se espera una estabilidad que garantice el sosiego administrativo: la experimentación y el riesgo está bien para los individuos, pero no para esos cónclaves que todavía responden a la lógica de la cultura del mecenazgo, y donde se prefiere jugar al seguro para no inquietar demasiado al mecenas (en este caso al Estado).

Sin embargo, la Muestra ha tenido a su favor que, a lo largo de estos 18 años, la dirección ha estado en manos de muchas personas. Esto, definitivamente, la ha enriquecido, pues no ha dado tiempo a que los inevitables sesgos que todo líder le imprime al espacio se convierta en fórmula inamovible. Y, lo más importante, en los últimos tiempos, al estar dirigida por jóvenes, la Muestra se parece cada vez más a la irreverencia de ese cine herético que busca promover.

Y una irreverencia que adquiere, en términos cinematográficos, dimensiones de argumentos. Fin (2018), de Yimit Ramírez, por ejemplo, es una maravilla de corto, al igual que el documental Brouwer. El origen de la sombra (2019), de Katherine T. Gavilán y Lisandra López Fabé. En ambos casos, sus realizadores han priorizado la construcción de entornos audiovisuales que se disfrutan desde lo estético, y que ganan autonomía artística más allá de las lecturas circunstanciales que se puedan hacer.

Sabemos, desde luego, que todos estos materiales están hablando de la Cuba de ahora mismo, y a veces, de un modo hipercrítico. Pero eso es lo que más aprecio: que hay una voluntad de estilo que permite revelarnos esta realidad que padecemos desde el diagnóstico profundo, no desde el panfleto militante y circunstancial.

Y luego está el ambiente que acompaña a las películas proyectadas. Porque al final no basta con que las películas sean exhibidas durante una semana y punto. Es preciso generar alrededor de ellas todo un cuerpo de ideas que acompañe ese proceso renovador. Y para renovarse, crecer, el cine (y en sentido general, la cultura) necesita del debate sistemático y desprejuiciado.

Esto último es fundamental: el desprejuicio. Me encantó, para poner otro ejemplo, ver la obra de dos figuras tan distanciadas en lo político como Santiago Álvarez y Guillermo Cabrera Infante, examinada con serenidad académica en un mismo espacio.

En un país como el nuestro, donde el furor disyuntivo suele aislar a los objetos que examina, simplificando los análisis en base a la reducción de las cosas a un solo aspecto, esto es una tremenda victoria.

Juan Antonio García Borrero

Estudiantes de Colorado en La calle de los cines

Hoy, gracias a Paradiso, pudimos ofrecerle a un grupo de estudiantes norteamericanos una visita guiada por el Paseo Temático del Cine que existe en Camagüey.

Fue bueno explicarles a esos jóvenes el origen de este espacio que nació gracias a la iniciativa de la Oficina del Historiador de la Ciudad, en vísperas de los festejos por los 500 años de fundada la villa.

Lo interesante es que, tras nuestra breve explicación, se quedaron con deseos de ver una película en la sala del Complejo Nuevo Mundo, o comer helado para refrescar el calor.

Y otra vez llegaron a mi mente los sueños de convertir este espacio que ya tenemos (suerte de Fábrica del Arte ubicada en el mismísimo centro de la ciudad) en una plataforma aglutinante de lo mejor de la animación sociocultural camagüeyana, donde de modo transversal fluyan y se entrecrucen la pedagogía, la creación artística, el turismo, y la vida comunitaria en su totalidad.

JAGB

En memoria de Tomás Piard

Acaba de morir el cineasta cubano Tomás Piard (n. La Habana, 28- agosto- 1948// m. La Habana, 25- marzo- 2019). Y con su muerte tal vez se cierre en Cuba una forma muy particular de hacerse y pensarse el cine.

Sus películas difícilmente van a formar parte de esas listas que de modo eventual elaboramos con el propósito de fijar “lo mejor de la cinematografía nacional”. Piard estaba consciente de ello: desde que filmara en 8 mm el corto Crónica del día agonizante (1966), el cineasta se propuso un conjunto de imágenes que dinamitan lo esperado por los espectadores, y también por la crítica tradicional.

Jamás quiso ganarse el elogio de los otros apelando a la familiaridad de las estructuras narrativas o sacrificando sus propias búsquedas autorales: todas sus películas todavía son una invitación a adentrarnos en la zona más experimental, las más incómodas.

Cuando comencé a interesarme por lo sucedido con el cine cubano, allá por los años noventa, era dominante la imagen icaicentrista de su historia. El nombre de Tomás Piard, al igual que el de Jorge Luis Sánchez, se mencionaba como ejemplo de ese cine aficionado que se comenzaría a apoyar desde lo institucional en los años ochenta. Pero nada de ofrecerse algún tipo de mapa que nos ayudara a orientarnos en ese contexto que me dio por llamar “el cine cubano sumergido”.

Piard fue más que generoso al abrirme las puertas de su archivo personal, y poner parte de su tiempo (ese que utilizaba para hacer películas) en la reconstrucción de una historia que aún carecía de Historia.

Luego estuvo su posición ante la vida, su deseo de que lo encontraran haciendo cine por este país en lo que su admirado Lezama llamaba “cotos de mayor realeza”. En tal sentido, todavía me impacta aquella declaración suya en On Cuba, a propósito del estreno de La ciudad (2015):

Desde 1993, año en que se estrenó Fresa y Chocolate, se ha ido imponiendo la estética de la miseria, lo que prevalece en casi todas nuestras películas. En este filme si iba a hablar de la ciudad no quería referirme a sus miserias, sino a todo lo contrario. Quise mostrar la ciudad bella que también existe, entonces ¿por qué no transitar también por ella en vez del trillado sendero de las fachadas derruidas? Si estoy hablando de la restauración de la ciudad ¿por qué no andar por los edificios y sitios bien conservados?

Esta ciudad que muestro es la alternativa a la más conocida en los audiovisuales contemporáneos. Esta Habana existe y es una de las siete ciudades maravillas del mundo contemporáneo. Hay muchos exteriores en este material que enaltecen la belleza citadina. Aparecen también el Prado, el Parque Central con toda su belleza circundante, el Malecón, esa línea que une a la ciudad vieja con la nueva y funciona como balcón de la ciudad a donde vamos todos.

El filme es un homenaje a la capital de todos los cubanos desde una visión intimista. Los interiores tampoco son miserables, esta todo limpio y son hogares de personas que tienen un determinado nivel, tanto económico como intelectual, pero que han sufrido mucho. Mi intención fue alejarme de la vulgaridad y de lo feo escapando un tanto de la misma miseria de siempre”.

En manos de Piard, el cine no era mera reproducción de eso que los sentidos apresan de un modo superficial, sino que es herramienta que puede contribuir a que los individuos crezcamos en nuestro interior. Sí, parece decirnos, la sociedad será superior en la misma medida que los individuos nos propongamos ser superiores en lo espiritual; de allí que en su cine y su práctica, el tema de la fraternidad resulte tan recurrente.

Juan Antonio García Borrero

Pavel Barrios Sosa sobre el ICAIC y el cine cubano

Querido Amigo,

Desde mi perspectiva pienso que al "cine cubano", entiéndase a los sectores que producen estatal o independientemente -los cuales no deberían excluirse uno al otro- no debe preocuparle "dejar de mirarse el ombligo". El reflejo cuasi constante de facetas de nuestra identidad socio-cultural continúa siendo una necesidad, y creo que lo seguirá siendo en la medida que se erige como una suerte de "alternativa de justipreciación socio-cultural" no solo ante los modelos homegeneizantes y contaminantes externos, sino ante los modelos que en nuestro propio país se han ensayado, en ocasiones contrapuestos a nuestra propia Historia e Identidad cultural. Todavía queda mucho por decir de nos-otros mismos…

Lo que creo que podría diferenciar las producciones más recientes y por venir sería el tamiz, la óptica con la que se desocultan y proyectan otros entramados de nuestra archirreferencial identidad. Estas perspectivas diferentes son las que oxigenan, enriquecen y ponen en valor historias, personajes, hechos y actitudes que nos definen como lo que somos, hemos sido y cómo hemos ido cambiando; es decir, identificar-nos con nuestras continuidades y re-constituirnos continuamente, como aquella máxima que ilustra una edición reciente de LAS VENAS ABIERTAS DE AMÉRICA LATINA: "La Historia es un profeta con la vista vuelta hacia atrás".

Ningún pueblo rompe con lo que es y lo que ha sido, y por lo tanto sus producciones cinematográficas y artísticas, como espejos hipérbolicos, tampoco pueden hacerlo. Al criterio de Giacomo Marramao le adicionaría el de otro coterráneo suyo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, cuando en su genial GATOPARDO sentenciaba: "Para que todo siga como está, es preciso que todo cambie."

Un abrazo,

Pavel Alejandro Barrios Sosa

Paquita Armas Fonseca sobre el cine cubano en televisión

Para Juany y Javier:

Al primero: sabes que públicamente he defendido a capa y estilete a De cierta manera. También lo he hecho por otras vías. La solución sobre ese programa no está en trasladarlo a Cubavisión sino en promocionarlo de la manera adecuada y ponerlo a competir con espacios no dedicados a igual público.

Ahora bien ¿otro programa semanal con cine cubano? Según el propio Luciano solo veinte películas de todas las existentes no se han trasmitido ¿De dónde se van a sacar esas cintas?

Yo levanto mis dos manos porque todo el cine cubano se exhiba pero en diferentes opciones: salas de ensayo, comerciales y la televisión que en Cuba es pública ¡por suerte!, y una televisión pública no admite cualquier tipo de filme. No sólo en nuestro país, en cualquier lugar la tv por cable o las privadas insertan programas que no van a la pública porque se supone que tenga una misión ética.

Es cierto que a cualquier hora se puede haber trasmitido por nuestra TV un filme en nada edificante, contra eso hay que luchar: pero sostengo dos cosas, si la jerarquización cultural se da sólo por Cubavisión cerremos los otros canales, se ahorraría de todo y aspirar a que toda la producción audiovisual vaya a la pequeña pantalla, no me parece saludable.

Tú sabes, Juany, que existe una producción audiovisual que no debe estar en la TV, aunque si pido que se exhiba en salas de ensayo, para los interesados.

Los quiero a los dos y tú camagüeyano (si quieres con Javier) procura llegar a tomarte un café o comer arroz con huevo… eres BIENvenido a esta casa.

Paquita Armas Fonseca

Cine cubano en la Televisión: una vez a la semana no alcanza.

Quiero agradecer a Javier Gómez Sánchez su interés por compartir estas ideas con los lectores del blog “Cine cubano, la pupila insomne”. Es un asunto cuya discusión y solución se viene reclamando desde hace mucho, y que no acaba de encontrar un debate fértil.

Y mientras tanto el cine cubano (que ya sabemos que es mucho más que lo producido por el ICAIC, lo cual no le resta un ápice a la importancia de esa institución) sigue sufriendo los embates de una estrategia de promoción sesgada, y por ello mismo, mutiladora.

Nunca tendremos a mano lo suficiente para agradecer a Luciano Castillo esa pasión con la que el maestro defiende el cine nacional. Aquella vez en que De cierta manera estuvo a punto de desaparecer, un conjunto de voces muy lúcidas ayudaron a detener el disparate. Pero coincido con Gómez Sánchez en que una vez a la semana no alcanza. Como tampoco alcanza que una vez cada cuatro años hablemos de eso en un Congreso: necesitamos defender el cine cubano todos los días.

Juan Antonio García Borrero

Cine cubano en la Televisión: Una vez a la semana no alcanza.

Por Javier Gómez Sánchez (javiergosanchez09@gmail.com )

Recientemente en una asamblea de la UNEAC señalé la necesidad de lograr una cuota de transmisión de cine cubano en la televisión nacional. Como mismo se ha hecho con la música cubana frente a la transmisión de música extranjera, algo bastante logrado por la exigencia comprensible de los músicos.

Recuerdo haber escuchado a personalidades como Juan Formell y Adalberto Álvarez, defender ese derecho de nuestra música y de nuestro público. Gracias ellos y a otros impulsores, el ICRT comenzó a partir de algún momento a manejar porcentajes de emisión de música cubana respecto a la música extranjera, como una forma de protección a la identidad del público cubano y sus creadores musicales.  No ocurrió por obra del Espíritu Santo, ni porque alguien con poder de decisión se levantó ese día con más sensibilidad hacia la cultura nacional. Ocurrió porque un grupo de artistas luchó por eso, pidió la palabra, la volvió a pedir, argumentó, exigió y encontró apoyo. De otra manera no se hubiese logrado.

Con esa idea planteé que este debía ser un tema incluido como tal en el próximo Congreso de la UNEAC y acabar de consolidar en este año 2019, sin posponerlo más, una sanación de las relaciones entre la televisión cubana y el cine cubano. Creo que existe ya la madurez suficiente para hacerlo, pues como dije si alguna película cubana en los últimos 30 años ha planteado algo que le haya parecido a algunos, incómodo, esta sociedad lo ha superado ya con creces. Lee el resto de esta entrada

El ICAIC y el cine cubano

Hubo un tiempo en que era imposible pensar el cine cubano más allá del ICAIC. Como institución cinematográfica parecía totalizarlo todo: producción, distribución, exhibición, formación de nuevos públicos.

Su nacimiento el 24 de marzo de 1959 adquirió de inmediato un carácter marcadamente simbólico: fue la primera institución cultural creada por la Revolución encabezada por Fidel.

Pero los cineastas de entonces estaban lejos de creer que el cine que hicieran debía convertirse en mera propaganda del nuevo gobierno. Conducidos por Alfredo Guevara, y protegidos por una Ley donde en su Primer “Por Cuanto” todavía se avisa que el cine es un arte, se propusieron acompañar el proceso político con un conjunto de películas que respondían más a las búsquedas y experimentaciones del cine moderno, que al confort que reporta el uso de estructuras clásicas.

En uno de sus libros Foucault anota: “Lo que se encuentra al comienzo histórico de las cosas no es la identidad aún preservada de su origen, es la discordia con las otras cosas, es el disparate”. Cuando pienso en el ICAIC de esos primeros días, viene a mi mente esa observación, y esta foto que alguna vez me hiciera llegar Fausto Canel, donde, entre otros, aparecen Alfredo Guevara (extremo izquierdo), Tomás Gutiérrez Alea (al centro), el propio Canel muy joven, y Guillermo Cabrera Infante, cortado por la mitad, y todavía ocupando su fugaz puesto de vicepresidente de la institución.

Una foto como esa resulta difícil de asumirla de un modo natural sesenta años después, toda vez que no responde a esa imagen del ICAIC que ahora mismo tenemos, que es la imagen de una institución estatal que, contra viento y marea, ha conseguido mantener como un sistema eso que mencionábamos al principio: producción, distribución, exhibición, formación de nuevos públicos.

Pero es evidente que en todos estas seis largas décadas la riqueza del legado que perdura se ha nutrido de la contradicción permanente, más que de una armonía artificial que solo existe en la mente de quien evoca y festeja las efemérides; como diría Giacomo Marramao, otro filósofo, “tenemos que aprender a pensar la continuidad como algo diferente de la identidad”.

El ICAIC que cumple hoy sesenta años de fundado tiene a sus espaldas un desafío mayor, pues si bien sigue siendo un punto de referencia insoslayable en la cartografía dominante del audiovisual cubano, ya no goza del monopolio de la acción creativa. Por suerte, la propia institución no vive ajena a esa realidad, como puede testimoniar el auspicio de esa Muestra de Jóvenes realizadores que creara en los inicios de este nuevo siglo.

De modo que, tarde o temprano, se irá naturalizando (no con la rapidez que uno quisiera) una mirada que deja atrás la lógica excluyente de la identidad única, para reparar en lo múltiple, en lo inclusivo. No sucederá de inmediato, porque aún buena parte de la defensa del ICAIC se sostiene sobre el argumento solapado o paternalista de la carencia o inferioridad de lo otro.

Creo que el ICAIC no necesita ese tipo de protección: el ICAIC seguirá creciendo en la misma medida en que ayude a iluminar un entorno donde proliferan las producciones más allá de sus predios, se segmentan los públicos, se afianzan nuevas prácticas de consumo. En lo personal, no me imagino un futuro cubano donde no exista un ICAIC: quiero decir, un ente rector que (más allá del nombre), ayude a establecer Políticas Públicas en función del bien común y el cine cubano en general.

Juan Antonio García Borrero

Pensando lo digital desde la Feria del Libro de Camagüey

El sábado pasado, como parte de las actividades de la 28 Feria del Libro en Camagüey, participé en el panel organizado por la revista “La Liga” con el título “Las redes sociales: ¿autismo o nuevos horizontes?”, acompañando en este caso a Maité García, Soledad Cruz, Yohan Pico y María Antonio Borroto.

Casi todos los títulos para paneles suelen ser grandes provocaciones, y este no deja de ser la excepción. El autismo es ese “trastorno psicológico que se caracteriza por la intensa concentración de una persona en su propio mundo interior y la progresiva pérdida de contacto con la realidad exterior“.

No creo que eso sea exactamente lo que predomine en redes como Facebook, donde el narcisismo dominante más bien lo que impone es el descuido de nuestro Yo más auténtico, con el fin de agradar y recibir Likes de los posibles seguidores. Por tanto, en las redes sociales no es tanto el mundo interior lo que se cultiva, como lo externo, eso que la edad del selfie que vivimos, ha conseguido legitimar de modo apabullante.

Creo que, comparado con otros años, la Feria del Libro en Camagüey ganó a la hora de pensar lo digital, tomando en cuenta que en su Programa también se incluyó un panel para hablar de las revistas digitales, mientras que en la Galería QR del Complejo Audiovisual Nuevo Mundo se inauguró una Exposición que propone el enfoque transmedial de nuestras gestiones culturales, en este caso vinculando la promoción cinematográfica a la promoción de la lectura.

Sin embargo, nada de esto todavía se piensa digitalmente con una perspectiva de conjunto. Para empezar, no le encontré mucho sentido a hablar de lo digital en un contexto analógico como La Comarca, cuando todas las condiciones estaban creadas para lograr ese diálogo interactivo en El Callejón de los Milagros, donde las personas hubiesen podido acceder de modo gratuito lo mismo a la colección de la revista La Liga, que a los números de la publicación de Etecsa (Tono) presentada en una de las tertulias, o aprenderá descargar los contenidos de Citmatel.

Luego, estamos hablando de que necesitamos que esa formación de usuarios creativos que tanto necesita el país debe incluir a los de abajo, pero también a quienes desde arriba trazan las estrategias de informatización.

En el conversatorio de La Liga expuse mi reserva con el uso hegemónico que se hace de Twitter por el grueso de nuestros servidores públicos. No digo que no se use para el combate ideológico, pero tenemos que acabar de comprender que el mundo digital nos está proponiendo algo absolutamente inédito, y que, por tanto, tenemos la oportunidad de ser creativos desde la institucionalidad, y poner la imaginación en función del bien público.

Mas para ello hay que impulsar un aprendizaje que nos involucre a todos, y especialmente, a los servidores públicos; es decir, a quienes con su capacidad de decisión puede mañana influir en las Políticas Públicas.

Juan Antonio García Borrero

Otra vez la Universidad Rice en La calle de los cines

Y no puedo dejar de agradecer al amigo y profesor Luis Duno-Gottberg, de la Universidad Rice (Houston), que por segundo año consecutivo traiga a sus estudiantes a La calle de los cines de Camagüey.