DE JOSÉ RAÚL GALLEGO A GARCÍA BORRERO

Mi querido Juany:

Lo primero, el abrazo de siempre y el respeto y la admiración por no cansarte de promover el diálogo en torno a estos temas, aun cuando los oídos sordos, la incomprensión, y también el cansancio siguen estando a la orden del día.

En tu post, la idea central que planteas es “Yo estoy de acuerdo en que Internet es un derecho de todos los ciudadanos, no un favor que el Estado hace para premiar a los que entienda se los merece, pero creo que paralelo a ello es preciso priorizar la formación de usuarios dirigida a impulsar la creatividad, pues no hay que confundir “consumo” con “creatividad”, o acceso a Internet con conocimiento útil.”

Con ello, coincido plenamente. Sin embargo, mis preocupaciones giran en torno a dos cuestiones:

  • Que esta idea relacionada con la necesidad del fomento de la creatividad sea asumida por algunos –específicamente aquellos con poder de decisión o quienes apuntalan desde el discurso ideológico las políticas del país- como una especie de zanahoria utilizada para entretenernos y justificar las demoras y restricciones al acceso a internet. Sería algo así como decir “aún no estamos listos para ‘enfrentarnos’ a internet, primero hay que desarrollar las potencialidades para su uso creativo.” Y mientras el tiempo sigue corriendo. Y el “paralelo a ello” que tú planteas, no se cumple.
  • Que la creatividad no debe ser “controlada”, dirigida a conveniencia, ni mucho menos pensar que será el resultado únicamente de políticas trazadas “desde arriba”.

Estas son las dos ideas que trataré de desarrollar.

Como mencionas en tu post, soy de los que creo fervientemente que internet –como ya lo han reconocido otros países, incluso con menos índice de desarrollo humano que Cuba- constituye un derecho humano y que así debe ser reconocido tanto en la reforma constitucional o en la nueva constitución que “se rumora” debe formularse pronto, como en la tan esperada Ley de Prensa –que también “se rumora”- debe estar al “aparecer” (Las comillas son solo para señalar la falta de información y participación que han caracterizado estos procesos, lo cual es algo que está marcado por los mismos tabúes que considero frenan las decisiones políticas respecto a la expansión de internet en Cuba, pero ese no es el tema de este diálogo).

Internet es un recurso valiosísimo para el acceso a la información de todo tipo –lúdica, académica, política, etc.-, es una vía de comunicación e interconexión como no había existido antes en la historia de la humanidad, y es también una plataforma cargada de instrumentos, herramientas y contenidos que permite desarrollar y potenciar tanto la creatividad más genuina como la estupidez más visceral. Lee el resto de esta entrada

INFORMATIZACIÓN Y ESCENARIOS INTELIGENTES

Ayer el azar quiso que coincidiera con Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la sede de la UIC de Camagüey.

Fue un encuentro fugaz, brevísimo, pero me sorprendió que recordara con precisión la visita que hiciera hace un par de años al Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, pues de inmediato me preguntó cómo iba el Proyecto “El Callejón de los Milagros”. También me comentaría que había seguido en el periódico Granma la información publicada sobre el Segundo Encuentro de Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales que celebramos en abril en esta ciudad.

Cuento esto porque como otras veces he dicho, el Proyecto descansa en las contribuciones de muchos, aunque todavía está muy lejos de haber logrado un diez por ciento de lo que se propone. Pero sobre todo intento resaltar que ahora mismo tenemos en Camagüey tal vez lo que más se aproxima al perfil humanista que se quiere para la informatización en Cuba, y supongo que es eso lo que ha llamado la atención del Vicepresidente.

El desafío, entonces, estaría en potenciarlo, en seguir impulsando esas alianzas estratégicas donde las áreas de Educación y Cultura tendrían un papel fundamental, y la creatividad (no el mero entretenimiento o comunicación) se convertiría en la base permanente de la informatización.

Sé que el desafío es inmenso, porque no es la simple posesión de la tecnología lo que permitirá estimular esa creatividad con un sentido humanista. Al contrario. Un incremento acrítico de la tecnología, por paradójico que pueda parecer, puede duplicar la brecha participativa dejándonos apenas la opción del consumo activo de los contenidos que “otros” (los poderosos) diseñan para que pensemos según nos pregunta de modo impersonal Facebook.

En este sentido, cuando en el pasado “Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales” lanzamos el desafío de convertir a la “Calle de los Cines” en una “Calle inteligente de los Cines”, pensábamos (y todavía seguimos pensando) en esa informatización que estimula en la comunidad el aprendizaje y la creatividad, sin abandonar desde luego el ocio y lo comunicativo.

Juan Antonio García Borrero

TALLER PARA NIÑOS Y NIÑAS “PROGRAMAR ES CRECER” EN NUEVO MUNDO

Este jueves comienza en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo el Taller “Programar es crecer”, diseñado para niños y niñas de menos de diez años, e impartido por Jorge Enrique Smith Sáez.

El Taller se propone motivar el aprendizaje y desarrollo de la programación computacional en niñas y niños (en este caso de ocho años) con el fin de fomentar el uso creativo de las tecnologías desde las primeras edades.

Como en otras ocasiones hemos apuntado, la informatización del país no alcanzará el perfil humanista que se quiere para la nación, si paralelo a la construcción de entornos digitales no nos esforzamos en formar usuarios que tengan conciencia de lo que portan en sus manos.

Comparto con los amigos del blog la fundamentación del Taller.

Juan Antonio García Borrero

TALLER “PROGRAMAR ES CRECER”

Imparte: Jorge Enrique Smith Sáez

DEFINICIÓN DEL PROBLEMA

La gran mayoría de las personas que interactúan con Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), solo son consumidores de estas y no creadores de contenidos propios.

FUNDAMENTACIÓN DEL PROYECTO

Del mismo modo que la escritura (literaria) ayuda a organizar los pensamientos y expresar las ideas, la escritura de código informático es una nueva forma en el contexto actual. Con la alfabetización en programación informática desde edades tempranas se aprende a crear y expresarse con la tecnología, mientras los participantes se divierten y ejercitan habilidades lógico- matemáticas que refuerzan su desempeño docente y forman base para quienes opten por profesiones afines.

OBJETIVO GENERAL

Motivar el aprendizaje y desarrollo de la programación en niñas, niños y jóvenes cubanos.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS

Brindar un espacio de aprendizaje participativo.

Formar un pensamiento computacional para diversos contextos de la vida.

Cultivar la imaginación, exploración, creatividad e implementación de algoritmos que solucionen situaciones planteadas.

Incentivar con el uso de la computación, la construcción de aplicaciones e historias personalizadas, desde la idea hasta su ejecución.

DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO

Talleres didácticos de iniciación que cultiven una comunidad infantil de programadores, activa mediante plataformas y encuentros futuros.

PÚBLICO

Niñas y niños > de 8 años.

LUGAR:

Complejo Audiovisual Nuevo Mundo

HORARIO

Todos los martes y jueves de agosto de 2017, de 9 a 11 de la mañana.

INFORMATIZACIÓN Y CREATIVIDAD EN CUBA

En Camagüey no conozco a muchas personas a las que les motive construir un cuerpo de ideas que acompañe el proceso de informatización de la sociedad. Es por ello que lo que domina hasta el momento en nuestro imaginario sea la construcción de locales y espacios donde las personas pueden conectarse al Wifi o jugar, pero no fomentar el uso creativo de la tecnología, que es otra cosa.

Esto pasa porque no se ha discutido lo suficiente la necesidad de una Política Pública en la que las humanidades digitales jueguen el rol dominante: es decir, donde los individuos, y no los equipos, tengan la prioridad. Lo que no quiere decir que no existan potenciales interlocutores, o que los directivos estén ajenos a esa aspiración.

Me consta que Reynaldo Alonso, como presidente de la UIC en la provincia, circula entre los miembros de la organización muchísima información. Pero el debate ha sido nulo. O lo que es peor: la gente ha preferido debatir en lo privado aquellas ideas que más le inquietan. Al faltar el debate sistemático (quiero enfatizar esto último: sistemático), hemos carecido del intercambio de ideas que tanto enriquece: por eso hay pocas novedades en nuestros frentes.

Algunos me dirán que ese debate público ya existe en la redes. Cierto, solo que el debate en estos medios jamás alcanzará a conformar una Política Pública, porque no es allí donde los decisores o gobernantes juegan ese rol. Todo lo que hablemos en estos sitios (incluyendo lo que se publica en este blog, desde luego) no pasa de ser un conjunto de opiniones sin mayor trascendencia.

Aun así, este intercambio de opiniones es importante, porque nos ayuda a obtener una idea de las potencialidades que puedan existir, no en el mundo virtual, sino en el mundo de la vida del cual formamos parte a diario. A mí me resulta muy gratificante, por ejemplo, encontrarme en la calle con José Raúl Gallego (profesor de la Universidad de Camagüey) y Alejandro Rodríguez (periodista y bloguero), y entablar largas tertulias donde las disparidades de los puntos de vista no nos alejan, sino, todo lo contrario, nos deja con deseos del reencuentro para seguir debatiendo, actualizándonos.

Para ambos jóvenes, si no los he entendido mal, la informatización en el país no puede ir bien si antes no se garantiza el Internet por igual a todos. Digamos que defienden la idea expresada en algún momento por Battro y Denham en el libro La educación digital. Una nueva era del conocimiento:

Una forma práctica de generar hábitos digitales es la exposición continuada y sin restricciones a un ambiente informatizado. Así como la mejor manera de aprender una lengua es vivir en una comunidad donde se habla ese idioma, para adquirir el “idioma digital” es preciso vivir en un “hábitat digital”.

Yo estoy de acuerdo en que Internet es un derecho de todos los ciudadanos, no un favor que el Estado hace para premiar a los que entienda se los merece, pero creo que paralelo a ello es preciso priorizar la formación de usuarios dirigida a impulsar la creatividad, pues no hay que confundir “consumo” con “creatividad”, o acceso a Internet con conocimiento útil. Es decir, si estamos pensando en informatizar el país con el fin de estimular el desarrollo que beneficiaría a la comunidad a la cual pertenecemos, necesitamos preparar a los usuarios en esa dirección, y si es en edades tempranas, mejor.

Lamentablemente, todavía no tenemos conciencia de ello. En la informatización es la sociedad en sentido general la que se beneficia con un conjunto de acciones que la atraviesa de modo transversal. Eso quiere decir que las antiguas áreas de cultura, educación, salud, etc, que antes parecían vivir como ínsulas independientes, ahora se fusionan en una sola plataforma, aunque sin perder sus respectivas identidades. Si antes estas áreas actuaban por separado, ahora están obligadas a interactuar e intercrear, pues lo que tenemos por delante es el aprendizaje rizomático.

¿Estaríamos preparados para eso en Cuba, si ahora mismo lo que predomina es el consumo lúdico y apenas lo comunicativo? Como apuntaba en algún lugar García Canclini: “Somos subdesarrollados en la producción endógena para los medios electrónicos, pero no en el consumo”. La paradoja está en que ese “consumo” que convierte en idénticos (durante unas horas) a los niños de Los Coquitos en Camagüey y a los de Times Square en Nueva York frente a una pantalla que los deslocaliza físicamente, lo que está resaltando es la condición de epígonos de los primeros, que en la brecha participativa que sigue propiciando el desarrollo tecnológico seguirán llevando la peor parte.

Necesitamos, entonces, construir una plataforma de trabajo en la que los individuos se desenvuelvan no como meros consumidores, sino como productores de contenidos que pueden impulsar la creatividad desde dentro, desde la comunidad de la cual forman parte. Pero para eso necesitamos muchos debates y argumentaciones.

Juan Antonio García Borrero

LOS MEJORES DOCUMENTALES DEL ICAIC

Hace unos días publicamos una parte de la consulta convocada por la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica en el año 2008. Ya en aquel momento decíamos que toda encuesta siempre será en el fondo una gran provocación, pero ayudan a orientarse en medio de ese gran oceáno de imágenes y sonidos em que vivimos. Hoy compartimos la relación de documentales que los especialistas eligieron como los más destacados. (JAGB)

DOCUMENTALES CON MÁS VOTOS

NOW

(1965)/ 6’/ Director: Santiago Alvarez/ Montaje de noticieros y fotos sobre la lucha de los negros norteamericanos contra la discriminación racial (54 votos)

POR PRIMERA VEZ

(1967)/ 10’/ Director: Octavio Cortázar/ Las Unidades de Cine Móvil del ICAIC visitan un apartado lugar de las montañas orientales. Impresiones y opiniones de los campesinos de la zona que ven cine por primera vez (43 votos)

SUITE HABANA

(2003)/ 90’/ Director: Fernando Pérez/ Panorámica de uma ciudad en la que la multiplicidad de rostros y lugares se entrecruzan con las memorias de personajes anónimos. Seres sumamente peculiares que representan una curiosa diversidade de grupos sociales que viven en La Habana de hoy.  (38 votos)

COFFEA ARÁBIGA

(1968)/ 18’/ Director: Nicolás Guillén Landrián/ De forma novedosa y con un montaje experimental se aborda el cultivo del café, su proceso agrario e industrial (30 votos)

LBJ

(1968)/ 18’/ Director: Santiago Alvarez/ Sátira, a la vez que síntesis histórica y didáctica, de la violencia en los Estados Unidos, dada mediante los asesinatos de Martin Luther King, John y Robert Kennedy (18 votos)

VAQUEROS DEL CAUTO

(1965)/ 30’/ Director: Oscar Valdés/ El trabajo ganadero y los rasgos sicológicos de los hombres que se dedican a él dados a través de la vida de los vaqueros de la zona del río Cauto, en la provincia de Oriente.  (18 votos)

OCIEL DEL TOA

(1965)/ 17’/ Director: Nicolás Guillén Landrián/ Visión poética de los hechos y la vida a lo largo del río Toa. (17 votos)

CICLÓN

(1963)/ 22’/ Director: Santiago Alvarez/ El paso del ciclón Flora por las provincias de Oriente y Camagüey en octubre de 1963. Trabajos de salvamento y evacuación. (16 votos)

NOSOTROS LA MUSICA

(1964)/ 66’/ Director: Rogelio París/ La música, las canciones y los bailes cubanos más populares presentados en una mezcla de free cinema y revista musical. (15 votos)

HANOI MARTES 13

(1967)/ 34’/ Director: Santiago Álvarez/ La vida y la lucha por la libertad del pueblo vietnamita, partiendo del primer día en que comenzaron los bombardeos a la ciudad de Hanoi. (12 votos)

EDUARDO DEL LLANO Y EL CINE SOCIALISTA EN CUBA

A propósito del post sobre las películas soviéticas en los años sesenta y setenta, Eduardo del Llano comparte con los lectores de Cine Cubano, la pupila insomne, este artículo que escribiera para su blog hace algún tiempo.

 CINE ROJO

Por Eduardo del Llano

 El mismo socio de Playa que mencioné en el artículo Locomotiv GT me quemó la semana pasada una serie de películas del antiguo bloque socialista europeo: algunas que recordaba con nostalgia, otras que nunca vi y no había conseguido hasta ahora. No tengo particulares ataduras -sentimentales o ideológicas- con los viejos regímenes comunistas de Europa del Este, pero sí con algo del arte que allí se produjo.

Una comedia checa: Limonada Joe. En mi adolescencia reí con ella: ahora volví a hacerlo, y admiré además su hechura. Una parodia del western llena de memorables gags y soluciones ocurrentes, con la imagen coloreada como en fotografías antiguas –recurso que también empleara su coterráneo, el extraordinario animador Karel Zeman- y una banda sonora divertida y activa.

Dos polacas, ambas mejores de lo que las recordaba: la primera, El director de orquesta, de Andrzej Wajda. Increíble. El funcionamiento de mecanismos humanos –la envidia, la mala leche, los celos, la culpa- y sociales -provincianismo, burocracia, triunfalismo- con una sobriedad pasmosa, a través de la interrelación de un director de orquesta en una oscura ciudad polaca, otro director de orquesta emigrado, y la esposa del primero e hija del gran amor del segundo. Una reflexión acerca del arte y la moral… lo que supongo también podría decirse de la segunda, Yesterday, de Radoslaw Piwowarski: la historia de un cuarteto de chicos que quieren ser los Beatles en ¿otra? oscura ciudad polaca, ésta en los años sesenta; de la represión y la muerte de sus sueños. Y de la grisura del presente, o mejor, la grisura del adulto-ciudadano correcto.

Y después, bueno, tres del ruso Nikita Mijalkov: Pieza inconclusa para piano mecánico, Cinco atardeceres y Sin testigos. Lo más grande de la vida. Por diferentes razones, durante mi adolescencia los cubanos solíamos llevar al cine soviético bastante recio: el ritmo, el tema recurrente de la guerra, la falta de espectacularidad nos parecían defectos insalvables. Es más, decíamos que las películas se clasificaban en cuatro grandes grupos: buenas, regulares, malas y soviéticas. Cuando se estrenó Pieza inconclusa.., recuerdo a un amigo diciéndome: “¿Qué clase de ladrillo puede llevar ese nombre?” Se comprenderá entonces que, a diferencia de las obras que mencioné anteriormente, no había visto ninguna de las tres de Mijalkov hasta la semana pasada. Conocía otros trabajos suyos, pero éstos no… y vaya con lo que me estaba perdiendo. Lee el resto de esta entrada

LAS PELÍCULAS SOVIÉTICAS DE MI INFANCIA

Anoche me puse a consultar el libro de Zoia Barash “El cine soviético del principio al fin” (Ediciones ICAIC, La Habana, 2008). Un libro duro, estremecedor, que nos revela desde dentro muchos de los avatares que nunca nos contaron en la prensa oficial de esa gran cinematografía.

Por allí desfilan los nombres de los cineastas más insignes: Dziga Vertov, Serguei Eisenstein, Lev Kuleshov, Mijail Kalatozov, Serguei Bondarchuk, Larisa Shepitko, Serguei Paradzhanov, Andrei Tarkovski, Nikita Mijalkov. Y se habla de algunos de los filmes más memorables de la “perestroika”: Arrepentimiento (1984), de Tenguiz Abuladze, La pequeña Vera (1988), de Vasili Pichul, El frío verano del 53 (1987), de Aleksandr Proshkin, o Una chica internacional (1989), de Piotr Todorovski.

El libro es muy recomendable, y se lee con facilidad. Sin embargo, a mí de repente me entraron deseos de saber un poco más acerca de aquellos filmes soviéticos “menores” que abundaron en mi infancia, y modelaron una parte de mi gusto por el cine en mi más temprana edad.

Estudiosos como Damaris Puñales-Alpízar (“Escrito en cirílico: el ideal soviético en la cultura cubana posnoventa”) y Dean Luis Reyes (“Ostalgie caribeña. Saudade postsoviética en el audiovisual cubano contemporáneo”) han rastreado con gran rigor las huellas de esa impronta cultural e ideológica, incluyendo las marcas dejadas por los antiguos “muñequitos rusos”. En este caso, yo también estoy preguntando por esos filmes que pasaron en apariencia “sin dejar huella”, filmes que difícilmente figurarán en el catálogo de las películas más importantes, y que, sin embargo, uno todavía recuerda con extraño fervor…

En mi caso personal, mi memoria afectiva podría elaborar un listado bastante amplio, pues cuando preparaba la “Guía crítica del cine cubano de ficción” me vi obligado a revisar toda la colección de periódicos Granma, Juventud Rebelde, y Trabajadores, y allí pude reencontrar a través de las carteleras y críticas puntuales, los títulos de esas películas que alguna vez vi (aunque olvidara al instante) y que ahora regresaban en forma de una recreación de mi propia vida.

He aquí algunas de esas películas que mientras exploraba la prensa me traían evocaciones misteriosas. Varias de ellas no las había visto (debido a mi corta edad entonces), pero sí recordaba las fotos publicitarias colocadas en los nichos de promoción (que era otra manera de acceder al cine, como bien nos demostró Truffaut a través del protagonista de “Los 400 golpes”): Tigres en alta mar (1961), de Vladimir Fetin, Dingo, perro salvaje (1963), de Yuli Karasik, El hombre anfibio (1961), de Kazanski, Los vengadores incapturables (1967), de Edmond Keosaián, La reina de las nieves (1967), de G. Kazánski, El brazo de los brillantes (1969), de Leonid Gaidái, Nuevas aventuras de los incapturables (1968), de E. Keosaián; ¡Cuidado con la tortuga! (1970), de Rolan Bikov, La corona del imperio ruso (1970), de E. Keosaián; Los amaneceres son aquí apacibles (1972), de Stanislav Rostotski; La isla del Tesoro (1971), de E. Fridman; Siete novias para un soldado (1971), de Vitali Melnikov; Los trece valientes (1970), de V. Zhilin; El Comandante del submarino afortunado (1974), de Boris Volcher; Pan duro y negro (1971), de Gerbert Rappaport; La séptima bala (1973), de Ali Jamráev; El tren robado (1971), de Vladimir Yánchev; Vida y asombrosas aventuras de Robinson Crusoe (1973), de Stanislav Govorujin; Las aventuras de Huckleberry Finn (1972), de G. Ganelia; El jinete sin cabeza (1972), de Vladimir Vainstock (con participación de Enrique Santiesteban y Eslinda Núñez en su reparto); Aventuras de unos italianos en Rusia (1973), de Eldar Riazánov.

Cuando el año pasado, gracias a un ciclo organizado por la Cinemateca de Cuba, pude ver otra vez Tigres en alta mar fue como regresar a aquel país donde yo vivía de pequeño. Y no hablo del país en términos geográficos, sino en la dimensión espiritual que muchas veces identifica a la infancia como esa suerte de Matria donde, por viejos que nos pongamos, siempre estamos regresando al recordar que allí dejamos enterrados muchos tesoros invisibles. Así que bastó leerme la sinopsis para viajar de inmediato a ese país remoto que fui de niño: “En un barco mercante soviético viajan diez tigres, dos leones y un travieso mono, bajo el cuidado de un camarero que se hace pasar por domador. El pánico cunde entre la tripulación cuando el chimpancé abre las jaulas de las fieras…

Admito que el listado de hace un rato es bastante arbitrario, como arbitraria es esa memoria que nos reintegra no exactamente lo que nosotros quisiéramos recuperar intacto, sino algo que viene filtrado por los años transcurridos, los sucesos históricos que en ese período de tiempo han tenido lugar, y las filias y fobias que hemos ido incorporando a nuestra existencia.

También sé que hay allí cierta tendencia a la idealización, algo que Alfredo Guevara, desde su responsabilidad de presidente del ICAIC siempre quiso evitar, pese a las buenas relaciones con los países socialistas de entonces. Recuerdo, por ejemplo, cómo en los apuntes que tomó con el fin de intervenir en una reunión de 1974 con jefes de las cinematografías de esos países, señalaba que “un cine antiguo, sin búsqueda, sin ritmo, sin riqueza, sin novedad no será ni expresivo, ni capaz de comunicar”.

Pero es que yo no estoy hablando de películas excelentes, regulares, malas, o pésimas. Estoy hablando del niño que fui, y que ahora escribe esto: desde la ostalgie, como dicen los académicos.

Juan Antonio García Borrero

PASEO TECNOLÓGICO DE CAMAGÜEY

La ciudad de Camagüey sigue sumando puntos en su empeño de acercar a sus ciudadanos a la modernidad tecnológica. Ahora se acaba de inaugurar el Paseo Tecnológico (con una ubicación muy céntrica), y donde destaca el buen gusto de la ambientación del local y las soluciones conseguidas en cuanto a las carteleras electrónicas.

Sigo pensando que ninguna otra ciudad del país cuenta con una infraestructura similar (Circuito, Bosque Tecnológico, Paseo Temático del Cine) a través de la cual se pudiera impulsar esa Política Pública que tanto anhelamos, en donde la prioridad sea el fomento de la creatividad tecnológica.

En este sentido, pienso que la gran responsabilidad la tendrían ahora todos esos informáticos que tienen al alcance de sus manos la posibilidad de enriquecer con sus talentos e imaginación esos escenarios dominados ahora mismo por el consumo activo de lo que ya ha sido programado en lo externo. Paralelo a ello, necesitamos “crear” desde dentro.

Pero eso, evidentemente, es un asunto que demandaría análisis más profundos. Por lo pronto, manifiesto públicamente mi alegría por el nacimiento en Camagüey de todos estos nuevos escenarios tecnológicos.

Juan Antonio García Borrero

HÉCTOR ZUMBADO SOBRE LA CRÍTICA Y LOS CRÍTICOS

“Para subir al cielo de la crítica se necesitan varias escaleras. Se necesita una escalera grande de profesionalismo, saber lo que se está criticando en términos técnicos, poseer una cultura general amplia: esas dos condiciones son básicas.

En profesionalismo y cultura general, nuestros críticos, con honrosas excepciones, son muy débiles, tanto en el aspecto técnico de lo que critican como en su nivel de amplitud cultural, y en tercer lugar, una escalera mucho más grande que se llama elegancia. Somos herederos de una larga, profunda, maravillosa tradición cultural. Tenemos que rescatar la elegancia, la ética de Domingo del Monte, José Antonio Saco, de Martí… Quien haya leído la polémica de Martínez Villena con Mañach; la gran polémica entre Vasconcelos y Gastón Baquero…

Pido que nuestros críticos tengan un profundo conocimiento de lo que están criticando, la amplitud cultural que los apoye en sus críticas y que tengan, sobre todo, la elegancia de los criollos del siglo pasado: eso es todo lo que pido a los críticos de nuestra época”

Héctor Zumbado (Uno de nuestros más grandes exponentes del humor ilustrado)

DOS AÑOS SIN ALINA RODRÍGUEZ

Hace un par de años, por esta misma fecha, las redes sociales se estremecieron con el rumor del fallecimiento de la actriz Alina Rodríguez (1951- 2015). Recuerdo esas horas de incertidumbre viral en las que no se había confirmado nada, y la gente se lamentaba, o escribía comentarios donde se intentaba transmitir toda la buena energía que uno pueda imaginar, con el fin de conjurar el mal que tanto la amenazaba.

Cuando al fin se dio a conocer el fatal desenlace, escribí algo breve que siempre supe no alcanzaba a explicar ni la mitad de mi admiración. Y es que ese tipo de admiración siempre es un misterio, no tiene nada de racional. Ahora, por cuestiones de trabajo, he tenido que regresar a algunas de las películas en las que ella intervino, y vuelve a mí ese deslumbramiento intenso.

El cine cubano ha tenido la suerte de contar con muy buenas actrices. No las voy a mencionar por su nombre, para evitar el riesgo que siempre implica dejar fuera de esas evocaciones a otras que se merecen igual remembranza. Pero hay algo extraordinario en lo que consiguió Alina al construir dos personajes que siguen allí entre nosotros, como si fuesen dos personas que hemos conocido: la María Antonia del filme de Sergio Giral, y la inolvidable Carmela de Conducta (2014), de Ernesto Daranas.

Juan Antonio García Borrero