CINEASTAS CUBANOS CONTRA EL INMOVILISMO: Asamblea de Cineastas 1 de noviembre

CINEASTAS CUBANOS CONTRA EL INMOVILISMO

Cineastas cubanos: Ha pasado un año y cinco meses de nuestra primera Asamblea de Cineastas y aun continuamos sin ninguna respuesta efectiva a ninguna de nuestras demandas.

¿Queremos una Ley de Cine? Sí

Y la queremos porque necesitamos un reconocimiento legal, un reconocimiento social, y un reconocimiento político de nuestros derechos a participar creativamente en las transformaciones y el desarrollo de nuestra sociedad.

Y seguimos impacientes.

En todo este tiempo nuestro trabajo ha sido serio, sistemático y responsable.

¿Pero qué respuestas hemos obtenido? Hemos dialogado con el ICAIC, pero no se ha aprobado ninguna medida concreta.
Solo dilaciones. Y también prejuicios.

Hace un año y cinco meses nos reunimos por la necesidad y el derecho a protagonizar los destinos de Cine Cubano, y esa necesidad sigue vigente.
Por eso convocamos a una nueva asamblea.

El presente y el futuro del Cine Cubano siguen siendo nuestra prioridad.
Y no vamos a cansarnos.

Los cineastas cubanos contar el inmovilismo será el tema de nuestra próxima asamblea.

Nos vemos donde siempre. En Fresa y Chocolate.

Sábado 1ro de Noviembre. A las tres de la tarde.

Asiste. Tú también eres el Cine Cubano. Tú también quieres una Ley de Cine.

DANAE C. DIÉGUEZ SOBRE LA MUESTRA DE CINE Y MUJERES EN EL FESTIVAL ELLAS CREAN.

MUJERES DETRÁS DEL LENTE. RELECTURAS INFINITAS

Por Danae C. Diéguez

Tomado del sitio IPS

Realizar una propuesta para una Muestra de Cine y Mujeres en Cuba es repensar exactamente sobre qué criterios de legitimidad se ha organizado el canon cinematográfico cubano. Varias veces hemos insistido en que construir un paradigma basado en cuestiones de género, en este caso revisitando la Historia de las mujeres en la cinematografía nacional, no puede asumirse como un listado arbitrario con nombres de ellas.

Cualquier enfoque que se realice a partir de estos presupuestos debe complejizar la mirada y cuestionarse los sesgos discriminatorios que están latentes en dos direcciones: una, asociada a las causas de sus infrarrepresentaciones como directoras y, dos, cuáles son los signos, tópicos, síntomas que articulan un discurso que después la crítica y las investigaciones determinan si hablan de tendencias asociadas a las representaciones de género o al menos a líneas temáticas y de lenguaje audiovisual que, sin esencialismos, develen una gramática asociada a los discursos femeninos.

Cuando releemos cualquier historia al uso, descubrimos los signos de las voces hegemónicas que reproducen discriminaciones, ya sean de género, raciales, generacionales, regionales, entre otras; por ello, cualquier relectura puede ayudar a redefinir esa mirada y desmontar algunos criterios que están basados en esencias muchas veces heredadas de una mirada colonizadora que basa su proyección en un inconsciente patriarcal naturalizado.

En el caso del cine cubano, las lecturas en este sentido aún pueden ser infinitas. Pocas veces la crítica ha sostenido un discurso que asuma las líneas antes propuestas y, la mayoría de las veces, ha descrito y listado, más que problematizado. Las mujeres realizadoras apenas han sido tenidas en cuenta en la construcción de ese paradigma, entre otras causas porque, para pensarnos como cinematografía y audiovisual, hay que rescatar otras aristas de la mirada sobre este fenómeno. Muchas de las realizadoras han hecho su obra fuera de los predios de la institución ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos); a saber, el canon debe rescatarlas en los Estudios Fílmicos de las FAR, los Estudios Fílmicos de la TV y otras productoras en las que ellas han tenido un quehacer importante. Lee el resto de esta entrada

II FESTIVAL ELLAS CREAN CUBA: RETROSPECTIVA DE CINEASTAS CUBANAS PROGRAMADA POR LA CINEMATECA DE CUBA

ELIZABETH PEÑA IN MEMORIAN

Triste noticia: acaba de fallecer la actriz cubanoamericana Elizabeth Peña, con apenas 55 años. Las informaciones, con mucha razón, hablan de los papeles interpretados por ella en películas como Jacob’s Ladder (1990), de Adryan Line, Free Willy 2 (1995), de Dwight Little, Rush Hour (1998), de Brett Ratner, o en programas televisivos como L.A. Law, Dream On, Resurrection Blvd, o Modern Family. Es correcto, desde luego. Como también se deben destacar sus intervenciones en La Bamba (1987), de Luis Valdézy Lone Star (1996), de John Sayles.

Sin embargo, los cubanos que la descubrimos en El super(1978), de León Ichaso y Orlando Jiménez Leal,la vamos a recordar siempre por el papel de Aurelita. Hay allí un personaje clave para interpretar ese proceso de cubanía expandida que sigue teniendo lugar más allá de la isla. Un personaje que, definitivamente, nos ayuda a entender mucho mejor eso que llamamos nación cubana. Por otro lado, ratifica la necesidad que tenemos de defender del olvido lo realizado por los latinos fuera de sus países de origen. Otro desafío descomunal a vencer.

JAGB

HOY, EN “LA CIUDAD SIMBÓLICA”, EL DOCUMENTAL CUBANO DE LOS OCHENTA

En el mes de marzo celebramos en Camagüey el XX Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica. Como algunos recordarán, dedicamos dos de las sesiones teóricas al examen de lo sucedido con el cine cubano en los años ochenta, dado que ha sido este un período que, por lo regular, la crítica ha tratado de un modo peyorativo y bastante simplista. Tuvimos la suerte de contar con la presencia de Rolando Díaz, uno de los cineastas más representativos de esas fechas, así como con las excelentes disertaciones de los jóvenes críticos Claudia González y Justo Planas sobre las obras de Juan Carlos Tabío y Díaz, respectivamente.

Creo que para todos los que participamos en el foro, el saldo teórico reportó ganancias. De ahora en lo adelante, los críticos lo pensaremos un poco mejor a la hora de evaluar esa producción. Han surgido nuevos elementos, nuevas lecturas. Sin embargo, si algo aún me deja insatisfecho es que apenas nos hemos ocupado del documental de ese período, y mucho menos hemos mirado con ojo analítico lo sucedido con el Noticiero ICAIC. Cuando más hemos llegado a lo descriptivo, a la catalogación exhaustiva que da fe de los títulos, pero que pospone el análisis de cada una de esas películas del ICAIC, vinculándolas con la época, y con las de otros centros productores de audiovisual que comenzaban a competir con el Instituto en cuanto a visibilidad y posiciones críticas.

Según la documentalista Marina Ochoa:

“La década del ochenta resulta más compleja de lo que algunos suponen. Nos movíamos entre el éxodo de Mariel y los mítines de repudio por un lado y la epidemia de dengue hemorrágico por otra, entre las amenazas que suponía Reagan y la nueva derecha incluida la teoría de “golpear la fuente de los movimientos latinoamericanos”, es decir, a nosotros y un período de bonanza en que pareció que la utopía se estaba convirtiendo en realidad para enterarnos más tarde durante el proceso de rectificación de errores que había sido un espejismo; entre la pérdida de Granada y Nicaragua y la victoria de Cuito Cuanavale y el fin de apartheid. Es la década que concluye con la caída del muro de Berlín.

Sin embargo, en el ámbito cinematográfico se produjeron hechos que repercutirían de una manera determinante en la década de los noventa. Estos son la fundación de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, la formación de los grupos de creación del ICAIC, y la paralización de la industria cinematográfica incluido el ICAIC entre 1989 y 1990. Y ya en los años noventa la creación de la Escuela de Cine, Radio y TV del Instituto Superior de Arte. Todo esto combinado con la irrupción del video y la técnica de edición no lineal, cambió drásticamente la manera de concebir el cine”.

En el encuentro que tendremos hoy en “La ciudad simbólica”, a las cinco de la tarde, quisiera concentrarme en las características de algunos materiales documentales producidos en la época, en especial, documentales de Enrique Colina, con quien nunca he podido cumplir el viejo sueño de traerlo a Camagüey en esas citas del pensamiento crítico relacionado con el audiovisual.

Siempre me gusta resaltar que hablaremos apenas de una parte de la producción del ICAIC, lo cual nos obliga a mantener en la mente (aunque no se mencione) lo que queda fuera del encuadre: las producciones de los Estudios Fílmicos de las FAR, de los Estudios de la Televisión, lo producido por los jóvenes del Taller de Cine de la Asociación Hermanos Saíz, los cine clubes de creación, la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños.

Y es que es en esa dialéctica que se establece entre “lo que se ve” oficialmente, y lo que permanece “sumergido”, donde probablemente encontremos mejor descritas las tensiones cotidianas que vivían los cubanos de entonces, y los de ahora mismo.

Juan Antonio García Borrero

DE LA GENERACIÓN CERO Y ADYACENTES

Jorge Santos Caballero me ha invitado a que hablemos hoy, en su espacio “Pluralidades”, de la llamada “Generación Cero” en Cuba. Su interés surgió hace algo más de un mes, cuando coincidimos en la presentación de La Gaceta Nro. 2 del 2014: allí aparece un excelente intercambio de reflexiones entre Arturo Arango, y dos de los miembros más prometedores de esa generación de escritores: Jamila Medina y Ahmel Echevarría. A ello hay que sumar la estimulante conversación que sostienen Osdany Morales y Gilberto Padilla.

Los que todavía no tienen claro a qué se alude cuando hablamos de “Generación Cero” en Cuba pueden encontrar en el propio Ahmel Echevarría la siguiente descripción:

Según la crítica, pertenezco a un grupo de escritores llamado Generación Cero. Si algo caracteriza este grupo es la supuesta variedad de temas, la casi total falta de espíritu de grupo, compromiso. De veras no sé si la mayoría está desencantada con algún sustantivo o ente específico puesto que habría que definir si alguna vez llegaron a encantarse con algún proyecto social, económico o político (la mayoría apenas pasa de los treinta y cinco años). En realidad esa supuesta variedad de temas que nos caracteriza no es tal, incluso a veces llego a dudar de nuestra ambición en tanto escritores. La tendencia es la narración de pequeñas peripecias o escaramuzas de un individuo u homúnculo en un contexto digamos minúsculo: una pareja, trío, grupo de amigos, si acaso una tribu urbana, y el escenario apenas conecta con el inmediato social, político, económico de este breve y tórrido archipiélago”.

Fue a raíz de mi discrepancia con algunos de los juicios emitidos por Santos en la presentación de la revista, que surgió la idea de organizar este encuentro. Confío en que lo literario sea apenas el pretexto para abordar con una verdadera perspectiva de conjunto, lo que pudiera estar hablando de la llegada de una nueva sensibilidad en todas nuestras producciones culturales. De hecho, mi incomodidad con la posición asumida por Santos se localiza fácil: tiene que ver con ese énfasis en decretar “el fin de los paradigmas”.

Como lo que más trabajo es la investigación del audiovisual realizado por cubanos, trataré de concentrarme en analizar lo que ha estado sucediendo últimamente en esa zona de la creación insular. Después de todo, mucho de lo que Ahmel Echevarría describe puede apreciarse también en el área audiovisual, donde el antiguo compromiso con el papel militante del cineasta que debía poner el conjunto de sus imágenes en función de un mejoramiento de la realidad, pareciera ceder ante el desencanto social, o peor aún, la indiferencia o el nihilismo. Lee el resto de esta entrada

UNA ISLA, EL TEATRO, EL CINE, Y LA CUBA MAYOR

Fue a raíz de aquella exhibición que hicimos en Camagüey de El super en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, que Omar Valiño (director de la Casa Editorial Tablas-Alarcos) me comentó de esta mesa que tendría lugar en el marco del “15 Festival Nacional de Teatro” de Camagüey.

Hace un par de días asistí al panel, y me fue muy útil. Moderado por el joven teatrólogo Jaime Gómez Triana, contó con las intervenciones de, para decirlo con palabras del catálogo del festival, “importantes teatreros cubanos residentes en Cuba y en los Estados Unidos”: Lillian Manzor (profesora, Universidad de Miami), Alberto Sarraín (director teatral que vive en Miami), I. Carolina Caballero (investigadora y profesora de la Universidad de Tulane, y que compartió con nosotros en la exhibición camagüeyana de El super), Maité Hernández-Lorenzo (periodista y crítica teatral), Yohayna Hernández (editora de la revista Tablas), y el propio Omar Valiño.

El panel, con el título de “Una isla, el teatro” ya había tenido una primera sesión de reflexiones en el pasado Congreso de LASA (Latin America Studies Association) celebrado en Chicago, y, de acuerdo a lo planteado en el catálogo, dicho panel “se erige plataforma dialógica entre el hacer teatral de las “dos orillas”; académicos y artistas de Cuba y los Estados Unidos examinan aquellos proyectos teatrales que durante estos veinte años han fortalecido nuestros relacionamientos artísticos. Cómo la memoria (individual y colectiva) aporta a la institución en la amplificación de nuevos puentes y trueques”.

Como investigador del cine cubano agradezco muchísimo este grupo de reflexiones. A diferencia de mis colegas del gremio teatral, los estudios académicos del audiovisual realizado por cubanos más allá de la isla, es todavía una asignatura pendiente. Si bien poco a poco va quedando atrás la visión icaicentrista que asociaba la historia del cine cubano a la historia de lo producido por el ICAIC, incorporando al relato oficial producciones audiovisuales antes relegadas a las sombras historiográficas, todavía ese corpus de materiales filmados más allá de la isla permanece en un limbo reflexivo. Lee el resto de esta entrada

GENERACION 0 EN PLURALIDADES

AGNÈS VARDA CUANDO AÚN NO HABÍA TERMINADO “SALUDOS CUBANOS”.

J. de la Colina: ¿Va a hacer algo sobre Cuba?

R: Sí. A mí me ha llamado la atención lo mucho que se mueve y cómo se mueve la gente en Cuba, y quiero dar una idea sobre eso. Pero voy a expresarla con un procedimiento contrario: por medio de las fotos fijas, que luego animaré basándome en los movimientos intermedios. Algo parecido a lo que hizo McLaren en Vecinos. ¿Recuerda usted el film de una flor que crece en la línea exacta entre los jardines de dos vecinos? El film c’est pas bien, pero puede darle una idea de lo que voy a hacer.

J. de la Colina: El movimiento expresado a través de la quietud. Es una concepción dialéctica.

R: Exactamente. He tomado muchas fotografías de los cubanos. No pretendo sorprenderlos y les pido que posen o que se muevan ante la cámara. Me interesa esa complicidad con el retratado.

(José de la Colina. Agnès de 8 a 9.30. La Gaceta de Cuba. Febrero de 1963, Año II, Nro. 13).

LA “REALIDAD CUBANA” EN EL AUDIOVISUAL CONTEMPORÁNEO

Estoy muy feliz con la invitación que me ha extendido el cineasta cubano Manuel Herrera. Se trata, me dice, de organizar una mesa en el contexto del venidero Concurso Caracol, con el fin de reflexionar en torno al modo en que se está representando “la realidad cubana” en al audiovisual de nuestros días.

Ante todo debo declarar que el asunto me interesa muchísimo en su arista epistemológica, y no tanto en la dimensión crítica más estrecha o tradicional, quizás porque cada vez me siento más cercano a la posición asumida en su momento por André Bazin: «La función del crítico no es la de brindar una verdad que no existe sino de prolongar lo más lejos posible, en la inteligencia y sensibilidad de los que lo leen, el impacto de la obra de arte».

Por eso he aceptado la invitación, pero le he comentado a Manuel Herrera que más que reunir un grupo de críticos donde lo que predomine sea el intercambio de opiniones sobre este asunto, me interesaría propiciar un espacio en el cual algunos de nuestros realizadores aporten sus apreciaciones sobre este tan manejado, manipulado, y vapuleado asunto de la representación de “la realidad cubana” en nuestros audiovisuales. Hasta ahora Fernando Pérez (Suite Habana), Ernesto Daranas (Conducta), y Eduardo del Llano (Omega 3) se han sentido entusiasmados con la idea, y han aceptado la invitación a acompañarme ese día en la mesa.

El problema de “los realismos” en el audiovisual cubano brinda muchísima tela por donde cortar. Y, sin embargo, yo siento que el concepto de “realidad cubana” que aún manejamos en nuestros debates y escritos críticos sigue pecando de una visión municipal, y, para decirlo de un modo eufemístico, trasnochada. Es verdad que el cine cubano post-59 logró superar la antigua dictadura de los estereotipos donde la cubanía se asociaba a esas escenas de cabaret en las que no podía faltar la mulata sensual contoneando sus caderas, pero, ¿eso lo hizo más realista?, ¿o acaso no contribuyó a crear universos precarios y excluyentes donde el afán por retratar lo que estaba más a la mano (la superficie social) no multiplicaba los equívocos? Y en el fondo, ¿no estaba la crítica hegemónica demandando ese tipo de mirada ingenua a la zona social?

Nuestro apego crítico a ese modelo de representación ha traído como consecuencia que sólo interpretemos como “realidad cubana” aquello que contenga de modo explícito determinados símbolos o signos ya asentados de cubanía, olvidando aquello que apuntaba Lukács: “El Paraíso de Dante guarda más parecido con la vida, con la esencia de la vida, que la prepotente plenitud de Shakespeare”. En tal sentido, películas como las de Jorge Molina, o Vinci y Omega 3, de Eduardo del Llano, por mencionar apenas tres casos, suelen omitirse en la relatoría de lo que pudiera ser el recuento de la actividad audiovisual que ha reflejado “la realidad cubana” más contemporánea. Lee el resto de esta entrada

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