DE GARCÍA BORRERO A CARLOS LUQUE (2)

Querido Luque:

No voy a extenderme demasiado, porque creo que lo interesante de un buen debate es dejar que las ideas expuestas circulen, sin que las argumentaciones de quienes han hecho públicas sus reflexiones iniciales, se conviertan en escollos para las nuevas contribuciones. Lo interesante y verdaderamente útil es que los demás construyan sus propias conclusiones, en vez de esperar a que un tercero, en teoría más calificado, se las entregue en bandeja.

Pienso que las visiones que ambos tenemos del asunto, aunque encontradas (o quizás gracias a que están encontradas), enriquece la interpretación que podamos hacer del tema. Desde luego que resulta legítimo tu reclamo de que los críticos “ayuden a la gente a ser mejores”, pero esto lo pudiera relacionar con lo que te comentaba con anterioridad. Entre nosotros hay una tendencia bastante marcada a delegar la responsabilidad individual (esa que demandaría la duplicación del esfuerzo del individuo por ir más allá de la grisura cotidiana) en terceros que serían los que al final habrían de garantizar la superación de los respectivos conflictos o carencias. Ese tercero puede ser el Estado, Dios, los padres, los mecenas, o en el caso que nos ocupa, los críticos. Si ese tercero no funcionara, pues el individuo tendría a mano la mejor de las justificaciones para explicarse por qué se encuentra donde se encuentra. Y el deber de esforzarse (que es personal e intransferible) quedaría en un segundo plano. Lee el resto de esta entrada

UN INTERCAMBIO ENTRE FRANK PADRÓN Y JUSTO PLANAS

Estimado Justo:

Tus reflexiones, tanto en la crítica propiamente como en teorizaciones sobre ella -como es el caso- me parecen casi siempre brillantes, ya te lo he comentado puntualmente respecto a uno u otro textos. No por gusto, en la tentativa de mesa para el próximo taller que generó este saludable intercambio, estuviste entre los nombres que sugerí. Sin embargo, me hubiera gustado que en tu aporte, indudablemente valioso, hubieras matizado un poco más. De pronto te me vuelves un incondicional absoluto del ciberespacio, al punto que me parece otra persona la que en un correo anterior me comentaba -y permíteme citarte-:

“Aunque escriba para internet mayormente, soy un gran “necesitado” de los medios impresos, las revistas. Nada se compara con la sensación de leer un trabajo impreso, cuando estaba en el periódico recuerdo la incertidumbre de los lunes y el placer que daba saber que habían publicado mi artículo, verlo, disfrutar del diseño; también la decepción de haber dejado algo y que no saliera, pero son los gajes del oficio también. Internet es muy desorganizado, hay demasiada información y muy mal distribuida, de eso se ha hablado mucho”.

Y continuabas más adelante:

Ahora sí, hoy por hoy, la única forma de llegar en Cuba es a través de la letra impresa. Yo mismo estuve escribiendo para Cubasí una crítica de cine semanal desde que estaba en 4to año de la universidad, y vine a “existir” cuando Trabajadores me dio la oportunidad de hacerlo en sus páginas“.

No sé si es que te has “rendido” ante lo que consideras inminente, pero encuentro entre esas consideraciones recientes y estas últimas, una evidente contradicción.  Repito lo que acoté en mi anterior participación en el debate: no solo conozco, saludo y respeto las posibilidades de Internet, sino que las utilizo, pero lamentablemente, la democratización que implica también ha producido monstruos. Lee el resto de esta entrada

EL SER DEL CINE CUBANO, LAS PALABRAS, Y EL TIEMPO

A un amigo que sabe de mis pesquisas relacionadas con el cine cubano le asombra que yo ande revisando cosas que no tienen que ver expresamente con ese asunto. En estos días me ha visto llegar a la biblioteca de la ciudad, y pedir las más disímiles publicaciones de los años sesenta.

Otras veces he dicho que vivir en provincia tiene su encanto, pero también su precio. Eso de que las estrellas pueden verse desde cualquier punto del planeta sonará muy poético, pero lo cierto es que no es igual investigar, ya no desde una de las bibliotecas de Harvard, sino desde la “José Martí” de La Habana, que desde nuestra “Julio Antonio Mella”. Ahora mismo ya no puedo acceder a la colección íntegra del periódico Granma, ni a la de Juventud Rebelde, ni a la de Trabajadores, porque los ejemplares anteriores a 1991 fueron “descartados” en su momento. De cualquier forma, sigo diciendo que soy un afortunado. Al menos, he podido gozar del privilegio de dedicar buena parte de mi tiempo a aquello que me provoca placer: ver películas, y garabatear palabras a partir de esas imágenes acompañadas de sonido que veo. Aquí, para decirlo como Lezama, lo difícil se ha convertido en lo estimulante.

Pero regreso a lo que le provoca desconcierto a mi amigo: al hecho de que alguien que se ha especializado en el estudio del cine cubano, esté procurando el conocimiento del mismo en zonas donde apenas se le ha tenido en cuenta. Desde mi punto de vista, esa tendencia a la especialización es la que hay que superar de una vez y por todas. Hay que desterrar la idea de que el audiovisual cubano flota, como una burbuja autónoma, por encima de la vida. Eso sería asumirlo como un objeto, y falsear toda su historia a partir del relato que articulamos desde nuestra conciencia (la conciencia de un sujeto que se ve a sí mismo como un pequeño Dios).

Hay que ir a algo más originario y radical. Plantearnos el punto de partida de la investigación casi en un plano ontológico, capaz de explicarnos ya no solamente las películas cubanas desde el punto de vista técnico y estético, sino que describa esa actividad como parte de una actividad mayor nombrada existencia.

Un proyecto investigativo así resulta tan ambicioso que es imposible que descanse en los hombros de una sola persona, por brillante y trabajadora que esta sea. No estoy hablando de recopilar los datos que puedan estar dispersos y que aludan al devenir del cine cubano, sino de algo más complejo: la creación de un equipo multidisciplinario que enfoque a esta expresión en sus más diversos ángulos, que podría ir desde lo tecnológico a la experimentación puramente estética, pasando por un sinfín de matices.

Se me antoja que un buen inicio pudiera estar en la revisión crítica del discurso que ha conformado nuestra noción del cine cubano. Esa revisión implica someter a juicio el lenguaje utilizado, el estudio de la jerga que se ha impuesto, y que desde esa dominancia terminológica ha modelado un mundo que ya habíamos dado por estudiado hasta la saciedad. Descubriríamos que muchas veces no hemos estado hablando del cine cubano, sino que lo que otros (con anterioridad) han hablado del mismo, se está expresando a través de nosotros.

Juan Antonio García Borrero

DE JUSTO PLANAS A FRANK PADRÓN NODARSE

No había tenido tiempo de leer el extenso debate que despertó el tema de una joven crítica de cine, que como es lógico terminó dando espacio a otros análisis sobre la sociedad cubana, Internet… y hasta algo de epistemología. Y digo que es lógico porque solo desde esa visión compleja puede entenderse bien cualquier realidad. Entre los muchos caminos me quedo, solo por el ejercicio de elegir, con el de las nuevas tecnologías y esa “joven” crítica de cine que se menciona.

(Entre paréntesis te digo que me entristece encontrar repetida, en cada optimista o pesimista que escribe, la incapacidad de verse como actor de esa realidad que cuestiona, de la que se duele, o que ensalza. Me niego, en el sentido más íntimo y existencial, a aceptar que los muchos determinismos que describe la teoría no tienen fisuras que le permitan a uno realizar cambios significativos. Por ejemplo, la ACPC —que en lo personal ha sido una bendición—, además de todos esos muros y limitaciones que se mencionan —y yo no le conozco—, se define por estar compuesta por hombres y creo que el mismo Taller prueba que las instituciones pueden ser distintas (aún a pesar de sus limitantes) en la medida que sus miembros estén dispuestos a soñarlas diferentes y quieran batirse por ese sueño, cruzarse de manos es muy fácil, pero también doloroso. Esa filosofía de “esto es así y así seguirá” es la peor cadena que puede tener un proyecto como este de la ACPC al que a fin de cuentas muchos siguen ligados porque muy en el fondo no han perdido las esperanzas.) Lee el resto de esta entrada

GUSTAVO ARCOS SOBRE LA PEDAGOGÍA AUDIOVISUAL EN CUBA

Hola Juany:

Ayer, iniciamos en la Facultad de Medios Audiovisuales del ISA (FAMCA) un proyecto de apreciación cinematográfica. Cerca de su sede en Playa, hay una escuela secundaria y la idea es que con alguna frecuencia los estudiantes interesados de ese centro, puedan tener intercambios acerca del cine, los medios y el arte, con creadores, profesores o alumnos de nuestra facultad. Se escogieron casi 60 adolescentes entre los 14 y 16 años, en un criterio de selección gestado desde la propia secundaria y que pretende “premiar” con esta acción, a los que tengan mejores resultados escolares.

Por un par de horas tuve un curioso encuentro con esos muchachos y muchachas de nivel secundario, donde conversamos sobre el lenguaje del cine, la composición visual, la gramática audiovisual y la televisión. También les puse algunos fragmentos de filmes como Memorias del subdesarrollo y Suite Habana para generar un diálogo a partir de sus interpretaciones. Creo que fue un éxito la experiencia y aunque no todos se mostraron igual de interesados o dispuestos a manifestar sus aptitudes para apreciar el cine, sí, estuvieron muy atentos y quizás hasta sorprendidos  a lo que allí ocurría por vez primera.

De este hecho quisiera comentarte algunas cosas. Mientras dialogábamos, les pregunté si iban al cine con alguna regularidad. La respuesta fue que no, apenas entraban a una sala y solo cuatro (¡!) dijeron haber visitado el cine Yara o Riviera. Correcto, no van al cine, pero tal vez lo vean frecuentemente en sus casas utilizando otros soportes y medios. A este presupuesto se sumaron algunos más, pero tampoco era una opción en su entretenimiento cotidiano, en todo caso me hablaron de las series (españolas) que consumían. Ni uno solo había visto Memorias del subdesarrollo y menos, Suite Habana. Incluso, Y sin embargo, la película de Rudy Mora que ahora está en cartelera y es para todo público había sido vista por muy pocos. Lee el resto de esta entrada

DE GARCÍA BORRERO A CARLOS LUQUE

Querido amigo,
Retomo parte de tu comentario en forma de interrogante, y que lejos de parecerme inoportuno, se me antoja muy legítimo. E inquietante. Preguntas:
Como crítico de cine, o simplemente como hombre también de pensamiento, ¿no te ataca y angustia a veces la idea de que estas escribiendo solo para ti mismo y quizás para un estrecho círculo de lectores o que, cuando hablas y opinas en foros y tertulias, lo haces sólo para una audiencia muy estrecha de interesados que cocinan sus saberes en su propia salsa?
El tema es complejo, y creo que en estos días se han aportado ideas en el blog que contribuyen a esclarecer los nuevos roles del crítico del siglo XXI. ¿Para quiénes tenemos que escribir? ¿Para ese público (o mejor decir: públicos) que supuestamente debemos formar de acuerdo a los ideales estéticos superiores?, ¿o para las grandes minorías (el término es de Juan Ramón Jiménez) que en todas las épocas se han encargado de enriquecer el espíritu humano, único acto que al decir de Heráclito distingue a ciertos hombres de otros que piensan “sólo en saciarse como bestias”?
Mi respuesta. Quizás existió en algún momento de mi vida esa angustia que más bien hablaba del afán de ser reconocido socialmente, aunque encubriera esa avidez del ego con el camuflaje de las buenas intenciones colectivas. Hoy ya no me perturba en lo más mínimo, toda vez que me queda claro que para una inmensa mayoría de personas estos temas (los del cine cubano, concretamente) no resultan relevantes. Y a decir verdad, la gente tiene todo el derecho del mundo a elegir sus propios asuntos de discusión, de acuerdo a sus respectivos horizontes de expectativas. Así que las angustias milenaristas se las dejo a quienes creen tener en sus manos verdades que salvarán al mundo, y que se sienten destinados a comunicarlas a la humanidad antes de que se consuma la catástrofe.
En mi mensaje anterior le comentaba a Gustavo Arcos que a un crítico no debe preocuparle que sus reflexiones le interesen a alguien, sino que le debe interesar (y mucho) a él. La época en que el crítico de cine era una suerte de gurú en la esfera pública, sencillamente terminó por las razones que hemos mencionado. No importa que siga existiendo una prensa oficial, donde parece registrarse de vez en cuando el punto de vista legitimado por la sociedad, con sus jerarquías en cuanto al “buen gusto”. La realidad es la que manda, y esta hace rato que está diciendo otras cosas que todavía no aprendemos a escuchar.
Como todo es multidimensional, la actual descentralización de canales, sin embargo, lejos de angustiarnos, debería resultar algo alentador. No porque terminara la la dictadura de los críticos (surgirán otros con igual tono autoritario, sobre todo si hay dinero por medio, diciendo que esto es lo mejor y punto, porque así lo asegura el nuevo canon construido), sino porque estamos entrando en una etapa inédita de nuestra evolución. Y el pensamiento crítico (no la crítica, que se ve a sí misma como una cumbre intelectual, con protocolos que hay que cumplir si de veras quieres ser considerado “un crítico”) siempre se va a alegrar de encontrar nuevos espacios de libertad.
Lo que sí me importaría, ya no como crítico, sino como persona común que le interesa cultivar el pensamiento a través del ejercicio sistemático del debate, es contar con un grupo, aunque sea mínimo, de personas que sientan igual predilección por esa actividad intelectual. Es cultivando ese presupuesto tan olvidado por el post-iluminismo (me refiero a la fraternidad) que podemos resultar más eficaces a la hora de vivir con intensidad aquello que argumentamos desde la complejidad y las diferencias. Lo que en el fondo responde tu pregunta: no importa llegar a muchos; tal vez con apenas tres o cuatro personas sea posible sostener una conversación que perdurará o no en el tiempo, pero que deja de lado lo pasajero, y atiende a esos problemas que en todas las épocas los hombres han necesitado discutir.
Ya otra cosa sería la impotencia ante las políticas públicas que ponen en peligro la memoria de lo más destacado en la historia del cine. Arcos acaba de introducir un nuevo ángulo del fenómeno (el que tiene que ver con la enseñanza misma de la cultura audiovisual, tan esencial en nuestra época). Allí sí me angustio cuando noto que el discurso crítico es superado por una mayoría que se desentiende de ese legado histórico del cine, deslumbrada con las efímeras promesas de tecnologías que se ponen “viejas” en el día. Y allí es cuando la raída piel de lobo estepario  con la que a veces he intentado cubrir la soledad del crítico resignado, cae al suelo, y todo vuelve a empezar, como al principio… cuándo aún éramos tan jóvenes, y creíamos que era un deber luchar, luchar, luchar…
Un abrazo,
Juan Antonio García Borrero

OTRAS OBSERVACIONES DE GUSTAVO ARCOS

Juany

Respeto las observaciones y puntos de vista expuestos por estos días en el blog. Creo que en muchos aspectos y preocupaciones, coincidimos. Para unos es importante defender el ejercicio crítico, per se, atender el lenguaje, la forma, el estilo, sin prestar mucha atención al receptor de la crítica, colocándolo en un segundo plano de interés, porque a fin de cuentas no sabremos quiénes serán. Otros ven al crítico como ese lazarillo que ayudará al receptor a comprender la obra, a salir de las tinieblas de la ignorancia y al autor a no cometer nuevos errores. Aterrizando en nuestro contexto, el primero es un trabajador por cuenta propia y el segundo es un trabajador social. El primero es Narciso y el segundo Madre Teresa de Calcuta. Pudiera haber otros: el que saca la mano a ver por donde sopla el viento, el que no le importa el filme sino sus premios, el que espera paciente las opiniones del público para después decir todo lo contrario y llamar la atención, el que, como la canción, tiene un millón de amigos, o el psicópata compulsivo que con una lupa estudia cada plano o secuencia, señalando orgulloso las costuras que encuentra. Hay muchas formas de ejercer la crítica o lo que algunos, creen que hacen. No importa quién la haga, lo esencial es que se opere desde la honestidad y el rigor.

En lo personal me interesa mucho más el pensamiento crítico que la crítica en sí, puesto que, aunque hay muchas maneras de acercarse a un filme, a mí me interesa especialmente esa arista que conecta a las obras con el mundo que les rodea. Siento inútil hablar de los valores de una película en particular, colocarla en un pedestal o hundirla en el fango, es un ejercicio de arrogancia que para mí carece realmente de sentido. Siempre me he preguntado quién soy yo, para desmenuzar críticamente una obra y luego, a quién verdaderamente puede importarle lo que yo diga sobre ella. Es un ejercicio fútil, vacío, que no tendrá ninguna trascendencia. Muy pocos recuerdan hoy las opiniones de los más afamados críticos sobre una película o realizador. Lo que perdura es la obra, no que lo que se dijo acerca de ella. Los clásicos del cine están ahí y nadie, ni el mejor o más avezado de los críticos sabrá el valor que tendrá en cien años. Por tanto el mejor crítico es, el Tiempo. Lo demás es entretenimiento, conversación entre amigos, acto social, o forma ( respetable claro está) de subsistencia como cualquier otra. Nuestra memoria es selectiva y sería muy raro encontrar a alguien, que no sea un investigador, recordar lo que se escribió sobre el Ciudadano Kane, Potemkin o para no ir tan lejos, Havanastation. Lee el resto de esta entrada

CRÍTICA Y PENSAMIENTO CRÍTICO

Gustavo Arcos fue honesto al confesarnos que la siguiente interrogante era en el fondo una provocación: “¿Le importa a alguien la crítica de cine hoy en día?”.

Como provocación  me parece que ha funcionado bastante bien. Como pregunta que nos debería llevar al fondo de las cosas, no tanto. El principal problema que veo es que habla de la crítica de cine como algo dado, o ya hecho. Como algo absolutamente ajeno a eso que más tarde sugiere en términos dinámicos: hoy en día.

Piensa en los críticos como sujetos que llegan a la vida con una suerte de encargo mesiánico. Y en la crítica de cine como especie de mueble que hemos heredado, y ahora ya no está de moda. Y sabemos que no es así. La gente que nos ocupamos de este oficio nos hemos ido reconociendo en la misma medida en que la vigilia existencial (ese día a día a que Arcos alude) nos ha permitido tomarnos una tregua, y pensar. Antes que críticos hemos sido seres comunes que algún día decidieron escribir sobre las películas que ven. Que se van construyendo en el camino. Y gracias a ello la crítica de cine (como el cine, o el audiovisual, o la vida misma) evoluciona.  

Yo preguntaría: ¿le ha importado a alguien alguna vez la crítica de cine? Si tomamos en cuenta que sigue siendo dominante el gusto por las producciones adocenadas, por las historias más convencionales, pues uno tendría que admitir que siempre ha sido una minoría la que se ha interesado por esto que Cabrera Infante llamó “un oficio del siglo XX”. Pero en mi modo de ver, el enfoque es incorrecto: en realidad la crítica debe importarle (y mucho) a quienes la ejercen. Son ellos los que pueden contribuir a que, con su autenticidad, otros se asomen a esos universos inéditos. No debe preocuparnos que le importe a alguien; debe importarle (repito: y mucho) al que escribe.   Lee el resto de esta entrada

HA FALLECIDO MARIO TREJO

El pasado 13 de mayo falleció en Argentina el importante intelectual Mario Trejo. Los estudiosos del cine cubano recordarán que Trejo fue de los que viajó a Cuba en los sesenta, y trabajó en el ICAIC, como guionista de películas como Desarraigo.  A propósito de esta trágica noticia le establezco un link a aquella hermosa crónica que en su momento escribió para el blog Fausto Canel.

JAGB

JOEL DEL RÍO SOBRE LA NUEVA Y LA VIEJA CRÍTICA DE CINE

Queridos Gustavo y Juany:

La buena crítica no es nueva ni vieja, pero sí imprescindible. Saldrá de todas las personas, como ha ocurrido siempre y seguirá ocurriendo, que se interesen en mejorar algo y razonar los modos para hacerlo. No puede ser que la presencia del bosque nos impida ver la hoja, la rama y la semilla. Se supone que se iba a razonar sobre la crítica, y excepto las primeras opiniones, las más recientes solo insisten en generalidades pesimistas y desconsoladoras, independientemente de la ración de verdad que puedan contener. Nadie ni Gustavo ni nadie puede responder las preguntas siguientes: “¿Le interesa hoy en día a los espectadores cubanos leer una crítica? ¿Existen aún espectadores en Cuba o son solo obsesivos consumidores de imágenes?” Sin encuestas, miles de opiniones en foros, estudios serios y profundos de opinión, nadie puede responder esas preguntas, a no ser que quiera ser tildado de superficial, o lo que es peor de tratar de convertirse en voz del pueblo sin haberle preguntado nada a nadie.

He logrado materializar algunas de mis deseos profesionales, especialmente dentro del oficio crítico, aquí, hoy, en Cuba. Aunque mi declaro incapaz de clasificarme entre los críticos nuevos o los viejos. Tengo veinte años más que Justo Planas y veinte menos que Enrique Colina. ¿Seré viejo o nuevo o intermedio de acuerdo con el deseo de etiquetar que veo en el fondo de este polémica. De modo que me niego a discutir cuando ni siquiera puedo precisar si estamos hablando con exactitud de la crítica, o de las expectativas y deseos de alguien. No hay que dar la vida, Gustavo, hay que aprender a llegar hasta el final, y dedicarle a esta profesión nuestra toda la fuerza, el rigor y el conocimiento que merece, que se espera de nosotros. Sin creernos tampoco la última Coca Cola del desierto. Se espera que lo hagamos bien, al igual que los panaderos y los arquitectos. Y algo de lo que escribamos tal vez será duradero y merezca ser recordado, y si no lo merece, pues resignarse al olvido. Que tampoco se puede vivir, creo yo, obsesionado por el afán de la trascendencia. Si el azar dispersa y frustra nuestros esfuerzos, y mañana nadie recuerda ni le importa lo que escribió ninguno de nosotros, entonces ello querrá decir eso mismo, que somos escaramuzas, polvo en el viento, conformismo y aceptación que no llegó a ninguna parte. Pero eso no lo puede vaticinar nadie, por fuerte que sea el muerto, la media unidad o emisión de la bola de cristal.

Claro que debemos cambiar el presente. Hablando con sentido, escribiendo, razonando, tratando de enriquecer el universo cultural de unos pocos. Pero nunca debe tratar alguien de que la crítica de cine cumpla con funciones que no le atañen ni desborde su tamaño de grano de arena en compleja geografía de la playa enorme que es la cultura de este país. Repensemos todo, pero con menos ambición y pretensiones. ¿Por qué, para empezar, no hablamos de la crítica de cine? Pero concentrémonos en el tema, porque si vamos a conversar sobre el destino de Cuba, la historia nacional, y el futuro o inutilidad de las batallas generacionales podemos hacerlo también, pero no es este el lugar ni la ocasión. Creo yo.
Un abrazo a colegas, amigos y enemigos.

Joel del Río

 

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