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José Martí en el audiovisual cubano

Los que pinchen el siguiente link de la Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano (ENDAC), podrán encontrar una amplia relación de películas vinculadas a la figura de José Martí.

No es en modo alguno un listado definitivo, toda vez que la ENDAC se propone precisamente como un espacio colaborativo donde, de modo permanente, se comparta información pública vinculada al audiovisual cubano, sin importar el lugar donde ese audiovisual se haga, las fechas, o los modos de producción.

Martí ha sido desde temprano una figura controversial para el cine cubano. Piénsese en lo vivido por Jean Angelo a raíz de su filme La que se murió de amor (1942), también conocido como Martí en Guatemala y La niña de Guatemala, para comprender que todo intento de humanizar al Apóstol en la pantalla estará condenado a fomentar los más enconados desencuentros.

Debo decir que en lo personal nunca me he sentido obligado a ser como Martí, sino en todo caso a ser con Martí. Porque en lo personal ese es el legado que más aprecio: su vocación para entender la vida como algo inclusivo, no excluyente. Esa filosofía suya de vida, que tiene que ver con lo asertivo, es lo que muchas veces ha inspirado en mí el deseo de intentar entender las razones de los otros, aunque esas razones no sean las que yo comparta en el plano personal.

Creo que Martí seguirá siendo durante mucho tiempo una suerte de vasto territorio donde uno va encontrando señales que ayudan a entender el mundo, no como abstracción, sino como algo concreto que hay que tomar en el día a día.

Y luego está esa empatía con los que tienen menos, con los que en su comentario al famoso texto de Spencer sobre la nueva esclavitud propuesta por el socialismo, él anota que más allá de las críticas que se hacen al colectivismo, al final quedaría el imperativo de resolver la misma situación precaria que originó la utopía socialista.

En las películas que aquí se relacionan hay distintas maneras de apropiarse de Martí, desde la aplaudida forma en que Fernando Pérez lo dibuja en El ojo del canario, pasando por los disparates del Indio Fernández en La rosa blanca (1954) o Gordon Douglas en Santiago (1956), hasta llegar a esos animados que se inspiran en sus poemas.

Lo ideal es que, a partir de ahora ese mapa de Martí en el audiovisual, crezca sistemáticamente con los envíos de información que realizadores y lectores conectados a la red, se sientan motivados de enviar a la página.

Juan Antonio García Borrero

De García Borrero a Mario Crespo sobre el anticine cubano

Querido Mario:

Siempre será un placer recibir tus comentarios en el blog. O más bien tus colaboraciones, porque no estamos hablando de simples opiniones personales, sino de razonamientos bien argumentados, que enriquecen el punto de vista original, o sencillamente, matizan o corrigen lo que se dijo en un inicio.

Eso es lo que he tratado de defender en “Cine cubano, la pupila insomne” a lo largo de estos años. ¿Recuerdas que alguna vez lo llamé “nuestro tren de cercanías”? Aquí lo que nos ha unido no es el deseo de demostrar que se sabe más, sino en todo caso, el deseo de querer saber más. Porque al final, todos estaremos siempre aprendiendo, por mucha información que tengamos en las manos, y mientras exista respeto a las personas que exponen las ideas, serán bienvenidas esas diferencias entre los puntos de vista.

Ahora, pasando de la teoría a la práctica. En realidad, hace mucho tiempo que ya sabemos que por cine cubano hablamos de un fenómeno mucho más complejo de lo que en cierta época nombramos “icaicentrismo”. Esto ha sido asumido por el propio ICAIC, y un grupo de investigadores, encabezados por Luciano Castillo en la Cinemateca, se esfuerzan por reconstruir de modo exhaustivo todos estos mapas.

El problema, a mi juicio, es que todavía no contamos con una herramienta que nos permita pensar el fenómeno audiovisual, “como un todo”. Inconscientemente seguimos asumiendo esa Historia del audiovisual cubano como la sumatoria de muchos espacios: el espacio del ICAIC, el espacio de la Muestra Joven, el espacio de los estudios de la FAR, el espacio de los Estudios de la Televisión, el espacio del cine aficionado, y así hasta el infinito…

Por supuesto, un solo individuo, por buena voluntad que tenga, jamás podrá reconstruir por sí solo ese mapa en su totalidad. Siempre faltarán películas, autores, poéticas, hechos. Pensar lo contrario sería concederle a ese individuo dones providenciales o divinos, que le permiten, como Dios, verlo todo. Y, por otro lado, el cine no es solamente el conjunto de películas que vemos y las personas que las hacen.

Cine es tecnología que se usa, fantasías que se viven dentro de una sala oscura, memorias que se comparten y que no siempre reproducen con exactitud lo vivido, críticas que se leen, negocios que prosperan o se frustran. El cine es esencialmente un hecho social, no artístico, y algo transnacional, no nacional. El nuestro empezó con un francés (Gabriel Veyre) que trajo desde Francia, pasando por México, entre otros países, una tecnología francesa, y filmó su simulacro de incendio para complacer a una española (Mario Tobau).

Cuando se cuenta la Historia a secas, eso es apenas un relato, pero en la Historia-Problema que desde hace tiempo se impulsa y que es la que me interesa, allí hay un montón de cuestiones que todavía esperan por un cabal desciframiento. Para colmo, ninguno de nosotros estuvo “allí”, por lo que a la hora de reconstruir los hechos tenemos que partir de lo que ya otros han afirmado, y pasarlo por nuestro propio filtro interpretativo. Dicho de otro modo: aunque recuperemos los hechos, la Historia la estaremos construyendo a partir de ese momento, sin poder evitar un montón de sesgos que, como humanos, cargamos en la vida. Ángel Ganivet lo resumía de un modo genial: “El horizonte está en los ojos y no en la realidad”.

Regreso a la práctica, como te mencionaba más arriba: ¿será posible articular en algún momento todos esos innumerables espacios en los que se ha hecho y se hace cine cubano? ¿O sobre cubanos? ¿O desde lo que imaginan los cubanos, vivan donde vivan? Como seguramente sabes, desde hace unos tres o cuatro años trato de impulsar lo que he llamado la Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano. Es un sueño que ha ido creciendo, y que he presentado en varios escenarios. Todavía no está ni a un veinte por ciento de como sueño sea, pero ya existe como herramienta. Lamentablemente aún no consigo que se generen a su alrededor complicidades prácticas y colaborativas, que es lo que más importaría. Aún se sigue pensando el audiovisual cubano desde las insularidades, y cuando se toma en cuenta la diversidad, entonces todo aparece desarticulado, informe.

Yo creo que es preciso construir una plataforma que nos permita apreciar la complejidad de lo que se estudia (el audiovisual cubano en sus más insospechadas modalidades), sin conceptos preconcebidos, pero que a su vez estimule el intercambio civilizado de ideas a través de las cuales podamos hacer justicia con lo que se ha hecho, pero también estimule la investigación de campos cuyas relaciones entre sí no imaginábamos.

Pongo tu propio ejemplo. En la entrada que ya tienes en la ENDAC aparece lo que realizaste en Cuba, pero también información sobre tu filme Lo que lleva el río, realizado en Venezuela. Si me guío por la Historia canónica, esa producción tuya realizada fuera de la isla no hay que tomarla en cuenta. Lo mismo pasaría con El bosque de Andrei Tarkovski o Dies Irae, ambas de Tomás Piard, o con los filmes realizados por Rolando Díaz.

Menciono apenas tres ejemplos, pero el número de películas filmadas por cubanos fuera de la isla es sencillamente inabarcable. Y eso, a mi juicio, formaría parte también del patrimonio audiovisual de la nación, entendida esta como algo imaginado que siempre llevas en el pecho, aunque te alejes de la isla, aunque no estés de acuerdo con su gobierno, o aunque no regreses nunca más.

Como ves, el tema es más complejo de lo que podamos imaginar. Hoy estamos hablando tú y yo de toda esa producción del Taller de Cine de la AHS, de los Estudios de Televisión Cubana o de la FAR, pero mañana vendrán las quejas por esa producción que ahora mismo se realiza más allá del ICAIC y que sigue siendo invisible, porque existen hábitos perceptivos que no se destierran de nuestra mente por decreto.

Mientras tanto, pues lo que no hay es que esperar a que los otros nos den un espacio y nos hagan visibles. La responsabilidad siempre es nuestra, y únicamente nuestra. O al menos empieza por el individuo. Como decía Sócrates en su tiempo: “Háblame, para que yo te vea”.

Te abrazo fuerte, y otra vez te agradezco el comentario.

Juan Antonio García Borrero

Presentación de la ENDAC en la Feria del Libro de La Habana

Los organizadores de “Cuba Digital” que tiene lugar en el marco de la actual Feria del Libro de La Habana, me han invitado a presentar la Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano (ENDAC), mañana sábado 8 de febrero, a las diez de la mañana.

Quiero agradecer públicamente esa deferencia. Como quedó demostrado ayer en la presentación que hiciéramos de esta plataforma en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, el intercambio con los usuarios de la misma siempre será más importante que la concepción aislada por parte de los gestores.

Para mí fue sumamente importante escuchar las recomendaciones de los participantes. Hay que recordar una vez más lo evidente: este tipo de Enciclopedia funciona mediante la inteligencia colectiva, y las contribuciones que en lo público pueden hacer sobre todo los usuarios de las redes, pero sin perder de vista el extraordinario legado que ya existe vinculado al estudio del cine cubano.

No en balde decidí iniciar la presentación con una observación que en su momento hiciera Pascal: «Lo que resulta nuevo no son los elementos, sino el orden en que se los coloca». Esto quiere decir que, a estas alturas, resulta imposible soslayar los formidables aportes que investigadores del cine cubano de la talla de Arturo Agramonte, Luciano Castillo, María Eulalia Douglas, Raúl Rodríguez, por mencionar apenas algunos, ya nos han legado.

La ENDAC lo único que hace es conectar en una misma plataforma todas esas miradas que existen distanciadas entre sí, propiciando que los estudiosos del cine cubano (o de la cultura cubana en general) puedan construir sus propias rutas de aprendizaje, a partir de una navegación transversal, donde además de la Historia de las películas y los cineastas, encontremos la Historia de las tecnologías que se han usado, o la Historia de los eventos, de los espacios de socialización, o de los libros que se han encargado de describir el entorno audiovisual.

Por otro lado, estaría el enfoque transnacional, toda vez que estamos hablando de una práctica cultural que se nutre del permanente nomadismo tecnológico (el francés Veyre arribó a Cuba desde México, con la tecnología de los Lumiére en su equipaje, y terminó rodando para la española María Tobau su Simulacro de incendio).

Por tanto, con la ENDAC lo que se facilita, gracias a las características de estas tecnologías que ya tenemos en nuestras manos, el acceso a contenidos que normalmente tendríamos que estar buscando en un montón de libros impresos en papel, así como la gestión dinámica de esa información que, usada de un modo creativo, puede transformarse en conocimiento útil.

Juan Antonio García Borrero