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Un ejercicio con el Decreto 349

Con esta breve reflexión que comparto con los amigos del blog, no estoy modificando mi decisión de retirarme del debate público en torno al Decreto 349. Pero me parece interesante dar a conocer lo ocurrido hoy en el encuentro final del Taller “Cine, pensamiento crítico, y creatividad” que impartí durante algunos meses en el ISA de Camagüey.

En el encuentro del mes pasado, cuando estábamos en medio de los debates tan intensos que se originaron aquí, compartí con los alumnos algunas impresiones, en tanto ya ellos habían leído buena parte de los intercambios y tenían sus criterios. Entonces les recomendé que estudiaran con rigor el texto, sobre el cual discutiríamos en nuestro último encuentro como parte de la evaluación final.

Hoy llegaron, efectivamente, muy bien preparados, pero les dije que el debate iba a tener un carácter algo inusual. Así que dividí el grupo en dos subgrupos: uno defendería el Decreto 349; el otro lo iba a refutar.

Cuando le pregunté a uno de ellos qué prefería hacer, y me dijo con mucho énfasis que oponerse a la norma legal, entonces le pedí que su equipo se ocupara justo de lo contrario: defenderían el Decreto y harían todo lo posible por convencer a sus oyentes de lo positivo que es el mismo. No le gustó mucho la idea, pero le recordé que en ello le iba la evaluación: y que, sobraba decirlo, debía hacerlo bien. El otro grupo se encargaría de las impugnaciones.

Debo confesar que hace rato no sentía a mis alumnos tan motivados en una clase. Y tan participativos y creativos en lo intelectual. Los dos equipos mostraron pasión en sus exposiciones. Y al establecer una argumentación desde la empatía (es decir, ponerse en la piel del otro para entender sus razones, que no es lo mismo que mostrar simpatía) consiguieron construir un debate que funcionó sobre la base del conocimiento riguroso.

Eso permitiódetectar lo positivo y lo negativo que puede esconderse detrás de esas murallas de prejuicios que muchas veces no nos deja ver cuál es la esencia de una propuesta que, a primera vista y con demasiada prisa, se nos antoja enemiga. Esta vez no hablamos de ganadores y perdedores, en tanto todos adquirimos conocimientos nuevos.

No sé cómo recordarán ellos, futuros artistas que deberán lidiar con los espacios públicos de una Cuba bien impredecible, este modesto ejercicio intelectual que invita a la construcción de un pensamiento crítico y autocrítico. No sé cómo lo recordarán ellos, pero en mi caso voy a retenerlo como uno de esos instantes de luz colectiva, donde ves en lontananza la posibilidad real de una Cuba en la que la inteligencia asertiva se percibe como la norma, y no como la excepción.

Juan Antonio García Borrero

Antonio Rodríguez Salvador sobre el Decreto 349

Acabo de ver que en La Jiribilla, Antonio Rodríguez Salvador escribe un artículo a propósito de mi deseo público de no hablar más del Decreto 349. Y tras la lectura del mismo se me reafirma la intención de alejarme del debate, toda vez que Rodríguez Salvador da un pasito más en eso que a mí tanto me inquieta: la compulsión de algunos para descargar el mazo en la cabeza de quienes no acabamos de hacer una interpretación cabal de lo que el Decreto 349 propone.

Por supuesto, Rodríguez Salvador se salta la lectura de todo lo que aquí hemos estado proponiendo en forma de debate civilizado, y con el fin de no quedarse atrás en el arte de simplificar que me endilga, termina sugiriendo que yo estaría entre quienes no se sienten afectados por la chabacanería y el mal gusto que circula en los espacios públicos.

Como si los análisis que aquí se han estado articulando no estuviesen dirigidos, precisamente, a pensar en una Política Pública efectiva a la hora de estimular el sentimiento cívico en la ciudadanía. Como si, a diferencia de esa posición suya que asume que lo que está en su cabeza es lo que piensa el grueso de la población cubana, aquí en el blog no se hayan compartido dudas, interrogantes, pensadas desde lo que la inteligencia colectiva y el sentido común nos pudieran indicar.

De todos modos, reitero lo que dije en mi post anterior: quiero luchar en la práctica por lo mismo que el Decreto parece proponer en lo abstracto. Pero quiero menos palabras y más hechos que demuestren la efectividad de lo que se propone. Y para eso necesitamos que el Estado sea el primero en concederle al espacio público un perfil cercano a lo que idealmente se describe.

¿De verdad que es con la apología al mazo que lograremos eso? Cada quien que piense lo que estime, pero yo creo que de la misma manera que se necesitaría un mazo para callar a algunos, necesitamos otros para despertar a los que, cruzados de brazos, esperan un Mesías disfrazado de Decreto.

Juan Antonio García Borrero

A propósito de un post de Juan Antonio García Borrero

No voy a empezar citando a Nietzsche

Por Antonio Rodríguez Salvador • Cuba (lajiribilla@cubarte.cult.cu)

Me voy a acordar de mi origen guajiro, y no voy a empezar citando a Nietzsche —según hace Juan Antonio García Borrero en su más reciente post sobre el Decreto 349— , sino a un antiguo refrán español: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

Colocado el refrán en contexto, significa que hay dos vías primordiales para enfrentar cualquier tendencia negativa que afecte a los miembros de una sociedad. Una, referida a la promoción de valores que eduquen en las llamadas buenas costumbres, y otra, dirigida a reprimir tales desviaciones.

En fin, si con la implementación del Decreto 349 estamos, obviamente, hablando del mazo, me pregunto entonces por qué García Borrero pretende desviar el tema tan solo hacia Dios.

En toda generalización aguarda una trampa en contra de quien la enuncia. Quiero decir, lo que un simple individuo pretenda mostrar como el non plus ultra del universo, finalmente puede terminar resultando una exagerada simplificación de las cosas.

Me parece que García Borrero simplifica bastante cuando afirma que “todo lo que se ha escrito en las redes sobre el Decreto 349 ha sido generado para el mero autoconsumo de quienes se expresan”. De entrada, esta no solo es una visión muy particular, sino que destaca además por ser muy sesgada en su aspecto genérico.

Cabe preguntarse por qué tal énfasis en las redes cuando el más importante debate no es ese, sino el ocurrido en la calle. No recuerdo que en los últimos años se le haya dedicado a un decreto tanto espacio en la prensa, la radio y la televisión. ¿Y dónde están las protestas masivas, los debates críticos interminables en las paradas de ómnibus?

PD: Para seguir leyendo el artículo de Antonio Rodríguez Salvador, pueden pinchar aquí.

Diciendo adiós al 349…

Debo confesar que la lectura del artículo Veinte aclaraciones sobre el Decreto para la protección de la cultura en los espacios públicos, publicado recientemente en La Jiribilla, trajo a mi mente aquella observación que Nietzsche dejara anotado en Aurora: Desde que el mundo es mundo, ninguna autoridad ha consentido ser objeto de crítica”.

Y es que si no fuera por la activa participación pública del viceministro Fernando Rojas en el intercambio, hubiese jurado que todo lo que se ha escrito en las redes sobre el Decreto 349 ha sido generado para el mero autoconsumo de quienes se expresan.

No es que el artículo de La Jiribilla ofrezca falsedades, pero al posicionarse de modo tan categórico en lo que considera una retahíla de malas interpretaciones del Decreto, está decretando la clausura del debate más allá de sus muros: podría preguntarse uno, ¿así que todo lo que se exponga críticamente en el asunto merece ir directamente a la papelera de reciclaje?, ¿no ha existido en el conjunto de objeciones y lecturas menos complacientes algo que se pueda salvar?

De todos modos, el debate ha dejado lecciones que, bien aprovechadas, mañana pudieran resultar útiles si quisiéramos, por fin, convertir al espacio público en suerte de “aulas inteligentes” donde estén garantizados los derechos y deberes culturales de toda la comunidad. Pero para ello se tendrá que intervenir en esos espacios de un modo creativo, con Políticas Públicas que regulen la circulación del arte y la cultura, pero al mismo tiempo, estimulen la constante interacción.

Lamentablemente, por el momento solo aprecio en el sistema institucional la mera actitud defensiva. Es una percepción personal que, obviamente, se nutre de lo que tengo a la mano (supongo que otros tendrán experiencias más positivas que describir). En este sentido, ojalá que junto al Decreto 349 surjan disposiciones legales que ayuden a establecer en el Paseo Temático del Cine de Camagüey, por ejemplo, alianzas estratégicas entre las áreas de Cultura y Educación, que permitan la formación de ciudadanos con verdadera conciencia cívica.

Porque, al final, todo nace allí: en la educación eficiente. Los decretos, las leyes, intentan articular un mundo ideal. Pero el mundo de la vida, ese donde nos movemos a diario, ese donde nos convertimos en mejores o peores personas, en gente alegre o amargada, en seres egoístas o solidarios, necesita de otro tipo de regulación por parte del Estado.

Para mí ha sido un buen debate… en abstracto. Pero es hora de volver a lo práctico: al espacio concreto (La Calle de los Cines) donde, teniendo el Estado en sus manos todas las posibilidades de convertirlo en un área de permanente irradiación cultural, persevera como un páramo. ¿Cómo vamos a exigirle resultados cívicos a un Decreto si en la práctica nos cruzamos de brazos?

Esa es para mí la gran pregunta, que no se resuelve con un texto legal, sino con un plan de acciones concretas.

Juan Antonio García Borrero

PD:

Ponemos a disposición de los interesados un PDF donde se han compilado buena parte de las intervenciones vinculadas a esta polémica.

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De Ernesto Daranas a Fernando Rojas

Gracias por la atención, Fernando.

Te confieso que no me siento en condiciones de discernir qué cosa es “lo mejor de la creación”, por lo menos no en todos los casos. Creo, eso sí, que una úlcera no se cura con aspirinas y por eso soy más partidario de las estrategias culturales diseñadas para sembrar que para cortar las malas hierbas. El mal gusto y la chabacanería que ocupan a una parte del 349, además de relativos, no surgen por generación espontánea. Esa es una arista esencial del verdadero problema y no creo que la respuesta al mismo quepa en un decreto.

Coincidimos en que algo ha de hacerse, pero no debemos poner la mira en los síntomas obviando la raíz del asunto. ¿De qué magnitud es el impacto cultural de esta crisis que ya dura tres décadas? ¿Cuál es su huella en nuestras escuelas, en nuestros hogares, en nuestra manera de hacer política y en cada uno de nosotros mismos? ¿De qué modo las reformas de los últimos años están ofreciendo respuestas a esos y otros problemas? ¿De qué manera las condiciones de vida y el propio poder adquisitivo determinan los modos de generar y consumir cultura, así como los propios contenidos del arte que en Cuba se hace? En consecuencia, ¿qué estrategias culturales serían las más efectivas para que las reformas económicas y las inversiones que se hacen repercutan de una manera mucho más clara en la calidad de vida de la gente y en sus modelos de relación con el arte, el ocio y la cultura, entendidos en su sentido más amplio?

A esto, entre otras cosas, me refiero cuando hablo de elefantes y por eso rebaso en mi comentario los que considero estrechos y difusos límites del 349 y de la Gaceta 35 en su conjunto.

Excelente la noticia de que el Payret recuperará sus funciones históricas. Estemos o no de acuerdo, celebro que seas parte de este diálogo. Creo que nuestros medios y nuestro pueblo agradecerían que intercambios de esta naturaleza no queden restringidos a la red. Esa sería otra manera útil de trabajar en la dirección que al 349 le interesa. Después de todo, tal vez el más claro acierto del decreto haya sido el propio debate que propicia, la diversidad y las luces que deben derivarse del mismo.

Ernesto Daranas.

Fernando Rojas sobre el texto de Ernesto Daranas

Doy la bienvenida al texto de Ernesto Daranas. Con justicia y con el necesario talento crítico apunta al modelo de relación de la institución con los artistas que es el debate sobre la transformación de las regulaciones para la producción cinematográfica, ya virtualmente concluido con el establecimiento del registro del creador audiovisual y del marco legal para la actividad de las productoras independientes. Eso tiene mucha importancia en el debate, pues una de las confusiones frecuentes sobre el decreto para la protección de la cultura en el espacio público consiste en la suposición de que el artista audiovisual puede ser contravenido, cuando en realidad el Decreto no modifica nada de lo regulado para la circulación del arte y sus redactores trabajaron sobre la base de que entre estas regulaciones están, con pleno derecho, las nuevas que elaboraron de conjunto el ICAIC y los creadores audiovisuales.

En esta lógica, consistente en referir lo que dice el texto y lo que precisa la norma complementaria que hemos discutido, artículo por artículo, con miles de personas, debo discrepar con Daranas en su pasaje sobre el Benny, pues el Decreto en modo alguno obstruye al autodidacta. Por el contrario, todo lo que expresa en letra y espíritu apunta a defender lo mejor de la creación, con independencia de si el artista ha estudiado en una academia o no.

Un largo pasaje se refiere al Payret y encomia la labor de la oficina del Historiador de La Habana, además de señalar otras insatisfacciones relacionadas con espacios ubicados en el ámbito de esa entidad tan justamente reconocida.

Sobre este tema, la propia Oficina del Historiador tiene una atención muy directa y un importante acumulado de aciertos y, con toda, seguridad, dejará claro que el Payret será un cine, un teatro o ambos, y que prestará servicios al público cubano.

El texto de Daranas está titulado como El 349, hormigas y elefantes, pero se refiere a algunos asuntos que no tienen que ver con el Decreto para la protección de la cultura en los espacios públicos.

Celebra eso también, aunque debo reiterar que el Decreto se refiere estrictamente a la realización de presentaciones en espacios públicos, sin modificar nada de lo regulado al respecto. En un texto anterior publicado en este mismo Blog, expliqué las novedades de esta regulación, que le da más capacidad a la institución cultural para enfrentar agresiones a la ciudadanía en espacios públicos que pretenden pasar por arte sin serlo. Los asuntos del patrimonio arquitectónico, de los escándalos públicos y otros que se abordan en el texto, que son competencia tanto de las instituciones de la cultura como de otras, son por supuesto también temas de la cultura y coincido con Daranas en que merecen toda la atención.

Por último si la referencia a las “hormigas” significa la preocupación porque no se enfrenten las cuestiones más trascendentales, ese sería ya un problema no de las regulaciones sino de su implementación. Pido perdón por reiterar una vez más que la voluntad del Ministerio de Cultura y sus instituciones es la de enfrentar violaciones muy flagrantes, muy obvias, muy claras y que tienen mucho consenso sobre su carácter dañino a la población.

Fernando Rojas (Viceministro del Ministerio de Cultura)

Veinte aclaraciones en La Jiribilla sobre el Decreto 349

Veinte aclaraciones sobre el Decreto para la protección de la cultura en los espacios públicos

Tomado de La Jiribilla

12 enero 2019 | + |

Después de iniciada la ofensiva institucional para aclarar las dudas e inconformidades con el Decreto 349 y una vez anunciada la redacción de la obligatoria Norma Complementaria, varias inquietudes se han reiterado a pesar de los evidentes esfuerzos de las instituciones y los medios de comunicación por divulgar las múltiples intervenciones de los directivos del MINCULT, los debates que han sostenido con los artistas y escritores y otra gran cantidad de información sobre el tema.

A ello se une la persistencia de una feroz campaña contra Cuba, la Revolución y sus dirigentes, en un escenario en el que la lectura responsable de la información que circula por todos los medios, tanto convencionales como digitales, no es virtud común.

La Jiribilla organizó un análisis detallado de los principales planteamientos, críticas y dudas desde el inicio de los debates, con énfasis en los del último mes y dialogó con varios artistas y con funcionarios del Ministerio de Cultura para elaborar en forma de preguntas y respuestas el material que sigue. Para ello se han consultado más de veinte medios de comunicación de diversos tipos, procedencias y enfoques.

1- Se ha reiterado que el Decreto para proteger la cultura en los espacios públicos va contra el artista independiente.

No es cierto. Si se quiere decir que independiente es el que no trabaja con ninguna institución, de ello no se habla en el Decreto.  Si un artista que no esté vinculado a las instituciones incumple lo establecido para la contratación o la venta de bienes culturales, incurre en la misma violación en la que incurriría cualquier otra persona natural. Si utiliza, exhibe o difunde producciones nacionales o foráneas, con el empleo de pornografía, promuevan y exalten de forma injustificada la violencia, el lenguaje sexista, vulgar, obsceno y discriminatorio por el color de piel, género, orientación sexual, discapacidad o cualquier otro lesivo a la dignidad humana; incurre en la misma violación que cualquier otra persona natural o jurídica. Por tanto, no hay ningún tratamiento selectivo a este tipo de artista independiente. Lee el resto de esta entrada

Ernesto Daranas sobre el Decreto 349

El 349, hormigas y elefantes.

Querido Juan Antonio, me incorporo tarde a este intercambio, pero hasta hoy no había tenido tiempo. Suscribo tu análisis y buena parte de lo que en tu blog se ha venido compartiendo. Junto a otros criterios, como el de Guanche en La libertad de creación, la nueva Constitución y el 349, se ha ido conformando un atendible cuerpo de ideas con un valor extensivo a las regulaciones de la Gaceta 35 (que contiene al decreto 349). La polémica desatada por este documento evidenció la distancia del legislador con respecto al verdadero papel de la cultura y al decisivo rol del sector privado nacional como parte de las respuestas a los problemas de toda índole que enfrentamos.

Si nuestro sistema legal es una gran sábana de retazos se debe, en no poca medida, a que su afán regulatorio ha prevalecido sobre la necesidad de generar un ordenamiento cívico, político y económico real, propiciador de desarrollo. En ese sentido, como dice Fernando Rojas en uno de sus comentarios, es cierto que están a punto de implementarse una parte de los reclamos que los cineastas hemos hecho durante ya más de una década; pero la Ley de Cine, nuestro objetivo mayor, justo por su capacidad de generar un sistema y una estrategia cultural integral para el cine cubano y la cultura cubana en su conjunto, sigue esperando. Esta comprensión de la importancia de articular sistemas -más que normas puntuales- que generen cultura, reglas de convivencia, derechos, oportunidades, prosperidad, inclusión y diversidad, continúa siendo la asignatura pendiente que explica buena parte de las limitaciones de partida de la Gaceta 35.

Los cambios de los últimos años no solo no han traído las mejoras que esperamos, sino que cuesta entender qué persiguen, hacia dónde nos conducen y de qué modo abrirán las puertas a ese socialismo próspero y sostenible. Tras 60 años de Revolución la nueva Constitución no logra despejar estas dudas y los lineamientos que nos guían parecen abstracciones de nuestros problemas concretos. La política no puede ser tan enrevesada para la gente. Algo está mal si se necesitan seminarios, ministros y rectificaciones para explicar lo que se ha querido decir en un texto legal ya publicado en la Gaceta. En ese sentido, lo que preocupa del 349 no es solo lo que pretende controlar, sino los vacíos que se aprecian en zonas que sí deben ser competencia de nuestra cultura. Lee el resto de esta entrada

Cine, tecnologías, y vida cívica

Ya no nos acordamos cómo fue que el ruido comenzó a invadir nuestro espacio público, hasta convertirse en una segunda piel de la sociedad. La mala memoria nos hace creer que las culpables son esas sofisticadas tecnologías que ahora permiten que el individuo se desplace con eso que considera que es “música” a donde quiera que vaya.

Pero, en realidad, entre nosotros esto empezó hace mucho. Yo nunca he podido ver de nuevo aquel corto de Juan Carlos Tabío titulado El radio (1976); lo vi muy joven, y, por supuesto, en aquel momento no conseguía entender hacia dónde iban los dardos críticos.

Sencillamente me parecía simpático observar a Tony González (San Antonio de los Baños, 1941- La Habana, 1979), atravesando la ciudad con su inmenso radio sobre los hombros, en un gesto idéntico al de los jóvenes que hoy imponen sus bocinas, emplazándolas allí donde les parezca más conveniente.

Más tampoco pensemos que es algo que le toca exclusivamente al cubano. Se trata, también, de un problema de época donde la utopía de un locus amoenus ha sido reemplazada por la falsa festividad, y que Nietzsche, en su libro La ciencia jovial ya comenzaba a describirnos:

Antiguamente se quería para sí una reputación: ahora eso ya no basta, puesto que el mercado se ha vuelto demasiado grande –se tiene que ser conocido a gritos. La consecuencia es que incluso las buenas gargantas tienen que desgañitarse, y las mejores mercancías serán ofrecidas por voces enronquecidas: hoy ya no hay más ningún genio sin la gritería del mercado y el enronquecimiento.

Sin duda, ésta es una mala época para el pensador: tiene que aprender a encontrar su silencio aún entre dos ruidos, y a hacerse el sordo por tanto tiempo, hasta que llegue a serlo. Mientras aún no ha aprendido esto, ciertamente está en peligro de perecer de impaciencia y de dolores de cabeza”.

Juan Antonio García Borrero

Carta de un padre ante el 349

Estimado Juani:

Como padre de un niño de 7 años, y ante la exhibición indiscriminada y gimnástica de senos, culos y remeneos penetratorios que emiten las pantallas planas de las cafeterías (como en La Caribeña, en Obispo) ante los ojos de los niños y niñas, o el perreo de éstas en las actividades escolares, no es una coartada válida agitar el fantasma de la libertad del arte. No en este caso, cuando los contenidos audiovisuales son proyectados en el espacio público, no en el entorno de una galería de arte, un cine de ensayo o la intimidad de tu casa. (https://es.wikipedia.org/wiki/Desnuda )

Cuando esto sucede, entran a “jugar” las más sencillas reglas de convivencia social, vigentes en todo el mundo, y que también regulan el trato hacia las diferentes religiones (como nuestra Constitución, que define laico al estado, y enarbola el respeto a todas las creencias), o la dignidad de todas las personas, sean gordas o flacas, calvas o de “sexo diverso” (¡o todo a la misma vez!)

Nuestra vocación liberal no puede llegar a extralimitar o confundir el uso “del arte” en los espacios sociales ante lo que es ya un atentado masivo contra la niñez. Y que está provocando- unido a factores escolares y familiares- la hiperesexualización de los niños, y la consiguiente deformación de los fundamentos ético-sexuales de sus personalidades.

¿Es que – en base a las veleidades de la dichosa “libertad” permitiremos también que en horarios de afluencia libre de públicos diversos estas pantallas emitan la pornografía que –legítimamente tengamos reservada para las alcobas de las diversas familias o parejas cubanas?

Lo que es íntimo, es íntimo. Lo que es público, así será. Y está regulado por ley.

No por la ley del ICAIC -firmada en marzo del 59- sino por el Código Penal, que considera punible la exhibición pública de órganos sexuales, o la comisión de actos sexuales en público, junto a otros como la pederastia o la incitación a la violencia. Como ejemplifica el código británico, SEXUAL OFFENSES ACT (https://www.legislation.gov.uk/ukpga/2003/42/contents ) y nuestro propio código penal.

El Estado tiene la potestad y la obligación de proteger el sano desarrollo de la infancia y la juventud, como indica el Código de la Niñez y la Juventud aún vigente. Del mismo modo que debe protegernos de las prácticas monopólicas de los “tarimeros” del agromercado, del robo en las tiendas TRD, o la escasez crónica de medio siglo, o la garantía de una salud universal, gratuita y de calidad.

Sin embargo, el problema (uno de ellos) del 349 es la desmesura carpenteriana de su concepción, que convierte en complejo lo que es simple. Lee el resto de esta entrada

De Fernando Rojas a García Borrero

Juan Antonio:

Coincido plenamente en la necesidad de que la política cultural tenga en cuenta las transformaciones en el consumo. Por eso mismo se legalizan las productoras independientes, se habilita el registro del creador audiovisual y se estudian las galerías privadas y los estudios de grabación particulares.

También coincido en que nadie puede por su cuenta decidir sobre calidades. Todo lo que he dicho y escrito sobre este último pasaje puedo resumirlo en dos líneas: deben decidir el público y la crítica, lo que nos traería a nuevas polémicas y reflexiones.

Te recuerdo que expliqué en Camagüey y en nueve provincias más que todas las decisiones sobre medidas asociadas al 349 se tomarán colectivamente, con la participación de los mismos escritores y artistas. Al mismo tiempo, no tengo más remedio que repetir que el decreto no cambia nada de lo establecido para la circulación del arte y que las críticas a esas regulaciones no son críticas al 349 y llevan otro tratamiento.

El 349 introduce solo tres novedades: más capacidad para actuar contra la contaminación sonora, capacidad para enfrentar agresiones muy claras al bien común estrictamente en actividades públicas (sobre lo que se decidirá, subrayo otra vez, colectivamente) y, en consecuencia con las dos anteriores, mayor rigor en las contravenciones.

Probablemente este comentario desespere a los que creen que hay que actuar cuanto antes sobre estos asuntos, pero prefiero hacer lo imposible por aclarar hasta el final. Si lo que ha sucedido es que este debate ha motivado posturas más críticas hacia la labor de la institución, bienvenidas sean.

Pero creo firmemente que eso no es contradictorio con poner orden en el espacio público, que la ciudadanía reclama y necesita. El argumento de que se ha hecho tarde, puedo respetarlo, pero no me convence de que no hay que actuar, sino de lo contrario.

Un abrazo,

Fernando Rojas