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LOS CRÍTICOS DE LA CRÍTICA

Los críticos de la crítica
Panel teórico La crítica de arte en el audiovisual. Tributo a Rufo Caballero
por JOEL DEL RÍO

Aunque a ratos, durante unos instantes, apareciera la extraña sensación de que estuviéramos en un debate similar hace diez, 15 o 20 años, cuando se reiteraron en Cuba similares prevenciones respecto al concepto operativo de la crítica cinematográfica y quedó claro entonces y ahora que falta profundidad, falta sistema, falta conocimiento, falta espacio, falta madurez, falta responsabilidad, falta relevo, falta independencia de criterio, falta capacidad para levantarse por encima de los intereses creados, el debate-conversatorio a propósito de la capacidad o inhabilidad de los críticos actuales para establecer una rica interacción con el contexto cultural fue también pretexto para rendir homenaje a Rufo Caballero, figura cimera y controversial de la crítica audiovisual y de artes plásticas en Cuba, a partir de la autoridad de sus criterios, y de la credibilidad, e incluso la seducción, que los acompañaba entre muy diversos estratos de público.

Desde distintos puntos de vista, como había de esperarse de una mesa de debate donde se dieron cita personalidades de muy disímiles saberes y estilos comunicativos —como los realizadores Enrique Álvarez y Lester Hamlet, junto con los críticos, investigadores y periodistas Rafael Grillo, José Luis Estrada, Gustavo Arcos y Danae Diéguez— se habló de la necesidad de ampliar el diálogo de los críticos con el contexto cultural cubano, con la máxima aspiración de convertirse en colaboradores del creador dentro de la aspiración común por perfeccionar la obra. La complacencia y la indolencia están reñidas por completo de la necesidad y la urgencia con que nuestro audiovisual precisa de una crítica que lo custodie, amén de que varios estuvieron de acuerdo en apuntar la fragmentación, falta de sistema, multiplicidad de raseros y problemas de conocimientos base que condiciona tanto el trabajo de la crítica audiovisual como otros sectores de la cultura y de la vida económica y social de la nación.

También hubo consenso en reclamarle a los profesionales de la crítica, y a los nuevos, a los egresados de carreras fundamentalmente humanísticas que suelen ser la cantera de la cual se nutre la profesión, a falta de alguna academia especializada, el imperativo de convertir la crítica en un ejercicio de creación, responsable, conocedor, subversivo, provocador, más allá de las necesidades informativas, promocionales y divulgativas que cunden nuestros medios de comunicación en lugar del periodismo cuestionador, tanto o más necesario que el meramente informativo.

Se apuntó insistentemente en la realidad palpable de que la mayor parte de los problemas atribuibles a la crítica audiovisual se relacionan con valladares objetivos (de espacio, de academias, de referentes sólidos) y subjetivos (de estrechez mental en quienes dirigen los medios y del propio crítico), sin embargo, varios de los presentes postularon la tesis de que cuando existe alguien con facilidad para escribir y comunicarse, y además está interesado en especializarse en las especificidades del mundo audiovisual, y determinado a crecer intelectual y humanamente, sin miedo a las dudas y los conflictos que muchas veces implica el conocimiento, es posible que estemos en presencia de un profesional respetable de la crítica audiovisual. Alguien dispuesto a comprender, a ponerse en el lugar del creador y del público y al mismo tiempo capaz de evitar que semejante desdoblamiento incentive las luces de su conciencia cuestionadora en lugar de apagarlas.

Tomado del Boletín 3 de la Novena Muestra FICP Humberto Solás

9na Muestra del Festival Internacional del Cine Pobre Humberto Solás

9na Muestra del Festival Internacional del Cine Pobre Humberto Solás
Regla y comunidades de La Habana, 5 al 10 de abril de 2011

La 9na. Muestra del Festival Internacional de Cine Pobre Humberto Solás, la actividad cardinal de la Oficina del Cine Pobre Humberto Solás en homenaje al 70 aniversario de Solás, se efectuará en La Habana entre el 5 y el 10 de abril de 2011. La Oficina del Cine Pobre Humberto Solás del ICAIC, ha organizado, de conjunto con la Dirección Provincial de Cultura de La Habana y la Dirección de Cultura Municipal de Regla, un programa en varias salas de exhibición con las obras premiadas en ediciones anteriores del evento y otras de relevancia indiscutible, pero preservándose en la cita capitalina el carácter comunitario que caracteriza a cada una de las ediciones del proyecto. Las principales actividades y el programa cinematográfico oficial se realzarán en la hermosa villa de Regla, ubicada al otro lado de la Bahía de La Habana. Se prevén presentaciones colaterales en Centro Habana, Casablanca, Cerro y Guanabacoa, así como los paneles matinales se realizarán cada día en la Habana Vieja. La inauguración oficial tendrá lugar 8:00 PM del martes 5 en el Cine Chaplin.

Obras premiadas en ediciones anteriores del evento, nuevos filmes de realizadores premiados, junto a maquetas de filmes cubanos en construcción y otras muestras audiovisuales internacionales de relevancia indiscutible serán exhibidas en calidad de estreno. Se presentarán programas temáticos curados por algunos de los mejores especialistas y cineastas del país, y que tienen como antecedentes la experiencia de las tres muestras temáticas realizadas entre 2008 y 2010 en Cienfuegos y La Habana. Se adicionaron y diseñaron para esta ocasión nuevos programas dirigidos a niños y adolescentes y dedicados al análisis de temáticas cinematográficas y comunitarias. Este será un encuentro sumamente profesional que conjugará, asimismo, los numerosos programas audiovisuales con diferentes exposiciones, música, plástica, teatro, con habituales espacios de discusión teórica, actividades todas que caracterizan a las diferentes citas multiculturales del Cine Pobre Humberto Solás.

En calidad de Homenaje, se exhibirán los filmes que acompañaron el nacimiento y la concepción original del Festival de Cine Pobre, Miel para Oshún (2001), Adela (2005) – rodada en Regla – y Barrio Cuba (2005). A lo largo del 2011 tanto en Cuba como en otros países, la Oficina del Cine Pobre Humberto Solás, en coordinación con diferentes entidades culturales cubanas y extranjeras, coordinará muestras y presentaciones audiovisuales dedicadas a Humberto Solás y su Cine Pobre.

Las obras audiovisuales recibidas para las secciones competitivas inicialmente previstas en 2011, se preservarán en nuestra Oficina y posteriormente se confirmará de manera personalizada, con cada autor, su aceptación para presentarlas dentro de la competencia oficial de la décima edición del evento el próximo año.

Sergio Benvenuto Solás
Director

ALEXIS TRIANA, DIRECTOR DEL SECTORIAL DE CULTURA DE HOLGUÍN, A PROPÓSITO DEL CINE POBRE DE GIBARA

NUNCA EN NOMBRE NUESTRO
(A propósito de las declaraciones del Comité Organizador del Festival de Cine Pobre de Gibara)

Por Alexis Triana.

El primer homenaje al Maestro Humberto Solás por su 70 años de fecunda existencia lo realizó Holguín, con sus filmes en pantallas al aire libre en los parques de la ciudad, y en el Café Las Tres Lucías, con la presencia de la actriz Adela Legrá y un ávido público, como reconocimiento y aporte del Centro de Cine y de las instituciones culturales de esta provincia, durante las intensas jornadas de la Feria del Libro.

Lo reconocieron Sergio Benvenuto y Elia Solás en una carta dirigida a nuestras autoridades quienes expresan, y cito “el más sentido agradecimiento” y a la vez, solicitan que la felicitación se hiciese extensiva a quienes lo realizaron. Y es que nosotros también fundamos el Festival de Cine Pobre: acompañamos al Maestro Solás en el sueño y en la acción, hicimos las columnas que pidió para cambiar la fachada del cine, los gibareños armaron el ranchón al pie de la ciudad, el gobierno entonces asignó combustible para que un barco saliera a pescar la comida que fuera la misma para delegados cubanos y extranjeros, y por poco hay un incendio en el techo del Poder Popular cuando mal estallaron los fuegos artificiales, que aún no eran electrónicos. La desmemoria de otros, que no la nuestra.

Y menos en Gibara, donde comenzó a repararse el Hotel Ordoño, uno de sus más preciados deseos, como mismo ya se avanza en la reparación del hermoso Museo de Artes Decorativas, gracias a la donación de varios artistas cubanos, en especial de Jorge Perugorría, que subastó en México parte de sus obras y de otros pintores cubanos, y se presentó en Gibara junto a otros actores y directores del cine cubano apenas horas después de la destrucción ocasionada por el Huracán Ike. En las desgracias, uno siempre conoce los amigos, aquellos que pidieron un camión al ICAIC y los despidió el Ministro de Cultura en La Habana, con muebles y ropas de sus propias casas.

La verdad pública, que ahora es sorpresa para algunos, es que el 9no Festival del Cine Pobre estaba fechado para celebrarse en el año 2012, porque no se celebraría en este año según el plan de festivales y eventos de esta nación; como mismo a Holguín se le comunicó que pasaban a carácter bienal la XVIII Fiesta de la Cultura Iberoamericana, o el XXI Encuentro Nacional de Agrupaciones Soneras de Mayarí, tema igualmente doloroso para estos comités organizadores, que aunque no radiquen en La Habana, son en extremo sacrificados por sus proyectos de trascendencia internacional, y que son patrimonio esencial de sus comunidades.

No por ello se caía el universo: jamás se nos hubiese ocurrido reiterar el llamado internacional para nuestros eventos y alegar después que era un error de un nuevo informático que entró a la oficina en el mes de enero; o a continuación lanzar un comunicado donde se anuncia a bombo y platillo que se mantendrá la cita, renunciando a los fondos “que han aportado el Ministerio de Cultura, el ICAIC, y las entidades holguineras y gibareñas”. Porque nuestros comités organizadores, incluyendo al Cine Pobre de Gibara, radican en instalaciones estatales, usan la misma energía eléctrica y el nodo electrónico, y perciben salarios de ese mismo estado, que hoy se cuestiona por dar carácter bienal a varios festivales, práctica mundial y nada desechable, cuando escasean en todas partes los patrocinios y disminuyen los participantes internacionales por la crisis económica real que está en cualquier noticia del ámbito cultural planetario.

Sería válido preguntarse por qué se mantuvo la convocatoria internacional a toda costa, usando una dirección electrónica estatal, e invitando a viajar como turistas a una provincia, sin preguntar siquiera por su circunstancia; la misma que participo de la fundación del Cine Pobre por la palabra empeñada con Humberto Solás, y en agradecimiento a sus obras que consagraron la imagen de Gibara en el visor de la nación. Sin el respaldo de las autoridades y del pueblo de Holguín, jamás este proyecto hubiese podido realizarse, para no citar las múltiples asignaciones estatales que destinamos a respaldar a los productores y delegados de las ediciones en casi una década.

La estricta verdad es que la propuesta de mantener un homenaje en Gibara por los 70 años de Humberto Solas la leímos el 27 de enero del presente año, y no fue hasta el 10 de marzo que, por fin en nuestras manos, llegaron a esta capital las ideas de una muestra, ¡menos de un mes antes de su posible realización! ¿en qué lugar del mundo así es posible encontrar el consenso para valorar un evento de cualquier tipo?

La decisión de alternar el festival con una muestra del filmes premiados en ediciones anteriores no figura en previsión alguno del Ministerio de Economía y Planificación, ni del plan aprobado al Ministerio de Cultura o a esta provincia; y aunque las autoridades de Holguín quisieran, no tienen la facultad de aprobar la realización del 9no Festival del Cine Pobre, ni de destinar a ello ningún recurso ni de otra subordinación, como sí lo hicimos en años anteriores: es imposible ser consciente de la situación económica actual, y asumir las decisiones de política económica y de ajuste del país; y a la vez echar a rodar por correo electrónico que depende de una provincia tomar estas determinaciones, que implicaban el deseo de un desfile inaugural, una semana de paneles teóricos, muestras de cine de varios países, delegados extranjeros con visado de turismo, estrenos de maquetas de cine contemporáneo, entre otras necesarias actividades que son lo más parecido a las ediciones del pasado Festival, que todos deseábamos ver
realizado nuevamente.

Mejor que nadie sabía el Maestro Solaz que Gibara tiene la necesidad de éste y otros festivales, porque acompaña como pocos el símbolo de una verdadera democratización de los humildes, y además de filmarla en “Lucía” y en “Miel para Oshún”, anhelaba seguir reconstruyéndola para que fuera “la perla hermosa de nuestro Oriente”, como ya demuestra el Ministerio de Turismo al priorizarla en sus inversiones del año, el Centro Nacional de Patrimonio al destinar más de veinte mil pesos convertibles para reparar el Museo de Ciencias Naturales, o el Centro de Colaboración para la Cultura Cubana logra
materializar importantes donaciones del País Vasco para nuestras instituciones culturales en Gibara.

Compartimos la apreciación de la falta de responsabilidad con que ha descrito la nota del ICAIC el mensaje de Sergio Benvenuto Solás; así como la manipulación de los anteriores convocatorias que, con toda intención, anunciaban varias agencias en varios diarios del continente: “el festival del cine pobre sería más pobre que nunca”, “el comité organizador del Cine Pobre se celebrará este año sin ayuda estatal”, o que “el gobierno comunista retiró los fondos al evento”, en la habitual paranoia anticubana.

Respaldaremos siempre cualquier acción cultural en Gibara, como mismo celebramos austeramente en enero la semana de la cultura, hoy hacemos nuestra jornada de conciertos, y el próximo día internacional del teatro, los jóvenes de la Asociación Hermanos Saiz invitan a otros colectivos teatrales a nuestra ciudad; como mismo la asociación de cine, radio y televisión de la UNEAC celebra su muestra anual en la ciudad de Banes, porque seguimos y nos mantendremos creando la obra que el cineasta Humberto Solas quiso para su pueblo: somos de los que no renuncian a llevar a cabo sus mejores sueños.

La verdad, poliédrica, es que perdemos todos; pero jamás se podrá argumentar de que ha sido un acto de humillación e indigno de Holguín y Gibara hacia un gran hombre, revolucionario hasta la última consecuencia de sus actos, e incapaz de una sola palabra que dañara la imagen de su país o de sus autoridades. Nunca en nombre nuestro.

Nota del ICAIC sobre el Festival Internacional de Cine Pobre “Humberto Solás”.

En las últimas horas, a partir de un mensaje de Sergio Benvenuto Solás, director de este evento, han circulado preocupaciones legítimas relacionadas con la continuidad del Festival y con el homenaje que merece nuestro gran cineasta Humberto Solás en el 70 aniversario de su natalicio. Al respecto, nos sentimos en la obligación de informar lo siguiente: · A partir de las restricciones económicas que estamos enfrentando, se decidió realizar el Festival con un carácter bienal y alternarlo con una muestra de filmes premiados en ediciones anteriores o afines al perfil del evento. La muestra rendiría tributo especial a Humberto en el presente año.

· El ICAIC y su oficina del Comité Organizador del Festival acordaron proponer a la Dirección Provincial de Cultura de Holguín y al Centro de Cine de ese territorio efectuar la referida muestra del 5 al 10 de abril en Gibara, sede del evento desde su fundación. Se trabajó en detalle el programa y se acordó realizar una conferencia de prensa.
· Un vicepresidente del ICAIC y el director del Festival, visitaron la provincia el 11 de marzo y presentaron las ideas de la muestra, que fueron en principio bien acogidas. Lamentablemente, no se logró el imprescindible consenso para llevar adelante el proyecto en este territorio.
· Sobre este tema, nos reunimos en varias ocasiones con la dirección del Festival, y el 15 de marzo llegamos al acuerdo de hacer la muestra en los principales cines de La Habana y en algunas comunidades, en el contexto de un amplio programa en homenaje a una figura tan entrañable de nuestra cultura como Humberto Solás.
· Al día siguiente, en el Ministerio de Cultura, se recibió una solicitud de entrevista de la cra. Elia Solás, con la participación de la dirección de nuestra institución, y se le contestó de inmediato que tendría lugar el día 21. El domingo 20, esta propia compañera declina asistir al encuentro y solicita dilucidar estos temas en el seno de la UNEAC.

La dirección del ICAIC participó de manera directa con Humberto en la concepción de este evento y le ha venido dando total respaldo desde sus inicios hasta hoy. Hemos trabajado con absoluta transparencia y comunicación permanente con la dirección del Festival y con las autoridades de la provincia de Holguín. Consideramos que el mensaje del director del evento, circulado horas después de haber llegado con nosotros a acuerdos concretos sobre la realización de la muestra y el homenaje a Humberto en La Habana, es un acto irresponsable y una apelación que omite los aspectos esenciales de los esfuerzos que hemos hecho para salvar un proyecto de tanta trascendencia cultural.
El ICAIC dará continuidad al Festival Internacional de Cine Pobre “Humberto Solás” con la participación de los cineastas y otros artistas e intelectuales cubanos. Presidencia del ICAIC

21 de marzo de 2011

Tomado del blog de Enrique Ubieta “La isla desconocida”

SOBRE EL FESTIVAL DE GIBARA Y OTRA PELEA CUBANA ¿CONTRA LOS DEMONIOS?

Acabo de recibir varios mensajes relacionados con la decisión de las autoridades holguineras de suspender el Festival de Cine Pobre de Gibara, y en particular, el homenaje a Humberto Solás. Confieso que lo he pensado bastante antes de dar mi consideración públicamente en este blog, sobre todo porque podría interpretarse como puro resentimiento nacido a raíz de los sucedido (o mejor dicho, no sucedido) con el 18 Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, que debió celebrarse del 15 al 18 de marzo.

Nada de lo que está pasando me asombra ni sorprende. Esto que nos parece absurdo forma parte del folklor burocrático, sobre todo porque se ha legitimado la impunidad de las decisiones. Y fundamentalmente porque quienes deciden tienen a su favor el hecho de que no tendrán que debatir en público el por qué de sus decisiones. Pongo el ejemplo que más cerca tengo a mano: diecisiete ediciones del Taller de la Crítica Cinematográfica, alguien (sin consultar con los de la provincia) decide que el evento no tiene relevancia, y suprime todo apoyo. Un grupo de personas protesta, expone en público su inconformidad, argumenta su malestar, pero el silencio sigue siendo la regla.

No tengo que decir que entiendo el disgusto que ha provocado la decisión en cuanto al Festival de Gibara. Conocí a Humberto Solás. Lo admiré y sigo admirando como cineasta, pero sobre todo como intelectual capaz de revolucionar nuestras maneras de pensar la realidad. Porque la pelea nunca será contra la realidad, que siempre “será”, a despecho de quienes intentan congelarla, de eternizarla según sus particulares puntos de vista, sino contra quienes se oponen a asumirla como algo dinámico y todo el tiempo renovador. Esa era la pelea contra los demonios a los que se refería primero Ortiz, y luego Titón.

La creación del Festival de Gibara (con sus razones más éticas que estéticas) sigue siendo para mí una de las obras fundamentales de Humberto Solás. Incluso mucho más que sus películas, porque significó el redescubrimiento de un espacio donde viven, luchan, y sueñan, personas de carne y hueso. No sombras chinescas que pueden verse a distancia en una pantalla.

Lamento el ninguneo que ahora se hace del evento. Como lamento el malestar de quienes este año se perdieron el Taller de la Crítica, sin que nadie se sintiera obligado a explicarles en público por qué.

Juan Antonio García Borrero

LÉSTER HAMLET GANA GRAN PREMIO EN FESTIVAL DE CINE POBRE EN GIBARA

Léster Hamlet gana Gran Premio en Festival de Cine Pobre en Gibara

Con la película Casa vieja, aún en proceso de posproducción, Hamlet obtuvo el Gran Premio a la mejor maqueta de largometraje de ficción en el VIII Festival Internacional del Cine Pobre Humberto Solás

AIN
digital@juventudrebelde.cu
25 de Abril del 2010 15:23:59 CDT

GIBARA.— El realizador cubano Léster Hamlet se alzó con el Gran Premio a la mejor maqueta de largometraje de ficción en el VIII Festival Internacional del Cine Pobre Humberto Solás, con la película Casa vieja, aún en proceso de posproducción.

Para el proceso en el que está mi filme, es un premio muy importante, dotado de 70 mil dólares, que permitirán terminarlo, declaró el reconocido realizador de videoclips y cortometrajes.

Nos apuramos mucho para que Casa vieja pudiera estar aquí, apostando por una ilusión. Y ahora, que finalmente se despeja el horizonte, parece que finalmente voy a poder decir que soy director de películas, dijo Hamlet.

El premio al mejor largometraje de ficción recayó en el film georgiano La otra orilla , de George Ovashili, sobre el drama de la infancia en un país signado por conflictos bélicos, étnicos y culturales.

Entre los cubanos premiados se encuentran también Jorge Luis Sánchez y Ona Gutiérrez, en la categoría de guión inédito; y Bárbaro Joel Ortiz, en la de mejor animación, con el gustado 20 años, material realizado con la técnica de stop motion.

La reacción de la gente con mi película había sido muy buena, pero lo que ha pasado con ella aquí, sin sensiblería lo digo, es de esas experiencias que cambian la vida, porque en Gibara no solo es el Festival, es una fiesta de la población, expresó Ortiz.

El premio flaco, largometraje del cubano Juan Carlos Cremata, se quedó con el galardón del público.

Durante una semana, Gibara, la villa blanca del norte holguinero, fue una verdadera tormenta de ideas y arte en defensa de los mejores valores del séptimo arte y la cultura.

Tomado de la edición digital de Juventud Rebelde.

HUMBERTO SOLÁS Y CARLOS BARBA CONVERSAN

En su momento se me escapó llamar la atención sobre este fragmento de entrevista colgado en el blog de Carlos Barba, a propósito del primer aniversario del fallecimiento del cineasta. Un buen anticipo de lo que podremos encontrar en el documental que ahora mismo iniciara con César Evora, titulado “Humberto”.

JAGB

Fragmentos de una entrevista inédita a Humberto Solás, realizada en abril de 2007, en Gibara, y que aparecerá íntegra en el libro “Cuaderno de entrevistas del Cine Cubano” y en el documental “Humberto”, ambos en fase de preparación.

“La noche del estreno de Miel para Oshún, aquí en Gibara, que fue una noche muy contradictoria, porque yo había hecho una secuencia donde se robaban una bicicleta, y la bicicleta era robada aquí en Gibara, que es una de las ciudades con menos delincuencia en toda la Isla y nunca habían robado una bicicleta y a mi se me ocurre ubicar a Gibara como escenario de esa secuencia, que podía ser Gibara u otra población de Cuba. De todas maneras era contradictorio porque yo había seleccionado Gibara como locación para unos veinte minutos de la película y se le daba relieve a la ciudad. Pero cuando el público de Gibara vio aquella escena, al final yo sentí que la película no había funcionado entre los espectadores y me pongo a averiguar y era que estaban, con mucha razón, disgustados porque es una ciudad que es un paradigma de comportamiento civil y yo había puesto el único robo, el único acto delictivo que ocurría en la película, lo situaba aquí. Inclusive, esa noche me iban a entregar un premio, me nombraban o me daban la llave de la ciudad, me nombraban algo y lo guardaron en una gaveta. Pero mientras eso ocurría, que yo me daba cuenta que algo malo estaba pasando, ya yo durante la proyección había imaginado la idea de un festival y les lancé la idea de hacer un festival en Gibara, anual, donde se exhibieran películas de muy bajo presupuesto, donde hubiera límites para la entrada de esas películas, y desde luego que le gustó la idea, ahí comenzó toda una aventura que culmina en este primer lustro, pero donde yo, para terminar respondiendo tu pregunta, tuve quijotescamente que enfrentarme a todos los dragones, a toda la mordacidad, la sorna, la risa, el escarnio, de mucha gente que se burlaba de la idea de un festival de películas pobres, de películas hechas con muy modestos recursos (…)

No vamos a confundirnos, en el Cine Pobre no hay ortodoxia, aquí nadie está obligado a una ideología estética, ética, no, Cine Pobre es cada uno hace su cine, su estilo, su género, como quiera hacerlo, como prefiera, no es esa cosa cerrada de Dogma en los países escandinavos que te dicen que no puedes hacer ésto, no puedes hacer lo otro, ¿qué tontería es esa?, aquí cada uno hace el musical, la comedia de costumbre, la comedia mordaz, satírica, de la sociedad contemporánea o el drama social, la tragedia, lo que tú quieras hacer, el género que tú quieras, documentales…, pero la única prédica es una ética de cineasta y utilizar modestos recursos que son los únicos que tienes a tu alcance, y el no tener grandes recursos no significa que tú te detienes, o se aprovechen de ello los productores de todos lados, para que tú no hagas tu obra, porque a lo mejor tú eres considerado un individuo que haces una obra incisiva, cuestionadota, polémica y eso tú sabes…, que no hay mejor censura que la de Hollywood, y la que tienen todos los países después de Hollywood, es decir: “Este proyecto es muy costoso, señor, no tenemos ahora el dinero, vamos a ver si dentro de cinco años tenemos los recursos, y el público este tipo de proyecto no lo asimila, la gente que va al cine tiene entre 14 y 20 años”. Estos son los malabarismos que utilizan las industrias y los estados, las instituciones supuestamente “altruistas”, “filantrópicas” y de “mecenazgo cultural”, para cortarle la lengua a los autores.

(…) aquí no se predican los diplomas, aquí tienen que ser premios que signifiquen que el realizador o realizadora se van a alimentar con tranquilidad por lo menos seis meses, ellos y su familia, o van a tener un instrumental tecnológico que les va a permitir mejorar la calidad de sus trabajos y ahorrar en recursos económicos, para que no gasten dinero alquilando equipos, etc; yo no favorezco en este festival el hecho de no otorgarle nada material a los autores: ¿usted quiere dar premios?, no se aparezca con las manos vacías, de un premio en tecnología o en metálico, afortunadamente tenemos 10 premios con esa consistencia, que son los premios fundamentales, que, de arriba para abajo, comienzan con el de Swiss Effetcs, que es el premio del ampliado a 35 mm, equivalente a unos 15 000 €uros, y hay premios más pequeños de 1000 €uros, que le viene muy bien a los cineastas, o también 1000, 2000, 5000 €uros en tecnología, con 5000 €uros tú te puedes hacer de un buen equipo, una buena cámara, un buen sistema de montaje de edición o de programas de edición, en fin, eso es lo que aspira el Festival. Los pequeños eventos tenemos que hacer eso porque Cannes es el único Festival que te da trabajo, cuando tú te llevas la Palma de Oro de Cannes, puedes esperar que vengan tres productores a decirte: ¿Qué película quiere hacer ahora?, porque Cannes da dinero, el Oscar, también, pero de ahí para abajo, ni Venecia, ni ningún festival te da la posibilidad de continuarte en la profesión, entonces existen muchos pequeños eventos que son para atraer turistas a la ciudad, porque las autoridades o los negocios de la ciudad van a prosperar e inventan un festival. Gibara no se hace por estos motivos, no tenemos esa estructura de pensamiento ni económica, se hace para favorecer un determinado tipo de cine alternativo, independiente, libertario, y justamente la prédica va unida a la praxis, aquí los premios deben ser todos en especies(…)

(…) cuando yo después de ese letargo obligatorio en que me tuve que sumir a los 50 años que es la edad mejor que puede tener un director de cine, entre los 50 y los 60, estadísticamente está considerado así, cuando yo regreso al cine gracias a la revolución tecnológica, no a una revolución social, sino tecnológica, yo descubro muchas cosas que también me inspiran a hacer el festival: al no tener el coproductor que esté arriba de mi diciéndome que tengo que tener a la actriz o al actor tal, porque ni él tiene dinero para traerme a nadie ni pagar el billete de avión de ningún actor, voy adquiriendo cada vez más libertad, y cada euro o dólar que se va ahorrando, es un euro de libertad, es un dólar de libertad, entonces descubro que el Cine Pobre te da una gran libertad de autor, como artista tú eres muy libre lo que te tienes que acomodar a un presupuesto y no hacer la historia de la Revolución Francesa como yo tuve el privilegio de hacer en un momento determinado o hacer el gran clásico de la literatura cubana de siglos anteriores, como fue Cecilia, El siglo de las luces, o sea, adaptándote a tu realidad, a tu presupuesto tú tienes una libertad con la cual yo nunca gocé hasta ese momento(…)

El Festival se propone una multivalencia, ha ido como haciendo pequeños laboratorios, primero fue con la música, que todos los años vienen, por ejemplo tener a Carlos Varela, Kelvis Ochoa inaugurando el Festival todos los años, ¡Dios Mío!, un hombre como Carlos, que hace un concierto cada dos o tres años y que la gente duerme frente al teatro Carlos Marx la noche anterior o dos noches anteriores para conseguir asiento, pues aquí él viene todos los años e inaugura y como él una pléyade de artistas que no los puedo nombrar todos, porque realmente es impresionante; lo cierto es que el Festival se ha convertido en un paradigma de actividad musical de vanguardia y música popular, y para mi la vanguardia es Cándido Fabré también, aquí no hay prejuicio, es la gran música cubana que puede ser Cándido Fabré, que puede ser Kelvis Ochoa, no se extrañen que Pablito Milanés o Silvio Rodríguez vengan en próximas ediciones, Omara Portuondo estuvo ayer aquí, en este maravillo lugar que es el teatro Ordoño que nunca se acaba de reconstruir, a pesar de que todos los años me dicen que tienen el presupuesto y los materiales, no se qué pasa, habrá razones técnicas, porque los gibareños aman mucho su ciudad y su patrimonio, alguna razón hay, a mi modo de ver tiene que ser presupuestal o técnica, llevamos cinco años, el presupuesto creo que ya el año pasado estaba consolidado y realmente no se ve el avance. Pero bueno, los pintores, presididos por Alicia Leal, Bejarano, bueno, en fin, la pléyade de fabulosos pintores que vinieron este año que fueron seis e hicieron una intervención aquí en el teatro, lo adornaron, lo engalanaron, con las obras que estamos viendo por allá atrás, que ahora van a formar parte del patrimonio de la ciudad, y el Festival logra ya ir consolidando un proyecto que el año que viene ya para mi va a ser oficial: El Festival del Cine Pobre invita a manifestaciones de las artes plásticas, manifestaciones musicales, y manifestaciones de artes escénicas: ballet, danza y teatro dramático, para que el año próximo sea multidisciplinario el Festival, en tanto todos estamos concientes de que el cine es una suma de todas estas artes, como decía Eisenstein, incluye la ópera, mira, ayer anoche, sábado, hubo teatro lírico, es decir, toda la idea Eisenstaniana de que el cine era, algo que también era obvio pero que la gente no tenía mucha conciencia en ese momento, de que era la pintura, la escultura, el movimiento, la pintura en movimiento, el teatro magnificado por el montaje, un teatro que se desplaza por diez mil localizaciones, que puede saltar de un plano al otro, de un continente al otro, y entonces lo lógico es que el Festival no sólo sea de cine sino de todas las artes que contribuyen y que a su vez, en el último siglo, el arte cinematográfico ha influenciado también a la pintura, el cine ha influenciado a la literatura, a la música, al teatro, a las artes plásticas, eso lo vemos por doquier, la interacción que hay, entonces el teatro Ordoño yo espero que con esta intervención de los pintores, y cuantas haya que hacer, logremos el objetivo de que se consolide y podamos hacer aquí lo que yo sueño: durante el Festival hacer en las mañanas exhibición de documentales y quizás algún que otro largometraje, en una sala bellísima, y en las tardes y las noches hacer actividades culturales con los talentos que nos visiten y que invitemos o que vengan espontáneamente. Otra cosa importante que el Festival se planteó desde el primer año: que la ciudad de Gibara acogiera una colección de arte contemporáneo cubano que fuera solamente superada por la colección habanera del museo, yo creo que ya se logró, con estas primeras, fíjate, Nelson Domínguez hizo dos obras, Agustín Bejarano seis obras, Alicia Leal por el estilo, y todos por el estilo, William Hernández, Rafael Pérez Alonso, Aziyadé Ruiz, la esposa de Bejarano, una gran pintora también, y la muchacha Nadia, que hace el performance Maraya Shells, que es una gran pintora también, es decir, ya la mejor colección de arte contemporáneo cubano, fuera de La Habana, está en Gibara, en total son como quince obras que ya entran en la galería permanente de la ciudad de Gibara, que maravilla, pero eso no se queda ahí, porque el año que viene ellos regresan e invitan a otros seis pintores para hacer las intervenciones en la ciudad, ah, ¿creemos que la INIT ?, pues ahí nos vamos a engalanar y recordamos que hay que restaurar la INIT y esas obras el museo las va recibiendo, el local es espléndido, los salones son inmensos, los van a remodelar ahora, los van a mejorar y ahí van a estar colgadas ya las primeras obras, dentro de un mes, y realmente lo vamos a inaugurar oficialmente en la próxima edición del Festival, está en la calle Independencia, en los bajos del museo colonial. Nelson Domínguez vino de jurado este año, pero muy pícaramente le dijimos: Tú te vas a quedar atrás, todos los muchachos pintando, ¿y no nos vas a dejar dos obras en Gibara?, porque Nelson es un hombre de muchos compromisos internacionales, traerlo aquí es un éxito, que haya estado en La Habana en ese momento, que haya podido venir, que no haya tenido una exposición, de hecho le comenzamos a hacer un documental (…)

Bueno lo de mis collages…, eso es una tontería, eso es una manifestación, es como una terapia que yo hago que he tenido la desvergüenza de exponerlo ahí y yo me he divertido mucho haciéndolo porque me ha quitado… Mira, en once años sin hacer cine y haciendo unos cursitos por ahí para poder sobrevivir, pues mi hobby ha sido dibujar cosas, coger una tijera, cortarlas, pegarlas (…) para mi ha sido divertido sobre todo cuando estoy en las sesiones de seminario y miro los cuadritos, yo me acuerdo muy bien el día, más o menos, la etapa en que lo hice y me digo: Estoy vivo, puedo hablar de cine y estoy aquí haciendo una actividad social importante, que nunca es suficiente, Carlitos, te lo juro…”

ALGUNAS IDEAS Y PROVOCACIONES EN TORNO AL CINE POBRE

Una de las virtudes que más respeté de Humberto Solás (en presente: la sigo respetando tanto como su talento cinematográfico), fue su capacidad para estimular y aprovechar ideas que no siempre coincidían con las de él. Al menos sucedió conmigo: polemizamos un par de veces, pero cuidando no perder de vista al individuo. Nunca abusó de su indiscutible autoridad con el fin de imponer entre nosotros una infecunda armonía. Para Solás, discutir era un deber intelectual. Lo otro, estériles devaneos del ego.

Recuerdo que alguna vez le hablé en público (allí mismo, en uno de sus festivales de Gibara) sobre mi preocupación de que “la apología de un cine pobre” trajera como consecuencia la “satanización de todo lo que no fuera pobre”. Y también recuerdo haberle sugerido que alguna vez el Festival proyectara un ciclo de aquellos momentos en que el cine norteamericano había alcanzado grandes éxitos apelando a un modo de producción disidente del modelo hegemónico. No lo noté tan escandalizado como algunos de esos fundamentalistas del gusto estético quisieran imaginar cuando se menciona al “cine del enemigo”.

En realidad, presiento que de estar vivo Humberto Solás estaría encantado de abordar con espíritu crítico todo lo que tuviese que ver con las posibles maneras de promover un cine combativo (no adormecedor), pero efectivo en el plano artístico, que es decir, comunicativo. Porque al menos como yo lo entiendo, la filosofía de su Festival no está en proponer un tipo de audiovisual que, por el hecho de contar con menos recursos, ya está legitimado. ¿Qué sentido tendría fomentar prácticas cinematográficas que solo tienen la pretensión de ser consumidas en un espacio concreto (Gibara) y durante un tiempo efímero (lo que dura el evento?).

Por suerte, el Festival (que deja a un lado todo lo que huela a altisonante alfombra roja), está concebido para proyectarse en una comunidad: en ese contexto, se supone que todos cambiamos un poco porque ya formamos parte de esa comunidad… En esos días no solo hemos visto películas: también hemos vivido de otro modo. Y es muy interesante, pero muy interesante, lo que sucede con esa fusión de expresiones tan diversas como pueden ser las artes plásticas, la música, y el cine. Creo que si sobre todo nuestros jóvenes cineastas prestaran la atención debida a las sutilezas de lenguaje que encontramos en muchas de las obras plásticas que se exponen, y a las canciones que se escuchan en los conciertos organizados en la Plaza Da Silva, podríamos pronto encontrar un “cine pobre” verdaderamente renovador en cuanto a modos de contar.

Hay una evidente contradicción entre el hecho de que el cine hegemónico dilapide millones y millones de dólares para contar una historia que será consumida por otros millones y millones de personas que nunca tendrán acceso a un nivel medio de calidad de vida, y que lejos de ayudarlos a tomar conciencia de esa situación, los narcotiza al extremo de hacerles creer que las injusticias que padecen son naturales: que no hay que pretender erradicarlas.

Contra esa contradicción obscena han reaccionado sistemáticamente un conjunto de cinematografías y movimientos que han querido poner en pantalla a la realidad sin afeites, la cual incluye a esos mismos pobres que (allí comienza la otra contradicción) justo porque se reconocen como son, evitan el encuentro con ese cine. Si la realidad ya es dura, piensan, ¿para qué ir a verla en un sala, y filmada por quienes generalmente no viven en condiciones tan precarias?

Este razonamiento del espectador de a pie por lo general no se tiene en cuenta por los espectadores ilustrados (críticos, jurados, cinéfilos con gran cultura audiovisual), quienes optan por impulsar políticas culturales en las cuales se congregan casi todas sus sensibilidades y aspiraciones supuestamente superiores, pero sin detenerse a examinar la complejidad del público. Es decir, todas las iniciativas se encaminan a descalificar el “cine del enemigo” mediante la creación de espacios alternativos donde puede verse aquello que las elites se encargan de mantener en las sombras.

El problema sobreviene cuando se comprueba que ese cine contestatario apenas ha conseguido penetrar los marcos habituales de consumo mayoritario. Esto que digo no es nada nuevo, y puede explorarse con mucha más profundidad en lo que escribieron en 1980 varios cineastas latinoamericanos (incluido Solás), convocados por el Festival de La Habana con el fin de estudiar la necesidad de una nueva dramaturgia en el cine de la región, capaz de retener (o más que retener, ganar) la atención de ese espectador al cual se supone que está dirigido esa producción.

El propio Humberto, a propósito de uno de los artículos que escribiera para una de las convocatorias del Festival, argumentaba que “a un Cine Pobre, invisible, marginal o contracorriente, deberá acompañarle un sistemático cuerpo teórico-crítico que se enfrente a la bien remunerada literatura cinematográfica de la elite. Para que nuestro cine alcance presencia y corporeidad, tendríamos que encontrar nuevos vehículos de colocación de la obra audiovisual en el contexto internacional”.

Creo que a Solás le preocupó detectar que muchas veces en el llamado “cine pobre” (ese que en principio habla de realidades más sumergidas y ríspidas, y con menos dinero), se recicla la misma retórica que en el cine hegemónico, la cual suele descansar más sobre la emoción (conseguida a base de un retrato que mueve a la compasión por los problemas de los pobres, pero que no moviliza a la solución de esos problemas) que sobre la razón. Negar ese lenguaje cercano al de Hollywood no tiene demasiado sentido si lo que se pretende es llamar la atención del espectador común (que incluye a los más pobres); como tampoco tendría sentido competir con ese lenguaje o intentar imitarlo, pues si bien es cierto que hoy es más fácil hacer una película sobre el Titanic, gracias al abaratamiento de las cámaras, las nuevas tecnologías, etc, no todo el mundo tiene los millones de James Cameron para colocar esa cinta en el escenario mundial.

Sin embargo, no hay que olvidar que Hollywood ahora mismo está muy lejos de vivir sus mejores momentos. No solo se sabe que las nuevas tecnologías están erosionando los antiguos paradigmas de producción y recepción, sino que se vive una crisis tan descomunal dentro del sistema socio-económico que lo alberga, que también se tambalea la confianza en ese cine escapista tan poblado de superhéroes y efectos especiales. Pareciera que el espectador precisa otra vez de aquel “neorrealismo” en el cual se podían identificar las historias más cotidianas, solo que si antes “los pobres” se percibían en una dimensión algo lejana (eran europeos traumatizados por la guerra, por ejemplo), ahora esa sensación de “perdedores” puede antojarse más familiar.

En medio de esta coyuntura pudiera precisarse un poco mejor a qué nos referimos cuando se habla de “cine pobre”, y a quién se quiere llegar realmente con esta producción. Para mí está claro que detrás del festival no hay el más mínimo interés de legitimar el no acabado artístico, pero a mi juicio no basta hablar solo de las películas que se pueden conseguir (y que casi siempre se mira como lo opuesto de eso inefable que llamamos Hollywood).

El “cine pobre” ha de pretender la revolución del lenguaje audiovisual, pero también la revolución en los modos en que hasta ahora se ha estado promoviendo la recepción de esta expresión artística. En otras palabras: se trata de pensar por igual las películas que se hacen y las maneras de seducir a ese espectador que se pretende conquistar. Pensar el “cine pobre” no como el fin, sino como el medio para insertarnos en ese todo más complejo que al final se llama vida, y que es lo que agradecería el público, pues, ya lo dijo alguien, las películas son hermosas, pero no curan el cáncer.

Por eso es que me parece tan valioso que en un mismo certamen como el de Gibara puedan competir cuatro películas tan diferentes como “El camino” (2008), de Ishtar Yasin Gutiérrez, “Querida Bamako” (2007), de Omer Oke y Txari Llorente, “La anunciación” (2008), de Enrique Pineda Barnet, y “Los dioses rotos” (2008), de Ernesto Daranas. Algunos extranjeros no pudieron disimular su desconcierto con esta última (pasó lo mismo en el Festival de La Habana), y me he preguntado si no estará pesando en la recepción de ese filme (y de otros que apelan a un lenguaje más cercano a los códigos que consume el más común de los espectadores) todo un grupo de prejuicios que predispone a buscar lo que ya se tiene en mente, antes que descubrir eso que ahora mismo nos anuncia que los tiempos van cambiando.

No digo que “Los dioses rotos” sea el único sendero a seguir por aquellas producciones que pretendan apartarse del modelo de representación hegemónica. Ni siquiera digo que sea un camino que no ofrezca motivos para el señalamiento, toda vez que no es una cinta perfecta (¿cuál la es?). Lo que me entusiasma de ella es el modo en que consigue la comunicación con su público (a todo lo largo del país), sin ser exactamente un relato convencional. Y eso es un dato que los que defendemos “el otro cine” no deberíamos perder de vista.

¿Que los extranjeros sienten que esa no es la Cuba que tradicionalmente se ha visto en las grandes películas del ICAIC?, ¿que ese no es el lenguaje canónico propuesto por el ICAIC fundacional? Pues yo propondría que los extranjeros, además de ver la película, se sintieran motivados a entender cuáles son las razones más íntimas que mueven al público cubano a identificarse con esa cinta. Que sería lo mismo que un crítico cubano debería hacer para entender por qué algunas películas de Woody Allen (tan neoyorquinas) alcanzan ese tremendo éxito entre los que conocen ese mundo, pero no la Gibara profunda…

Aquí tendría que aclarar algo que me parece sobra, pero que aún así lo digo: no estoy por el populismo, o por el desgano a la hora de experimentar con el lenguaje. De hecho, una de las películas que estaba en competencia que más me sedujo fue “El camino”, cinta que no solo cuenta una historia dura y a ratos asfixiante, sino que lo hace con un estilo muy parecido a “la estética de aquí no pasa nada”, que en mi criterio es muy coherente con la desesperanza que acosa a los vulnerables protagonistas. Nos pueden gustar menos o más los resultados, pero es de aplaudir la osadía de los realizadores, dispuestos a no hacer concesiones en sus deseos de mostrar la realidad tal como la perciben: desde el suelo.

En tres de las películas que mencioné (“El camino”, “Querida Bamako”, y “Los dioses rotos”) hay algo de común: la pantalla es habitada por perdedores sociales. Las circunstancias, desde luego, están bien lejos de ser idénticas. Es evidente que no es lo mismo el calvario que viven los africanos que emigran a Europa, o las vicisitudes de la niña de doce años y el hermano menor de “El camino”, que las contradicciones en que se ven atrapados los protagonistas de “Los dioses rotos”. Son historias diversas a las que no habría que medir en función de una importancia construida según los parámetros que fomenta más la buena voluntad, que la exigencia artística. En todo caso hay que tener en cuenta si se narra bien o mal, pues se puede hablar de las realidades más terribles, y hacerlo con tal torpeza, que no conmueve ni a protagonistas ni espectadores de esa realidad. Por eso, a modo de provocación final, haré la siguiente pregunta: ¿tendrá sentido un “cine pobre” que ni siquiera pretende comunicarse con los pobres?

En este punto me parece estar escuchando ya a Solás, con voz grave, repitiendo aquello que encabezaba su famoso “Manifiesto del Cine Pobre”. Lo veo con su pelo blanco, debatiéndose entre aspirar una bocanada más del cigarro que acaba de prender y los deseos de animar hasta el infinito la polémica. Al final, lo domina lo segundo, y entonces lo escuchamos repetir: “ACLAREMOS LOS MALENTENDIDOS. Cine pobre no quiere decir cine carente de ideas o de calidad artística, sino que se refiere…” Lo más probable es que en la próxima cita de Gibara, si los organizadores no deciden como represalia alojarme en la suite del olvido, todavía sigamos en la porfía.

Juan Antonio García Borrero

CARTA ABIERTA A HUMBERTO SOLAS, de Enrique Alvarez

Carta abierta a Humberto Solas.

La Habana, 22 de abril de 2009

Humberto,

Ayer regresé de Gibara, de la Séptima edición de tu Festival del Cine Pobre y no puedo dejar de contarte mis impresiones.

La última vez que yo había estado en Gibara, fue para el estreno de “Miradas”, y lo que más recuerdo fue la caminata alucinada que hicimos por sus calles, mientras tú describías el festival que querías hacer para dignificar a un cine que, nacido de la austeridad y el compromiso social, sería (ya lo es) el cine de la pobreza irradiante.

No hay malos conjuros que no puedan ser vencidos; ni tu muerte, ni los vientos huracanados, pudieron con la pequeña villa costera y la continuidad de su Festival de Cine; como si el ángel de la jiribilla invocado por Lezama sobrevolara Gibara encarnado en tu espíritu. No conozco otro sitio del mundo en el que un evento cultural sea tan apreciado y vivido por la comunidad que lo acoge: mientras los forasteros, discutiendo y soñando, recorremos sus calles perfumadas de mariscos, los lugareños, recogidos en la oscuridad luminosa del Cine, viajan por nuestras historias, en un intercambio de sensaciones, roces corporales y espiritualidad desatada, que hacen de Cine Pobre un festival dionisiaco.

Cine Pobre no es un eslogan; en sus principios, en tu manifiesto, el cine producido bajo las bondades económicas de las nuevas tecnologías, encuentra un espacio de legitimación ideológica y artística que lo vincula a la mejor tradición de resistencia y productividad cultural alentada por tu generación en los inicios del Nuevo Cine latinoamericano.

Hay que reducir los costos y el tiempo de producción de nuestras películas; hay que aprovechar la celeridad de los nuevos medios; hacemos un arte que opera en el tiempo y nuestros procesos de producción no se corresponden con la velocidad del consumo. Podemos ejercer un estilo moroso o fulgurante pero su concreción debe aspirar a la precisión de un gesto.

Adiós a las mediaciones entre la cámara y una idea en la cabeza; por primera vez nuestro oficio se acerca a la autonomía con que trabaja un pintor o un escritor; no hay que prevender las ideas; las nuevas tecnologías permiten entregar y confrontar resultados.

Gracias Humberto por renovar el ideario de un cine libertario. Nunca antes, la diversidad estuvo tan cerca de inundar las pantallas.

Creo que una de estas noches te vi en una esquina cercana al Malecón de Gibara. Sé que eras tú, porque fumabas mientras mirabas el esfuerzo de un joven pescador que empujaba su bote hacia el mar. Fue solo un instante, después desapareciste misteriosamente detrás del humo del cigarrillo. Sé que era tú, porque Lezama lo dijo:

“El hombre que muere en la imagen, gana la sobreabundancia de la resurrección”.

Kiki Álvarez.

Realizador de “Domingo”, Premio Pobreza Zero de Ficción del 7mo Festival Internacional de Cine Pobre Humberto Solas