Archivo de la categoría: Decreto 349

De García Borrero a Fernando Rojas, sobre el Decreto 349

Estimado Fernando:

Ante todo me gustaría aclarar por qué en esta reflexión que ahora comparto públicamente eludo el uso del pronombre “Usted”, que para algunos denotaría el máximo respeto a la responsabilidad y jerarquía de tu cargo.

Sé que más allá del informal tuteo de todos modos advertirás el respeto hacia tu persona; solo que con este escrito no aspiro a dialogar con el Viceministro de Cultura que a veces uno ve en la televisión inalcanzable, lejano, sino con el polemista que en El Caimán Barbudo de los noventa, por ejemplo, me hizo pensar y repensar con sus textos varias zonas de nuestro acontecer cultural.

Porque extraño aquella época de fértiles desencuentros intelectuales, desencuentros que hicieron creer a nuestra generación que a partir de entonces íbamos a vivir un esplendor similar al de las polémicas que se protagonizaron en los sesenta, es que ahora ensayo estas breves líneas.

Y también porque creo que el esfuerzo que has hecho al desplazarte a lo largo del país para explicar a los artistas y creadores de qué va el Decreto 349 merece mucho más que eso que por lo general ha sucedido: reuniones donde el Viceministro expone, los artistas escuchan y algunos dicen lo que tengan que decir, y otra vez a la rutina, como si nada hubiese sucedido. Lee el resto de esta entrada

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Joaquín Borges Triana sobre el Decreto 349

Estimado Juan Antonio:

Tengo problemas con mi conexión a Internet, por lo que estoy siguiendo este debate gracias al envío que haces por correo electrónico y quisiera que colgases en el blog mi opinión.

Varios representantes de la prensa extranjera acreditada en Cuba se han dirigido a mí para que les diese mis consideraciones sobre el Decreto 349 y así lo he hecho. En principio, yo estoy en contra del aludido decreto, por más que pueda entender algunos de los argumentos expuestos por los representantes del Ministerio de Cultura. Ocurre que siempre he creído mucho en la sabiduría expresada en el refranero popular y en él se asegura que de buenas intenciones está preñado el camino del infierno. Inevitablemente al leer una y otra vez el decreto, a mi mente viene lo sucedido con el texto del I Congreso de Educación y Cultura en 1971 o lo acaecido con una canción como “Adiós felicidad”, de Ela O’Farrill. Los protagonistas de aquellos tristes sucesos, o sea, los funcionarios de turno, lo hacían convencidos de que con semejante proceder ellos actuaban en beneficio de la cultura cubana y del pueblo, y la historia demostró que era todo lo contrario. En el caso de Ela O’Farrill, en una entrevista que le hice poco antes de morir, me contaba que la persona que inició el ataque contra ella y su composición era nada menos que uno de los mejores amigos de su padre y alguien que Ela tenía por excelente persona. Se trataba de un viejo luchador procedente del PSP pero con una mentalidad marcada por el stalinismo y que proyectaba en su ejercicio como funcionario en los hoy lejanos años sesenta.

Por más que se trate de explicar una y otra vez las bondades de este decreto, es inevitable que su letra y contenido tenga que asociarse a un acto de censura y por principio, yo estoy en contra de cualquier censura, aunque soy consciente de que el que paga manda, tanto en el capitalismo como en el socialismo. Por otra parte, no comparto en lo más mínimo la idea de que para que un artista pueda expresarse en la manifestación que cultive, obligatoriamente tenga que estar afiliado a una determinada institución cultural del Estado. Siempre ha habido y habrá creadores que por pura vocación les interesa ser outsiders o contracorrientes y por tanto, trabajar desde y en los márgenes. Los protagonistas de tales narrativas han ido empujando y renovando las corrientes que han sido parte de lo “políticamente correcto” en cada momento y con el 349 se obvia esa realidad de la historia del arte y la cultura no solo universal sino específicamente cubana. De ello puedo hablar muchísimo porque justo ese fue el tema de mi doctorado.

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Pavel Alejandro Barrios Sosa sobre el Decreto 349

Amigo Juani,

En mi criterio, comprendo el contexto que se vive, o que se sostiene desde hace mucho con agravantes que nos han llevado hasta este momento. Hablar del Decreto 349 es complejo, porque implica una serie de lecturas y contenidos, y nada más y nada menos que enunciados por intelectuales y artistas, las supuestas partes afectadas, pero también hay que tener en cuenta al público.

No se trata solo de “normar”, “limitar” o “poner orden” en la circulación, exhibición o legitimación de tal o mas cual creación. Personalmente estoy en contra de la chabacanería, del populacheo, del mal gusto, de los escándalos públicos durante décadas asociados a la expresión del pueblo, pero al mismo tiempo estoy a favor de toda diferencia que nos enriquece y nos matiza como nación, lo que con orden, claro, cada cosa en su lugar. Tenemos que entender que al público general (también puede leerse “pueblo”) debemos dejar de verlo como un “`infante” que nada sabe, y al que todo puede afectarle. Coincido con Silvio Rodríguez cuando en un reciente documental de escasa difusión, vuelve a tocar el tema de la confianza en el pueblo. El pueblo no es un “pupilo obediente”, la gente consume y seguirá consumiendo lo que le gusta y lo que “está de moda”, sea bueno o no, sea “políticamente correcto” o no, y en consecuencia, los artistas e intelectuales continuarán creando o discursando desde disímiles posiciones y para cualquier tipo de público. Lee el resto de esta entrada