Archivo de la categoría: CUBA Y ESTADOS UNIDOS EN EL CINE

CINEASTAS NORTEAMERICANOS EN EL ICAIC

Comparto esta noticia aparecida en el periódico Granma.

VIAJE CINEMATOGRÁFICO ENTRE CUBA Y ESTADOS UNIDOS

Directores, actores y representantes del ICAIC compartieron con Integrantes de la delegación de artistas e intelectuales de los Estados Unidos que visitan la Isla desde el lunes

Autor: Diana Ferreiro | diana@granma.cu

20 de abril de 2016 01:04:32

Integrantes de la delegación de artistas, intelectuales e invitados del Comité Presidencial para las Artes y las Humanidades de los Estados Unidos que visitan la Isla desde el lunes, intercambiaron ayer con directores, actores y representantes del cine cubano en los Estudios de Animación del Icaic.

Roberto Smith, presidente del Icaic, compartió con los visitantes parte de la historia y el trabajo de la institución en sus 57 años, tanto en la producción cinematográfica, como en la formación del gusto cinematográfico de los espectadores.

La historia de las relaciones entre el cine cubano y el norteamericano es una historia de más de cien años —dijo—, aunque después de 1959 y luego del bloqueo norteamericano a la Isla ya no fueron normales. Las que hoy existen son fruto de la perseverancia de personas que han desafiado las restricciones y han logrado mantener lazos con importantes creadores estadounidenses, apuntó.

El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano o la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, por ejemplo, han sido espacios de confluencia de las cinematografías de ambos países. Puentes por donde han desfilado importantes películas —sobre todo del cine independiente de Estados Unidos— y grandes directores como Francis Ford Coppola o Sydney Pollack.

El actor y productor indio estadounidense Kal Penn —conocido por sus interpretaciones en la saga de películas de Harold & Kumar o su papel en la serie House—, dijo en nombre de la delegación que ha sido increíble poder compartir con artistas jóvenes en Cuba y que esperan sea solo el comienzo de una relación y un intercambio más largos con la cultura cubana.

Penn anunció además que el próximo mes de julio, el programa de gira cinematográfica internacional Sundance Film Forward, arribará a Cuba para proyectar dos películas y estimular los intercambios con el público y los cineastas cubanos.

Asimismo, Roberto Smith informó que seis largometrajes de reciente producción del Icaic serán exhibidos en los próximos meses en las salas de cine de diez ciudades norteamericanas.

Los representantes de la delegación pudieron compartir durante el encuentro con Iván Giroud, director del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano; con los directores Rigoberto Ló­pez, Jorge Luis Sánchez, Arturo Santana, Ma­nuel Pérez Paredes o Ernesto Padrón, y los actores y actrices Eslinda Núñez, Tomás Cao y Daniel Romero, entre otros.

CINE, NACIÓN Y KU KLUX KLAN EN CUBA

Hoy aparece en Progreso Semanal otra de las viñetas que conforman la serie sobre Cuba y Estados Unidos en el cine. La comparto con los amigos.

CINE, NACIÓN Y KU KLUX KLAN EN CUBA

Con El nacimiento de una nación (1915), David W. Griffith entregó a la historia del cine uno de sus primeros hitos narrativos. Griffith dejaba atrás el reciclaje de técnicas sustraídas del teatro, el vodevil y el circo, para proponerse la construcción de un universo inédito donde importaba más la narración de acontecimientos simultáneos a partir del uso de un montaje que, de modo invisible, creaba la ilusión de continuidad. Pero El nacimiento de una nación también es un documento ideológico que, como era de esperar, despertaría y sigue despertando un sinnúmero de polémicas, a partir de la exaltación que hace del Ku Klux Klan, y la representación estereotipada de la comunidad negra de los Estados Unidos.

En Cuba la película no pudo ser estrenada hasta 1924. Según los historiadores Arturo Agramonte y Luciano Castillo: “En un inicio su exhibición fue prohibida por temor de que “provocara algún disturbio entre los elementos de color”, pero luego tomaron en consideración la cultura del público habanero, levantaron el veto y la película fue presentada sin contratiempo alguno”.

Puede entenderse el terror de los gobernantes de entonces a los disturbios vinculados a lo racial. Aunque la masacre de 1912 había sido enmascarada por un relato oficial que disfrazó el crimen discriminatorio con una retórica nacionalista, el impacto de la tragedia en modo alguno había sido olvidado. La construcción de un discurso que optaba por el silencio ante el problema racial, en vez de asumir su debate colectivo y transparente, tenía su eco natural en buena parte de las representaciones cinematográficas.

Como ha hecho notar el investigador Enmanuel Vincenot, el grueso de las películas rodadas en el período silente tiende a describir a Cuba como una nación “blanca”, donde la presencia afro apenas es percibida. El cine se convertía así en el elemento conciliador por excelencia de todas las tensiones sociales que podían experimentarse en el día a día de la realidad cubana, sin importar la procedencia de clase o la pertenencia étnica, tal como nos revela Louis Pérez Jr. al citar en uno de sus textos el testimonio expuesto por alguien en 1920: “Como no hay mucho que hacer, las personas pasan su tiempo libre en el cine. Los negros se aglomeran en ellos. Todas las lavanderas negras creen que deben ir todas las noches”. Lee el resto de esta entrada

CINE HABLADO EN INGLÉS: LA OTRA GUERRA EN CUBA

Comparto con los amigos del blog esta otra viñeta publicada por el sitio Progreso Semanal, y que forma parte de la serie CUBA Y ESTADOS UNIDOS DESDE LA PERSPECTIVA DEL CINE.

CINE HABLADO EN INGLÉS: LA OTRA GUERRA EN CUBA

Juan Antonio García Borrero • 8 de enero, 2016

cine-sonoro-ij-685x342En la estupenda investigación de Marial Iglesias “Las metáforas del cambio en la vida cotidiana: Cuba 1898- 1902”, puede leerse lo siguiente: “Un año después de iniciada la intervención en Santiago de Cuba, el New York Tribune anunciaba que, al comenzar el nuevo curso escolar en septiembre de 1899, en las escuelas públicas se impartiría inglés en todos los grados, “for the purpose of its Americanizing effects (para los fines de sus efectos americanizantes)”.

Como ha podido describir con lujo de detalles el investigador Louis Pérez Jr., detrás del proyecto educacional diseñado desde los Estados Unidos, latía la voluntad de alcanzar lo que el entonces gobernador general de la isla Leonard Wood llamaba “la anexión por aclamación”. Es cierto que antes de la intervención norteamericana en la guerra entre cubanos y españoles ya existía un intercambio cultural fluido donde se reconocía al inglés como “el idioma extranjero que más ha contribuido a enriquecer el caudal propio del lenguaje criollo” (esto lo afirmaba Juan Ignacio de Armas en 1882 en sus Orijenes del lenguaje criollo), pero es con la ocupación militar que se desata la fiebre de los anglicismos, lo cual despierta a la par la resistencia de no pocos nacionalistas.

Aunque el cine de Edison y compañía escoltó a los soldados a lo largo de la conflagración, contribuyendo a construir la imagen mesiánica del poderoso país, el idioma como tal todavía no era motivo de desencuentros, toda vez que era silente. Cierto que el cine no necesita del sonido para empobrecer esa realidad que representa en pantalla: el grueso de las películas rodadas por los norteamericanos en esta etapa en la que aún no se había incorporado lo parlante al espectáculo pecaban por la simplificación, y el uso de las historias (e Historia) en función de los intereses ideológicos de aquel país. Lee el resto de esta entrada

MARY PICKFORD EN LA HABANA

Este texto sobre “la novia de América” en La Habana que acaba de publicarme Progreso Semanal, forma parte de una serie de artículos que hablan de la relación establecida entre Cuba y los Estados Unidos, pero desde la perspectiva del cine.

MARY PICKFORD EN LA HABANA

Juan Antonio García Borrero • 12 de diciembre, 2015

Mary Pickford 2Entre los numerosos estudios que ha tenido el cine cubano en los últimos tiempos, sobresalen las contribuciones del investigador francés Emmanuel Vincenot, cuyas pesquisas en la base de datos del American Film Institute (AFI), la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, los archivos de la UCLA, así como en la prensa estadounidense de la época, han permitido reconstruir ese momento fundacional en que en las primeras décadas del siglo pasado, los realizadores del país norteño comienzan a filmar en la isla, sembrando las primeras semillas de lo que, a partir de ese instante, será permanente interacción simbólica entre productores de cine norteamericano y consumidores cubanos del mismo.

Tal es la relevancia de esos estudios realizados por Vincenot, que en su monumental “Cronología del cine cubano”, sus autores Luciano Castillo y Arturo Agramonte, ante la imposibilidad de acceder a las fuentes mencionadas, ofrecen una versión sintetizada del texto escrito por el francés. Para quienes vemos “la Historia” como mucho más que un simple relato de lo sucedido, con fotos fijas del pasado que se suceden inertes y se acumulan como si se tratara de un frío museo, es decir, para quienes vemos la Historia como una plataforma interactiva que nos permite acceder a los siempre fluidos universos simbólicos de las épocas, investigaciones como estas posibilitan enriquecer la percepción de esas fechas remotas.

En el caso del cine cubano, si el uso del cinematógrafo en la guerra hispano-cubano-norteamericana de 1898 por parte de los Estados Unidos, consiguió construir una imagen mesiánica del poderoso país que con el tiempo alcanzaría rango global, es de sospechar que tras la ocupación militar, ese mismo cine se pondría en función de legitimar modos de vida que competían abiertamente con las maneras coloniales representadas por la España perdedora. Para ello, nada mejor que otorgarle a lo que había nacido simbolizando lo bélico, el carácter de embajador cultural de aquello que prometía la modernidad estadounidense. Lee el resto de esta entrada

BIENVENIDO, MICKEY VALDÉS

Como anoté en el anterior post, estas viñetas conformarían una suerte de cuaderno que examina las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, pero desde la perspectiva del cine. Sin embargo, cuando hablo de cine aludo a algo más que lo referido estrictamente a los textos fílmicos. Hablo de producción, pero también de los espectadores que somos en la vida, y que construyen las nociones de la realidad compartida muchas veces a partir de los estereotipos que se intercambian culturalmente.

Quizás las nuevas generaciones no alcancen a entender del todo qué significaba ir al cine, pero sobre todo, qué significaba salir del mismo, es decir, regresar a una realidad en la que era inevitable tomar como la medida de las cosas lo que parecía natural en las películas que vimos. Por eso el cine, aun cuando ya no tengamos más salas cinematográficas como las que existieron en su época de esplendor, siguen revelando tanto de lo que hemos sido, como de lo que nos hubiera gustado ser.

La viñeta que copio debajo también habla de esa relación Cuba-Estados Unidos, a partir de lo sucedido el pasado 20 de julio. Si algunos de mis descendientes la lee, sabrá que no hay aquí nada de esas pretensiones académicas que seguramente trascenderán en los libros que se escriban para examinar críticamente estos eventos históricos.
Y, sin embargo, mis descendientes sabrán que muchas veces quienes íbamos al cine en su momento (y que fue la abrumadora mayoría de las personas nacidas antes de los noventa) construíamos nuestras realidades desde esas salas oscuras. De modo que lo que aquí está escrito, es una extensión de ese estado de ánimo.
JAGB

Bienvenido Mickey Valdes

BIENVENIDO, MICKEY VALDÉS

No hubo sorpresa alguna: el 20 de julio del 2015 ocurrió lo que se suponía debía suceder, de acuerdo a un guión que ya había establecido por anticipado hasta nuestras maneras de comportarnos en ausencia. Así que no importó que no estuviésemos en Washington: los televisores se encargaron de repetirnos, una y otra vez, ese momento en que la bandera cubana era izada de nuevo en la capital de los Estados Unidos. Y los discursos oficiales elaborados para la ocasión. Y las manos de los antiguos adversarios estrechándose como símbolo de la anhelada reconciliación. Y, desde luego, a partir de ese momento tan significativo se multiplicaron en los medios y redes los análisis que, bien mirados, tienen más de profecía y ejercicios cartománticos que de observación profunda. Lee el resto de esta entrada

CUBA Y ESTADOS UNIDOS: ARQUEOLOGÍA DE UNA IMAGEN TODAVÍA EN CONSTRUCCIÓN

Comparto con los amigos del blog este texto publicado en Progreso Semanal, y que forma parte de una serie que hablará de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, pero desde la perspectiva del cine.

Rebel soldiers cook a pig for dinner at their camp during the insurrection of 1896. Cuba ceased to be a Spanish colony and gained independence after the Spanish-American War of 1898, but remained under the influence of the USA. Original Publication: Illustrated London News - The Insurrection In Cuba - pub. 1896 (Photo by Hulton Archive/Getty Images)

Rebel soldiers cook a pig for dinner at their camp during the insurrection of 1896. Cuba ceased to be a Spanish colony and gained independence after the Spanish-American War of 1898, but remained under the influence of the USA. Original Publication: Illustrated London News – The Insurrection In Cuba – pub. 1896 (Photo by Hulton Archive/Getty Images)

 

CUBA Y ESTADOS UNIDOS: ARQUEOLOGÍA DE UNA IMAGEN TODAVÍA EN CONSTRUCCIÓN

Juan Antonio García Borrero • 11 de agosto, 2015

CAMAGÜEY. Las nuevas tecnologías están facilitando de un modo increíble el acceso a las imágenes rodadas en el principio de la historia del cine, sin importar que tengamos o no conexión a Internet, que estudiemos en una universidad del Primer Mundo o en Camagüey, o que contemos con acceso a las principales bibliotecas del planeta. Pongo un ejemplo personal: gracias a la investigadora Ana López (Universidad de Tulane, Nueva Orleáns) tengo en mis manos una memoria flash con buena parte de los filmes rodados por operadores estadounidenses a propósito de la guerra cubano- hispano- norteamericana (1898), y conservados por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

No le faltaba razón a Borges cuando anotaba que “las fechas son para el olvido, pero fijan en el tiempo a los hombres y traen multiplicadas connotaciones”. No creo, sin embargo, que Borges estuviese pensando en la Historia a secas, sino en lo poético como vivencia colectiva: las fechas históricas, efectivamente, no hablan tanto de lo que sucedió “ese día”, como que de lo que los grupos que dominan en la ocasión consiguieron capitalizar en términos simbólicos, y su recepción en el imaginario público no suele alejarse de lo que normalmente se recuerda de lo visto en un filme de éxito en la antigüedad: nunca lo recordamos íntegro, sino apenas sus secuencias más impactantes. Lee el resto de esta entrada

MARIEL: LA CARA CORTADA DE LA NACIÓN

Comparto el texto que acaba de publicarme Progreso Semanal.

 Al Pacino Scarface

MARIEL: LA CARA CORTADA DE LA NACIÓN

Juan Antonio García Borrero • 14 de julio, 2015

“Toda cicatriz nos recuerda que el pasado existió”, dice Hannibal Lecter en El silencio de los corderos, aliándose a ese tipo de argumento que asocia la cicatriz al dolor y a la memoria permanentemente apenada. Y tres décadas y media después de ocurridos los hechos, la enorme cicatriz del Mariel sigue visible en el rostro de la nación cubana. Hay quien ve en este tipo de marca otras contingencias. “No hay cicatriz, por brutal que parezca, que no encierre belleza”, anota la poetisa Piedad Bonnett, y añade: “Una historia puntual se cuenta en ella, algún dolor. Pero también su fin. Las cicatrices, pues, son las costuras de la memoria, un remate imperfecto que nos sana…”. Sin embargo, uno intuye que una herida emocional pocas veces cierra de verdad. Y el éxodo del Mariel todavía es eso: una llaga abierta acompañada de los alaridos de unas turbas enfebrecidas (“¡que se vayan!, ¡que se vayan!”), donde la intolerancia quería lograr lo imposible: parecer virtud.

El Mariel fue un ejercicio de bullying colectivo en el que más de 100 000 compatriotas que optaron por irse del país fueron despedidos del modo más violento que se pueda imaginar. Hoy todo parece superado por la indiferencia, que es la peor manera de curar este tipo de herida. Al menos para las nuevas generaciones (esos jóvenes de ahora mismo que en los momentos que se desencadenaban los sucesos de la embajada de Perú todavía no habían nacido, o eran demasiado pequeños) se trató de otra estampida parecida a la que se vivió a mediados de los noventa con los balseros. Y sin embargo, los que tenemos un poco más de edad sabemos que el Mariel fue distinto, y tristemente, único. No fue el espectáculo también triste de la gente armando sus balsas para cruzar de modo temerario el Estrecho de la Florida, pero bendecidos por los familiares y amigos que desde el Malecón los veían alejarse mientras decían adiós: los marielitos fueron literalmente expulsados, golpeados, vejados, calificados de “escoria” y una vez que llegaron a su punto de destino debieron lidiar con los estereotipos que una película como Scarface (1983), de Brian de Palma, por poner el ejemplo más notorio, se encargaría de acuñar en el imaginario de la época.

Al Pacino Scarface 2

Sería interesante estudiar los modos en que ha sido representada audiovisualmente la llegada de los cubanos a Miami luego de 1959, por cineastas que vivían fuera de la isla. He allí una zona de la memoria mediática que ha nutrido buena parte del diferendo Cuba-Estados Unidos en el último medio siglo, que permanece intocada, como si la antropología visual no encontrase en ese conjunto de imágenes y diálogos suficientes méritos para el análisis. Lee el resto de esta entrada