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UN REGRESO MOMENTÁNEO

Llevo días intentando encontrar al menos un minuto para responder como es debido cada uno de los comentarios que se han dejado en el blog desde hace un par de semanas. Pero como creo haber confesado con anterioridad, lo del blog tengo que llevarlo no como quiero, sino cuando puedo.

De cualquier forma, lo menos que puedo hacer ahora mismo es agradecer el interés que han mostrado algunos amigos y lectores. También ese hermoso comentario que ha colgado desde Francia Laurence Mullaly, y que no temo reproducir, a pesar de que pueda interpretarse como algo de autobombo, porque me confirma algunas ideas que he expresado en este mismo sitio respecto a las posibilidades que brinda la blogosfera en cuanto a compartir conocimientos adquiridos, y estimular la búsqueda de otros. Dice su mensaje:

“Estimadísimo critico,

Te escribo desde Francia donde por cierto nos sigue interesando, a algunos diría que apasionando el cine cubano. Te escribo desde un país donde el conformismo y la autocensura ganan terreno y resulta sano y vital deleitarse con las delicias que nos proporciona “La pupila insomne”. Me refiero a la libre y entusiasta reflexión que reina en tu blog y contamina a los estudiosos y estudiantes que se lanzan a (re)descubrir el cine cubano.

El blog fue una herramienta muy eficaz a la hora de demostrar a los estudiantes las posibilidades intelectuales y artísticas que concede la red a los que se dignan en hacer algo más que intercambiar deseos ultra efímeros. A lo largo del año, me refería a los artículos que leía en “La pupila insomne” sobre el cine cubano de 1959 a 2003 (ya sabes, el tema del examen nacional al cual se someten los aspirantes a profesores de español, ese mismo tema que inició tu gira francesa el año pasado) y logré suscitar la curiosidad, el interés e incluso a veces el debate acerca de tal comentario sobre tal película.

El blog fue un formidable incentivo. Bueno pues, se fue el tema pero me quedé con las ganas de leerte. Es más, me animó a proponerte ensanchar el debate sobre un tema que sigue casi invisible aunque se merece mucho más. La propuesta es la siguiente: te invito a que escribas un artículo para un libro colectivo que trata de “Mujeres, encerramientos y escrituras” en América Latina en el siglo XX y XXI. Se trata de renovar la mirada sobre las obras fílmicas que consideran a las mujeres no como meros objetos de deseo y sumisión sino como sujetos de su mirada y me encantaría contar con tu vistazo. La única mujer cubana que pude estudiar fue a Sara Gómez, un modelo desgraciadamente único de compromiso no convencional”.

Si reproduzco parte de este mensaje, es porque recuerdo que a raíz de aquellas polémicas de los intelectuales del año anterior, escribí que el cine cubano hoy en día es mejor estudiado fuera de la isla que dentro. Es algo que pude apreciar personalmente en Francia, país donde ahora mismo hay una valiosa comunidad académica volcada en la lectura y relectura de lo que ha sido la historia del cine nacional, abordándolos desde ángulos hasta ahora descartados acá. No es que en Cuba no existan buenos investigadores. Es que en Francia (según puede apreciarse en ese conjunto de libros e investigación ya bastante voluminosa) existe una decidida intención de pasar del relato meramente diacrónico al enfoque sincrónico, lo cual ofrece más posibilidades de estudiar y entender al cine cubano no como algo local y provinciano, sino como parte de una estructura mucho más compleja. Se trata, para decirlo en las palabras de Camus, de un buen esfuerzo para entender nuestro tiempo.

Lo ideal sería que esas miradas transoceánicas (las de Cuba y las de Francia) tuvieran una mayor interactividad. Por lo pronto, el comentario que nos hace Laurence Mullaly nos confirma que las nuevas tecnologías pueden contribuir a borrar esa convicción decimonónica, en la cual se invoca la presencia física como una condición sin la cual no puede prosperar el aprendizaje.

Es algo que la crítica tradicional de cine todavía no acaba de asumir de las nuevas tecnologías: no se trata de luchar contra estas, o de poner en duda la legitimidad de aquellos que ahora mismo ejercen su criterio en esos espacios, sino de incorporar esas tecnologías a sus prácticas, y competir libremente con las ideas que los otros (esos que la crítica ya consolidada considerará como “improvisados”) exponen.

Juan Antonio García Borrero

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