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El misterioso caso de los Corales desaparecidos

Jorge Ramón gana el Coral de mejor dirección por Madrigal del inocente

Al primero que le escuché hablar del asunto fue al cineasta Jorge Ramón. Yo le había escrito con el fin de completar para la ENDAC su extensa filmografía, desplegada íntegramente en los Estudios Cinematográficos de la Televisión Cubana, y donde sobresale un filme como Madrigal del inocente (1986).

Hace ya algún tiempo me referí a esa producción de cine hecho para televisión como parte del “cine sumergido”, del cual formarían parte también las películas del CINED, o de la Fílmica de las FAR, y en sentido general, todo aquello que no era tomado en cuenta por el canon dominante, ya sabemos demasiado apegado a lo producido por el ICAIC.  

Jorge Ramón me envió abundante información y fotos que hoy pueden ser consultadas en la ENDAC. Pero recuerdo mi sorpresa y desconcierto cuando me habló del Coral recibido en el marco del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano que se celebra anualmente en La Habana.

Temí que Jorge Ramón estuviese confundido con el premio Caracol (otro galardón cuya historia aún se desvanece en un montón de memorias extraviadas), pues de inmediato consulté lo que sigo considerando el obligado material de consulta para todo aquel que quiera saber qué fue lo que sucedió en aquellas diez primeras citas fílmicas (me refiero al importantísimo libro de Teresa Toledo), y allí no aparecía nada.

Traté de no parecer descortés cuando le hice saber lo que pensaba. Pero Jorge Ramón no solo disculpó mi ignorancia, sino que envió fotos donde aparecía recogiendo el Coral por Madrigal del inocente. Él, y también el protagonista Alejandro Piar.

Alejandro Piar gana el Coral de actuación por Madrigal del inocente.

La segunda persona que me habló de esos Corales misteriosos fue Danilo Lejardi. Y más recientemente Onelio Larralde, a propósito de su página en la ENDAC. Y otra vez Lejardi hizo llegar una foto donde se ve a Larralde sonriente con su galardón en la mano.

¿Cómo ha podido ocurrir que algo tan importante como es el reconocimiento público de una obra, de una actuación, de un hecho artístico, se borre de la memoria pública en tan breve espacio de tiempo, estando vivos incluso buena parte de los protagonistas de los hechos?

La verdad es que desde hace rato me sentía incómodo con esta situación, porque tengo que confesar abiertamente que para mí el Festival de Cine de La Habana es uno de los hechos más relevantes promovidos por el sistema institucional de Cultura en el país, y uno de los espacios donde se trabaja con honestidad por preservar de modo íntegro la memoria de nuestro cine. Así que, ¿cómo explicar ese silenciamiento de lo que tendría que ser considerado parte de su devenir?

Así que, antes de escribir estas notas, decidí comunicarme con Iván Giroud, actual director del Festival, y agradezco ese intercambio porque pude conocer que, si bien es cierto que se entregaron esos premios, no fue el Festival ni el ICAIC quienes organizaban esa modalidad, sino el ICRT.

Y esto, definitivamente, vuelve aún más compleja la solución del problema, pues me consta que en el ICRT la preservación de su memoria fílmica ha sido más bien precaria. Lo sé porque cuando preparé la Guía crítica del cine cubano de ficción (2001), y estuve reuniendo la información que aparece allí, jamás salieron a relucir esos premios, ni la participación de sus películas en el Festival. Y eso que me metí a investigar en los archivos, revisando toda la papelería disponible.

Sin embargo, creo que no es hora de quejarse, ni buscar culpables. Al contrario, creo que hay que pasar directamente de la queja al testimonio que se comparte con buena química, y a las contribuciones de materiales que se irán articulando de un modo natural en un relato donde las fronteras artificiales establecidas entre el ICAIC y el ICRT, finalmente se borren, para bien del cine cubano. Porque eso es lo que importa: la ganancia para la cultura cubana.

Juan Antonio García Borrero

Onelio Larralde obtiene el Coral por la Dirección de Arte de La Botija, de Danilo Lejardi

Una trompeta en Sí (1985), de Jorge Aguirre

Una nueva contribución de nuestro amigo Ramón Berdayes, director de fotografía, permite presentar hoy la página que hemos creado en la ENDAC al documental Una trompeta en Sí (1985), de Jorge Aguirre, producido por los Estudios Cinematográficos de la Televisión Cubana. Antes, en el ICAIC, Luis Felipe Bernaza había realizado El señor del cornetín: Arturo Sandoval (1982), sobre ese gran fenómeno de la música cubana de todos los tiempos; y un año después el propio Bernaza reuniría a Sandoval junto a Jorge Varona y Juan Pablo Torres en Dos trompetas y un trombón (1983). Agradecemos una vez más a Berdayes la complicidad que muestra con nuestro proyecto de contar la historia del cine cubano sumergido junto a la canónica, como parte de un mismo “cuerpo audiovisual de la nación”.


Una trompeta en Sí

Año: 1985

País: Cuba

Género: Documental

Formato: 16 mm

Tiempo: 27’

Color: Color

Productora: Estudios Cinematográficos del Instituto Cubano de Radio y Televisión

Producción: Hevie Cepero

Dirección: Jorge Aguirre

Guión: Jorge Aguirre

Fotografía: Ramón Berdayes

Edición: José G. Taboada

Sonido: Mario Martín-Viaña

Luces: Evaristo Enríquez

Sinopsis

No solo aplausos rodean al universalmente reconocido Arturo Sandoval: músicos, críticos y público en general admiran a este trompetista cubano que ha alcanzado un lugar cimero en la interpretación de su instrumento. Una trompeta en Sí, nos lo presenta en toda su magnitud. Este extraordinario cortometraje indaga en el secreto de la improvisación. El maestro da su versión de cómo manejar las notas agudas, el tiempo que se puede disfrutar de sensacionales interpretaciones y de un recorrido por diferentes puntos de La Habana.

Dizzy Gillespie, ese virtuoso del Jazz de fama mundial, a quien Sandoval considera un músico excepcional – con razón-, también irrumpe en esta cinta no solo para deleitarnos con su arte, sino para opinar de nuestro extraordinario trompetista.

El dúo Gillespie-Sandoval hace que el filme cobre especial significado, porque pocas veces dos grandes de la interpretación se unen para grabar momentos que se enraízan en la cultura de nuestros pueblos, al encontrar sonoridades y timbres que enriquecen la historia musical.

Una trompeta en Sí, satisface los gustos más exigentes. ¡Véalo!  

Premio

Primer Premio de la Programación Musical en el VIII Festival de la Radio y la Televisión

Esta larga tarea de aprender a morir (1987), de Diego Rodríguez Arché

Gracias a la colaboración del director de fotografía Ramón Berdayes, hoy podemos presentar la página que ya tiene en la ENDAC otra de las películas producidas por los Estudios Cinematográficos de la Televisión Cubana: Esta larga tarea de aprender a morir (1987), de Diego Rodríguez Arché. Agradezco una vez más a todos los que contribuyen a enriquecer esto que me ha dado por llamar “el cuerpo audiovisual de la nación”, y que se encuentra en permanente construcción.

ESTA LARGA TAREA DE APRENDER A MORIR

Año:

País: Cuba

Género: Ficción

Formato: 16 mm

Tiempo: 53’

Color: Color

Productora: Estudios Cinematográficos de la Televisión Cubana

Producción: Roberto Córdoba

Dirección: Diego Rodríguez Arché

Guión y adaptación: Diego Rodríguez Arché, basado en el cuento homónimo de Félix Pita Rodríguez

Fotografía: Ramón Berdayes

Música: Calixto Álvarez

Asesora musical: Gloria Torres

Edición: Mirta González

Sonido: Mario Martín Viaña

Ambientación: Santiago Sánchez

Asistentes de dirección: Isabel Echemendía, María Cristina Medina

Maquillaje: Mercedes Franco, Asela Lorenzo

Reparto: Gerardo Riverón, Mabel Roch, Ana Luisa Rubio, Mario Rodríguez, Amelita Pita, Esther Cardoso, José Antonio Coro

Sinopsis

Esta cinta, inspirada en el cuento homónimo de Félix Pita Rodríguez, repasa los momentos finales de la existencia de un hombre y los convierte en una atractiva trama de 53 minutos.

Como quien hojea un álbum de fotografías, este moribundo revisa los pasajes de su vida, se detiene a enjuiciarlos o a enjuiciarse a sí mismo. Así asistimos a la muerte lenta de los valores éticos y morales de un hombre gris que solo conoció el engaño a través de la relación con sus padres, con su amigo, con su esposa, ya que formó imágenes en ocasiones idílicas de los seres que le rodearon. Pero no es una víctima de esta farsa, es parte de este juego desleal, por su falta de valor para enfrentar la vida: sin ilusiones ni afectos decide tener un momento honesto consigo mismo: niega el viático religioso y con este el supuesto paso a una vida mejor, porque –como él mismo apunta- ha muerto desde hace mucho tiempo.

Esta historia, llena de lecciones sabias y justas reflexiones, es capaz de aprehender al espectador desde sus primeras secuencias.