Archivo de la categoría: Cine independiente en Cuba

Dean Luis Reyes: El cine como patria soñada

Hoy, mientras leía este artículo de Dean Luis Reyes, que es la séptima entrega que nos hace IPS del Dossier sobre el cine cubano independiente, no podía dejar de pensar en una gran amiga camagüeyana que vive en Canadá.

Fue por ella que conocí en su momento el corto Song for Cuba (2014), de Tamara Segura. Yo lo había visto en la Muestra 15 de los Nuevos Realizadores, pero fue mi amiga la que de verdad lo puso delante de mí con un ánimo crítico, y con ello, la posibilidad de pensar un poco más ese cuerpo audiovisual de la nación que trato de distinguir del cine nacional.

El fenómeno de los cineastas cubanos emigrados o exiliados es tan antiguo como la Revolución misma de 1959. Van desde aquellos documentales iniciales de Manuel de la Pedrosa (La verdad de Cuba/ 1962; Cuba, satélite 13/ 1963) y Manolo Alonso (La Cuba de ayer/ 1963), pasando por cintas como Photo Album (1984), de Enrique Oliver, Amigos (1985), de Iván Acosta, Cachao (1993), de Andy García, por mencionar algunas, llegando hasta las más recientes exhibidas en las Muestras de Jóvenes Realizadores.

Y hay aquí, en efecto, la posibilidad de acceder a una patria poliédrica donde se va descubriendo la identidad cubana en su permanente construcción.

JAGB


El cine como patria soñada

Los cineastas cubanos independientes emigrados del siglo XXI generalmente no cargan consigo el dolor del expatriado, aunque la pérdida forme parte de su experiencia.

Por Dean Luis Reyes 20 octubre, 2020

Cuando el documental A media voz (Heidi Hassan y Patricia Pérez Fernández, 2019) fue premiado en el Festival Internacional de Cine de La Habana, Hassan dijo en sus palabras de agradecimiento: «Con este premio el Festival legitima también el cine independiente cubano y a los cineastas cubanos que hacemos cine desde fuera del país».

A media voz, que había merecido antes el máximo premio del Festival Internacional de Cine Documental de Ámsterdam, algo inédito para el cine cubano, recurre al cine autobiográfico y a la autoficción para construir su discurso en torno a la experiencia de la emigración como reinvención de la propia identidad. Para sus realizadoras Cuba no es el Edén perdido, sino parte indisoluble de aquello con lo que pueden construir un mundo para existir.

Heidi Hassan, quien reside hace más de una década en Europa, volvió a colaborar en este largometraje con Pérez Fernández, su antigua compañera de estudios de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio de los Baños, como hicieran previamente en Piscina municipal (2013), dirigido por la segunda, o en Otra isla (2014), de Hassan, ambos grabados en España.

Lejos de la sensación de pérdida y del desarraigo como eje dramático de muchas de las películas del cine cubano del exilio –con El súper (León Ichaso y Orlando Jiménez Leal, 1979) como paradigma–, A media voz supone otra manera de entender la diáspora cubana, donde la experiencia del emigrante tiene un cariz de aspiración y libre elección antes que de amargo extravío o de ruptura definitiva.

El cine de la diáspora cubana hoy es también un examen de la experiencia de pertenecer a algo más complejo que la idea de la patria que impone el nacionalismo. En ese sentido, Adriana F. Castellanos examina en Dos islas (2017), un documental que explora su historia familiar en busca de las raíces de la abuela, emigrante de Canarias que echó raíces en Cuba, su propia condición de emigrada que vive y ejerce como montajista en Polonia.

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Textos publicados en el Dossier Cine independiente en Cuba

Juan Antonio García Borrero: Historia del cine independiente en Cuba: memorias de una ausencia

Raydel Araoz: El cine independiente cubano y sus espacios

Gustavo Arcos: ¿Quién eres tú, cine independiente cubano?

Joel del Río: Independientes y seducidos por los géneros

Rafael Ramírez: En el iglú. De los cuadernos de Franz Akuva

Antonio Enrique González Rojas: La animación independiente cubana sí es continuidad

Dean Luis Reyes: El cine como patria soñada

En el iglú. De los cuadernos de Franz Akuva

He aquí el quinto texto que sobre el cine independiente en Cuba, nos entrega IPS. Y en esta ocasión ha sido firmado por Rafael Ramírez, uno de los cineastas cubanos que con mayor seriedad hace suya la voluntad de ser independiente

EN EL IGLÚ. DE LOS CUADERNOS DE FRANZ AKUVA

Por Rafael Ramírez

Desde hace tres años trabajo en lo que he llamado la Trilogía del Lenguaje. De esta he logrado filmar dos de sus partes (Los perros de Amundsen y Las campañas de invierno)

Son 3 esferas o mundos que colisionan en el espacio y el tiempo, sin advertirlo.

Solo establecen nodos entre sí. Los nodos son las aberraciones, paisajes y resistencias del lenguaje.

Yo solo atestiguo la colisión. La colisión es esencialmente inaudible, invisible. Está aposentada en el virus del tiempo.

Bien, eso significa que lo humano-antropológico ha muerto aquí.

No hay humanidad. Solo paisaje. Paisaje oriental.

Restos.

Lo que se mueve, lo que parece estar vivo, es un eco.

*

Me siento y lo vuelvo a ver. Chequeo en mis listas. Es la vez número 20. En el iglú, 2008. Dirigido por Lester Romero y Emmanuel Martin. Este es un filme manifiesto. ¿Pero quién tiene el valor de suscribirlo?

*

Euclides Da Cunha, en su estudio antropológico-histórico-militar Los sertones, trata de explicar desde el instrumental positivista, la erudición de los padres fundadores americanos y las teorías lombrosianas, aquel complejo sentimiento del hombre civilizado ante lo salvaje. Pero ese salvajismo es susceptible a las gradaciones: el salvajismo, por instantes, puede transvalorarse en lo dionisiaco. Entonces aparece un sistema coherente, que se resiste a las aprehensiones del “homo logicus”. Y si el Oriente de Cuba es nuestro sertao, nuestro Nordeste. ¿Quién es nuestro Da Cunha?

*

Si existe la entelequia que llamamos Cine cubano, entonces imaginemos, por un momento, el ectoplasma llamado Cine oriental. Este cine tiene un manifiesto, no escrito, si no fílmico. Y ese manifiesto es En el iglú. Han pasado doce años desde que se filmó. Como un monolito sigue inquietando con solo estar ahí, con el solo gesto de permanecer.

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https://www.ipscuba.net/espacios/altercine/atisbos-desde-el-borde/en-el-iglu-de-los-cuadernos-de-franz-akuva/?fbclid=IwAR2IIm-LwYdX-U8xk_6apvK91IpI-U9j0T0QJZ4cpycB2hFelIg38B2iMbc

Guillermo Cabrera Infante sobre el cine experimental en Cuba

El artículo que nos enviara Fausto Canel sobre la Muestra de Cine Experimental proyectada en el Lyceum de La Habana en 1959, ha propiciado que hoy, gracias a la gentileza de Iván Giroud, podamos compartir el texto que escribiera Guillermo Cabrera Infante sobre el mismo evento. El artículo apareció en la revista Carteles Nro. 7 del 14 de febrero de 1960, en la página 44.  

Este breve texto hay que verlo no solo como otro brillante ejercicio literario de su autor, sino como parte de las pugnas simbólicas que ya estaban teniendo lugar entre los miembros de Lunes de Revolución y sus simpatizantes, y Alfredo Guevara, quien dirigía el ICAIC.

Recordemos que 1959 había logrado aglutinar a las más diversas personalidades alrededor del proyecto revolucionario. El ICAIC sería la primera institución cultural en ser creada por las leyes del nuevo gobierno, y como vicepresidente de la misma figuraría muy brevemente Cabrera Infante. La armonía no duró demasiado, y yo diría, que fue más bien una tregua a esas pugnas que ya se vivían desde los cincuenta, en aquel contexto donde ese grupo de amigos que adoraban el cine (Néstor Almendros, Cabrera Infante, Germán Puig, Ricardo Vigón, Tomás Gutiérrez Alea, Alfredo Guevara, Julio García-Espinosa, entre otros) se expresaban de muy diversas maneras, lo mismo a través de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, o las acciones de la primera Cinemateca cubana.  

De allí que este texto de Caín sea, además de la reseña de algo puntual, el síntoma que permitirá entender un poco mejor lo que llegará más tarde con PM.

JAGB


Cine experimental cubano

Por G. Caín

El hecho de que una de las películas se llame The Mount of Luna y otra esté filmada en la despedida del año 58 en Nueva York, no consigue otra cosa que señalar las dificultades que han encontrado los pocos cubanos que se han dedicado al cine experimental. El cronista recuerda otros ejemplos del pasado y piensa que el esfuerzo baldío, el trabajo malgastado, el vacío público no correspondían enteramente con el tiempo del desprecio de la Tiranía, sino que alcanza hasta la fácil democracia de un Carlos Prío o el desenfado a mano armada de Grau. Están Germán Puig y Edmundo Desnoes, filmando su película con muy escasos recursos y con un dominio del medio tan pobre, que lo que era expresionismo se convertía en naturalismo y lo que era simbolismo en pornografía. Y Plácido González Gómez haciendo su Cimarrón como si fuera la costosa producción del mismo nombre y no un corto de 18 minutos, porque tuvo que filmarla en tres años. O Ramón Fernando luchando con las madrugadas de Tallapiedra, con Adela Escartín y Vicente Revuelta para atrapar un pañuelo que flotaba imperturbable en la bruma.

Ahora estos esfuerzos se han juntado y se han exhibido varias veces las películas más logradas de los realizadores experimentales cubanos. No se puede hablar todavía del talento de un Bakhrage o de la técnica de un Kenneth Angers o de la heterodoxia de Bland o del profesionalismo de Morris Engels o de la pupila alerta de Robert Frank o la intrepidez de Lionel Rogosin. Pero Néstor Almendros, por ejemplo, ofrece una cierta lección de conceptos nuevos del montaje, en su breve, deportiva, brillante 58-59. Almendros—que parece ser la estrella de este grupo, seguido muy de cerca por el buen gusto para el color de Antonio Cernuda—saca su cámara a la calle y entre gente que espera el año nuevo en Times Square, pasea un ojo ávido y simpático, que lo mismo otea un borracho tambaleante que una pareja de amantes inconsecuentes o un grupo de muchachos ruidosos. Almendros no tiene miedo a casi nada y su cámara vuela, pasea, nada, corre, mira arriba y abajo y se siente tan cómoda en la mano como en el carril. Luego, en el cuarto de montaje, ha olvidado los conceptos de los seguidores de Eisenstein y en vez de colocar una foto junto a otra, deja que la acción fluya con la misma suavidad y con idéntica naturalidad a la de la cámara-ojo: lo que la cámara ve es lo que el espectador ve y aunque hay una aparente facilidad, Almendros filmó su corto en dos horas y le tomó seis meses montarlo. Es una pena que Almendros se empeñe en proyectar siempre a 58-59 acompañado de El monte de la Luna, un pretencioso análisis de una historia banal a través de close-ups y que pertenece a la clase de cine que Néstor Almendros pretende declarar obsoleto con 58-59.

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Fausto Canel sobre el cine independiente en… la Cuba pre-revolucionaria

Mi querido amigo Fausto Canel, importante realizador del cine cubano (Desarraigo/ 1965; Papeles son papeles/ 1966), ha querido compartir con los lectores del blog este artículo sobre el cine independiente en Cuba, que escribió… hace 61 años.

Se trata de la reseña aparecida en el periódico Revolución el 12 de noviembre de 1959, a propósito de una muestra de cine experimental proyectada en el Lyceum de La Habana, y que estuvo conformada por los siguientes materiales: The Mount of Luna y 58-59, de Néstor Almendros, Uno, el solitario, de Plácido González, con Sabá Cabrera Infante, Diez centavos, de Antonio Cernuda, y El Mégano, de Julio García-Espinosa, con la colaboración de Tomás Gutiérrez Alea.

Otras veces hemos insistido en la necesidad de operar con una mirada de conjunto, que nos permita descubrir los puentes sumergidos que sostienen la totalidad de ese edificio audiovisual al que solemos referirnos por partes.

Cuando leo las observaciones de Canel, me parece estar participando en los debates que entonces llevaban a Néstor Almendros a filmar 58-59, como un modo de distanciarse de ese neorrealismo italiano que marcaron a Julio García-Espinosa y Tomás Gutiérrez Alea en El Mégano. Y, a su vez, me es fácil detectar la impronta que ese material dejaría más tarde en un documental como PM.

Lo cual me lleva a reiterar, sin temor al cansancio, que para mí lo independiente no puede describirse solo tomando en cuenta lo económico, sino antes, ese deseo que tendrían los individuos de romper con la norma, con lo que ya está establecido.

JAGB


Notas sobre una sesión de cine experimental

Por Fausto Canel

La función que de cine experimental ofreció el Lyceum es en sí misma una de las sesiones más importantes que se han realizado en Cuba para la divulgación de esa forma de expresión propia, real, valiente y sin compromisos que es la película de 16 milímetros realizada en el patio de la casa —o en el jardín del vecino, o en el desierto parque de la esquina, o en el abigarrado centro de la ciudad: un cine para decir o contar o simplemente investigar con el libre juego de las imágenes en movimiento, sin sujeción a las pautas impuestas por la producción comercial.

Y no sólo porque resultaran nuevas la mayoría de las películas, ni porque fuese difícil verlas de nuevo, y ni mucho menos porque los títulos presentados tuviesen categoría extraordinaria, sino por todo lo que representan como germen, como semilla fecunda de la nueva producción de cine cubano: más nueva, más cinematográfica, más cubana, que se está comenzando a hacer en esta nueva etapa de nuestro país.

En la realización de estos pequeños cortos, modestos o pretenciosos, pero siempre sinceros, han intervenido los que hoy en día están llamados a realizar el cine que representará a Cuba en el mercado mundial y en los festivales internacionales. Los que hoy tienen o deben tener la oportunidad y los medios de realizar en grande —aun cuando se haga con una economía ajustada a nuestro país—, muy diferentes a como se habían tenido que filmar estas películas: con mucho trabajo, sin dinero, sin tiempo, luchando contra el desprecio y la incomprensión de una época sub-cultural, sub-industrial cubana, que poco quería saber de cine.

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Joel del Río: Independientes y seducidos por los géneros

He aquí el cuarto texto del dossier que nos entrega IPS sobre el cine independiente cubano más reciente. En esta ocasión, Joel del Río examina el uso de los géneros, lo cual en un contexto como el nuestro, donde la pretensión del Autor parecía dominarlo todo, ha de interpretarse como un gesto de independencia expresiva.

Independientes y seducidos por los géneros

El autor analiza cómo prosperan géneros como el cine criminal, el fantástico y la ciencia ficción en el cine independiente cubano del siglo XXI.

por Joel del Río, profesor y crítico de cine

Inspirados por la creciente voluntad de realizar un cine de vocación popular, que asuma sin complejos los paradigmas narrativos clásicos, de Hollywood, y además se adueñe del reservorio cultural y artístico hereditario, los filmes del cine cubano independiente evidencian estructuras narrativas, tipología de personajes, iconografía o visualidad inherentes a varios géneros establecidos. Se trata de géneros impuros, contaminados por los códigos sintácticos y semánticos del cine de autor, elegido en tanto soporte capaz de asimilar múltiples influencias, lenguajes y signos.

Los nuevos autores, en su afán por desmarcarse de los géneros más visibles en el ICAIC clásico, presentaron diversas opciones, alternativas a las modalidades fijadas por los grandes autores: Tomás Gutiérrez Alea, Humberto Solás, Manuel Octavio Gómez, Fernando Pérez, Juan Carlos Tabío, y otros. Y aunque los jóvenes asumen los géneros tradicionales del cine cubano (cine histórico, melodrama de índole social, comedia de costumbres), y los perpetúan, adaptados a dispositivos sociológicos más contemporáneos, también acomodan tales narrativas al minimalismo y el verismo, dentro de realizaciones que prescinden de grandes despliegues de figurantes, locaciones y otros recursos. De este modo, prosperan, al lado de los géneros tradicionales ya mencionados, el cine criminal (en variante thriller), el fantástico y la ciencia ficción.

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El melodrama, ahora más contenido, de narración transparente y perspectiva observacional, prescinde de los desbordes emotivo-musicales de otrora, pero continúa mostrando la tropelías del poder patriarcal, y potenciando dramáticamente la tríada imposibilidad/sufrimiento/fatalidad, mientras exterioriza el carácter de víctima de los protagonistas a partir de su inadaptación o soledad. Debe aclararse que se trata de reflexiones continuadoras del fundacional melodrama filial Video de familia (Humberto Padrón, 2001), o de la sensitiva pero nunca arrebatada Personal Belongings (Alejandro Brugués, 2007).

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Textos anteriores de la serie

Juan Antonio García Borrero: Historia del cine independiente en Cuba: memorias de una ausencia

Raydel Araoz: El cine independiente cubano y sus espacios

Gustavo Arcos: ¿Quién eres tú, cine independiente cubano?

Gustavo Arcos: ¿Quién eres tú, cine independiente cubano?

El sitio IPS nos trae el tercer texto de la serie dedicada al cine independiente cubano, esta vez con la firma del siempre polémico Gustavo Arcos, escribiendo algo así:

“Son cuestionadas las prácticas monopolizadoras de Hollywood, sus estudios, o los grandes medios por no dejar espacios para los que intentan allí, hacer un cine más crítico o de autor fuera de las normas y el mainstream, pero nos mostramos poco receptivos y hasta intolerantes cuando, en Cuba, algún cineasta quiere hacer una obra “incómoda”, fuera de la industria y los recientes decretos. Aplaudimos, cuando en el extranjero, un director hace un cine contracorriente, de resistencia, un documental de activismo, de investigación, o de denuncia social, pero no toleramos que en nuestro país los artistas se hagan preguntas, sobre el sentido del arte y su relación con el espacio y las dinámicas sociales”.

Pienso que Gustavo Arcos es uno de los pocos críticos cubanos que, si quisiera, podría entregar en este mismo instante un libro sobre el tema. Es uno de los que más ha reflexionado sobre el fenómeno, y más importante aún, uno de los que más cine de ese corte ha visto.

¿Quién eres tú, cine independiente cubano?

por Gustavo Arcos, profesor y crítico de cine

Casi todos los realizadores cubanos surgidos desde finales de los 90 hasta hoy, les han dado identidad a su “independencia” y aunque no existían leyes que los amparaban, en caso, por ejemplo, de abrir una cuenta bancaria o dirimir una disputa por los derechos de autor, en los créditos de sus películas, dejaban bien claro quiénes eran sus principales gestores.

Así, los filmes de Esteban Insausti son producidos por Sincover y los de Ricardo Figueredo, por Cooperativa producciones. El animador Ernesto Piña tiene a Erpiro estudio, KA Producciones le pertenece a Enrique Álvarez, La Tiñosa Autista es Jorge Molina, La casita del lobo es del animador Víctor Alfonso Cedeño, Mar y Cielo S.A lo llevan Patricia Ramos y Humberto Jiménez, Sex Machine es Eduardo del Llano, Pirámide responde a Miguel Coyula, Producciones de la 5ta Avenida es básicamente Claudia Calviño, Cucurucho es de la animadora Ivette Ávila, Estudio ST son Daniela Muñoz y Leila Montero, Independientes bajo tierra es Emmanuel Martín, las sonidistas Velia Díaz de Villalvilla, Irina Carballosa, Glenda Martínez y Daphne Guisado representan a DB Estudio, Atelier Makarenko es Fabián Suarez, Espiral Servicios Audiovisuales son Pedro y Celia Suárez, Rolando Almirante es Alma Films Producciones, Patricia Santacoloma es Producciones Almendares y Carlos Gómez representa Wajiros Films.

No son los únicos, y no radican solo dentro del país.

Otras experiencias artísticas como las de Miguel Coyula (Nadie, 2016-17), Pavel Giroud (Geometría Popular, 2020), Carlos Quintela (El sucesor, 2019) o Heidi Hassan y Patricia Pérez (A media voz, 2019) han encontrado camino utilizando plataformas en internet y redes sociales, demostrando el amplio diapasón que existe hoy en día para desarrollar proyectos audiovisuales, vivas o no en el territorio nacional y en ese sentido, la letra del decreto vuelve a quedarse borrosa al no contemplar de forma explícita estas articulaciones.

Las nuevas disposiciones jurídicas no brindan soluciones a uno de los viejos problemas que han acompañado al sector: la exhibición. No hay garantías, ni compromisos del Estado o del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) para la distribución de las obras independientes.

Un creador puede estar registrado, pagar sus impuestos, recibir un fondo, hacer su película, pero, no tiene seguridad alguna de que será exhibida. Si el asunto tratado es interpretado por los ideólogos como “incómodo” tendrá que bregar muy duro para encontrar espacios en la TV o los cines. En Cuba no hay salas privadas y todos los espacios son controlados por el Estado, aunque el Paquete Semanal y otras formas de distribución informal puedan verse como una alternativa funcional.

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El cine independiente cubano y sus espacios

Acaba de salir el segundo texto del dossier que sobre el cine independiente cubano nos entrega IPS. Este ha sido firmado por el destacado ensayista, y también realizador, Raydel Araoz. Me gusta mucho el punto de vista esgrimido por el autor.

No obstante, con el ánimo de ir conectando lo que aquí se plantea con los incontables debates que han tenido lugar vinculados a este asunto, me gustaría preguntar: ¿no será mejor que en vez de hablar del cine independiente en singular nos refiramos a los “cines independientes”?

El problema es que al colocar “un origen” (en este caso directamente vinculado “a lo social”, como propone Raydel), estaríamos simplificando de una manera brutal las posibilidades de comprender la complejidad de un fenómeno donde muchas veces es dominante el carácter “antisocial” de los independientes.

Tómese esto que apunto como una provocación nacida de la lectura de un texto que justo estimula este tipo de pregunta.

JAGB


El cine independiente cubano y sus espacios

El autor propone que el espacio imaginario o distópico se reinventa en el cine independiente cubano perdiendo su obligatoria referencialidad histórica.

Por Raydel Araoz, realizador, investigador y ensayista

El surgimiento del cine independiente cubano es un evento social. Su nacimiento está directamente ligado a dos procesos: la restructuración que sufre la sociedad cubana con la crisis del Período Especial (nombre oficial dado a los primeros años de la crisis económica que persiste desde 1991) y el cambio tecnológico que vive el mundo.

Si el primero se manifiesta de forma voraz y vertiginosa, el segundo, en cambio, ocurre de manera parsimoniosa. Por tal motivo no será hasta los albores del siglo XXI cuando el cine emergente se convierta en un fenómeno social: la expresión audiovisual de una sociedad que ha sufrido un trauma económico, político y humano.

Es por eso que este cine independiente se actualiza no solo como cine de arte sino también como cine comunitario, y su filmografía abarca desde títulos como Video de familia (Humberto Padrón, 2001, ficc.) y Chamaco (Juan Carlos Cremata, 2010) hasta otros como El milagroso de Santa Elena (Grupo de Aficionados al Cine de Melena del Sur, 2002, ficc.), o La pira (Hugo Navarro, 2013), del cine Club de Nuevitas.

Recientemente, estas producciones comunitarias que nacen de un sector de aficionados al cine y que expresan el imaginario popular de una región o un barrio, ha sido objeto de atención de alguna crítica, como la reunida en la mesa “Kitsch, Camp, Trash, o de como el audiovisual amateur cubano encontró su audiencia”, que organizó la 16ta. Muestra Joven ICAIC en 2018.

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Serie de IPS sobre el Cine Independiente Cubano

Historia del cine independiente en Cuba: memorias de una ausencia, por Juan Antonio García Borrero

El cine independiente cubano y sus espacios, por Raydel Araoz

Un dossier sobre cine independiente cubano en IPS

Acaba de arrancar en el sitio de Inter Press Service (IPS), un dossier sobre el cine independiente cubano. Quiero agradecer al crítico Antonio Enrique González Rojas por la invitación personal que me hiciera llegar en su momento, y que permite que la arrancada sea con este texto que he titulado Historia del cine independiente en Cuba: memorias de una ausencia.

Estoy consciente de que la propuesta que allí hago no encaja con lo hasta ahora dominante, que se apoya en la interpretación estrictamente política. A partir de ese enfoque, se toma lo independiente para intentar transformarlo en algo que le rinda culto incondicional a su nombre: independiente de todo, del Estado, de los modos de representación tradicionales, pero también de la Historia profunda en que se mueve esa modalidad de la práctica audiovisual, y que va más allá de lo que los Estados proponen, porque muy en el fondo son diálogos que se establecen con la Nación.

El riesgo que corre una lectura únicamente política de lo independiente, es que puede devenir en autismo, en tanto suele inaugurar los debates a partir de las experiencias de los sujetos que van y vienen, pero retiene poco de lo que sería el debate esencial: ¿cuán alternativo puede ser ese mundo que se intenta representar más allá de las dictaduras de los muchos, ya sea en el terreno de la política o lo meramente artístico?

Insisto: este no es un texto que intente agotar un tópico. Más bien quiere abrir ventanas, discusiones. Porque al final, lo importante siempre será eso: el debate colectivo que ilumina.

JAGB


Historia del cine independiente en Cuba: memorias de una ausencia

por Juan Antonio García Borrero, crítico de cine e investigador

Mientras revisaba viejos archivos, con el fin de conformar este artículo que me han solicitado sobre la historiografía del cine independiente en Cuba, recordé que, en el mes de junio del año 2015, habíamos sostenido en el blog Cine cubano, la pupila insomne, una intensa polémica a propósito de cierto ensayo redactado por Dean Luis Reyes, con el título de El cine independiente en Cuba. Cómo llegamos hasta aquí.

Lo curioso es que muchas de las ideas manejadas en ese intercambio, habían sido borradas de mi mente, como si una vez que se expresaran en la esfera pública, no merecieran mayor atención. Tal vez por allí se revele uno de los grandes problemas que tendría ahora mismo la construcción de una historiografía que hable de esa zona del audiovisual cubano: hablo de la falta de un fijador epistémico que coloque a ese conjunto de películas de un modo natural dentro del horizonte investigativo en el que se discuten los principales problemas de nuestro cine. De allí que, más que intentar decir ahora algo nuevo, apelaré a lo que suscribía otro Reyes (Alfonso) cuando confesaba preferir repetirse a citarse, e intentaré recuperar algunas de las tesis que entonces manejábamos.

No obstante, algo me gustaría precisar en esta primera parte del texto. En los momentos actuales, casi cuatro años después de debatir puntualmente con ese ensayo de Dean Luis Reyes, he de admitir que ya no me seduce aproximarme al cine cubano (incluyendo lo que serían las más diversas modalidades del cine cubano expandido) desde la tradicional división por zonas: cine del ICAIC (el estatal Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos), cine independiente, cine de la televisión o de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Cine Joven, Cine del exilio, etc.

Más que seguir apelando a un enfoque que trabaja con lo disyuntivo en lo espacial, y lo cronológico en lo temporal, me desvela la posibilidad de construir una plataforma que nos permita acceder a todas esas versiones de una misma práctica cultural, donde la imagen en movimiento, acompañada o no de sonido, y proyectada sobre una superficie (sin importar que sea una enorme pantalla de tela, una pared, o la electrónica de un teléfono) va a establecer un diálogo (a veces explícito, a veces de un modo sintomático) con esa comunidad imaginada que conocemos por nación cubana.

En tal sentido, me interesa poner a la vista lo que desde hace algún tiempo llamo el cuerpo audiovisual de la nación, que sería mucho más que la sumatoria mecánica de películas y biografías de cineastas fácilmente ubicados en el espacio y el tiempo, pero aisladas entre sí.

A diferencia de ese concepto de cine cubano que hemos estado usando, en el cual la metafísica de la presencia es lo que establece la medida de las cosas (solo habría cine cubano allí donde los poderes o la tradición lo han legitimado), con el cuerpo audiovisual de la nación se estarían conectando de un modo natural todas estas prácticas, amparadas en la hegeliana observación de que “hay una sola idea, así como en el individuo viviente hay una sola vida, late un solo pulso en todos los miembros”.

El cineasta cubano Tomás Piard, pareció ser uno de los pocos que miraba todo ese “cine aficionado” con la misma seriedad con que se examina “la gran Historia”, y conservaba con una devoción digna del gran cinéfilo que siempre fue, las fotos de aquellas películas que filmaban en las más precarias condiciones.

¿Significa esto que, a partir de ahora, se borrarían los perímetros que nos ayudaban a distinguir el objeto de estudio? En el caso concreto de lo “independiente”, ¿de qué manera vamos a percibir esas señales que, hasta ayer, nos facilitaban la identificación de un grupo de filmes o una comunidad de cineastas que tratan de romper con el modelo hegemónico de representación?

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Elogio del cine independiente

Existen (2005), de Esteban Insausti

Lo más provocador que le he escuchado decir a un cineasta sobre el cine independiente, es esto que alguna vez apuntó Werner Herzog:

Yo desarrollé ideas e hice carpetas y las llevé a presentarlas a cadenas de televisión y financistas y siempre me las rechazaron, fue algo muy humillante. Y entendí también que nunca iba a ser independiente porque el cine independiente es un mito, el único cine independiente son las películas que haces con tu familia en navidad. Pero sí hago una clara distinción: siempre trato ser autónomo, y entendí que es necesario ganar dinero para hacer películas y empecé a trabajar como soldador en una fábrica en los turnos nocturnos porque durante el día todavía iba a la escuela. Y también hice otros trabajos raros y me gané el dinero. Y mi consejo para ti, si tienes un cuerpo capaz y eres un hombre joven: sal, busca tu dinero y con menos de diez mil dólares yo creo que puedes hacer una película de ficción. Así que, por favor, no se me quejen, sin quejas”.

El problema es que en Cuba salir a buscar dinero para hacer esa película de ficción por tu cuenta, al margen de la aprobación del ICAIC, ha sido siempre un grandísimo problema. Como en nuestro país desde 1959 hasta acá hablar de cine cubano es hablar del cine del ICAIC, pues todo lo que se saliera de ese formato estaba condenado a la satanización. O al ninguneo. Es decir, a la no existencia.

Por eso es que me parece digno de elogio la reciente aprobación del Decreto-Ley 373 que reconoce a la figura del realizador independiente (es decir, de los que han estado más allá de lo institucionalizado). Y me parece más valioso aún porque a diferencia del Decreto-Ley 349, que primero apareció publicado y después comenzó a discutirse con la gente, este nuevo Decreto es el resultado de años de debates, reclamaciones, intervenciones críticas de cineastas tildados en su momento de “locos” (como en el excelente documental experimental de Esteban Insausti Existen /2005). Lee el resto de esta entrada

Cine independiente en Cuba: una selección de textos

Imágenes de los filmes independientes: “PM”, Severo secreto”, “Siervos”, “Molina Borealis”, “Video de familia”, “Talco para lo negro”, “El acompañante”.

Se ha debatido poco el fenómeno del cine independiente realizado por cubanos. Es decir, han existido abundantes confrontaciones públicas donde esa producción audiovisual gestada más allá de los predios del ICAIC, ha sido exaltada o descalificada de acuerdo a los intereses políticos de grupos que pugnan entre sí. Pero eso todavía no sería un debate rigurosamente académico.

No es que lo político no forme parte importante del asunto. En un país como el nuestro, donde hasta hace poco el ICAIC ostentaba el monopolio de la producción, distribución, y exhibición cinematográfica, es de esperar que todavía sea dominante ese tipo de interpretación reduccionista.

Llevará tiempo enriquecer dicha perspectiva hegemónica, sobre todo porque faltan espacios donde se puedan apreciar y discutir de un modo natural esos otros cines, pero sobre todo porque, de modo involuntario, formamos parte de esa comunidad interpretativa que asume el cine cubano como una identidad, y no como un conjunto de diversidades en permanente construcción interactiva.

De allí que no sea raro advertir cómo (ya sea a través de festivales, eventos académicos, etc), se recicla el canon icaicentrista, aislando (del mismo modo que se aísla la producción del ICAIC) esta otra producción donde lo independiente se asume como la identidad que se opone a la estatal.

La reciente aprobación del Decreto-Ley “Del Creador Audiovisual y Cinematográfico Independiente” nos obliga a ir pensando de un modo sistemático y riguroso este asunto. Y necesitamos que las ideas que se expongan contribuyan a iluminar un universo que, en muchos sentidos, resulta inédito para todos.

No solo es la institución ICAIC la que se enfrenta a un entorno que pone en crisis el modelo tradicional de producción audiovisual en Cuba. También los cineastas independientes obtienen ese reconocimiento en una época que no se parece en nada a aquellas fechas en que la Ley de Cine vigente en Cuba anunciaba que “el cine es un arte”. Y los críticos e historiadores ya no contarán de un modo tan claro con el comodín cine nacional, en tanto con las nuevas tecnologías se incrementa el perfil transnacional de las producciones audiovisuales.

De allí que sea necesario repensar de un modo crítico todo lo que hasta el momento se ha argumentado, y que lamentablemente, aparece disperso en los más insospechados lugares. La presente selección de textos publicados en el blog es una modestísima contribución a ese estudio futuro. Estoy seguro que entre todos pudiéramos hacer una propuesta de bibliografía más exhaustiva.

En lo personal no me interesa convertir al cine independiente realizado por cubanos en una entelequia. Cada vez me seducen menos esos enfoques disyuntivos que hablan de las películas cubanas según la procedencia de sus fondos, la edad o ideología de sus realizadores, o el gusto cinematográfico que se aprecie en su construcción.

Dicho de otro modo: me interesa pensar el audiovisual cubano como algo complejo que formaría parte de esa Historia mayor de imágenes en movimiento que describen a la nación desde sus ángulos más insospechados. Creo que desde esa perspectiva holística tendríamos mayores posibilidades de concederle a nuestras prácticas audiovisuales valores que no solamente estarían asociado a lo estético.

La presenta selección de textos solo toma en cuenta parte de lo publicado en el blog a lo largo de estos años. Hay voces, como la de Gustavo Arcos, que se repiten. Y es que en realidad son pocos los estudiosos (Dean Luis Reyes es el otro gran conocedor de estos temas) que le han dedicado tiempo a apreciar esta producción que, al carecer del apoyo oficial, pareciera ser para siempre “rehén de las sombras”.

Y no en balde he incluido al final el primer texto que circularon los cineastas cubanos en aquella fecha ya lejana del 8 de mayo del 2013: creo que el Decreto-Ley recién aprobado le debe casi todo a los desvelos de ese grupo de realizadores que, pertenecieran al ICAIC o fueran independientes, decidieron defender públicamente al cine cubano como una de las expresiones más genuinas de la cultura nacional.

Juan Antonio García Borrero

Para descargar la selección de textos (Segunda actualización), pinchar debajo:

El cine independiente en Cuba