Archivo de la categoría: Cine independiente en Cuba

Textos publicados en el Dossier “Cine independiente en Cuba” de IPS

El dossier sobre cine cubano independiente preparado por IPS llegó a su fin. Aquí está la relación de textos y videos, con sus links.


Textos y videos publicados

Historia del cine independiente en Cuba: memorias de una ausencia, por Juan Antonio García Borrero

El cine independiente cubano y sus espacios, por Raydel Araoz

¿Quién eres tú, cine independiente cubano?, por Gustavo Arcos

Independientes y seducidos por los géneros, por Joel del Río

En el iglú. De los cuadernos de Franz Akuva, por Rafael Ramírez

La animación independiente cubana sí es continuidad, por Antonio Enrique González Rojas

El cine como patria soñada, por Dean Luis Reyes

Las almas femeninas del cine independiente cubano, por Mayté Madruga Hernández

La política del cine independiente cubano, por Ángel Pérez

Cine independiente cubano: imagen y racialidad, por Raydel Araoz

Rostros del cine independiente cubano (Infografía)

Otra mirada al cine independiente cubano y los decretos, por Gustavo Arcos

Realizadoras independientes en Cuba: del anonimato a la female gaze, por Berta Carricarte

Cine independiente cubano vs experimentación, por Ángel Pérez

Realizadores independientes: ¿alternativa en Cuba? (Video)

Las independencias del cine cubano, por Antonio Enrique González Rojas

Realizadores independientes cubanos ante el Decreto-Ley 373 (Video)

Textos publicados en el Dossier “Cine independiente en Cuba” de IPS

El dossier que sobre el cine independiente cubano nos viene entregando IPS, ha llegado ya a diez textos. Le comenté a Antonio Enrique González Rojas, su coordinador, que de allí podría salir un importante libro.

Cierto que ahora mismo todos esos textos están en la red. Pero cuando se accede a ellos en solitario, pueden causar la impresión de ese iceberg que flota a la deriva, desprendido de una masa helada mayor, donde solo apreciamos una mínima parte de su estructura.

Como libro (no importa si de papel o digital), estoy seguro que puede ser bien revelador de esa otra historia del cine cubano que aún falta por narrar. Pienso sobre todo en los puntos de giro que puede proponer en esas narrativas académicas que siguen abordando al cine cubano desde lo tradicional.

Por lo pronto, listamos aquí el título de cada uno de los textos publicados, acompañados del nombre de su autor y los respectivos links, lo cual puede facilitar su consulta.

JAGB

Historia del cine independiente en Cuba: memorias de una ausencia, por Juan Antonio García Borrero

El cine independiente cubano y sus espacios, por Raydel Araoz

¿Quién eres tú, cine independiente cubano?, por Gustavo Arcos

Independientes y seducidos por los géneros, por Joel del Río

En el iglú. De los cuadernos de Franz Akuva, por Rafael Ramírez

La animación independiente cubana sí es continuidad, por Antonio Enrique González Rojas

El cine como patria soñada, por Dean Luis Reyes

Las almas femeninas del cine independiente cubano, por Mayté Madruga Hernández

La política del cine independiente cubano, por Ángel Pérez

Cine independiente cubano: imagen y racialidad, por Raydel Araoz

Las almas femeninas del cine independiente cubano

Se sigue enriqueciendo el dossier que sobre el cine cubano independiente nos entrega IPS. El octavo texto, firmado por Mayté Madruga Hernández, aborda la representación del universo femenino dentro de ese cuerpo de películas.

Las almas femeninas del cine independiente cubano

El cine de ficción cubano independiente contempla un espectro de personajes mujeres diversas y para nada estereotipadas.

por Mayté Madruga Hernández

El cine de ficción cubano no está alejado de estereotipos y normas heteropatriarcales que pueden colocar a los personajes femeninos en un segundo plano de relevancia en cuanto a historias se refiere. Sin embargo, también existen materiales que pueden ser analizados desde una mirada crítica, bajo la cual resaltan mujeres empoderadas o conflictos femeninos.

En el catálogo de la III Muestra Nacional de Jóvenes Realizadores ICAIC 2004, el investigador Juan Antonio García Borrero escribía: “Ser mujer, en estos tiempos, no obstante las batallas y las conquistas, no deja de ser por el momento otro gran percance a resolver”. Las palabras de Borrero formaban parte de la presentación de la sección “¡Ojo, pinta!: La mujer”, apartado del encuentro cinematográfico que, parafraseando las palabras del propio historiador, estaría dedicado a la mujer como parte de la mirada masculina y “también ejercitando su propia manera de ver el asunto”.

Hace más de 15 años de esta sección, y todavía las palabras de este catálogo tienen vigencia en tanto ser mujer y ser representada en la pantalla como tal, sin estereotipos o minimizada, constituye un tema de complicado abordaje.

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El cine de ficción cubano independiente a las instituciones culturales oficiales ha tenido personajes femeninos a veces más interesantes, otras mucho más esquemáticos. A lo largo de todo este tiempo, varios directores han trazado un espectro de personajes mujeres diversas y para nada estereotipadas. Uno de ellos es Arturo Infante, que cual Humberto Solás (1941-2008) -aunque distantes ambos en estéticas y temas- ha mirado, no a asuntos únicos del universo femenino, si no a diferentes mujeres, que logran destacarse como sujetos y no víctimas aunque no responden a una mirada de género o feminista consciente.

Entre los primeros personajes femeninos de Infante más memorables, se encuentran los del corto Utopía (2004). Dichos personajes responden a un universo de valores, el cual suele reconocerse como marginal. Mediante la farsa y la comedia, Infante despliega lo que en una lectura aberrante pudiera ser una visión despectiva de sus personajes, tanto masculinos como femeninos, pero en un análisis más profundo Utopía respeta los derroteros de las personas dentro de una sociedad independiente a los que gobiernos o instituciones proyecten para sus individuos.

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Textos publicados en el Dossier Cine independiente en Cuba

Historia del cine independiente en Cuba: memorias de una ausencia, por Juan Antonio García Borrero

El cine independiente cubano y sus espacios, por Raydel Araoz

¿Quién eres tú, cine independiente cubano?, por Gustavo Arcos

Independientes y seducidos por los géneros, por Joel del Río

En el iglú. De los cuadernos de Franz Akuva, por Rafael Ramírez

La animación independiente cubana sí es continuidad, por Antonio Enrique González Rojas

El cine como patria soñada, por Dean Luis Reyes

Las almas femeninas del cine independiente cubano, por Mayté Madruga Hernández

Dean Luis Reyes: El cine como patria soñada

Hoy, mientras leía este artículo de Dean Luis Reyes, que es la séptima entrega que nos hace IPS del Dossier sobre el cine cubano independiente, no podía dejar de pensar en una gran amiga camagüeyana que vive en Canadá.

Fue por ella que conocí en su momento el corto Song for Cuba (2014), de Tamara Segura. Yo lo había visto en la Muestra 15 de los Nuevos Realizadores, pero fue mi amiga la que de verdad lo puso delante de mí con un ánimo crítico, y con ello, la posibilidad de pensar un poco más ese cuerpo audiovisual de la nación que trato de distinguir del cine nacional.

El fenómeno de los cineastas cubanos emigrados o exiliados es tan antiguo como la Revolución misma de 1959. Van desde aquellos documentales iniciales de Manuel de la Pedrosa (La verdad de Cuba/ 1962; Cuba, satélite 13/ 1963) y Manolo Alonso (La Cuba de ayer/ 1963), pasando por cintas como Photo Album (1984), de Enrique Oliver, Amigos (1985), de Iván Acosta, Cachao (1993), de Andy García, por mencionar algunas, llegando hasta las más recientes exhibidas en las Muestras de Jóvenes Realizadores.

Y hay aquí, en efecto, la posibilidad de acceder a una patria poliédrica donde se va descubriendo la identidad cubana en su permanente construcción.

JAGB


El cine como patria soñada

Los cineastas cubanos independientes emigrados del siglo XXI generalmente no cargan consigo el dolor del expatriado, aunque la pérdida forme parte de su experiencia.

Por Dean Luis Reyes 20 octubre, 2020

Cuando el documental A media voz (Heidi Hassan y Patricia Pérez Fernández, 2019) fue premiado en el Festival Internacional de Cine de La Habana, Hassan dijo en sus palabras de agradecimiento: «Con este premio el Festival legitima también el cine independiente cubano y a los cineastas cubanos que hacemos cine desde fuera del país».

A media voz, que había merecido antes el máximo premio del Festival Internacional de Cine Documental de Ámsterdam, algo inédito para el cine cubano, recurre al cine autobiográfico y a la autoficción para construir su discurso en torno a la experiencia de la emigración como reinvención de la propia identidad. Para sus realizadoras Cuba no es el Edén perdido, sino parte indisoluble de aquello con lo que pueden construir un mundo para existir.

Heidi Hassan, quien reside hace más de una década en Europa, volvió a colaborar en este largometraje con Pérez Fernández, su antigua compañera de estudios de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio de los Baños, como hicieran previamente en Piscina municipal (2013), dirigido por la segunda, o en Otra isla (2014), de Hassan, ambos grabados en España.

Lejos de la sensación de pérdida y del desarraigo como eje dramático de muchas de las películas del cine cubano del exilio –con El súper (León Ichaso y Orlando Jiménez Leal, 1979) como paradigma–, A media voz supone otra manera de entender la diáspora cubana, donde la experiencia del emigrante tiene un cariz de aspiración y libre elección antes que de amargo extravío o de ruptura definitiva.

El cine de la diáspora cubana hoy es también un examen de la experiencia de pertenecer a algo más complejo que la idea de la patria que impone el nacionalismo. En ese sentido, Adriana F. Castellanos examina en Dos islas (2017), un documental que explora su historia familiar en busca de las raíces de la abuela, emigrante de Canarias que echó raíces en Cuba, su propia condición de emigrada que vive y ejerce como montajista en Polonia.

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Textos publicados en el Dossier Cine independiente en Cuba

Juan Antonio García Borrero: Historia del cine independiente en Cuba: memorias de una ausencia

Raydel Araoz: El cine independiente cubano y sus espacios

Gustavo Arcos: ¿Quién eres tú, cine independiente cubano?

Joel del Río: Independientes y seducidos por los géneros

Rafael Ramírez: En el iglú. De los cuadernos de Franz Akuva

Antonio Enrique González Rojas: La animación independiente cubana sí es continuidad

Dean Luis Reyes: El cine como patria soñada

En el iglú. De los cuadernos de Franz Akuva

He aquí el quinto texto que sobre el cine independiente en Cuba, nos entrega IPS. Y en esta ocasión ha sido firmado por Rafael Ramírez, uno de los cineastas cubanos que con mayor seriedad hace suya la voluntad de ser independiente

EN EL IGLÚ. DE LOS CUADERNOS DE FRANZ AKUVA

Por Rafael Ramírez

Desde hace tres años trabajo en lo que he llamado la Trilogía del Lenguaje. De esta he logrado filmar dos de sus partes (Los perros de Amundsen y Las campañas de invierno)

Son 3 esferas o mundos que colisionan en el espacio y el tiempo, sin advertirlo.

Solo establecen nodos entre sí. Los nodos son las aberraciones, paisajes y resistencias del lenguaje.

Yo solo atestiguo la colisión. La colisión es esencialmente inaudible, invisible. Está aposentada en el virus del tiempo.

Bien, eso significa que lo humano-antropológico ha muerto aquí.

No hay humanidad. Solo paisaje. Paisaje oriental.

Restos.

Lo que se mueve, lo que parece estar vivo, es un eco.

*

Me siento y lo vuelvo a ver. Chequeo en mis listas. Es la vez número 20. En el iglú, 2008. Dirigido por Lester Romero y Emmanuel Martin. Este es un filme manifiesto. ¿Pero quién tiene el valor de suscribirlo?

*

Euclides Da Cunha, en su estudio antropológico-histórico-militar Los sertones, trata de explicar desde el instrumental positivista, la erudición de los padres fundadores americanos y las teorías lombrosianas, aquel complejo sentimiento del hombre civilizado ante lo salvaje. Pero ese salvajismo es susceptible a las gradaciones: el salvajismo, por instantes, puede transvalorarse en lo dionisiaco. Entonces aparece un sistema coherente, que se resiste a las aprehensiones del “homo logicus”. Y si el Oriente de Cuba es nuestro sertao, nuestro Nordeste. ¿Quién es nuestro Da Cunha?

*

Si existe la entelequia que llamamos Cine cubano, entonces imaginemos, por un momento, el ectoplasma llamado Cine oriental. Este cine tiene un manifiesto, no escrito, si no fílmico. Y ese manifiesto es En el iglú. Han pasado doce años desde que se filmó. Como un monolito sigue inquietando con solo estar ahí, con el solo gesto de permanecer.

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https://www.ipscuba.net/espacios/altercine/atisbos-desde-el-borde/en-el-iglu-de-los-cuadernos-de-franz-akuva/?fbclid=IwAR2IIm-LwYdX-U8xk_6apvK91IpI-U9j0T0QJZ4cpycB2hFelIg38B2iMbc

Guillermo Cabrera Infante sobre el cine experimental en Cuba

El artículo que nos enviara Fausto Canel sobre la Muestra de Cine Experimental proyectada en el Lyceum de La Habana en 1959, ha propiciado que hoy, gracias a la gentileza de Iván Giroud, podamos compartir el texto que escribiera Guillermo Cabrera Infante sobre el mismo evento. El artículo apareció en la revista Carteles Nro. 7 del 14 de febrero de 1960, en la página 44.  

Este breve texto hay que verlo no solo como otro brillante ejercicio literario de su autor, sino como parte de las pugnas simbólicas que ya estaban teniendo lugar entre los miembros de Lunes de Revolución y sus simpatizantes, y Alfredo Guevara, quien dirigía el ICAIC.

Recordemos que 1959 había logrado aglutinar a las más diversas personalidades alrededor del proyecto revolucionario. El ICAIC sería la primera institución cultural en ser creada por las leyes del nuevo gobierno, y como vicepresidente de la misma figuraría muy brevemente Cabrera Infante. La armonía no duró demasiado, y yo diría, que fue más bien una tregua a esas pugnas que ya se vivían desde los cincuenta, en aquel contexto donde ese grupo de amigos que adoraban el cine (Néstor Almendros, Cabrera Infante, Germán Puig, Ricardo Vigón, Tomás Gutiérrez Alea, Alfredo Guevara, Julio García-Espinosa, entre otros) se expresaban de muy diversas maneras, lo mismo a través de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, o las acciones de la primera Cinemateca cubana.  

De allí que este texto de Caín sea, además de la reseña de algo puntual, el síntoma que permitirá entender un poco mejor lo que llegará más tarde con PM.

JAGB


Cine experimental cubano

Por G. Caín

El hecho de que una de las películas se llame The Mount of Luna y otra esté filmada en la despedida del año 58 en Nueva York, no consigue otra cosa que señalar las dificultades que han encontrado los pocos cubanos que se han dedicado al cine experimental. El cronista recuerda otros ejemplos del pasado y piensa que el esfuerzo baldío, el trabajo malgastado, el vacío público no correspondían enteramente con el tiempo del desprecio de la Tiranía, sino que alcanza hasta la fácil democracia de un Carlos Prío o el desenfado a mano armada de Grau. Están Germán Puig y Edmundo Desnoes, filmando su película con muy escasos recursos y con un dominio del medio tan pobre, que lo que era expresionismo se convertía en naturalismo y lo que era simbolismo en pornografía. Y Plácido González Gómez haciendo su Cimarrón como si fuera la costosa producción del mismo nombre y no un corto de 18 minutos, porque tuvo que filmarla en tres años. O Ramón Fernando luchando con las madrugadas de Tallapiedra, con Adela Escartín y Vicente Revuelta para atrapar un pañuelo que flotaba imperturbable en la bruma.

Ahora estos esfuerzos se han juntado y se han exhibido varias veces las películas más logradas de los realizadores experimentales cubanos. No se puede hablar todavía del talento de un Bakhrage o de la técnica de un Kenneth Angers o de la heterodoxia de Bland o del profesionalismo de Morris Engels o de la pupila alerta de Robert Frank o la intrepidez de Lionel Rogosin. Pero Néstor Almendros, por ejemplo, ofrece una cierta lección de conceptos nuevos del montaje, en su breve, deportiva, brillante 58-59. Almendros—que parece ser la estrella de este grupo, seguido muy de cerca por el buen gusto para el color de Antonio Cernuda—saca su cámara a la calle y entre gente que espera el año nuevo en Times Square, pasea un ojo ávido y simpático, que lo mismo otea un borracho tambaleante que una pareja de amantes inconsecuentes o un grupo de muchachos ruidosos. Almendros no tiene miedo a casi nada y su cámara vuela, pasea, nada, corre, mira arriba y abajo y se siente tan cómoda en la mano como en el carril. Luego, en el cuarto de montaje, ha olvidado los conceptos de los seguidores de Eisenstein y en vez de colocar una foto junto a otra, deja que la acción fluya con la misma suavidad y con idéntica naturalidad a la de la cámara-ojo: lo que la cámara ve es lo que el espectador ve y aunque hay una aparente facilidad, Almendros filmó su corto en dos horas y le tomó seis meses montarlo. Es una pena que Almendros se empeñe en proyectar siempre a 58-59 acompañado de El monte de la Luna, un pretencioso análisis de una historia banal a través de close-ups y que pertenece a la clase de cine que Néstor Almendros pretende declarar obsoleto con 58-59.

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Fausto Canel sobre el cine independiente en… la Cuba pre-revolucionaria

Mi querido amigo Fausto Canel, importante realizador del cine cubano (Desarraigo/ 1965; Papeles son papeles/ 1966), ha querido compartir con los lectores del blog este artículo sobre el cine independiente en Cuba, que escribió… hace 61 años.

Se trata de la reseña aparecida en el periódico Revolución el 12 de noviembre de 1959, a propósito de una muestra de cine experimental proyectada en el Lyceum de La Habana, y que estuvo conformada por los siguientes materiales: The Mount of Luna y 58-59, de Néstor Almendros, Uno, el solitario, de Plácido González, con Sabá Cabrera Infante, Diez centavos, de Antonio Cernuda, y El Mégano, de Julio García-Espinosa, con la colaboración de Tomás Gutiérrez Alea.

Otras veces hemos insistido en la necesidad de operar con una mirada de conjunto, que nos permita descubrir los puentes sumergidos que sostienen la totalidad de ese edificio audiovisual al que solemos referirnos por partes.

Cuando leo las observaciones de Canel, me parece estar participando en los debates que entonces llevaban a Néstor Almendros a filmar 58-59, como un modo de distanciarse de ese neorrealismo italiano que marcaron a Julio García-Espinosa y Tomás Gutiérrez Alea en El Mégano. Y, a su vez, me es fácil detectar la impronta que ese material dejaría más tarde en un documental como PM.

Lo cual me lleva a reiterar, sin temor al cansancio, que para mí lo independiente no puede describirse solo tomando en cuenta lo económico, sino antes, ese deseo que tendrían los individuos de romper con la norma, con lo que ya está establecido.

JAGB


Notas sobre una sesión de cine experimental

Por Fausto Canel

La función que de cine experimental ofreció el Lyceum es en sí misma una de las sesiones más importantes que se han realizado en Cuba para la divulgación de esa forma de expresión propia, real, valiente y sin compromisos que es la película de 16 milímetros realizada en el patio de la casa —o en el jardín del vecino, o en el desierto parque de la esquina, o en el abigarrado centro de la ciudad: un cine para decir o contar o simplemente investigar con el libre juego de las imágenes en movimiento, sin sujeción a las pautas impuestas por la producción comercial.

Y no sólo porque resultaran nuevas la mayoría de las películas, ni porque fuese difícil verlas de nuevo, y ni mucho menos porque los títulos presentados tuviesen categoría extraordinaria, sino por todo lo que representan como germen, como semilla fecunda de la nueva producción de cine cubano: más nueva, más cinematográfica, más cubana, que se está comenzando a hacer en esta nueva etapa de nuestro país.

En la realización de estos pequeños cortos, modestos o pretenciosos, pero siempre sinceros, han intervenido los que hoy en día están llamados a realizar el cine que representará a Cuba en el mercado mundial y en los festivales internacionales. Los que hoy tienen o deben tener la oportunidad y los medios de realizar en grande —aun cuando se haga con una economía ajustada a nuestro país—, muy diferentes a como se habían tenido que filmar estas películas: con mucho trabajo, sin dinero, sin tiempo, luchando contra el desprecio y la incomprensión de una época sub-cultural, sub-industrial cubana, que poco quería saber de cine.

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Joel del Río: Independientes y seducidos por los géneros

He aquí el cuarto texto del dossier que nos entrega IPS sobre el cine independiente cubano más reciente. En esta ocasión, Joel del Río examina el uso de los géneros, lo cual en un contexto como el nuestro, donde la pretensión del Autor parecía dominarlo todo, ha de interpretarse como un gesto de independencia expresiva.

Independientes y seducidos por los géneros

El autor analiza cómo prosperan géneros como el cine criminal, el fantástico y la ciencia ficción en el cine independiente cubano del siglo XXI.

por Joel del Río, profesor y crítico de cine

Inspirados por la creciente voluntad de realizar un cine de vocación popular, que asuma sin complejos los paradigmas narrativos clásicos, de Hollywood, y además se adueñe del reservorio cultural y artístico hereditario, los filmes del cine cubano independiente evidencian estructuras narrativas, tipología de personajes, iconografía o visualidad inherentes a varios géneros establecidos. Se trata de géneros impuros, contaminados por los códigos sintácticos y semánticos del cine de autor, elegido en tanto soporte capaz de asimilar múltiples influencias, lenguajes y signos.

Los nuevos autores, en su afán por desmarcarse de los géneros más visibles en el ICAIC clásico, presentaron diversas opciones, alternativas a las modalidades fijadas por los grandes autores: Tomás Gutiérrez Alea, Humberto Solás, Manuel Octavio Gómez, Fernando Pérez, Juan Carlos Tabío, y otros. Y aunque los jóvenes asumen los géneros tradicionales del cine cubano (cine histórico, melodrama de índole social, comedia de costumbres), y los perpetúan, adaptados a dispositivos sociológicos más contemporáneos, también acomodan tales narrativas al minimalismo y el verismo, dentro de realizaciones que prescinden de grandes despliegues de figurantes, locaciones y otros recursos. De este modo, prosperan, al lado de los géneros tradicionales ya mencionados, el cine criminal (en variante thriller), el fantástico y la ciencia ficción.

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El melodrama, ahora más contenido, de narración transparente y perspectiva observacional, prescinde de los desbordes emotivo-musicales de otrora, pero continúa mostrando la tropelías del poder patriarcal, y potenciando dramáticamente la tríada imposibilidad/sufrimiento/fatalidad, mientras exterioriza el carácter de víctima de los protagonistas a partir de su inadaptación o soledad. Debe aclararse que se trata de reflexiones continuadoras del fundacional melodrama filial Video de familia (Humberto Padrón, 2001), o de la sensitiva pero nunca arrebatada Personal Belongings (Alejandro Brugués, 2007).

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Textos anteriores de la serie

Juan Antonio García Borrero: Historia del cine independiente en Cuba: memorias de una ausencia

Raydel Araoz: El cine independiente cubano y sus espacios

Gustavo Arcos: ¿Quién eres tú, cine independiente cubano?

Gustavo Arcos: ¿Quién eres tú, cine independiente cubano?

El sitio IPS nos trae el tercer texto de la serie dedicada al cine independiente cubano, esta vez con la firma del siempre polémico Gustavo Arcos, escribiendo algo así:

“Son cuestionadas las prácticas monopolizadoras de Hollywood, sus estudios, o los grandes medios por no dejar espacios para los que intentan allí, hacer un cine más crítico o de autor fuera de las normas y el mainstream, pero nos mostramos poco receptivos y hasta intolerantes cuando, en Cuba, algún cineasta quiere hacer una obra “incómoda”, fuera de la industria y los recientes decretos. Aplaudimos, cuando en el extranjero, un director hace un cine contracorriente, de resistencia, un documental de activismo, de investigación, o de denuncia social, pero no toleramos que en nuestro país los artistas se hagan preguntas, sobre el sentido del arte y su relación con el espacio y las dinámicas sociales”.

Pienso que Gustavo Arcos es uno de los pocos críticos cubanos que, si quisiera, podría entregar en este mismo instante un libro sobre el tema. Es uno de los que más ha reflexionado sobre el fenómeno, y más importante aún, uno de los que más cine de ese corte ha visto.

¿Quién eres tú, cine independiente cubano?

por Gustavo Arcos, profesor y crítico de cine

Casi todos los realizadores cubanos surgidos desde finales de los 90 hasta hoy, les han dado identidad a su “independencia” y aunque no existían leyes que los amparaban, en caso, por ejemplo, de abrir una cuenta bancaria o dirimir una disputa por los derechos de autor, en los créditos de sus películas, dejaban bien claro quiénes eran sus principales gestores.

Así, los filmes de Esteban Insausti son producidos por Sincover y los de Ricardo Figueredo, por Cooperativa producciones. El animador Ernesto Piña tiene a Erpiro estudio, KA Producciones le pertenece a Enrique Álvarez, La Tiñosa Autista es Jorge Molina, La casita del lobo es del animador Víctor Alfonso Cedeño, Mar y Cielo S.A lo llevan Patricia Ramos y Humberto Jiménez, Sex Machine es Eduardo del Llano, Pirámide responde a Miguel Coyula, Producciones de la 5ta Avenida es básicamente Claudia Calviño, Cucurucho es de la animadora Ivette Ávila, Estudio ST son Daniela Muñoz y Leila Montero, Independientes bajo tierra es Emmanuel Martín, las sonidistas Velia Díaz de Villalvilla, Irina Carballosa, Glenda Martínez y Daphne Guisado representan a DB Estudio, Atelier Makarenko es Fabián Suarez, Espiral Servicios Audiovisuales son Pedro y Celia Suárez, Rolando Almirante es Alma Films Producciones, Patricia Santacoloma es Producciones Almendares y Carlos Gómez representa Wajiros Films.

No son los únicos, y no radican solo dentro del país.

Otras experiencias artísticas como las de Miguel Coyula (Nadie, 2016-17), Pavel Giroud (Geometría Popular, 2020), Carlos Quintela (El sucesor, 2019) o Heidi Hassan y Patricia Pérez (A media voz, 2019) han encontrado camino utilizando plataformas en internet y redes sociales, demostrando el amplio diapasón que existe hoy en día para desarrollar proyectos audiovisuales, vivas o no en el territorio nacional y en ese sentido, la letra del decreto vuelve a quedarse borrosa al no contemplar de forma explícita estas articulaciones.

Las nuevas disposiciones jurídicas no brindan soluciones a uno de los viejos problemas que han acompañado al sector: la exhibición. No hay garantías, ni compromisos del Estado o del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) para la distribución de las obras independientes.

Un creador puede estar registrado, pagar sus impuestos, recibir un fondo, hacer su película, pero, no tiene seguridad alguna de que será exhibida. Si el asunto tratado es interpretado por los ideólogos como “incómodo” tendrá que bregar muy duro para encontrar espacios en la TV o los cines. En Cuba no hay salas privadas y todos los espacios son controlados por el Estado, aunque el Paquete Semanal y otras formas de distribución informal puedan verse como una alternativa funcional.

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El cine independiente cubano y sus espacios

Acaba de salir el segundo texto del dossier que sobre el cine independiente cubano nos entrega IPS. Este ha sido firmado por el destacado ensayista, y también realizador, Raydel Araoz. Me gusta mucho el punto de vista esgrimido por el autor.

No obstante, con el ánimo de ir conectando lo que aquí se plantea con los incontables debates que han tenido lugar vinculados a este asunto, me gustaría preguntar: ¿no será mejor que en vez de hablar del cine independiente en singular nos refiramos a los “cines independientes”?

El problema es que al colocar “un origen” (en este caso directamente vinculado “a lo social”, como propone Raydel), estaríamos simplificando de una manera brutal las posibilidades de comprender la complejidad de un fenómeno donde muchas veces es dominante el carácter “antisocial” de los independientes.

Tómese esto que apunto como una provocación nacida de la lectura de un texto que justo estimula este tipo de pregunta.

JAGB


El cine independiente cubano y sus espacios

El autor propone que el espacio imaginario o distópico se reinventa en el cine independiente cubano perdiendo su obligatoria referencialidad histórica.

Por Raydel Araoz, realizador, investigador y ensayista

El surgimiento del cine independiente cubano es un evento social. Su nacimiento está directamente ligado a dos procesos: la restructuración que sufre la sociedad cubana con la crisis del Período Especial (nombre oficial dado a los primeros años de la crisis económica que persiste desde 1991) y el cambio tecnológico que vive el mundo.

Si el primero se manifiesta de forma voraz y vertiginosa, el segundo, en cambio, ocurre de manera parsimoniosa. Por tal motivo no será hasta los albores del siglo XXI cuando el cine emergente se convierta en un fenómeno social: la expresión audiovisual de una sociedad que ha sufrido un trauma económico, político y humano.

Es por eso que este cine independiente se actualiza no solo como cine de arte sino también como cine comunitario, y su filmografía abarca desde títulos como Video de familia (Humberto Padrón, 2001, ficc.) y Chamaco (Juan Carlos Cremata, 2010) hasta otros como El milagroso de Santa Elena (Grupo de Aficionados al Cine de Melena del Sur, 2002, ficc.), o La pira (Hugo Navarro, 2013), del cine Club de Nuevitas.

Recientemente, estas producciones comunitarias que nacen de un sector de aficionados al cine y que expresan el imaginario popular de una región o un barrio, ha sido objeto de atención de alguna crítica, como la reunida en la mesa “Kitsch, Camp, Trash, o de como el audiovisual amateur cubano encontró su audiencia”, que organizó la 16ta. Muestra Joven ICAIC en 2018.

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Serie de IPS sobre el Cine Independiente Cubano

Historia del cine independiente en Cuba: memorias de una ausencia, por Juan Antonio García Borrero

El cine independiente cubano y sus espacios, por Raydel Araoz