Archivos Mensuales: mayo 2021

Algunos criterios sobre la ENDAC como herramienta académica

Aunque como plataforma la ENDAC es una herramienta que puede servirnos a todos para lograr objetivos concretos vinculados a los intereses particulares (ejemplo: preservar las memorias de los individuos y/o grupos), también existe lo que pudiéramos llamar el Superobjetivo, que en este caso se enfocaría en estimular el alcance académico de sus contenidos.

Por eso me da mucho gusto compartir estas tres opiniones de personas vinculadas a las Universidades, y que han visto en la ENDAC algo útil a la producción de conocimientos que generan en sus respectivos espacios de enseñanza y aprendizaje.

También es bien estimulante que pueda apreciarse aquí la potencialidad transnacional del sitio, toda vez que Mirtha Padrón escribe desde México, Michael Chanan desde el Reino Unido, y Luis Duno desde los Estados Unidos.

A todos ellos el agradecimiento por la complicidad con la ENDAC. He aquí los comentarios:

“La ENDAC se ha convertido en una herramienta indispensable para aprender y obtener un recuento detallado de lo que es realmente la cinematografía de la nación cubana en todas sus aristas. Excelente trabajo que puede mostrarse además por la utilización de las tecnologías con un fin de aprendizaje y conocimiento general, algo que es necesario en el entorno actual. ¡Felicidades y a continuar enriqueciéndola! (Mirtha Padrón. Directora General de Universidad Autónoma de Durango. Campus Saltillo. Coahuila, México)

“No hay nada nuevo en la idea de una enciclopedia digital, pero para merecer el término tiene que ser más que una base de datos, como Internet Movie Data Base (IMDB). En este sentido, ENDAC es ejemplar. Es mucho más que un depósito de hechos y opiniones recibidas, pero arroja todo tipo de información contextual y enlaces temáticos. Para el académico, una valiosa herramienta para la investigación tanto sincrónica como diacrónica. Es también un proyecto en evolución, que tiene la sensación de estar vivo y de dar vida a toda la cultura audiovisual cubana, pasada, presente e indudablemente futura” (Michael Chanan, autor del emblemático libro Cuban Cinema. Profesor Emérito en University of Roehampton)

“La Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano (ENDAC) constituye la cristalización perfecta de un esfuerzo sostenido por más de una década. El resultado es un archivo crítico de notable profundidad y alcance. Por último, ENDAC ofrece tanto referencias a fuentes primarias, como reflexiones críticas ancladas en sólidas bases teóricas. Estamos ante una herramienta de gran utilidad para la investigación del audiovisual cubano, así como un modelo para futuros proyectos centrados en otras expresiones nacionales” (Luis Duno-Gottberg, Profesor Asociado de Estudios Caribeños y de Cine en el Departamento de Estudios Hispánicos de Rice University).

¿Cómo colaborar con la ENDAC?

Para los amigos que estén interesados en colaborar con la ENDAC, aquí les dejamos un Manual donde se explica el procedimiento.

Como siempre he reiterado, la ENDAC no es la Enciclopedia de un autor determinado, sino una plataforma donde se puede interactuar y contribuir a la construcción de eso que insistimos en llamar “el cuerpo audiovisual de la nación”, donde caben las películas y las biografías, pero también las Historias de las tecnologías usadas, los espacios de socialización, las publicaciones, los estudios de audiencias. En fin: la cultura audiovisual pensada de un modo holístico.

Este manual pretende ayudar a los usuarios que deseen colaborar con la Enciclopedia agregando entradas. Su propósito es guiarlos a través de los pasos a seguir para crear, editar y subir una entrada al portal.

La Enciclopedia está basada en el sistema de gestión de contenido WordPress, lo que facilita la curva de aprendizaje y brinda una experiencia natural respecto a la edición de contenido.

Página para descargar el Manual: https://endac.org/download/como-colaborar-con-la-endac-manual/

De García Borrero a Julio César Guanche sobre Alfredo Guevara y su legado

Querido Guanche:

Ante todo, quiero reiterarte el agradecimiento por la invitación que me hicieras para escribir sobre Alfredo Guevara en ese gran expediente que has organizado. He leído el resto de las comunicaciones, y no he podido evitar la tentación de organizar estas ideas que ahora expongo. Eso habla a favor del dossier, en tanto invita a repensar lo expuesto, a no dejarnos indiferente, y discutirlo como seguramente le hubiese encantado a Alfredo.

Creo que, en sentido general, las intervenciones han coincidido en señalar el perfil humanista de Alfredo Guevara. Más allá de sus virtudes y defectos como individuo, esos que admiradores y detractores pasan todo el tiempo enfrentando entre sí, queda la evidencia de una gestión cultural que se puso a la altura de lo que estaba demandando la época: si el cine cubano revolucionario de esa primera década post-59 alcanzó la relevancia que hoy conocemos, fue porque Alfredo Guevara trazó un camino que se apartaba con firmeza de lo manido, y aspiraba a ser verdaderamente moderno.

Sus enemigos podrán decir horrores de él (Guevara tampoco ahorró duras descalificaciones para sus contrarios), pero el resultado está allí: una obra colectiva donde no solamente estaríamos hablando de un centro productor de películas (que ya de por sí era bastante difícil), sino de algo más complejo donde se tendría que tener en cuenta, además de la producción cinematográfica, la distribución y exhibición, así como la formación de un nuevo público. Se escribe fácil, pero pensemos que estamos hablando de la influencia lograda a lo largo y ancho de todo el país, y más allá de sus fronteras.

Sin embargo, como todo lo humano, tales logros dejaron también un saldo de perdedores, o para decirlo sin eufemismos, víctimas. Es decir, como siempre ocurre, esa manera de ejercer el Poder (con mayúsculas)tuvo sus inevitables consecuencias, y el análisis de esa parte de la Historia vinculada a Alfredo Guevara es la que le echo de menos en el dossier.

Tomando en cuenta que, tal como se advierte en la presentación, ese conjunto de reflexiones no está pensando en el pasado, sino el presente, y sobre todo el futuro, faltó preguntarse si tendría sentido reciclar el Poder tal como lo ejerció Alfredo. Más claro aún: en la nueva Cuba, esa que tanto soñamos, una Cuba más inclusiva y más democrática ¿sería recomendable mandar del mismo modo que lo hizo Alfredo Guevara?

A mí me interesaría discutir este asunto, ya sea la respuesta positiva o negativa, dejando a un lado al sujeto Alfredo Guevara (del cual tenemos claro, al menos yo, que fue un gran estratega) para hablar del Poder ejercido, con todas las complejidades que van asociadas al mismo. Porque si de algo no le se puede acusar a Alfredo es de inocencia; al contrario, Alfredo estaba consciente de que “las revoluciones no son paseos de riviera”, como le confesara en 1992 al periodista Wilfredo Cancio Isla en la entrevista publicada en La Gaceta de Cuba.

Pero hay que recordar que esa crítica radical a su manera de ejercer el Poder tiene su primer gran antecedente, en el extenso memorando que Tomás Gutiérrez Alea le escribe el 25 de mayo de 1961, a propósito de los sucesos vinculados a la censura de PM. Es un texto extenso que debería estudiarse y discutirse en nuestros medios públicos como mismo se discuten las películas o los documentos que se llevan a los congresos. Allí Titón le dice a Alfredo:

  1. La experiencia que puede extraerse del conocimiento de una obra reaccionaria puede dar lugar a soluciones positivas, revolucionarias, dentro del trabajo de un artista revolucionario.
  2. Ocultar obras porque pueden constituir una mala influencia para nuestros compañeros solo puede producir un estancamiento en el desarrollo de los mismos. Y como consecuencia inevitable, una falta de confianza en las ideas que se dan como buenas (ya que se evita una confrontación con la realidad).
  3. No puede haber variedad en nuestras obras si todas se deben ajustar al gusto de una sola persona.
  4. La imposición de ideas, aun cuando estas sean correctas, es un arma de doble filo pues genera una reacción (muy humana, por cierto) en contra de la idea.
  5. No se puede pensar por los demás.

¿Acaso estas ideas que Titón desarrolla con más amplitud en su texto no tienen vigencia en esta Cuba de ahora mismo? ¿Acaso no se siguen censurando películas? ¿No siguen determinados grupos o personas tratando de imponer sus ideas, mientras descalifican sin clemencia todo lo que se aparte un milímetro de lo que ellos piensan?, ¿acaso ese tipo de Poder autoritario no es el pan nuestro de cada día?, ¿no es eso lo que se pone de manifiesto cuando un joven muestra en público un cartel con la leyenda “Socialismo sí, represión no” y recibe más represión?

En honor a la verdad, tendríamos que reconocer que la figura de Alfredo Guevara no encaja fácilmente en esos estereotipos de oscuro censor que sus acérrimos detractores le adjudican. No es que él mismo no reconociera haber censurado (“Prohibir es prohibir; y prohibimos”, le dice a Cancio Isla en la entrevista que mencioné hace un rato, al hablar de lo sucedido con PM), pero me refiero a que si quisiéramos sacar alguna luz de lo nefasto que significa ese tipo de ejercicio de Poder que Titón alertaba, tendríamos que tomar en cuenta todo, y no solo lo que nos conviene: es decir, tendríamos que hablar del Alfredo que censuró PM, pero también del que se enfrentó a Blas Roca, hablar del que se opuso a que los cineastas aficionados de finales de los setenta alcanzaran autonomía y del que al final de su vida no dejó de reunirse con los jóvenes porque en ellos confiaba, o del que detuvo el rodaje de Cerrado por reforma, que fue el mismo que no se dejó amedrentar por el entonces poderoso Carlos Aldana.

De todos modos, si algo agradezco del pensamiento de Alfredo Guevara es que pide a gritos ser rescatado de los altares donde solo cabe la veneración acrítica. Al contrario, la vigencia de un pensamiento crítico como el de él nunca estará asociada a la confusión de lo revolucionario (eso que permanentemente cambia, como la realidad) con el orden revolucionario (lo que una vez cambió y se quiere conservar de modo autoritario).  

El desafío está en pensarlo como parte de un conjunto de voces que, como en Rashomon,se van complementando en el afán de entender un poco más una realidad poliédrica. Pero sería absurdo creer que su percepción de lo que puede ser el socialismo sirve para todos. De allí la necesidad de que nunca dejemos de hacer la pregunta esencial: ¿desde dónde hablas?  

Seguro recuerdas el fragmento de Huracán sobre el azúcar donde Sartre descubre, en medio de su visita a Cuba, el término “retinosis pigmentaria” gracias a un discurso de Oscar Pino Santos que cita de este modo: “Existe —dice poco más o menos Pino Santos— una enfermedad de los ojos que se nombra “retinosis pigmentaria ” y que se manifiesta por la pérdida de la visión lateral. “Todos los que se han llevado de Cuba una visión optimista, son grandes enfermos: ven de frente y nunca con el rabillo del ojo“.

Creo que Alfredo Guevara siempre estuvo mirando con el rabillo del ojo. Cierto que tomó partido, y hasta el último momento defendió la construcción del socialismo. Pero tenía conciencia de que en medio de todo esto estaban los seres humanos, con sus aspiraciones comunes a ser felices: es decir, estaban esos individuos de carne y huesos que en medio de la exaltación de las Ideas (otra vez con mayúscula) jamás encontraremos en la narrativa de los medios porque sencillamente han sido ninguneados.

Sé de lo que hablo porque vivo en un lugar donde a Sara Gómez le hubiese gustado filmar la segunda parte de De cierta manera, una comunidad nueva donde conviven profesionales maravillosos y familias disfuncionales, edificios nuevos y casitas de madera, o personas que como tú y yo hemos podido viajar, publicar y ahora sostener un diálogo civilizado en la red, con otras que cada vez perciben menos luces en sus horizontes porque sencillamente aprecian una suerte de SQP (Sálvese quien pueda) a su alrededor.    

Alfredo fue muy crítico con esa televisión que padece de retinosis pigmentaria (“No creo que la televisión sea gran cosa. No lo es hasta ahora”, dijo con ese estilo lapidario y elitista que tanta incomodidad provocaba). Sabía que no puede entenderse de la misma manera el socialismo desde la comodidad de una cabina climatizada de la televisión nacional, que desde un barrio marginal y pobre.

¿Cómo evitar que esa simplificación inevitable que nuestros medios hacen de la compleja realidad se convierta en la medida de las cosas en Cuba? ¿Cómo naturalizar en nuestras agendas de discusión las estrategias para minimizar los efectos del Bloqueo (que sí existe) a la par que el debate sobre el poder de una Burocracia (mayúscula otra vez) que amenaza con devorarlo todo?

Va a ser difícil. Vivimos ahora mismo una época donde otra vez aquí está de moda el “Que se vayan. No los necesitamos”, y del otro lado el rechazo a todo lo que huela a gobierno. Desde luego, esas son las posiciones extremas (que son las que se escuchan en los medios), porque también estaría eso que Primo Levi llamó “la vasta zona gris”, y que me gusta asociar a los que Borges describía en su poema “Los justos”: hablo de la gente común que va resistiendo el embate de las pandemias, las consignas vacías, la ineficiencia de los servicios, o la soberbia de quienes ya creen tener la Verdad absoluta en sus manos y se dan el lujo estéril de la sordera.

En este sentido, Alfredo Guevara ha quedado en mi memoria como el paradigma de un intelectual que no temía la confrontación ni evadía la complejidad. Eso es lo que a mi juicio garantizará que siga reapareciendo a cada rato, para incomodidad de tirios y troyanos.

Te agradezco una vez más la invitación a escribir sobre él, y la lectura de ese dossier que ahora ha provocado esta nueva reflexión.

Un abrazo fuerte,

Juan Antonio García Borrero

Aquel 7mo Taller Nacional de Crítica Cinematográfica (1999) …

Diseño del cartel: Nelson Haedo

Hoy, a la altura del año 2021, hablar de “cine y nuevas tecnologías” suena a lugar común. Vivimos tan inmersos en la época de la informatización de la gestión cultural, que hasta el detractor más tenaz que pudiese tener el asunto, difícilmente podría prescindir del uso de esos dispositivos emergentes.

Eso es entendible en la Cuba del 2021, o sea, en la Cuba del 4G, donde la penetración de Internet (con todo y los precios excluyentes), ya es algo más que una utopía. Pero en 1999 organizar un Taller Nacional de Crítica Cinematográfica cuyo eje temático rezaba “Cine, tecnología, identidad”, sencillamente sonaba a ciencia ficción.

No podría probarlo de un modo irrefutable, pero tengo la impresión de que esa fue la primera vez que se organizó en Cuba un evento con el fin de pensar críticamente, la relación ya establecida entre la cultura audiovisual y las nuevas tecnologías, y la necesidad de un uso creativo de las mismas.

Por otro lado, también tengo la impresión de que a los críticos de cine que entonces ejercían su oficio no les motivó demasiado el tema (bueno, seamos honestos: a muchos críticos de cine todavía no les motiva). Eso es lo que explica que las ponencias principales fueran desarrolladas por estudiosos que no pertenecían al gremio: los cubanos Enrique González-Manet y Abelardo Mena, y los españoles Joaquín Fonoll y Xavier González.

La ponencia de González-Manet, titulada “Cine, nuevas tecnologías y propaganda: apología de la comunicación en la era de la informática”, partía de comentar algunas de las ideas del célebre sociólogo Alvin Toffler, autor de libros tan exitosos como El shock del futuro (1970) y La tercera ola (1970).

Revisar la copia mecanografiada del ensayo que amablemente donó el conferencista al Centro Provincial del Cine de Camagüey, hoy puede regalarnos el testimonio de la paradoja que por entonces nos habitaba: hablábamos del futuro todavía instalados en el pasado, pues las ponencias presentadas al Taller se tecleaban en máquinas de escribir Underwood (original y dos copias, casi siempre, usando papel carbón). 

En este sentido, en 1999 aquellas aproximaciones tenían más de ambiciosos ejercicios de imaginación, de profecías arriesgadas, que de constatación de una realidad que entonces nos resultaban radicalmente ajenas. Nosotros en el Centro de Cine de Camagüey recién nos estrenábamos en el uso de una computadora entregada por Zenaida Porrúa, directora del Sectorial Provincial de Cultura en aquel momento, e intuíamos que nuestra gestión cultural se iba a transformar; pero no teníamos la menor idea (al menos yo) en qué sentido iba a ocurrir ese cambio.

Enrique González-Manet, conferencista

Recuerdo que me impresionó muchísimo lo que casi al final de su ponencia expresaba González-Manet:

Las perspectivas para los próximos 15 años incluyen la ampliación de los servicios de Internet en tiempo real, la transmisión barata de imágenes multimedia y la comunicación visual por banda ancha; la generalización de las interconexiones y el acceso múltiple a bases de datos globales; la comunicación personal instantánea de tipo multimedia por medios portátiles miniaturizados; y la regularización del correo electrónico y el teléfono visual de alta resolución, todo lo cual ha de exigir un orden basado en estrictas regulaciones internacionales, muy distinto al caos que predomina en las “autopistas electrónicas”. La traducción simultánea y el control verbal de los equipos más sofisticados será una realidad en el próximo decenio, en el que también tendrá lugar una casi total privatización de los sistemas de comunicación”.

Si miramos lo que está pasando ahora mismo a nuestro alrededor, veríamos que desde 1999 el Taller Nacional de Crítica Cinematográfica de Camagüey ofreció luces de lo que podía pasar en ese futuro que hoy es presente. Lo que nos lleva a preguntar: ¿qué falló entonces a la hora de llevar a la práctica institucional lo que el pensamiento crítico había identificado como una necesidad de estrategias?

Sencillamente una vez más quedaría confirmado que no basta poseer la tecnología en nuestras manos. Necesitamos aprender a usarla creativamente, y a pensar en la construcción de escenarios donde se humanice el uso de esos dispositivos, es decir, donde la importancia de las cosas que se usan, ceda ante la importancia primera de las personas que las usan.

En aquel mismo Taller, Abelardo Mena (creador del primer boletín electrónico cultural hecho en Cuba) presentó una ponencia que tituló “El XX Festival de Cine Latinoamericano en Internet. Una experiencia casi personal”, donde entre otras cosas proponía “colocar en Internet las memorias de este VII Encuentro Taller de Crítica Cinematográfica (sic), así como las ponencias presentadas en toda su extensión”.

Sin embargo, pese a que en algún momento la Oficina del Taller Nacional de Crítica Cinematográfica comenzó a contar con el servicio de Internet, nunca conseguimos construir ese repositorio donde hoy pudieran consultarse todas las ponencias presentadas a lo largo de la Historia del evento. Teníamos la tecnología, pero no estábamos preparados para dar ese salto que demanda desplazarnos del enfoque analógico de la cultura al enfoque digital.

Hoy, por suerte, en la ENDAC es posible encontrar reunidas no solo información y varias de las ponencias, sino que todo ese conjunto se integra a un marco mayor que sería la cultura audiovisual en general.

Porque si algo intentaban decirnos los talleristas de aquella séptima edición del evento, es que el mundo, a pesar de los peligros y las nuevas relaciones de poder, muy pronto pasaría a ser eso que es hoy: una oportunidad de convertir la inteligencia colectiva en el mejor medio de hacer crecer la libertad individual.

Juan Antonio García Borrero

Luis Alberto García (Hijo), actor de La vida es silbar, y Lupe Ontiveros, actriz de Selena, invitados al 7 Taller Nacional de Crítica Cinematográfica.

Página en la ENDAC: https://endac.org/encyclopedia/vii-taller-nacional-de-critica-cinematografica-1998/