En memoria de Enrique Colina

La casualidad ha querido que Enrique Colina (n. La Habana, 27 de abril de 1944; m. 27 de octubre de 2020) fallezca el mismo día en que a lo largo y ancho del planeta se celebra el Día Mundial del Patrimonio Audiovisual. Son innumerables los mensajes que he leído donde se resalta la indiscutible importancia de este hombre que dedicó toda su vida justo a promover lo mejor del arte cinematográfico.

Sin embargo, debo confesar que, en mi caso, Enrique Colina es, sobre todo, otro paradigma de intelectual que (al igual que Titón), ponía por delante el imperativo cívico de pensar críticamente nuestras existencias. En tal sentido, esto que alguna vez dijo me sigue pareciendo ejemplar:  

“(…) he hecho varios documentales que reflejan problemas que ya estaban desde los años ochenta y que han empeorado a unos niveles terribles hoy día. Más allá de considerarme un crítico pienso que soy una persona que vive en este país y que ve esta realidad sin tapujos ni prejuicios al precio de vivir una amarga decepción que lejos de paralizarme me compulsa a protestar. Me parece que no es nada excepcional lo que hago. Tengo una opinión y es mi derecho expresarla. Es una lástima que esta actitud no esté un poco más extendida. Mi punto de vista es que nos hemos convertido en un tipo de ciudadano que no tiene desarrollado un sentido cívico elemental. Ser revolucionario ha sido históricamente en la práctica obedecer, seguir las orientaciones, cumplir las tareas asignadas y ha quedado para la retórica demagógica aquello de pensar con cabeza propia y decir y actuar en consecuencia. Pronto yo y los que dirigen nos vamos a morir. Entonces nos preguntamos ¿Qué pasará con el país? y ¿Qué responsabilidad tenemos? ¿Crees tú que puedo virarle la espalda a mi realidad teniendo un medio de expresión? Esto es una obligación más que un derecho”.

Nunca le agradecí como debía que la primera entrada publicada en este blog, luego de la presentación del mismo, fuera la carta que dirigió a Desiderio Navarro en el 2007, en el marco de la llamada “Guerrita de los emails”. Y agradecerle de paso la motivación para, a raíz de la misma, dirigirme a él públicamente, en un intento de naturalizar esa cultura de la polémica por la que tanto abogó.

Fue un documentalista que hizo del humor irreverente un arma que atacaba sin piedad aquello que consideraba negativo. Era enemigo de la censura y así lo hizo saber en varias ocasiones. Paradójicamente, hacia el final de su vida, luchó por dejar a un lado la etiqueta de “crítico” con la que lo siguen asociando, como cuando escribe, a propósito del filme Conducta(2014), de Ernesto Daranas: “Hace muchos años que dejé de ejercer la crítica de cine, aunque en esencia, más que discurrir sobre la cinematografía en sí misma y la valoración purista de su discurso artístico, mi intención siempre fue la de acercarme al análisis de la realidad a través del cine. Aclaro entonces que esta no es una crítica de cine”.

Entiendo esa posición con la cual me siento absolutamente identificado. A mí tampoco me interesa mucho la crítica de cine en sí misma, sino el ejercicio permanente del pensamiento crítico, que es enemigo de las etiquetas. Colina, insisto en eso, fue uno de nuestros grandes maestros, con un don que le daba muchísima ventaja: ha sido uno de los cubanos que mejor comunica en pantalla.

Esta que presentamos a continuación es la página de Enrique Colina en la Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano (ENDAC). Aquí podrán encontrar información sobre su filmografía, declaraciones del cineasta, reseñas, imágenes. Por supuesto que es algo mínimo comparado con lo que se puede lograr, tomando en cuenta la dimensión de su legado. Pero lo importante es mantener al alcance de la mano su pensamiento, ese que nos animará en todo momento a poner bajo sospecha las chapucerías, la indolencia, el burocratismo. Y seguir soñando el cine y el audiovisual con la misma pasión con que Enrique Colina enseñaba.

Juan Antonio García Borrero


Enrique Colina

(n. La Habana, 27 de abril de 1944; m. 27 de octubre de 2020). Cineasta, crítico y profesor de cine. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica y Francesa por la Universidad de La Habana. Durante más de treinta años dirigió para la televisión cubana el espacio didáctico 24 por segundo, tal vez el más influyente de los programas de su tipo creados en la isla. Debutó como realizador de documentales en 1984 con Estética, inaugurando una línea de trabajo donde el humor, el sarcasmo, la mirada incisiva al entorno cotidiano acompañaría a casi todas sus películas. En la ficción debuta con el cortometraje El unicornio (1988), si bien ha de esperar catorce años para dirigir su primer y único largometraje en ese género: Entre ciclones (2002). Ejerció la docencia en el Instituto Superior de Arte, la EICTV, la Femis de París, entre otras instituciones académicas.


Filmografía

1984: Estética (Doc)

1984: Yo también te haré llorar (Doc)

1986: Vecinos (Doc)

1986: Jau (Doc)

1987: Chapucerías (Doc)

1987: Más vale tarde… que nunca (Doc)

1988: El Unicornio (cm)

1991: El rey de la selva (cm)

2002: Entre ciclones (Largometraje)

2008: Los bolos en Cuba y una eterna amistad (Doc)

2013: La vaca de mármol (Doc)

2016: Cuba: oferta especial, todo incluido (Doc)

Publicado el octubre 28, 2020 en OBITUARIOS. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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