Fausto Canel sobre el cine independiente en… la Cuba pre-revolucionaria

Mi querido amigo Fausto Canel, importante realizador del cine cubano (Desarraigo/ 1965; Papeles son papeles/ 1966), ha querido compartir con los lectores del blog este artículo sobre el cine independiente en Cuba, que escribió… hace 61 años.

Se trata de la reseña aparecida en el periódico Revolución el 12 de noviembre de 1959, a propósito de una muestra de cine experimental proyectada en el Lyceum de La Habana, y que estuvo conformada por los siguientes materiales: The Mount of Luna y 58-59, de Néstor Almendros, Uno, el solitario, de Plácido González, con Sabá Cabrera Infante, Diez centavos, de Antonio Cernuda, y El Mégano, de Julio García-Espinosa, con la colaboración de Tomás Gutiérrez Alea.

Otras veces hemos insistido en la necesidad de operar con una mirada de conjunto, que nos permita descubrir los puentes sumergidos que sostienen la totalidad de ese edificio audiovisual al que solemos referirnos por partes.

Cuando leo las observaciones de Canel, me parece estar participando en los debates que entonces llevaban a Néstor Almendros a filmar 58-59, como un modo de distanciarse de ese neorrealismo italiano que marcaron a Julio García-Espinosa y Tomás Gutiérrez Alea en El Mégano. Y, a su vez, me es fácil detectar la impronta que ese material dejaría más tarde en un documental como PM.

Lo cual me lleva a reiterar, sin temor al cansancio, que para mí lo independiente no puede describirse solo tomando en cuenta lo económico, sino antes, ese deseo que tendrían los individuos de romper con la norma, con lo que ya está establecido.

JAGB


Notas sobre una sesión de cine experimental

Por Fausto Canel

La función que de cine experimental ofreció el Lyceum es en sí misma una de las sesiones más importantes que se han realizado en Cuba para la divulgación de esa forma de expresión propia, real, valiente y sin compromisos que es la película de 16 milímetros realizada en el patio de la casa —o en el jardín del vecino, o en el desierto parque de la esquina, o en el abigarrado centro de la ciudad: un cine para decir o contar o simplemente investigar con el libre juego de las imágenes en movimiento, sin sujeción a las pautas impuestas por la producción comercial.

Y no sólo porque resultaran nuevas la mayoría de las películas, ni porque fuese difícil verlas de nuevo, y ni mucho menos porque los títulos presentados tuviesen categoría extraordinaria, sino por todo lo que representan como germen, como semilla fecunda de la nueva producción de cine cubano: más nueva, más cinematográfica, más cubana, que se está comenzando a hacer en esta nueva etapa de nuestro país.

En la realización de estos pequeños cortos, modestos o pretenciosos, pero siempre sinceros, han intervenido los que hoy en día están llamados a realizar el cine que representará a Cuba en el mercado mundial y en los festivales internacionales. Los que hoy tienen o deben tener la oportunidad y los medios de realizar en grande —aun cuando se haga con una economía ajustada a nuestro país—, muy diferentes a como se habían tenido que filmar estas películas: con mucho trabajo, sin dinero, sin tiempo, luchando contra el desprecio y la incomprensión de una época sub-cultural, sub-industrial cubana, que poco quería saber de cine.

Recuerdo cuando hace ya más de un par de años un grupo de amigos de la Universidad, que como bichos raros nos interesábamos por el cine, decidimos muy entusiasmados, muy optimistas, realizar una película sobre un cuento cubano. Primero nos dedicamos con amor a la adaptación de la narración literaria al cine —recuerdo todavía cómo trabajábamos intranquilos sobre un tema que no nos pertenecía y sin podernos comunicar con Enrique Berros, el autor, que estudiaba todavía en Estados Unidos. Más tarde, y ya terminado el guión técnico con dibujos y todo, ¡tan ingenuos!, nos pusimos a ensayar noche tras noche durante más de tres horas. Cuando ya llevábamos dos meses de trabajo, que se complicaban lógicamente con las ocupaciones personales de cada cual, empezaron a surgir los contratiempos: la película subió a precios prohibitivos, no conseguíamos el equipo necesario, el fotógrafo que se había ofrecido a ayudarnos sufrió una serie tal de accidentes sucesivos que casi hubiésemos podido escribir una comedia paralela. Además, la inminente reanudación de las clases en la Universidad nos presionaba —y sobre todo no aparecía el dinero: los pocos medios económicos de que disponíamos eran propios y aquellos a quienes nos acercamos a interesarles en la película nos daban un no rotundo, tildándonos de locos.

En realidad, nos pasaba en pequeño lo mismo que les ha pasado a cuantos han querido hacer cine en Cuba sin recurrir a las rumberas o a las canciones o a las mujeres en bikini paseándose por una piscina, condición que le ponía un productor mexicano a Julio García-Espinosa para financiarle una película. Aquel proyecto nuestro nunca se filmó y nos quedamos con las ganas. Por eso cuando ahora se presentan en una misma pantalla cinco cortos cubanos –originalmente iban a ser seis, pero el de Antonio Cernuda no pudo ser proyectado por encontrarse compitiendo en un festival de cine amateur en Londres (¡que exótico!) —, cinco cortos experimentales cubanos, digo, hechos en las mismas condiciones en que iba a ser realizada la película nuestra, no pudimos menos que admirar el valor que tiene la consumación de empeños como estos.

The Mount of Luna es un corto experimental de Néstor Almendros—Néstor fue anteriormente camarógrafo de Cimarrón, otra película experimental cubana— y en ella ha querido realizar un pequeño estudio de montaje mediante la confrontación de imágenes en movimiento. Y como si fuera poco lo ha intentado sólo con manos. No hay otra referencia a la persona humana que las manos en movimiento, rápidas y silenciosas, que van expresando todo lo que ha querido decir. Es una película menor dentro de este grupo de cortos y su defecto principal es la excesiva rigidez del guión, que no ha permitido, en una película de montaje, ni la más mínima flexibilidad creadora.

Uno, dirigida por Placido González y protagonizada por Sabá Cabrera Infante, es la más pretenciosa y, por lo tanto, la más frustrada de las cinco presentadas. La película pretende ser la caótica visión de un alcohólico que se levanta una mañana y se encuentra que está solo en el mundo, suicidándose más tarde. Pero no logra más que presentar una visión confusa de lo que podía haber sido una buena película si la idea argumental no fuese ya tan manoseada, si se hubiese construido con más solidez el guión, y si en definitiva la actuación lograra ser más real, natural. Sin embargo, la cinta posee una de las mejores secuencias cinematográficas de La Habana de noche que hayamos visto jamás.

El Mégano, de Julio García-Espinosa (con la colaboración de Tomás Gutiérrez Alea), es quizá la película más acabada de las presentadas en la sesión. Las facilidades dadas recientemente a los realizadores por el productor mexicano Barbachano Ponce para editar de nuevo la cinta y regrabar el sonido en sus estudios de Cine Revista, le ha dado redondez al film. Es un intento de hacer neorrealismo del más puro en Cuba y la cinta puede estar tan pasada y tan atrasada y tan envejecida y tan fuera de actualidad en su expresión cinematográfica, como pasado, atrasado, envejecido, y sin actualidad pueda estar el neorrealismo italiano a la manera de los De Sica y los Zavattini, pero, a pesar de ello –y de la música de Juan Blanco, tan buena en sí misma, pero tan alejada del cine – El Mégano representa un esfuerzo considerable por superar el nivel de nuestra cinematografía y el empeño primero de un grupo que hoy es el más directamente llamado a demostrar sus posibilidades en el difícil campo del cine profesional.

Diez Centavos, de Antonio Cernuda, es la tercera película de este fotógrafo, realizador intuitivo que nada dice conocer del cine y que tanto sentido tiene de lo que es la fotografía, y sobre todo de la fotografía en movimiento, del desplazamiento de la cámara, los enlaces entre plano y plano. Esta es la mejor de sus cintas: la más madura, la más lograda, más bella si cabe la fotografía, y la que demuestra definitivamente todo lo importante que puede ser Cernuda como fotógrafo a color de nuestro futuro cine.

58-59 es el segundo de los cortos de Néstor Almendros, su realización personal más reciente, y sin lugar a duda la mejor de las cintas amateurs que se proyectaron. Su sobriedad y su dinamismo, su verdadero sentido del montaje y la fuerza de sus imágenes, la progresión dramática y rítmica que va logrando a través del crescendo del montaje y de la música y de los ruidos: una música de feria, de alegría, al fondo; delante, en un primer plano auditivo, las risas del público, las cornetas, los claxons, las conversaciones, los gritos, el furor de una ciudad esperando un nuevo año, Times Square, la esquina de las candilejas, de las ilusiones, Broadway, la calle más famosa del mundo: el año nuevo en Nueva York. Todo lo que esto pueda significar está filmado por Almendros improvisadamente, con su Bolex al hombro, sin guión y sin meditación previa, exactamente como se tiene que hacer un film de esta naturaleza. Espontáneo. La película tomó solamente dos horas en filmarse, de las once hasta la una de la mañana. Pero le costó ocho meses de trabajo en la edición. Y por eso, y por el atino tan exacto que ha tenido Almendros para montar las buenas escenas que tomara en Times Square, y por su verdadero concepto de lo que es en realidad la expresión cinematográfica, su película 58-59 fue la mejor de las cintas proyectadas en el Lyceum. Posiblemente la mejor de las cintas experimentales realizadas por nuestro cine amateur.                

Publicado el octubre 11, 2020 en Cine independiente en Cuba. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: