Archivos diarios: octubre 11, 2020

Fausto Canel sobre el cine independiente en… la Cuba pre-revolucionaria

Mi querido amigo Fausto Canel, importante realizador del cine cubano (Desarraigo/ 1965; Papeles son papeles/ 1966), ha querido compartir con los lectores del blog este artículo sobre el cine independiente en Cuba, que escribió… hace 61 años.

Se trata de la reseña aparecida en el periódico Revolución el 12 de noviembre de 1959, a propósito de una muestra de cine experimental proyectada en el Lyceum de La Habana, y que estuvo conformada por los siguientes materiales: The Mount of Luna y 58-59, de Néstor Almendros, Uno, el solitario, de Plácido González, con Sabá Cabrera Infante, Diez centavos, de Antonio Cernuda, y El Mégano, de Julio García-Espinosa, con la colaboración de Tomás Gutiérrez Alea.

Otras veces hemos insistido en la necesidad de operar con una mirada de conjunto, que nos permita descubrir los puentes sumergidos que sostienen la totalidad de ese edificio audiovisual al que solemos referirnos por partes.

Cuando leo las observaciones de Canel, me parece estar participando en los debates que entonces llevaban a Néstor Almendros a filmar 58-59, como un modo de distanciarse de ese neorrealismo italiano que marcaron a Julio García-Espinosa y Tomás Gutiérrez Alea en El Mégano. Y, a su vez, me es fácil detectar la impronta que ese material dejaría más tarde en un documental como PM.

Lo cual me lleva a reiterar, sin temor al cansancio, que para mí lo independiente no puede describirse solo tomando en cuenta lo económico, sino antes, ese deseo que tendrían los individuos de romper con la norma, con lo que ya está establecido.

JAGB


Notas sobre una sesión de cine experimental

Por Fausto Canel

La función que de cine experimental ofreció el Lyceum es en sí misma una de las sesiones más importantes que se han realizado en Cuba para la divulgación de esa forma de expresión propia, real, valiente y sin compromisos que es la película de 16 milímetros realizada en el patio de la casa —o en el jardín del vecino, o en el desierto parque de la esquina, o en el abigarrado centro de la ciudad: un cine para decir o contar o simplemente investigar con el libre juego de las imágenes en movimiento, sin sujeción a las pautas impuestas por la producción comercial.

Y no sólo porque resultaran nuevas la mayoría de las películas, ni porque fuese difícil verlas de nuevo, y ni mucho menos porque los títulos presentados tuviesen categoría extraordinaria, sino por todo lo que representan como germen, como semilla fecunda de la nueva producción de cine cubano: más nueva, más cinematográfica, más cubana, que se está comenzando a hacer en esta nueva etapa de nuestro país.

En la realización de estos pequeños cortos, modestos o pretenciosos, pero siempre sinceros, han intervenido los que hoy en día están llamados a realizar el cine que representará a Cuba en el mercado mundial y en los festivales internacionales. Los que hoy tienen o deben tener la oportunidad y los medios de realizar en grande —aun cuando se haga con una economía ajustada a nuestro país—, muy diferentes a como se habían tenido que filmar estas películas: con mucho trabajo, sin dinero, sin tiempo, luchando contra el desprecio y la incomprensión de una época sub-cultural, sub-industrial cubana, que poco quería saber de cine.

Lee el resto de esta entrada