Archivos Mensuales: abril 2020

Algo más que soñar (1985), de Eduardo Moya

Enrique Álvarez, Luis Alberto García, Isabel Santos, y Patricio Wood

Otra zona que todavía queda por incorporar de un modo natural a la Historia del Audiovisual cubano, es la que hablaría de la producción de los Estudios Cinematográficos y de Televisión del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Creados en 1961 con un claro encargo ideológico y político, en un inicio contó con la asesoría de cineastas tan ilustres como Joris Ivens, entre otros. Sería interesante estudiar en qué forma las propuestas temáticas y soluciones audiovisuales de estos Estudios comenzaron a complejizarse, para pasar de lo que inicialmente podría tener un fin meramente adoctrinador, a la búsqueda de representaciones más cercanas a lo artístico, con toda la voluntad de mostrar la complejidad del ser humano.

De la extensa producción, Algo más que soñar (1985), de Eduardo Moya, tal vez sea la que mayor impacto popular tuvo. Inicialmente fue una serie de nueve capítulos de aproximadamente una hora de duración, pero también existe una versión para cine de 90 minutos (en Camagüey tuvimos oportunidad de proyectarla en los cines).

Obtuvo el Premio Caracol en el II Festival de Cine, Radio y Televisión, el Premio VII Festival Nacional de la Radio y la Televisión de Santiago de Cuba (1986), así como el premio de la popularidad “Girasol Opina” (1985).

Comparto la información que hemos recopilado para su entrada en la ENDAC.


Algo más que soñar

Año: 1985

País: Cuba

Género: Ficción, Serie

Formato: 35 mm

Tiempo: 90’// En formato de serie, nueve capítulos de una hora de duración.

Color: Color

Productora: Estudios Cinematográficos y de Televisión del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (también conocida como ECITV-FAR y ECIFAR)

Dirección: Eduardo Moya

Argumento y guión: Eliseo Altunaga, Roberto Díaz, Enrique de la Uz, Eduardo Moya

Fotografía: Ángel Alderete

Cámara: Raúl Booz, Huberto Valera

Música: Pablo Milanés

Dirección de doblaje: Raquel González

Director asistente: Danilo Lejardi

Sonido: Omar Hechevarría, José León

Edición: Jorge Pérez

Escenografía: Guillermo Mediavilla

Vestuario: Diana Fernández, Mercedes Nodarse

Maquillaje: María Elena del Toro

Jefe de iluminación: Gerardo Touza

Cámara de animación y efectos ópticos: Santiago y Paul Mesa

Pirotecnia: Jorge Montesinos

Asesor: Teniente Coronel Emilio González Roche

Créditos: Miguel Fleitas, Oscar Alonso

Reparto: Luis Alberto García, Patricio Wood, Isabel Santos, Rolando Brito, Aida Hernández, Martha Jean Claude, Alberto Molina, Beatriz Valdés, Miguel Navarro, Martha del Río, Enrique Álvarez, Luis Alberto Ramírez, Manuel Porto, Luis Alberto García (padre), Miriam Ramos, María Elena Escalona, Caridad Almenares.

A fuego limpio (1987), de José Andrés Torres

Comparto otra de las entradas de la ENDAC, esta vez con información de una de las películas más polémicas concebidas por los Estudios Cinematográficos de la Televisión en los años ochenta.


A fuego limpio

Año: 1987

País: Cuba

Género: Ficción

Formato:

Tiempo: 60’

Color: Color

Productora: Estudios Cinematográficos de la Televisión

Producción: Alfredo Vicens

Dirección: José Andrés Torres López

Guión: Eduardo Heras León, José Andrés Torres López

Fotografía: Avelino Fernández

Edición: Candita Rodríguez

Sonido: Manuel Lima

Reparto: Luis Alberto Ramírez, Orlando Casín, Juan Carlos Romero, Luis Alberto García, Luis Alberto García (hijo), Idelfonso Tamayo


Sinopsis

En una fábrica metalúrgica, la administración y el sindicato discuten un conflicto laboral.


Comentario crítico

En A fuego limpio, la hechura expone las ideas con suma claridad. No hay confusiones. Las lecturas están al alcance de todos. Planteo de cuestiones filosóficas vitales al socialismo. Los porqués que mueven al hombre. Y no queda duda en el tapete: la honestidad individual y el ejercicio de la democracia son imprescindibles. ¿Cómo se logra esta entrega en el lenguaje artístico? A nuestro entender, el primer paso está en la credibilidad de los diálogos y en el enfoque plástico realista. Hasta la escena de los sueños responde a la idiosincrasia cubana.

(…)

A fuego limpio nos lanza a la lucha. No es todavía, esa gran obra artística imaginada en meditaciones estéticas. No rompe con viejos presupuestos del lenguaje audiovisual. Pero le habla directamente al hombre y este le responde. Es bastante, en este momento.” (Ilse Bulit)


Bibliografía

Azucena Isabel Plasencia Hernández. Auténtica obra de arte. Bohemia 80 (23): 7; 3 jun 88 (Crítica)

Ilse Bulit. A fuego limpio. Bohemia 80 (23): 6-7; 3 jun ’88. (Crítica)

Manuel González Bello. Al fuego le faltaron llamas. Bohemia 80 (23): 7; 3 jun ’88 (Crítica)

Sahily Tabares. A fuego limpio. Verde Olivo (49): 58-59, 10 dic’87

Leo Brouwer y el cine cubano de otra manera

Hoy quisiera invitarlos a abrir una de las tantas ventanas que propone la Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano, a la hora de asomarnos al mundo de la imagen en movimiento producido en la isla.

La figura de Leo Brouwer más conocida no puede ser. En el año 2009 obtuvo un merecidísimo Premio Nacional del Cine, por todos esos aportes realizados a un amplísimo conjunto de películas cubanas. Y luego están esas reflexiones que lo convierten en un creador donde la docencia parece que se respira junto a cada nota que se escucha.

Varios documentales se han encargado de recoger parte de sus vivencias: recuerdo aquel filmado por José Padrón en el año 2000, y más recientemente, el extraordinario Brouwer: el origen de la sombra (2019), de las realizadoras Katherine T. Gavilán y Lisandra López Fabé. Sin embargo, ¿dónde podríamos encontrar integradas de un modo natural las referencias a la discografía que registra esa obra?

Porque no hay que dudarlo: también allí encontramos otras maneras de manifestarse el cine cubano. O si no reparemos en los créditos de este disco editado por Ediciones ICAIC en el año 1999, donde encontraremos a la realizadora Lourdes de los Santos en la realización, a José Galiño en la documentación, y Jerónimo Labrada en la masterización.

Y luego están esas hermosísimas palabras de presentación de Sergio Vitier, otro grande de la música cubana, describiéndonos las virtudes del disco. Con esta entrada dejamos inaugurada en la ENDAC una etiqueta donde se registrarán todos esos discos con música concebida para el cine cubano, pero que lamentablemente, no suelen mencionarse en nuestras Historias del cine.

Juan Antonio García Borrero


Palabras de presentación de Sergio Vitier

Música escrita en función de la imagen e integrada a la dramaturgia de la misma, esta antología del maestro Leo Brouwer (La Habana, 1939), muestra en sí misma sus valores musicales propios. Un equilibro entre subordinación sabia y protagonismos se aprecia al escuchar estos trabajos que apoyan, contrapuntean y, de pronto, abren como las costas de la Isla. Un sello originalísimo y el sabor peculiar de la aventura creativa, se sienten cuando nos enfrentamos a ese mito de la música contemporánea que es Leo Brouwer: guitarrista, compositor, director orquestal y gestor de una de las transformaciones estéticas más importantes de los últimos cuarenta años, tanto en el ámbito de la guitarra como en el de la composición.

En este CD encontraremos temas clásicos del cine cubano, en filmes de Humberto Solás, Tomás Gutiérrez Alea y Santiago Álvarez; así como de Enrique Pineda Barnet y Oscar Valdés.

Solamente el estudio de las músicas de Lucía, Memorias… o Hanoi, martes 13, constituirían una clase magistral de composición para cine. Pero ocurre que –como en el sombrero de un mago- los sonidos empiezan a volar solos y nos encontramos con una gama de texturas, planos sonoros diversos, melodías, aristas y cortes, secuencias de estremecedora abertura lírica, dinámicas contrastantes y clímax, dados tanto por acumulación sonora y dinámica como por acumulación interna de emotividad.

Escucharemos, con un nudo en la garganta, el intenso romanticismo de Lucía. Sentiremos el golpe telúrico de la plástica de Wilfredo Lam, donde Leo utiliza algo de lo más original de sus aportes. Pasearemos por La Habana Vieja. Entraremos en una pagoda vietnamita que será arrasada por las bombas. Es el cine y la música con todo su prisma evocador.

Este CD, con un virtuosismo orquestal de una factura originalísima y eficazmente dirigida por el maestro Manuel Duchesne Cuzán y por el propio Leo, quien además interpreta la guitara con su encanto peculiar, hace el milagro que una música escrita en función del cine pueda disfrutarse sola como simple e inefable regalo de belleza.

Contenido

  1. El retrato (1963), de Humberto Solás
  2. La Habana Vieja (1982), de Oscar Valdés
  3. Memorias del subdesarrollo (1968), de Tomás Gutiérrez Alea
  4. Tiempo de amar (1983), de Enrique Pineda Barnet
  5. Wilfredo Lam (1979), de Humberto Solás
  6. Lucía (1968), de Humberto Solás
  7. Amada (1983), de Humberto Solás y Nelson Rodríguez
  8. Hanoi, martes 13 (1967), de Santiago Álvarez
  9. Los sobrevivientes (1979), de Tomás Gutiérrez Alea
  10. Cecilia (1981), de Humberto Solás
  11. Un día de noviembre (1972), de Humberto Solás

Noche baja

Año: 1988

País: Cuba

Género: Ficción

Tiempo: 27’

Productora: Estudios Cinematográficos del ICRT

Producción: Hevie Cepero

Dirección: Santiago Prado

Guión: Santiago Prado, Lesbia Echevarría, basado en el cuento homónimo de Manuel Cofiño.

Dramaturgia: Lesbia Echevarría

Fotografía: Antonio Ruiz

Edición: María Caridad Pascual

Sonido: Alberto Álvarez

Música: Jorge Maletá

Maquillaje: Ramona Gisper

Ambientación: Santiago Sánchez

Asistente de dirección: Bernardo Cordero

Reparto: Luis Alberto Ramírez, Luis Rielo, Rudy Mora, Elvira Cruz, Lázaro Núñez, Magaly Agüero, Lavinia Castro, Jorge Martínez, Noel de la Cruz.

Sinopsis

Narra la historia de un hombre que pretende vivir de espaldas a su pasado. Todos le admiran: sus compañeros de trabajo, su familia, sus amigos… pero a todos engaña y su mentira llega a convertirse en algo insoportable, que no le permite seguir aceptando reconocimientos; entonces se produce el lógico juicio de conciencia, donde se pone al descubierto un traidor capaz de renunciar a los más elementales valores éticos y morales. Actitud que le ha permitido andar airosamente por la vida, hasta que afloran los recuerdos y no puede evadirse de ellos.

Juego con Gloria (1989), de Teresa Ordoqui

La actriz Katerine Sobrino

Una de las categorías que hemos creado dentro de la ENDAC es la del “cine inconcluso”. En sentido general, las Historias del cine construyen sus respectivos cánones sobre la base de lo que pudiéramos llamar “la metafísica de la presencia fílmica”.

Solo se habla de lo que se ve, de lo que llegó a concebirse como algo realizado. O lo que es lo mismo: de lo que ha llegado a la pantalla y recibe elogios o críticas; es decir, eso que está a la mano es lo que llamamos cine cubano.

Sin embargo, más allá de lo que la crítica asimila a través de sus ojos, permanece intocado un mundo en el cual aparecen y desaparecen determinadas fuerzas y tensiones, que también están definiendo la suerte final de esa cinematografía que se evalúa. De modo que una Historia del cine cubano inconcluso probablemente explicaría, a través de lo sintomático, lo que ha estado pasando en la sociedad, aunque rara vez haya aparecido como noticia en los periódicos.

Cabe advertir que por cine inconcluso no estaríamos hablando, necesariamente, de cine censurado. Puede coincidir, como fue el caso de Cerrado por reformas, el filme que en 1995 Orlando Rojas comenzó a filmar y que una decisión ejecutiva del ICAIC decidió “aplazar el reinicio del rodaje”, si bien sabemos que ese aplazamiento significó desaprobación oficial. Es decir, puede darse este tipo de caso, pero también los proyectos inconclusos de cineastas (como “los filmes que no filmé” que Titón le describía a Silvia Oroz en un libro aún memorable).

Hoy traemos al blog Juego con Gloria, uno de esos filmes inconclusos, que comenzara a rodar en 1989 Teresa Ordoqui, quien dos años atrás había entregado la aclamada Te llamarás Inocencia (1987), una de esas películas cubanas de culto que, paradójicamente, brillan por su ausencia en las encuestas que abordan lo mejor del cine cubano de todos los tiempos.

En este blog hay una excelente entrevista concedida por la cineasta a la investigadora Danae Diéguez, donde ella explica lo sucedido con Juego con Gloria, una cinta que contaba con un guión escrito, entre otros, por Abilio Estévez:

Teresa Ordoqui: Te llamarás inocencia se filmó en el 87 pero se estrenó en el 88, en el 89 iba a hacer Juego con Gloria, que era una obra bastante ambiciosa, diría yo, pues introducía a la poesía cubana como eje. El argumento era: una mujer que vive en una casa en Cienfuegos, que tiene una hija, y ellas se construyen un mundo imaginario en el que se disfrazaban, utilizaban todos los personajes de la cultura cubana y se leían todo aquello. Eran… cómo te diré… activistas de la cultura dentro de su casa y a partir de ahí se crean un mundo maravilloso. La madre muere y ella va a vivir a casa de una tía que era todo lo contrario, era lo elemental, comes, te bañas y aquí no existe más nada. Entonces ella se siente reprimida, hablaba con el espejo donde veía a su madre, porque necesitaba comunicarse con la única persona que la había entendido. Y después hay un poeta que ella conoce… había una secuencia del solar, estaban toda una serie de músicos cubanos, poetas, artistas plásticos, algunos no bien vistos en ese momento. Y había una pared con Los Beatles, estaban poniendo cosas de los Beatles… En fin, era una historia muy compleja pero que trataba los tópicos de la cultura en la coyuntura de ese momento, y no porque fuese un tema coyuntural sino un tema que yo creo que había que tratar de todas maneras. Pero bueno, no se me permitió continuar, filmamos unos minutos y hasta ahí llegó.

Danae Diéguez: ¿Y era un guión original suyo?

Con Abilio y con Raúl García Riverón y con Jorge Alonso Padilla, Laura Fernández… éramos cinco, hicimos el guión, se aprobó, comienzo el rodaje y después, misteriosamente, un buen día, me detienen el rodaje. Eso para mí fue durísimo, entonces ya no presenté más ningún proyecto.

Yo había presentado otro proyecto con Raúl que se llamaba La hoguera de los tomeguines, se trataba de personajes que interpretaban los mismos actores en tres tiempos diferentes, tres épocas diferentes, y ese tampoco fructificó. Y entonces vi que la cinematografía había muerto en la televisión, desgraciadamente, se habían hecho proyectos muy interesantes y había un equipo muy profesional.

Aprovecho la oportunidad para una vez más contar una anécdota, que me reafirma las posibilidades colaborativas que brinda el trabajo en red, si nos proponemos enriquecer nuestra Historia del audiovisual cubano.

Sucedió que cuando hace algún tiempo hablé por primera vez en Facebook de Juego con Gloria, recibí de inmediato un comentario público de Ángel Segundo González González, quien se desempeñara en el equipo como asistente de cámara.

La foto que nos hizo llegar muestra a Teresa Ordoqui preparando una de las escenas en la locación de Cienfuegos donde tenía lugar el rodaje, y el comentario con que acompañaba el envío es tan hermoso que siempre que hablo de esto decido cerrar con él: “Formé parte del equipo de Juego con Gloria como asistente de cámara y conservo algunas fotos de la experiencia. Trabajar con Teresita, a quien conozco desde niño y quien tenía una gran amistad con mi padre, Gaspar González, creador de Chuncha, fue algo bien especial”.

Juan Antonio García Borrero

En la foto Teresa Ordoqui, Raúl García (director asistente), Pedro Arias (iluminador), Katina Batet y Katerine Sobrino, actrices. Locación: cementerio de Cienfuegos. Foto: cortesía de Ángel Segundo González González.

Caturla (1984), de Senobio Faget

Aquí comparto otras de las entradas de la ENDAC con la que intentamos reconstruir esa Historia del cine cubano sumergido, que forma parte también del patrimonio audiovisual de la nación.

 

Caturla

Año: 1984

Género: Docudrama

Formato: 16 mm

Tiempo: 35’

Color: Color

Productora: Estudios Cinematográficos de la Televisión Cubana

Producción: Hevie Cepero, Juan Carlos Delgado

Dirección: Senobio Faget

Guión: Irene López, Senobio Faget

Fotografía: Ramón Berdayes

Música: Frank Fernández

Edición: Magaly Sigler

Sonido: Manuel Moreira, Mario Martín Viaña

Asesora músical: Lizette Vila

Vestuario: Anilcie Arévalo

Maquillale y peluquería: Isabel Rodríguez Acebo

Asistentes de dirección: Irene López Kuchilán, Diego Camacho

Asesores: María Antonieta Henríquez, Hilario González

Reparto: César Évora, Reina Martínez, Belkis Bell, Pedro Pablo Pedroso, Miguel Navarro (narración)// Actuaciones especiales: Ballet Nacional de Cuba, Conjunto Folklórico Nacional, Coro Cohesión del Instituto Superior de Arte, la cantante de ritmo afro Merceditas Valdés, los pianistas Frank Fernández y Huberal Herrera, Banda de Conciertos de Santiago de las Vegas y alumnos de la Escuela de Música Manuel Saumell.


Sinopsis

En 35 minutos se recorre la fructífera vida de Alejandro García Caturla (1906-1940), una de las fuerzas creadoras que en el siglo XX le dieron un perfil propio a la música cubana.

Filmado en colores, en escenarios naturales, Caturla es un cortometraje que juega con reconstrucciones alegóricas, testimonios y materiales de archivo, para darnos en toda su magnitud a quien asombra por la multiplicidad de actividades de su corta vida.

La cinta no solo muestra al músico, sino también al abogado que vivía en Caturla, al que realizara importantes trabajos sobre la reforma del Código Electoral, la delincuencia juvenil y el juego ilícito… Su actitud insobornable ante la justicia lo lleva a encontrar la muerte el 12 de noviembre de 1940.

Sus obras sinfónicas han sido ejecutadas por las principales orquestas de Moscú, Filadelfia, Los Ángeles, México, Caracas, Barcelona, Sevilla, París… Entre los directores que las han interpretado se encuentran Leopoldo Stokowsky, Nicolás Slonimsky, Marius Francois Gaillard, Carlos Chávez, Ernesto Halffter, Pedro San Juan, Erich Kleiber, Amadeo Roldán, Gonzalo Roig, Enrique González Mantici, Manuel Duchesne Cuzán y José Ardévol.

Los lugares que le conocieron y las inmortales piezas de este destacado músico, han dado como resultado Caturla, un documental realizado por los Estudios Cinematográficos del Instituto Cubano de Radio y Televisión. (Mauricio Abreu)


Senobio Faget sobre el filme

“Caturla es un músico del cual se habla poco, es decir, existe una información copiosa pero aún es un mito sin serlo. Pero te diría que también fue un reto no pasarnos de 35 minutos con toda la información que poseíamos. Otro reto fue lograr su imagen gráfica, dado que sólo teníamos fotos y partituras del compositor y con esto había que hacer el filme. Aun así, este material era insuficiente para lograr el documental, por eso tuve que acudir al personaje de ficción (César Évora), un actor que diera la personalidad de Caturla.

(…)

Tratamos de ser lo más sobrio posible. Utilizamos a Caturla, su imagen, en los momentos necesarios. Creo que la fotografía de Ramón Berdayes y el vestuario de Anilcie Arévalo ayudaron notablemente, más si valoramos que la ropa utilizada es la que disponemos en los Estudios Fílmicos y que fue adaptada a la época. Otro aspecto importante fue el montaje, ya que lograr el Caturla niño de Pedro Pablo Pedroso y el Caturla adulto, era empresa harto difícil. Por otra parte, teníamos objetivos muy definidos como evidenciar la marcada influencia de lo afrocubano en su música; por ejemplo, para ello reconstruimos una escena de su vida y es cuando Caturla asiste a un bembé y en el mismo recoge aspectos trascendentales para su obra.

(…)

En el filme Caturla no habla. Es a través de la atmósfera creada y de la actuación de César Évora que se logra apuntar este aspecto. Claro, nos apoyamos en las fotos, partituras y testimonios (José Antonio Portuondo e Hilario González). Lee el resto de esta entrada

Madrigal del inocente (1986), de Jorge Ramón

Hacia 1988, en Cuba se hablaba de manera pública de una crisis del “cine cubano”, pero otra vez se entendía como “cine cubano” el realizado por el ICAIC, algo que en un debate auspiciado por la Asociación de Críticos de la UNEAC y la Asociación de Crítica de la Asociación Hermanos Saíz, obligó a Raúl Fidel Capote (entonces responsable del área de la crítica de la segunda) a enfatizar lo que ya era una evidencia:

Deseo recordarles una verdad bien sabida, que a veces se olvida: el cine cubano no es solamente la producción del ICAIC, sino que hay cine hecho por otras empresas; el que está haciendo el Taller de la Asociación y el cine aficionado”.

Justo un año antes, en un artículo publicado en el periódico Juventud Rebelde, se aludía a lo que estaba sucediendo en los Estudios Cinematográficos de la Televisión Cubana del siguiente modo: “La producción subió vertiginosamente. Entre 1980-1986 se realizaron 249 documentales, 43 filmes de ficción, 291 entre animados, dibujos y marionetas, 435 reportajes y 23 musicales”.

Lamentablemente, ese extenso cuerpo de películas nunca ha sido estudiado con la exhaustividad que hubiera demandado el caso. Y lo más probable es que ahora mismo muchas de esas copias no existan, pese a que algunas de ellas marcaron un verdadero punto de giro en los modos de representación audiovisual que por aquellos tiempos se planteaba de una forma dominante.

Películas como Caturla (1985), de Senobio Faget, Cuestión de principios (1986), de José Andrés Torres, El ciego y el perro (1986), de Manuel Acosta Cao, Esta larga tarea de aprender a morir (1987), de Diego Rodríguez Arche, Corresponsales de guerra (1987), de Belkis Vega, Te llamarás Inocencia (1987), de Teresa Ordoqui, A fuego limpio (1988), de José A. Torres López, y Noche baja (1988), de José Luis Llanes, por mencionar algunas, dejaban entrever una tendencia donde de alguna manera se adivinaban discontinuidades, confrontaciones.

Justo en 1986 había comenzado en el país lo que se conocería como la “Etapa de rectificación de errores y tendencias negativas”, y no pocas de esas películas (como Cuestión de principios o A fuego limpio) se nutrían del espíritu crítico que oficialmente se estaba promoviendo. Pero al margen de lo conceptual, en estas películas también se ponían de manifiesto la búsqueda de un lenguaje que estuviese más cercano a lo cinematográfico, apreciándose el interés por ir más allá de la frontalidad escénica de la puesta televisiva típica, además de un manejo más desenfado del erotismo y los desnudos.

Jorge Ramón recoge el Coral por la dirección de “Madrigal del inocente”

De las películas de esa época, una de las más recordadas es Madrigal de inocente (1986), de Jorge Ramón. Apoyándose en un guión de Gerardo García Fernández, y con música de Pablo Milanés, describe el descubrimiento que un joven de 14 años (Tomás Piar) va realizando de la sensualidad, mientras se enamora de una hermosa mujer (Luisa María Jiménez), mucho mayor que él.

Madrigal del inocente tal vez ha sido la película realizada para televisión que mayores honores obtuvo en el Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano correspondiente a 1986, al ganar los Corales de mejor dirección (Jorge Ramón), actuación masculina (Alejandro Piar) y mejor música (Pablo Milanés), en la vertiente televisiva.

Juan Antonio García Borrero

La Botija (1990), de Danilo Lejardi

El actor Miguel Gutiérrez y la actriz Isabel Santos en el rodaje de la serie La botija (1990), de Danilo Lejardi

Hoy ya resulta común encontrar a más de un cinéfilo empedernido elogiar las virtudes de una serie televisiva como Los Sopranos, The Wire, o Juego de tronos. Pero antes (hablo tal vez de diez o quince años atrás), al menos en Cuba, eso no sucedía jamás: un cinéfilo miraba a la televisión como se mira a una hija bastarda, o si se asumía el paternalismo, como un primer paso para llegar a la cumbre, esa que se asociaba con filmar en 35 mm.

Entre nosotros, Cine era apenas lo que proponía el ICAIC; lo demás era cine con apellidos (cine de la televisión, cine de la FAR, cine aficionado, cine de la EICTV, etc). Lo raro es que, entre nosotros, los Estudios Fílmicos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias era lo más parecido que podía existir al ICAIC, pues administrativamente contaba con departamentos de producción perfectamente equipados, así como una empresa distribuidora y un Centro de Información.

Muchas de esas producciones eran reconocidas no solo por el público (un serial como Algo más que soñar se convirtió rápidamente en un objeto de culto), sino que fueron premiadas en los principales circuitos competitivos del país.

El Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, por ejemplo, galardonó largometrajes como Madrigal del inocente, de Jorge Ramón, o más raro aún, La Botija (1990), de Daniel Lejardi, serie televisiva a la cual entregó los premios Coral de dirección de fotografía (Ángel Alderete), dirección de arte (Derubín Jacome), mejor interpretación femenina (Isabel Santos), música para Serie TV (Donato Poveda), y sonido TV (Omar Hechavarría/Lizette Vila).

Han pasado los años y buena parte de esa producción no-ICAIC sigue sin contemplarse como parte orgánica del cine cubano. Eso es una realidad, pero no creo que tenga sentido, una y otra vez, quejarnos de lo que pasó, o de lo que ha sido omitido. Sé que no está de moda en estos tiempos citar a Marx, pero para mí aquello que anotaba en la Undécima tesis sobre Feurbach tiene todavía absoluta vigencia, en tanto debemos pasar de la simple interpretación del mundo a su transformación.

Dicho de otro modo: lo importante ahora mismo es cómo logramos reconstruir el paisaje total del audiovisual cubano, transformando lo que hasta ahora ha sido una interpretación mutiladora del conjunto de esas prácticas, algo que afortunadamente es posible hacer realidad, si hacemos un uso creativo de la tecnología que ahora mismo tenemos en nuestras manos, y apelamos a las competencias digitales como un instrumento que nos permitirá convertir en conocimiento útil todo ese exceso de información que seguramente llegará (esto es lo que estamos defendiendo en el blog y en la Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano).

Por lo pronto, comparto con los lectores de Cine cubano, la pupila insomne, la entrada que aparece en la ENDAC de La Botija, esa serie que hace treinta años anunció los cambios profundos que ya estaban por llegar en las arenas del audiovisual.

PD:

Los que quieran ver algunos clips de la serie, pueden ir al sitio creado por su realizador Danilo Lejardi:, pinchando en el siguiente link: https://lejardi2010.wordpress.com/

Para consultar la entrevista realizada a Danilo Lejardi por Carlos Barba, consultar aquí: A la gente mala la culebra le muerde la cabeza.

Juan Antonio García Borrero


El actor Vladimir Cruz, el director Danilo Lejardi, y el director de fotografía Ángel Alderete en el rodaje de la serie

La Botija

Año: 1990

Género: Serie de televisión; Ficción

Productora: Producciones Granma

Dirección: Danilo Lejardi

Asistencia de Dirección: Belkis Vega, Jorge Soliño, Patricio Wood

Guión: Danilo Lejardi

Idea y Argumento original: Gerardo Fernández

Fotografía: Ángel Alderete

Dirección de Arte: Derubín Jacome

Escenografía y Ambientación: Onelio Larralde

Sonido: Omar Hechavarría

Vestuario: Diana Fernández

Edición: Arnoldo Salas

Música: Donato Poveda

Reparto: Darío Fernández (Teo niño), Vladimir Cruz (Teo joven), Jacqueline Arenal (Elvira joven), Miguel Gutiérrez (El Gallego), Andrés Cortina (Tafiá), Isabel Santos (Martica/Mascavidrio), Luisa María Jiménez (Madre de Teo), Isabel Moreno (Tía de Teo), Patricio Wood (Oficial Rebelde), Félix Pérez (Sargento Guardia Rural), Raúl Eguren (Padre de Elvira), Luis Alberto Ramírez (Tío de Teo), Miguel Ángel Rodríguez (Carlos) // Actuaciones Especiales: Mario Balmaseda (Amante/Proxeneta Madre de Teo), Herminia Sánchez (Abuela de Teo)

Premios

Premios Coral Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano 1990

  1. Dirección de Fotografía: Ángel Alderete
  2. Dirección de Arte: Derubín Jacome
  3. Mejor Interpretación Femenina: Isabel Santos
  4. Música Serie TV: Donato Poveda
  5. Sonido TV: Omar Hechavarría/Lizette Vila

Premios Caracol Festival UNEAC 1990

  1. Mejor Serie de Televisión: La Botija
  2. Mejor Dirección de una serie de TV: Danilo Lejardi
  3. Mejor Dirección de Fotografía: Ángel Alderete

4- Mejor Escenografía para TV:  Derubín Jacome/ Onelio Larralde

5- Mejor Diseño de Vestuario: Diana Fernández

6 – Mejor Música para Serie de TV: Donato Poveda

7 – Mejor Edición: Arnoldo Salas

8 – Mejor Sonido: Omar Hechavarría

Premios Artes Escénicas UNEAC 1990

1- Mejor Actor TV: Miguel Gutiérrez – (La Botija)

2- Mejor Actriz TV: Luisa María Jiménez – (La Botija)

3- Premio Especial de Actuación: Darío Fernández por el personaje de Teo niño (La Botija)

Sueños sin cuarentena en Nuevo Mundo

Hoy 21 de abril se suponía que estuviéramos inaugurando en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo el “V Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales” que anualmente organizar el Proyecto El Callejón de los Milagros, y me he acordado de aquello que cantaba John Lennon en “Beautiful Boy”: “La vida es algo que sucede, mientras estamos planeando otra cosa”.

No se pudo, pero ya llegará la oportunidad de encontrarnos físicamente, y de seguir contribuyendo a la informatización de la gestión cultural en el territorio. Por lo pronto les muestro imágenes de otro sueño que ya es una realidad: el Café Nuevo Mundo.

Finalmente, La Calle de los Cines tendrá un espacio de tertulia donde la imagen en movimiento sea el pretexto para seguir soñando desde lo que hoy se conoce como Humanidades Digitales. Y este sueño hecho realidad se le debe a un equipo comandado por Alejandro del Pino y el joven artista Adrián del Pino, respaldado por el Fondo de Bienes Culturales de Camagüey.

Poco a poco Nuevo Mundo se parece a eso que se anuncia con su nombre: un espacio inédito en lo que a promoción cinematográfica se refiere, garantizando que el usuario pueda acceder a un Complejo donde podrá ver películas en pantalla grande, descargarlas de la red local de la Mediateca y pagar con nuevas modalidades de pago asociadas a las tecnologías emergentes, así como apreciar en la Galería QR exposiciones de pequeño formato.

Falta mucho por lograr en esta Calle de los Cines de Camagüey que queremos que alguna vez se reconozca como La Calle Inteligente de los Cines. Sí, ahora mismo es un sueño, y está la vida por medio, con todos sus obstáculos, pero nada podrá impedir que las complicidades de este tipo sigan creciendo: ¡díganme soñador, pero menos mal que no soy el único!

Juan Antonio García Borrero

De García Borrero a Mario Crespo sobre el anticine cubano

Querido Mario:

Siempre será un placer recibir tus comentarios en el blog. O más bien tus colaboraciones, porque no estamos hablando de simples opiniones personales, sino de razonamientos bien argumentados, que enriquecen el punto de vista original, o sencillamente, matizan o corrigen lo que se dijo en un inicio.

Eso es lo que he tratado de defender en “Cine cubano, la pupila insomne” a lo largo de estos años. ¿Recuerdas que alguna vez lo llamé “nuestro tren de cercanías”? Aquí lo que nos ha unido no es el deseo de demostrar que se sabe más, sino en todo caso, el deseo de querer saber más. Porque al final, todos estaremos siempre aprendiendo, por mucha información que tengamos en las manos, y mientras exista respeto a las personas que exponen las ideas, serán bienvenidas esas diferencias entre los puntos de vista.

Ahora, pasando de la teoría a la práctica. En realidad, hace mucho tiempo que ya sabemos que por cine cubano hablamos de un fenómeno mucho más complejo de lo que en cierta época nombramos “icaicentrismo”. Esto ha sido asumido por el propio ICAIC, y un grupo de investigadores, encabezados por Luciano Castillo en la Cinemateca, se esfuerzan por reconstruir de modo exhaustivo todos estos mapas.

El problema, a mi juicio, es que todavía no contamos con una herramienta que nos permita pensar el fenómeno audiovisual, “como un todo”. Inconscientemente seguimos asumiendo esa Historia del audiovisual cubano como la sumatoria de muchos espacios: el espacio del ICAIC, el espacio de la Muestra Joven, el espacio de los estudios de la FAR, el espacio de los Estudios de la Televisión, el espacio del cine aficionado, y así hasta el infinito…

Por supuesto, un solo individuo, por buena voluntad que tenga, jamás podrá reconstruir por sí solo ese mapa en su totalidad. Siempre faltarán películas, autores, poéticas, hechos. Pensar lo contrario sería concederle a ese individuo dones providenciales o divinos, que le permiten, como Dios, verlo todo. Y, por otro lado, el cine no es solamente el conjunto de películas que vemos y las personas que las hacen.

Cine es tecnología que se usa, fantasías que se viven dentro de una sala oscura, memorias que se comparten y que no siempre reproducen con exactitud lo vivido, críticas que se leen, negocios que prosperan o se frustran. El cine es esencialmente un hecho social, no artístico, y algo transnacional, no nacional. El nuestro empezó con un francés (Gabriel Veyre) que trajo desde Francia, pasando por México, entre otros países, una tecnología francesa, y filmó su simulacro de incendio para complacer a una española (Mario Tobau).

Cuando se cuenta la Historia a secas, eso es apenas un relato, pero en la Historia-Problema que desde hace tiempo se impulsa y que es la que me interesa, allí hay un montón de cuestiones que todavía esperan por un cabal desciframiento. Para colmo, ninguno de nosotros estuvo “allí”, por lo que a la hora de reconstruir los hechos tenemos que partir de lo que ya otros han afirmado, y pasarlo por nuestro propio filtro interpretativo. Dicho de otro modo: aunque recuperemos los hechos, la Historia la estaremos construyendo a partir de ese momento, sin poder evitar un montón de sesgos que, como humanos, cargamos en la vida. Ángel Ganivet lo resumía de un modo genial: “El horizonte está en los ojos y no en la realidad”.

Regreso a la práctica, como te mencionaba más arriba: ¿será posible articular en algún momento todos esos innumerables espacios en los que se ha hecho y se hace cine cubano? ¿O sobre cubanos? ¿O desde lo que imaginan los cubanos, vivan donde vivan? Como seguramente sabes, desde hace unos tres o cuatro años trato de impulsar lo que he llamado la Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano. Es un sueño que ha ido creciendo, y que he presentado en varios escenarios. Todavía no está ni a un veinte por ciento de como sueño sea, pero ya existe como herramienta. Lamentablemente aún no consigo que se generen a su alrededor complicidades prácticas y colaborativas, que es lo que más importaría. Aún se sigue pensando el audiovisual cubano desde las insularidades, y cuando se toma en cuenta la diversidad, entonces todo aparece desarticulado, informe.

Yo creo que es preciso construir una plataforma que nos permita apreciar la complejidad de lo que se estudia (el audiovisual cubano en sus más insospechadas modalidades), sin conceptos preconcebidos, pero que a su vez estimule el intercambio civilizado de ideas a través de las cuales podamos hacer justicia con lo que se ha hecho, pero también estimule la investigación de campos cuyas relaciones entre sí no imaginábamos.

Pongo tu propio ejemplo. En la entrada que ya tienes en la ENDAC aparece lo que realizaste en Cuba, pero también información sobre tu filme Lo que lleva el río, realizado en Venezuela. Si me guío por la Historia canónica, esa producción tuya realizada fuera de la isla no hay que tomarla en cuenta. Lo mismo pasaría con El bosque de Andrei Tarkovski o Dies Irae, ambas de Tomás Piard, o con los filmes realizados por Rolando Díaz.

Menciono apenas tres ejemplos, pero el número de películas filmadas por cubanos fuera de la isla es sencillamente inabarcable. Y eso, a mi juicio, formaría parte también del patrimonio audiovisual de la nación, entendida esta como algo imaginado que siempre llevas en el pecho, aunque te alejes de la isla, aunque no estés de acuerdo con su gobierno, o aunque no regreses nunca más.

Como ves, el tema es más complejo de lo que podamos imaginar. Hoy estamos hablando tú y yo de toda esa producción del Taller de Cine de la AHS, de los Estudios de Televisión Cubana o de la FAR, pero mañana vendrán las quejas por esa producción que ahora mismo se realiza más allá del ICAIC y que sigue siendo invisible, porque existen hábitos perceptivos que no se destierran de nuestra mente por decreto.

Mientras tanto, pues lo que no hay es que esperar a que los otros nos den un espacio y nos hagan visibles. La responsabilidad siempre es nuestra, y únicamente nuestra. O al menos empieza por el individuo. Como decía Sócrates en su tiempo: “Háblame, para que yo te vea”.

Te abrazo fuerte, y otra vez te agradezco el comentario.

Juan Antonio García Borrero