Archivos diarios: febrero 2, 2020

Café Nuevo Mundo, otro sueño, otra realidad

En el post anterior mencioné la importancia de aprender a convivir con la ciudad pendiente, la ciudad que queremos, la ciudad que soñamos.

Estas imágenes y el texto que comparto hoy que Camagüey está cumpliendo nuevo aniversario, hablan de lo que todavía es un sueño: el Café Nuevo Mundo, pero al cual muy pronto se podrá acceder, y que quedará ubicado en lo que ahora es el lobby del Complejo Audiovisual Nuevo Mundo.

Aspiramos a que no sea simplemente un Café más, sino que se integre de modo coherente a los servicios que la institución cultural (la primera de su tipo creada en el país), brinda a diario (proyección de películas, uso de la Mediateca, exposiciones de pequeño formato, etc).

Ojalá sea este el inicio de una gestión urbana que, por fin, le conceda a esa calle tan transitada (lo mismo por camagüeyanos que foráneos), un aprovechamiento eficaz de la infraestructura que ya existe.

JAGB

Cine y Café, la pareja ideal

Dicen que la vida moderna comenzó en un Café.

Por eso no parece casual que los hermanos Lumière escogieran el Salon Indien du Grand Café del Boulevard de París para presentar su invento por primera vez ante un público conformado por 33 personas, como todavía alerta una lápida conmemorativa que existe en la fachada del antiguo edificio, con la siguiente leyenda: “Aquí se celebraron, el 21 de diciembre de 1895, las primeras proyecciones públicas de fotografía animada mediante el cinematógrafo, aparato inventado por los hermanos Lumière”.

En el fondo, un Café es lo más parecido que hay al Cine, ese paradigma de modernidad donde las historias se van entrecruzando en una pantalla, mientras se nos revela la diversidad del mundo y su permanente complejidad. Lee el resto de esta entrada

Otras maneras de construir una ciudad

Hoy Camagüey está cumpliendo 506 años de fundada. Se dice rápido, pero cinco siglos de incesante ajetreo urbano, impide que podamos   apreciar con facilidad el imponente legado cultural que ha llegado hasta nosotros, y que seguirá creciendo, aún cuando ya no estemos físicamente los que ahora festejamos su existencia.

Porque una ciudad, ya lo hemos dicho en otras ocasiones, es mucho más que la suma de sus edificios, monumentos, calles, y plazas. Una ciudad es, fundamentalmente, un estado de ánimo colectivo. Y de la misma manera que uno nunca escoge la ciudad donde se nace, tampoco podemos afirmar que, por haber nacido en ella, siempre nos será fácil vivir allí.

Al contrario, como en los buenos amores, la ciudad que queremos (que idealizamos) no pocas veces entrará en contradicción con la que tenemos en el día a día. Y es en esos momentos donde más imprescindible se hace la necesidad de soñarla a la altura que ella merecería estar.

Soñar la ciudad que queremos es otra manera de habitarla, de construirla. Ojalá todos los que viven esta villa milenaria, además de ayudar a edificarla de un modo tangible, le regalen sus ensoñaciones, o las añoranzas de su futuro (no importa lo inalcanzable que este pueda parecer).

Hay que aprender a convivir con esa ciudad pendiente e invisible que ya existe en nuestras mentes, y que cumplirá años el mismo día que esta que conocemos, si bien adelantándose de un modo más bien insólito en una hipotética línea del tiempo.

Porque, al menos para mí, hay un Camagüey que hoy está cumpliendo 506 años, y otro donde sus habitantes ya viven en el otro siglo, exactamente en esta misma fecha, solo que cien años después.

Hasta allá me llego, me entero de lo que ha pasado con La calle de los cines y todos estos sueños de ahora, y regreso para, gracias a ese insólito viaje, despertar todavía enamorado.

Juan Antonio García Borrero