Respuestas al crítico Daniel Céspedes

No había tenido tiempo de agradecer al crítico Daniel Céspedes, el envío de este cuestionario que respondí el año pasado. Encontré aquí preguntas muy serias, provocadoras, que me obligaron a poner en orden un montón de ideas que desde un tiempo a la fecha trato de articular en ese proyecto colaborativo de Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano (ENDAC) que pronto, por fin, verá la luz.

La entrevista fue publicada en tres partes en el sitio digital Cubacine. La reproduzco ahora íntegra, y releyéndola con atención, diría que la esencia de toda esta propuesta historiográfica de la ENDAC que, como es lógico, conocerá de resistencias, oposiciones, indiferencia, y adhesiones, estaría en este fragmento:

 Construir una mirada que lo conecte todo (sin que se pierdan los perfiles puntuales) probablemente transforme bastante el concepto de cine cubano que hasta ahora estamos manejando, y que está asociado fundamentalmente a la institución ICAIC y a lo realizado dentro de la isla. Hasta la noción del cine independiente, que tan de moda está en estos días, se vería impactada, porque a mi juicio el verdadero cine independiente cubano comenzó en el exilio, en los años setenta, con todas esas películas realizadas por cubanos que se insertaban en una cultura ajena, sin recursos de ningún tipo, y seguían defendiendo audiovisualmente la representación de su nacionalidad.

 No estoy hablando ahora de calidades cinematográficas, sino de un fenómeno cultural bien complejo que necesita actualizar las cartografías, y sobre esa base, proponer metodologías investigativas novedosas. Si me preguntaras sobre el referente más cercano a encontrar en estos nuevos mapas del cine cubano, te diría que va un poco en la línea propuesta por Aby Warburg y su Atlas donde el collage desarticula la idea clásica y unidireccional manejada en la Historia del Arte más tradicional, para trabajar con las conexiones de las imágenes y las diversas memorias”.

Gracias, Daniel, por ponerme a pensar una vez más.

JAGB

Respuestas al crítico Daniel Céspedes

En su texto «Para qué sirve un diálogo», presente en su más reciente volumen El suicidio de la sabiduría (Notas sobre cultura audiovisual, tecnologías digitales y creatividad), Juan Antonio García Borrero, Juani (Camagüey, 1964), nos recuerda: «Lo que Diego y David nos ofrecieron desde hace años en Fresa y chocolate fue una clase de buena conversación, de diálogo inteligente y productivo. Y la prueba más contundente que tengo es que, minutos después de haberla visto, ya nunca más fui el mismo». Así sucede cuando leemos un texto corto o volúmenes como La edad de la herejía (2004) y Otras maneras de pensar el cine cubano (2009).

Juani es uno de los escritores sobre cine y uno de los pensadores culturales más productivos de toda Cuba. Escribe claro y bonito. Este segundo mote tan menospreciado pero, a las claras, más pretendido que alcanzado por los críticos de cine. Amén de sus títulos más reconocibles, es un gran promotor dentro y fuera del país. De ahí que haya sido seleccionado en varias ocasiones para figurar como jurado en distintos festivales del mundo (España, Perú, La Habana, Chile).

De los reconocimientos que ostenta, merece recordarse que ha sido el primer colega de profesión en obtener en tres ocasiones el Premio Nacional de la Crítica Literaria por libros acerca del cine.

García Borrero posee además uno de los blog más notables del país, donde no teme ni reproducir por escrito controversias surgidas a partir de sus propios textos, como promocionar nuevas voces de la crítica de cine o el pensamiento en Cuba.

Se une al diálogo quien, acertadamente, también ha escrito: «Insisto en que una película no cambia la realidad, pero sí puede contribuir a que uno cambie frente a ella, y ya de paso ayudarnos a ser mejores personas».

Cuando era estudiante de Historia del Arte escuché que cuando un crítico de cine concursaba en el Premio Caracol en el apartado de Ensayo e Investigación y sabía que tú participabas, surgía la duda de si mantenerse en el concurso o retirarse. De hecho, Juani, los has alcanzado en ocho ocasiones. Pudiera decirse que es el Oscar de los críticos de cine en Cuba. Sin embargo, soy de los que piensa que un premio así debería ser del nivel del Guy Pérez-Cisneros, pues sigue siendo algo dependiente de un premio plural que, siento, lo eclipsa bastante. ¿Qué piensas?

No conocía esa anécdota que cuentas, y me parece un poco exagerada. De todos modos, a estas alturas de mi vida tengo mis propias impresiones de los premios. No es que no me interesen ya. Sirven para concederle visibilidad al trabajo que uno ha realizado, y económicamente te ayudan, pero obtenerlo depende de muchos factores, y no siempre es la calidad del texto lo que termina imponiéndose. Digamos que he tenido bastante suerte con los premios a pesar de que la mayoría de esos ensayos se han planteado poner bajo sospecha lo que tradicionalmente se defiende. Y creo que sí, que ya es hora de que se convoque en Cuba un premio que tome en cuenta las posibles excelencias del ojo crítico en el terreno audiovisual. Por supuesto que es importante resaltar el conjunto de producciones audiovisuales, como lo hace el Caracol, pero si no logramos construir un cuerpo de ideas que contribuyan a dinamizar toda esa producción a través de los debates sistemáticos, y que estimule la reflexión de largo alcance (no solo las crónicas de ocasión), pues entonces estaríamos corriendo el peligro de seguir consolidando esa tendencia autista que tiende a separar de modo drástico a creadores y críticos, cada uno de ellos enfocados en su propio mundo interior, divorciados por completo de una realidad que a la larga nos hospeda a todos, sin distinciones profesionales.

Historiador, analista, crítico… ¿Cómo te concibes?

Es que precisamente a lo que me opongo es a ponerme etiquetas definitivas. Hace unos días me sorprendí reaccionando de una manera que desconcertó a la persona que hablaba conmigo. No podría precisar ahora cuál era el tema de nuestra conversación, pero recuerdo que en algún momento me dice “porque ustedes los críticos…”, y a mí me salió aquello de “yo no soy crítico, yo soy un espectador…”. Puede parecer una boutade pero ahora mismo me siento bastante distanciado de aquella persona que empezó en este giro escribiendo reseñas donde le dictaba de modo autoritario a la gente si una película era buena, regular, o mala (como si para la gente eso fuera realmente necesario). Y no es que esté quitándole importancia al ejercicio crítico, todo lo contrario. Vivimos en una época donde se corre el riesgo de asumir el “Vale todo” como una norma, y yo me opongo a eso: hay que aprender a jerarquizar. Por tanto, necesitamos cada día más de una crítica lúcida, rigurosa. Pero de la misma manera que el cine se ha transformado, así también tiene que transformarse la crítica que examina al cine. Y necesitamos sustituir el dominio de las opiniones con el pensamiento crítico, que es otra cosa. El pensamiento crítico no es exclusivo de un gremio, sino que toda persona (sea realizador, crítico, o espectador) puede cultivarlo en sus propios jardines del saber.

Soy partidario de que aquel que tenga la capacidad y la practique firme como crítico cultural. En tu más reciente libro El suicidio de la sabiduría (Notas sobre cultura audiovisual, tecnologías digitales y creatividad) estableces diferencias entre el crítico y analista culturales. Para ti, el segundo tiene más ventajas que el primero. Permíteme citar el siguiente fragmento: «El analista cultural, a diferencia del crítico, necesita del debate sistemático para corregir o enriquecer sus apreciaciones, y siempre estará mirado el futuro. Y mientras el crítico se empeña en anular a sus contrarios desde su trinchera, el analista aspira a la crítica dialógica, y como cuatro ojos ven más que dos, sus argumentos suelen ser más enérgicos, más trascendentes que los del crítico tradicional». ¿No te parece que el crítico de cine vigoroso en lenguaje e ideas, ya sea de ayer o de hoy, no ha tendido por lo general a esa proyección dialógica que le reclamas e incluso cuando de «construir conocimientos que sirvan en un futuro» se trata?

Mi primer ensayo más o menos legible se tituló “Por una crítica imperfecta”, y fue el texto que dejó inaugurado el Primer Taller Nacional de Crítica Cinematográfica allá en el lejano 1993. No me preguntes por qué en tanto no recuerdo las causas, pero curiosamente no salió publicado en las Memorias de aquel evento fundacional, aunque, más paradójico aún, ese mismo año me dio la posibilidad de ganar el primer Caracol. Yo no tenía mucha conciencia entonces de lo que ahora me parece más claro, es decir, la necesidad de que la crítica ayude a construir puentes, en vez de levantar muros donde se refugian los entendidos y fomentan eso que otras veces he llamado “la dictadura de los críticos”. He escrito varias veces de eso y algunos colegas lo han interpretado como una suerte de ataque sistemático a las prácticas del grupo, pero para ser honesto, en todo momento he estado pensando en mí, en los modos en que me apropio como espectador de lo percibido (una película, una lectura, etc) y lo devuelvo en forma de crítica. Lo ideal sería que los críticos estuviésemos confrontando de modo permanente todas esas ideas que defendemos, porque esa sería la base de un aprendizaje que, como en la vida misma, no cesa. Pero no sucede así porque nos hemos acostumbrado al monólogo, a la defensa de nuestro punto de vista como si se tratara el principio y fin de la Historia. Ante esa realidad, muchas veces he decidido dialogar y polemizar conmigo mismo. Después de todo, “el crítico” también es una sucesión impredecible de muchos “Yo”.

 ¿Cuáles son las cualidades que debe tener un verdadero crítico de cine?

Si te enumero algunas de esas cualidades le estaría haciendo el juego a esa dictadura de los críticos que tanto he combatido. En todo caso diría que el crítico debe ser esponja, y emular con todos esos entes poríferos que a diario se nutren de lo que hay a su alrededor, y lo convierten en su digestión, su respiración, su todo.

¿A qué se debe que existan menos críticos de cine en Cuba en comparación con las demás manifestaciones artísticas?

¿Tú crees que hay pocos críticos de cine en Cuba? Al menos la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica tiene muchísimos miembros. Y luego están los críticos de cine por cuenta propia. Es que aquí en Cuba hablar de pelota y de cine es más o menos lo mismo: cualquiera opina sin argumentar demasiado. En todo caso lo que no hay muchas personas que asuman la crítica de cine (o la crítica de la cultura audiovisual) como una pasión, como algo de lo cual no se puede prescindir porque nos convertimos en algo inexistente.

Si hubiera mucho más papel y cada una de las provincias pudiera hacer su revista de cine, ¿crees que surgirían más críticos y pensamientos sobre audiovisual o fuéramos los mismos?

A mi juicio seríamos los mismos, y la prueba está en que hoy que la revolución digital nos brindan tantas herramientas para pronunciarnos públicamente, las voces críticas siguen siendo las mismas de siempre. Una de mis frustraciones con el Taller de Crítica Cinematográfica de Camagüey tiene que ver con eso: que a pesar de todas las ediciones que se han organizado, nunca conseguimos impulsar una nueva escuela de críticos o algo así. A mí en lo personal me hubiese gustado que en la ciudad surgieran nuevos críticos, pero no sucedió; de allí que se sigan repitiendo cada año más o menos los mismos invitados provenientes fundamentalmente de La Habana. De todos modos, la crítica crecerá (y ya está creciendo) de modo natural, no por encargo, y de hecho ya puede apreciarse el trabajo serio de un grupo de críticos muy jóvenes.

¿Crees que las comodidades o facilidades para interactuar con los audiovisuales han condicionado una crítica mejor que la de otros tiempos? ¿Cómo y cuánto consideras que la época post PC (post-cine; post-computadora) ha influido en la manera de escribir sobre audiovisual?

Ahora mismo en Cuba se sigue escribiendo sobre el audiovisual de la misma manera que lo hacía Cabrera Infante o Mirtha Aguirre en los años cincuenta (sin la gracia literaria del primero). Seguimos utilizando las computadoras como si fueran máquinas de escribir un poco más sofisticadas. ¿Te acuerdas de aquella utopía de Astruc de ver convertido al cine en una especie de estilográfica? Pues los críticos cubanos todavía no nos hemos enterado de las potencialidades que brindan estas nuevas herramientas para ejercer nuestro oficio. En los eventos se siguen leyendo ponencias brillantes que después te puedes encontrar publicadas en un libro, pero pocas veces se prueba a hacer la crítica no desde lo literario, sino desde el audiovisual mismo, es decir, interviniendo desde la imagen y el sonido, que es a la larga lo que más le importaría a un crítico de cine.

Fundador y, aunque te alejaste un tiempo, eres continuador del Taller Nacional de Crítica Cinematográfica. ¿Qué importancia le concedes a uno de los pocos eventos que no peca de habanacentrismo como lo es nuestro cine y casi que nuestra crítica?

Tuve la suerte y el gran privilegio de coincidir con Armando Pérez Padrón y Luciano Castillo en el nacimiento del Taller Nacional de Crítica Cinematográfica. Por eso no hay un fundador, sino varios. Fue una “coyuntura” positiva, sin la cual el evento no hubiese salido jamás, porque vivíamos en pleno período especial, y ya sabes que la precariedad material muchas veces decide la suerte de lo intelectual. Armando, que es un gran amante del cine, estaba al frente del Centro del Cine en aquel momento, y Luciano ya tenía toda una reputación como crítico: sin ellos la idea hubiese quedado en la lista de sueños incumplidos. Fui coordinador general de sus sesiones teóricas durante veinte ediciones. Creo que es un espacio que hay que seguir defendiendo por lo mismo que te comentaba antes: estos son tiempos en que necesitamos, mucho más que antes, el pensamiento crítico vinculado al audiovisual.

Y en cuanto al Proyecto El Callejón de los Milagros, es una consecuencia del Taller o algo colateral con el Proyecto de Fomento de la Cultura Audiovisual del ICAIC, ¿qué me cuentas al respecto?

En lo personal yo lo veo como una continuidad. No recuerdo qué filósofo hablaba de que hay que esforzarse en no confundir la continuidad con la identidad. He tenido la suerte de estar en el kilómetro cero de algunos hechos que perduran en el tiempo, como el Taller Nacional de Crítica Cinematográfica, la Muestra de Jóvenes Realizadores, el blog Cine Cubano La Pupila Insomne, el Proyecto El Callejón de los Milagros, o los Encuentros sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales. Algunos asumirán esos episodios como bloques separados; yo lo veo como un conjunto donde funciona a la perfección aquello de que el todo es más que la suma de las partes. Y ese todo es algo misterioso que se conecta de las maneras más impensables. Me encanta salirme de esas zonas de confort donde uno se acostumbra a moverse con cierta seguridad para aventurarme en la conexión de ideas aparentemente ajenas a lo que ya conocía. No importa que fracase o no llegue a ningún lugar: lo importante es eso, tomar conciencia de que el mundo no es algo que ya está hecho, sino que puedo intervenir de modo activo en su constante renovación. Y de eso es lo que va el Proyecto El Callejón de los Milagros, que se mete en el mundo de las humanidades digitales con el fin de estimular el uso creativo de las tecnologías que tenemos en la mano en función de lo que hacíamos antes: hablar críticamente del cine.

Una pregunta que ya se la hice a Pedro Noa y ahora te la repito: ¿En que se parece y se diferencia La semana de la crítica cinematográfica de La Habana de El Taller Nacional de Crítica Cinematográfica de Camagüey?

Pues la verdad es que no sé en qué no se parecen. Ya te comenté con anterioridad que tengo la impresión de que todos nuestros eventos cinematográficos tienen un aire de familia demasiado peligroso.

A partir del año 2007 creaste el blog Cine Cubano, la pupila insomne, una bitácora muy interactiva que es referencia más que nacional. ¿Qué ha representado para ti llevar uno de los sitios webs más influyentes y polémicos de esta isla?

¿Ves? Con esta pregunta no me molestaría tanto asumir las etiquetas. Quiero decir, que no me molestaría en lo más mínimo asumirme como bloguero. Esta va siendo una de las experiencias más vitales que todavía estoy viviendo, como si acabara de comenzar. El blog se parece mucho al país que en algún instante me gustaría vivir: inclusivo, respetuoso de las diferencias, civilizado en los debates, colaborativo. No es que todo sea perfecto allí, ni que yo piense que va a cambiar nuestra historia cultural o algo por el estilo, pero ha sido y sigue siendo una gran aula para mi persona. Ya casi vamos para 3000 entradas. Y la parte que más aprecio es la de las polémicas. Puedo contar con los dedos de una mano las ocasiones en que los internautas se han comportado de modo solariego. Allí han tenido lugar polémicas muy duras, pero sin perder de vista jamás que podemos ser adversarios en cuanto a las ideas sin que ello ponga en riesgo el afecto personal y el respeto al ser humano que expresa esas ideas. Es lo que he sentido con Víctor Fowler, Dean Luis Reyes, Gustavo Arcos, Antonio Enrique González Rojas, Rolando Leyva Caballero, Pedro Noa, por mencionar a algunos de los que han contribuido a esa cultura del debate que nos empeñamos en construir allí. Para ser honesto, nunca pensé que el blog fuera a durar tanto tiempo, porque, además, lo he administrado todo el tiempo desde Camagüey, sin respaldo institucional. Y es muy estimulante apreciar cómo lo consultan en lugares tan remotos como Japón, Hong Kong, o es citado en tesis universitarias. Claro, puedo darme el lujo de hablar con cierto orgullo del mismo, porque a estas alturas el blog es un ejemplo de escritura colectiva. Yo solo he puesto la levadura, como decía Unamuno, pero al pan lo hace a diario mucha gente.

Juani, otros de tus logros ha sido una propuesta ambiciosa como la primera Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano (ENDAC) ¿Estamos realmente preparados para un producto de esa envergadura? ¿Qué tal la acogida?

No, no estamos preparados, y es una lástima. Yo no conozco ahora mismo ningún crítico cubano que esté familiarizado con Mediawiki, por ejemplo, que es la herramienta que utiliza el sitio. Y una Enciclopedia de este tipo, que es colaborativa, necesita de esas nociones básicas (que además, no es nada del otro mundo, porque lo más difícil es generar el contenido). Los críticos cubanos todavía no miran en esa dirección. Por eso se entiende que en el momento en que hiciera la presentación por primera vez en Camagüey (justo un 20 de octubre, hace tres años) no asistiera nadie de Cultura o vinculado al cine. Por suerte apareció Alex Halkin, de Americas Media Initiative, para apoyarme en hacer realidad este sueño. Ya ves, en casa del herrero, cuchillo de shopping, porque lo lógico es que un proyecto como este se hubiese apoyado desde alguna institución cultural cubana. Igual me sucedió con el blog Cine cubano, la pupila insomne, que en algún momento estuvo a punto de desaparecer, y apareció Ana López desde la Universidad de Tulane (New Orleans) para protegerlo y guardar copia del mismo en esa institución. Ahora con la ENDAC estoy medio paralizado porque sufrí un accidente tecnológico donde perdí toda la base de datos que ya tenía más o menos 6000 entradas. Ha sido un golpe bien duro, pero estamos en el proceso de recuperación.

¿Quiénes fueron tus influencias para escribir sobre cine?

Varias veces he mencionado los nombres de las personas que más me han marcado en diversas etapas de mi vida. El primero fue Luciano Castillo. Cuando estudiaba en la Vocacional “Máximo Gómez Báez” comencé a recortar todo lo que él publicaba en el periódico Adelante, y gracias a esos escritos descubrí lo que era una Cinemateca y en sentido general el cine como arte. Luego llegaría Julio García-Espinosa, que me contagió con el virus de lo ensayístico (no en balde mi primer ensayo se tituló “Por una crítica imperfecta”). Con Ana López viví un auténtico punto de giro en mis maneras de pensar el cine cubano, en tanto descubrí esa Cuba mayor que ella describe, y me puso al tanto del cine realizado por compatriotas más allá de la isla. Y en esta evocación de mis maestros no podría faltar Desiderio Navarro, la persona que no solo puso en manos de tantos, de modo desinteresado, libros y textos a los que difícilmente se podría haber accedido de un modo natural, sino que, al menos a mí, me enseñó a pensar el uso de lo digital en función de la gestión cultural. Obviamente, uno menciona ciertos nombres, pero las influencias muchas veces están allí, enmascaradas. Yo todavía recuerdo con gran impacto mi descubrimiento de Bazin, y sobre todo aquella crónica que escribió a propósito de la muerte de Bogart. Fue como una iluminación. Ahora ando ensimismado con lo textos de Lev Manovich, y los representantes de la Nueva Historia del Cine (Philippe Meers, por ejemplo).

¿Lo mejor y lo prescindible de las críticas de Guillermo Cabrera Infante?

Lo mejor, su estilo literario. Único. Irrepetible. Esa habilidad para el juego de palabras es sencillamente excepcional. Como escritor que escribe sobre cine (eso es una definición suya) es casi insuperable. Solo que la crítica de cine tiene que aspirar a salirse de lo literario para convertirse en crítica que se conciba desde lo audiovisual.

Y de Mario Rodríguez Alemán, ¿qué me dices?

Me hubiese gustado conocerlo en persona. Sus libros lo muestran como un hombre de gran cultura. Aunque tengo la impresión de que hubiéramos polemizado bastante. Al menos su aproximación a la Cecilia de Humberto Solás todavía genera en mí bastante inconformidad. Así como el hecho de que prácticamente absolutizara la lectura ideológica del hecho cinematográfico. No es que me parezca menos importante porque el Hollywood más entretenido está atravesado todo el tiempo por la ideología, pero cuando uno ve una película está asumiendo varios roles, y es fatal tratar de establecerles perímetros al deseo, a las fantasías de los seres humanos.

Voy para las preguntas aparentemente menores o lights. ¿Qué película refleja mejor el cine dentro del cine?

Cada vez me cuesta más trabajo responder ese tipo de pregunta. Ya no me motivan las encuestas para seleccionar “las mejores películas de…”. Así que lo que te responda será muy light. O sea, el que te responderá ahora probablemente no recuerde lo que dijo dentro de tres semanas. Responderé según llegue a mi mente la primera idea, sabrá Dios por qué misteriosa razón. Y a veces no responderé. ¿Cine dentro del cine?: La noche americana, de Truffaut.

Tu película cubana y director(a)

Memorias del subdesarrollo y Tomás Gutiérrez Alea.

Documental cubano y extranjero

Ociel del Toa, de Guillén Landrián y Las Hurdes, de Buñuel

Una serie que ves por estos días. Algunas que recomiendas

No soy de ver muchas series. He visto las cinco temporadas de The Wire dos veces. No creo que pueda lograr eso con otra. Ni siquiera con Chernobyl, que me impresionó mucho.

¿Quién es tu director preferido del cine clásico estadounidense?

Tengo varios, pero allí va un imprescindible para mí: Billy Wilder.

¿Directores de cine sobrevalorados?

Paso con esta pregunta.

Tu cómico y tu comedia

Comedia: Sucedió una noche, de Frank Capra. Con los cómicos, paso.

Tres directoras de cine fuera de liga

 En Cuba, Sara Gómez. Paso con las extranjeras.

Tu western

A la hora señalada, con Gary Cooper.

Tu película o cortometraje de animación

Tengo varios, y no me decido por ninguno, así que paso.

Tu película de cine negro

Sed de mal, de Orson Welles

¿Y la de gángsters?

El Padrino.

En cuanto al cine bélico

Más bien antibélico: Sin novedad en el frente (1930), de Lewis Milestone

¿James Bond o Indiana Jones?

Indiana Jones

¿Star Wars o Alien?

Alien

¿Lo que el viento se llevó o Casablanca?

Casablanca

Tu musical

Paso…

Si hablamos de actrices y actores

Paso, paso, paso…

En pocas palabras, ¿cuál es la mayor ventaja y lo peor del paquete?

Lo peor que tiene es la dispersión. Se pierde mucho tiempo buscando aquello que nos pueda reportar placer. Y precisamente por eso, muchas veces no logras conectarte con cosas que podrían ser de nuestro interés. Pero que, piratería a un lado, tengamos a la mano todos esos contenidos, me parece una maravilla.

¿Algún libro en camino, de qué va?

Ahora mismo estoy enredado con un ensayo cuyo título es Los nuevos mapas del cine cubano. Escribí una primera versión, pero todavía no me deja satisfecho. Es que la tesis es bastante compleja. Allí estoy defendiendo la idea de aproximarnos al cine cubano con un enfoque transnacional, porque estamos hablando de la historia de algo que desde el principio ha dependido de tecnologías que llegan de otras partes, traídas por personas que vienen de otros continentes (el caso del francés Veyre, que llega desde México, y rueda algo para mostrárselo a la española María Tobau). Y están en un inicio los cortos filmados por Edison con el fin de legitimar la intervención de los Estados Unidos en la guerra independentista de Cuba contra España. O más acá: ¿podríamos prescindir de lo realizado audiovisualmente por cubanos que viven fuera de la isla, pero representan en sus películas a la nación cubana? En este punto siempre pienso en los personajes que Sergio despide en el aeropuerto en Memorias del subdesarrollo, y que a mi juicio reaparecen diez años después en El Super, la película de León Ichaso y Orlando Jiménez Leal. O los Marielitos que abandonan la isla, y cuya suerte inmediata en la otra orilla muestra Iván Acosta en Amigos. Construir una mirada que lo conecte todo (sin que se pierdan los perfiles puntuales) probablemente transforme bastante el concepto de cine cubano que hasta ahora estamos manejando, y que está asociado fundamentalmente a la institución ICAIC y a lo realizado dentro de la isla. Hasta la noción del cine independiente, que tan de moda está en estos días, se vería impactada, porque a mi juicio el verdadero cine independiente cubano comenzó en el exilio, en los años setenta, con todas esas películas realizadas por cubanos que se insertaban en una cultura ajena, sin recursos de ningún tipo, y seguían defendiendo audiovisualmente la representación de su nacionalidad. No estoy hablando ahora de calidades cinematográficas, sino de un fenómeno cultural bien complejo que necesita actualizar las cartografías, y sobre esa base, proponer metodologías investigativas novedosas. Si me preguntaras sobre el referente más cercano a encontrar en estos nuevos mapas del cine cubano, te diría que va un poco en la línea propuesta por Aby Warburg y su Atlas donde el collage desarticula la idea clásica y unidireccional manejada en la Historia del Arte más tradicional, para trabajar con las conexiones de las imágenes y las diversas memorias.

¿Qué es el cine para Juan Antonio García Borrero? 

Una pasión. Eso lo explica todo, y al mismo tiempo, no explica nada, porque en toda emoción vehemente hay mucho de enigma. Esa pasión ha dominado buena parte de mi vida, y me ha hecho escribir y hacer un montón de cosas casi en trance. Ha sido bueno cargar con esa pasión, y con todo lo bueno que me ha tocado y las facturas no tan estimulantes que a veces la han acompañado. He tratado de que lo escrito esté a la altura de las alegrías, angustias y zozobras que provoca esa pasión, aunque al final, con gusto, será inevitable hacer mío el epitafio de Gogol: “Se reirán de mis tristes palabras”.

Publicado el enero 29, 2020 en Uncategorized y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: