De García Borrero a Alfredo Fuentes

Alfredo:

Estoy tratando de organizar las ideas que han generado en mí tu decisión de debatir en lo público lo que, seguramente, hubiésemos solucionado de una manera mejor, tal vez más elegante, en lo privado. Ni siquiera me interesa polemizar: quiero entender.

Voy a pasar por alto el tono despectivo que a veces atraviesa tu escrito (como cuando llamas “engendro” a lo que estamos proponiendo), para concentrarme en lo estrictamente cultural. Es decir, concentrarme en lo que podría resultar interesante para la ciudad, más allá de lo que dos simples sujetos defienden de modo individual.

También haré caso omiso a esa afirmación que haces de que la convocatoria implica un “brutal e intencionado desconocimiento de nuestro trabajo con las Jornadas ArteCómic”. Esa afirmación es poco seria, pues sabes bien que desde el Proyecto El Callejón de los Milagros hemos insistido en articular una plataforma que permita concederle visibilidad a esa tremenda gestión que has estado protagonizando en todos estos años (porque lo merece el evento, y porque lo mereces tú en lo personal).

Sin embargo, sabes que año tras año hablamos de lo mismo sobre todo en las Cibertertulias que entre los dos organizamos en el marco de las Jornadas, ante la presencia de todos esos invitados que logras convocar desde las más diversas partes del país, y siempre quedamos en lo mismo: se acaba el evento y todo vuelve a la gris normalidad… hasta el año próximo.

Estoy de acuerdo contigo: Camagüey no es París. No es Nueva York. No es Barcelona. No es Buenos Aires. No es ninguna de esas ciudades que, por suerte, he tenido el indiscutible privilegio de conocer, y donde he podido advertir un envidiable flujo de acciones culturales respaldadas por presupuestos millonarios y tecnologías sofisticadas.

Pero Camagüey no es ninguno de esos sitios, no por el dinero que nos faltaría para lograr un despliegue parecido, sino por el pensamiento provinciano (yo diría municipal) que asume nuestro subdesarrollo a partir de lo material, y jamás desde la precariedad intelectual que sigue percibiendo como el paradigma por excelencia de la promoción cultural a la figura decimonónica de Domingo del Monte, y no se entera de que hoy el consumo cultural se rige por otras normas y expectativas. No importa que tengamos en las manos el más sofisticados de los teléfonos: seguimos pensando desde nuestro ombligo.

Acá en Camagüey todos los días tenemos sucesos culturales de todo tipo. Todos los días hay un evento diferente, pero son, a mi juicio, islitas dentro de la isla. En una época donde se difuminan las fronteras, donde anda todo mezclado, donde los colosos del mercado internacional se fusionan y establecen alianzas, los camagüeyanos aún nos empeñamos en mantener los feudos, y encerrarnos (como los famosos sobrevivientes que Titón mostrara en la pantalla grande), en acogedoras zonas de confort que nos ponen a salvo de eventuales invasiones. Y como en los viejos tiempos, plantamos las banderas territoriales y activamos las milicias de seguidores que rápidamente se encargarán de rechazar a los bárbaros que se atrevan a “competir” con lo que ya nosotros, alguna vez, logramos fundar.

Mi criterio es que equivocas el blanco cuando, amenazador, aseguras que no permitirás “echar por la borda 10 años de duro trabajo”. ¿Y de dónde sacas que a mí, en lo personal, me interesa que tu labor conozca ese destino? Veo en tu actitud, en todo caso, un ejemplo inmejorable de la apoteosis de lo que llaman locus de control externo, donde los individuos tienden a responsabilizar a los otros o al azar, con el desenlace de sus acciones.

No necesito que describas los escollos burocráticos que ArteCómic ha encontrado y sigue encontrando en el camino. ¿Olvidas que El Callejón de los Milagros nació, en su momento, contra la voluntad de varias autoridades culturales? ¿Olvidas que todavía hoy sigue encontrando resistencias y indiferencias? Pero para mí eso será siempre la parte más estimulante del juego: son esos obstáculos los que cada día me permiten apreciar que vale la pena asumir el desafío, y repetir con Nietzsche: “¡No debes dejar que te den un derecho que tú eres capaz de conquistar!”.

Y el derecho a soñar es algo que, en lo personal, no me interesa ponerle límites ni delegar en otros. Aunque la realidad, tozuda, me siga devolviendo a un escenario donde los individuos sigamos siendo, por los siglos de los siglos, polvo en el viento y ego en la tierra. Seguiré soñando entonces que Camagüey, que no es París, ni Nueva York, ni Barcelona, pero tiene un Paseo Temático que no lo encuentras en otra parte de mundo (ni mejor ni peor, sino lo que es), se merece una vida cultural donde sus habitantes la perciban como un todo, y no como una sucesión de momentos culturales aislados.

Por eso es que ahora mismo me resulta tan raro que yo esté polemizando contigo a partir de la inconformidad que provoca en ti el nacimiento de un evento que tiene puntos comunes con el que organizas, pero que no se propone exactamente lo mismo. Tal vez sea demasiado ingenuo, pero ¿no deberíamos estar hablando de construir estrategias que ayuden a consolidar la ciudad como espacio donde podamos convivir y crecer todos? ¿No hubiese sido mejor hablar de las maneras en que tu evento podría salir fortalecido tomando en cuenta lo que ya existe y no se aprovecha?

Si como promotor cultural de amplia experiencia, y atento como estás a las nuevas tendencias del consumo cultural, no logras entender esto que a la larga sería lo verdaderamente trascendente, ¿qué podríamos pedirles a los decisores (no me gusta el término, pero es lo que toca), que muchas veces deciden sobre la base del impresionismo más tradicional y los imperativos “coyunturales”? ¿No sería mejor defender tu evento sobre la base de lo que significa para la ciudad como parte de un sistema cultural más amplio (y cuando hablo de tu evento, hablo también de las otras islitas que conforman nuestro archipiélago de sucesos locales) en vez de defenderlo cuestionando el nacimiento o existencia de los otros?, ¿acaso no hay suficientes valores en el tuyo como para saber que seguirá creciendo?

Insistiré en algo, Alfredo: a mí no me interesa poner a competir los eventos entre sí. Me importa la animación cultural de una ciudad que hoy, para poner un ejemplo bien cercano, cuenta con un Paseo Temático del Cine que se encuentra absolutamente subutilizado por las instituciones culturales, y que podría servir para darle visibilidad permanente a eso que nadie podrá negar has convertido en parte de tu vida.

Tampoco me interesa casarme con los eventos en sí, sino con lo que estos sean capaces de generar en los entornos donde se realizan. Los eventos tienen el deber de irradiar más allá de ese estrechísimo perímetro donde se congregan durante unos días un grupo de personas que, terminada la cita, dejan a la ciudad igual que como la encontraron.

Por eso es que me parece tan importante que acabemos de tomar conciencia de esa infraestructura que hay en Camagüey, y que nuestro sistema institucional apenas toma en cuenta para desplegar sus acciones comunitarias.

Ojalá nuestros debates culturales algún día fueran en esa dirección: es decir, en la dirección que nos ayude a descubrir la ciudad, con sus luces, sus sombras, e indiscutibles fortalezas. Porque es eso, la ciudad, lo único que ahora mismo a mí me importa. Por eso, a pesar de todo, sigo aquí.

Saludos,

Juan Antonio García Borrero

Publicado el octubre 28, 2019 en Uncategorized y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. 5 comentarios.

  1. Juani: en La Habana ahora mismo se celebra Dias de animacion, aunque la prensa nacional apenas se ha enterado. ESTOY ABSOLUTAMENTE SEGURO QUE SI LE PROPONES A IVETTE AVILA, SU ORGANIZADORA PRINCIPAL, EXTENDERLO A CAMAGUEY A PARTIR DEL 2020, LE ENCANTARA LA IDEA. De modo que, aprovechemos un evento que ya existe y que clama por extenderse a otras provincias. Saludos desde Sancti Spiritus, Arturo Delgado Pruna

    • Estimado Arturo, te puse una respuesta en el muro de Facebook. Allí te comentaba que Ivette es una de nuestras grandes aliadas. Estuvo en el pasado Encuentro y sus contribuciones en forma de Taller para niños fueron geniales. Espero que regrese al Quinto. Te comentaba también que decidí no convocar el Festival de Animación. La idea nunca fue crear por crear “otro evento”, sino sumar fuerzas para construir un entorno que aprovechara la infraestructura que ya existe y que es única en el país. Lamentablemente no se entendió, y prefiero apartarme del tema. Haremos el evento con el eje temático anunciado de la animación, porque obviamente no existe un monopolio sobre estos asuntos, pero el Festival que soñábamos ya no va. De todos modos, estoy seguro que vendrán ideas superiores. Un abrazo grande.

  2. José Gabriel Martínez

    Es lastimoso este tipo de diatriba entre dos colegas que tanto sienten por la Cultura de esta Ciudad que “no es Paris…”
    Es mi opinión que un “Evento” ni niega ni desplaza al OTRO… Ambos, bien llevados, contribuirán ya no dolo al deleite propio de participantes y público sino quien sabe si a quienes desde posiciones que les quedan “bien holgadas” a partir de desconocimientos y sensibilidades “ausentes”, logran definirse y “arar” junto a los ARTISTAS…
    Si pudiesemos unificar criterios… quien sabe si fuésemos nuevamente el Patrimonio de aquella identidad cultural que por sigloa nos prestigió y a la que le debemos el “estigma” de camagueyanos…
    Un abrazo a los dos.

    • Querido José Gabriel, aquí no hay diatriba ni creo que tenga la más mínima repercusión en nuestras vidas. No va a trascender más allá de la lectura “coyuntural” y por ello mismo olvidable. Y al menos yo no me tomo nada de lo sucedido como algo personal. Estoy acostumbrado a lidiar con todo tipo de escollo, y hay veces que es más digno retirarse que insistir en determinadas acciones. Ojalá en algún momento llegue un buen debate cultural que nos ayude a pensar Camagüey, ya no como país (que también), sino como ciudad. París, Buenos Aires, Nueva York, Madrid, Rio de Janeiro, Camagüey: para mí todos esos espacios urbanos tienen un denominador común más allá de los edificios y las avenidas que las distinguen, pero es mi visión personal y tal vez lo que esté es un poco loco. Un abrazo.

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