Reseña del libro “Guillén Landrián o el desconcierto fílmico”, editado por Julio Ramos y Dylon Robbins

Ingrid Robyn reseña Guillén Landrián o el desconcierto fílmico, editado por Julio Ramos y Dylon Robbins (Cuba/Puerto Rico/EEUU)

“Raros son los libros académicos que aguzan la curiosidad de uno como el volumen colectivo Guillén Landrián o el desconcierto fílmico, editado por Julio Ramos y Dylon Robbins. El libro nos presenta una mezcla de entrevistas, ensayos y textos de corte estrictamente académico, y de cierta manera mimetiza el carácter experimental de los documentales del cineasta cubano, haciendo un juego de voces e imágenes alrededor de la figura de Guillén Landrián que recuerda al tipo de juego entre banda sonora y fotografía que se observa en sus películas. Producto de años de investigación, se trata de uno de pocos libros que se han dedicado exclusivamente a la figura de Guillén Landrián, eximio documentalista cubano que sería condenado al ostracismo en la isla hacia finales de la década del 60 e inicios de los 70. Ya en 1965, el cineasta fue encarcelado en la Isla de Pinos, donde permanecerá por un año. Tras el estreno e inmediata censura de su película Coffea Arábiga en 1968, Guillén Landrián pasaría a ser visto como disidente político, hasta que es expulsado del ICAIC en 1971. Aunque lo volvieron a admitir eventualmente, el cineasta no recobrará ni su posición, ni su libertad creativa. En efecto, muchas de las películas que produjo en aquellas décadas no se dieron a conocer sino en el 2000, en la Primera Muestra de Jóvenes Realizadores, presidida por Juan Antonio García Borrero. Esta muestra fue seguida de una segunda, en la que sus películas volvieron a marcar presencia. A partir de ese entonces, no sólo se empieza a recobrar la figura y la obra de Guillén Landrián, sino a repensar el mismo género del documental en la Cuba revolucionaria. Nos dicen los editores:

Ambas ediciones de la Muestra ubicaron el cine de Guillén Landrián en el corazón de una revisión mayor de la historia y de los archivos custodiados del cine cubano, propiciando un cambio radical en las prácticas, poéticas y modos de producción de un “nuevo” cine documental en la década de 2000. […] Tal revisión histórica es uno de los correlatos de la perplejidad y el desconcierto que producen los documentales cuando vuelven a ser vistos “por primera vez”, ahora en el marco de un debate sobre la relación entre arte, Estado y censura, que renovaba las discusiones estético-políticas sobre la experimentación formal, algo que varios cineastas y críticos de la nueva generación identificaban con los trabajos de las neovanguardias y los legados de las vanguardias históricas.

Para seguir leyendo, pinchar aquí.

Publicado el septiembre 1, 2019 en Uncategorized y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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