Archivos diarios: agosto 18, 2019

Vida y muerte de la blogosfera cubana

La semana pasada conversé con María Antonieta Colunga Olivera (Tunie), que es una de las periodistas camagüeyanas que más admiro. Tunie quiso entrevistarme con el fin de que habláramos sobre el Proyecto El Callejón de los Milagros, pero en algún momento del encuentro me sorprendió con una pregunta que no esperaba: ¿por qué en estos tiempos que pertenecen a redes sociales como Facebook o Twitter, me empeño en mantener activo el blog?

La pregunta me tomó desprevenido, y me ha mantenido pensando en una posible respuesta todos estos días. Otras veces he confesado sentirme una especie de sobreviviente de esa época en que la blogosfera cubana prometía intervenir en la esfera pública, y contribuir al mejoramiento de la sociedad.

Aquello fue un gran espejismo que todavía nos sigue pasando factura a muchos: la inocencia se paga caro, sobre todo cuando la inversión que has realizado en la construcción del blog no es de índole económica, sino espiritual o cívica.

Yo creo que a estas alturas la blogosfera cubana ya no existe. Pero eso a mí me ha afectado poco porque cuando decidí abrir el blog, no lo hice con el fin de insertarme en una moda o algo parecido, sino porque me sigue pareciendo una formidable herramienta de expresión personal, que ayuda a cambiar, no la realidad objetiva, sino a transformar los modos en que percibimos esa realidad y decidimos actuar, como individuos, frente a ella.

Al principio no tenía claro nada de esto. Abrí el blog en medio de la llamada guerrita de los emails, por lo que buena parte de lo que estuve posteando aquel primer año estaba impregnado de esa voluntad bélica que dominaba en el grueso de las bitácoras que leíamos. Hoy no sabría precisar dónde estuvo el punto de giro, y cuándo fue que comencé a pensar en el blog, no como un espacio para fomentar posiciones que se anulan entre sí, sino, todo lo contrario, estimular el debate a partir del reconocimiento de la diversidad de ideas.

Supongo que este giro estuvo asociado a la lectura de aquel pasaje escrito por Mañach que tantas veces he citado:

Yo creo que uno de los males de Cuba es que tendemos demasiado a ver las cosas públicas en función de la política. Se reducen los problemas a simples conflictos de partidos o de gobiernos y oposiciones… Nuestros problemas vienen de más abajo y de más hondo. Nacen en la raíz misma de la ciudadanía”.

Mañach escribió esa reflexión antes de 1959, y el tiempo no ha hecho más que multiplicar ese equívoco que él fustiga. Una nación, que es mucho más que un Estado o un Partido, no se puede pensar solo desde lo político. Es preciso asumirla como lo que en realidad es: un espacio donde confluyen los más diversos imaginarios, siempre marcados por el misterioso hecho que ha propiciado la cercanía geográfica, la herencia de una lengua común, y el conjunto de prácticas culturales compartidas.

En términos políticos es fácil excluir del concepto “nación” a aquellos que no comparten los mismos criterios, pero la cosa es más complicada cuando descubrimos que dos personas con credos ideológicos totalmente opuestos pueden amar a Cuba con similar fuerza. En casos así, y siempre que no se pierda el respeto al individuo que somos, yo prefiero apelar a la conversación civilizada (que es lo que he tratado de cultivar en el blog), y el intercambio de argumentos que me ayuden a crecer como individuo.

A mi juicio, en las redes sociales ahora mismo eso es imposible de cultivar. Facebook o Twitter (que son las dos en las que muevo los contenidos del blog) están diseñadas para que las personas muestren sus emociones de forma rápida, contundente, y sigan su camino: mucha algarabía, pero poca reflexión creativa. No estoy criticando su uso dominante: solo trato de no perder de vista un diagnóstico, una evidencia.

Sin ánimo de caer en la nostalgia obscena, lo que más extraño de aquella época en que la blogosfera cubana aún estaba viva, es la posibilidad de descubrir a una Cuba diversa pensada y discutida desde los ángulos más insospechados. Ahora hay más fotos, más videos, más grabaciones en vivo que hablan de Cuba y los cubanos, pero, paradójicamente, casi todo lo que uno escucha se parece demasiado a los noticieros estelares que se emiten en una orilla u otra de nuestro drama. Sí, ya sé: no se le puede pedir peras a Facebook.

Por eso prefiero seguir ensayando reflexiones personales de este tipo en mi blog. Reflexiones que de antemano sé que no contarán con demasiados Likes porque la lectura de una cuartilla y media para muchos hoy en día es un exceso. O reflexiones que tropiezan con las ideas preconcebidas que cada lector ya tiene de esa realidad de la cual habla según le va en la feria.

En mi caso el blog ha sido importante para descubrir no el país geográfico, sino la Nación, con mayúscula, es decir, esa Cuba mayor que mi querida amiga Ana López describiera en un formidable texto. Y también ha sido la plataforma ideal para entender un poco mejor que egoísmo y altruismo, como propone la filosofía moral del agatonismo con aquello de “disfruta la vida y ayuda a vivir una vida agradable” pueden convivir sin remordimiento en la agenda cívica del bloguero.

Juan Antonio García Borrero

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