Exposición “Los colores del espíritu”, de Gustavo Linares

Ya sabemos que el origen de todas las cosas siempre es confuso. Ahora mismo yo no podría precisar cuándo fue que Gustavo Linares me habló por primera vez de sus fotografías.

De hecho, yo no conocía de su trabajo fotográfico. Sí lo había visto desempeñarse como director de fotografía de la televisión camagüeyana, y fue por esos días en que coincidimos en varias grabaciones del programa Café Cinema, que sostuvimos nuestros primeros intercambios más o menos largos.

Pero no había visto estas fotos que ahora exponemos en la Galería QR del Complejo Audiovisual Nuevo Mundo, donde se pone de manifiesto una de sus más enfáticas filias: el amor hacia la Naturaleza, y también la pericia técnica que nos permite apreciar con nitidez impresionante parte de esos detalles maravillosos que nos ofrece nuestro medio ambiente, y que por lo general el ojo humano (más educado para apreciar lo que construye vanidosamente su prójimo, que lo que encuentra al nacer bajo sus pies) siempre está pasando por alto.

Vale la pena recordar que Gustavo Linares estaría formando parte de ese sorprendente grupo de fotógrafos camagüeyanos que, desde hace algunos años, han convertido a la ciudad (gracias al evento “Bioencuadre”) en una plaza de referencia obligada para todos aquellos que quieran descubrir sensibilidades fotográficas atentas al complejo problema del medio ambiente. Nombres como los de Leonardo Mejías Proenza o Leandro Pérez Pérez, por mencionar apenas dos, resultan harto reconocidos en certámenes especializados que se han celebrado dentro y fuera de la ciudad.

En lo personal descubrí el conjunto de fotos que ahora nos ofrece Gustavo Linares en el momento en que releía los Pensamientos, de Pascal, uno de mis libros favoritos. Y recuerdo que por lo menos en par de ocasiones, mientras él me mostraba las imágenes, yo le interrumpí para leerle algunas de las reflexiones del sabio francés, como esa donde apunta: “Una ciudad, un campo, de lejos es una ciudad y un campo; pero a medida que nos acercamos son casas, árboles, tejas, hojas, hierbas, hormigas, patas de hormiga, hasta el infinito. Todo eso estaba dentro del nombre de campo”.

Y es que yo diría que uno de los grandes méritos que tiene este tipo de fotografía de corte medioambiental es que consigue reponer al ser humano al lugar que Heidegger aconsejaba, cuando anotaba aquello de que el hombre no es dueño del Ser, sino tan solo vecino, una idea que desde los tiempos remotos de Francis Bacon se venía apuntando con aquella observación que nos recuerda que “sólo podemos dominar la naturaleza si la obedecemos”.

Como fotógrafo, Gustavo Linares no vive ajeno a esas prevenciones de corte mayormente pesimistas que coinciden con las demandas más enérgicas de los movimientos ecologistas. Pero en esta ocasión, quisimos reunir un conjunto de instantáneas que de algún modo reflejan esa idea maravillosa escrita por Emerson en su momento: “La naturaleza siempre lleva los colores del espíritu”.

Son fotos hermosas, donde se respira ese aire rousseuniano que permite identificar a la Naturaleza como un libro siempre abierto a los ojos de quien quiere aprender de modo permanente, usando de forma creativa su espíritu.

Juan Antonio García Borrero

Publicado el agosto 1, 2019 en Uncategorized y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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