A propósito de un comentario de Miguel Coyula y el cine independiente

Otro ejemplo de cine independiente realizado por cubanos: “La pared de las palabras”, de Fernando Pérez

El cineasta Miguel Coyula dejó en mi muro de Facebook el link de este texto publicado en el sitio Havana Times, y que polemiza con el que publiqué en Progreso Semanal con el título de Los aretes del inconforme.

Para mí más importante que ser cineasta independiente, es tener autonomía ciudadana. Si como ciudadano no estás dispuesto a defender ciertas maneras de ver la vida, resistiendo las presiones de aquellos que por lo general se van expresando de acuerdo al sentir de los grupos o de modo egoísta (sin tener en cuenta lo que puede ser la nación de un modo integral y altruista), entonces lo que hagas en el arte difícilmente va a ser independiente.

Como ciudadano mi independencia trato de mantenerla a salvo desde hace mucho con este blog. Aquí publico lo que me dicta la conciencia (que no siempre acierta), y por supuesto, eso me ha traído no pocos momentos amargos, pero no me interesa transformar esas caídas personales en el centro de lo que se discute.

Soy, como le comenté alguna vez a una periodista independiente que me entrevistó a propósito de uno de esos tropiezos, un fundamentalista del optimismo trágico. Y sé que una parte del precio a pagar lleva todo eso: incomprensiones, soledad intelectual, rechazos de algunas personas con poder, y de otras castigados por ese poder, pero que aspiran al mismo para mañana tener la oportunidad de excluir (como antes sus antecesores) al que piensa diferente a ellos.

Al cine de Miguel Coyula lo admiro más allá de su posición política. Si yo fuera el dueño de las salas cinematográficas del país, exhibiera todas sus películas, y después las debatiera con rigor (como hicimos en el cine Casablanca hace mucho con su excelente Memorias del desarrollo).

Y lo mismo haría con Santa y Andrés, con Conducta impropia, las películas de Jorge Molina, y otras que ahora mismo permanecen censuradas. Un país que prescinda de ese tipo de cine incómodo, es como una casa donde se han escondido todos los espejos en los que se reflejaría la parte de nuestro ser que menos nos agrada, y se viva solo de selfies colectivos que se nutren de la misma lógica adolescente de una mala copia de la revista “Vanidades”.

Creo, sin embargo, que mi diferencia mayor con Coyula y esto del cine independiente, es que él ya cree tener (a partir de su experiencia personal) un concepto claro de lo que sería ser un independiente, y a mí, en cambio, me parece que necesitamos un mayor rigor a la hora de establecer esas taxonomías: sobre todo porque no hay un único modo de ser independiente.

Sobre eso abundé un poco más en un texto posterior titulado Elogio del cine independiente. Coyula piensa que el cine independiente puede prescindir de lo institucional, como si exhibir esas películas en las casas de nuestros amigos fuera el equivalente (aunque superior en lo moral) de ganarse un Oscar.

Yo no estoy tan seguro de eso. Para empezar, de nada vale que se haga cine independiente si no se garantiza un sistema de exhibición que permita apreciarlo, estudiarlo, discutirlo, y para eso es que se conciben las leyes que, en un inicio, reconocen a esa figura del realizador independiente.

Si no hay como mínimo un reconocimiento legal de ese artista hasta ahora ninguneado, ¿qué podemos esperar del conjunto de películas que ya existen al margen de la ley? Eso no tiene que ver ni con el arte ni con la industria, sino con el sentido común de una sociedad en la cual, cuando no está filmando, vive como otro ciudadano más el cineasta independiente.

Al final de su texto, Coyula nos dice:

“Toda mi vida he filmado sin permisos al estilo guerrilla en la Habana, Nueva York, Paris, Tokio, y Londres. Ninguna institución ni productor, cubanos ni extranjeros financia mis películas. Se hacen de mi bolsillo y con favores de amigos. Por eso soy el único dueño de mis libertades creativas. El cine que me interesa es el que es independiente en contenido y forma. Para mí la ley puede que sea compatible con un negocio, pero no con el arte. Por eso, si esto es una ley de cine, debo decir con mucho orgullo: Seguiré fuera de la ley”.

Coyula sabe que esa no es la regla, sino la excepción; y que si el cine independiente fuera solo esa manera suya de hacerlo sería muy aburrido. Aplaudo su actitud creativa, aunque me recuerda aquella historia de Sócrates cuando vio aparecer ante sí a los cínicos, muy orgullosos ellos de vivir al margen de todas las convenciones sociales, y reflexivo les espetó algo más o menos así: “A través de los huecos de sus ropas harapientas, veo sus vanidades”.

Juan Antonio García Borrero

Publicado el julio 16, 2019 en Uncategorized y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 8 comentarios.

  1. Juan Antonio, Cuba es el único país donde estoy forzado a mostrar mis películas en casa de amigos. Pero por si pasaste por alto un comentario de mi texto lo repito: Todas mis películas se acaban de mostrar INSTAR, el Insitituto que dirige Tania Bruguera en la Habana. Fueron proyecciones con calidad técnica y de público. Y el cine de guerrilla que es el que defiendo porque el decreto 373 no lo contempla. No soy yo el que lo ha inventado. Es una práctica muy común y hay incontables ejemplos en todo el mundo. Los espacios uno debe luchar por ellos. A mi no se me ocurriría exigirle a Hollywood que muestre una película independiente, pero en otros lugares existen espacios alternativos que tampoco contempla el decreto. Si exigir ambos espacios (tanto de producción como de exhibición) cuando no se tiene ninguno, es ser vanidoso, entonces no nos entendemos.

  2. Miguel, en lo personal me interesa “entender” antes que “imponer”. Como país llevamos sesenta años con esa retórica del “no nos entendemos”, y lo único que hemos logrado es reciclar una y otra vez los mismos prejuicios de siempre, mientras la vida cambia a diario y los contrarios se siguen anulando entre sí. Allí yo quiero ser también independiente y salirme de ese más de lo mismo. Así que en la concreta me encantaría entender qué es lo que estabas proponiendo con ese artículo donde, partiendo de tu experiencia bien personal (que siempre he respetado) descalificas la percepción que podamos tener otros de ese Decreto que es el resultado de varias discusiones serias, y no de catarsis improvisadas. ¿En serio que para ti estoy metido en ese grupo de expertos que “mutilan” la memoria cultural de la nación? ¿O que escriben sobre cine para dormir tranquilo? ¿De verdad te parece que estoy en el grupo ese de “críticos residentes en Cuba (que) hicieron silencio sobre la obra (ni para bien, ni para mal)”? Que eso lo afirme alguien que me acaba de conocer, o que sin conocerme le da la gana de descalificarme por las razones que sea, me da lo mismo, pero no me parece justo que venga de ti, sabiendo que desde aquella Primera Muestra organizada en el Chaplin, y que inauguramos justo con Clase Z Tropical hasta la proyección en pantalla grande en el Casablanca de Memorias del desarrollo, bajo mi absoluta responsabilidad, ha estado por delante el respeto, no a Coyula, sino al que tenga talento, sea Molina, Lechuga, Ernesto Daranas, Fausto Canel, Iván Acosta o León Ichaso. Pero más allá de todo este anecdotario, lo que me gustaría entender es de qué modo se pueden construir esos espacios alternativos que pides si como mínimo no se reconoce al cineasta independiente. Y lo otro: ¿en qué parte de tu análisis quedarían los debates, las relatorías, todo eso que cineastas con diferentes perfiles protagonizaron durante más de cinco años? ¿Borramos todo eso sencillamente porque lo que toca ahora es descalificar un Decreto aprobado por el poder político? Hace poco invité a Camagüey a Eduardo del Llano, Gustavo Arcos, y Antonio Enrique González Rojas para hablar de cine independiente, y cada uno dijo lo que pensaba respetando el punto de vista de los otros, y supongo que entre todos aprendimos un poco más, porque por talentosos que puedan ser los individuos a mí me parece que la inteligencia colectiva siempre será superior. Y ese Decreto, con todas sus imperfecciones que seguramente tiene, es hijo de la inteligencia colectiva de muchos cineastas que no por ello han sido domesticados. Insisto: quiero entender, no que me impongan lo que otros piensan.

  3. Juan Antonio,

    En ningún momento intenté convencer a nadie de que haga lo que yo hago. Soy creador y estoy hablando a los que trabajan los temas que me interesan. Es un cine de resistencia que ha sido excluido del marco legal. Desde el principio de mi texto dije alegrarme por aquellos que están contentos con el decreto 373. Solo que este deja fuera la ecuación temáticas como por ejemplo mas obvio de los muchos tabúes que el cine del ICAIC no toca: un análisis critico de la figura de Fidel Castro dentro del territorio nacional, es imposible sino es desde un cine de guerrilla. Se que has hecho mucho por el cine y has mostrado mis películas hasta Memorias del Desarrollo que es del 2010. Han pasado casi 10 años. Porque entonces no mostrar Nadie en Camaguey? Nadie es del 2017 y por si no lo has visto, toca temas mucho mas actuales de la realidad cubana. Los espacios alternativos hay que conquistarlos evidentemente pues el gobierno deja al ICAIC como responsable de toda la exhibición de las obras. Tu has escrito sobre la herejía. Y a mi siempre me han interesado explorar las zonas oscuras. Por eso es que me sorprende tu comentario de llamarme vanidoso. Realmente se reprimido por la seguridad del estado y la policía y pasarse 7 años para poder terminar la película que deseo hacer, no es algo que disfrute. Ojalá existiera otra manera de hacerlas. Pero tengo que defender la única forma posible.

    • Miguel, en estos momentos no me siento demasiado animado para polemizar, pero creo que, en nombre del respeto que siento por ti no obstante nuestras diferencias, debo apuntar algunas ideas. Lo primero es que el uso que Sócrates hace del término “vanidad” en ese contexto es puramente filosófico. No hay nada connotativo, y si lo apreciaste así, te ofrezco mis disculpas. De lo que hablo es que cuando defendemos al cine independiente tan solo porque prescinde de lo artificial del hegemónico, corremos el riesgo de crear otra “pose”, que sería la pose del cineasta antihegemónico, que a la larga puede ser tan falsa como la otra. No digo que sea tu caso, solo hablo del peligro que se corre, y que es un peligro bien humano, demasiado humano. Así que mis disculpas si no supe expresar bien mi idea. En estos días releía a Popper y agradecí su consejo de aprender a desconfiar todo el tiempo de esa sensación que tenemos los individuos de creer que nos asiste siempre la razón. Trato de ponerlo en práctica porque a mí me interesan los debates productivos, no los monólogos donde estaríamos horas y horas repitiendo lo que ya tenemos en nuestra mente. Por eso me parece interesante lo que apuntas del tratamiento de Fidel en el cine, aunque ese no sería el único tema tabú que nos quedaría por naturalizar. Sí, vi “Nadie”, al igual que vi “Eliseo Alberto: en un rincón del alma”, de Jorge Dalton, y tengo iniciado un ensayo que conecta a ambos filmes y a la nación a partir de las memorias de dos importantes escritores de nuestra cultura. Lo publicaré cuando entienda que sea publicable. ¿Dónde? Aquí en mi blog, porque para eso me lo hice hace doce años, para expresarme sobre lo que yo entiendo sin tener que pedir permiso a nadie, y donde he hablado lo mismo del cine del ICAIC que el del exilio. La pregunta de por qué no exhibir Nadie en los cines me la haces sabiendo la respuesta. Yo en su momento exhibí El super en Nuevo Mundo con debate incluido, y ahora pocos se acuerdan de eso. Estoy seguro que si exhibiéramos Nadie, al margen de los valores que tiene el filme, pocos retendrían el hecho como algo muy importante en sus vidas. Pero de lo que sí se van acordar es de lo que se sigue prohibiendo, y en ese punto más torpe no pueden ser las políticas públicas vinculadas a la exhibición. Lo de El super quedó bien aquella vez, pero me quedó claro que la institución no es mía, a diferencia del blog, donde escribo lo que yo entienda. Por cierto, ¿no podría ser eso una suerte de crítica-guerrilla? Tú dices que los espacios alternativos hay que conquistarlos, de acuerdo, pero yo pienso que también hay que construirlos apelando a la inteligencia colectiva, por eso me parece bien importante lo que consiguieron los cineastas en estos años de debate. Pero eso no quiere decir que la Historia terminó allí. Puedes releer los artículos que has impugnado y verás que estoy hablando de lo conquistado, no de que llegamos al Fin de la Historia o algo así. Y ahora sí paro esta polémica. Al menos ha sido bueno para que de una vez y por todas entendamos que en Cuba sí existe el cine independiente. Pero estoy seguro que otros podrían aportar puntos de vista enriquecedores. Saludos.

  4. Juan Antonio, el hecho que Miguel y yo seamos pareja no quiere decir que reaccionemos ni pensemos de la misma manera. No entiendo por qué le respondes a él respecto a mis comentarios. No tengo que conocerte personalmente para hacer un juicio valorativo sobre la tarea que te has asignado de responder a Miguel desde la incomprensión. Alguna vez te manifestaste públicamente cuando este fue reprimido por la seguridad del Estado por tratar de presentar su película Nadie en una galería privada? Especialmente cuando meses antes habíamos hecho lo mismo en el mismo lugar y no pasó absolutamente nada. Alguna vez le has exigido a las instituciones unas disculpas por hacer nada respecto a ese atropello a un cineasta cubano? Alguna vez te has manifestado públicamente contra la retirada del documental Nadie del Festival de Cine de Mar del Plata? Alguna vez te has manifestado respecto a la retirada de Memorias del Desarrollo del Festival del Líbano, a donde Miguel supo que el embajador de Cuba en El Líbano personalmente llamó por teléfono para decir que ese filme no podía representar a Cuba? Cómo te sientes tú al leer esto? Sientes que no es tu responsabilidad? Piensas también que Miguel se lo buscó? Entonces Juan Antonio, siquiera te has puesto en el lugar de Miguel? Y ahora te ofendes de su coraje? Me parece que tu actitud no es ética.

    • Lynn, gracias por comentar. Tienes razón en todo.

    • Juan Antonio, darme la razón y no responderme directamente significa ignorarme y la indiferencia es una forma de violencia. Justamente como tú defiendes a tu blog Miguel defiende a su independencia. No se de que alegria colectiva hablas pues muchos de los colegas jóvenes con quienes he conversado expresan que el sentimiento es incertidumbre. En lo que expresas hay muchas contradicciones, cómo se puede hablar de cine independiente regido por 6 instituciones? Como pasar la página si las heridas no han cicatrizado aún? Si se siguen los mismos métodos de exclusión. Y externinio de la vida cívica, social y laboral a los críticos? En mi caso estoy censurada desde abril de 2018, en que me impidieron entrar a la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños? Frías director de la Agencia Actuar violó mi contrato. El órgano de in- justicia laboral falló a mi favor y Frias luego manifestó que sigo fuera. El continúa después de todo dirigiendo esa Empresa. Sabes cuál es mi estatus en la agencia “pasiva” el mismo de las actrices cuando están trabajando fuera del país. Para defender el Decreto Ley 373 en tu caso, no era preciso atacar a los más vulnerables. Déjale ese trabajo al Ministerio del Interior. Hablo del pasado porque todavía es presente.

      • Juan Antonio sin embargo agradezco que hayas tenido la decencia aunque sea desde lo negativo ahora de no condenar a Miguel al silencio . Si existe Miguel yo existo como actriz teniendo en cuenta que la mayoría del gremio no ha manifestado públicamente ni un solo comentario respecto a la situación de censura y represión que padecemos. Como el sistema nos condenan al silencio. Gracias

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