Archivos diarios: junio 26, 2019

Festival del Animado en Nuevo Mundo

Comparto la invitación que nos hace llegar Isabel Pardo, profesora de la Filial del ISA en Camagüey, para que el próximo miércoles 3 de julio, a las dos de la tarde, podamos apreciar un grupo de animados realizados por estudiantes del ISA.

Para formar espectadores críticos en el siglo XXI

Crear un cine-club es fácil; hacer que funcione de modo eficiente como vehículo de superación cultural para sus miembros no tanto, mucho más en una época como la nuestra donde el afán permanente de “novedades” relega a un segundo plano la actividad reflexiva, en tanto lo que importa es estar “informados” (o lo que es lo mismo, saber de lo último que salió en cartelera o fue reconocido con los Oscars).

El desafío se multiplica cuando el cine-club al que hemos nombrado Elpidio Valdés, está integrado por niños y niñas de la enseñanza primaria (cuarto, quinto, y sexto grado). Por lo general la membresía de un cine-club está conformada por adultos que ya han sido seducidos previamente por el cine como arte, y buscan refinar su gusto a partir de la apreciación y debates de filmes considerados “clásicos” o de gran calidad estética.

Pero en un cine-club con niños de tan corta edad (nativos digitales, al decir de Mark Prensky) es imposible pensar que estén buscando algo parecido. Con esos cortos años, estos niños que han nacido rodeados de artefactos electrónicos con los que han aprendido a jugar antes de aprender a leer y escribir, tienen todavía en su máximo esplendor esa capacidad de asombro que le permitiría tomarse muy en serio la conquista de cualquier cosa: no les intimida el fracaso en el aprendizaje porque gozan con la constante experimentación; pero eso sí, como todos los humanos necesitan que se les motive.

Nosotros, los adultos encargados de formarlos, tenemos como desventaja lo que Mark Prensky explicaba en su ya clásico Nativos e Inmigrantes digitales:

Los Inmigrantes Digitales que se dedican a la enseñanza están empleando una “lengua” obsoleta (la propia de la edad pre-digital) para instruir a una generación que controla perfectamente dicha “lengua”. Y esto es sobradamente conocido por los Nativos Digitales, quienes a menudo tienen la sensación de que a las aulas ha llegado, para instruirles, un nutrido contingente de extranjeros que hablan idiomas desconocidos, extranjeros con muy buena voluntad, sí, pero ininteligibles”.

De allí que en el Cine Club Elpidio Valdés aspiremos a construir un entorno donde se aprovechen al máximo el juego y la interactividad que propician el uso creativo de las tecnologías que ya se tienen en las manos.

En tal sentido, los niños y los padres documentarán mediante fotos y videos cada una de las experiencias que están viviendo, y sentirán curiosidad por ver cómo puede verse en pantalla grande todos esos momentos que se han vivido. Se trata de ofrecerle a la familia una oportunidad de desarrollar habilidades vinculadas a las nuevas alfabetizaciones mediáticas, vinculadas en este caso al consumo audiovisual.

Mi criterio es que cuando hablamos de formar espectadores críticos del siglo XXI debemos dejar a un lado buena parte de la retórica y las prácticas pedagógicas asumidas en el siglo XX. Hay que dejar a un lado esos sesgos cognitivos que nos impiden ver que nosotros, los adultos, también somos parte del problema cultural que intentamos resolver. Si creemos que por gozar de determinada ilustración cinematográfica ya estamos en condiciones de formar espectadores críticos, sencillamente estaríamos dejándonos llevar por el autoengaño.

Hay que pensar seriamente en crear entornos cineclubísticos que se conecten con lo real (en este caso, las comunidades mayores de las que son miembros estos cineclubistas), y a partir de allí, desplegar estrategias donde lo interesante no sea imponerle a los más jóvenes el culto de filmes clásicos, sino el descubrimiento de que estas películas, sino importar si son mudas o sonoras, en blanco y negro o a color, en 2D o 3D, nos ayudan a ser mejores personas.

Juan Antonio García Borrero