XXV Taller Nacional de Crítica Cinematográfica (Camagüey, 2019)

Armando Pérez Padrón, Luciano Castillo, Jorge Santos Caballero. Foto: Miguel Febles Hernández

Hoy en la mañana evocamos aquellos días en que surgió la idea de crear en Camagüey un Taller de Crítica Cinematográfica.

A ratos me sentí un intruso, como si el que ahora recordara esas jornadas del pasado reciente, fuese un extraño. Y es que 25 años no pasan en balde, permitiéndole a uno tomar distancia crítica, y evaluar con un poco más de imparcialidad lo que se ha logrado.

Hace 25 años ya se vivía en este país lo que nuestra Historia conoce como el “período especial”. Entonces la gente tenía bastante poco que comer. Los apagones nos golpeaban a toda hora. El “socialismo real” se había derrumbado de la manera más estrepitosa que podamos imaginar. Y a pesar de eso, el consumo cinematográfico seguía siendo altísimo.

Por eso es que 25 años atrás la idea de un encuentro que reuniera a algunas de las personas que se dedicaban a escribir sobre cine en Cuba, después de todo no fuera tan irracional. O sea, a alguna gente que decidía en el territorio le pareció la locura misma, pero la prueba de que no sonaba tan quijotesco es que se hizo el primer Taller, y fue un éxito.

Si lo pensáramos mejor, hacerlo en estos tiempos de poscine sí que parece la más utópica de las utopías. Estas son fechas donde los públicos se apropian de los contenidos audiovisuales de las maneras que uno menos puede sospechar: ¿qué sentido tendría la crítica cinematográfica, que aspira a la construcción de un paradigma valorativo?

Pues haciendo nuestra la prédica lezamiana de que solo lo difícil es estimulante, diría que tomando en cuenta el todo vale hegemónico, nada habría más vivificante en la actualidad que dedicarnos a pensar críticamente la cultura audiovisual. Estimulante no para los públicos, sino para los críticos mismos, que tendríamos el reto de reinventarnos de manera radical para parecernos un poco más a los tiempos que estamos viviendo.

Creo que, en Cuba, en sentido general el ejercicio de nuestra crítica cinematográfica sigue influido por el espíritu decimonónico de lo literario. Eso estaba bien en una época donde los críticos dependían de las notas tomadas en la oscuridad de la sala, y que después debían comunicar en forma de una reseña escrita que evocaba lo apreciado.

Pero hoy que las tecnologías emergentes nos permiten retener la imagen misma e intervenirla a nuestro gusto, convirtiéndonos en co-creadores de lo que apreciamos, ¿por qué insistir en el viejo modelo interpretativo?, ¿por qué seguir leyendo en los eventos ponencias agudísimas que pueden funcionar muy bien desde lo literario, cuando tendríamos la posibilidad de presentar ponencias audiovisuales que hagan suyo el lenguaje moderno del cine, y propongan aproximaciones diferentes?

Por lo demás, 25 años después de aquel primer Taller de Crítica Cinematográfica, ya no me obsesiona averiguar cómo es que se escribe una crítica de cine. Con el tiempo he aprendido que la crítica seguirá existiendo en la misma medida en que interrogamos a la vida, y que no hay que creer demasiado en esas ficciones construidas por los grupos que intentan imponer un canon valorativo, pues como apuntaba con gran lucidez Cintio Vitier:

No creo en la dicotomía de crítica impresionista y crítica científica. Creo en la crítica cognoscitiva: si me da un conocimiento por vías emotivas o estéticas, lo aprecio tanto como al llamado “científico”. Cuando uno lee las páginas de Martí sobre Whitman sale con dos ganancias: entiende mejor a Whitman y ha adquirido otra obra de arte en forma de crítica. Porque esta crítica que hacen los creadores generalmente es ella misma una creación”.

Se trata entonces de perseguir la creatividad también a la hora de valorar la creación ajena. Y de pensar el ejercicio crítico como un momento más de ese sueño creador en el que, cineastas y espectadores, nos abandonamos a la incesante construcción y reconstrucción de este mundo donde, con nuestras enriquecedoras diferencias, vivimos todos.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el mayo 23, 2019 en TALLER DE LA CRÍTICA EN CAMAGÜEY y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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