Hanami. VII Jornada por la Cultura Japonesa en Camagüey

Hoy concluye en Camagüey la VII Jornada por la Cultura Japonesa, organizada por el Proyecto Manga Q’Ba y dedicada al aniversario 90 de las relaciones Cuba-Japón, y que, según las palabras del Catálogo, “se convierte en un pretexto para acercarse a la cultura japonesa con una mirada íntima, juvenil y cubana, mostrando los diferentes nexos que existen entre nuestros pueblos y culturas. Permite a los más jóvenes profundizar en su apreciación de la idiosincrasia del país del sol naciente a la vez que encuentran nuevos atractivos en la misma”.

El Programa de actividades ha sido ambicioso, e incluye una Exposición de Ukiyo-e (“Bijingas” de Utamaro Kitagawa) curada por Nancy Oropeza, conferencias de Yoss sobre la Generación V y de Jorge Santos sobre Yukio Mishima, comida tradicional, y Cosplay. El viernes en la tarde presentamos a los invitados del evento el Proyecto El Callejón de los Milagros, y luego asistimos a un debate en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo donde se discutió sobre “la apreciación del arte a través de los videojuegos”.

Confieso que me sentí favorablemente sorprendido con el nivel intelectual de los análisis. En Cuba, como en el resto del planeta, el consumo del videojuego es altísimo, pero faltan las discusiones rigurosas y sobran los prejuicios, sobre todo entre aquellos que, muchas veces con gran poder de decisión institucional, establecen determinados parámetros para nuestra Política Cultural.

Me hubiese encantado grabar esa discusión y compartirla en las redes. Muchos críticos “establecidos” en nuestro país se hubiesen sorprendido con la soltura con que estos jóvenes manejan categorías estéticas y filosóficas.

De todos modos, a mí siempre me gusta dejar claro que no soy un gran consumidor de videojuegos, para no decir que hasta ahora no me he enganchado con ninguno. No lo digo con ánimo de moralizar: supongo que me esté perdiendo muchísimas cosas buenas y placenteras. Pero lo que sí siento una gran curiosidad intelectual por lo que tendría de práctica cultural, con todo lo que se asocia a eso.

Eso sí: me pareció peligrosa la defensa de un relativismo que en algún momento sugirió la inexistencia de jerarquías artísticas. En ese punto quizás yo si siga respondiendo a la vieja mentalidad: me interesa revisar el canon, enriquecerlo, pero no obviarlo. Enriquecer nuestras maneras de apreciar el arte, detectando esas revoluciones invisibles donde uno descubre que el futuro ya estaba escrito en el pasado y no nos habíamos enterado, es una cosa, y otra creer que de verdad todo vale por igual.

Por lo pronto, a mí no me interesaría imponerle la etiqueta de arte al videojuego. Presumo que suceda allí lo mismo que en el cine, donde lo artístico es la excepción toda vez que lo que domina es la industria, cuya función de entretenimiento también es legítima.

Pero sobre todo porque el videojuego es muy joven como para hablar ya de una tradición o algo así comparable a la que puedes encontrar en el universo de las milenarias expresiones artísticas.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el mayo 19, 2019 en Uncategorized y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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