Archivos Mensuales: mayo 2019

Inaugurado en Camagüey el Cine Club Elpidio Valdés

Me da mucha alegría compartir estas imágenes con los lectores del blog.  Son instantáneas que registran el momento en que dejamos inaugurado en El Callejón de los Milagros de Camagüey, hace un rato, el Cine Club “Elpidio Valdés”.

Los niños y niñas que allí aparecen viven prácticamente en las afueras de la ciudad, en el reparto Albaisa, y estudian en la escuela Enrique Casals Villareal. Para mí es, por el momento, el mejor ejemplo de lo mucho que se puede lograr con eso que desde hace cuatro años intentamos implementar sin éxito en Camagüey: el Programa de Fomento de la Cultura Audiovisual.

La vida es así de injusta: ¿se imaginan si esos niños estudiaran en algunas de las escuelas cercanas al Paseo Temático del Cine, y no tuvieran que salir del lugar donde viven en lo que fuera, con el fin de llegar a tiempo a las actividades previstas, y no los sorprenda la noche en el retorno?

Por supuesto que en la motivación que tienen estos niños y niñas está el trabajo de las maestras. Por eso es que en este caso quisimos hacer un reconocimiento bien especial a las educadoras Ramona Ocampo Rodríguez y Yulieiki Morena Echavarría. Han sido ellas las que se han encargado de perseverar y mantener accesible la magia.

La tarde fue también maravillosa porque nos permitió develar ese Elpidio Valdés (tamaño real) que le ha regalado el maestro Juan Padrón a El Callejón de los Milagros. Y luego los niños pudieron apreciar el animado Pesadillas, que como parte de su trabajo de Tesis de Dirección defendió hoy con gran éxito Rodolfo Caraballo Quevedo.

Varias personas me han preguntado si ya existe alguna estrategia trazada para días venideros. La estrategia está bien descrita en el Programa de Fomento de la Cultura Audiovisual de las que hemos hablado en varios de los Encuentros sobre Cultura Audiovisual que se han organizado, y de las experiencias socializadas por la Red del Universo Audiovisual del Niño, que también se han expuesto en esos Encuentros, se pueden aprovechar muchísimas.

Por lo pronto visualizo ese espacio como otra aula donde niños, niñas, y maestros prolongan lo que hacen en sus respectivas escuelas. Como otras veces he argumentado: no se trata de mirar al audiovisual como una alternativa o una opción, sino como una herramienta que ahora mismo demanda el máximo de su responsabilidad en cuanto a su apreciación crítica.

Sé que esto que hicimos hace un rato en el Callejón no cambiará nuestra Política Pública para estos asuntos. Pero fue importante para esos niños y adultos que esta tarde soñamos en grande.

Juan Antonio García Borrero

Inauguración del “Cine Club Elpidio Valdés”

El próximo jueves 30 de mayo, a las 2 de la tarde, dejaremos inaugurado en el Callejón de los Milagros de Camagüey, el Cine Club Infantil “Elpidio Valdés”, como parte de las acciones planteadas por el Proyecto con el fin de fomentar la cultura audiovisual y el uso creativo de las nuevas tecnologías.

En esta primera ocasión entregaremos el carnet de miembros a un grupo de niños y niñas de la Escuela Enrique Casals Villareal (Albaisa), quienes a lo largo del curso escolar nos han acompañado en diversas acciones.

Esa tarde develaremos una imagen de Elpidio Valdés, a tamaño real, diseñada para la ocasión por el maestro Juan Padrón, padre del personaje y uno de los artistas fundamentales de la animación cubana. Al lado de la imagen encontraremos un Código QR que permitirá acceder a la página existente en el Portal El Callejón de los Milagros, dedicada a la animación, y donde se podrá descargar información y contenidos audiovisuales.

El texto que aparecerá al lado de la imagen ha sido tomado de una entrevista concedida por Juan Padrón, que explica muy bien la importancia que tiene el personaje:

Con la creación de Elpidio Valdés quise enseñar a los niños cómo fue la guerra de Independencia. Ni siquiera yo tenía una idea clara al iniciar el proyecto. Cuando quise dibujar a un soldado español, no sabía cómo era el uniforme. Sí que conocía cómo vestían los comanches y el Séptimo de Caballería gracias a películas y cómics, pero como sobre Cuba no se hacía nada, la gente lo desconocía por completo. Ahora, gracias a Elpidio, los cubanos conocen mejor su propia historia”.

Con la fundación de este Cine Club Elpidio Valdés, sus miembros seguirán acercándose a nuestra Historia a través del audiovisual y el uso creativo de las nuevas tecnologías.

JAGB

Otra vez Titón

En la segunda sesión teórica del Taller Nacional de Crítica Cinematográfica, estuvimos hablando del cine de autor en el ICAIC (o de autores en el cine del ICAIC). Por supuesto que no faltaron los nombres de Tomás Gutiérrez-Alea, Julio García-Espinosa, Manuel Octavio Gómez, Humberto Solás, y Fernando Pérez, conectados por las estimulantes contribuciones de Mirtha Ibarra, Astrid Santana, Mario Naito, Jorge Calderón, y Jorge Luis Urra.

A mí me tocó hablar una vez más de Titón, y en esta oportunidad quise resaltar lo que ahora mismo más me fascina de su personalidad: su perfil de intelectual crítico.

Por supuesto que me sigue seduciendo esa obra cinematográfica que quiso acompañar desde la pantalla los cambios radicales que se vivían en la sociedad. Titón, junto a los otros fundadores del ICAIC, quisieron dinamitar los modelos de representación heredados, y fue en esa búsqueda permanente de caminos no transitados con anterioridad, que lograron conformar eso que hoy llamamos “nuestros clásicos”.

Pero Titón en especial representa a ese tipo de cineasta comprometido con su tiempo, para el cual las películas eran importantes siempre que fuesen capaces de provocar alguna conmoción en el público. Y para ello era importante no solo realizar las películas, sino acompañarlas con los debates en la esfera pública, y con acciones prácticas que pusieran a prueba esas ideas.

Ahora mismo no abundan cineastas con esas características. Tenemos muchas facilidades para adquirir competencias técnicas en las diversas escuelas de cine, ganar en autonomía creativa, expresarnos por canales que las instituciones no pueden controlar del todo, pero falta esa mirada autoral que piensa en la película como el medio para mejorar nuestros entornos, y no como el fin.

Dejo para la memoria histórica del evento algunas de las imágenes tomadas en esa jornada.

JAGB

Luciano Castillo, Astrid Santana, Jorge Calderón y Jorge Luis Urra

Raúl Rodríguez, director de fotografía y Premio Nacional de Cine

Rebeca Burón (ISA de Camagüey) y Mirtha Ibarra, en la presentación del libro “Volver sobre mis pasos”

XXV Taller Nacional de Crítica Cinematográfica (Camagüey, 2019)

Armando Pérez Padrón, Luciano Castillo, Jorge Santos Caballero. Foto: Miguel Febles Hernández

Hoy en la mañana evocamos aquellos días en que surgió la idea de crear en Camagüey un Taller de Crítica Cinematográfica.

A ratos me sentí un intruso, como si el que ahora recordara esas jornadas del pasado reciente, fuese un extraño. Y es que 25 años no pasan en balde, permitiéndole a uno tomar distancia crítica, y evaluar con un poco más de imparcialidad lo que se ha logrado.

Hace 25 años ya se vivía en este país lo que nuestra Historia conoce como el “período especial”. Entonces la gente tenía bastante poco que comer. Los apagones nos golpeaban a toda hora. El “socialismo real” se había derrumbado de la manera más estrepitosa que podamos imaginar. Y a pesar de eso, el consumo cinematográfico seguía siendo altísimo.

Por eso es que 25 años atrás la idea de un encuentro que reuniera a algunas de las personas que se dedicaban a escribir sobre cine en Cuba, después de todo no fuera tan irracional. O sea, a alguna gente que decidía en el territorio le pareció la locura misma, pero la prueba de que no sonaba tan quijotesco es que se hizo el primer Taller, y fue un éxito.

Si lo pensáramos mejor, hacerlo en estos tiempos de poscine sí que parece la más utópica de las utopías. Estas son fechas donde los públicos se apropian de los contenidos audiovisuales de las maneras que uno menos puede sospechar: ¿qué sentido tendría la crítica cinematográfica, que aspira a la construcción de un paradigma valorativo?

Pues haciendo nuestra la prédica lezamiana de que solo lo difícil es estimulante, diría que tomando en cuenta el todo vale hegemónico, nada habría más vivificante en la actualidad que dedicarnos a pensar críticamente la cultura audiovisual. Estimulante no para los públicos, sino para los críticos mismos, que tendríamos el reto de reinventarnos de manera radical para parecernos un poco más a los tiempos que estamos viviendo.

Creo que, en Cuba, en sentido general el ejercicio de nuestra crítica cinematográfica sigue influido por el espíritu decimonónico de lo literario. Eso estaba bien en una época donde los críticos dependían de las notas tomadas en la oscuridad de la sala, y que después debían comunicar en forma de una reseña escrita que evocaba lo apreciado.

Pero hoy que las tecnologías emergentes nos permiten retener la imagen misma e intervenirla a nuestro gusto, convirtiéndonos en co-creadores de lo que apreciamos, ¿por qué insistir en el viejo modelo interpretativo?, ¿por qué seguir leyendo en los eventos ponencias agudísimas que pueden funcionar muy bien desde lo literario, cuando tendríamos la posibilidad de presentar ponencias audiovisuales que hagan suyo el lenguaje moderno del cine, y propongan aproximaciones diferentes?

Por lo demás, 25 años después de aquel primer Taller de Crítica Cinematográfica, ya no me obsesiona averiguar cómo es que se escribe una crítica de cine. Con el tiempo he aprendido que la crítica seguirá existiendo en la misma medida en que interrogamos a la vida, y que no hay que creer demasiado en esas ficciones construidas por los grupos que intentan imponer un canon valorativo, pues como apuntaba con gran lucidez Cintio Vitier:

No creo en la dicotomía de crítica impresionista y crítica científica. Creo en la crítica cognoscitiva: si me da un conocimiento por vías emotivas o estéticas, lo aprecio tanto como al llamado “científico”. Cuando uno lee las páginas de Martí sobre Whitman sale con dos ganancias: entiende mejor a Whitman y ha adquirido otra obra de arte en forma de crítica. Porque esta crítica que hacen los creadores generalmente es ella misma una creación”.

Se trata entonces de perseguir la creatividad también a la hora de valorar la creación ajena. Y de pensar el ejercicio crítico como un momento más de ese sueño creador en el que, cineastas y espectadores, nos abandonamos a la incesante construcción y reconstrucción de este mundo donde, con nuestras enriquecedoras diferencias, vivimos todos.

Juan Antonio García Borrero

Hanami. VII Jornada por la Cultura Japonesa en Camagüey

Hoy concluye en Camagüey la VII Jornada por la Cultura Japonesa, organizada por el Proyecto Manga Q’Ba y dedicada al aniversario 90 de las relaciones Cuba-Japón, y que, según las palabras del Catálogo, “se convierte en un pretexto para acercarse a la cultura japonesa con una mirada íntima, juvenil y cubana, mostrando los diferentes nexos que existen entre nuestros pueblos y culturas. Permite a los más jóvenes profundizar en su apreciación de la idiosincrasia del país del sol naciente a la vez que encuentran nuevos atractivos en la misma”.

El Programa de actividades ha sido ambicioso, e incluye una Exposición de Ukiyo-e (“Bijingas” de Utamaro Kitagawa) curada por Nancy Oropeza, conferencias de Yoss sobre la Generación V y de Jorge Santos sobre Yukio Mishima, comida tradicional, y Cosplay. El viernes en la tarde presentamos a los invitados del evento el Proyecto El Callejón de los Milagros, y luego asistimos a un debate en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo donde se discutió sobre “la apreciación del arte a través de los videojuegos”.

Confieso que me sentí favorablemente sorprendido con el nivel intelectual de los análisis. En Cuba, como en el resto del planeta, el consumo del videojuego es altísimo, pero faltan las discusiones rigurosas y sobran los prejuicios, sobre todo entre aquellos que, muchas veces con gran poder de decisión institucional, establecen determinados parámetros para nuestra Política Cultural.

Me hubiese encantado grabar esa discusión y compartirla en las redes. Muchos críticos “establecidos” en nuestro país se hubiesen sorprendido con la soltura con que estos jóvenes manejan categorías estéticas y filosóficas.

De todos modos, a mí siempre me gusta dejar claro que no soy un gran consumidor de videojuegos, para no decir que hasta ahora no me he enganchado con ninguno. No lo digo con ánimo de moralizar: supongo que me esté perdiendo muchísimas cosas buenas y placenteras. Pero lo que sí siento una gran curiosidad intelectual por lo que tendría de práctica cultural, con todo lo que se asocia a eso.

Eso sí: me pareció peligrosa la defensa de un relativismo que en algún momento sugirió la inexistencia de jerarquías artísticas. En ese punto quizás yo si siga respondiendo a la vieja mentalidad: me interesa revisar el canon, enriquecerlo, pero no obviarlo. Enriquecer nuestras maneras de apreciar el arte, detectando esas revoluciones invisibles donde uno descubre que el futuro ya estaba escrito en el pasado y no nos habíamos enterado, es una cosa, y otra creer que de verdad todo vale por igual.

Por lo pronto, a mí no me interesaría imponerle la etiqueta de arte al videojuego. Presumo que suceda allí lo mismo que en el cine, donde lo artístico es la excepción toda vez que lo que domina es la industria, cuya función de entretenimiento también es legítima.

Pero sobre todo porque el videojuego es muy joven como para hablar ya de una tradición o algo así comparable a la que puedes encontrar en el universo de las milenarias expresiones artísticas.

Juan Antonio García Borrero

Post Asamblea (II)

En algún momento de la Asamblea de la UNEAC en Camagüey, la ensayista María Antonia Borroto Trujillo introdujo uno de los temas que más debiera importarnos discutir: ¿qué significa ser intelectual en la Cuba de ahora mismo?

Esta es una pregunta que, como aquella del Ser rescatada del olvido por Heidegger en su momento, apenas se formula hoy de una manera seria. Y es que muchas veces confundimos al intelectual crítico con el individuo que, cada cuatro años, de Congreso en Congreso, se para ante el público (¿o para el público?) y emite una opinión a favor o en contra de cualquier asunto.

Sin embargo, si algo distingue al intelectual auténtico de ese otro intelectual de ocasión, es que ha convertido su modo de intervenir en lo público en una adicción. Como adictiva también parece su tolerancia a la incomprensión y al fracaso.

Nada provoca en mí tantas sospechas como los consensos logrados en una Asamblea de intelectuales. Mientras los políticos están obligados a establecer alianzas con el fin de (en momentos concretos) tomar decisiones, a los intelectuales les toca remover el piso, hacer notar las infinitas variantes que nos concede la existencia para convivir, sacar constantes lecciones de los conflictos que animan a diario la vida.

Por eso el intelectual crítico suele ser un incomprendido, un tipo incómodo que tiene todas las de perder cuando se enfrenta al sentido común, y discute aquello que la mayoría de las personas dan como algo natural.

Nada de esto es nuevo, por supuesto. ¿Quién ha podido olvidar las lecciones de Benda cuando habló de la traición de los intelectuales? ¿O las observaciones de Gramsci al describir las funciones del intelectual tradicional y el intelectual orgánico? O un poco más acá las anotaciones de Said:

En torno a los intelectuales que no tienen prebendas que proteger ni territorio que consolidar o guardar hay algo fundamentalmente perturbador, de ahí que en ellos la autoironía abunde más que la pomposidad, la franqueza más que los rodeos y los titubeos. No se debe pasar por alto en todo caso la ineludible realidad de que tales representaciones no les van a ganar a los intelectuales ni amigos en las altas instancias ni tampoco honores oficiales. La condición de estos intelectuales es la soledad, sin duda, aunque siempre será preferible este destino a dejar gregariamente que las cosas sigan su curso habitual”.

Se trata de eso, de olvidar por un rato las impertinencias del ego peleón, para poner toda la pasión intelectual en función de los intereses más generales. O lo que es lo mismo, los intereses de la nación pensada desde lo inclusivo.

Juan Antonio García Borrero

Post-Asamblea

María Antonia Borroto Trujillo

La Asamblea del Comité Provincial de la UNEAC de Camagüey fue larga, muy larga, con momentos tensos, y también muy emotivos.

Esta vez no quise hablar de nuevas tecnologías ni del Callejón de los Milagros, al menos de un modo explícito, si bien se sabe que hoy todo estaría atravesado por la cultura de las redes y el uso dinámico de los nuevos dispositivos.

Quise concentrar mi intervención en una pregunta que me angustia: ¿cuánto se parece la UNEAC de ahora mismo a nuestro tiempo? Para mí es una pregunta vital, porque en la medida en que nos reconozcamos parte de esas transformaciones que a diario nos zarandean en la vida cotidiana, y no una suerte de museo donde vamos a encontrar, automatizados, los mismos gestos, las mismas palabras, entenderemos mejor el verdadero rol de la vanguardia intelectual.

En este sentido me conecté muchísimo con las intervenciones de María Antonia Borroto Trujillo y Freddys Núñez Estenos, quienes supieron poner el dedo en la llaga, obligándonos a repensar no solo el orden de las cosas que como creadores queremos transformar, sino también nuestras propias maneras de pensar esas cosas.

Quisiera agradecer de paso a quienes me propusieron como delegado al Congreso. Lamentablemente un error involuntario de quienes llevaban el proceso impidió que mi nombre apareciera después en la boleta. Creo, sin embargo, que lo más importante no es figurar en un papel o en un Congreso: las transformaciones a las que aspiramos han de originarse en el diario hacer las cosas de un modo diferente.

Confío que en el venidero Congreso se discuta con altura el tema de la informatización de la gestión cultural, que sería una de las dimensiones a la cual la UNEAC tendría que, por fin, incorporarse, para parecerse un poco más a nuestro tiempo.

Juan Antonio García Borrero

En vísperas del nuevo Congreso de la UNEAC

El próximo sábado 11 de mayo tendrá lugar en Camagüey la Asamblea del Comité Provincial de la UNEAC, donde quedarán elegidos los directivos en este nuevo período que se inicia. Asimismo, se discutirá el Informe de Balance de lo realizado por sus miembros entre el 2014 y el 2019, y finalmente se presentarán los Delegados al venidero Congreso.

Leí el informe, y no sé por qué no me sorprendió que, una vez más, las experiencias de “El Callejón de los Milagros” no se mencionen allí. Sencillamente el tema de la informatización de la gestión cultural no es algo que esté priorizado por la UNEAC, pese a que en el pasado Congreso de la organización, el hoy presidente del país, Miguel Díaz-Canel, invitó a asumir con altura ese desafío que significa fomentar el uso creativo de las tecnologías en función de una mejor promoción del arte y la cultura.

Hay que decirlo por lo claro: en Cuba la informatización va por un lado, y la UNEAC por otro, algo que intelectuales como Víctor Fowler, por ejemplo, ya habían señalado desde hace mucho al apuntar lo siguiente en uno de los textos que compartimos con los lectores del blog: “Tan terrible como lo anterior es la escasez de opinión pública acerca de ello en espacios como la UNEAC (en su caso por ser quizás la tribuna principal de los científicos sociales cubanos), el silencio inducido alrededor del tema en el sistema universitario y en los diversos medios de prensa”.

Demoraremos mucho en incorporar de un modo natural a nuestros debates de la UNEAC asuntos como estos, pues en el fondo seguimos pensando que nuestras actuales Políticas Culturales pueden omitir ese capítulo. ¿Qué hacer en esos casos donde la resistencia analógica (a veces explícita, a veces sutil) se encarga de frenar la naturalización del debate?

Pues aprovechar de modo creativo las herramientas que nos brinda la propia revolución digital, y poner a circular esas ideas que en otras partes del mundo ya no resultan novedades, pero que acá levitan desconectadas debido a la carencia de un nicho que les brinde la posibilidad de una discusión sistemática.

La selección de textos que ahora ponemos a consideración del lector han sido publicados en el blog en el último quinquenio. Tienen como denominador común el interés por el papel del intelectual en la Cuba del siglo XXI, esa donde el consumo cultural, entre otras cosas, ya no se parece en nada al que existía en el siglo pasado.

Es una selección mínima, porque en estos cinco años se ha escrito muchísimo sobre estos temas en el blog. Por supuesto que aquí no encontraremos respuestas a las muchas preguntas que nos seguimos haciendo. En todo caso se trata de estimular el debate alrededor de un fenómeno que entre nosotros espera enfoques de altura. Aunque también se trata de una suerte de memoria de vida, toda vez que en los primeros textos se describe el nacimiento de eso que hoy conocemos como El Callejón de los Milagros.

JAGB

Relación de textos seleccionados

Post-Congreso: notas para un debate sobre el intelectual y la cultura cubana en el siglo XXI      3

Víctor Fowler sobre Internet, Políticas públicas y uso creativo en Cuba    6

De García Borrero a Víctor Fowler   7

De Víctor Fowler a García Borrero   9

De García Borrero a Víctor Fowler (II)        11

El papel de las instituciones culturales cubanas en el siglo XXI     13

Las nuevas tecnologías y el uso creativo en la promoción cultural  14

Cultura, tecnología, y educación en Cuba: la triple insularidad.      16

Pensar lo público desde la vanguardia intelectual    17

Cultura y educación: ¿enemigos íntimos?     18

Pluralidades y el debate cultural en Cuba     20

Contra el creaticidio: prohibido no soñar.     22

Políticas culturales y creatividad en Cuba    24

Creatividad, pensamiento crítico y vanguardia intelectual   26

Consumo cultural y lugares públicos en Cuba          27

Apuntes para un debate: cultura y medios en la era digital  29

Post-reunión   31

Para descargar la compilación de textos, pinchar debajo:

Notas para un debate sobre el intelectual y la cultura cubana en el siglo XXI

El Paquete en la Bienal

Y ya que estamos hablando en el blog de cine independiente en Cuba, viene muy bien que extendamos las reflexiones al campo del consumo informal que acompañaría a esas prácticas. Por eso quiero llamar la atención sobre esta instalación multimedia del camagüeyano Néstor Siré y la norteamericana Julia Weist presenta en la Bienal de La Habana, y que aborda nuestro peculiar Paquete.

Para más información, leer este artículo en On Cuba.

Los flujos de la imagen (2019), de Caridad Blanco

Para seguir en el entorno del audiovisual independiente en Cuba: el próximo jueves 9 de mayo se presenta el libro Los flujos de la imagen. Una década de animación independiente en Cuba (2003- 2013), de la estudiosa Caridad Blanco. Una excelente noticia, sin dudas.