Un ejercicio con el Decreto 349

Con esta breve reflexión que comparto con los amigos del blog, no estoy modificando mi decisión de retirarme del debate público en torno al Decreto 349. Pero me parece interesante dar a conocer lo ocurrido hoy en el encuentro final del Taller “Cine, pensamiento crítico, y creatividad” que impartí durante algunos meses en el ISA de Camagüey.

En el encuentro del mes pasado, cuando estábamos en medio de los debates tan intensos que se originaron aquí, compartí con los alumnos algunas impresiones, en tanto ya ellos habían leído buena parte de los intercambios y tenían sus criterios. Entonces les recomendé que estudiaran con rigor el texto, sobre el cual discutiríamos en nuestro último encuentro como parte de la evaluación final.

Hoy llegaron, efectivamente, muy bien preparados, pero les dije que el debate iba a tener un carácter algo inusual. Así que dividí el grupo en dos subgrupos: uno defendería el Decreto 349; el otro lo iba a refutar.

Cuando le pregunté a uno de ellos qué prefería hacer, y me dijo con mucho énfasis que oponerse a la norma legal, entonces le pedí que su equipo se ocupara justo de lo contrario: defenderían el Decreto y harían todo lo posible por convencer a sus oyentes de lo positivo que es el mismo. No le gustó mucho la idea, pero le recordé que en ello le iba la evaluación: y que, sobraba decirlo, debía hacerlo bien. El otro grupo se encargaría de las impugnaciones.

Debo confesar que hace rato no sentía a mis alumnos tan motivados en una clase. Y tan participativos y creativos en lo intelectual. Los dos equipos mostraron pasión en sus exposiciones. Y al establecer una argumentación desde la empatía (es decir, ponerse en la piel del otro para entender sus razones, que no es lo mismo que mostrar simpatía) consiguieron construir un debate que funcionó sobre la base del conocimiento riguroso.

Eso permitiódetectar lo positivo y lo negativo que puede esconderse detrás de esas murallas de prejuicios que muchas veces no nos deja ver cuál es la esencia de una propuesta que, a primera vista y con demasiada prisa, se nos antoja enemiga. Esta vez no hablamos de ganadores y perdedores, en tanto todos adquirimos conocimientos nuevos.

No sé cómo recordarán ellos, futuros artistas que deberán lidiar con los espacios públicos de una Cuba bien impredecible, este modesto ejercicio intelectual que invita a la construcción de un pensamiento crítico y autocrítico. No sé cómo lo recordarán ellos, pero en mi caso voy a retenerlo como uno de esos instantes de luz colectiva, donde ves en lontananza la posibilidad real de una Cuba en la que la inteligencia asertiva se percibe como la norma, y no como la excepción.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el enero 31, 2019 en Decreto 349 y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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