Archivos diarios: enero 16, 2019

Diciendo adiós al 349…

Debo confesar que la lectura del artículo Veinte aclaraciones sobre el Decreto para la protección de la cultura en los espacios públicos, publicado recientemente en La Jiribilla, trajo a mi mente aquella observación que Nietzsche dejara anotado en Aurora: Desde que el mundo es mundo, ninguna autoridad ha consentido ser objeto de crítica”.

Y es que si no fuera por la activa participación pública del viceministro Fernando Rojas en el intercambio, hubiese jurado que todo lo que se ha escrito en las redes sobre el Decreto 349 ha sido generado para el mero autoconsumo de quienes se expresan.

No es que el artículo de La Jiribilla ofrezca falsedades, pero al posicionarse de modo tan categórico en lo que considera una retahíla de malas interpretaciones del Decreto, está decretando la clausura del debate más allá de sus muros: podría preguntarse uno, ¿así que todo lo que se exponga críticamente en el asunto merece ir directamente a la papelera de reciclaje?, ¿no ha existido en el conjunto de objeciones y lecturas menos complacientes algo que se pueda salvar?

De todos modos, el debate ha dejado lecciones que, bien aprovechadas, mañana pudieran resultar útiles si quisiéramos, por fin, convertir al espacio público en suerte de “aulas inteligentes” donde estén garantizados los derechos y deberes culturales de toda la comunidad. Pero para ello se tendrá que intervenir en esos espacios de un modo creativo, con Políticas Públicas que regulen la circulación del arte y la cultura, pero al mismo tiempo, estimulen la constante interacción.

Lamentablemente, por el momento solo aprecio en el sistema institucional la mera actitud defensiva. Es una percepción personal que, obviamente, se nutre de lo que tengo a la mano (supongo que otros tendrán experiencias más positivas que describir). En este sentido, ojalá que junto al Decreto 349 surjan disposiciones legales que ayuden a establecer en el Paseo Temático del Cine de Camagüey, por ejemplo, alianzas estratégicas entre las áreas de Cultura y Educación, que permitan la formación de ciudadanos con verdadera conciencia cívica.

Porque, al final, todo nace allí: en la educación eficiente. Los decretos, las leyes, intentan articular un mundo ideal. Pero el mundo de la vida, ese donde nos movemos a diario, ese donde nos convertimos en mejores o peores personas, en gente alegre o amargada, en seres egoístas o solidarios, necesita de otro tipo de regulación por parte del Estado.

Para mí ha sido un buen debate… en abstracto. Pero es hora de volver a lo práctico: al espacio concreto (La Calle de los Cines) donde, teniendo el Estado en sus manos todas las posibilidades de convertirlo en un área de permanente irradiación cultural, persevera como un páramo. ¿Cómo vamos a exigirle resultados cívicos a un Decreto si en la práctica nos cruzamos de brazos?

Esa es para mí la gran pregunta, que no se resuelve con un texto legal, sino con un plan de acciones concretas.

Juan Antonio García Borrero

PD:

Ponemos a disposición de los interesados un PDF donde se han compilado buena parte de las intervenciones vinculadas a esta polémica.

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