Diez conceptos claves para un Callejón de los Milagros

El Ministerio de Cultura acaba de anunciar, como parte de sus estrategias de trabajo para el año 2019, el impulso de la informatización de su gestión cultural. Es una noticia muy buena, porque si bien la informatización es un proceso que afecta de modo transversal a toda la sociedad, el conjunto de prácticas asociadas a ellas al final es lo que ya ha ido conformando lo que dentro de poco llamaremos la cultura del siglo XXI.

Informatizar la gestión cultural, desde luego, es mucho más que poner el Internet en manos de los artistas, o llenar de tecnologías los diferentes espacios. La informatización va desde la propia producción artística hasta la posibilidad de que, ¡por fin!, como autor yo pueda cobrar desde Camagüey los honorarios correspondientes a una colaboración entregada a la revista Cine Cubano.

La informatización eficaz de la gestión cultural demanda de un estado mental digital, donde es imprescindible la infraestructura tecnológica, pero también la formación de usuario y dirigentes que sean capaces de detectar las fortalezas que hay en el uso creativo de todas esas tecnologías que ya tenemos en la mano.

Acá en Camagüey, en el Proyecto El Callejón de los Milagros, tenemos siempre a mano los siguientes diez conceptos claves, que nos ayudan a no perder el rumbo humanista del enfoque en medio del permanente desarrollo. No importa que mañana estemos hablando del 5G; con estos conceptos a la mano garantizamos que la gran meta siga apuntando a las Humanidades digitales.

DIEZ CONCEPTOS CLAVES PARA UN CALLEJÓN DE LOS MILAGROS

Jerarquización de la cultura audiovisual

En una época donde el “todo vale” pareciera que llegó para quedarse, y donde vivimos “infoxicados” con noticias banales que nos bombardean a diario, necesitamos recuperar el sentido crítico que permita ubicar dónde está lo valioso desde el punto de vista cultural, y ponerlo institucionalmente al alcance de quienes ahora mismo solo tienen conocimiento de lo que dicta el mercado y el consumo informal.

Inclusión digital genuina

Ya se ha reconocido en Cuba, al menos en teoría, el derecho de los ciudadanos a acceder libremente al mundo de los redes. Y cada vez hay más puntos wifi habilitados por Etecsa a lo largo de toda la isla, lo que garantizaría mayores facilidades para ese acceso. Sin embargo, la inclusión digital genuina no se satisface solamente con la conexión, pues en principio, estarían excluidos aquellos que no pueden pagar el todavía alto precio del servicio, pero también los que, teniendo los dispositivos y el dinero, carecen de las habilidades para usar creativamente esos instrumentos.  

Ciberalfabetización

Si la alfabetización digital no parece tan necesaria como la otra alfabetización que nos ha enseñado a leer y escribir, es porque el conjunto de dispositivos que usamos a diario en el mundo digital, están diseñados para que se usen sin saber qué es lo que tenemos en las manos. Aprender a usar creativamente las herramientas que brinda la revolución electrónica (que no es solo Internet) tendría que formar parte de una política pública similar a la que se sostiene en las escuelas, donde los niños y niñas aprenden a distinguir el valor de esas palabras que usaron en una primera etapa sin tener idea de qué significaban.

Consumo activo vs. Recepción creativa

El consumo de audiovisuales hoy es mucho mayor que el de décadas anteriores. A ello ha contribuido la llamada “revolución de las pantallas”, además de un nomadismo tecnológico que nos permite apreciar imágenes y sonidos en los lugares más insospechados. Nadie pondría en duda el carácter activo de ese consumo; lo que se echa de menos es la recepción creativa.

Desarrollo endógeno y comunitario

En una época donde la creciente globalización sirve para consolidar el dominio de un mercado mundial que, de modo instantáneo, impone bienes simbólicos estandarizados, proponernos el uso creativo desde la comunidad podría contribuir a fortalecer los valores locales, y ayudarlos a ganar visibilidad.

Perfil sinérgico

La resistencia a naturalizar el carácter sinérgico del trabajo cultural tiene que ver con el prestigio alcanzado por los “egos” en las teorías que explican la evolución del arte casi siempre a partir de determinados individuos. Y también está el enfoque institucional que tiende a mirar por separado las funciones de aquellos que se encargan de la cultura, la educación y la informatización de la sociedad cubana. Necesitamos crear una plataforma común donde estas “islas”, sin perder su identidad, se retroalimenten en función de un bien común y comunitario.

Aulas inteligentes

Hoy que hablamos de “teléfonos inteligentes”, “televisión inteligente”, etc, deberíamos fomentar la idea de las aulas inteligentes, pero aprovechando para ese fin cada uno de los espacios públicos (plazas, parques, etc), donde los individuos vienen aprendiendo de modo informal. Al Estado le corresponde intervenir con programas públicos en esos sitios donde ya los saberes se adquieren de manera no institucional, no para imponer contenidos, sino para brindar alternativas.

Inter-actividad

Si algo describe lo novedoso del mundo digital es precisamente su carácter interactivo, es decir, las posibilidades que les brinda a los individuos para interactuar de acuerdo a sus intereses más puntuales. En el sistema tradicional de las instituciones culturales eso se percibe como una amenaza, pero en realidad habría que verlo como una conquista en el deseado empeño de democratizar el consumo cultural. Eso sí, las instituciones culturales tendrían que convertirse ellas mismas en interactivas.

Inter-creatividad

Si la interactividad deviene uno de los rasgos más naturales de nuestra época, ¿por qué no impulsar desde las instituciones la intercreatividad? Hablamos de proyectar el trabajo cultural más allá de los predios usuales de la producción individual y consumo, para proponernos el ejercicio transformador de la realidad a través de la cultura. Ello exigiría, desde luego, una estrategia pública común, que debería comenzar con la enseñanza primaria.

Pensamiento crítico

Y llegamos al concepto más importante: pensamiento crítico. Si no logramos acompañar este proceso con un cuerpo de ideas críticas, debates públicos y sistemáticos que estén al alcance de la comunidad, correremos el riesgo de que la informatización termine convertida en simple automatización de conductas ciudadanas, reforzadas por un consumo informal que, a su vez, naturaliza un sistema de valores culturales diseñado desde el exterior. El pensamiento crítico nos permite combatir la hegemonía impuesta por productos simbólicos que circulan libremente, disfrazando los verdaderos intereses de sus dueños con el seductor ropaje del ocio inocente, pero también nos ayuda a mirar críticamente hacia el interior de nuestros sueños. El pensamiento crítico es la única garantía de que ese sueño utópico no fracase por un exceso de buena voluntad y escaso realismo.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el enero 11, 2019 en PROYECTO "EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS" y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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