Pavel Alejandro Barrios Sosa sobre el Decreto 349

Amigo Juani,

En mi criterio, comprendo el contexto que se vive, o que se sostiene desde hace mucho con agravantes que nos han llevado hasta este momento. Hablar del Decreto 349 es complejo, porque implica una serie de lecturas y contenidos, y nada más y nada menos que enunciados por intelectuales y artistas, las supuestas partes afectadas, pero también hay que tener en cuenta al público.

No se trata solo de “normar”, “limitar” o “poner orden” en la circulación, exhibición o legitimación de tal o mas cual creación. Personalmente estoy en contra de la chabacanería, del populacheo, del mal gusto, de los escándalos públicos durante décadas asociados a la expresión del pueblo, pero al mismo tiempo estoy a favor de toda diferencia que nos enriquece y nos matiza como nación, lo que con orden, claro, cada cosa en su lugar. Tenemos que entender que al público general (también puede leerse “pueblo”) debemos dejar de verlo como un “`infante” que nada sabe, y al que todo puede afectarle. Coincido con Silvio Rodríguez cuando en un reciente documental de escasa difusión, vuelve a tocar el tema de la confianza en el pueblo. El pueblo no es un “pupilo obediente”, la gente consume y seguirá consumiendo lo que le gusta y lo que “está de moda”, sea bueno o no, sea “políticamente correcto” o no, y en consecuencia, los artistas e intelectuales continuarán creando o discursando desde disímiles posiciones y para cualquier tipo de público.

Creo que lo fundamental falta aún en el Decreto. Creo que es muy fácil prohibir. En algunos países y momentos de la Historia ha resultado mucho más fácil darle un tiro en la frente a un mendigo que combatir la pobreza. Creo que lo que está faltando es colocar cada cosa en su momento y lugar, entender que las manifestaciones artísticas implican diferentes formas de expresión, diferentes lenguajes y diferentes formas de consumo. El que guste de consumir cine de violencia, que tenga su espacio y su momento para hacerlo. Al que le interese la literatura escatológica que pueda comprarla y disfrutarla en un lugar y momento dados. El que quiera reventarse los oídos y exasperarse con el reguetón, el rock, o cual sea el ritmo que le guste, que encuentre un espacio, especialmente diseñado, para que su “pasión hiperdecibélica” no moleste a los demás y que vaya allí y se reviente de felicidad.

Tenemos que aprender a respetar el espacio público, el cual se contamina no solo con la difusión hiperdecibélica de lo chabacano o lo obsceno, también lo considerado “buena música” puede contaminar cuando se proyecta desde un espacio no concebido urbanísticamente para ello. Los decibeles afectan y molestan cuando sobrepasan lo humanamente concebible, en cualquier fecha (festiva o conmemorativa), desde cualquier lugar (público o privado) e independientemente del tipo de música y letra que se amplifiquen. El Estado debe invertir en espacios sonorizados y diseñar leyes acorde a las actuales condiciones tecnológicas que posibilitan “la conquista decibélica” del espacio público desde cualquier lugar y por cualquier persona o entidad. En este sentido, las instituciones estatales son las primeras que violan lo que el Decreto “decreta” o deja de “decretar”.

Cada cual en su sitio y cada cosa en su lugar. Son las diferencias las que nos enriquecen y definen los estratos culturales que nos conforman, y esos estratos están vivos y son cambiantes, están sujetos a contaminaciones, tendencias y modas. Lo que no podemos permitir es que se extrapolen los códigos culturales, de expresión y de consumo de uno de estos estratos, bien sea por el poder que ostenta, bien por el grupo etario a que pertenece, o por lo que sea, y que se impongan al resto. Los derechos del uno terminan donde comienzan los derechos del otro. Todos somos necesarios, y en la Casa Cuba, hay espacio, mucho espacio…

Un abrazo,

Pavel Alejandro Barrios Sosa (Guionista del filme La hoja de la caleta, y curador de arte)

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Publicado el enero 6, 2019 en Decreto 349, POLÉMICAS y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Fernando Rojas

    Para Pavel Barrios: Como ya expliqué aquí mismo, el decreto no establece nada nuevo sobre las regulaciones existentes para la circulación del arte. Como la misma opinión se ha reiterado 3 veces a pesar de mi aclaración, dejo el tema para un texto más extenso.

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