DE PEDRO NOA A GARCÍA BORRERO (11)

Estimado Juany:

¡Bienvenido tu cine club en los tiempos del escepticismo! Te confieso que ese tipo de agrupación de personas interesadas en conocer, apreciar y hasta analizar películas o cualquier otro tipo de audiovisual (porque considero que ya hay que plantearse los cine- clubes como clubes audiovisuales) para mí ya no estaban de moda.

Todavía existe la Federación Nacional de cine clubes; pero su eco – como el de otras instituciones- está muy apagado, y en las universidades que en un tiempo se pusieron de moda esta forma de colectivo apreciativo y hasta de creación, apenas oigo hablar de ellos, quizás por lo que escribí antes: ya no “suenan”.

Por mi experiencia de profesor universitario, te puedo confirmar que los jóvenes de hoy consumen mucho audiovisual, pero no saben cómo organizarlo ni jerarquizarlo. Existen – como siempre- excepciones.

Puedo citar dos jóvenes que despuntan con buen tino en este oficio de la crítica y el análisis: Ángel E. Pérez y Mario Espinosa. Estoy seguro que hay más; pero no muchos más, y esto lo escribo no solo teniendo en cuenta criterios de calidad, sino también de cantidad.

La cinefilia o la mediafilia (no sé si existe este término) no es común entre la juventud actual, ni siquiera como pose. Consumen y poseen grandes cantidades de Gigabytes en sus equipos por puro placer de posesión; pero no por una jerarquización de los audiovisuales que desea ir viendo poco a poco. Por eso creo que fue un éxito de venta La biblia del cinéfilo de Luciano Castillo, porque entregaba un posible mapa para organizar tanto cine, ahora disponible por las más diversas vías.

Si de algo estoy seguro, es que cualquier proyecto del tipo de armar un cine club o cualquier otro sueño artístico, cultural y, además, comunitario, necesita un promotor cultural con las mismas ansias de Don Quijote de vencer los molinos.

Por ahora te dejo con un fragmento del libro El cine en la Universidad de La Habana, publicado por Valdés Rodríguez en 1966, especie de memorias de su labor en ese centro. Esto lo escribió sobre la labor que hizo con la dirección de la UH en 1948, para convertir el Anfiteatro “Varona” en una sala de cine para sus cursos en las Escuelas de Verano:

“1948 fue un año trascendente para la presencia del cine en la Universidad de La Habana. Tras seis años de curso de cine en la Escuela de Verano había crecido el interés en el film de calidad.

Había ya seis promociones de alumnos con el conocimiento y el hábito crítico exigido por una valoración seria del film, que discutían y exponían sus juicios con otros jóvenes y una porción creciente de público universitario y de afuera de nuestra Casa de Estudios esperaba las sesiones de cine del curso durante el verano. No fue empresa difícil convencer al Rector Clemente Inclán, al Secretario General Ramón Miyar y a las autoridades universitarias de la conveniencia de construir, o habilitar un local de proyecciones. Se pensó primero en construir un local, que habría tenido un costo de no menos de 35 ó 40 mil pesos. Con los pies bien puestos en la tierra opté por la habilitación de un local, con posibilidades de conversión en sala de cine.

Elegimos el Anfiteatro Varona en la Facultad de Educación. La adaptación y los equipos de proyección y sonido y la pantalla tuvieron un costo de no más de quince mil pesos. Y en julio de 1948, al iniciar la sesión de la Escuela de Verano, contaba la Universidad de La Habana con un salón de proyecciones de dimensión discreta, bien habilitado, útil, en una palabra, no obstante su conformación poco adecuada por la desproporción entre el fondo y el ancho, reducido aquel y muy brillante éste. Se situaba nuestra Universidad por delante de las instituciones de su clase en los países de habla española y de la gran mayoría de las de Norteamérica donde sólo tenían salas de proyección la Universidad de North Carolina y la University of California”.

Como cortesía final, te regalo dos imágenes de cómo era el Anfiteatro Varona en tiempos de Valdés Rodríguez. A lo mejor ya las tienes.

También puedo entregarte el libro que cito arriba, en versión digital, para tu mediateca del Callejón de los Milagros.

Un abrazo,

Pedro Noa

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Publicado el noviembre 15, 2018 en PROYECTO "EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS". Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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