DE GARCÍA BORRERO A PEDRO NOA (6)

Querido amigo:

Demoré algo en retomar nuestro intercambio, porque a veces es bueno concederle a las ideas que se quieren exponer un tiempo de maduración. Lamentablemente, entre cubanos los debates por lo general terminan siendo mera catarsis en tanto apenas hay retención de lo que el interlocutor expuso antes: las personas solo están tan ansiosas por soltar eso que llevan dentro, que cuando toman la palabra todo se convierte en un festival de monólogos.

De tu último mensaje me gustaría retener la idea donde apuntas lo de la transdiciplinariedad, la cual me gustaría vincular a otro término no menos importante en estos tiempos que vivimos: la transmedialidad. Porque si no logramos entender que, más allá de lo que consigamos trazar dentro de la academia multidisciplinaria, existe un consumo informal autónomo, corremos el riesgo de establecer líneas de trabajo que hablan más de nuestro afán de domesticar lo nuevo para llevarlo a un entorno familiar, que del deseo real de experimentar con lo emergente y encontrar caminos hasta ahora ocultos.

Para traer esta cuestión a la zona que a ambos nos interesa (el de la cultura audiovisual), yo preguntaría: ¿podremos conformarnos con enseñar la apreciación cinematográfica atendiendo apenas a la tradición, aunque lo hagamos con enfoques multidisciplinarios?, ¿o tendremos que tener en cuenta las nuevas prácticas culturales donde lo transmedial se naturaliza cada vez más?, y si esto último es correcto, ¿qué rol jugarían nuestros estudiantes, todos nativos digitales, en ese proceso de aprendizaje?

Pensemos en esto que apunta Henry Jenkins:

Pero la transmedialidad va mucho más allá de Internet: en la sociedad multipantalla la televisión, lejos de competir, se alía con otros medios y dispositivos para conseguir potenciar sus productos. Los relatos se alargan con prolongaciones en videojuegos, cómics, productos de merchandising o para telefonía móvil, organizando un universo particular donde el receptor posee un papel mucho más complejo que el de mero telespectador, ya que se puede convertir en usuario (de un videojuego, por ejemplo), en aficionado (fandom) o incluso en creador (fanfction)”.

Lo anterior nos pone en medio de un contexto absolutamente inédito, donde el dispositivo “pantalla” adquiere dimensiones que con anterioridad eran impensadas. Las pantallas de ahora mismo nada tienen que ver con la gran pantalla en la que veíamos de modo más bien pasivo las películas de Cinemateca, ni tampoco con la pantalla de televisión que nos permitía consumir una inmensa variedad de filmes desde lo privado sin interactuar con los otros: ni siquiera con la pantalla de la computadora de mesa.

No, lo verdaderamente revolucionario está en que esta nueva pantalla (esa que apreciamos en una tablet o en un teléfono) le añade a la experiencia de ver la película, el video clip, o los seriales, el privilegio del nomadismo tecnológico. O sea, que lo que antes se ordenaba ante nuestros ojos de un modo rígido, ahora conoce de la permanente movilidad y el zapping insaciable.

No importa que a los mayores esto nos parezca un crimen imperdonable contra el cine tal como lo conocíamos en nuestra juventud: los hechos son los hechos, y lo mejor sería dejar a un lado los lamentos por los tiempos idos, tomar en cuenta el diagnóstico que nos habla del presente, y elaborar las estrategias que piensan el futuro a partir de la realidad, y no de lo soñado.

¿Por qué hablo de todo esto? Puede que suene demasiado herético, pero creo que estamos obligados a pensar la enseñanza actual a partir de lo que ya viene ocurriendo a nuestro alrededor, y no seguir imitando los modos de enseñar utilizados por los padres de nuestros padres.

Para que no se me interprete mal: no estoy diciendo que estas tecnologías que ahora tenemos a la mano transformen al profesor moderno en algo superior de modo automático. Lo dije en algunos de los mensajes anteriores: un profesor puede dar la mejor de las clases a la luz de una vela, en medio de una caverna. No es la tecnología “inteligente” lo que hace la diferencia, sino el uso inteligente de la tecnología.

Estoy seguro que Sócrates, de resucitar seguiría siendo un buen partero de nuevas ideas, pero lo más probable es que aprovecharía todos estos dispositivos que ya son naturales en nuestro contexto para modernizar el estilo de su mayéutica.

Luego, el desafío está allí: en la construcción de ese cuerpo de ideas modernas que ayude a que la tecnología no sea el fin, sino en todo caso el medio para seguir defendiendo el humanismo.

Un abrazo grande,

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el octubre 10, 2018 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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