DE GARCÍA BORRERO A PEDRO NOA (6)

Querido amigo:

Todavía procesando mi primera experiencia con Moodle y los alumnos del ISA de Camagüey. Ojalá fuesen los estudiantes los que describiesen el resultado de este experimento que recién iniciamos, porque todo está montado en función de ellos.

De todos modos, mi impresión es que, profesores y alumnos, lo pasamos bien. Los sentí motivados: se conectaron a la plataforma más rápido de lo que yo pensaba, y después comenzaron a interactuar entre ellos, todavía tímidamente, porque es la primera vez, y en ese minuto inicial siempre domina la inocente incertidumbre.

Tuve la suerte de contar con la ayuda del profesor de la Universidad de Camagüey Jorge Pacheco, que sí tiene una gran experiencia con la administración de Moodle. Esto es bueno enfatizarlo porque, como en otras ocasiones he advertido, el Proyecto funciona sobre la base de las alianzas estratégicas, en tanto me queda claro que la inteligencia colectiva siempre será superior a lo que un individuo, por talentoso que sea, pueda lograr él solo.

En tu mensaje, escribes:

Ahora tú lo estás aplicando como un instrumento para el conocimiento del audiovisual. ¡Qué bien estaría que esa tecnología estuviera en todas las escuelas a todos los niveles y los profesores pudieran conseguir un intercambio con sus estudiantes a través de los múltiples caminos que ofrece la red de redes!”.

Eso mismo yo me decía hace cuatro años, cuando empezábamos con esto del Proyecto. Pero recuerdo que en algún momento propusimos pasar de las metas soñadas a la agenda práctica. Porque, por extravagante que suene, lo curioso es que en muchas de nuestras instituciones podría montarse una infraestructura como la que ahora hay en El Callejón de los Milagros, y la promoción cultural y educativa, ganaría en dinamismo de cara a la comunidad.

No hay que esperar a que Bill Gates o cualquier poderoso mecenas “se enamore” de algunos de nuestros proyectos para empezar a actuar. Hay que desterrar de nuestra mente la falacia de que no contamos con la tecnología adecuada para desplegar este tipo de acciones. En todo caso lo que veo en Cuba son muchos recursos subutilizados (por ejemplo, demasiadas computadoras ocupadas con el Dota), y pocas estrategias capaces de estimular la creatividad.

Debo confesarte que no comparto demasiado la idea donde sugieres “dejar de tenerle miedo a la información y la informatización, elemento que paraliza a los decisores”. En principio, en el país se está impulsando de modo oficial la informatización, con el presidente Miguel Díaz-Canel como principal abanderado. Y este mismo Proyecto le debe su existencia al apoyo político que le brinda Jorge Luis Tapia Fonseca, primer secretario del PCC acá en la ciudad.

Esto no quiere decir que no existan dirigentes y personas que siguen pensando que hay que “controlar” todo lo que sea el acceso a la red de redes, y que si te ven conversando con el “enemigo” en Facebook, por ejemplo, te convierten en una leyenda negra. Ese miedo a la contaminación ideológica sigue existiendo y ralentiza nuestro crecimiento, pero no es lo que más afecta nuestra necesaria ciberalfabetización.

A mi juicio, el escollo mayor está en la ausencia de una auténtica perspectiva humanista de la informatización. Falta esto que nosotros estamos haciendo en nuestros intercambios: la construcción de un cuerpo de ideas que acompañe al proyecto. Cuando utilizo veinte o treinta minutos de mi tiempo para explicarte por dónde vamos, y lo más importante, hacia dónde queremos ir, me estoy obligando a repasar críticamente sueños y realidades. Pero, dime, ¿en qué lugar los informáticos hoy pueden sentarse a intercambiar con los miembros de la comunidad de la que ellos mismos forman parte?

No hablo de los eventos que se organizan, como la Conferencia Nacional de la UIC que acaba de concluir, donde miembros del sector examinan sus metas, sus resultados gremiales. No, hablo de espacios donde se ponga de manifiesto la transversalidad que le es propia a la informatización, esa que en la vida diaria va demoliendo los límites que antes se imponían los individuos con sus roles sociales específicos.

La informatización, como ya hemos dicho con anterioridad, no alude solo a la automatización (que es importante), sino a la permanente búsqueda de soluciones humanistas a los problemas que como individuos confrontamos en la cotidianeidad. Esto significa que de la misma manera que necesitamos reforzar la cultura informática de los cubanos, necesitamos que la cultura humanista de los informáticos crezca también de modo exponencial.

Un informático que no esté al tanto de la importancia que tiene el cine (o el arte en sentido general) para el desarrollo integral de los individuos, difícilmente podrá diseñar una solución que nos permita mañana acceder a los catálogos de la Biblioteca Provincial a través de nuestros dispositivos móviles, o descargar gratuitamente mediante la Apk El Callejón de los Milagros el Programa artístico del Festival de Teatro que comienza mañana.

Si no existe ese intercambio sistemático y cada uno va por su lado, la informatización se queda en la superficie, es decir, en la vitrina donde se suelen ver los equipos funcionando de acuerdo a lo dominante, pero brilla por su ausencia el uso creativo. Mi criterio es que en Cuba estamos viviendo una etapa de la vida humana donde pudiéramos hacer nuestra la famosa frase de Al Jolson en El cantante de jazz (1927) cuando dice: “Un momento, un momento, ¡aún no has escuchado nada!”: pero ante todo necesitaríamos formar usuarios críticos e informáticos humanistas.

Y tendríamos que recordar a diario que todas estas tecnologías emergentes no solo son nuevas en cuanto al hardware, sino que, de un modo u otro, afectan lo intelectual y condicionan nuevas maneras de organizar nuestra visión del mundo. Eso significa que, sin que nos demos cuenta, la vida en sociedad se va transformando en sordina.

Siempre ha sido así (la Historia desplegándose a las espaldas de los individuos), pero ahora los cambios operan con una rapidez inaudita: de allí la crisis que vivimos en el área de la educación, o el divorcio que muchas veces se nota entre la promoción cultural de la institución y el consumo informal de quienes ya tienen un dispositivo móvil en sus manos y acceden a la cultura por caminos insospechados.

Y por hoy es todo. Gracias por ayudarme a darle un poco de coherencia a todas estas ideas que tengo en la cabeza, y que casi nunca encuentran interlocutores dispuestos a mantener y enriquecer el diálogo.

Un abrazo grande,

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el octubre 5, 2018 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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